Sakura notó como algo se había colado entre sus sábanas y se acurrucaba contra ella. Todavía se encontraba media dormida, pero descartó al instante que podría ser alguien peligroso, al fin y al cabo, estaba en la casa de su cuñado, y por si fuera poco Rakki y Shiro hacían guardia a la entrada de la casa. Abrió los ojos para ver que o quien se había acurrucado a su lado.

Sonrió al conocer la respuesta; el pequeño Takeo se encontraba durmiendo acurrucadito al lado suyo mientras se chupaba el dedito. Era una imagen de lo más tierna.

-Sakura-chan, siento mucho si te ha molestado; desde que aprendió a salirse de la cuna apenas duermo tranquila- se escuchó el apenas audible susurro de Nariko desde la puerta; intentaba no despertarla ni a ella ni a sus otros hijos, que estaban durmiendo a pierna suelta- déjame que lo vuelva a llevar a la cuna.

Nariko se acercó sigilosamente a la cama donde estaban la pelirrosa y el pequeño. Cuando fue a coger a Takeo en brazos éste se aferró todavía más fuerte a Sakura.

-Io tamien quero domi con tía Sakura- murmuró el pequeño entre el sueño y la molestia. Sakura sonrió- Daichi y Raiko-baka duemen con tía, io tamien quero.

Nariko soltó un suspiro resignada y miró a Sakura que le sonreía media dormida.

-No te preocupes Nariko, yo me encargo de ellos, aprovecha que dentro de poco tendrás que lidiar con otro más.

Nariko asintió mientras sonreía y se encaminaba a la puerta. Cuando estaba a punto de salir se giró.

-Sakura-chan, gracias por todo, esperemos que todo salga bien- tras decir esto, la pelimorada se fue a descansar al lado de su marido.

-Yo también lo espero- murmuró Sakura mientras volvía a cerrar los ojos, dispuesta a dormirse, pero notó como el pequeño Takeo no paraba de revolverse.

-Tía, ablazo- demandó el pequeño con su voz infantil, a lo que la pelirrosa intentando no echase a reír obedeció a la demanda del pequeño, que, ahora sí se puso a dormir.

Sakura miró a sus sobrinos, y deseó estar al lado de su marido, disfrutando de esos pequeños detalles de la vida que carecen de valor pero que agrandan el corazón.

La pelirrosa miró por la ventana y vio que el sol estaba comenzando a salir. Cerró los ojos para dormir un poco más.

No sabía por qué tenía la ligera sensación de que ese día iba a ser bastante ajetreado, y prefería disfrutar los pocos minutos de paz que le quedaban.

Pobre Sakura, no tenía ni idea que esa paz se vería perturbada tan pronto.


Los Cinco Señores de la Guerra se encontraban corriendo por el campamento, intentando averiguar qué había sido lo que había causado semejante estruendo.

-A lo mejor ha explotado alguna tienda donde guardamos la munición- dijo optimistamente Naruto.

Sasuke giró un poco la cabeza para mirar a su amigo con el ceño fruncido.

-Odio cuando te levantas optimista, ¿no te das cuenta que estamos en mitad de una guerra Dobe?- dijo de malas maneras Sasuke sin dejar de correr.

-Odio cuando te levantas pesimista que suele ser todos los días de tu vida que no levantas al lado de Sakura-chan- murmuró por lo bajini el rubio ganándose la mirada de ira de Sasuke.

-Tss… Dobe- dijo Sasuke sin dejar de correr.

Al llegar al lugar de la explosión los Señores de la Guerra se detuvieron. El caos que reinaba en el lugar era más que evidente; ninjas médicos (la mayoría pertenecientes a las Tierras Libres) iban y venían trasladando heridos o atendiéndolos en el mismo sitio si se encontraban muy graves.

Instantes después aparecieron tras ellos los generales.

-¿Qué ha pasado?- dijo Kiba poniéndose detrás de Neji, seguido de Shino, flanqueando las espaldas del señor de la guerra.

-Algo ha provocado una explosión, no sabemos qué. Shino, Kiba rastread el lugar en busca de posibles explosivos.

-¡Hai!- ambos generales, especialistas en el rastreo, desaparecieron en un puff.

Shikamaru se encontraba con los ojos cerrados, meditando. No esperaba que Akatsuki hiciera un ataque tan directo, y más todavía que fuese en pleno amanecer, cuando todo el mundo se encontraba colocado en su puesto. Alguien debería haber visto acercarse a cualquier individuo ajeno al campamento. Si nadie lo había visto solo significaba una cosa.

-¡Cuidado, está sobre nosotros!- gritó Shikamaru mientras abría los ojos y miraba hacia el cielo.

Todos los allí presentes lo imitaron.

-Vaya, vaya, y yo que esperaba divertirme un rato más- montado sobre una especie de pájaro marrón grisáceo se encontraba un chico un tanto mayor que ellos. Era rubio con el pelo largo atado en una larga coleta. Solo se podía ver un solo ojo azul, pues el otro se encontraba tapado por el flequillo. Esos detalles les fueron insignificantes a los Señores de la Guerra; lo que verdaderamente importante era la vestimenta de aquel hombre.

Una capa con nubes rojas… Akatsuki.

-Es Deidara, el que atacó mis Tierras- dijo Neji mientras activaba su Byakugan- utiliza arcilla explosiva para crear animales.

-Veo que habéis estudiado, Señores de la Guerra- dijo en tono de burla Deidara, para luego meter sus manos en los bolsillos- La teoría está muy bien pero, pasemos a la práctica.

Al sacar las manos de sus bolsillos comenzó a amasarla hasta crear lo que parecía cinco pájaros de arcilla, que caían en picado hacia el campamento.

Sasuke, con su Sharingan activado, cogió dos kunais y con increíble habilidad los lanzó, haciéndolos chocar entre sí, haciendo explotar los cinco pájaros.

-Hmm… ¿Está es la habilidad de un miembro superior de Akatsuki?- dijo Sasuke con una superioridad e indiferencia.

El Akatsuki se quedó mudo al mirar bien a Sasuke. Apretó sus manos y comenzó a temblar con rabia.

-Esos ojos… esos malditos ojos- murmuraba con rabia Deidara- Tú tienes que ser el estúpido hermano de Itachi.

Deidara se lanzó en picado contra Sasuke, provocando que todos los Señores de la Guerra saltasen para evitar el impacto.

-Temeee ¿qué le has hecho a este tipo como para ponerlo tan cabreado?- gritó Naruto

-No lo he visto en mi vida- murmuró Sasuke, con la mirada fija en la nube de polvo que había ocasionado la explosión.

El campamento comenzó a volverse más caótico.

-Estúpido Deidara, siempre tienes que llamar la atención. Se suponía que teníamos que infiltrarnos con sigilo y matar a los líderes sin causar tanto revuelo- dijo una voz rasgada tras ellos.

Todos allí se giraron para ver a un hombre encapuchado; solo se le veían los ojos, cuyo iris era verduzco pero su fondo rojo.

-Lo siento Kakuzu, estaba sobrevolando el campamento y la inspiración artística vino a mí, tenía que crear una gran obra de arte- se excusó Deidara.

Al oír el nombre de aquel tipo, Shikamaru se tensó.

-Kakuzu… era el compañero de Hidan… ese tipo estuvo involucrado en la muerte de Asuma-sensei- dijo con rabia.

-Tss mierda aquí no podemos luchar- dijo Naruto mientras miraba a su alrededor, lleno de soldados y de heridos.

-Yo me encargo de alejar a Deidara- dijo Gaara invocando su arena, que comenzó a perseguir a Deidara, que retrocedía.

Los demás Señores de la Guerra comenzaron agruparse, para enfrentar a Kakuzo.

-Shikamaru, ¿qué sabes de este?- dijo Neji.

-Su habilidad es que posee todos los tipos de los elementos porque roba corazones de otros ninjas- dijo Shikamaru mientras se posicionaba detrás de los Señores para cerrar los ojos y concentrarse- si solamente pudiéramos hacerlo retroceder…

-¿¡Es que no ves que esto es un hospital de campaña?! ¡A pelear a otro lado!- el grito de una voz, solo reconocida por Shisui, llamó la atención de todos.

Todo pasó muy rápido, una mujer en un instante se posicionó detrás de Kakuzu, le pegó un puñetazo que lo lazó por los aires, la mujer saltó y pateó al Akatsuki con tanta fuerza que lo lanzó volando más allá del campamento, en la explanada donde se suponía que debía estallar la guerra.

El silencio, solo roto por alguna que otra explosión aérea de Deidara, se hizo presente en el campamento.

-¿Qué cojones…?- murmuró Naruto.

Ante ellos estaba nada más ni nada menos que Yukiko temblando de rabia. Se dio la vuelta de manera inmediata, dándoles a los Señores de la Guerra y los generales una mirada de rabia.

-¡¿Qué hacéis ahí parados?!¡Id a patearle el culo a ese cabrón!- los señores de las Tierras libres dieron un pequeño bote al oír la demanda de la morena- ¡TÚ!- gritó señalando a Shisui, que no sabía por qué comenzó a temblar- ¡Haz algo útil y ayúdame a trasladar a los heridos a las tiendas!- tras decir esto se giró y comenzó con su tarea.

-¿De las Tierras Libres?- murmuró Naruto lo más bajo que pudo, para no ser oído por la chica.

-Hai- respondieron todos los allí presentes de manera rotunda.

-Será mejor que hagas lo que dice- dijo Sasuke mirando a Shisui, que se tensó todavía más.

-¿Por qué siempre te empeñas en mandarme al infierno?- dijo Shisui con molestia.

-¿Prefieres luchar contra dos miembros de Akatsuki antes que lidiar con esa chica?- preguntó Naruto incrédulo.

-¡¿Tú has visto que sopapo le ha dado a ese tío?!- gritó indignado Shisui señalando a la chica.

-Si quieres salir vivo de esta será mejor que hagas lo que ella dice- dijo Sasuke, que hablaba basándose en experiencias propias.

Shisui, derrotado, se encaminó hacia donde estaba la chica.

Los Señores de la Guerra se miraron un poco atónitos. Se suponía que estaban en mitad de una guerra y perdían el tiempo con esas estupideces.

-Será mejor que vayamos a por él antes de que él vuelva a por nosotros- dijo Neji- vosotros estabilizad la zona- les indicó a los generales, que asintieron y desaparecieron.

Los Señores de la guerra comenzaron a alejarse del campamento, para enfrentar a los dos Akatsukis. Mientras se iban, no pudieron evitar poner una sonrisa de burla al oír los gritos que aquella chica y Shisui se dirigían mutuamente.


-Pues sí que le ha tenido que dar fuerte la chica esa como para mandarlo tan lejos- dijo Naruto cuando llevaban diez minutos corriendo.

Sobre ellos estaban sobrevolando el cielo Deidara y Gaara.

-¡UCHIHA! ¡A quién quiero enfrentarme es a ti!- gritaba Deidara mientras esquivaba las oleadas de arena que le mandaba el pelirrojo.- Quiero ver si eres tan poderoso como el bastardo de tu hermano.

Sasuke ante esto último detuvo su carrera. Los demás señores de la Guerra detuvieron su paso unos metros más adelante.

-Id a por el otro, de este me encargo yo- dijo Sasuke mientras que miraba a Deidara con el Sharingan en sus ojos.

-¿Estás seguro teme?- murmuró Naruto con preocupación.

-Si este tipo no pudo con Itachi tampoco podrá conmigo- dijo Sasuke con fría seriedad.

Sasuke realizó con sus manos una serie de sellos, se mordió el dedo hasta hacerlo sangran e invocó a un gran águila, en la cual se subió y comenzó a ascender hasta situarse al lado de Gaara.

-Vete con los demás- dijo sin siquiera mirarlo.

-Como quieras- dijo Gaara y comenzó a descender para reunirse con el resto.

Sasuke miró a Deidara que tenía cara de verdadera felicidad.

-Siempre he querido ir a por ti, desde que el cabrón de tu hermano me obligó a unirme a esta organización, desprestigiando así mi arte he querido siempre matarlo- dijo Deidara con furia- pero seamos realistas, no puedo con él, por eso cuando nos dijeron que iríamos a por las mujeres de los Señores de la Guerra quería ser yo quien fuese a por la fulana de tu mujer para así poder matarte, y así demostrar que puedo ganar contra esos malditos ojos.- la manera en la que hablaba dejaba ver que aquel hombre estaba cegado por la locura y la obsesión- por eso maldije el día que tu querido hermanito decidió ir a por ella; pero mira tú que buena es la vida que me da otra oportunidad para enfrentarme a ti y acabar contigo.

Sasuke miraba con fría indiferencia a Deidara. Lentamente comenzó a sacar su espada lentamente.

-Iba a matarte de manera rápida e indolora, al fin y al cabo no todos tienen las agallas de enfrentarse a mí, pero… no puedo pasar por alto la manera en la que te has referido a mi esposa- tras decir esto, Sasuke comenzó a electrificar su espada.

Deidara comenzó a reírse de manera maniática.

-Después de acabar contigo iré a por ella, la secuestraré y la violaré, no una, sino para siempre- dijo con su ojo visible saliéndose de las órbitas- cada vez que la viole será un recordatorio de que pude matarte.

Deidara tuvo que hacer descender su pájaro, pues unas llamas negras se encontraban ahora suspensas en el aire en el lugar donde segundos antes se encontraba él.

-Acabas de firmar tu sentencia de muerte- dijo Sasuke, levantando su mirada, dejando ver los ojos más aterradores que había visto la humanidad, el Mangekyo Sharingan.

-Veo que te has puesto serio- dijo Deidara- sin embargo, desde que luche contra tu hermano he estado entrenando este ojo para no verme afectado por esos asquerosos ojos- dijo mientras se levantaba el flequillo y dejaba ver un ojo de metal.

Sasuke sin esperar más se lanzó contra él. Deidara comenzó a lanzarse pájaros explosivos, que o bien los esquivaba o los aniquilaba con su espada.

Siguieron así durante unos quince minutos.

-¿Qué pasa Uchiha, ya te has cansado?- Dijo Deidara con mofa- tu hermano ya me había derrotado en este tiempo.

La ira es uno de los pecados capitales y no por nada. Deidara se había confiado demasiado dejándose llevar por la ira que sentía por los Uchihas. Estaba tan concentrado en solo usar su ojo entrenado que pasó por alto como Sasuke había mandado un clon en el punto ciego de Deidara.

Dicho clon mandó una bola de fuego que desestabilizó de lleno a Deidara, obligándolo, de manera involuntaria, a abrir ambos ojos encontrándose de lleno con dos ojos rojos.

-Es tu fin- dijo Sasuke con desprecio.

Todo se volvió rojo y negro. Una gran luna negra. Deidara se encontraba de rodillas, crucificado. Sasuke se encontraba delante de él.

-Supongo que ya sabrás donde estás- dijo Sasuke mientras levantaba su espada y la clavaba en el abdomen de Deidara- Te prometí que sufrirías, y eso haré.

Deidara comenzó a gritar de agonía.

-No… no… yo ya he pasado por esto y juré no volver a pasar- dijo Deidara mientras sonreía con toda la boca llena de sangre.- Es el momento de crear mi obra de arte definitiva.

Sasuke arqueó la ceja. En esa dimensión era imposible que pudiera hacerle nada.

Deidara comenzó a reírse y a acumular chakra en su ojo; haciendo que la ilusión comenzara a desmoronarse poco a poco.

Fuera del Tsukuyomi, Sasuke tenía a Deidara de rodillas, agarrado por el pelo con una mano y con la espada en la garganta de Deidara.

-De nada te ha servido salir de la ilusión, vas a morir de todas formas. ¿Tus últimas palabras?- dijo Sasuke, provocando la risa de Deidara.

-No debías ser tú quien formase parte de mi obra de arte, la tenía reservada para tu hermano, pero tú también me vales- dijo mientras su cuerpo comenzaba a agrandarse, provocando que Sasuke se apartase de él.- de nada sirve alejarse Uchiha, esta explosión será vista desde cualquier punto de las Naciones Libres, no podrás escapar.

El cuerpo de Deidara comenzó a brillar.

-Nos vemos en el más allá Uchiha.

Deidara no mentía cuando dijo que la explosión se pudo ver y oír en todas las Naciones Feudales.


El temblor de la tierra, precedido de un sonoro estruendo, hizo que tanto Sakura como los niños se levantasen agitados y confusos. El pequeño Takeo comenzó a llorar, por lo que Sakura lo tomó en brazos e intentaba calmarlo.

-¿Qué ha pasado?- decía Daichi mientras sostenía un kunai en pose de defensa, todavía desorientado por haber sido despertado tan rápidamente.

-¡Niños, Sakura-chan!¿Están bien?- dijo Nariko apareciendo atropelladamente en la puerta, seguido por Itachi.

-Sí, estamos bien, ¿qué ha pasado?- preguntó Sakura.

Itachi dio la vuelta y se fue corriendo a la salida, siendo seguidos por todos.

Sakura se paró al lado de Itachi, que se encontraba de pie mirando hacia el cielo. Sakura guio su mirada hacia donde su cuñado estaba mirando.

Una nube negra y roja en forma de hongo cubría casi todo el cielo, creando llamas de fuego a su alrededor.

-Niños meteos en casa- se oyó a Nariko detrás de ellos. Los niños, increíblemente obedecieron sin rechistar- ¿Qué es eso Itachi-kun?

Itachi no había apartado la mirada de la nube negra, sin decir nada.

-¿Itachi-kun?- volvió a preguntar Nariko posando su mano en el hombro de su marido, haciendo que éste apartase la mirada de la explosión para encontrarse con la mirada preocupada de Nariko. Poco a poco fue abrazándola, apretándola con fuerza.

-Eso, es la señal de que todo acaba de empezar- murmuró Itachi muy serio.

Sakura apartó la mirada de la nube para mirar a su cuñado. Itachi la miraba fijamente.

-¿Qué es eso exactamente Itachi?- preguntó Sakura con miedo de saber la respuesta a esa pregunta.

-Esa es la explosión de Deidara, un miembro de Akatsuki- murmuró, sin embargo, la mirada de su cuñado le hacía ver que aquello no era todo.

-¿Qué es lo que no me has dicho?- preguntó Sakura. Itachi la miró bastante serio.

-Deidara cuando estaba en Akatsuki me dijo que esa explosión me la tenía reservada para mí… si no ha sido conmigo…- su voz de cortó.

-Sasuke…- murmuró Sakura mientras abría mucho los ojos y caía de rodillas en el suelo.

-Sakura… mi estúpido hermanito no moriría en algo así- dijo Itachi, intentando animar a su cuñada.- yo confío en él, ¿no lo haces tú?

Sakura levantó la mirada y vio que tanto Itachi como Nariko estaban cada uno a su lado, apoyándola.

-Tienes razón- murmuró Sakura- Le dije que como le pasase algo se arrepentiría, y aunque no lo quiera demostrar sé que tiene en cuenta mis amenazas.- Itachi rio ante la contestación de Sakura.

-Sí, sé a lo que te refieres, a mí me pasa lo mismo- dijo sonriendo mientras Nariko le daba un suave golpe en la cabeza, bromeando con él.- bueno, es el momento de prepararlo todo, partimos en una hora.

-¿A dónde vamos?- preguntó Sakura siguiendo a la pareja dentro de la casa.

-A la guerra, pero primero tenemos que hacer una paradita en mi casa- dijo Itachi.

-Pero si ya estamos en tu casa- dijo Sakura como si fuera la cosa más obvia del mundo.

-Me refiero a mi otra casa Sakura, el palacio de los Uchiha- dijo Itachi.

-¿Cómo?- dijo Sakura incrédula- ¿Pretendes que nos colemos en el palacio así como así?- Itachi se encogió de hombros.

-No es la primera vez que lo hago- dijo Itachi como si estuviera hablando de algo tan trivial como el tiempo- además necesito que mi madre cuide de los niños; no pueden venir con nosotros, y dejarlos solos no es una opción, ya has visto cómo actúan cuando están solos, y no quiero que cuando volvamos esté la casa reducida a cimientos.

-¿Quieres que Mikoto-sama haga de niñera?

-Seguro que lo hace encantada, a Daichi lo mimaba en exceso cuando nos iba a visitar a mi aldea- dijo Nariko.

Ya dentro de la casa los niños estaban los tres alineados, mirando a los adultos.

-Cada vez que hacéis eso implica dos cosas: o que habéis hecho algo muy malo o que queréis pedir algo que os hemos dicho que no en repetidas ocasiones- dijo Itachi mientras se sentaba en una silla a la espera de que los niños dijeran algo.

-Queremos ir con vosotros- dijo Daichi- yo ya soy lo suficientemente fuerte como para que no tengáis que preocuparos por mí.

-No- dijo Itachi, que al ver que su hijo mayor iba replicar, activó su sharingan- ¡he dicho que no!

Los tres niños comenzaron a temblar, su padre en la vida les había levantado la voz, mucho menos les había mirado con el Sharingan. Al ver la mirada de sus hijos Itachi suspiró con cansancio.

-Venid aquí- dijo Itachi mientras movía su mano, incitándolos a venir. Ellos tímidamente comenzaron a caminar hasta quedar frente a su padre. Itachi los abrazó con fuerza a los tres- siento haberme puesto así con vosotros. Sabéis que daría mi vida por vuestra madre y por vosotros tres, por eso me he enfadado tanto, no quiero que nada os pase.- los niños también abrazaron con fuerza a su padre. Itachi se separó de ellos y se acuclilló hasta quedarse a su altura.- Daichi, sé que eres suficientemente fuerte para ir a una guerra, pero sigues siendo un niño, no quiero que pases por lo que yo pasé, es mejor que vivas los pocos años de infancia que te quedan disfrutando, y vosotros dos- dijo Itachi mirando a Raiko y a Takeo (que no entendía nada de la situación salvo que era una situación seria)- sois demasiado pequeños para empuñar un arma, tendréis que hacer todo lo que vuestro hermano diga, ¿entendido?.

-Pero otosan, ¿cómo voy a poder con ellos dos y no matarlos en el intento?- dijo indignado Daichi.

-No te preocupes, se ocupará de vosotros vuestra abuela.

-¿Abuela?- dijeron Raiko y Takeo a la vez.

-¡¿En serio?!¿Volveré a ver a la abuela?- dijo con ilusión Daichi.

-Sí chicos, será ella quien os cuide, así que comportaos bien, porque como Mikoto-sama me diga que habéis sido unos maleducados os la lleváis- dijo Nariko mientras cogía en brazos a Takeo y se iba a preparar las cosas, dejando a sus dos hijos mayores temblando de miedo.

Sakura se reía por lo cotidiano de la discusión, la familia de su cuñado era increíble.

-No te rías tanto Sakura-chan, ¿quién sabe? Tal vez dentro de diez años seas tú quien amenaza a tus hijos para que se comporten bien- dijo Itachi sonriendo.

Sakura sonrió.

-Me encantaría que eso sucediera.


Mikoto se encontraba mirando por la ventana, ensimismada. Hacía tres días que Sakura se había esfumado. No había ningún rastro de ella o de Rakki.

Mikoto sintió una presencia tras ella, pero no se giró.

-Okasan.

Mikoto apretó los ojos, conteniendo las lágrimas.

-Okasan- volvió a decir aquella voz, haciendo que Mikoto se girara.

-Itachi-kun- murmuró Mikoto mientras caminaba hacia él.- ¿Eres tú?¿Eres tú de verdad?

-Sí okasan. Soy yo de verdad- dijo Itachi.

Mikoto acarició la mejilla de su hijo, comprobando que era su hijo de verdad. El sonido de una bofetada resonó en la habitación; la cara de Itachi se encontraba volteada.

-¿Por qué Itachi?¿Por qué lo hiciste? Te dije que no hicieras nada. Tu padre era un malnacido, pero prefería ser yo quien sufriera antes de ver a tu hermano como lo vi- dijo Mikoto entre lágrimas.- Además, desapareciste de repente, sin decir nada… dios mío… ¿Están Nariko y los niños bien? Llevo cinco años sin poder conciliar el sueño porque no sabía si mi hijo mayor, mi nuera y mis nietos estaban vivos.

-Okachan- dijo Itachi todavía con la cara volteada- lo siento, pero… Fugaku planeaba matar a Sasuke, no tuve otra opción. Tuve que marcharme lo más pronto que pude para protegeros a vosotros y a Nariko y a los niños.- dijo Itachi con notable sufrimiento.

Mikoto abrazó a Itachi con fuerza.

-Mi niño… siempre has cargado con más sufrimiento del que debías- decía Mikoto entre lágrimas.

-Okasan… necesito que hagas algo por mí- dijo Itachi mientras se separaba de ella.

Justo ese momento un clon de Mikoto apareció a su lado.

-¿Qué pasa Itachi?- preguntó desconcertada Mikoto.

-Confía en mí okasan- Itachi cogió a su madre en brazos y desaparecieron de la sala, dejando allí el clon de Mikoto.

Mikoto, parpadeó un par de veces.

-Itachi-kun siempre te dije que odiaba cuando me teletransportabas sin decirme que ibas a hacerlo- dijo Mikoto enfadada.

-¿Mikoto-obasan?

La voz de un niño hizo que Mikoto se girara.

Delante de ella estaban nada más y nada menos que sus dos nuevas y tres niños.

El más mayor de los niños dio dos pasos hacia ella. Mikoto lo reconoció al instante.

-Daichi-kun- murmuró Mikoto mientras se bajaba de los brazos de su hijo.

El niño se lanzó a los brazos de su abuela.

-¡Mikoto-obasan! Te he echado de menos- dijo el niño entre los brazos de su abuela.

Mikoto alzó la cabeza. Los otros dos niños miraban con envidia a su hermano mayor.

-Okasan, él es Raiko, tiene cinco años, y él es Takeo, acaba de cumplir los dos años- dijo Itachi mientras ponía cada mano en la cabeza de sus hijos pequeños- niños, ella es mi madre, es decir, vuestra abuela, id a saludarla.

Los niños salieron corriendo y se lanzaron a los brazos de su abuela, tirando a Daichi en el proceso.

-¡Raiko-baka! ¡Ten más cuidado!- gritó Daichi.

-¡Cállate Daichi, tú has tenido más tiempo disfrutando a obasan!- gritó Raiko.

-¡Veda!- gritó con voz infantil Takeo.

Mikoto comenzó a llorar, haciendo que los tres niños pararan de pelearse y miraran a su abuela.

-Mira lo que has hecho idiota, has hecho llorar a la abuela- dijo Daichi, haciendo que Raiko comenzara a ponerse nervioso.

-Obasan… si he hecho algo que te ha molestado no lo he hecho a posta… yo solo quería que me quisieras- dijo Raiko tartamudeando, lo que provocó que Mikoto llorase con más fuerza.

-Niños venid aquí- dijo Mikoto entre lágrimas- abrazadme los tres para ver que esto no es un sueño.

-No lo es Mikoto-sama- dijo Nariko mientras se acercaba a su suegra y la abrazaba.

-Nariko-chan, Sakura-chan- dijo conmovida Mikoto- dios mío, si solo Sasuke estuviese aquí sería el mejor sueño que podría tener.

-A eso vamos okasan- dijo Itachi- vamos a zanjar todo esto, y necesito que te hagas cargo de estos tres demonios mientras estamos fuera.

-Pero… pero… pero ¿qué vais a hacer?- preguntó un tanto turbada Mikoto.

-Cuando volvamos te lo contaremos todo okasan- dijo Itachi mientras se ponía detrás de Sakura y de Nariko- Niños portaos bien con la abuela, acordaos de lo que dijo vuestra madre.

Itachi con un brazo abrazó a Nariko por la cintura y posó el otro brazo sobre la cabeza de Sakura, y desaparecieron.

Mikoto miró el lugar donde segundos antes había estado su hijo y sus nueras. Tenía muchas preguntas en la cabeza, pero no tuvo tiempo para seguir reflexionando.

-Mikoto-obasan- dijeron los tres niños a la vez.- Vamos a jugar.

Mikoto sonrió a sus nietos.

-Claro mis niños, tenéis muchas cosas que contarme y yo muchos mimos que daros.


Sasuke abrió los ojos con pesadez. Nada más abrirlos pudo ver el rostro de la persona que menos quería ver en esos momentos.

-¡Menos mal que despiertas Teme! Pensé que la habías palmado- dijo Naruto aliviado.

-Tss, estúpido dobe, quítate de en medio- dijo Sasuke mientras se incorporaba con mucha dificultad, haciendo un mohín de dolor.

-Uchiha mantente acostado hasta que acabe de curarte- Sasuke giró la cabeza. A uno de sus lados estaba la tía de su mujer, Tsunade

-Hmm…¿cuándo has llegado?- dijo Sasuke mientras se volvía a acostar para que aquella mujer terminase de tratarlo.

-Hace dos días- dijo Tsunade, haciendo que Sasuke abriese los ojos.

-¿Cuánto tiempo llevo así?- ahora sí, comenzó a incorporarse.

-Solo dos días Teme, relájate, ya estamos fuera de peligro- dijo Naruto.- por cierto Teme, ¿qué pasó contra Deidara? Te encontramos medio muerto intentando salir de dentro de una serpiente enorme muerta.

Sasuke permaneció en silencio. Recordaba que cuando Deidara estaba a punto de inmolarse, había invocado a Manda, el rey de las serpientes; gracias a eso podía decir que seguía vivo.

-Hmm, lo maté eso es todo- dijo Sasuke- ¿qué ha pasado en estos dos días?

-Pues matamos a Kakuzu, como era de esperar de cuatro de los Señores de la Guerra- dijo Naruto con orgullo- pero ese cabrón era un señuelo. Otro miembro de Akatsuki, Kisame, se internó en el campamento y estuvo a punto de provocar una masacre si no llega a ser porque Kakashi-sensei y su general Gai aparecieron. No sé cómo lo hará sensei que siempre aparece en el momento justo.

-¿Qué pasó con Kisame?- quiso saber Sasuke; había llegado a sus oídos que ese hombre había sido el compañero de su hermano en la organización. Si se encontraba vivo quería ser él quien lo interrogara.

-Kakashi-sensei ha dicho que lo tenían acorralado entre Gai, tu general Suigetsu y él mismo; al ver que no tenía posibilidades de escapar, invocó a cinco tiburones, mandó a tres a atacar a los nuestros, que los esquivaron, pero lanzó su espada contra tu general, que no pudo esquivarlo; luego los otros dos tiburones lo devoraron- dijo Naruto.

-¿Cómo está Suigetsu?- dijo Sasuke preocupado por su segundo general, aunque nunca lo admitiría.

-Está vivo, pero le quedará para siempre una cicatriz que le recorre todo el torso- dijo Naruto- y el muy cabrón no quería soltar la espada, decía que se la había ganado.

Sasuke rio de lado. Muy típico de Suigetsu.

-Sasuke… solo quedan tres miembros de Akatsuki… el enmascarado Tobi, Zetsu y… tu hermano- dijo Naruto.

Sasuke miró a Naruto, mientras se incorporaba.

-Esto acabará pronto dobe- dijo Sasuke mientras salía de la tienda que hacía de hospital, a pesar de los gritos de Tsunade.

Pobre diablos, no sabían que la guerra no hacía más que empezar.