Disclaimer: Ninguno de los personajes de Fullmetal Alchemist me pertenece.
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¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que bien. Yo muy, muy feliz por saber que les gustó tanto el capítulo previo y por sus tan bonitos comentarios al respecto, espero que este capítulo también les guste. Como todos los días (y perdón si les parezco reiterativa y monotemática): ¡Gracias! De todo corazón, a todos los lectores que siguen mi historia. Muchísimas gracias, y especialmente a: HoneyHawkeye, Bibiene Von Heiwa, Lucia991, inowe, Darkrukia4,Rukia Kurosaki-chan, fandita-eromena, Andyhaikufma, Guest, Hoshiisima, Alexandra-Ayanami, Rinsita-chan, laura-eli89,HaruD'Elric, Natsumi Anko, mariana garcia, Dulce Locurilla, LaertesDiMarcini, Eli Lawliet, GiEricka, imarbu18 y Wanderer Black (me alegra tenerte por aquí y gracias por tu amable comentario =)), por sus tan alentadores comentarios. ¡Nos vemos y besitos!
Crisis de la mediana edad
XXVIII
"Ni siquiera una vez"
Se despertó con el sonido de alguien jalando la cadena del excusado, desde el interior del pequeño cuarto de baño, seguido de un sonido de goznes chirriando y una puerta abriéndose. Abriendo los ojos, desde su lugar aún en la cama, observó con somnolencia a su superior detenerse bajo el marco de la puerta, aferrándose a éste mismo con expresión enfermiza, para luego dar la vuelta y volver a meterse en el cuarto de baño apresuradamente, volviendo a cerrar la puerta tras de sí. Lo siguiente que oyó, desde el interior, fue el sonido de arcadas y tos y el sonido de algo cayéndose. Sentándose, con cuidado, en la cama, se puso de pie y se acercó a la puerta cerrada, posicionando su mano calmamente contra ésta —General, ¿se encuentra bien? —lo oyó vomitar otra vez y espiró. Realmente había bebido demasiado. Tomando el pomo, se decidió a ingresar—. Señor, ingresaré —sin embargo, cuando entreabrió la puerta, algo, o alguien, la trabó al otro lado.
—No entre, teniente—dijo, ligeramente jadeando, pero con voz firme. Era vergonzoso. Y ciertamente preferiría que ella no lo viera en aquel estado patético y deplorable. ¿Qué clase de comandante sería si permitiera que uno de sus subordinados, su más valioso, por encima de todo, lo viera de esa forma? Además, no quería darle más razones para que dudara sobre si había elegido a la persona correcta para seguir o no. Ya le proveía muchas de éstas a menudo. Aquella ciertamente era una que no quería añadir.
Riza frunció el entrecejo e intentó una vez más girar el pomo, en vano —Me temo que esa es una orden que no puedo cumplir, general —afirmó, volviendo a intentarlo—. Ahora abra, por favor.
—Estoy bien —mintió, aferrándose con ambas manos al lavabo y examinando su reflejo en el espejo. Aún podía sentir el nauseabundo sabor a bilis en su boca. Y su semblante no lucía mucho mejor.
—Eso puedo oír, general —torció, con sarcasmo. Y, como si fuera deliberado, lo oyó vaciar el contenido de su estómago una vez más. Seguido nuevamente del sonido del excusado—. Por favor abra, o me veré forzada a ingresar por mi cuenta.
—Un minuto —lo oyó decir. Y tras rápidamente enjuagarse la boca y lavarse los dientes y el rostro, se dispuso a salir. El pestillo de la puerta hizo clic, y la misma se abrió—. Lo lamento —se excusó rápidamente, pasándose la mano por el cabello, al ver la expresión poco complacida de ella.
Riza lo miró con severidad, cruzándose firmemente de brazos —Le dije que no debería haber bebido tanto, general.
Roy suspiró —Dígame algo que no sepa, teniente.
—Estoy segura que no quiere que haga eso —replicó, negando con la cabeza.
Él frunció el entrecejo —¿Qué se supone que significa eso?
Espiró —Nada, general. Como dije, no querrá saberlo.
Aún así, él no dejó de insistir —¿Acaso dije algo que no debería anoche?
—Nada relevante, señor —aseguró, mintiendo deliberadamente. En silencio, lo observó caminar hasta la cama y sentarse en el borde de ésta, cabeza en las manos y hombros encorvados hacia abajo.
Podía sentir su frente y su cabeza en general palpitar entre sus manos —Nosotros no...
La expresión de ella se suavizó —No, general. Si mal no recuerda, no estaba en estado de intentar nada.
Alzó la mirada a ella —¿Así que solo dormimos? —parecía ligeramente ridícula la noción, si lo pensaba. No era como si fueran únicamente unos niños pero suponía que el cansancio y su estado particular lo habían vencido. Lo más desconcertante, por otro lado, era que ella lo hubiera consentido. Especialmente después de que había afirmado que no quería tener nada que ver con él fuera del cuartel general y fuera de sus respectivos rangos y uniformes.
Asintió, secamente —Así es, general.
Alzó ambas cejas —¿Y aceptó quedarse conmigo, teniente? —recordando que había despertado con ella acurrucada en la curva de su cuerpo. Y su propia mano en la cadera de Hawkeye.
Exhaló calmamente —Me temo que no me dejó otra opción, general. No quiso soltarme. E insistió considerablemente en que lo hiciera.
Suspiró, volviendo a descansar su cabeza en sus manos —¿Eso hice?
Asintió —No luce bien, general. ¿Quiere que busque un vaso de agua?
No lo negaría, estaba sediento. Terriblemente sediento al punto que no parecía quedar un rastro de agua en todo su cuerpo. Sin embargo, las palabras de ella continuaban molestándole. Nada, general. Como dije, no querrá saberlo. ¿Qué había dicho o hecho para que ella le respondiera aquello? Bufó. Por más que quisiera recordarlo, no podía. Y todo el esfuerzo estaba causándole solo más dolores de cabeza. Y que su teniente primera continuara observándolo como si fuera a perder el conocimiento en cualquier momento —No. Estoy bien, teniente. Gracias.
Frunció el entrecejo —¿Puede levantarse?
Asintió, poniéndose de pie —En retrospectiva, teniente, beber con el estómago vacío no pareció una decisión sabia.
Negó con la cabeza —Estoy segura que no, general. ¿Necesita ayuda?
Roy torció el gesto, poniendo una mano sobre su abdomen y la otra en el hombro de Hawkeye, para mantenerse parado y sin tambalearse. El suelo continuaba moviéndose bajo sus pies, si bien ligeramente —¿Tiene un estómago nuevo, teniente?
—Me temo que no, señor —replicó, con mordacidad.
Suspiró —Eso temí. Me habría venido bien uno.
—Estoy segura que si, general —voz ácida—. Ahora recobre la compostura, por favor. Tenemos que ir al cuartel general, si mal no recuerda.
—Ah, si. Cierto —masculló, metiendo la mano en el bolsillo y retrayendo su reloj de plata de alquimista. Sin embargo, torció el gesto al ver la hora que marcaban las manecillas del mismo.
—¿Qué sucede, general? —inquirió su teniente primera, frunciendo el entrecejo.
—Ah... Esto no le gustará, teniente... —comenzó, entregándole el reloj a ella. En silencio, vio su expresión cambiar a una de ligera sorpresa y luego a una de clara disconformidad. Labios tensos en una línea y mirada de reprobación.
—Arréglese ya, general —le ordenó, devolviéndole el reloj –presionándolo contra su pecho- con algo más de firmeza y brusquedad de la necesaria—. Salimos en breve.
Roy lo tomó y la miró por un instante —Son las 11:30 AM, teniente —objetó.
La observó marcharse al baño y comenzar a sujetarse su cabello nuevamente, dado que durante la noche un par de mechones se habían soltado y el agarre en general se había aflojado. En su opinión, la hacían lucir más atractiva, pero no se atrevería a mencionarlo en aquel preciso momento —Estoy perfectamente al tanto —no, viendo el reflejo en el espejo de la expresión de desaprobación estampada en su severo rostro y no, viendo la forma en que continuaba intentando alistarse prontamente y con dedos tensos y rígidos. Y hombros igualmente endurecidos. Estaba molesta. Pero, más aún, y conociéndola, molesta consigo misma por haber permitido aquello.
—Tendríamos que haber arribado a las 7 AM —señaló, lo obvio. Un pequeño tirón en las comisuras de sus labios le indicó que también lo sabía perfectamente y que, de hecho, no podía olvidar el detalle.
—Si tiene tiempo para señalar obviedades, general, estoy segura que tiene tiempo para alisarse el uniforme. Y haga algo con su cabello, por favor —replicó, aún intentando sujetarse el cabello prolijamente pero fallando en el intento. El clip se le resbaló de los dedos, posiblemente debido a la prisa de sujetarlo a su cabello, y cayó al suelo. Riza espiró, soltando las hebras doradas de su otra mano y dejándolas caer.
Aquello era todo por lo que aquello estaba mal. Por lo que era inaceptable, por lo que no podía suceder. Después de todo, Riza nunca arribaba tarde al cuartel. Nunca se quedaba dormida. Concedido, había estado exhausta, pero generalmente lo estaba y eso nunca la excusaba para no cumplir con sus obligaciones para con la milicia tampoco. Aquello era altamente poco profesional y todo lo que ella no era. Y lo que más le molestaba, en realidad, era que su superior permaneciera completamente tranquilo y calmo. Como si no sucediera nada. Como si todo fuera algo que pudiera ser tomado a la ligera. Aunque no debería estar sorprendida, estaba segura que su superior disfrutaría cualquier oportunidad que le permitiera librarse de un día completo de papeleo. Ella, en cambio, censuraba su postura y no podía dejar de recordar todo el trabajo que aún les había quedado desde el día anterior y todo el que tendrían aquel día. Y, si no se apresuraban, no arribarían al cuartel hasta la hora del almuerzo. Aunque eso no parecía concernir ni preocupar al general de brigada tampoco.
Espirando, lo vio a través del espejo, ahora de pie detrás de ella, y con una mano rodeándola y ofreciéndole el broche que sus dedos habían dejado caer. Su expresión parecía algo suavizada —Relájate, Hawkeye. Ya no llegaremos.
Ella se tensó. Esa no era razón para relajarse. Arrebatándole el broche de la mano, se sujetó el cabello en alto y se volteó, clara expresión de desaprobación —No si continúa holgazaneando, general.
Negó con la cabeza —Así lo haga, teniente, no arribaremos al cuartel general hasta dentro de una hora. Y estoy seguro que no se verá bien si ambos llegamos tarde y juntos —además, ya habían perdido medio día, de todas formas. Más les convenía intentar aprovechar el resto del día.
Torció el gesto —Estoy segura que tampoco lucirá bien si ambos faltamos, general —señaló, con severidad. Su superior permanecía completamente tranquilo. Y de hecho, Riza estaba segura que la única razón por la que no estaba sonriendo complacido por como habían resultado las cosas era porque la expresión de ella lo detenía de hacerlo. No estaba complacida, en absoluto.
—Posiblemente —concedió—, pero es nuestra mejor opción, ¿no crees? —después de todo, arribar tarde y juntos sería una irrefutable confirmación. Faltar, en cambio, llevaría solo a especulación sobre las coincidencias de que ambos no arribaran al cuartel el mismo día. Y, por razones obvias, la segunda era mejor que la primera. Y sabía que su teniente primera lo vería así también, eventualmente, cuando el disgusto de haberse quedados dormidos se disipara.
Espiró. Si, sabía que si. Pero "mejor" no era suficiente para disipar sus preocupaciones. Ya era bastante malo que tuvieran que abandonar un bar, a la mañana siguiente y juntos, cuando alguien podría verlos y reconocerlos. Las cosas resultarían abismalmente peores para ambos si alguien deducía que esos eran los motivos por los que se habían ausentado del cuartel general —Nuestra mejor opción habría sido arribar al cuartel a tiempo, general.
—Me temo que ni la alquimia puede retroceder el tiempo, teniente —replicó.
Frunció el entrecejo —Estoy al tanto, general. Aún sí, esto no debería haber pasado.
—Me declaro culpable, teniente —dijo, sonriendo de lado.
Al ver el descaro de él de sonreír, Riza le dedicó otra mirada de amonestación —Es lo mínimo que debería hacer, general. Pero eso no soluciona el predicamento en que nos involucró.
—Si mal no recuerda, no hicimos nada, teniente —objetó, finalmente.
—Eso no importa, general. Lo que importa es cómo luce —señaló.
Él dio otro paso hacia ella, entrecejo fruncido —¿Y cómo luce, exactamente?
Ella alzó la mirada firme, ojos cargados de dureza, facciones severas —Sabe perfectamente como luce, general. Estoy segura que no necesita que le clarifique nada.
—No, pero me gustaría que lo hiciera, teniente —dijo, sonriendo arrogantemente una vez más. Al ver que ella no se suavizaba, perdió completamente la sonrisa y espiró—. Entiendo. Fui un idiota. ¿Es eso?
—Me alegra que estemos de acuerdo, señor —asintió, confirmando sus palabras.
Roy suspiró. Sabiendo perfectamente que no ganaría —Bien. Bien. Yo me haré cargo de todo, teniente, ¿satisfecha?
Riza frunció el entrecejo —Lo estaría si no nos viéramos forzados a inventar una conveniente excusa, general, para empezar. Una que estoy segura nadie creerá, de todas maneras.
Él enarcó ambas cejas —Me ofende, teniente. Puedo ser completamente persuasivo y convincente cuando la situación lo requiere. Y estoy seguro que como mi subordinada debería saberlo.
Espiró. Si, lo sabía. No por nada el general de brigada había logrado avanzar tan rápidamente en su carrera militar; saliendo ileso y con su reputación intacta, inclusive, de un golpe de estado —Entiendo, general. Confiaré en usted.
—¿Eso significa que me perdona, teniente? —inquirió, sonriendo arrogantemente y tomándola por los codos. No obstante, al ver la mirada de reprobación de ella y al percibir la renuencia a su contacto, la soltó.
—No, general. Significa que espero, por su bien, que resulte convincente. Y apreciaría que deje de perder el tiempo también.
Suspiró —No me darás un respiro, ¿verdad?
—Me alegra que me conozca bien —asintió, caminando hasta la puerta de la habitación y abriéndola para abandonar la misma. Colgado al otro lado de la puerta, en el pomo, había un pequeño cartel que decía "no molestar". Retirándolo, Hawkeye se lo devolvió a su superior, claramente aún menos complacida que antes—. Aquí tiene, general —él comenzó a seguirla escalera abajo. Aún con el cartel en mano. Cuando llegó abajo, lo hizo un bollo.
Seguro, entendía por qué podía estar molesta. No era la situación más propicia para ambos. De hecho, era lo que ella siempre le recordaba. Que guardara su apariencia en la milicia, que fuera cuidadoso, que no involucrara su vida personal con su vida en la milicia, que no realizara acciones impetuosas y apresuradas que pudieran resultar perniciosas para su ambición. Que no diera razones a los altos cargos para degradarlo o trasladarlo a un punto lejano del Amestris o, en el peor de los casos, forzarlo a retiro. Que fuera sensato. Y que no arriesgara su posición en la milicia de esa forma. Y él simplemente se había marchado antes de la oficina, el día anterior, molesto y había ido directo al bar de Madame Christmas a atiborrarse de alcohol hasta forzar a su madre adoptiva a llamar a su teniente primera por teléfono para que hiciera control de daños. Y ella había venido, como siempre, porque él sabía –mejor que nadie- que Hawkeye tomaba demasiado en serio su deber como para abandonarlo a su suerte arriesgando de esa forma todo por lo que habían estado trabajando.
Y ahora él había empeorado todo, reteniéndola con él toda la noche, forzándola a faltar a sus obligaciones para con la milicia que sabía Riza cumplía diligentemente y a conciencia. Y eso sin contar lo que habría dicho o hecho la noche anterior que no podía recordar. Además, evidentemente él no era idiota. Sabía cómo luciría aquello. No, lo sabía muy bien. Y sabía también que su teniente primera era sumamente concienzuda en lo referente a las apariencias. No a la suya, porque sabía perfectamente que Riza no se concernía demasiado con el "qué dirán" en relación a su persona y nunca lo había hecho. Ni siquiera cuando había sido joven y todo el pueblo en que había vivido la había evitado por ser la hija del alquimista Berthold Hawkeye. Sin embargo, era sumamente escrupulosa en lo que refería a la imagen que la milicia tenía de él. Más allá de sus supuestos defectos de carácter que corrían por la milicia, como su procrastinación e inclinación por las mujeres, y que él mismo hacía circular a modo de pantalla; ella procuraba siempre que luciera bien a los ojos de sus superiores. Por eso, lo asistía con su papeleo atrasado y deberes y se aseguraba que todo estuviera en orden para las inspecciones de los altos mandos y demás. Y él parecía desechar todo ese esfuerzo –como si no importara- con cada cosa que hacía o decía, aún cuando claramente esa no era su intención. Así que si, su teniente tenía todo el derecho de enfadarse con él, pero aquello parecía un poco excesivo.
Se preguntó si habría dicho algo que no debería la noche anterior. Si la habría herido u ofendido de alguna forma. Dios sabía que hacía eso a menudo, aún sin intentarlo —Teniente —la llamó, deteniéndola por la muñeca—. Riza.
Ella se detuvo en seco, ante la mención de su nombre. Llevaba años sin oírlo de la boca de él. 20, para ser exactos. Desde el día en que su padre se había desplomado en su despacho. Espiró —Por favor déjeme marcharme, general. Ya es tarde —solicitó, bajando la voz. El bar estaba completamente vacío y, evidentemente, cerrado a clientes. Por ende, se encontraban solos.
Él frunció el entrecejo y la hizo voltearse para enfrentarlo, sin soltarla —Te llevaré yo mismo. Una vez haya llamado al cuartel general.
—Sabe que no es necesario.
—Aún así, teniente, insisto. Y me complacería que me dejara hacerlo, aunque sea por una vez —aseguró—. Llamaré a Havoc, será solo un minuto.
—Entiendo —asintió. Sintiendo los dedos de él retraerse completamente de su muñeca, dejándola ir.
Sin dejar de mirar a Hawkeye, habló. Entrecejo fruncido —Darlene —voz cargada de ligera irritación—. Se perfectamente que estás ahí. Apreciaría que dejes de espiarnos —le dedicó una mirada de disculpa a su teniente primera, sabiendo que aquello solo hacía que reforzara su estado de ánimo respecto a las cosas. De hecho, podía ver la tensión en la línea de su mandíbula y la forma en que sus hombros se habían atiesado súbitamente.
—A-Ah... Lo lamento Roy-san —sonrió—. Vine por un vaso de agua y...
Roy espiró, pellizcándose el puente de la nariz. Las empleadas del bar de Madame siempre habían sido así de entrometidas respecto a su vida privada y en términos generales nunca le había importado. Ahora, sin embargo, no era el momento —Si no te molesta, preferiría que nos dejaras solos.
—¡Ah, si! —sonrió—. Espero que hayas "dormido" bien —añadió mirando ahora a la rubia, con una sonrisa sugestiva que daba a entender que seguramente lo habría hecho, dado que había pasado la noche con él, para luego dar media vuelta y desaparecer en la parte trasera del bar.
Negó con la cabeza —Lo lamento. Siempre son así de entrometidas. Aunque a éstas alturas ya debes saberlo —añadió, con una sonrisa.
Pero Riza solo negó con la cabeza —No, está bien —solo tenía deseos de marcharse a su casa. Y, cuanto antes, mejor. Además, Black Hayate había estado solo toda la noche y Riza estaba segura que extrañaría su compañía.
—Ah, si, claro —asintió, notando que parecía cansada y deseosa de marcharse de allí y, seguramente, lejos de él también—. Llamaré a Havoc. Aguarde aquí, teniente.
Asintió —Si, general —viéndolo bordear la barra y tomar el teléfono que se encontraba al otro lado de éste, oculto por la misma. Tomando el auricular lo llevó a su oído y discó. Aguardando a que alguien atendiera del otro lado. Finalmente la joven encargada de las líneas telefónicas lo hizo.
—Hola, éste es el cuartel general de Central —su voz amable y formal, como siempre.
Roy suspiró —Necesito comunicarme con la oficina del general de brigada Mustang.
—Me temo que no tenemos permiso para comunicarlo desde una línea externa, señor.
—Habla el general de brigada Roy Mustang —dijo, sacando su libretita negra del bolsillo y leyendo su código inclusive antes de que la joven se lo solicitara.
La muchacha volvió a hablar —El código ha sido verificado. Aguarde un instante, por favor —y rápidamente la comunicación fue reemplazada por un ocasional bip, revelando que estaba en espera. Alzando la vista, miró a su teniente primera. Ésta permanecía de pie, con la mirada ligeramente perdida en el espacio. Parecía algo apagada. Torció el gesto. E iba a decirle algo, preguntarle si se encontraba bien, cuando la voz de su subordinado al otro lado de la línea lo detuvo de hacerlo.
—¿Jefe?
—Havoc —voz firme.
—Oy, jefe. ¿Dónde demonios te metiste? ¿Hawkeye no está aquí tampoco? La oficina es un desastre.
Negó con la cabeza —La teniente y yo tenemos que solucionar algo concerniente a Ishbal. Te dejo a cargo de la oficina. Asegúrate que el teniente Breda y el sargento Fuery hagan su papeleo.
—¡¿Eeehhh?! Pero, general, tengo una cita hoy.
Roy frunció el entrecejo —Cancélala entonces. Y Havoc, intenta no incendiar mi oficina —sin decir más, cortó. Volviéndose a Hawkeye—. ¿Ve, teniente? Todo solucionado.
La vio suspirar, y asentir cansinamente —Eso veo, general.
Caminando hasta ella, la tomó por los brazos y la observó detenidamente —¿Te encuentras bien?
Asintió —Así es, señor. Perfectamente.
Torció el gesto —Porque no lo parece —objetando—. Estás algo pálida también... —alzó la mano, presionando la palma contra su frente—. No estarás enferma, ¿verdad?
Pero ella solo le removió la mano de su frente —No, general. Y por favor mantenga su distancia —y retrocedió un paso, soltándose del agarre de él.
—Con todo respeto, teniente. Afirmé que cuidaría de mis subordinados y eso planeo hacer —hizo una pausa—. Necesitas comer algo.
—Estoy bien, general —aseguró—. Comeré algo cuando regrese a mi apartamento.
—Lo cual no pasará, teniente, hasta que coma algo. Y eso es una orden —estableció, firme, al ver que ella intentaba objetar.
Ahora que lo pensaba, Hawkeye se veía mucho más cansada y estresada últimamente. No era que fuera extraño, porque era ella la que hacía la mayor parte del papeleo y trabajo burocrático y siempre de forma diligente, en la oficina. Y el trabajo no había cesado de acumularse desde principio de año. Sin embargo, últimamente se le notaba mucho más (dentro de los parámetros de su teniente primera, dado que siempre intentaba disimular todo con esmero, y aún lo hacía). Las ojeras bajo los ojos. La ligera inclinación hacia abajo de sus hombros. Y la forma en que solía suspirar eventualmente, entre documento y documento que revisaba. Además, estaba más tensa también, que de costumbre.
Y podría culpar al hecho de que su teniente primera aún estaba en "sus días", pero aunque suponía que no ayudaba, no era la razón principal ya que inclusive antes de ello había lucido de esa forma. Seguro, podría atribuírselo entonces al susto de embarazo, pero incluso antes de aquello, Hawkeye había manifestado estar algo más cansada de lo usual. De hecho, y si debiera poner un punto de partida, lo ubicaría en la primera noche que pasaron juntos. El día en que había sido forzada a jalar el gatillo contra alguien una vez más, por él. En realidad, si debía ser honesto, él mismo parecía ser el común denominador de todas las situaciones estresantes que Riza había debido pasar y tolerar, por cuenta suya, en aquel último tiempo. Y empezaba a creer que era él, la situación de ellos, lo que estaba drenándola poco a poco. Cansándola, cada día más. Y eso empezaba a verse reflejado en su expresión de cansancio, aún cuando ella intentaba, como siempre, disimularlo todo con esmero. Como era propio de su persona.
Volviendo de la pequeña cocina que se encontraba detrás del bar con un plato y dos vasos en mano, depositó todo sobre una de las mesas vacías del bar. Llenando, los dos últimos, con agua del grifo que se encontraba detrás de la barra. Indicándole que se sentara, tomó asiento delante de ella, empujando el pequeño plato con un sándwich en su dirección, y con una mirada de disculpa —Me temo que es todo lo que hay en el bar. Te invitaría a almorzar, pero estoy seguro que no aceptarás ir a la ciudad donde puedan vernos.
Riza solo negó con la cabeza calmamente —No, está bien, general. Esto es suficiente —dando un sorbo a su vaso de agua para luego dar una pequeña mordida a la comida.
Sonrió arrogantemente —Además, no es como si pudiera comer demasiado. Aún tengo el estómago revuelto.
—Era de esperarse, general, ¿no es así? —inquirió, sin alzar la mirada de la comida, dando otro sorbo a su agua. Él la imitó, vaciando de un sorbo el suyo y levantándose para llenarlo una vez más. ¡Dios, estaba deshidratado!
Una vez más, tomó asiento frente a ella —Supongo que si, teniente. Usted me lo advirtió, después de todo.
—Y evidentemente no me hizo caso, general —retrucó, mordazmente.
—Evidentemente —concedió, con una sonrisa de complacencia—. Ahora me arrepiento.
Riza exhaló —Eso dice siempre —señalando lo obvio y dando otro mordisco a su sándwich. No obstante, se detuvo en seco al verlo extender la mano por encima de la mesa y sostener su mano libre firmemente presionada sobre la superficie de ésta. Con la otra mano, levantó la manga de su uniforme con cuidado, observando su muñeca con el entrecejo fruncido. Con el mismo cuidado, la volteó para ver la cara interna de la misma.
—Estás más delgada —no era una pregunta. Y no sonaba complacido al respecto tampoco.
Riza retrajo su mano del agarre de él, facciones rígidas —No lo estoy, general.
Pero él volvió a tomar su brazo y lo extendió con firmeza, levantando aún más la manga del uniforme hasta el codo de ella. No era demasiado, o excesivo. Sin embargo, para alguien que la conocía como él, era ligeramente notorio. Y le hacía recordar a cuando la había conocido por primera vez, en la casa de su sensei. Delgada y de complexión pequeña y con unos quilos menos de los que una persona de su edad debería tener, pero con muchos años más en su mirada. Y evidentemente el pensamiento no lo confortaba —¿Estás comiendo?
Frunció el entrecejo —Así es —aunque admitía que últimamente no tenía ni había tenido mucho tiempo para comer algo decente. De hecho, había estado alimentándose con comida enlatada, hasta pocos días atrás cuando había aceptado tomarse aquellos dos días libres—. No tiene que preocuparse por mi, general. Como dije, me encuentro bien.
Roy trazó la cara interna de su antebrazo con las yemas de sus dedos, delineando por encima de sus venas visibles. Sintiéndola al instante intentar retraer el brazo. Sin embargo, no se lo permitió. Parecía sumamente concentrado. Ojos negros clavados en la piel expuesta que trazaban sus dedos —Siento discrepar, teniente. Esto no parece "bien".
Espiró —Últimamente no he tenido tiempo de cocinar apropiadamente, general. Eso es todo —asegurando con calma.
—¿Eso es todo? —inquirió, alzando la mirada a ella, ceño fruncido.
—Así es. ¿Acaso debería haber otra razón?
—¿Acaso no la hay? —contrarrestó, soltándole el brazo que ella retrajo rápidamente y cubrió una vez más con su manga.
—No, general.
—¿Estás segura?
—Así es. No hay nada —afirmó, cerrando los ojos pesadamente.
—Anoche dije algo que te disgustó, ¿no es así? —soltó finalmente. No sabía que, pero sabía que había dicho algo.
Ella parpadeó por un instante, y luego sonrió suavemente y negó con la cabeza —No, general. No dijo nada de tal naturaleza.
—¿En verdad?
—Así es, señor —confirmó, con las comisuras de sus labios a duras penas curvadas hacia arriba—. No dijo nada.
Él asintió y bebió un sorbo de agua. Sin embargo, sus propias palabras resonaron en su cabeza. Si lo que necesitas para permanecer a mi lado es un bebé, yo me encargaré de proveértelo. Escupió y empezó a toser bruscamente, golpeándose el pecho con el puño. Hawkeye, que hasta el momento había permanecido sentada, se puso de pie y fue a parar a su lado, palmeando firme y cortésmente su espalda —General, ¿se encuentra bien? —expresión de ligera preocupación—. ¿Puede respirar?
Tosió —Si... Estoy bien, teniente... —asintiendo, ella retomó su lugar y él la observó a través de la mesa. Ojos entrecerrados. Finalmente, maldijo—. ¿Realmente te ofrecí...?
Riza lo miró perpleja, insegura de lo que quería decir su superior —No creo entenderlo, general.
—Ya sabe, teniente. No me haga decirlo —dijo, ligeramente fastidiado.
—Me temo que realmente no se de qué habla, general —aseguró, con calma. Notando la súbita tensión en la línea de la mandíbula de su superior y la forma en que asía el vaso con más fuerza de la necesaria. Sus nudillos empezando a tornarse blancos.
Suspiró —¿Realmente ofrecí darle un hijo mío, teniente?
Las comisuras de sus labios se curvaron ligeramente hacia arriba —Oh, eso. Así es, señor. Lo hizo.
Frunció el entrecejo —¿Y qué respondió, teniente?
Enarcó ambas cejas —¿Acaso importa, general?
—Eso creo... —siendo sincero, no estaba seguro de querer saberlo.
Pero ella solo negó calmamente con la cabeza —No se preocupe, general. No tomé en serio su ofrecimiento.
Exhaló, profundamente aliviado —Es bueno saberlo, teniente.
Ella asintió, sonriendo tenuemente —Imagino que si, general —concedió, enarcando una ceja ligeramente entretenida—. ¿Acaso ofrece a todas las mujeres con que duerme el honor de portar su primogénito?
Roy agradeció no haber estado bebiendo agua en aquel momento, dado que seguramente habría vuelto a escupirla o ahogarse en esta una vez más —Estoy seguro que a éstas alturas sabe que no, teniente —replicó, torciendo el gesto.
—Me temo que ya no sé qué pensar, general, a éstas altura. Admito que la proposición me tomó desprevenida —replicó, dando un calmo sorbo a su agua.
—Pero la habría aceptado, teniente, en otras circunstancias —insistió.
Ella alzó la mirada, expresión neutral —No creo que tal fuera jamás una opción, general.
—Pero de serlo... —presionó.
Espiró —¿Acaso quiere saber si tendría un hijo suyo, general?
—Es una forma de ponerlo, teniente —concedió, sonriendo arrogantemente.
—Me temo que es la única interpretación, señor —señalando lo obvio.
—Entonces solo hay una respuesta, teniente —proporcionó, confiado.
—Así es, general. Pero preferiría no proporcionársela.
—Oh, vamos, teniente —insistió—. No es como si estuviéramos hablándolo en serio. Hipotéticamente hablando...
—¿Hipotéticamente, general? —inquirió.
—Completamente hipotético, teniente —aseguró, con la misma sonrisa arrogante.
—Entiendo. En tal caso, así es si, general. Había considerado hacerlo, de estar embarazada —aseguró. Y lo vio súbitamente palidecer. Negó calmamente con la cabeza.
—¿Entonces...?
Frunció el entrecejo —¿Se encuentra bien, general?
—¿...tendría un hijo mío, teniente? ¿Así como así? —dijo.
Espiró —Eso fue lo que dije, general. Y recuerde que fue usted quien preguntó, en primer lugar —le recordó, fácticamente.
—Eso hice, ¿verdad? —inquirió, aún sin haber culminado de procesar información otorgada con tal brutal honestidad y de forma tan lacónica, característica de su teniente primera.
Asintió —Eso me temo, señor. Si.
Sin embargo, al ver que su superior permanecía otro instante más callado, sentado e inmóvil, negó con la cabeza y se puso de pie —Debo marcharme, general. Que tenga buen día. Y gracias por la comida.
Y, sin decir más, se guió a sí misma hasta la salida, abandonando el bar y dejándolo inmediatamente atrás. Con una pequeña y calma sonrisa en el rostro. Quién hubiera dicho, después de todo, que el héroe de Ishbal, el gran alquimista de la flama, tuviera tal miedo a la paternidad. Era curioso, si lo pensaba. Pero suponía que no del todo sorprendente, considerando el estilo de vida que su superior había estado llevando hasta el momento. De hecho, Riza sabía perfectamente que no estaba entre sus aspiraciones, el conseguirse una esposa –tal y como le había insistido el general de brigada Hughes- y tener hijos. Y, si debía ser sincera, ella misma no había considerado nada de ello hasta recientemente, no para ella al menos. Y, aunque había concluido que no resultaba tan mal prospecto, había concluido también que no era para ella. Lo sabía, y siempre lo había sabido. Que su vida estaba ligada a la de su superior y que seguramente estaría de por vida en la milicia también. Y eso era algo que había asumido tiempo atrás. Por esa razón, no se detenía a pensar en ello. No se permitía el hacerlo, por razones obvias, y así era como debía ser.
No importaba, no realmente. Después de todo, había sido sincera cuando había afirmado que su aspiración seguía siendo continuar vigilando su espalda y cerciorarse de que hiciera su trabajo correctamente y aún se atenía a ello. A sus palabras. Y a su promesa de aquella vez, de seguirlo hasta el infierno. Al fin y al cabo, podía vivir como había estado haciéndolo hasta entonces, conformándose con lo que su vida había sido hasta el momento. No obstante, no podría vivir si él muriera. Si él perdiera la vida. Y si ese era el precio a pagar para mantenerlo vivo, para mantenerse a su lado protegiéndolo, entonces lo pagarías con gusto y sin arrepentimientos.
Si, no dudaría un segundo en resignar su felicidad y volver a jalar el gatillo. Ni siquiera una vez, por él.
Ni siquiera por una milésima de un instante.
