Capítulo 29: "Peligro de Muerte"
La chimenea estaba a punto de extinguirse, apenas unos pocos leños se consumían lentamente aun, pronto se apagarían por completo. Jakotsu suspiró con hastío. Odiaba el clima tan helado pero aun así no tenía deseos de avivar el fuego ¿para qué? La temporada de invierno era de lo más aburrida, ni siquiera habían fiestas o conciertos que pudieran entretenerlo. Salir a caballo a dar un paseo era imposible debido a la nieve.
Meció el pie con desgano mientras estaba recostado en el sofá, cuando la puerta se abrió de pronto inundando la habitación con el viento gélido que entró sin piedad para apagar por completo el fuego de la chimenea. Iba a protestar por tanta imprudencia pero en cuanto vio el inusual rostro sonriente de su hermano calló.
- ¡¡Al fin!... ¡¡Al fin!... ¡¡Lo hemos conseguido!- Dijo Bankotsu quitándose la capa y el sombrero y lanzándolos a una mesa que estaba en un rincón. Ante la voz potente, se asomó Renkotsu con rapidez desde la escalera y al ver a su hermano tan sonriente lo adivinó.
- Lo... ¿lo conseguiste?
- ¿Qué?... ¿Qué pasó?- Preguntó el afeminado, impaciente.
- El estúpido de Inuyasha ya esta en el cuartel...- Pronunció y Jakotsu tuvo que ahogar su grito de espanto tras su mano-... sólo van a tomarle declaración... pero no saldrá de ahí... ya no.
- ¿En serio?... ¿todo ha salido entonces de acuerdo al plan?- Preguntó aun reticente su hermano. El otro sonrió ampliamente.
En cambio Jakotsu tembló de miedo y tragó un angustioso sollozo, miró a sus hermanos con repugnancia, deseó decirles mil palabrotas. Matar al pobre Houyo para inculpar a Inuyasha... pobre Houyo... y pobre Inuyasha...
- Se irá derechito a la horca, es seguro- Sentenció Bankotsu completamente satisfecho.
Los dos hermanos rieron estruendosamente y sin soportarlo más, el afeminado se levantó alzando la barbilla y salió del salón. Los otros se quedaron mirando un momento.
- No debió enterarse de nuestro plan... podría ser... peligroso para nosotros...- Dijo Renkotsu en un murmullo, mientras el otro se sentaba en el mismo sillón en que antes estaba su hermano-... es decir... tú sabes lo que siente por el idiota del Taisho ese... podría... traicionarnos...
- ¡Feh!- Recostó la cabeza en el respaldo del sillón y sonrió con ironía- ¡Claro que no! Su amor no es tan grande como para hacer tal tontería...- Frunció el ceño y por un segundo meditó en lo que decía su hermano, pero era Jakotsu, su hermano de sangre, a quien conocía tan bien como a él mismo. Entonces se tranquilizó y sonrió tontamente-... Nunca preferiría la vida de ese antes que la nuestra... nunca...
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- No llores... por favor Kagome...
Sango sentía que se le hacía trizas el corazón de verla ahí, de rodillas en el suelo, llorando e hipando por la ausencia de Inuyasha. Sesshoumaru estaba a su lado y no había ni musitado media palabra, aunque intentó levantarla de un brazo, realmente no pudo, bueno, si hubiera ocupado su fuerza sí lo habría hecho pero... no podía violentarla, él mismo estaba pétreo e incómodo, sin saber qué hacer, aunque aparentemente estaba a punto de perder la paciencia... y de eso Sango estaba muy consciente por eso deseaba ya tranquilizar a la chica.
- Kagome... Kagome tranquila... sólo fueron al cuartel para interrogarlo... volverá...
Pero la joven sabía que lo dejarían allí, había visto la arrogancia en aquel joven ayudante del inspector, ansiaba encontrar al culpable, y el culpable para él era su querido Inuyasha... sólo pensar en perderlo, en que podría ser llevado a la horca por un crimen que no había cometido la conmocionó a tal grado que finalmente perdió fuerzas y se desmayó.
Cuando abrió los ojos sentía la cabeza pesada y los ojos adoloridos. Le costó enfocar su mirada en la habitación, reconoció su cuarto y a un hombre anciano que no conocía y que la miraba con mucha atención. Él sostenía su muñeca con suavidad y fruncía el ceño de vez en cuando.
- Quien... quien es usted...- Musitó al fin.
El hombre le sonrió y de pronto Sango apareció ante su campo visual con una sonrisa, se acercó a ella y le acarició el cabello.
- Es el doctor de la familia Taisho... te desmayaste...
El anciano doctor soltó con suavidad su muñeca y le sonrió paternalmente.
- Es usted una jovencita muy nerviosa... si sigue así pondrá en peligro a su bebé.
Ella lo miró atónita y gimió. Sango le acarició la frente y le sonrió.
- Tranquila... vas a tranquilizarte ¿verdad?
A Kagome se le formó un nudo doloroso y amargo en la garganta ¿cómo iba a tranquilizarse, después de todo lo que estaba pasando? Pero su niño... se llevó las manos al vientre y cerró los ojos. Inuyasha no querría verla así... debía cuidar a ese niño, pobrecito ¿qué culpa tenía él? Sí, debía tranquilizarse aunque eso era muy difícil.
- Lo mejor es que se quede en reposo lo que queda del día... recomendaré unas aguas para que pueda dormir tranquilamente... y no se altere, que eso no le hace nada bien... a ninguno de los dos.
Cuando abrió los ojos otra vez vio la sonrisa paternal del anciano, la mirada preocupada de Sango, pensó en Inuyasha si se enteraba del asunto... no... no era bueno seguir así... tenía que tranquilizarse. Suspiró fuertemente, con resignación y asintió débilmente como una niña pequeña, dispuesta a obedecer cualquier orden que fuera en su beneficio.
- Lo haré, doctor.- Respondió con un hilo de voz. – Pero... primero debo saber de Inuyasha... déjeme ir a verlo, por favor...
El anciano arrugó la frente, contrariado.
- Tengo entendido que sólo le están haciendo algunas preguntas... no hay necesidad de ir...
Ella negó con la cabeza angustiada otra vez.
- No... él no volverá hoy... déjeme ir a verlo...- Suplicó.
- Kagome.
Sesshoumaru se apareció en la habitación provocando su completa turbación. Inconscientemente se abrigó más con una manta de lana que le habían puesto para cubrir sus piernas pero que esta vez la muchacha llevó hasta los hombros. De alguna forma ese hombre la intimidaba... no era así al principio, al contrario, no le temía... pero ahora... había algo en esa mirada tan intensa... tan insistente que la hacía avergonzarse de ella misma...
- Kagome- Volvió él a repetir, acercándose a la cama pero no lo suficiente, desde donde estaba la observó con su usual mirada que podía congelar la sangre.- Quédate donde estas y haz caso al médico. Yo iré a ver qué pasa con Inuyasha.
- Lo... ¿Lo harás?- Gimió apenas, desvalida.
De alguna forma su arrogancia se vio disminuida por su inusitada amabilidad. Sango lo conocía poco y le sorprendió enormemente lo complaciente que ese hombre era con Kagome... incluso la forma de hablarle era menos violenta que la que utilizaba con los demás... ¿sería porque estaba embarazada?... ¡Bah! Ella también lo estaba, hasta se le notaba la barriga y él seguía siendo el señor del hielo cuando le hablaba.
Kagome recostó la cabeza en su almohada y suspiró. Sesshoumaru salió de la habitación dando pasos seguros y firmes que resonaron en el pasillo. Detuvo a una doncella y la envió a la habitación de su cuñada para que recibiera órdenes del médico para poder preparar algún brebaje que la tranquilizara. Siguió su camino, altivo y frío como siempre, y ya en el vestíbulo se colocó el abrigó y tomó el sombrero. Cuando abrió la puerta la ventisca gélida de la pequeña tormenta le azotó los cabellos claros y casi se congeló hasta las pestañas. Pestañeó varias veces poniéndose de inmediato el sombrero, se detuvo de pronto de súbito cuando vio un carruaje estacionado junto a las escaleras y entonces la puertecilla de éste se abrió. Un fino zapato con hebillas doradas se asomó, Sesshoumaru frunció el entrecejo, observando. Otro pie se posó en el suelo y luego una falda vaporosa rojo intenso los cubrió. La mujer, que estaba enfundada en un grueso chal de la cabeza hasta la cintura caminó con prisa hasta él, entró en el castillo y el hombre se giró, cerrando la puerta y esperando a que la invitada se diera a conocer.
Cuando la mujer se quitó el chal de la cabeza él hizo una mueca de impaciencia. Desde que la había visto le causaba un completo malestar, tenerla cerca era simplemente insufrible.
- Buenas tardes, Sesshoumaru.
- Kikyou.- Dijo simplemente, seco- ¿Qué hace aquí?
- Vine a ver a mi hermanita ¿esta Inuyasha?
Él arrugó más la frente, su mirada la intimidó un poco.
- ¿Viene a ver a su hermana o a Inuyasha?
Ella lo miró desafiante, se giró y comenzó a quitarse los guantes.
- Da igual.
Estaba muy impaciente y hacía de toda su fuerza de voluntad para soportar a esa intrigante y peligrosa mujer.
- Kagome esta en su habitación, descansando. Inuyasha no esta.
Kikyou se sintió desilusionada. Apretó los puños conteniendo su rabia. Había viajado horas desde su hacienda, en las afueras de su miserable pueblo, para llegar al castillo, inventándole excusas absurdas a su antipático esposo, soportando el largo viaje, muriéndose de frío... todo para nada... Oh pero... Kagome estaba aquí. Levantó una ceja cuando vio a la doncella bajar con el médico. Reconoció al galeno por su típico maletín de la profesión que lo delataba, el hombrecillo le hizo un gesto con la cabeza en señal de respeto y se detuvo en frente de Sesshoumaru.
- La señora debe descansar, por favor, cuide que beba el brebaje que le di antes de ir a dormir, eso le mitigará los nervios.
- Lo haré, no se preocupe- Respondió suavizando un poco la voz.
El anciano se despidió y Kikyou se giró a él sorprendida.
- ¿Le pasó algo a Kagome?... ¿esta enferma?
Él notó que su voz no era el típico de preocupación... ni sus ojos tampoco podían ocultar la felicidad que eso le causaba. Sintió repugnancia ¿era esa mujer tan malvada como había sospechado Inuyasha?...
- No esta enferma, sólo tuvo un desmayo.
- Oh, iré a verla... - Se había recogido la falda para correr hacia la habitación, pero antes siquiera de dar un paso, Sesshoumaru la sujetó firme de un brazo impidiéndole su cometido. La mujer volteó el rostro sonrojada pero de contrariedad.- ¿Qué sucede?
- No subirá.- Sentenció simplemente, con su típica autoridad y frialdad.
La mujer pestañeó varias veces creyendo que era una broma.
- ¿¿¿Perdón???
- Kagome esta descansando, no subirá a importunarla.
Lo miró con odio, sus ojos castaños, oscuros y fríos casi echaban chispas de furia.
- ¿Quien es usted para impedirme ver a mi hermana?... ¡¡Suélteme!!- Exclamó haciendo un ademán para soltarse pero casi sollozó al sentir los dedos de él clavándose en su piel.
- Vete maldita mujer, tus chillidos me molestan.
Kikyou se atragantó, lo miró abriendo inmensamente los ojos, turbada y luego ofendida.
- Sólo... sólo quiero ver a mi hermana...- Musitó.
La poca paciencia que tenía se le agotó finalmente. Respiró con fuerza, la obligó a salir junto con él a la calle y cerró la puerta fuertemente tras su espalda. Sólo en ese instante la soltó, y cuando lo hizo ella aun sentía el dolor agudo en su piel debido a la ferocidad de su brusco agarre. Se lo sobó disimuladamente.
- Usted es un peligro para la esposa de mi hermano y no permitiré que se acerque a ella. Conozco sus perversas intenciones, reconozco cuando alguien tiene veneno en las venas y cuando se ha perdido la razón...
- No sé de qué...- Murmuró, pálida como la misma nieve que caía suavemente sobre sus negros cabellos y sus hombros-... yo no...
Sesshoumaru nuevamente la tomó del codo, la obligó a subir al carruaje y habló por última vez.
- La entrada a esta casa esta absolutamente prohibida para usted... si insiste tendremos que hablar con sus padres a cerca de sus intenciones... o tal vez sería mejor hablar con su esposo...
Su orgullo estaba más que herido ¿Quién se creía ese arrogante y petulante hombre para tratarla de esa forma? Iba a decir algo, estaba completamente ofuscada y enojada, pero ni siquiera pudo hablar porque él la interrumpió.
- No se preocupe, la escoltaré hasta las afueras de Tokio para que así no se pierda en el camino.- Le cerró con fuerza la puerta y le dio ordenes al cochero, que no tuvo más que obedecer ante semejante autoridad.
Sesshoumaru subió a su caballo y se fue galopando tras ella, como había prometido, hasta las afueras de la ciudad. Pero no se movió del camino hasta que vio el carruaje desaparecer por completo en el horizonte. Por hoy el asunto con esa mujer estaba terminado.
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Llevaba horas, horas en esa habitación oscura, húmeda, fría y maloliente, cansado, con los huesos entumecidos, hambriento, y con una horrible jaqueca que estaba seguro no se le quitaría muy fácilmente.
Suspiró y se desanudó la pañoleta que llevaba al cuello para poder respirar mejor, sentía que se asfixiaba, aunque cuando aspiró casi le dio arcadas por lo nauseabundo del lugar.
- Señor Taisho...- Dijo el joven de ojos azules leyendo una pequeña libretita en donde anotaba sus apuntes-... ¿qué era exactamente el señor Houyo de su esposa?... ¿acaso su amante?
Lo miró con rencor, pues el hombre había sido tan burlón que estaba seguro quería provocar su humillación. Le sonrió de medio lado con ironía. Ni siquiera eso merecía importancia.
- Él era el antiguo novio de ella, no su amante.
- Pero lo encontraron en un salón el día de su boda...- Agregó Kouga con la misma ironía-... es más, según los testigos, personas que asistieron a su boda, dijeron que usted mismo los encontró en una habitación... a los dos... y solos...
- ¿Y eso qué?- Contrarrestó, alzando la barbilla con desdén.
- Usted se enojó... ¿acaso los encontró en alguna... situación incómoda?
Se puso de pie y lo tomó fieramente de la solapa de su traje.
- Ofende a mi esposa...
- Sólo quiero saber...
Se miraron ambos a los ojos, desafiantes. Inuyasha finalmente lo soltó con poca delicadeza, el otro se acomodó el traje y dio un paso atrás a fin de evitar nuevos enfrentamientos.
- Hablaban. Fue todo.
Kouga sonrió. Luego volvió a sus notas y leyó.
- Sin embargo usted se enojó. Y mucho.
- Soy celoso ¿y qué?
El joven de ojos azules alzó una ceja. No era muy común que un hombre admitiera celos. Bien, ese tonto sólo se estaba condenando.
- Sí... emmm... tan celoso que hizo una amenaza al señor Houyo... si llegaba a acercarse nuevamente a su joven esposa.
- No lo niego- Se cruzó de brazos con impaciencia- Lo amenacé, es cierto y sé que muchos me escucharon esa noche. Cualquier hubiera hecho eso si ve a un hombre acosando a su esposa.
- Siii... es cierto...- Meditó el otro, afirmando una mano en la mesa de madera tosca que estaba en medio de la habitación-... cualquiera lo hubiera hecho... sobre todo un hombre celoso... un hombre que... sería capaz de todo por deshacerse de su rival...
- ¡Ese estúpido no era mi rival!
Kouga sonrió ampliamente, sin decir nada. El momento fue tenso, porque Inuyasha sabía que bajo esa sonrisa había algo que ocultaba, se lo decía aquella mirada azul inquisidora y arrogante que estaba clavada en sus pupilas.
- Seamos sinceros esta vez, señor Taisho...- Dijo finalmente el joven inspector- ... usted le quitó la novia a ese hombre, se fueron incluso a duelo... el otro perdió... usted ganó... sin embargo Houyo no se quedó quieto e insistió en recuperar a su novia. Esa es la verdad. Vio un peligro en él... lo mató la noche de su boda, escondió el cadáver y al otro día se fue tranquilamente de Luna de Miel...
- Yo no lo maté, sería estúpido haberlo escondido en mis propias tierras- Le respondió con sarcasmo.
Kouga también pensaba lo mismo. Un hombre aparentemente tan inteligente, porque lo era, no era fácil llevar un negocio como el que tenían los Taisho, no se permitiría ese absurdo error. Pero... bien podría haberlo hecho adrede... tal vez no alcanzó a esconderlo y tenía pensado cambiarlo de lugar cuando volviera de su viaje... podría ser...
- Mmmm ya lo sabremos...- Musitó una vez más. Se encaminó hacia la salida mientras Inuyasha se ponía de pie, ansioso. Llevaban horas allí dándole mil vueltas al asunto. ¿Cuándo lo dejaría en paz? No tenía pruebas concretas para inculparlo.
- ¿Ya terminó?... ¿Puedo marcharme?- Le preguntó ansioso e ilusionado. Deseaba volver y estar pronto junto a su Kagome... ella no debía estar nada bien ahora... era tan preocupada... seguro estaría nerviosa...
El joven inspector levantó una ceja de arrogancia.
- No aun... haremos un descanso y luego volveré.
Echó una maldición pegando un puñetazo sonoro en la mesa, esta crujió y casi se fue abajo. Inuyasha se sentó de mala gana en la silla cruzándose de brazos y conteniendo toda la rabia que sentía contra ese cretino que se creía tan inteligente y que lo único que quería era meterlo preso. No era tonto como para no darse cuenta que Kouga Koizumi buscaba cualquier excusa, cualquier mínima pista para llevarlo a la horca.
La puerta se abrió de pronto, sorprendiéndose de ver a su hermano entrar. Inuyasha lo miró levemente asustado, de pronto lo único que pensaba era en Kagome.
- ¿Qué ha pasado?
- Vine a ver cómo andan las cosas... tu esposa estaba preocupada.- Le respondió.
Inuyasha suspiró y se pasó impaciente una mano por el cabello.
- Que bueno que no haya venido... esto podría hacerla sentir mal...
Sesshoumaru apretó los labios y se obvió lo que había sucedido con ella.
- ¿Y cómo van las cosas?... ¿hasta cuando te seguirán interrogando?
El menor de los Taisho suspiró cansado y hastiado.
- No lo sé, no lo sé... ese Kouga Koizumi busca cualquier detalle para llevarme a la horca... pero no hay pruebas contundentes en mi contra... así que...
Entró el mismísimo Kouga junto con el anciano inspector Matsuoka. El primero sonreía triunfal trayendo en su mano una bolsa de papel, el segundo en cambio estaba muy serio y enojado, sus canosas cejas se juntaban tanto la una con la otra que parecían una sola.
- Verá... señor Taisho... ¿reconoce esto?
Extrajo de la bolsa de papel una pistola mediana de color plata con grabados en su armazón. Inuyasha la miró con detenimiento y observó sus iniciales grabadas en la parte inferior de ella. Sesshoumaru arrugó la frente.
- Es mi arma, sí, me la regaló mi padre a la edad de 18 años.
Kouga sonrió más.
- Indudablemente. Mientras estábamos aquí un grupo de policías revisó nuevamente su propiedad... esta arma...- La mostró a la luz-... la encontramos cerca de donde se encontró el cadáver del señor Houyo...
- Qué... ¿Qué dice?- Musitó, abriendo más los ojos debido a la impresión que eso le causaba, porque esa arma, desde hacía mucho, estaba en su escritorio, en la biblioteca...
- Señor Taisho... le sugiero que contrate a un abogado...- Interrumpió Matsuoka. En seguida un policía se acercó a Inuyasha y lo esposó rápidamente- Usted quedará detenido y se iniciará un juicio en su contra...
Inuyasha apenas balbuceó, aun aturdido por la infame noticia. Sesshoumaru hizo una mueca hastiado a Kouga.
- ¡¿Qué esta diciendo?!
- Que su hermano no volverá a casa aun... yo creo que no volverá más...
Continuará...
N/A: Hola a todos otra vez, muchísimas gracias por los más de 1200 reviews, esto rompe todos mis records y se los agradezco a cada uno de ustedes, gracias por su mensaje y apoyo y a todos los que leen también.
Nos vemos pronto con los últimos capítulos... cuídense mucho.
Lady Sakura Lee
