Estoy parada frente al mostrador de la tienda completamente nerviosa; me muerdo el labio un poco y frunzo el ceño. Enterada ahora de que la idea de la gardenia que me regaló Finn en aquel baile fue más bien de Rachel, estoy indecisa entre si llevarle gardenias también pero con un listón dorado o rojo en lugar de verde.
Ayer escuché que ella me dará gardenias pero esta vez con un listón de color azul para que combine con mi vestido. Que las dos lleváramos las mismas flores sería lindo, pero, ¿no sería trillado? ¿Demasiado cursi? Puede ser, pero a final de cuentas estamos enamoradas y por ello se nos pasa por alto tanta miel.
La dependienta se desespera.
-¿Se va a llevar alguna o no?-. Y yo me molesto por fin porque lleva haciéndome mala cara todo el tiempo y no es que me vaya a dar el corsage gratis.
-Si no te gusta tu trabajo hay diez más, formados, esperando a que lo dejes para ganar lo que tu ganas y con buena cara; te recomiendo trabajar en una empresa de armado o algo, te dan tus audífonos y sólo te dedicas a examinar piezas-. Pongo cara de cinismo –Fin del problema, feliz tú, felices nosotros los clientes-.
Se cambia el peso de pie y retrae los brazos que tenía sobre la vitrina, notablemente incómoda evita responderme como quisiera, pero sé que en su mente ya me mató.
-Las del listón dorado-. Levanto la mirada –Por favor-. Hago un tono especial en esto último; no hay nada más molesto que aparte de que te cobren te traten mal y yo hoy no estoy de buen humor, adivinen por qué… ¡Bingo! Son esos malditos días del mes.
Así que si en otra ocasión me hubiera quedado callada e ignorado la mala cara de -echo un vistazo a su gafete- Christie.
Al salir de ahí me topo con Demy; me responde con su hermosa sonrisa y su piel blanca como la leche, cabello negro y ojos grises. Mira el corsage y no sé cómo interpretar la mirada en sus ojos y el repentino borrón que tiene su sonrisa en su rostro, como que de haber sido una pintura fresca, le pasaran los dedos por la boca para dejarle una mueca extraña.
-¿Es para Rachel?-. Me preocupa que se le haya apagado el rostro y lo tomo por un lado completamente equívoco.
-¿Te parece que no es lo adecuado para ella? ¿Es horrendo verdad?-. Me toma el hombro.
-Tranquilízate Quinn, es precioso; ya quisiera yo que me regalaran algo así-.
-¿Vas a ir con alguien al baile? Claro, que pregunta tan estúpida, alguien como tú por supuesto que tiene pareja para el baile-. Sonríe y agacha la mirada.
-Sí, iré con Thomas, mi compañero de mesa en química avanzada-.
-Claro, porque tomas química avanzada-. Digo asombrada.
-Creí que lo sabías-. Me toma del brazo y caminamos por la calle.
-No, pensé que eras una chica normal cuyo único hobbie extravagante era dirigir el periódico escolar-. Ríe y me toma más fuerte del brazo.
-Ya ves que no-. Se detiene frente a una tienda de vestidos.
-Aquí me quedo yo señorita Fabray-.
-¿Cómo es tu vestido?-. Pregunto llena de curiosidad.
-Ya lo verás en el baile, ten paciencia-. Le levanto una ceja, medio indignada, medio bromeando –Nada! Ya lo verás, he dicho-. Me besa en la mejilla y se mete al lugar.
Yo sonrío, estar cerca de Demy me llena de calma, me distrae, me pone de buenas. A ella también la aceptaron en la universidad, sólo que ella me abandonará para mudarse hasta California, de un extremo a otro, imposible fugarme un fin de semana y visitarla, salir a tomar un café con ella.
Claro que la tecnología es una buena amiga cuando de distancias largas se trata y ya nos hemos prometido mantenernos en contacto por medio de wpp y Skype.
Saco las llaves del auto y antes de abrir la puerta me doy cuenta de que tengo un papel metido entre el cristal de la ventana y la protección plastificada que tienen todas las ventanillas. Abro el papel que esta doblado en dos y me doy cuenta de que es la letra de Rachel.
Vi tu auto y quise dejarte esto, no sé en qué tienda estés metida ni qué estás comprando, espero que sea mi corsage, que si llegas sin él no te lo perdono . Lo importante no es eso, lo importante es decirte que: TE AMO QUINN FABRAY.
Se me dibuja una sonrisa enorme en la cara y subo la mirada inspeccionando el lugar para ver si logro verla aunque sea asomada "discretamente" por algún poste o puerta de algún local comercial, pero nada, también quién sabe dónde este metida ella. Guardo la nota en mi bolso y me voy a casa. Se hace tarde y debo estar lista en menos de tres horas.
Tres horas que se pasan volando y cuando veo el reloj, me doy cuenta de que en menos de veinte minutos debo de recoger a Rachel en su casa. Me miro al espejo que tengo en la puerta del closet, reviso que el vestido azul marino me quede bien, que no me parezca demasiado extravagante o demasiado aburrido, los zapatos de tacón también están bien, creo que puedo caminar perfectamente con ellos, nunca he usado unos tan altos. El peinado… me veo de perfil para ver si no me ha quedado mal… al parecer todo está en orden.
Le echo un vistazo a las gardenias que están guardadas en su cajita. Espero que le gusten.
Suspiro fuerte, aspiro tanto aire como puedo, vuelvo a verme el espejo, dudosa de mi apariencia, quiero verme bien para Rachel, que le brillen los ojos cuando me vea, volverla loca. Quiero que suspire por mí, si, si, ya sé que suena egocéntrico, pero ¿No somos todas así cuando queremos vernos bien para nuestra pareja? Sea hombre o mujer, la esperanza que tenemos es dejarlos sin aliento y que digan: ¡Pff todo eso es mío!
Judy entra con cámara en mano y lágrimas en los ojos, se me figura un poco a la madre de Regina en Mean girls o incluso a la madre de Sam en Transformers, aunque, creo que a ésta última se me figurará más cuando tenga que marcharme a la universidad.
-Te ves tan hermosa Quinnie-. Y hace un puchero. –Posa para la foto-.
Me acomodo cerca de la ventana, hago una pose y sonrío. Flash, me siento como conejo deslumbrado.
-Venga, un par más y te dejo libre-.
Hago otras dos poses que ella me ordena y luego se limpia los ojos en el espejo.
-Mírame, tengo los ojos rojos, no voy a salir bien-.
-Hubieras pensado en eso antes de tirarte al sentimentalismo, madre-.
-Calla y sonríe-. Pega su mejilla a la mía y otro flash que me ciega.- Tienes que decirle a Hiram o Leroy que las fotos que les tomen allá en su casa me las tienen que pasar, seguramente tú y Rachel se verán hermosas juntas ¿Ya sabes de qué color es su vestido?-. Niego con la cabeza.
-Pero espero que sea negro-. Sonrío, pero creo que lo hago más pícaro de lo que realmente quería y eso le da una idea a Judy de lo que tengo en la mente.
-En otras circunstancias te diría que te protegieras, pero creo que eso ya no aplica-. Me ruborizo y agacho la mirada, tragando saliva con dificultad –Mañana-. Carraspeo y continúo –Pasaré el día con Puck y Beth-. Mi madre abre grandes los ojos y deja la cámara sobre mi tocador de tres espejos.
-¿Viene Beth?-. Asiento –Pues entonces debes traerla, quiero pasar tiempo con mi nieta-.
-Deberás de aceptar a Puck también-. Hace un sonido de enfado parecido al que hace Marge Simpson –De acuerdo; pero que conste que es por Beth, no me agrada aún del todo ese chico-.
-No decías nada cuando venía a jugar videojuegos-.
-Dudo mucho que se hubiera aprovechado de Quinton ¿Verdad?-. En eso tiene razón, me río.
-Ok, ok, cambio de tema, me voy-. Le beso la mejilla y corro escaleras abajo porque no quiero que me demore más con sus cosas –¡Te quiero!-. Le grito cuando estoy en la puerta.
-¡Yo también!-. La escucho gritarme de vuelta.
Los detalles de mi llegada a casa de Rach son irrelevantes, porque bien saben que cualquiera de sus dos padres me abriría la puerta, también dirían algo sobre mi apariencia (algo positivo, claro) y luego me dirían que Rach aun no estaba lista –así mismo pasó-.
Los detalles realmente importantes son que el vestido de Rachel es, en efecto, negro y no sólo eso, aunque es largo, tiene una abertura que le llega muy alto en la pierna. Yo, por supuesto y sin alardear, me quedo sin aliento y comienzo a salivar; quién fuera a decir que después de encontrarla ridículamente molesta en sus faldas de cuadros, sus suéteres de animales y sus medias a las rodillas, ahora la iba a encontrar impresionantemente sexy en este vestido que le resalta la figura y sobre todo los senos. Después de todo Rachel Barbra Berry sí tiene sentido de la moda. Quién sabe pues por qué se ponía esa ropa.
Ok ok, lo sigue haciendo y supongo que ya no tengo motivos de burla porque las faldas son muy prácticas cuando una quiere meter la mano debajo mientras se está hasta atrás en el salón y nadie mira.
Y sí, aquí estoy yo sin aliento, como ya dije, apenas si puedo parpadear… y me doy cuenta de que ella está igual, ninguna de las dos nos podemos poner de acuerdo con su interior para pronunciar palabras, creo que sentimos que si lo intentamos solo balbucearemos unas palabras tontas que no se entenderán en lo más mínimo.
Es cuando escucho a Leroy burlarse de nosotras que despierto de este sueño y me doy cuenta de que seguimos inmóviles, ella dos o tres escalones más arriba y yo en el pie sosteniendo las gardenias.
Atinadamente los padres de Rachel nos dan un momento a solas para poder decirnos lo hermosas que nos vemos, para compartir un beso y un abrazo fuerte y para, por qué no, mirarnos el escote con mirada pícara. Ser coqueto es parte de una relación, le sigue dando sabor, te dice que esa persona aún te encuentra atractiva y que tú aún la encuentras del mismo modo.
-Gracias por la nota que me dejaste en el auto-. Sonríe.
-De nada; en realidad no sabía en dónde estabas comprando, pero quise dejarte algo para que supieras que estaba por ahì y sobre todo que pensaba en ti-.
-Pensabas en mí porque viste mi auto-. Me pega un poco en el brazo.
-Siempre pienso en ti, tonta-.
-¿Y no te aburres?-. Su semblante es chistoso, ese que usamos para decir: duh No digas tonterías.
Sus ojos bajan a la caja y yo recuerdo que tengo que ponerle el corsage; me pone nerviosa que no le vaya a gustar, que lo encuentre mediocre, que piense que tengo mal gusto para escoger esta clase de cosas. Aunque estoy confiada también porque siendo chica y habiendo recibido varios corsages, sé escoger el adecuado para Rachel.
Aun así trago saliva y abro la caja; lo mira y se enternece.
-Gardenias-. Y lo roza con las yemas de sus dedos.
-Pues… me pareció que sería lindo que… hiciéramos de estas flores algo característico de Faberry-. Me levanta la mirada rapidísimo y aunque su mirada no ha dejado de ser tierna, ahora ha cambiado por algo que no puedo descifrar.
-Así que ya juntas nuestros apellidos-. Me sonrojo.
-Podría no hacerlo, es sólo que así nos llaman Kurt, Santana y Puck; Britt nos llama princesas unicornio-. Se echa a reír y yo me encojo de hombros.
-¿Y vomitamos arcoíris?-. Bromea.
-Oh sí, tres o cuatro veces por día-. Estamos divagando, pero nos divertimos siguiéndonos el juego. No nos importa ser ridículas la una con la otra.
-¿Me lo pones entonces?-.
-¿Te gustó?-.
-Me ha encantado, Quinn-. Estira su mano y yo le acomodo el ramillete que ahora parece perfecto, no pude haber escogido mejor, pienso. Si estuve nerviosa de que no fuera de su agrado o no fuera con ella, ahora me retracto, no había uno mejor que ese.
Sube la mirada y se acerca Leroy con una caja, deduzco que dentro de esa caja está mi corsage, se lo entrega y ella la abre. Gardenias.
Gardenias con un listón azul y piedras blancas que brillan hipnóticamente con la luz del pasillo que está al lado de las escaleras; se me hace un nudo en la garganta, me remonto a aquel momento, en el que Finn me entregó el corsage, pero, en lugar de verlo a él, me imagino a aquella Rachel Berry, la de entonces, la que me bajaba la mirada cuando pasábamos una al lado de la otra… y me da mucha ternura, me dan ganas de abrazarla fuerte y no dejarla ir.
Me toma de la mano al darse cuenta que yo sigo sin palabras y más allá de eso, tengo los ojos rojos, con una delgada línea de agua que si parpadeo, me saldrá una sola lagrima de cada ojo. Ella me sonríe, sé que está contenta con mi reacción, que le gusta este momento que estamos teniendo las dos, tan único e irrepetible. Nuestro baile de graduación y luego, luego todo cambia y nos convertimos en adultas.
Se acerca a mí y nos damos un pico, sus labios apenas con los míos, me abraza fuerte. Y ahí subida en esos escalones hace que me sienta extrañamente protegida, porque nunca la había tenido en una altura más allá de la mía, no habíamos tenido oportunidad de tener un momento así de íntimo en el que ella fuera quien me acunara.
-¿Listas para la foto?-. Escucho a Hiram. Despierto y me doy cuenta de que estamos siendo observadas por sus padres.
Sueltan un 'awww' y se llevan las manos al pecho, también con los ojos llenos de lagrimas.
-Se ven tan hermosas-. Dice uno.
-La pareja más bonita de todas-. Dice otro.
Nosotras sonreímos y agachamos la mirada.
Nos tomamos varias fotos en el frente de la casa y en el jardín trasero. Posamos de mil y un formas e informo a mis suegros de que Judy ha solicitado tener esas fotos en su colección.
-Por cierto, ¿Cómo está James?-. Me encojo de hombros.
-No lo sé, está de viaje, aunque un viaje largo creo, porque no he sabido de él en bastante tiempo-.
-¿Aún sale con tu madre?-.
-Supongo que sí-. Sonrío –No es que le tenga demasiado aprecio como para saber lo que hace-.
-Mejor que lo hagas, así cuidas a tu madre-. Dice Leroy.
Me doy cuenta de que tiene razón.
-Cierto-. Es lo que alcanzo a contestar antes de que Rachel me jale de la mano y le diga a sus padres que llevamos prisa, que podemos charlar cuando no sea nuestro baile de graduación.
-Hasta luego señores Berry-.
-Cuídense-. Gritan los dos al tiempo.
-¡Lo haremos!-. Abro la puerta para Rachel, veo cómo se abre su vestido y deja su pierna al descubierto. Dios, sus piernas.
Cuando llegamos al baile nos encontramos con que la temática es… bueno no sabemos qué es en realidad porque lo eligió Britt, pero todo parece de cristal y nevado… me gusta.
Posamos para otra foto, el fotógrafo nos pone bajo un árbol sin hojas y con escarcha y nos pide que le demos nuestra mejor sonrisa. Tomo a Rachel de la cintura y ella me toma la mano que tengo ahí, sonreímos naturalmente contentas, flash… y somos libres.
Nos acercamos a la pista; Santana está usando un vestido color perla y el de Britt es blanco, ambas se ven hermosas, parecen princesas y sonríen tanto o más que nosotras ¿Qué será de nosotras cuando vayamos a la universidad a la misma ciudad?
Britt consiguió una beca (no por sus calificaciones, claro) en una escuela de baile y San entrará a NYU. Toda una experiencia sin lugar a dudas.
Abrazan a Rach y luego me abrazan a mí, compartimos cumplidos por nuestros vestidos, el peinado y los corsages y seguimos bailando.
Al cabo de unos minutos el club Glee está reunido y estamos bailando al ritmo de las canciones que pone un Dj; ya sé que en un rato más nos pondrán a cantar, pero por el momento estamos siendo consentidos por una música electro que nos hace mover el cuerpo de aquí para allá.
No sé cuánto tiempo llevo bailando, pero tengo mucho calor y estoy increíblemente agitada. Camino hacia la mesa que está atrás en el gimnasio para servirme un buen vaso de ponche. Es rojo y noto un ligero sabor a alcohol, volteo a ver a Puck, me sonríe ampliamente y se abre el saco para mostrarme una licorera plateada. Le niego con la cabeza pero estoy divertida por su travesura, Sue no se ha dado ni cuenta.
-Quinn-. Volteo, Demy.
Lleva un vestido rojo ceñido, tiene un buen escote en el frente y uno más largo en la espalda, wow, me he quedado sin aliento.
Chiflo –Demy… ¡wow! Te ves…-. Mientras intento hablar correctamente ella posa para mí, sonriéndome y riendo también.
-Lo amo, me encanta; me enamoré de él desde el momento en el que lo vi, dije: Demy, ese vestido hermosos y sexy tiene que ser tuyo y, es mío-. Sigue sonriendo y se acerca a mí para besarme la mejilla y presentarme a su acompañante.
-Thomas Hardy te presento a Quinn Fabray-. El chico me mira boquiabierto y no me quita los ojos de encima.
-Es un vestido glorioso Quinn Fabray, por favor dime que lo has combinado con los zapatos correctos-. Y no hace falta más para darme cuenta de que Thomas Hardy es casi tan gay como Kurt.
Me levanto el vestido y los ve, llevándose las manos al pecho como hubieran hecho los padres de Rachel unas horas antes y se altera.
-Son los Jimmy Choo más hermosos que he visto-.
-Vendiste tu alma por ellos-. Me dice Demy.
-Nah, Russell vendió la suya-. Me quedo pensando –Aunque en realidad no tiene, creo que más bien vendió a alguno de sus empleados-. Sonó mal, pero no es novedad que mi padre es un tirano.
-Thomas ¿Me permites unos momentos?-. él le asiente a Demy y se retira.
Yo no entiendo qué está pasando así que la miro y le doy un trago a mi ponche. Me mira detenidamente y suspira, yo subo ahora la mirada y me veo a Rachel bailando con Kurt y Blaine, para nada atenta a donde estoy ni lo que hago. Sonrío, me gusta cómo baila.
-Bien, voy a decirlo, porque tengo que decirlo y porque no decirlo y me estaba incomodando demasiado; ya sabes que yo soy muy directa, me gusta decir la verdad, las cosas como son… así que-. Vuelve a suspirar –Quinn Fabray, me gustas, me gustas mucho y creo que te quiero más allá de amiga. A Quinton lo deseché porque ¿A quién quería engañar? Soy lesbiana… pero tú… tú me estás volviendo loca-.
Se que estoy inexpresiva, pero es porque estoy tardando en procesar todo lo que me ha dicho; lo ha dicho tan rápido que en algún punto creí que se ahogaría. Sigo sin decir nada y ella se asusta.
-Yo, yo sé que estás con Rachel y no voy a meterme en medio, claro que no… pero, bueno sí estuve con Santana y con Britt-. Recuerdo con lujo de detalles lo que me contó, nota mi reconocimiento y se sonroja pero continúa –Pero sólo quería decirlo, de algún modo… si, si estas soltera después y yo libre, creo que siempre estaré interesada y libre para ti-. Dice igual de rápido.
-¿Por qué me lo dices ahora?-.
-Pues ya nos vamos y no es que hubiera hecho una diferencia si te lo hubiera dicho cuando supe que Quinn Fucking Fabray era gay-. Me echo a reír, sólo Demy sabe cómo aligerar un momento incomodo.
-Pues, creo que no…-. Río –Quizás si lo hubieras dicho antes de que yo estuviera con Rachel, antes de que siquiera yo supiera que Quinn Fucking Fabray, como me has dicho, era, en efecto, lesbiana-. Me acerco y la abrazo –Eres una chica muy hermosa, inteligente, sexy y sobre todo eres buena amiga-. Espero que entienda que aunque reconozco su belleza, con quien quiero estar es con Rachel –Pero, si algún día, de casualidad me encuentro soltera, sí, ¿por qué no?-. Sabemos bien que esa posibilidad es una en mil millones –Ahora vamos a bailar ¿Quieres bailar? Seh sí quieres-.
La llevo de la mano y le grita a Thomas porque nos siga. Así pasamos la noche hasta que toca el momento de las canciones.
Estoy en el escenario a un lado de Santana, tomo el micrófono y comenzamos, Here Without you. No puedo dejar de ver a Rachel mientras canto, incluso mientras Santana toma la voz, yo sigo viéndola y ella a mí, no deja de verme ni un solo segundo.
Termina la canción y veo a Puck corriendo como loco fuera del gimnasio, tras él Sue. 'Ya descubrió quién puso licor en el ponche' pienso, y me río para mis adentros.
Al bajar del escenario me espera Rachel para darme uno de esos besos que te quitan el alma, la llevan a dar un paseo por mil galaxias y luego te la meten de golpe de nuevo en el cuerpo. Mas al darnos cuenta de quien está a nuestro lado, mirándonos, nos retraemos un poco y no podemos no sentirnos un poco culpables, es Finn.
Se acerca a nosotras y yo no sé si empezar a ponerme a la defensiva porque lo único que espero es un golpe o una verborrea llena de malas palabras y ofensas.
Pero en realidad nos trae hacia el, nos besa a ambas la cabeza y nosotras no podemos hacer nada más que quedarnos inmóviles con los brazos en los costados, tensos, inmóviles.
-Lamento todo lo que pude haber hecho para herirlas en algún momento, siendo mis compañeras o mis novias-. Se aleja y nos mira a los ojos –Las quiero y quiero que sean felices-.
-G-gracias?-. Me sale nada más. Rachel sigue boquiabierta.
-No quiero que dejemos de vernos y tener un mal sabor de boca cada vez que pronuncian el nombre de esa persona; yo tenía planes de casarme con ella, pero… creo que tú serás buena esposa para Rach-. Vuelvo a sentir un nudo en la garganta.
Rachel, en lugar de hablar, lo abraza fuerte y él la abraza igual de fuerte. Yo vuelvo a darle las gracias y me alejo para darles un momento a solas, por cualquier cosa que se quieran decir y yo no quiera escuchar por mi salud mental.
-Es hora de contar los votos Fabray-. Escucho a Santana.
Llevo quince minutos dentro del salón y me encuentro terriblemente enfadada, yo ni siquiera me postulé y tengo varios (muchos) votos que me tienen apenas delante de Santana.
-No sé por qué te enfadas tanto, querías ser reina del baile ¿no? Hasta has venciendo a Kitty, la freak que quiere ser reina a como dé lugar, por cierto ¿ya le dijiste que Quinton no fue más que un cuento?-.
-¿De qué hablas Santana?-. Me volteo, tengo el corazón latiéndome en los oídos, Kitty nos ha escuchado.
Santana voltea a verme con la cara pálida y yo, comienzo a temblar.
-¿A qué te refieres con que fue un cuento?-. estamos calladas por unos momentos- ¡Hablen carajo!-. Nos grita fuerte.
-Bueno lo que pasa es que Quinton no era…-. Comienzo a decir, sólo para ser interrumpida por Santana.
-Heterosexual-. Suelta rápidamente.
-Sí, eso!-. Apoyo yo –No, no es heterosexual, es… es bastante gay de hecho, muy moooi gay-. Kitty nos pone los ojos en blanco.
-Maldito sea y yo que le sigo escribiendo-. Se da media vuelta y se larga de ahí como un torbellino.
Santana y yo nos volteamos a ver y nos reímos.
-Con que gay, ¿eh?-.
-¿Qué, ibas a decirle la verdad?-.
-Gracias por salvarme-.
-Cuando quieras, Fabray-.
Veinte minutos mas tarde hago rabieta.
-¡No pude haber ganado yo!-.
-Ya por Dios, disfrútalo y recoge tu maldita corona-. Santana toma el plumón y comienza a destaparlo.
-San, tengo una idea-. Me mira desconcertada.
-Apunta el nombre de Rachel-.
-¡Pero Finn acaba de ganar como rey!-. Está tan asombrada.
-Si, lo sé, pero quiero que Rachel cierre este ciclo con Finn, así podrá comenzar uno nuevo conmigo-.
-Ustedes ya empezaron un ciclo Quinn-.
-Pero no ha cerrado el ciclo con Finn, Santana. Quizás ya no lo ame como pareja, pero aún hay algo dentro de ella, lo sé cuando lo mira-. Guarda silencio, sabe que tengo razón –Finn fue su gran amor de prepartoria-.
-Tú eres su gran amor de preparatoria sólo que no se había dado cuenta-. Me desespero.
-Bueno, como sea, pon su nombre en el papel-. Se encoje de hombros, resignada.
-Como digas Fabray-.
Salgo del salón acompañada de San, y lo único que quiero es ver la cara de Rachel cuando la nombren reina del baile. Dios, me brinca el corazón en el pecho. Estoy tan emocionada.
Tenemos a Figgins con su acento Hindú marcado –Para rey y reina del baile-. Dice.
Habemos tres personas de un lado y tres del otro; Britt nos saluda desde el lado donde están los nominados a Rey, me da mucha ternura.
-Para rey del baile de graduación de McKinley High generación dos mil doce… - pausa dramática –El señor Finn Hudson-. Se le ve notablemente contrariado pero acepta su corona y su bastón.
Kitty voltea a verme –Si alteraste los resultados Fabray-.
-Qué? ¿Irás a mi casa a buscarme? Por favor ve! Igual entre Rachel y yo podemos hacer algo contigo, si sabes a lo que me refiero ¿no?-. Le cierro un ojo y ella se voltea asqueada. Santana ríe.
Bien bien bien, debo poner atención ahora.
-Para reina del baile…-. Otra pausa dramática y una visible muestra de sorpresa en su rostro –La señorita Rachel Berry-. Las luces la buscan y la iluminan y ella sigue en su lugar, inmóvil. –Señorita Berry, por favor-.
Comienza a caminar lentamente, sube al escenario y recibe la corona. Finn le sonríe, esta contento, ella le sonríe de vuelta, contenta también. Yo no puedo dejar mi cara de idiota, anonadada como estoy de ver lo radiante que se ve.
-Y ahora, los reyes bailaran su vals-. Siento la mano de Santana apretando fuerte la mía. Es un momento difícil, sí, pero necesario.
Finn la toma de la mano y la lleva a la pista, suena la canción, de nuevo Santana y yo. Take My breath away.
Aunque baila con él, a ratos me mira, otras tantas lo ve solo a él, no se recarga en su hombro, pero bailan como deben de bailar dos reyes del baile que en algún momento de sus vidas se amaron con fuerza.
Cuando termina hasta yo aplaudo y no puedo creer cómo creció mi adoración por aquella mujer que cuando se aleja de Finn me mira a mí y me sopla un beso.
Regreso a la pista y seguimos bailando. Sigue la noche, Demy baila con Rachel, no sé qué le dice, pero voltean a verme y Rachel me guiña el ojo, yo sonrío con el ceño fruncido.
Puck ha regresado, visiblemente agitado, pero sabemos que se salió con la suya.
-¿Te dejó en paz?-. le pregunto.
-Después de hacerle un hijo-. Escuchamos eso todos.
-Eww-. Decimos al unísono.
-Y después de aquí, a casa del Puckasaurus! Grrrr-. Flexiona las piernas y hace fuerza con los brazos, como un luchador a punto del ataque.
-Grrr!-. decimos todos.
Camino a casa de Puck no decimos mucho Rachel y yo, sabe que hice trampa para que ella fuera la reina del baile, lo que ignora es por qué, si yo sabía que el ganador era Finn. Temo que no me lo preguntará pronto, quizás unos años más tarde, cuando saquemos nuestros recuerdos de la preparatoria.
-Pensé que haríamos cosas mas… interesantes-. Me dice cuando estaciono en el frente de la casa de Puck.
-Era la intención, pero… al menos en tres días no voy a poder-.
-Oh ya veo-.
-Pero puedo llevarte al baño y… sentarte en el lavamanos y…-. Me calla con un beso.
-¡Por favor!-. Pero primero convivamos.
No espera a que le abra la puerta, baja del coche, emocionada por la noche, feliz, y camina a la casa. Yo cierro el auto y la sigo.
La noche se desarrolla como todas, con el plus de que ahora nos reímos de miles de anécdotas, incluso podemos reír cuando recordamos ese golpe que le dio Finn a Rachel y le rompió la nariz, de todas las estupideces que dijo Britt, tres años de preparatoria siendo recordados en la post graduación.
Poco a poco se fueron acabando las cervezas, Rachel borracha con tres cervezas, yo contenta con las cinco que llevo, todos los demás cantando, contando chistes, recordando cosas, besándose en un sillón, diciendo adivinanzas, jugando con monedas que entran en vasos tequileros (como siempre).
Siento a cabeza de Rachel en mi hombro, se acurruca, sé que está cansada y que tiene sueño.
-¿Nos vamos?-. Me escucha Puck.
-No, nadie se va de aquí hasta que amanezca o se acabe el alcohol, lo primero que suceda-. Lo dice tan fuerte que el grupo entero lo escucha y comienza abuchearnos.
-OK ok, nos quedamos-. Dice borracha, con la lengua adormecida –No me dejes beber más, quiero sentirme sobria de nuevo-.
-Hecho-. Le digo –Pero no te duermas-. Le beso la frente y hace su mayor esfuerzo por no cerrar los ojos.
Seguimos tres horas más, ambas un poco más sobrias, seguimos riendo, tomándonos de las manos, un beso aquí y otro allá, estamos divertidas.
Mercedes se ríe tan fuerte como lo hizo en casa de Rach, Britt ya está semidesnuda, Puck, explica por qué a veces extraña a su ex novia ¿zseises? ¿O cómo se escribía? Bah!
Kurt baila como siempre, sólo moviendo los hombros, Blaine se agarra el cabello y se siente estrella de Rock, Artie da vueltas en su silla en el mismo lugar… no cabe duda que están bastante ebrios. Volteo al otro sillón, la que ya se quedó dormida es Demy, que vino sin Thomas.
-Creo que debemos ponernos como ellos para entender sus chistes-.
-Apoyo la moción-. Nos levantamos de nuestro asiento y vamos por una lata de Jack Daniel's con agua mineral.
-Escuchen, escuchen… iban varias monjas en una camioneta cuando en una curva de la carretera se salen del camino y se matan…-. Comienza a decir Puck.
-Le encantan los chistes de monjas-. Le susurro a Rachel en el oído.
-Cualquiera puede reírse de un grupo de monjas-. Escucho a Santana arrastrando la lengua. Yo me río.
-Es verdad-.
No sé en qué terminó el chiste, pero todo están riendo.
-Rachel, mañana vendrá Shelby con Beth-.
-Lo sé-. Me contesta así nada más.
-¿Lo sabes?-. Me besa.
-Calma, ella viene por algunas cosas y si me lo permites quiero estar contigo y con Puck para cuidar de Beth, es bueno que se acostumbre a su otra mamá-. Me le quedo viendo. Apenas voy a decir algo cuando se para a cantar.
'Su otra mamá' Me gusta cómo suena eso. Y me paro enseguida a cantar con ella.
