19._ Desde la penumbra de los dragones- Parte 3/3

El Vibrava iba zumbando por el bosque, buscando a la Gengar. No estaba seguro de lo que haría al verla, pero su entrenador le había dicho que la buscara.

~Aunque preferiría tomarme una siesta. Quizás podría echarme bajo uno de estos árboles y…

En ese mismo momento un enorme cuerpo morado apareció junto a él, mirándolo directo a los ojos. El Vibrava tuvo el impulso de apartarse, pero de pronto los ojos rojos que lo miraban comenzaron a verse hipnotizantes, y no pudo apartar la vista de ellos. A la vez, su cuerpo comenzó a sentirse pesado, sus párpados cayeron, sus alas dejaron de moverse, y él se acurrucó en el suelo para tomarse una siesta.

Priscilla se apartó un poco para mirarlo. Había aparecido desde el suelo para dormirlo, aunque no esperaba que le fuera tan bien.

Aun así, la Hipnosis no duraba mucho. En uno o dos minutos despertaría, así que debía ser rápida. Debía pensar en una manera de rescatar a Holly sin su pokebola, deshacerse de ese Hydreigon y huir para siempre de aquellos humanos tan molestos. Se giró para ir a buscar a los otros pokemon, pero al hacerlo se encontró con uno de ellos. El Dragonair la miraba a ella y al Vibrava, desconcertado. Priscilla se paralizó un momento en su lugar.

Ambos se miraron, tensos, por un largo rato.

De pronto el Dragonair reaccionó.

-¡Ah! ¡Es la Geng…

Pero no pudo continuar, puesto que una bola fantasmal se le acercó a toda velocidad, y tuvo que concentrarse en esquivarla. La Bola sombra chocó contra un árbol, derribándolo. El Dragonair se fijó en su enemiga. Comprendió que no le dejaría pedir ayuda. No era cualquier Gengar tonta. Más encima había conseguido hacer dormir a su compañero. A pesar de todo, sonrió con altanería.

-Hasta aquí llegaste, salvaje- le aseguró.

Priscilla entonces se hundió en el suelo y reapareció tras él. Antes que el Dragonair pudiera reaccionar, ella le mandó un Puño sombra a su largo cuerpo. Sin embargo, Dragonair ignoró el dolor y se retorció en un movimiento rápido, con lo cual formó un pequeño Ciclón de color azul morado. Priscilla fue arrastrada por el Ciclón y fue lanzada contra uno de los árboles, dándose un buen golpe contra el tronco. Supuso que ese Dragonair debía estar más o menos a su nivel. Con algo de suerte, acabar con él debería ser algo fácil.

Sin embargo, en ese momento advirtió que su contrincante se dirigía a toda velocidad a otro lado: hacia el Vibrava. Priscilla se dio cuenta muy tarde de lo que intentaba conseguir.

~¡Oh, no! ¡Va a despertarlo!~pensó.

-¡Oye, Vib, despierta!- exclamó Dragonair.

Vibrava poco a poco abrió los ojos. Priscilla podría haber ido y tratar de atacarlo o probar con Hipnosis de nuevo, pero le habría resultado difícil con Dragonair defendiéndolo. Eran dos contra una, peor aun, Priscilla no conocía a esos pokemon ni sus tipos. Ese tipo de cosas por lo general las sabía su entrenador, pero ya no estaba ni con Marcial ni con Geranio. Tenía que valerse por sí misma contra aquellos dos tipos.

~¡Vamos, Pris! ¡No puedes fallar ahora! ¡Holly te necesita!~ se dijo.

Era cierto. Holly la necesitaba más que nunca. Si fallaba en ese momento, Priscilla posiblemente no volvería a sentir sus caricias, ni a compartir con él. Apretó los puños, determinada. Esos dos pokemon de repente se veían pequeños en comparación al abismo de soledad que le deparaba si defraudaba a su Kirlia en ese momento.

-¡Vamos, Vib! ¡Tenemos que deshacernos de esa sucia salvaje!- le apremió el Dragonair.

-Sí, sí, ya voy- gruñó el Vibrava, elevándose perezosamente.

Ambos echaron a volar hacia ella. Priscilla estaba determinada, pero sabía que no iba a ganar contra ambos frente a frente. Tenía que esconderse y dar con una estrategia. Estudió rápidamente su alrededor, como hacía Holly. Por todos lados había árboles, también unas ramas y rocas, pero nada contundente que la ayudara en la pelea. Por el momento tenía que esconderse, así que se hundió en la tierra.

-¡Se metió en el suelo!- observó Dragonair.

-Sí, sí, ya la vi- alegó Vibrava.

-¡Dale con un Terremoto!

-Está bien.

Vibrava se elevó un poco para prepararse, pero Dragonair lo paró.

-¡Espera! ¡Espera, bruto bobalicón! ¡Me vas a dar a mí también!- alegó.

-Pero tú me dijiste que lo hiciera- protestó Vibrava.

-Sí, pero déjame salir del área de efecto ¿Sí? A ver…- miró a sus lados, donde encontró un árbol cercano y convenientemente chico. Se le acercó a toda prisa, saltó y se enrolló en una de sus ramas bajas- listo.

Vibrava se arrojó contra el suelo, abriendo varias grietas con el golpe que le dio. La tierra se movió arriba y abajo, y habría aplastado a cualquiera entre sus duras y macizas placas, de haber estado ahí.

Sin embargo, Priscilla miraba todo segura desde la copa de un árbol. Había viajado desde el suelo ahí porque en el suelo apenas podía ver u oír nada, y necesitaba vigilar a sus enemigos. La sorprendió que aquel Vibrava pudiera usar un ataque tan poderoso. De haberse encontrado en el suelo cuando usó Terremoto, Priscilla habría quedado fuera de combate en un instante. No conocía todos los tipos de pokemon a la perfección, pero al menos sabía de cuáles tenía que cuidarse: Siniestro, Psíquico, Fantasma y Tierra.

Lo bueno es que el Dragonair se había enroscado en la rama del mismo árbol en donde se había escondido ella. En ese momento el dragón miraba el terreno donde su compañero había usado Terremoto. Al mismo tiempo le daba la espalda a ella, totalmente indefenso.

Priscilla pensó en atacarlo desde ahí, pero supuso que una sola Bola sombra no lo dejaría fuera de combate así como así, harían falta dos o tres ataques, eso era lo usual. Si atacaba en ese momento, daría su ubicación, y no podría viajar por el suelo, porque la atraparían con uno de esos Terremotos. Podría intentar huir por el aire, pero suponía que aquellos dos dragones la alcanzarían sin muchos problemas, sobre todo el que tenía alas. Tenía que pensar en algo.

~¿Pero qué puedo usar? Ay, Holly sabría qué hacer de inmediato ¿Qué harías en mi lugar, amor?

Usaría lo que tenía a mano. Sus poderes, las debilidades de sus enemigos, los elementos del terreno, todo. Sin embargo, Priscilla no veía una manera en que nada ahí le diera la victoria.

-¡Nfh!- exclamó Dragonair, sacándola de su ensimismamiento- Maldita e insignificante salvaje ¿Por qué tenemos que rebajarnos a pelear contra una mugrienta como ella?

Se había bajado del árbol para examinar su alrededor. Vibrava suspiró.

-Salvaje, entrenada, es lo mismo- alegó él- lo único que me importa es que lo hagamos rápido para que podamos volver a casa y descansar.

-Sí, sí, sé que quieres dormir. Pero lo haremos más rápido si me ayudas a buscar.

El Vibrava suspiró con hastío, pero se puso a buscar junto a su compañero.

~Parece que llevan tiempo conociéndose~ apuntó Priscilla~ pero uno quiere irse pronto, y el otro es un cretino altanero. Creo… creo que puedo usar eso contra ellos.

Rápidamente urdió un plan. Esperaba que fuera suficiente, porque era todo lo que tenía.

Se elevó desde el árbol en silencio para flotar sobre las cabezas de los pokemon. Había muchas hojas y ramas cubriendo su vista del suelo, pero no tantas como para no ver nada. Desde arriba igual podía ubicarlos a ambos, pero ellos no sabían que ella estaba ahí.

~Bien, aquí voy~ se dijo.

Apuntó las manos frente a sí, se enfocó para formar una bola de sombras concentradas y la disparó contra el Dragonair. Inmediatamente después se lanzó hacia el piso.

La bola le dio en la cabeza, enviándolo de cara al suelo. Esto sorprendió al Vibrava, quien miró hacia arriba, justo para notar a la Gengar caer en picada directo al suelo, donde desapareció.

-¡Ahora!- exclamó, antes de saltar.

Dragonair advirtió lo que su compañero pensaba hacer, asustado.

-¡No, idiota, es una…

Pero Vibrava no alcanzó a detenerse a tiempo. Produjo un potente terremoto, que sacudió toda la tierra alrededor y también a un par de metros de profundidad. Habría dejado fuera de combate a Priscilla, de no ser porque, justo después de hundirse, se dirigió hacia detrás de un árbol para emerger antes que el terremoto la alcanzara. Dragonair, sin embargo, no tuvo tanta suerte. Con su cara plantada en el suelo, recibió un puñado de golpes y aplastamientos de parte de las placas de tierra, y salió herido. No fue suficiente para dejarlo inconsciente, pero le afectó.

-¡Argh! ¡Bruto inepto!- le gritó a Vibrava.

-Lo siento, no quería lastimarte.

-¡Pero lo hiciste, idiota! ¡Argh, que duele!

-¡Ay! ¡Ese terremoto me dio!- exclamó Priscilla, desde detrás del árbol donde se escondía.

Vibrava y Dragonair se giraron, tensos.

-¡Ahí está! ¡Quédate aquí, ahora vuelvo!- le espetó Vibrava a su compañero.

-¡No, detente!

Vibrava paró en seco. Priscilla subió hasta la copa del árbol para verlo escondida.

-Nos quiere separar ¡Esa maldita salvaje!- exclamó Dragonair- ¡Quédate aquí, no podemos dejar que una mugrienta como ella nos gane!

-Ah… está bien- aceptó Vibrava.

Priscilla se dio cuenta que no eran tan tontos como había esperado. Sin embargo, aún le quedaban algunos trucos que usar.

-Jijiji- rio desde su escondite- ¿Qué sucede? ¿El señor "sofisticado" le tiene miedo a una tonta y pobre salvaje?

Dragonair apretó los dientes, pero no se rebajó a contestar. Priscilla se hundió en el suelo y cambió de árbol para darles la sensación de que estaban rodeados.

-Es muy fácil tratar a otros como sabandijas cuando se tiene la ventaja ¿No?- dijo con una voz condescendiente- Pero apenas se hace un rasguño, el señorito se acobarda.

Dragonair se puso rojo de la ira.

-¡Cállate, bruja! ¡No pretendas que nos entiendes! ¡Nunca has tenido que luchar por nadie más que por ti misma! ¡No eres leal a nadie! ¡No eres nadie!

Priscilla se cambió a otro árbol. Se extrañó al principio de lo que decía el Dragonair, hasta que se dio cuenta que este creía que ella era un pokemon salvaje. Era normal, no muchos pokemon huían de sus amos. Supuso que podía aclarar el malentendido, pero decidió adoptar el papel que el dragón le había creado en su mente.

-Uy, sí. Mírenme, le sirvo a un humano y hago todo lo que me dice ¿Quiere que pelee por usted? Claro ¿Quiere que le limpie sus zapatos? Por supuesto ¿Quiere que le chupe el pi…

-¡SUFICIENTE!- gritó Dragonair, y salió disparado hacia el escondite de Priscilla- ¡Te las verás conmigo, sucia salvaje!

-¡No, Drago, no!- le pidió Vibrava, pero ya era muy tarde.

Dragonair dio vuelta a un árbol, esperando encontrar a Priscilla, pero ahí no había nada. Inmediatamente después recibió una Bola sombra en la cabeza, como antes, y cayó inconsciente.

-¡Drago!- exclamó Vibrava, luego de oír el impacto.

Había intentado alcanzarlo, pero llegó muy tarde. Al detenerse, lo encontró tirado en el suelo, fuera de combate. Miró hacia todos lados, pero no encontró a la Gengar. Luego recordó que ya antes los había atacado desde arriba. Levantó la vista, pero muy tarde, una tercera Bola sombra se dirigía directamente a su cara.

Vibrava cayó de espaldas, pero rápidamente se recuperó, apuntó y le lanzó un Dragoaliento. Una fina y larga llama rosa le llegó en el pecho y la impulsó fuera de la rama donde estaba parada. Priscilla cayó del árbol hacia el suelo.

Vibrava rápidamente rodeó el tronco para arremeter de nuevo, pero Priscilla ya no se encontraba ahí. Rápidamente Vibrava usó otro Terremoto, pero la fantasma no apareció. Finalmente el dragón miró hacia arriba, mas tampoco estaba ahí.

~¿Dónde…- se preguntó, pero entonces pensó en el lugar a donde él habría ido en su situación- ¡Atrás!

Pero se giró muy tarde. Al darse la vuelta, se encontró de nuevo con los ojos de Priscilla, que lo hipnotizaron para que durmiera. El Vibrava se desplomó sobre el suelo, donde ella le mandó dos Bolas sombras consecutivas para noquearlo del todo.

La Gengar se cercioró de que ambos enemigos estuvieran inconscientes antes de secarse el sudor de la frente.

~¡Lo logré!~ pensó, sorprendida.

Nunca esperó lidiar con ambos pokemon ella sola, sin siquiera con un entrenador apoyándola. O quizás esa había sido su fortaleza. Pelear junto a Holly la había hecho darse cuenta de las muchas posibilidades que podía usar, y que una pelea bien podía ser un concurso de fuerza y resistencia, pero también podía ser un conflicto de mentes. Todos los recursos contaban, todos eran igual de válidos.

Se examinó. Estaba bastante bien para salir de una pelea contra dos adversarios, pero recolectó un par de bayas en el camino para recuperarse de todas maneras. Seguidamente regresó con sigilo al claro del bosque donde habían apresado a Holly.

-/-/-/-/-/-

Después de unos minutos, encontró al grupo en el mismo lugar donde los había dejado. Notó que, además del Dragonair y Vibrava, el otro dragón con aletas tampoco se encontraba ahí, seguramente había ido a buscarla también y se había perdido.

En el claro solo quedaban el Hydreigon, los dos humanos y un pokemon baboso, de color lila y con dos antenas. Priscilla les escuchó llamarlo Goomy. Libra se mantenía parado detrás de Lia, mientras esta repetía una tarea: buscaba en su bolso por una pokebola y se la acercaba a Holly para atraparlo. Pero la pokebola se rompía, y el Hydreigon lo agarraba de los brazos o la cabeza antes que Holly pudiera huir. Lo hacían una y otra vez. Priscilla tuvo que taparse la boca para que no se le saliera un chillido de horror.

~¿Cuánto tiempo ha estado Holly aguantando esas pokebolas?~se preguntó.

Romper una pokebola no era muy difícil, romper dos o tres era algo molesto, pero nada que un pokemon fuerte no pudiera hacer. Romper una y otra y otra de manera consecutiva, por todo el tiempo que ella había estado fuera de la vista, debía ser horrible. Holly se notaba cansado, como si no hubiera dormido nada en dos días y le hubieran dado una paliza, pero se mantenía firme, desafiante.

-Vamos, Holly, por favor- le pedía Lia de cuando en cuando.

Holly no contestaba. Libra, Hydreigon y el Goomy tampoco decían nada. Priscilla apretó los dientes, furiosa. Sabía que Holly se sentía mayormente indiferente hacia su antigua entrenadora, pero eso dejó de importarle. Priscilla iba a patearle el trasero a esa estúpida niña después de hacerle eso a Holly.

Sin embargo, en ese momento surgió otra silueta desde el bosque. Libra y Hydreigon se pusieron tensos, pero al reconocerlo, se relajaron. Era el dragón de las aletas.

-¡Gabite! ¿Estás bien?- preguntó Libra.

-¡No la encontreeeeeeeeeee!- exclamó, furioso, y comenzó a golpearse a sí mismo- ¡Tonto! ¡Tonto! ¡Tonto! ¡Tonto! ¡Tonto!

-¡Suficiente!- exclamó Libra, y el Gabite se detuvo- Está bien, Gabite. Quédate aquí, esperaremos a los demás. En cuanto Lia recapture a su Kirlia, nos iremos de aquí.

El Gabite agachó la cabeza, irritado, pero obediente.

Priscilla examinó la situación. Como en la batalla anterior, no podía ir y atacarlos de frente, no mientras ese Hydreigon estuviera presente. Por otro lado, si conseguía que él se fuera, podría enfrentar al Gabite y al Goomy sin muchos problemas.

~¿Pero cómo hago que se vaya?~ se preguntó la Gengar.

Los miró a todos. Reparó en que Holly ya no miraba a Lia ni al Hydreigon, sino que a Libra. Tenía su cabeza girada hacia él, como si quisiera decirle algo, pero se mantenía en silencio.

~¿Mmm? ¿En qué estará pensando? ¡Uf! Si solo pudiera saber lo que pasa por su cabeza…

Entonces Priscilla recordó que Holly podía sentir y reconocer las mentes alrededor. Seguramente había percibido la suya. Seguramente ya tenía un plan ¿Por qué miraba a Libra? Porque quería decirle algo, no a él, sino a ella. Era una pista para que entendiera su plan.

~Algo con Libra~ se dijo Priscilla.

Sentía que el estómago le hervía de los nervios, pues con cada segundo que se demoraba en descifrar el acertijo de Holly, era otro segundo que Lia tenía para meterlo a una pokebola.

~¡Vamos, piensa, chica! ¿Qué pasa con Libra? Es el entrenador de todos los otros pokemon aquí, le gustan los dragones, es el hermano mayor de Lia, es el líder de esta operación, supongo…

Entonces se dio cuenta. Miró al Hydreigon para cerciorarse. Era un pokemon muy grande y feo, pero miraba al joven hombre como un niño a su padre.

~¡Eso es! ¡Si ataco a Libra, Hydreigon se preocupará por él y le pondrá toda su atención! ¡Dejará a Holly libre! ¡Si Hydreigon lo deja libre, él podrá teletransportarse a otro lugar! ¡Habremos huido con éxito!

Sin esperar ni un segundo más, se hundió en el piso y se dirigió a los pies de Libra. Tenía que hacerlo rápido y apuntar bien, solo tenía una oportunidad.

Libra se mantenía de brazos cruzados, mirando de cuando en cuando a los lados, por si uno de sus pokemon restantes aparecía. Ya se habían demorado un montón ¿Qué estarían haciendo?

~Seguramente Vib se echó la siesta por ahí y Drago lo está regañando~ pensó.

De pronto escuchó un ruido extraño, como un zumbido, un pitido muy leve. Pensó que se pasaría rápido, pero continuaba. Miró hacia todos lados, pero no encontró la fuente, hasta que el ruido se volvió fuerte y se dio cuenta que provenía desde el suelo, desde sus pies. Libra miró hacia abajo, pero muy tarde, puesto que Priscilla ya había cargado su ataque más potente por completo y lo disparó directo a él. Libra intentó esquivarlo, pero no reaccionó a tiempo, y recibió de lleno la Bola sombra de la Gengar.

Dado que él no entrenaba como sus pokemon, ese solo impacto lo noqueó, y se desplomó sobre la hierba.

Todos se giraron hacia él, primero confundidos, luego sorprendidos.

-¡MAESTRO!- gritó Hydreigon, antes de dejar a Holly y dirigirse a Libra.

Lia también se giró hacia su hermano, muy consternada para darse cuenta que, sin Hydreigon sujetando a Holly, ya no había nada que le impidiera teletransportarse a un lugar seguro. Priscilla viajó a toda prisa por el suelo, emergió junto a él y ambos pokemon se teletransportaron por ahí cerca, detrás de un árbol. Inmediatamente Priscilla lo tomó en brazos, lo puso sobre su espalda y se lo llevó flotando colina arriba. Flotaron lo más rápido que la fantasma podía, esquivando árboles y ramas, hasta que se elevaron por sobre las copas, siempre hacia arriba.

-¡Excelente, Holly! ¡Nadie nos vio!- exclamó la Gengar.

-Bien hecho, Pris. Gracias por salvarme- le espetó el Kirlia, en tono cansado- pero alguien nos vio.

-¡¿Qué?!

-Está abajo, está muy enojado. Creo que es...

Priscilla miró hacia abajo. No lo vio de inmediato, puesto que la copa de los árboles lo escondía, pero poco a poco fue notando su cuerpo azul y las aletas en sus brazos.

-¡Geeeeeeeengaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaar!- rugió el Gabite, mientras corría por el bosque bajo ellos, a toda prisa.

-¡Woah!

-Tenemos que deshacernos de él antes que los demás lo noten- indicó Holly.

-¿Es muy fuerte?- inquirió Priscilla.

-Creo que todos los dragones de Libra están al mismo nivel, con excepción de Hydreigon.

No era un monstruo como Hydreigon. Eso era suficiente.

-Muy bien, te esconderé por ahí y lo enfrentaré.

-No, no. Te ayudaré- le aseguró Holly.

-¡Pero estás agotado! Será mejor que descanses.

-No- Holly tomó aire y exhaló tomándose su tiempo- puedo pelear. Haremos esto juntos.

-/-/-/-/-/-

El Gabite corría a toda velocidad. Estaba bien entrenado y su especie era rápida y resistente, por lo que no le costaba nada seguir a aquella lenta Gengar que flotaba grácilmente por el cielo. Solo podía pensar en vengarse de ella, en desgarrar su fea cara con sus aletas, en arrancarle los ojos a mordiscos. Ella se atrevió a hacerle daño a su entrenador. Le haría pagar caro.

De pronto, la Gengar descendió, hasta que se perdió en las copas de los árboles. Gabite pensó que sería una táctica para intentar huir, y aumentó la velocidad.

-¡No escaparáaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaas! ¡Gengaaaaaaaaaaaaaaaaaaar!- rugió.

Sin embargo, de pronto advirtió una silueta frente a él, más arriba. El Gabite disminuyó la velocidad para verlo mejor antes de atacarlo. Era un cuerpo menudo, no podía ser la Gengar. Era el Kirlia de la hermana de su maestro.

Estaba parado ahí, frente a él. El Kirlia parecía esperarlo. El Gabite no entendía por qué estaba ahí, por qué no intentaba huir. Pensó que debía haberse caído del lomo de la Gengar.

~Lo dejaré inconsciente y luego iré por esa maldita~ se dijo el dragón.

Volvió a acelerar hacia el Kirlia para pegarle con una de sus aletas. Mientras tanto, él le arrojó un montón de Hojas mágicas. Las hojas viajaron a toda velocidad hacia Gabite y lo cortaron por todos lados, pero no le provocaron más que rasguños superficiales, nada que mereciera su atención. Gabite era un dragón duro y rudo, y ese ataque apenas le hacía cosquillas, aunque había un montón de hojas.

Pronto tuvo que entrecerrar los ojos para evitar que se le enterrara una de esas hojas, pero mantuvo al Kirlia frente a sí, al centro. Le tapaban gran parte de la vista, pero le bastaba con ver su presa. Estaba rodeado de árboles, pero ya no tenía tiempo de esconderse en ningún lado. Estaba acabado. El Gabite acortó las distancias entre ambos, listo para arremeterlo con un buen golpe. Sin embargo, al pasar junto a uno de los árboles cera de Holly, advirtió una bola oscura por la comisura de su ojo. En el instante que le quedaba para reaccionar, intentó girar su cabeza. Apenas alcanzó a ver la silueta de la Gengar, cuando esta le disparó una Bola sombra completa directo a la cara. El ataque fantasma lo empujó antes que pudiera tocar a Holly, y lo mandó contra un árbol. Se dio un buen golpe en la espalda y luego cayó.

Necesitó un momento para recuperarse, pero aún no había perdido. Ese solo había sido un ataque, aún podía continuar.

Sin embargo, mientras estaba tirado en el suelo, Holly se le acercó y le dio un beso en la cabeza. Gabite se sintió sexualmente invadido, hasta que notó que el beso no era para satisfacer un placer mórbido, sino que para drenar su energía. Sus fuerzas se fueron a una gran velocidad por su cabeza hacia Holly. Gabite volvió a caer, derrotado, mientras que Holly recobró sus fuerzas.

-¡Uf! Estoy mejor.

Luego miró a Priscilla, quien salía desde su escondite en el árbol.

-Buen plan, amor- le espetó ella- ¿Pero cómo supiste que caería tan fácil?

-Estaba muy enojado. Cuando uno está enojado, deja de pensar con claridad- le espetó Holly- ahora vamos, tenemos que perderlos.

-¡Sí!

Holly se subió sobre su lomo y ambos se marcharon hacia arriba. Gabite apenas se mantenía consciente, pero alcanzó a verlos marcharse por el cielo. Holly notó esto, supuso que lo mejor sería rematarlo y esconderlo, pero no quería ser tan cruel con un enemigo que ya habían derrotado.

-/-/-/-/-/-

Cuando las cosas se calmaron, Lia miró a Hydreigon y a Goomy. Ambos se mantenían parados junto a Libra, sin saber qué hacer. Era entendible, él era su entrenador, su líder. Era él quien debía estar dando órdenes en caso de un accidente.

Lia se fijó en su hermano. Había recibido un buen impacto de ese Gengar. No parecía que se hubiera dañado nada muy severamente, pero no parecía que iba a despertar pronto.

No podía creer su suerte; su Kirlia escapaba por tercera vez y su hermano había sido atacado por un pokemon salvaje. Estaba partida entre ayudarlo y salir a perseguir a su pokemon.

Luego volvió a mirar a los pokemon de su hermano. Una idea loca cruzó su mente. Pero era demasiado, ella no sería capaz de llevarla a cabo. Solo terminaría empeorando todo…

¿Pero y si arreglaba las cosas así?

Volvió a subir la mirada. Hydreigon miraba hacia el punto donde el Gengar y Holly habían desaparecido en el bosque. Lo miraba con frustración e ira. Se notaba que quería perseguirlos y vengarse como Gabite, pero también estaba su responsabilidad hacia su entrenador. No podía abandonarlo así sin más.

Entonces Lia se puso de pie. Lo iba a hacer. Estaba decidida.

-Hydreigon, Goomy- los llamó, usando un tono autoritario del que no se creía capaz- son los pokemon de Libra, pero necesito que hagan lo que yo les diga por ahora ¿Están bien con eso?

Ambos la miraron confundidos, algo contrariados, pero también esperanzados. Estaban dispuestos a hacer lo que fuera si podían ayudar a su entrenador o vengarse de sus enemigos.

-Nos vamos a separar en dos equipos- indicó Lia- Goomy, tú te quedarás aquí para proteger a Libra. Él está bien, solo necesita descansar. Hydreigon…- lo miró hacia arriba. Su cara del centro era amenazante, su porte alto, su silueta monstruosa, pero tenía toda su atención puesta en ella- tú y yo vamos a ir por esa Kirlia y la traeremos de vuelta ¿Entendido?

Hydreigon apretó los dientes de solo pensar en él. Luego miró a su entrenador una última vez. Lia tenía razón, no estaba grave ni nada, solo se había golpeado. Goomy debía ser suficiente para mantener guardia. Por otro lado, esa sería su última oportunidad para darle su merecido a ese malnacido Kirlia.

-Con una condición, señorita- le pidió Hydreigon- si fallas al capturarla, me la comeré.

Lia tragó saliva. Ese Hydreigon de verdad odiaba a Holly. Sin embargo, Lia confiaba en su lazo con su pokemon. A pesar de todo, seguían siendo las mejores amigas, aunque a ella se le hubiera olvidado. Aun algo nerviosa, miró su bolso.

-Me quedan seis ultraballs- indicó- después de que las use todas, tendrás tu oportunidad. Si me engañas y te adelantas, le diré a mi hermano.

Hydreigon asintió con la cabeza.

-Tenemos un trato, entonces.

Lia también asintió.

-Vamos por Holly.

Hydreigon se dio la vuelta y se inclinó. A Lia le tomó dos segundos darse cuenta que le estaba diciendo que se subiera. Entonces, algo torpe, la chica se encaramó sobre su espalda, se arrastró hasta la zona superior de su lomo y se sujetó de sus plumas negras como pudo.

-¡Sujétese!- le pidió Hydreigon, antes de agitar sus alas y tomar vuelo.

Ambos se elevaron en el aire, y con otro batir de sus seis alas, echaron a volar sobre la copa de los árboles, hacia la cima de la montaña.