Sintonía.
Miré como el viejo Grumman tomaba el cargo de Führer con una sonrisa adornando sus marchitos labios, un aplauso casi obligado y carente de emoción siguió a su nombramiento, decenas de ojos se posaron en él, y algunos otros en mí, pero yo ni siquiera presté atención, estaba demasiado divertido observando la reacción de la mujer sentada a unas sillas más a la distancia, sus ojos celestes se enfocaban con fiereza en nuestro recién nombrado rey, su expresión era tensa, con una mano tamborileaba peligrosamente el mango de su sable, con el tacón de su bota hacia un molesto ruido de forma monótona.
-General Armstrong. –Llamó su más fiel subordinado en voz queda, el descendiente Ishval y su mano derecha, la mujer miró de soslayo a Miles antes de acceder suavemente con la cabeza, su expresión pronto cambio, relajó su postura, el ruido y tamborileo cesaron, aunque sus ojos siguieron atentamente cada paso del anciano militar, casi me parecía ver lo que estaba pasando por su cabeza.
¿Porque él y no ella?
Tuve que contenerme para no sonreír demasiado, la respuesta era simple.
Si bien Armstrong había demostrado que era igualmente capaz que cualquier hombre de llevar la batuta del mando militar, su carácter menguaba sus posibilidades de obtener el tan anhelado título de reina, su fuerte personalidad hacía que fuera casi imposible que los altos mandos militares le tuvieran simpatía, eso y el hecho de que yo hubiera sugerido a Grumman (cuando la vista no era en aquel entonces uno de mis cinco sentidos) como posible candidato para obtener el puesto que yo había anhelado de toda la vida, le dio puntos extras al actual cabecilla de nuestro gobierno.
Grumman sonrió hacia nosotros de forma traviesa, y yo no pude más que sonreír del mismo modo, era un viejecillo ambicioso, y tal vez fueran ideas mías, pero parecía como si hubiera rejuvenecido varios años, la ceremonia dio fin cuando Grumman saludó a la ex primera dama Madame Bradley de forma honorable, y todos pudimos retirarnos.
-¡Al fin se terminó! –Gruñó Havoc, alzando una copa al cielo a modo de brindis: - ya esta ése viejo Grumman al mando de todo, esperemos que lo haga bien –Finalizó él llevando un cigarrillo a sus labios y encendiéndolo unos segundos después.
-¡Oye! ¿Crees que es correcto referirte de esa forma a tu Führer? –Le replicó la voz chillona de una mujer, Havoc se volvió hacia la mujer, mirando con fastidio a Rebecca.
-Por favor -Respondió Havoc con desdén - si ese anciano llegó al mando fue porque el Coronel lo sugirió, el primero en la lista era él, pero por su ceguera no pudo serlo... nadie en su sano juicio se habría acordado de Grumman, ¡jamás en la vida!
-Grumman ha logrado grandes cosas él solo. –Contestó la amiga de Riza, defendiéndolo, después de todo, ella estado bajo su mandato en Ciudad del Este, y pese a todo parecía tenerle estima: –Si bien, es un poco atrevido, estoy segura que logrará un excelente resultado... sin ayuda de "tu Coronel" –Y finalizó ella mirándome con desagrado, ni siquiera me di por ofendido, Rebecca tenía un odio infundado hacia mí desde siempre, sobraba decir, que tampoco ella era una de mis personas favoritas en el mundo.
-Por supuesto –Contestó él con sorna, lanzando una bocanada de humo delante de ella, logrando que la de por sí, iracunda castaña perdiera los estribos.
-¡Eres un patán! –Chilló ella arrebatándole el cigarrillo de entre sus labios, tirándolo contra un cenicero cercano, y por supuesto que la batalla campal, empezó.
-Vamos, vamos, ¡no peleen! –Intentó calmar las cosas Fuery, pero solo se ganó una reprimenda por parte de la pareja, que gritaron al unisonó al de lentes:
-¡Cállate!
Y yo maldije el momento en que había aceptado como buena la idea de ir a tomar un par de copas con mis subordinados a un bar cercano, el motivo celebrar el recién ascendido Grumman al cargo de Führer, pero principalmente como despedida a Falman, que continuaría su carrera de militar, al lado la General Armstrong, al norte en las montañas de Briggs.
Miré discretamente a mi alrededor, Riza veía al par pelear con una expresión de resignada paciencia, ni siquiera valía la pena intentar separarlos, Fuery en cambio sentado a su lado, parecía mucho más pequeño de lo que ya de por si era, se encogía en su silla como queriendo desaparecer en ella.
Breda y Falman por el contrario, tomando una opción mucho recomendable, empezaron a tomar entre ellos, ignorando al par que peleaba sin cesar, esperando que ellos mismos se calmaran, como casi siempre hacían.
Sin embargo, yo no podía ni quería hacer eso, estaba cansado, el día había sido terriblemente agotador y lo único que deseaba en verdad hacer era llegar a mi casa y dormir un poco.
Así que tomando mi bebida (una copa de vino tinto), la vacíe de un sorbo, me levanté, abrí mi billetera y dejé un billete con la cantidad que esperaba cubriera mi gasto y el de Riza, una botella de agua mineral.
-Un gusto haber compartido una velada con ustedes, pero temo que debo marcharme. –Mentí mirando a mis subordinados y luego dirigiéndome hacia el más alto, tendí mi mano hacia él en señal de respeto y despedida: - Falman, la mejor de las suertes estoy seguro que Armstrong vio en ti las mismas buenas cualidades que yo, haznos sentir orgullosos.
-¡Por supuesto, Coronel! –Respondió Falman poniéndose en pie al instante, despidiéndose de mí con un fuerte apretón de manos y un saludo militar, aunque ya no era oficialmente su superior, seguía teniendo un rango mayor al de cualquiera de los presentes.
-Los demás, no tomen demasiado –Y mis ojos se posaron en Havoc que tenía la mala costumbre de emborracharse más de la cuenta: - los espero mañana temprano en la oficina y no habrá excusa suficiente que valga. – Y luego volviéndome hacia Riza, llame: - teniente.
-Sí, coronel. –Contesto ella, levantándose en el acto.
-¡Pensé que solo te ibas tú! –Contestó Rebecca ignorando que yo era un Coronel y ella una mera teniente, sus oscuros ojos se clavaron como puñales en mi persona, al tiempo que Riza se situaba a mi lado, y yo no pude hacer más que mirarle entre altivo y orgulloso.
-El coronel tomó un poco –Explicó Riza volviéndose hacia Rebecca - no es recomendable dejar que maneje, con permiso... –Y luego volviéndose como hice yo hacía unos momentos: - Falman, mucha suerte.
-¡Gracias, teniente Hawkeye!
Y sin más despedida salimos ambos de ahí, me pareció escuchar a Rebecca y Havoc decir algo, pero ya estábamos demasiado lejos como para entender que era lo que había dicho.
Apenas cruzamos la puerta principal del pequeño bar, me sentí libre, la noche era cálida y el cielo estaba despejado, no podía pedir una mejor, me permití respirar el aire fresco de la noche, lejos del olor a cigarro y alcohol.
Miré hacia Riza de reojo, sonreía apaciblemente hacia la nada, su expresión era de absoluta serenidad, y yo no pude hacer más que sonreír igual que ella, ya había olvidado la última vez que habíamos estado juntos sin temor de que algo terrible pasara.
Ella al sentirse observada volteó hacia mí y su expresión cambió pronto, la sonrisa se deshizo, pero en cambio la mía se ensanchó, Riza caminó apresuradamente hacia el vehículo entrando por la puerta del conductor, mientras que a mí no me quedó más remedio que entrar por la del copiloto.
-¿Tiene prisa, teniente?
-Quisiera llegar pronto a casa, coronel. –Explicó ella ausente, mientras arrancaba el vehículo no sin antes ver por los espejos laterales.
-Oh –Contesté yo mientras soltaba con una sonrisa burlona:- ¿acaso tiene a alguien especial esperando su regreso? ¿O intenta darme celos, teniente?
Pude escuchar a Riza espirar enfada, aún así controlo perfectamente su temperamento y también el vehículo, que no disminuyo o acelero siquiera la velocidad.
-Ni lo uno ni lo otro, coronel –Contestó ella con voz monocorde - además de Black Hawkeye, no hay nadie esperando mi regreso.
Y aunque sabía la respuesta, el escucharlo salir de sus labios, incrementó el tamaño de mi sonrisa.
-Entonces supongo que no habrá problema si esta noche no la dejo regresar a su casa, teniente.
-Por favor, deje de estar jugando, coronel.
-¿Quién dice que estoy jugando? –Contesté yo mientras me encogía en hombros, miré de soslayo como Riza me dedicaba la peor de sus miradas, mientras yo esperando aligerar la tensión del momento señalé con una cabezada el radio del vehículo -¿Le importa, teniente?
Riza accedió con un movimiento de cabeza:
-Adelante.
Y yo encendí la radio, pronto una voz nasal y aburrida inundó el vehículo con las noticias del día, el ascenso de Grumman al mandato del Führer era lo principal que se transmitía, su gabinete político, las reformas que emplearía, los cambios más importantes...
Apreté el botón de: "siguiente" para sintonizar otra estación, estaba cansado de escuchar sobre algo que ya sabía de sobra, Grumman había obtenido el puesto que yo había ansiado toda la vida, no necesitaba escuchar más, la radio se detuvo en la siguiente estación sintonizada, recargué mi cuerpo contra el asiento de cuero, esperando que las suaves notas que salían de las bocinas, me permitieran relajarme unos minutos en mi regreso a casa, escuché con paciencia la canción, no me gustaba particularmente el ritmo o la voz de la persona que cantaba, pero tenía que decir que la letra era interesante:
Compañera...
Me gustas por tu independencia, me gusta cuando luchas por tu identidad, y sobre todo me gusta tenerte en mi habitación y enredarme en la penumbra con tu cuerpo, con tu sueño, tu calor... y hacer el amor...
-Demasiado interesante –susurré yo, alargando mi brazo hacia la radio, pulsando nuevamente el botón de "siguiente" para buscar una nueva melodía, no necesitaba que una canción me recordara lo que no podía tener, la radio se detuvo unos segundos después en una canción mucho más suave que la primera, la voz era extraña y rasposa, pero parecía diferente a la primera.
Y si amanece por fin...
Empezaba bien, y volví mi rostro hacia la ventanilla de mi lado, mirando la oscuridad de la calle, mirando curioso como en algunas casas lucían sendos moños negros por encima de sus puertas, había escuchado que media ciudad estaba de luto por la muerte de King Bradley, pero solo hasta que vi los moños me percaté del hecho, me pareció extraño, que miles de personas lloraran la muerte de un homúnculo, pero debía de reconocer que con excepción de algunos cuantos involucrados, el mundo nunca llegaría a conocer la verdad.
...anda deja que te desabroche un botón... que se come con piel la manzana prohibida... y tal vez no tengamos más noches...
Mis ojos entonces se volvieron hacia la radio, donde la nueva canción sintonizada ya casi terminaba.
...la buena reputación es conveniente dejarla caer a los pies de la cama, hoy tienes una ocasión de demostrar que eres una mujer además de una dama...
-¿Qué demonios? –Susurré y volví a presionar la radio, mientras veía de soslayo a Riza, que parecía ajena a la canción o a mí, me pregunté si ella siquiera la había estado escuchando.
-¿Todo bien, coronel?
-La canción... –Intenté explicar yo, sintiéndome estúpido y torpe, aunque no sabía a ciencia cierta el porqué, pero parecía como si el destino quisiera jugarnos una broma de mal gusto, Riza accedió con la cabeza mientras decía con expresión ausente:
-La letra parecía... interesante...
Y sería un efecto de la luz, o quizá necesitaba anteojos, pero me pareció notar un pequeño rubor cubriendo las mejillas de mi fiel teniente, la radio se detuvo unos segundos después en una nueva estación donde una canción, lenta y triste simulaba la música de un vals.
Permite que te invite a la despedida...
Riza dio vuelta en una calle para llegar a mi departamento, y yo me sentí ansioso, estábamos apenas a unas pocas manzanas, llegaríamos en unos minutos cuando mucho, ella me dejaría al pie de mi edificio y se marcharía a casa como siempre hacía, y yo, me quedaría dormido solo entre mis sabanas frías para a la mañana siguiente regresar a la rutina de cada día, un saludo cortes, un par de miradas que no comprometían a nada, una coquetería vana, un par de palabras, y finalmente un adiós entre dientes, una rutina a la cual ya nos habíamos acostumbrado.
...Permite que te explique que no tengo prisa, no importa que tengas algo mejor que hacer. Así nos podemos pegar toda la vida, así si me dejas no te dejare de querer. ..
Riza se detuvo en la puerta de mi edificio, cuando el cantante entonaba sus últimas palabras.
Y al final te ataré con todas mis fuerzas mis brazos serán cuerdas al bailar este vals...
-Gracias por traerme, teniente.
-No es nada, señor. –La voz del cantante hacía rato que se había apagado y ahora solo se escuchaba la música suave y triste, sonreí sin ganas, las dos primeras canciones, parecían haberse sintonizado como un mal chiste, mostrarnos lo que podía y deseábamos que pasara, y la última como una triste realidad, Riza me miró de reojo, pude verle abrir la boca para decir algo, pero sin importarme ser descortés le interrumpí apresurando mis palabras antes de las de ella.
-No te vayas.
Y ella se volvió hacia mí, con expresión ausente y triste.
-Coronel...
-No te vayas. –Repetí yo, casi como suplica, sin importarme parecer patético, no podía negarme más tiempo, no quería hacerlo más, no podía negar que la primera persona que busqué con mis ojos apenas recuperé la vista fue a ella, no podía negar que el corazón me temblaba de miedo al recordarla en aquel charco de su propia sangre, no podía negar la sonrisa idiota que se dibujaba en mis labios al verla cruzar la oficina durante las mañanas, no podía negar más que estaba total y absolutamente enamorado de ella.
Y pude verla suspirar y morder sus labios apenas una fracción de segundo, separó sus ojos castaños de mí y entrelazando sus manos detrás del volante dijo sin siquiera voltearme a ver:
-¿Acaso solo una copa de vino fue suficiente para hacerle perder la cordura y ponerse a decir necedades, coronel?
Fruncí el ceño, mientras contestaba conteniendo mi tono de voz:
-¿Por qué crees que cuando me sincero contigo, forzosamente tengo que estar borracho?
Riza apretó los labios antes de contestar:
-Porque de otra forma su comentario sin sentido, tendría una explicación lógica, señor.
-¿Lógica? Esto hace mucho tiempo que dejó de tener lógica, teniente. –Bufé yo exasperado.
¿Realmente ella se atrevía a decir eso?
Lo que yo sentía por Riza, tenía coherencia desde hace años, así que soltando mi cinturón de seguridad me situé lo más cercano posible a ella, tomé con delicadeza su rostro entre mis manos ignorando por un segundo su expresión asustada, sus ojos tremendamente abiertos como platos y posé un suave beso en sus labios, no fue un beso demasiado duradero, apenas unos segundos, un suave gesto gentil, que deseábamos ambos desde hacía ya demasiado tiempo, Riza posó sus manos que parecieron frágiles y delicadas contra las mías, como en un débil intento de separarme.
-No hagas eso. –Respondió ella apenas con voz, pero yo volví a besarla con la misma suavidad y gentileza que antes, separé apenas un poco mis labios, sintiendo el flequillo rubio de su frente haciendo cosquillas contra mi rostro:
-Dime que no sientes nada por mí, y prometo no volver a molestarte.
Riza parpadeó un par de veces, como si mis palabras le hubieran desconcertado, sus ojos brillantes y temerosos se clavaron en mí.
-Dímelo.
Ella negó suavemente con la cabeza.
-Sabes que no haré eso. –Replicó ella en un susurro.
-Entonces quédate... –Y besé con suavidad su sien, recorriendo mis labios por su rostro, deleitándome con la suavidad de su piel.
-Es una locura. –Dijo con un hilillo de voz, aún con sus manos sobre mi rostro.
-¿Lo es? -Y esas dos pequeñas palabras, tan infinitas como inocentes parecieron ser la respuesta que había buscado, nunca sabré que fue lo que pasó por su mente en ése momento, pero lo que sí sé, es que fue suficiente como para que las barreras que nosotros mismos habíamos levantado, cayeran y sus ojos mostraron una determinación que aún me eriza la piel.
Con los dedos helados y temblorosos sobre mi rostro y expresión indescifrable, dibujada en sus ojos, hizo lo que no esperaría, me besó con la paciencia y dulzura que lo haría una vieja amante, y por supuesto yo le correspondí.
Y ella volvió a besarme con una intensidad que no habría esperado y lo hizo, no solo una, ni dos, ni tres veces, perdí la cuenta, cuando nos enredamos entre las sabanas, cuando la ropa empezó a pesar y nuestros cuerpos se sintonizaron finalmente con nuestras almas.
Nos permitimos ver juntos el amanecer, esa fue la primera de las muchas veces que la pasamos juntos, en mi departamento encontramos un refugio y en sus brazos yo encontré finalmente mi felicidad.
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*Compañera – Miguel Ríos.
*Y si amanece por fin – Joaquín Sabina.
*Y al final – Enrique Bunbury.
Sintonizar... ¿qué querrá decir?
La sintonía es algo que tiene que ver con la música, o peor aún, con los circuitos. El amor, en cambio, es cuando no respiras, cuando es absurdo, cuando echas de menos, cuando es bonito aunque esté desafinado, cuando es locura... Cuando sólo de pensar en verlo con otra cruzarías a nado el océano...
*Perdona si te llamo amor.
Gracias por leer.
María de las Mareas.
