Naruto es de Masashi Kishimoto. El uso de los personajes en la historia es sin fines de lucro y solo con el afán de entretener a todos ustedes.

La Historia Original es de Kresley Cole de la novela "Inmortales de la Oscuridad."les recomiendo leer su sagas son súper… y obvio que como son super quise hacer adaptación de una de sus historias en un SASUSAKU

#Libro5

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CAPÍTULO 28

—Es ideal para nuestros propósitos —comentó Sasuke, mirando la línea de la autopista.

Estaba desierta, como una pista de aterrizaje en medio del bosque, y al fondo podían verse las montañas. Quedaban restos de nieve sucia en los arcenes, pero la carretera estaba limpia y seca.

—¿De verdad vas a dejar que conduzca?

—¿De quién es este coche?

—Nuestro no —respondió ella.

—Buena chica.

Mientras Sasuke paraba el coche, Sakura observó el paisaje. El bosque estaba iluminado por la luz de la luna, el cielo estaba despejado.

—No puedo creer que estemos en el norte de Raikiri y todavía no hayamos visto nevar.

—Ya, pero quizá tengamos suerte y podamos ver las luces del norte.

—¡En serio! ¿Dónde? No las veo, ¿hacia dónde están? El señaló a la izquierda, justo por encima de las copas de los árboles.

—Ahí tienes a tu aurora boreal.

Sakura siguió su mano con la vista y se quedó boquiabierta. Unas luces violeta parpadeaban en mitad del cielo negro. Al danzar se iban oscureciendo, para luego iluminar la luna y las estrellas.

Al ver ese espectáculo de la naturaleza a Sakura le dio un vuelco el corazón.

—Es precioso —murmuró.

—La leyenda dice que unas valquirias la crearon.

—Cuéntamela.

—La gente del norte cree que cuando las valquirias bajaron del Valhalla para escoger a las mejores guerreras para regalarles la vida eterna, sus armaduras proyectaron una luz extraña en el cielo.

—¿Sí? —Tras verlo asentir, añadió:

—Sabes muchas cosas.

—¿Eso crees? —preguntó él como quitándole importancia, pero Sakura pudo ver que le gustaba que se lo hubiese dicho.

Tenía ganas de ser amable con él. Todavía recordaba lo bien que lo había pasado durante la cena, y estaba impaciente por conducir el coche.

—¿Estás lista? —Sasuke giró una manecilla que había a la izquierda del asiento del conductor.

Sakura sintió cómo el coche se bajaba un poquito más y oyó un zumbido a su espalda.

—El spoiler de atrás...

—Se retrae dentro del propio coche. Igual que los flaps delanteros. Y otra cosa más que te gustará saber: con estos cambios, el coeficiente de arrastre se reduce un 0,5 por ciento.

Ella enarcó las cejas. El demonio estaba hablando su idioma. Intercambiaron sus puestos, y, una vez sentada en el asiento del conductor, Sakura ajustó los espejos.

—Sabes conducir un coche con marchas, ¿no?

—Hice las prácticas para el carnet en un Carrera.

—Genial. Ponte el cinturón. Se abrochó el arnés.

—Tú también. —Al ver que la miraba burlón, añadió:

—Por favor.

—Vale, de acuerdo —contestó él, sorprendiéndola al acceder con tanta facilidad.

—Ahora arranca muy, muy despacio.

A pesar de que Sasuke nunca había conducido a poca velocidad, ella le hizo caso y metió la primera para incorporarse despacio a la carretera.

—Ahora acelera hasta el límite de velocidad permitido.

Pisando el acelerador con seguridad, Sakura cambió a segunda, luego a tercera.

—Eso es. Lo estás haciendo bien. Muy bien. ¿Qué te parece?

Para cuando puso la quinta, ya estaba convencida de que aquel cambio de marchas era el mejor que había sobre la faz de la Tierra, y el acelerador el más sensible. Era el mejor coche que hubiera conducido jamás.

—Increíble. Se lleva con mucha facilidad. Se pega al asfalto igual que una bala sobre una superficie magnetizada.

—Te lo creas o no, este coche pesa tanto como un tanque. Dos toneladas.

—Imposible.

—Si tan fácil te parece conducirlo, a ver si realmente eres capaz de sacarle partido.

Sakura empezó a acelerar, y sintió una emoción especial al rebasar el límite de velocidad.

—Más rápido, princesa. Enséñame lo que sabes hacer.

—Tú lo has querido.

Pisó el acelerador a fondo, y el vehículo salió disparado hacia adelante, pegándolos a ambos al respaldo del asiento. Ciento noventa kilómetros por hora. Una pequeña corrección en el volante y ajustó la dirección. Doscientos veinticinco. La potencia, el zumbido del motor, tener el control, era abrumador.

La carretera era de verdad una vía de escape. Y Sakura se sentía como si fuera otra persona; una de esas que llevan botas carísimas, que comen marisco y conducen coches de un millón de dólares.

Volvió a echar un vistazo al cuentakilómetros, iban a doscientos noventa. Se le aceleró el corazón, la adrenalina corría por sus venas. También sintió algo que nunca había imaginado. Estaba muy excitada.

Cuando llegó a los trescientos kilómetros por hora ya no podía fingir que no se había dado cuenta. Tenía la respiración entrecortada, y no sabía cómo sentarse

«Esto va de mal en peor.»

Trescientos diez. Se atrevió a mirar a Sasuke. Este tenía los ojos, rojos e inescrutables, fijos en ella.

—Para el coche —le dijo.

—¿Qué? ¿He hecho algo mal?

—Sólo para el coche.

Tan pronto como aparcó y puso punto muerto, él le cogió la cara entre las manos y le dio un beso demoledor. Sakura respondió con un gemido, apresando los labios del demonio con los suyos, acariciándolo con la lengua.

6Su mano buscó la erección de Sasuke. Quería tocarlo como antes, pero no pudo alcanzarla. El deslizó la suya por entre las piernas de Sakura, pero por culpa del volante y del salpicadero, no podía separárselas lo suficiente.

—A la mierda —gimió el demonio, arrancándose el cinturón y saliendo del coche.

Justo cuando Sakura empezaba a sentirse decepcionada, Sasuke abrió la puerta del conductor y la liberó también del cinturón de seguridad, la cogió en brazos y la sacó fuera del coche.

—¿Sasuke? —Al notar que él le bajaba la cremallera, exclamó:

—¡Alguien puede vernos!

—Nadie pasa por aquí.

Cuando le bajó los téjanos y las braguitas hasta las rodillas, ella insistió:

—¿Y si...?

No tuvo tiempo de decir nada más antes de que él la sentara sobre el capó del coche, separándole las piernas y dejando su sexo al descubierto.

—¿Qué estás haciendo?

—Voy a enseñarte algo nuevo. —Le acarició el muslo con la mejilla. Ella podía sentir su cálido aliento...

De repente comprendió qué era lo que pretendía, y no encontró motivos para detenerlo. Por el momento, todo lo que él le había enseñado había sido maravilloso. ¿Por qué iba aquello a ser...?

—Oh... Dios... mío —exclamó Sakura cuando Sasuke le lamió el clítoris con la lengua.

Se desplomó sobre el coche, abrumada, separando todavía más las piernas para darle la bienvenida. Un placer inimaginable la estaba asaltando, y no pudo evitar que se le escapara un gemido.

Él le separó el sexo con dos dedos, lamiéndola, devorándola.

—Levántate el jersey por encima de los pechos.

—Me congelaré...

—No te congelarás.

—¿Por qué no...?

—Yo tengo las dos manos ocupadas. Hazlo, o me pararé.

¿Dónde tenía la otra mano? Una imagen mental se lo aclaró todo.

«Oh.»

La idea de que el demonio estuviera masturbándose mientras la besaba de aquel modo la hizo estremecer.

Tragó saliva y se levantó el jersey y el sujetador, tal como él había hecho en el hotel. Antes no había notado la brisa del bosque, pero en aquel instante le acariciaba los pechos haciendo que se excitara todavía más. Volvió a gemir.

Sasuke levantó la mano y cogió las de Sakura para colocárselas encima de los pechos.

—Acaríciate —le dijo, antes de que sus labios regresaran a donde estaban.

Ella empezó a tocarse los pechos, y, con los párpados pesados de deseo, miró al cielo. Encima de ellos titilaban las estrellas, la aurora boreal hacía que pasaran del violeta al rojo intenso, aumentando al mismo tiempo su intensidad. Era como un sueño.

El placer estaba a punto de engullirla.

—Los pezones —dijo él con voz ahogada.

—Pellízcatelos.

Sasuke retomó lo que hacía y ella obedeció, asombrándose de lo erótico de la escena, arqueando la espalda. Más brisa, más estrellas, más caricias de la lengua de Sasuke.

—¿Estás a punto?

—¡Sí!

—Yo también —farfulló él, y luego le atrapó el clítoris con los labios.

Sakura gritó, y tensó la espalda al sentir que el orgasmo la atravesaba. Sasuke la estaba lamiendo, gimiendo, utilizando sus labios, la lengua, los dientes para darle todavía más placer.

Cuando el demonio gimió contra su sexo, ella supo que también estaba a punto de alcanzar el clímax. Incluso cuando Sakura hubo terminado, Sasuke siguió besándola, como si eso le proporcionara un increíble placer.

Al fin saciado, apoyó la cabeza en el muslo de ella, y trató de recuperar el aliento. Sakura tardó un poco más, pero al final se incorporó apoyándose en los codos.

Después de mirarle los pechos desnudos con el ceño fruncido, el demonio la miró a los ojos y preguntó:

—¿Cada ochocientos kilómetros?

Sakura negó con la cabeza.

—Cada seiscientos.

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que les parecio?

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