Segunda parte de "Nunca mezcles trabajo y amor" donde ahondaremos en las dificultades que tendrán estos dos a la hora de trabajar y convivir
Problemas económicos, compañeros atrayentes y un bebé en camino
¿Será el amor suficiente para ser felices o todo se complicará y dará al traste con sus historias de amor?
Itachi/Naruto, Kakashi/Iruka, Kakuzu/Hidan, Izuna/Sasuke, Madara/Deidara...
NUNCA MEZCLES TRABAJO Y MATRIMONIO
Capítulo 29: Feliz cumpleaños, Taka.
El nivel del agua le moja hasta la mitad de los dedos, pero no se siente extraño.
Sasuke, con apenas 12 años, tira de su mano guiándole hasta la plaza central de la aldea, donde una numerosa muchedumbre se arremolina alrededor de algo que aun no puede ver.
Escucha el nii-san de su hermanito y el tirón en su muñeca que le obliga a agacharse a su altura. Se detienen al final del cúmulo de gente, en el borde invisible que dibuja un circulo perfecto.
Sasuke pone algo pesado en su mano, mira intrigado; una piedra. Señala al centro despejado de la explanada, incitándole a que lance la piedra contra quien está ahí.
Los aldeanos gritan insultos, se corean unos a otros, se felicitan por su puntería en una enfermiza y siniestra canción, pero él no entiende nada.
– Vamos nii-san. – dice Sasuke con vocecita infantil. – Tú también... hazle daño al monstruo... Vamos, vamos, nii-san... a él no le importa, no siente nada. Haz que sangre... mátalo o me hará daño... vamos nii-san
Itachi levanta la vista pero no logra ver nada definible. Alguien está atado en el centro, y los proyectiles han desfigurado su silueta hasta hacerle parecer una masa sanguinolenta horripilante. Escucha perfectamente un gemido, un gemido que se le hace extrañamente familiar, y aparta un poco a su hermanito para prestar atención.
– Gracias. – murmura la criatura atada en su dirección. – solo faltaba la tuya... ahora ya nada puede hacerme mas daño...
Itachi mira su mano, la piedra no está, juraría que no la había lanzado, pero Sasuke salta a su alrededor felicitándole por su gran puntería.
¡Que coño está pasando!
Mira al suelo y lo que moja sus pies no es agua...
Nota un fuerte tirón en las manos, y la gente a su alrededor apartándose, haciendo un corro a su alrededor. Trata de moverse pero no puede. Ahora es él quien está atado frente a la muchedumbre furiosa, que también tienen a su hermanito.
Siente en cuerpo los impactos de las piedras, y la sangre que mana de las heridas.
– Está con el monstruo... hay que matarle ... el niño también... juega con el monstruo, yo le he visto, todos le hemos visto...
Cierra los ojos y escucha a lo lejos, muy bajito, un llanto que se le hace conocido, entre los gritos de la gente, puede escucharlo claramente.
– ¡NO ES UN MONSTRUO!. – Grita desesperado entre el dolor y la inconsciencia, que amenaza con anularle del todo. Se resiste como puede, mas por cabezonería que por otra cosa y alza la cabeza a los aldeanos. – ¡ES UNA PERSONA... ATAJO DE DEMENTES! es Naruto... es mi pequeño y sonriente Naruto.
Escucha los golpes de las piedras contra algo, pero no siente el dolor en su cuerpo.
Abre los ojos y ve algo delante de él, recibiendo el castigo en su lugar, no lo entiende...¿Monstruo?¿Qué monstruo?
Entre la sangre cree distinguir unos mechones dorados, pero no tiene forma concreta, es un montón de carne sanguinolenta y destrozada.
En un momento está libre por los brazos y se lleva las manos a la cara para limpiarse la sangre que no le deja ver.
Cuando aparta las manos el escenario a su alrededor ha cambiado por completo.
El agua llega hasta sus tobillos, clara y fría, Naruto a su lado, con el uniforme ninja, mirando serio hacia arriba.
Intenta decirle algo pero su voz no sale. Se lleva las manos a la garganta y grita con todas sus ganas, pero no consigue nada; su voz no existe ahí.
Alarga el brazo para tocarle, y su mano se deshace en pequeños fragmentos de barro seco antes de llegar a rozarle. Naruto parece no darse cuenta de que está ahí con él, a si que, sigue la dirección de sus ojos para ver que le mantiene tan concentrado.
Una puerta de reja, titánica, enorme... jamas en su vida ha visto algo de semejante tamaño.
Todo su cuerpo se estremece al ver claramente lo que hay tras ella. La descomunal criatura le enfoca desde su posición y el chakra rojo emana del zorro lentamente, deslizándose hacia su cuerpo como miel, muy despacio, dejando que se dé cuenta de como y cuando se acerca.
Itachi tiembla de puro miedo y trata de advertir a Naruto que se aleje, pero el rubio se limita a mirar tranquilo, quieto y sonriente al ser diabólico.
Ve como el rubio inicia la marcha hasta la puerta y quiere gritarle que se pare, pero de nuevo su voz no responde...
Le sigue hasta casi la puerta y Naruto se detiene . Levanta la mano y roza la jaula gigante. Itachi alarga la suya que aún sigue entera y le agarra por la muñeca, haciendo que el rubio le encare sorprendido de verle ahí, al mismo tiempo que él.
Naruto baja la mirada a su brazo, a lo que sostiene en él y sujetándolo con extremo cuidado, se lo tiende al moreno, que no ve lo que es por que brilla intensamente.
De nuevo un llanto, esta vez alto y claro, le llega hasta los oídos.
– Solo, sostenla, no dejes que se caiga. – pone la cosa brillante es sus brazos y se mete dentro de la jaula, dejando que el demonio lo lama con una sonrisa tranquila en su rostro.
No puede apartar su vista de ahí, del cuerpo de Naruto. Desmadejado, roto y descompuesto.
¿Qué pasa? ¿Por que siente que le duele todo?
Mira abajo, al bulto brillante que sostiene; está llorando.
La luz se disipa y el bebé se hace visible de forma clara.
Unas gotas transparentes caen sobre la niña, está llorando.
¿Por qué? La pregunta se repite como un eco infinito. Llora, llora y no puede dejar de hacerlo.
Entra en la jaula aferrando a la pequeña contra su pecho, acunándola con un "ea, ea, ea" para que deje de lloriquear.
– Lo siento. – murmura en mitad del llanto. Su voz por fin puede oírse. – Perdóname, por favor... yo... yo no quería... no quería que pasara esto...perdóname.
– … no... – la voz de Naruto suena como un eco potente que rebota en todas direcciones dentro del cubil de la bestia. – No tengo nada que perdonarte... nunca lo ha habido... eres tu quien debe perdonarse. No podrás seguir si sigues culpándote de algo que ha pasado, que no puede volver a hacerse... solo mira. – Señala a la niña y sonríe. – te lo doy todo, para que seas feliz, con ella... con lo único bueno que he hecho en mi vida.
– ¡No puedes hacerme esto!. – grita con su recién descubierta voz. – Tienes que odiarme. Grítame, amenaza con matarme, sepárate de mi, encuentra otra pareja... no puedes simplemente decir que no pasa nada y que abandonas... ¡ES CRUEL! y egoísta, injusto e innecesario. – Naruto le mira incrédulo. – No puedes irte y dejarme así... no lo permitiré, ¿Me estás escuchando? Si tu te vas, me iré contigo... no puedo vivir sin ti, no quiero vivir sin ti. No puedo cuidar de ella sabiendo que no estás con nosotros... Si es lo que quieres, me iré contigo; nos iremos contigo los dos.
– ¿Porqué?. – Naruto duda un momento y señala al bebé, que desaparece de sus brazos en un estallido de luz súbita. – ¿Porqué quieres que siga sufriendo de este modo? ¿Es que no entiendes que no puedo , no debo, no quiero seguir viviendo así?
– …
– …
– … por que te quiero, así de simple. ¿porque te cuesta entenderlo?, Te quiero, ya está... no me pidas mas ; no lo hay.
– No puedes quererme... no te dejaré. Te mentí, te traicioné... tendría que haber encontrado la manera de contártelo. – hunde la mano en el pelaje del zorro y le acaricia haciendo que gruña desde dentro. – pero no lo hice. Deje que me cuidaras, que te ocuparas de todo... no he estado a la altura y lo lamento.– Naruto se materializa a unos metros de él, mostrando su espalda desnuda... – No espero que me perdones, solo quiero que sepas que siento lo que te hecho, que de verdad, lo lamento en el alma... Mereces alguien mucho mejor que yo, por eso tienes que perdonarte... no hiciste nada que deba ser juzgado.
– ¿Cómo puedes decirme eso?... ¡¿Te estás oyendo?. – Le grita rojo de furia. – ¡Casi te mato, casi os mato a los dos!. Y hoy has estado a punto de... – no puede ni decir la palabra, sus manos cerradas en puños temblorosos por la rabia. – ¡Saltaste! y todo es, por mi culpa, por lo que te he hecho pasar ¡Maldita sea Naruto!, ¿No lo ves?. Soy un ser despreciable... soy yo quien no merece nada que venga de ti... ya debería estar agradecido por el simple hecho de que me dirijas la palabra... pero no puedo, no me conformo. No quiero tu perdón … quiero tu rabia, tu odio, tu desprecio, quiero ganarme lo que ya tenía... poder estar orgulloso a tu lado... no puedes decir que soy yo quien no se perdona,... no quiero hacerlo. Dame otra oportunidad... deja que me gane tu confianza.
– ¿Porqué?. – Repite la pregunta hasta la saciedad.
Cuando se gira para encararle, Itachi se da cuenta de que ya no están ahí, en el presidio de la bestia.
El sol calienta su pálida piel y el chapoteo del agua lo llena todo. Ya no está de pie, sino tumbado boca-abajo en una toalla sobre el césped.
Ve en su muñeca la pulsera que Sasuke había hecho para él en el colegio y su mano... vuelve a estar entero.
Escucha risas conocidas. Naruto bromea con su hermanito... se empujan y pelean de broma y no puede dejar de mirar al rubio. De verdad, no puede apartar la mirada.
Desea acercarse, tomarle de la cintura y besar esos labios jugosos, pero algo ha cambiado. Recuerda esa escena, una de sus vergonzosas y a la vez mas dulce vivencia pasada, pero ahora es distinta.
Naruto se sienta sobre el trasero de su hermano, pero el morenito no le tira de un salto después de hacerse cosquillas mutuamente... Sasuke se gira muy lentamente y le aferra por las caderas para que no se mueva de encima de su cuerpo. Naruto se inclina hacia delante; va a besarle... pero los dos le miran al mismo tiempo, a un milímetro de hacer contacto.
Quiere levantarse, no tiene por que ver esto,pero no puede ni pestañear. Sus ojos siguen clavados en la pareja al otro lado de la piscina sin que pueda hacer nada... y siente pena, rabia,mucha rabia... y celos.
La simple idea de estar celoso le provoca un jadeo de sorpresa... ¿Está celoso?¿Celoso?¿Él? ¿Celoso? ¿Pero de quien?
Sasuke no tiene derecho, no puede siquiera pensarlo, no puede atreverse a tocarle... ¡NARUTO ES SUYO!
La escena frente a él se vuelve borrosa, se descompone como cera caliente, descolgándose hasta el suelo para desaparecer sin más.
Sus ojos están cerrados, pero siente el agua alrededor y el otro cuerpo aferrado al suyo. Suspiros contenidos contra la oreja y el ruido que hacen las otras manos al ser sacadas del agua y deslizadas por su espalda. Cierra mas su abrazo en un intento por acercarle mas a su pecho, pero algo entre ellos, blandito y redondeado, le impide el gesto. No necesita abrir los ojos para saber donde está.
Es la piscina de su casa; es de noche.
La luna, apenas una linea curva en el cielo estrellado de la noche, ilumina tímidamente el patio.
Si abre los ojos se encontrará con la visión mas maravillosa de toda su existencia.
Por que ese preciso recuerdo, ese día, es lo que le ha mantenido cuerdo todo este tiempo... por que él también pensó un millón de veces en acabar con todo... pero siempre había alguien que le hacía desistir.
"Naruto merece que luches por él"
"No puedes hablar en serio, ¿También quieres que se ocupe de tu funeral?"
"Muy bonito, Uchiha. ¿Y que pasa con la niña?"
"Bueno dentro de lo malo, abandonar personas es algo que se te da bien, últimamente lo haces mucho, ¿No?"
Las voces de sus amigos se mezclan en una cacofonía sin ritmo a su alrededor...
Quiere hablar, responder sus acusaciones pero no puede, una cálida y traviesa lengüita se cuela entre sus labios al mismo tiempo que los muslos, de un Naruto embarazadísimo de mas de ocho meses, se aprietan contra sus caderas para mantenerse en el sitio, sumamente cómodo por la agradable sensación del librarse del peso por estar en el agua.
Ahora si, se atreve a mirar; con recelo.
Corresponde el beso, tranquilo y a la vez demandante y ve perfectamente sin romper el contacto, su oreja, su mentón, esas marquitas en las mejillas que le vuelven loco, ese pelo dorado, brillante... todo en él es delicioso. Bebe sus jadeos y acaricia el dulce cuerpo con toda la delicadeza que puede, como si tuviera una docena de brazos en lugar de solo dos.
Sonríe. Nunca jamás podrá olvidar ese día, ese momento... la última vez que hicieron el amor.
De nuevo, como pasó antes en la piscina, algo es diferente.
Naruto se pega a él con cuidado, se queja de que va a entrarle agua en un suspirito travieso y une los dos cuerpos sin esperar la reacción del moreno.
Itachi jadea con la boca abierta... quiere eso, ese sentimiento, ese instante. Saberse amado, amar su vez... ver en Naruto su apoyo, su amigo, su confidente y amante entregado, ser lo mismo para él y un poco mas.
Si, justo eso es lo que quiere. Lo que desea con desesperación enfermiza.
– Te quiero, Naruto. – Musita en sus labios, seguro de que le está escuchando...
La respuesta del rubio es un nuevo gemido profundo y largo, erótico.
… Y ya sabe lo que pasa y como salir de ahí.
El Tsukuyomi de Madara... y si está en lo correcto, el Naruto que está ahí con él no es una ilusión de la técnica, es el real... al menos su consciencia.
– Naruto... te quiero. – repite de nuevo, pero el rubio parece no escucharle, concentrado en los vaivenes de sus caderas. Le agarra con fuerza de la cabeza y le obliga a mirarle.
No dice nada hasta que detiene sus movimientos; es entonces cuando repite de nuevo la misma frase.
Naruto le mantiene la mirada, largo rato, demasiado. Parece estar tratando de decir mil cosas y no decidirse por una en concreto con la que empezar.
– Dí la verdad. –Le suplica el moreno con la mirada.
– Lo siento. – Gime Naruto en respuesta.
– Solo dilo. – Insiste, dulce, acariciando su rostro y besando sus párpados y frente. – La verdad, dila.
Naruto suspira profundamente y le mira, largo rato. Trata de ver algo que no haya visto antes, algo inusual, pero no hay nada. Solo es Itachi, ni mas ni menos.
Y sonríe tristemente. Lo siente de verdad, por él, por todos, por todo. Hidan y Deidara van a echarle una buena bronca... en realidad todos sus amigos van a decirle algo.
– Yo también. – Murmura finalmente, en respuesta a la pregunta muda prendada en sus ojos.
– Tu también, ¿Qué?. – Le pica con una sonrisa sencilla en su rostro. – Tienes que decirlo con el corazón y … ya está.
– Nunca he dejado de hacerlo. – Responde alto y claro.
– Dilo, nunca has dejado de hacer, ¿Qué?...
– Quererte. – Dice por fin, tranquilo sosegado... la piscina ha desaparecido y ahora están donde empezó todo... en la zona de entrenamiento a las afueras de la aldea, frente al árbol hueco. – Nunca he dejado de hacerlo... quererte con toda mi alma. – Mira alrededor, sonriente. – Te quiero, Itachi... como siempre he hecho.
Y todo parece detenerse en ese instante. El aire quema en sus pulmones y les abrasa por dentro, como lava. Un millar de llamas negras les rodean, quemando el bosque a su alrededor y acercándose a ellos con rapidez. Naruto abraza a Itachi y lo aleja de las llamas pero ambos se dan cuenta de que es inútil, no se puede luchar contra eso... es el fin.
Y entonces un millar de plumas reemplazan a las llamas, rodeándoles y danzando a su alrededor, delicadas, livianas, preciosas.
Naruto corretea entre ellas riendo a carcajadas con la boca abierta, los brazos en cruz y dando vueltas y mas vueltas hasta que se marea y cae de culo en el suelo del bosque.
Itachi se sienta a su lado, sonriendo en su dirección. Contempla la belleza de las plumas cayendo a su alrededor.
El entorno se vuelve pesado y a los dos les asalta un terrible sueño.
Se dejan guiar por el, sumisos, cansados, sin nada mas que hacer que dormir.
Naruto se arrastra por el suelo arenoso casi dormido, hasta apoyarse en el pecho contrario, une sus manos y se abandona al sueño sin miedo.
El jutsu se rompe y vuelven a estar sobre la cama, en la cabañita de Madara y Deidara. Desnudos, abrazados, dormidos.
En paz.
OooOooOooOooOooO
Izuna sostiene su peso contra él, manteniéndole de pie junto a la cama. La sala de partos está lista y a la espera de la mamá y Tsunade, agarrando la cortina para mantenerla abierta, espera en el pasillo junto a Sakura.
Sasuke jadea por el dolor y se aferra a Izuna como puede, echando el peso de su cuerpo hacia delante y respirando a pequeños sorbitos, como le enseñaron en el cursillo de preparación... no sirve de nada, su atención no se aleja ni un poquito de la sensación brutal que le recorre hasta el último rincón de su cuerpo.
Al terminar la contracción respira hondo por la nariz y afloja su agarre despacio.
Se incorpora y le indica a su novio que está listo para ir.
– Bien, vamos despacito, aún no hay prisa. – Le agarra por la cintura y va caminando, un pasito corto cada vez, hasta el pasillo.
Sasuke gira la cabeza un momento, para un último vistazo a la habitación en la que ha pasado tantísimas horas y enfoca el pasillo, la puerta en la que la rubia le espera; menos mal que está cerca, a unos cinco metros en el mismo pasillo.
Acaricia su vientre y la mano de Izuna, que está ahí desde que ha levantado, siente sus dedos temblar sobre su barriga. El morenito atrae su cabeza hasta sus labios y le besa en la mejilla, para darle ánimos, cuando debería ser al revés.
Pero el tiempo de tener miedo se pasó hace un rato; ahora lo que mas necesita, por encima de todo es tranquilidad y coraje.
Entran en la sala, primero ellos dos y luego las mujeres. Tsunade espera que se acomode en la camilla y le indica a Izuna donde ponerse para no estorbar. A la cabeza de la mami, sosteniendo sus hombros, cerca muy cerca.
Coge un pequeño taburete y se sienta al pie de la camilla. Coloca los pies de Sasuke en los soportes correspondientes y le pide que ponga el culete en el borde.
Sakura tiene todo listo, instrumental, cunita, informes médicos, todo. Y si la cosa va mal, esta previsto cada detalle al milímetro para atenderle en el sitio si es necesario.
Los siguientes minutos se estiran en silencio, parece que nada va a pasar.
Izuna le llena la cara y el cuello de pequeños besitos, dulces y tranquilos, acariciando su hombro y cuello al mismo tiempo, susurrando palabras de aliento entre cada beso.
Sasuke sonríe. Se siente tranquilo, relajado, muy a gusto.
Tal y como le ha dicho Tsunade, la avisa justo cuando empieza a sentir presión.
La mujer pone su mano en la parte alta de la tripa, bajo el esternón de la mami y lanza su propio chakra dentro del cuerpo del morenito a la espera.
La presión va subiendo de intensidad hasta transformarse en dolor con todas las letras.
– Venga, ahora. – Le indica la potente voz de la médico. – Empuja Sasuke, con todas tus ganas.
Aprieta los dientes con fuerza, respirando entre ellos y se agarra con una mano al borde de la camilla y con la otra a la de Izuna, y lo hace. Emplea todo lo que puede en esa contracción hasta que deja de dolerle, pero aún así, sigue empujando durante un eterno y largo minuto hasta que la mujer le dice que pare.
Cae pesado hacia atrás, donde su chico le acuna dulcemente. El esfuerzo perla su frente de pequeñas gotas de sudor y su cabello de pega a ellas.
Izuna le felicita y anima sonriente, a lo que responde con una sonrisa, aunque no le sale todo lo sincera que le gustaría. Mira entre sus piernas a la mujer, que tantea con sus dedos y la ve coger gasas estériles de la bandeja metálica del material hospitalario.
– Lo has hecho muy bien Sasuke. – Dice sonriente la mujer con la mano en su muslo. – Respira profundamente y mantén el aire dentro mientras empujas en la siguiente. Lo sueltas despacito cuando no puedas aguantarlo mas dentro, pero no dejes de hacer fuerza, ¿Entendido?.
Otra espera, un par de minutos mas, y Sasuke hace exactamente lo que la médico le ha dicho.
Contiene un grito que lucha por salir entre los dientes, y suena como un largo gemido interno al mismo tiempo que se curva hacia delante, ayudado por Izuna, que le agarra por los hombros para empujar con él.
Sus brazos tiemblan por el esfuerzo de estar agarrados al borde de la camilla con fuerza, y sus rodillas, tensas y tirantes, vibran del mismo modo.
– Venga, venga, venga... un poquito mas... – Tsunade acerca las dos manos mientras habla infundiendo ánimos al morenito, hasta que suena un ruido de agua cayendo contra las blancas baldosas del suelo. – Vale, ya está, descansa... ya ha salido. – Sonríe medio agachada. – Madre mía, si que tenía prisa por salir... casi se me escapa.
Tsunade levanta un brazo y le enseña al bebé que ha agarrado de un muslito con una mano y le sostiene la cabeza con la otra.
Sakura se apresura a tomarlo y llevarle a la zona preparada con anterioridad. Coloca la niño en ella y toma un pequeño y fino tubo transparente de plástico flexible, y lo introduce con precisión por la naricita del niño, un agujero cada vez, sacando el líquido que pueda quedar dentro. Hace lo mismo con la boca.
– Vaya. – Dice la chica asombrada en tono cómico. – Tiene los ojos abiertos.
– ¿Por que no llora, Sakura?. – Pregunta Sasuke desde su posición. – ¿Está bien?
– Está perfectamente, tranquilo. No llora por que no tiene ganas de hacerlo, ¿Verdad que no, cosita linda? –El bebé se agita medio adormilado por el relajante que le han puesto a su madre, algo le ha llegado por el cordón antes de salir y está medio ido, pero perfectamente sano.
Le hace las pruebas correspondientes y anota todo en el historial. Lleva al pequeño a otra zona con rapidez y le limpia a conciencia, pinza el cordón y lo cura poniéndole una venda alrededor y le coloca un pañal. Le pone la pulserita con el código de la madre en el tobillo y le toma la huella del pie y la mano, antes de envolverlo en un saquito de sábana cálida y blanca.
Camina sonriente los pocos pasos que le separan de su compañero y deposita con cuidado al pequeño en el pecho de su madre, que sigue siendo atendido por Tsunade, poniendo sellos curativos en las zonas exactas.
Sasuke lo contempla con la vista borrosa por el cansancio y el efecto de los sellos en su cuerpo. Se siente pesado, aturdido... aún así consigue ver a su hijo claramente unos segundos.
– Feliz cumpleaños Taka. – le dice al pequeño besando su cabecita. Mira hacia arriba, a su papi, que está extrañamente quieto y en silencio.
Izuna besa los labios temblorosos de su chico cuando Sasuke le atrae hacia abajo al levantar un brazo y agarrar su nuca. El papi ha estado muy callado desde que el bebé ha salido y eso que no ha parado de hablar todo el rato.
– Si pudiera llorar ahora lo estaría haciendo. – Murmura en los labios de la cansada mami, que está aguantando el tipo sin dormirse por que quiere estar un poco mas con su chico y su pequeño. – Ya está, lo hemos logrado. – le acaricia la cara y apoya su frente en la de Sasuke. – Somos padres. ¿Te das cuenta?.
– Claro que sí, je je je. – Sasuke suelta una risita entre dientes, y toma la mano de Izuna para ponerla sobre el pequeño, apartando la sábana. – He tenido un montón de tiempo para asimilarlo... Míralo, papi...y...cógelo tu, que me estoy durmiendo... lo siento mucho Izuna, pero creo que ya no puedo aguantar mas despierto... creo que voy a …. – No llega a terminar la frase, por que el sueño le invade y hace que se quede en el aire.
Sakura que ha estado ahí todo el rato coge al pequeño del pecho de Sasuke, pero se da cuenta de que la mano de Izuna sigue sobre él y le ayuda a sostenerlo un momento, hasta que nota que el padre se hace cargo.
Izuna aparta la sabanita a ambos lados, dejando al pequeño solo con en pañal expuesto. Pasa sus dedos en una caricia dulce por toda su cabecita recorriendo orejas, mofletes, boquita y cuello. No tiene que memorizar nada de su pequeño, es idéntico a su madre. Aun así se sorprende de lo pequeñito que es...
Sigue explorando al recién nacido, su pechito, barriga vendada por el ombligo, las piernecitas encogidas y minúsculos pies, sus manitas cerradas en pequeños puñitos apretados.
Vuelve a taparlo y lo acerca a su boca para besarle la cabecita. Alarga la mano hasta el pelo de Sasuke y le acaricia.
– Gracias Sasuke, por regalarme esta experiencia, cuando despiertes hablaremos, lo prometo. – Se vuelve a la mujer antes de hablarle, pero con sus dedos en el pelo de su chico, y su hijo contra el pecho, con cuidado. – Tsunade sama. – La mujer deja un momento lo que está haciendo para prestarle atención. – Se que va contra las normas del hospital, pero ¿Puedo llevarlo a la sala de espera? Los padres de Sasuke están ahí y quiero que lo vean.. y seguro que Naruto kun, mi hermano... bueno la familia ya sabe...
– Claro, no hay problema Izuna san. – Le hace una seña a Sakura que acerca la cunita hasta el padre. – Sakura chan irá con usted, si no le importa. Llévelo en la cuna por los pasillos y … ¡Enhorabuena, Papi!... me ocuparé de Sasuke, y le avisaré cuando esté instalado en la habitación.
– Gracias por todo, de verdad. – Acerca de nuevo al pequeño para besarle la frente antes de ponerlo en la cuna que Sakura ha acercado hasta rozarle en los muslos.
La chica toma la tarjeta a los pies de la cuna y anota el nombre en letras grandes.
– Entonces... será Taka Uchiha, ¿No?. – Sakura coloca la tarjetita en su sitio y sujeta la puerta abierta para que puedan salir. Izuna asiente al nombre y sonríe orgulloso.
La sala de espera está tranquila cuando los tres llegan. Mikoto se levanta en un salto y contempla a su nieto con una sonrisa inmensa que llena su cara entera. Fugaku la sigue y en un instante todo el mundo está alrededor de la cunita, felicitando al padre y deshaciéndose en elogios para el recién nacido.
– Mi Sasuke... ¿Está bien?. – Izuna asiente tranquilo y la mujer suspira aliviada. – ¿Te han dicho cuando podemos verle?
– Cuando le suban a la habitación nos avisan. – Izuna se sienta en la silla de plástico de la sala de espera y acerca la cuna a él. – Pero no se preocupe, Tsunade sama está con él y no existe médico mejor en el mundo que ella.¿Y mi hermano?
– No ha venido. – Responde el abuelo del pequeño. – Naruto kun pasó por aquí hace unas horas, y se fue inmediatamente después de saludar. Los que estamos aquí llevamos todo el día.
Izuna se queda en silencio, pensando... las siguientes palabras las pronuncia seriamente.
– Le he pedido matrimonio a Sasuke. – Los amigos y compañeros que ahí esperan le felicitan y animan, pero los abuelos se limitan a mirarse entre sí. Es Mikoto la que habla con tono duro.
– No voy a permitirlo. – Contesta seria.
– No estoy pidiendo permiso, solo les informo que si me acepta nos casaremos, quieran o no.
– Pero Sasuke ya no tiene nada que ver con el clan, no sacarás nada con eso. – Fugaku suena igual de duro que su esposa.
– No lo hago por el clan, sinceramente, eso no puede importarme menos. Le quiero y considero que, hemos pasado el suficiente tiempo y vivencias juntos como para que, el hecho de convertirnos en un matrimonio con todas las de la ley, sea un hecho. – Mete la mano en la cuna y acaricia a su hijo por encima de la sábana. – Lo único que espero sacar es completamente egoísta. Que me entregue su vida para vivirla conmigo; puede que para ustedes no sea nada digno de mención, pero para mi es vital. Piensen lo que quieran, son libres de hacerlo, pero Sasuke es mayor de edad, y no depende de ustedes para nada.
Sakura aplaude a Izuna y sus compañeros ahí reunidos se unen a la chica en el aplauso.
Los abuelos se sonríen entre ellos y dirigen su mirada a la entrada de la sala de espera, donde Madara y Kisame acaban de hacer acto de presencia...
OooOooOooOooOooO
Uff, se que siempre digo esto, pero madre mía que capítulo. He sudado sangre como nunca, en serio.
Creo que sobran los comentarios , bueno quizá decir tres cosas importantes.
La primera, es que el siguiente cap es el último de esta saga. Considero que con todos los niños ya presentes se inicia una nueva etapa, y que hay que cerrar esta con un broche de oro.( casi todos los niños, se entiende... faltan unos cuantos, jejeej)
La segunda es que el fic no termina, sigue en la siguiente parte, que se titulará "Nunca mezcles trabajo y familia" y trataré de narrar las diferentes formas con las que las tres parejas afrontan sus maternidades, la vuelta al trabajo, a la vida normal, y obviamente para que no me matéis, la "reconquista" de Itachi y las "dudas" de Naruto... ( ¿O pensabais que iba a ponérselo fácil?)aclararé mas cosas en el siguiente cap.
Y tercero y no por ello menos importante: ¿Por qué no os veo en "Las crónicas de Tobi" ?... Voy a llorar, en serio... plisssss leerlooooo... buaaaahhhhh
Sin mas me despido, agradeciendo como siempre el apoyo.
Besitos y mordiskitos
Shiga san.
