Buenos Días, otro nuevo capítulo, mañana le subo otro, las cosas empiezan a aclararse, espero difruten, me encantan sus reviews, espero más, muchos saludos, como siempre aclaro, los personajes le pertencen a la maravillosa Suzanne Collins, y la historia es de Vallemar.

CAPITULO XXIX

SIN MIEDO A LA VERDAD

Volví a casa con Gale, lo reconozco, fui cobarde. No me podía imaginar mi vida sin ti, fuiste el amor más grande que he tenido y si había sido capaz de soportarlo todo este tiempo gracias a el amor que le tenía a Peeta, por el que sentía por ti, sería capaz de mucho más. Por otra parte, aunque Mags me apoyaba y era una amiga incondicional, me sentía sola en todo aquel asunto, desprotegida. Mis padres no me apoyarían si yo trataba de separarme de Gale, ellos creían ciegamente en él. Mi padre había demostrado que le quería casi tanto como a un hijo, el hijo que nunca había tenido. No me sentí capacitada para luchar en contra de él, esa es la verdad, cobarde y tonta, ahora lo sé, pero eso era lo que sentía, una falta de confianza enorme en mí, y un miedo terrible a aquel hombre. Tenía razón cuando me preguntó si yo me expondría a jugar con él su juego macabro. Yo no podía ni tan siquiera pensar en la más mínima posibilidad de que él tuviera alguna forma de apartarte de mí. Si existía una, tan solo una probabilidad entre un millón, entonces no me arriesgaría, y no lo hice.

Unos días más tarde de nuestro regreso a casa desde el hospital, tuvimos la sorpresa de la llegada de mis padres. Ya los esperaba, Mags les había avisado que el parto se había adelantado y según Gale, él mismo había puesto al tanto a mi padre de lo ocurrido. Podía verlo inquieto, estaba nervioso por su presencia, mi padre le intimidaba. Tu abuelo era un hombre de mucho carácter, solía ser dulce y amable, pero enérgico y duro al mismo tiempo. Ellos aún seguían enfadados conmigo, creían que yo había faltado a mi moral y a la moral de la familia. Por supuesto, al tener noticias de mi embarazo, creyeron que este pecado se había cometido con Gale y, a pesar de que lo había remediado casándome antes de que todos se dieran cuenta, ellos si lo sabían y habían tenido que lidiar con las preguntas de todos. En realidad el pecado era aún mayor de lo que sospechaban. Supongo que ahora los entiendo, aunque no comparta sus ideas de ese entonces, pero en ese momento, sólo podía sentir rabia al pensar, que ellos condenarían bruscamente lo que para mí, había sido el más puro de los amores.

Lo cierto es que no tardaron en darse cuenta de que las cosas no estaban muy bien entre Gale y yo, no había que ser muy listo para darse cuenta de ello. Las habitaciones separadas, acompañada de la más absurda explicación, el trato entre nosotros, que como entenderás no era el más cordial, y por supuesto tu nacimiento, que aunque sabían habías sido prematura, pero aquel brutal incidente, nacer con menos de siete meses de gestación, según sus cuentas, era bastante extraño, por decir lo menos. También estaba la extraña presencia de la señorita Cooper, que para malestar de Gale, se estaba poniendo verdaderamente pesada. Creo que él no podía hacer nada en contra de eso, pues ella sabía demasiadas cosas acerca de él y eso le daba poder, y no me refiero solamente a cosas personales, también a manejos de la empresa, y a pesar de que él la manejaba muy bien, pues la señorita Cooper al parecer estaba verdaderamente enamorada de Gale, ella sentía que tenía derecho a más. No sé cuánto más era su ambición, pero sí sé, que pasaba mucho tiempo con él, más de lo normal. Parecía que estaba empeñada en hacer un poco pública su relación y su dominio de la situación. Creo que deseaba que yo entendiera que ella era parte de la vida de Gale, y que además, él la necesitaba.

Una tarde calmada, de un día cualquiera de la semana, nos encontrábamos tomando el té, mi padre, mi madre, tú en tu carro de bebé, y yo. Gale no estaba, hacía poco se había marchado a la oficina y mi padre ese día, desacostumbradamente, no lo acompañó. Hablábamos de tonterías, ninguna conversación profunda, sólo trivialidades, pero mi padre, que miraba en ese momento por la ventana, de pronto y sin ningún motivo aparente, hizo una pregunta que desencadeno una verdadera tormenta.

- ¿Qué es lo que está pasando aquí?

Mi madre y yo nos miramos extrañadas, no sabíamos a que se refería.

- ¿A qué te refieres cariño?, -respondió ella-, ¿es qué acaso has visto algo extraño por la ventana?

- Por la ventana no, -decía mientras posaba sus ojos de forma inquisidora sobre los míos-, pero he visto muchas cosas extrañas en esta casa.

Yo bajé la cabeza, sabía a qué se refería y tenía que decidir sobre si seguir mintiendo, o decir la verdad.

- ¿No vas a contestar Katniss?, -él seguía mirándome, esperando una respuesta-, es a ti a quien pregunto.

- ¿Qué quieres que te responda? -Le dije yo por fin, sin miedo y como si él ya conociera por lo menos en parte la respuesta-. ¿Por qué no me preguntas directamente lo que quieres saber?

- Está bien…, si es lo que quieres, seré más directo, -su tono se volvió más severo, inquisidor-. ¿Por qué te casaste con Gale?

- ¿Es eso?, -le respondí decepcionada- tú lo sabes bien… -lo miré y me sonreí- porque esperaba a Primrose, -me quedé mirándolo fijamente a los ojos, sin temor, y restando importancia al hecho, volví a decirle- lamento muchísimo haberlos defraudado, pero no voy a pedir disculpas por mi hija. Las cosas pasaron así y ya no podemos hacer nada para cambiarlo.

- ¡Ya basta de mentiras Katniss!

Gritó con voz áspera y verdaderamente alterada. Yo lo miré asustada y nerviosa, no me sentí con fuerzas para seguirles mintiendo, pero no sabía que decir.

- ¡Contéstame!, -insistió él- quiero saber la verdad, no más mentiras.

Levanté la cara, suspiré hondo y solté una lágrima. Había llorado tanto por mi situación, que ahora todo había cambiado, una sola lágrima representaba las miles que habían brotado de mis ojos, y creo que él lo entendió, quizás el instinto de padre, no lo sé.

- Di la verdad hija, -me dijo ahora más dulce-, sea lo que sea, yo podré entenderlo y tu madre también, te lo prometo.

Lo miré desafiante, y con aplomo y serenidad, respondí por fin.

- ¿Estás seguro que estás preparado para escuchar la verdad?

- Sí. –Respondió sin titubear –.

- ¿Y tú mamá? -Pregunté mirándola a ella-. Porque sé que esto no te va a gustar.

Mi madre no respondió nada, bajó la cabeza, esquivando mi mirada, con temor de no poder encajar lo que estaba a punto de escuchar.

- Preparados o no, es el momento de hablar. -Dije decidida a aclararlo todo de una vez por todas-. Tienes razón papá, no soy feliz, no lo fui cuando me casé y tampoco lo seré nunca. Pero hubo un tiempo en que si no fui feliz, estuve muy cerca de serlo, porque conocí el amor, el más puro, sincero y absoluto amor, y no es Gale.

- ¿De qué estás hablando?, -gritó mi madre- ¡basta ya!, -dijo preocupada por lo que escuchaba, o más bien por lo que no quería escuchar- Gale es tu esposo, tú lo escogiste.

Me di cuenta de inmediato, ella siempre lo supo.

- ¿Lo sabías verdad?, -la miré buscando una respuesta en sus ojos-. ¡Sí, sí lo sabías, siempre lo supiste! -exclamé sorprendida de mi descubrimiento-.

- ¿Qué es lo que según tú sabia?, -dijo ella tratando de defenderse-, yo sólo sé, que tú quisiste casarte con Gale, y que ahora estas aquí con tu esposo y tu hija. -Trató de desviar el tema, yo diría que incluso trataba de persuadirme para que me callara-. No entiendo nada de esto, no sé a qué viene ese comentario. Pienso que deberías velar por tu familia, y no ir por ahí diciendo a la gente que no eres feliz, como a esa señora, Mags, que por cierto, creo que se toma atribuciones que no le corresponden. El otro día, me habló como si ella supiera más de ti que yo.

- ¡Mags sabe más de mí que tú!, -le afirmé contundentemente, sin dejar cabida para ninguna duda-, y es una persona maravillosa y excepcional. El asunto es ¿cuánto sabe más que tú?, -pregunté inquisidora e implacable- o replanteamos la pregunta… dime… ¿qué parte de la historia conoces?

- ¿Me estas interrogando?, -mi madre se movía de un lado a otro, acorralada por una situación, que sospecho hace tiempo la estaba ahogando-. No creo que sea correcto que me trates así, yo sigo siendo tu madre.

- Y yo estoy empezando a compadecerme a mi misma por ello, -hice una pausa- ¡basta ya mamá!, -le grité- dime de una vez lo que sabes y acabemos con esto.

Mi madre no decía nada, mientras yo la miraba esperando su respuesta.

- Está bien -le dije con la voz llena de rabia- yo te ayudaré, voy a preguntarte y tú responde a mis preguntas con honestidad, por favor.

Respiré hondo y comencé a preguntar.

- ¿Sabías que me veía con Peeta a escondidas de todos?

- ¿Qué? - dijo perturbada –.

- Respóndeme mamá ¿lo sabías?

Ella se tomó su tiempo, pero al fin respondió.

- Sí, -su respuesta fue contundente, en el tono altivo que le caracterizaba- lo sabía.

- ¿Desde cuándo lo sabías?

- Empecé a sospecharlo un poco antes de que se terminara el verano, pero tuve la certeza de ello después del matrimonio de Johanna.

- ¿Y no dijiste nada?

- No. Me callé, pensé que si me enfrentaba a ti sería peor. Esperé que entraras en razón, y lo hiciste, te casaste con quien debías. Ese hombre no te convenía y después de todo lo que ha pasado estarás de acuerdo conmigo.

- ¿Después de todo lo que ha pasado?, -le pregunté ya más calmada pero aún enérgica-, mamá, voy a preguntarte algo y necesito de verdad que seas muy sincera. ¿Qué tuviste que ver en todo lo que pasó?

- No entiendo tu pregunta, -me respondió ella verdaderamente confundida, aunque yo no le creí-, no se a que te refieres.

- ¡Vamos mamá, por favor, ya basta de tonterías! La familia de Peeta se vio envuelta en una terrible desgracia y un tremendo error, por mi culpa.

- ¿Por tu culpa?, -preguntó mi padre, que hasta ese momento sólo observaba y escuchaba. Su tono de voz era extraño, como si supiera todo, pero con una versión diferente-.

- Yo te lo explicaré papá, -miré a mi madre y luego volví a mirarlo a él-. Me enamoré, me enamoré de un hombre estupendo, integró, valiente, generoso, inteligente, y aquí viene lo mejor, él también me quería a mí, me quería con todo el alma. -Respiré hondo-. Era muy fuerte lo que sentíamos el uno por el otro, -miré a mi madre y con los ojos clavados en ella, terminé de decir-, pero yo le abandoné, le rompí el corazón, destruí su vida y con la de él la mía.

- ¿Cómo puedes decir eso?, -me respondió ella-, ese hombre no te quería, él estaba comprometido con otra mujer que hoy es su esposa, sólo estaba jugando contigo.

- No, -le grité- no es cierto.

- ¿Cómo que no?, -volvió a decir- todos saben que él estaba comprometido con Delly Snow desde hacía bastante tiempo, y ahora se han casado.

- Ya lo sé, pero él no la quiere, nunca la ha querido, -volví a gritarle- Delly lo obligó a estar con ella, y yo también lo obligué. Pensé que podría arreglar las cosas para que no tuviéramos que escondernos de nadie, pero lo arruiné todo. Ella lo mantenía a su lado bajo amenazas absurdas, y a pesar de que él me pidió incontables veces que dijéramos la verdad, yo insistí en que no era conveniente. Engañé a todo el mundo y lo obligué a él a hacerlo también. Luego las cosas se enredaron, tomaron otro color diferente al que yo quería, o mejor dicho, necesitaba que tomaran. Empecé a sospechar que intentarían separarnos, así que me entregué a él.

Hice una pausa para pensar bien en lo que estaba a punto de decir. Por fin, con voz decidida, lo dije…

- De mi entrega y la suya nació Primrose.

Mi madre ahogó un grito en llanto, como si lo imaginara pero no quería saber a ciencia cierta la verdad, y mi padre cerró los ojos, dejando ver claramente que aquello le producía gran dolor. Aunque me suscitaba una terrible desolación verlos así, al mismo tiempo sentía que me libraba de unas cadenas muy pesadas, así que continué.

- Por eso iba a escaparme con él, pero un día antes del que nos marcharíamos juntos, pasó lo de su padre.

Mi padre se dejó caer en la silla que estaba a su lado y mi madre cerró los ojos, como si con ello pudiera ignorar lo que se temía desde el principio de la conversación. No tardó mucho rato en reaccionar, con lágrimas en los ojos se acercó a mí y por segunda vez en su vida me dio una bofetada.

- Puedes pegarme todo lo que quieras mamá, -le grité indignada y sujetando la mejilla con mi mano-, incluso puedes odiarme si lo prefieres, pero nunca voy a arrepentirme de nada de lo que viví durante ese momento maravilloso de mi vida. No me avergüenzo de ello, y si pudiera volver atrás para cambiar algo, no sería eso precisamente lo que cambiaría.

- ¿Cómo te atreves?, -me gritó ella-, eres una desvergonzada y has engañado al pobre Gale, por eso esta situación tan extraña entre vosotros.

- ¿Cuánto sabe Gale de todo esto?

Preguntó mi padre, quien se había quedado sumido desde hacía un rato en sus pensamientos. Parecía morirse de dolor, sé que no esperaba eso de mí, pero en ese momento estaba segura que lo que más le dolió, fue que engañará a su pupilo, pues en medio de lo revelador que había sido todo, parecía que sólo podía preocuparse por él, por el hombre que él creía honrado y honesto, a quien había enseñado como a un hijo todo lo que sabía. Siempre supe que mi padre apreciaba realmente a Gale, no sabía cómo decirle, que él no era el hombre que creía conocer.

- Yo no he engañado a Gale, él lo sabe todo, -respondí a su pregunta- sabe que yo amo a Peeta y sabe qué Primrose no es su hija, lo supo antes de proponerme que me casara con él, y a pesar de mi negativa, él insistió.

- ¿Así que se ha sacrificado por ti, por el honor de esta familia? –Indagó, como si me preguntara si era eso lo que yo creía.

Me reí con ironía.

- Papá por favor, qué ingenuo eres.

Miré a mi madre, quizás buscando su apoyo, pero no pude ver nada en sus ojos que me mostraran algo de comprensión.

- ¿Tú piensas lo mismo?

Ella no contestó nada, sin devolverme la mirada se colocó al lado de mi padre y tomó su mano. Yo sentí una punzada en el corazón, era mi propia madre quien me juzgaba tan duramente, ni siquiera su condición de mujer la hizo tratar de entender todo por lo que estaba pasando. ¿Por qué Mags sí podía y ella no? Al parecer, mi historia iba a terminar llevándonos a que Gale era un héroe, en fin, yo les había mentido tanto, ¿por qué iban a creerme ahora?

- Está bien, yo no puedo obligarlos a entenderme.

Dije ya derrotada y aceptando que todo era en vano. De qué serviría contarles cosas horribles que ya no podían resolverse, sólo para desilusionarlos más de lo que ya lo había hecho y seguramente para despertar nuevamente al monstruo que habitaba en Gale y que yo había aprendido a conocer muy bien y a temer aún más.

- Tampoco voy a pedir perdón, porque no creo que deba hacerlo -me levanté para marcharme-. Por mi parte, sólo me queda decir que están en su casa, y que trataré en la medida de lo posible, no incomodarlos con mi presencia.

Te tomé en brazos y me fui a mi habitación, en donde pasaría la mayor parte del tiempo, mientras mis padres estuvieron en casa.

Sé qué esperas que te diga que lloré mucho, y que sentía un profundo dolor por la situación que se había desencadenado, pero no fue así. Para mi propia sorpresa, en realidad me sentía aliviada de haber dicho la verdad, a pesar de que no escucharan el resto de la historia, pero eso ya no me importaba, no recaía sobre mis hombros el peso de esa culpa, porque no hay peor ciego que el que no quiere ver, ni peor sordo que el que no quiere escuchar. Yo sentía que no dependía de mi hacerlos entender que mi única culpa, fue no saber defender el amor que sentía por Peeta con más valor y coraje. El tiempo terminaría por darme la razón, estaba convencida de ello.

EN SU MENTE

Era de madrugada, cuando parpadeó, abriendo los ojos, se había dejado dormir durante un rato. La cabeza le daba vueltas, y estaba desorientado. De nuevo una enorme tristeza invadió su alma, para volver a atormentarlo. Había recordado por qué estaba ahí. Trató de echar mano a la botella para beber un sorbo, el Whisky se le había terminado. Se levantó del suelo y caminó tambaleándose hasta la puerta, la abrió una vez más y trató de llamar a Sae, pero era en vano, ella no respondía a su llamado. Todo estaba oscuro afuera, totalmente desolado. Intentó caminar por el pasillo y tropezó con un mueble, sintió un fuerte dolor en la espinilla.

- Maldita mujer, -dijo quejándose de Sae- nunca está cuándo se le necesita.

Se había acostumbrado a dar órdenes y de esa manera conseguir lo que quería. Era tan común que todos corrieran para complacer sus peticiones y caprichos, que ahora le resultaba impensable hacer nada por sí mismo.

- No me queda de otra, tendré que ir yo mismo por la botella, -pensó en voz alta-.

Siguió caminando por el pasillo, dando tumbos y tropezándose de vez en cuando con alguna otra cosa que encontraba en su camino. Por fin llegó a las escaleras, tuvo que sostenerse de la baranda para poder bajarlas, aún y así, por lo menos dos veces casi cae de bruces en el suelo. Entró en su despacho, el mismo que antes había sido de Don Andrew Everdeen, sacó una botella del carro bar y se dispuso a regresar a la habitación, pero justo antes de salir, se detuvo en la puerta. Tenía los ojos abiertos, desorbitados, y ahora parecía aterrado.

- ¿Tú también has venido a atormentarme?

Al parecer se había reencontrado con otro fantasma del pasado.

- No, no me mires así, no me mires por encima de tu hombro.

Encorvo el cuerpo y caminó hacía un rincón de la habitación, abrazando la botella, como si sintiera verdaderamente miedo por aquel fantasma nuevo que veía.

- No puedes culparme, tú me enseñaste, ¿recuerdas?, yo era tú pupilo.

Se cubrió el rostro con los brazos, como si temiera que alguien lo golpearía. Poco a poco volvió a bajarlos y entonces volvió a erguirse.

- ¿Por qué me odias?

Preguntó al vació.

- ¿Porque te superé?

Volvió a preguntar.

- Sí, es por eso.

Dijo con expresión de loco, afirmando con su cabeza y señalando con el dedo al fantasma que veía.

- Fui más listo que tú. -hizo una larga pausa, como pensando algo- Aunque por un momento pensé que todo había acabado, que tú me lo arrebatarías.

Caminó hacía el escritorio, ahora con el mismo orgullo con el que siempre lo hacía. Dejó la botella sobre él, se sentó en su sillón de cuero negro, juntó las manos delante de su pecho, se echó hacía tras, poniéndose cómodo y cruzó una pierna, en señal de autoridad.

- Cuando fuiste a Nueva York lo descubriste todo, ¿verdad?

Aguardo un instante, quizás esperando una respuesta.

- Empezaste a dudar de mí. Volviste a Panem y dejaste a Katniss conmigo, pero ya no estabas seguro de si hacías lo correcto. Comenzaste a investigarme, y armaste todo el rompecabezas. Desde que el Norte Americano me pegó aquel día, aquel famoso fin de año, algo te atormentaba. Preferiste confiar en mí, pero en el fondo sabías que él me había pegado por defender a Katniss.

Se levantó y comenzó a caminar hacía un cuadro al lado derecho de la habitación, que como es común, ocultaba una caja fuerte. Introdujo la combinación, la abrió y sacó de ella una carpeta con documentos dentro, volvió a su silla, y lanzó la carpeta sobre el escritorio.

- Indagaste todos mis manejos en la empresa. Astuto como eras, no podías permitir que yo lo supiera hasta que no pudieras hundirme totalmente. Me perseguiste, utilizaste todos los recursos que antes me habías enseñado. Presionaste, sobornaste, y amenazaste a mucha gente. Ejerciste tu poder, y utilizaste tú dinero. Tu hija no era consciente de quien era su padre, pero tú si sabías lo que tenías y también sabías muy bien cómo manejarlo. Lo lograste, me tenías totalmente en tus manos.

El volvió a coger la carpeta entre sus manos, la abrió, y fue pasando los documentos.

- Delitos federales, malversación de fondos, pruebas de soborno a agentes públicos del gobierno Norte Americano, adulterio e incluso pruebas de cómo lo había manipulado todo, para que el asunto del nacimiento de Primrose, pasara como un ajuste de cuenta de tus enemigos.

Cerró la carpeta y la volvió a dejar sobre la mesa.

- Creías que no se te escapaba nada, lamentaste haberme dado tanto poder y de haberme alentado para utilizarlo, tú me habías convertido en un tiburón, a tu imagen y semejanza, y ahora tenías que pescarme.