Historia adulta, si eres menor de edad ruego sea bajo tu responsabilidad.

Disclaimer: Los personajes que se mencionan a lo largo de la historia, son auditoria de Stephenie Meyer. El fic proviene de mi loca cabeza.

Si son mayores de edad no se les olvide ponerlo en su muro de Facebook para que cuando lo revise las pueda aceptar, las espero en el grupo:

www. facebook groups/ eraseunavez. dannysk (recuerden, sin espacios o en mi perfil pueden ir directamente al link)


Bella

—¿Qué James Gigadent, intentó qué? —gritó Mike, sus puños chocando contra el escritorio tan fuerte, que me hizo dar un respingo.

—Lo… lo siento —balbuceé nerviosa—. Sé que esto era importante para ti... —Mike me lanzó una incrédula mirada al tiempo que se ponía de pie, el traje destacando su rubio cabello, caminó hasta mí para luego ponerse en cuclillas hasta llegar a mi altura.

—Bella, diablos. ¿Estás bien? —preguntó mirándome de arriba abajo, mordí mi labio.

—Sí. —Después de algún par de semanas y terapia para mi pie, hoy me sentía mucho mejor, incluso, había conducido hasta aquí en mi propia motocicleta.

—Hay que proceder contra él… —esbocé una triste sonrisa.

—Ya lo denuncié. —Mike pareció respirar aliviado.

—Bien, eso es lo más importante. Y puedo saber ¿en dónde rayos estaba Eric, porqué te dejó sola?

—No lo sé… no te molestes con él, Mike, ninguno de los dos nos imaginamos que pudiera pasar… eso —susurré tratando en todo lo posible, no traer a mi mente los recuerdos. Él negó sujetando mis manos.

—Ahora dime, ¿por qué viniste a trabajar? —Abrí los ojos de par en par sin comprender—. No debiste haber venido así, Bella, esto no tiene sentido, estás lastimada ¿cómo se te ocurre que viajarás conmigo en este estado a Seattle?

Cerré los ojos. La realidad es que no podía estar sola en mi departamento. A penas unas semanas había pasado desde el accidente, y horribles pesadillas acudían a mí durante la noche. Tan horribles, que ya estaba hiperventilando con tan solo recordarlas.

—Por favor, Mike —supliqué apretando su mano.

—No, Bella ¿Por qué eres tan necia?

—Ya me conoces, necesito ocuparme, ¿sí?

—Sí ya te conozco, pero eso no significa que deje de asombrarme —aseguró poniéndose de pie—. Por hoy, descansa vete directa a tu casa antes de que me arrepienta. Esto es de locos, debería darte todo él mes.

—Gracias —sonreí poniéndome de pie y segundos después, disparada de la oficina. A veces Mike era un tanto sobre protector.

Subí en mi motocicleta y conduje un rato. No quería llegar a mi departamento, entonces recordé que debía hacer algo a lo que le había estado dando vueltas, contarle a Angela.

—¡Mierda!Isabella —chilló indignada—. Es que no lo puedo creer, voy a quemar a ese bastardo no solo en todas las secciones de la revista de mi madre, lo voy a quemar en la hoguera, dame su puta dirección, me va a conocer, te lo juro que me va a conocer. —Angie, luciendo un sencillo vestido color verde limón, se veía más amenazadora que él mismo Hulk.

—¡Angie, Angie por Dios! —exclamé sujetándola ya que me estaba estresando verla caminar de un lado a otro—. Cálmate.

—Estoy tan orgulloso de ti mi amor, eres tan fina cuando estás enojada, ¿Ves por qué no la hago enojar Bella?

Ben Cheney, la miraba con una sonrisa, era tan alto como lo recordaba. Su cabello con ese corte tan peculiar que le tapaba toda la frente. Sus ojos orientales y misteriosos, Angela se volteó hacia él y le lanzó una mirada envenenada.

—Mira como está. —Me apuntó—. Dime que no te dan ganas de ir a matar a ese cabrón.

—Yo haré el trabajo sucio, no tú —afirmó Ben.

—Angie, estoy bien —susurré tratando de calmarlos a ambos.

—No juegues conmigo, Bella, sabes que no estás bien —aseguró mi amiga, mirándome de arriba abajo—. Estás más delgada, ojerosa, tienes una mejilla morada muy mal pintada, por cierto —Un escalofrío me recorrió el cuerpo, mientras me ponía nerviosa—. No digas que estás bien… —Y así, sin más, comencé a temblar de arriba abajo al recordar el aliento a licor de James—. Bella, lo lamento tanto, Dios, mío. —Angie me abrazó fuerte trayéndome de vuelta a la realidad, incapaz de coordinar nada, sollocé mucho tiempo contra su hombro. Ben sabiamente, había desaparecido.

—Lamento no habértelo dicho antes —sollocé.

—No te puedo decir que lo entiendo, porque no es así.

—Estuve con Edward, y… Bueno ya sabes que con él, pierdo la noción del tiempo. —Angie me miró sonriendo levemente.

—¿Estuviste con él?, ¿qué fue lo que pasó?

—De hecho él me salvó —murmuré recordándolo de nuevo, como un hermoso ángel caminando hacia mí, mientras yo yacía desmadejada en el suelo.

— ¿Y dónde está ahora?

—Eso quisiera saber yo también. No me ha llamado en varias semanas, la angustia me está matando.

—Pues entonces, búscalo tú.

— ¿Tú crees que sea lo más conveniente? —pregunté mirando mis manos.

—Por supuesto —sonrió—, es tu turno de buscarlo, además no pasa nada… ¿Qué te parece si lo haces mañana? Tengo un vestido precioso, sé que te gustara…

Edward

—Hoy no estás aquí. —Dijo Quil, extendiéndome una mano.

—En realidad no —respondí con una mueca.

—¿Por qué mejor no descansas?

No.

No iba a descansar, así que en lugar de eso, le hablé a Demetri y fuimos directo al Times. Estuvimos en una sección VIP apartada. Los sofás eran lounge morados haciendo que todo se viera como… psicodélico. Demetri se estaba volviendo loco, había remodelado el antro incluso poniendo luces en colores violeta y verde limón, el humo confundía el sensual baile de las personas, la música retumbaba en cada rincón haciendo incluso vibrar mi cuerpo.

—¿Y cómo vas con porcelana? —preguntó Demetri observando la bebida azul que tenía en las manos. Desvié la mirada, no quería hablar de eso—. ¡¿Qué cómo vas con porcelana?! —gritó.

—Cállate, imbécil. Ya te escuché —siseé.

—Entonces ¿por qué no respondes?

—Porque no quiero hablar de eso.

—Ah… —Dio un sorbo a su bebida—. Bueno, es que pensé que estaban bien, en el restaurante se veían felices y todo eso…

—No me ha llamado —confesé tomando todo el martini de mi copa—. Y yo no pienso hacerlo.

—¿Qué ella no te ha llamado? —Elevó una ceja mirándome—. ¿Estás esperando a que te llame? Que marica. —Soltó una carcajada, yo pedí otro trago—. Eres tan absurdo, Edward, ¿qué? ¿No quieres que te mande flores y una caja de chocolates también? ¿Qué vaya por ti al salir del trabajo?

—Basta —gruñí frustrado.

—¿Entonces de qué se trata esto?

—Se trata de que quedó en llamarme, estoy harto de buscarla. —Pasé una mano por mi cabello.

—La has buscado todo el puto año, ¿qué más da que la busques otra vez?

—Esta vez no.

—¿Se les ofrece algo más? —interrumpió una mesera, Demetri se giró hacia ella para pedir algo más pero de pronto, se quedó boquiabierto.

Seguí el transcurso de su mirada, la chica que nos atendía, era preciosa, su cabello del color del oro caía por enfrente de sus delgados hombros, sus ojos azules nos miraban divertidos, su boca era pequeña y delgada.

—Yo… —balbuceó Demetri—Quiero otro Gin tonic.

—Enseguida —canturreó con una sonrisa antes de irse, mi amigo la siguió con la mirada hasta que desapareció entre las personas, y luego, su atención estaba volcada de nuevo sobre mí.

—Edward, quizás desaparezca un rato… Solo te recomiendo que te dejes de mariconadas y le llames. —Se puso de pie—. ¿Escuchaste?

Bella

Estaba nerviosa y feliz, de esas raras veces que puedes tener ese sentimiento. Bueno, por lo general siempre estoy nerviosa y… nerviosa.

Pero no hoy.

Mientras caminaba al lado de Mike, pude ver mi reflejo en los grandes espejos de la empresa Cullen, mi vestido blanco, ondeaba con el viento enmarcando mis caderas, al principio no había querido ponérmelo, prefería vaqueros o pantalones de vestir. Todavía me sentía… extraña y expuesta, pero Angela me había animado a ir superando mis traumas en esta semana… casi la tercera sin saber de Edward.

El abrigo me cubría la mayoría de los golpes que James me había hecho, y las zapatillas de piso me ayudaban con el dolor en el pie. Sonriendo apreté el portafolio contra mi pecho mientras el viento jugaba con mi cabello. Quizás a Edward, no le daría gusto verme al lado de Mike… bueno pensar que quizás no, sería engañarme. Estaba segura de que lo odiaba, de que odiaría a cualquier hombre que estuviera cerca de mí, pero era lo último que quería pensar el día de hoy, tan solo quería verlo.

Necesitaba verlo, era la palabra correcta, no había tenido el valor de venir a buscarlo, pero ahora… simplemente ya no podía esperar más. Caminamos por aquellos largos pasillos testigos de mi breve amor con Edward, y sentí las piernas débiles cuando Mike abrió la enorme puerta caoba frente a nosotros. La oficina seguía igual, rodeada de una hilera de bambús así como la enorme ventana desde donde se podía ver todo Nueva York. Mordí mi labio reprimiendo un suspiro mientras los recuerdos me embargaban, finalmente miré hacia enfrente.

Un hombre, de más de 1.90 de traje negro, estaba frente al escritorio dándonos la espalda, y cuando Mike se adelantó para saludarle, él se giró y la sorpresa invadió mi rostro.

—Emmett. Mike extendió la mano estrechándola con él.

—Newton, que gusto me da verte de nuevo… —frunció el ceño al verme.

—¿Qué haces acá? ¿Dónde dejaste a tu hermanito? —preguntó mi jefe, en su voz el ligero tono de sarcasmo, que empleaba cuando se refería a Edward. No sabría si lo odiaba, pero de que le caía mal, era un hecho, simplemente no podía disimularlo.

—Eso mismo quisiera saber yo. Sus ojos azules se dirigieron a mí y no fueron amables en lo absoluto, sino más bien como un reproche en toda la extensión, Mike, sin embargo lo mal interpreto.

—Oh, disculpa Emmett, te presento a mi asistente, Isabella Swan.

—Ya nos conocemos —murmuró escuetamente—. Parece que a Isabella, le convenció más tu empresa. De nuevo ese tono que uso en su voz, y su forma cortante al tratarme. De aquél chico fortachón de hoyuelos lindos no quedaba mucho. Si estaba nerviosa, ahora estaba nerviosa y asustada.

—Sí, Mike susurré, balbuceé, bueno intente hablar—. Ya conocía a Emmett.

Después de eso, ambos hombres estuvieron firmando papeles y en la mayor brevedad posible, salimos de la oficina, yo seguí a Mike con la vista clavada al suelo, me sentía destrozada. Fugazmente pude ver que no estaba Victoria por ningún lado, nadie me diría donde estaba Edward, era algo que no podía seguir eludiendo. Realmente necesitaba saber de él por lo que me detuve en seco.

—¿Qué ocurre, Bella? — Preguntó Mike mirándome a través de sus brillantes ojos azules.

—Tengo que preguntarle algo a Emmett. No me tardo. —Sin darle oportunidad a nada me devolví a su oficina.

Esto era de locos, me estaba volviendo una suicida. No sabría que loca se había apoderado de mi cuerpo, pero necesitaba respuestas. No me importaban las miradas asesinas que me había lanzado, Emmett, estaba harta de la incertidumbre, irrumpí sin tocar en la oficina. Él se asustó, lanzando sus papeles a todos lados y al ver el desastre, se sonrojó. Sí, aquella enorme masa de músculos se había asustado y luego sonrojado.

—¡Diablos, Bella! podrías haber tocado al menos —espetó aún alterado mientras recogía avergonzado el desorden.

—Lo siento…

—No, diablos. Disculpa es que, este lugar me pone de nervios, todo es tan serio y tan… ejecutivo, maldito Edward, se supone que él debería estar acá.

—Emmett… yo… hablando de él, quiero verlo —murmuré, los ojos de Emmett se estrecharon al verme—. Quería saber si tú pudieras decirme… si está en su residencia, o si aún sigue en las Vegas...

—¿No escuchaste que ni yo lo sé? —respondió mientras ponía todos los papeles en el escritorio, luego suspiró sacudiendo la cabeza—. Siento que esto sea así, de verdad pero te quiero pedir que dejes a mi hermano ya Bella, por favor —susurró, abrí los ojos sorprendida.

—Pero es que yo…

—Ahora comprendo todo, por tu culpa ha dejado a su casi futura esposa. —Tragué duramente—. Ya son suficientes meses desde que mi hermano vive en esta situación, creo que ya ha llegado al límite. —Sus palabras me llegaron como un golpe al estómago, lo miré confundida.

—No lo entendiendo — susurré.

—No. Claramente veo que no lo entiendes, no lo justifico, ya está bastante grandecito y todavía me asombran sus relaciones tormentosas. —Caminó un paso más cerca de mí, estuve tentada a retroceder pero no lo hice—. Creo que ha estado bebiendo, y por eso no vino, otra vez la historia se repite. —La voz de Emmett estaba ligeramente más alta de lo normal, si cualquiera hubiera visto esta escena, creería que un guarda espaldas me estaba echando de la oficina del director.

—Lamento todo esto, sé que en parte es mi culpa y no sabes cuánto lo siento, pero no voy a correr más. —Lo miré fijamente—. Te soy sincera cuando te digo que quiero verlo, quiero que sea él, quien me pida que salga de su vida, hasta entonces haré lo que pueda por recuperarlo.

—Pues que tengas suerte —murmuró caminando hacia la ventana, en su clara versión de "no tengo nada más que decir"

Dando la media vuelta el mundo se desplomaba a mis pies. Quizás había mal interpretado todo, quizás no vi en sus ojos la verdad, y solo vi lo que quise ver. No me amaba. Ya no lo hacía.

—Angie, él… no vino a trabajar —susurré.

¿Y eso?

—No lo sé, pero su hermano se niega a darme información, me ha tratado… quizás me lo merezco…

No, no empieces Bells voy por ti, tienes que buscarlo no puedes solo darte por vencida… —En ese momento, lamenté haber seguido el consejo de mi amiga, primero de buscarlo. Después de haber tomado un taxi para poder lucir un espectacular vestido blanco.

—No hace falta, Angie —La interrumpí—. Ya voy rumbo a mi departamento.

Colgué la llamada, no quería escuchar más, solo quería irme lejos, llorar mucho. Ese tipo de llanto que no quieres que nadie presencie, que solo es para uno mismo…

—¿Bella? —Apreté los ojos fuertemente. Grandioso—. Bella, detente. —Sin más remedio, di la vuelta, sorprendiéndome al encontrarlo más cerca de lo que pensaba, me estrellé contra su pecho y por poco me caigo hacia atrás.

Jake me miró con el ceño fruncido: —¿Por qué no te detenías?

—Oh, Jake —gimoteé sin poder contenerme.

—¿Qué ocurre? —preguntó alarmado—. ¿Estás bien?

Con mis tontos balbuceos, no me pude explicar. Decidió no preguntarme nada, y cuando estuve más calmada me subí con él a la motocicleta, minutos después suspiré cuando nos detuvimos en su departamento. A estas alturas no quería ni siquiera alegar que hacíamos aquí, tan solo quería olvidarme de todo.

—¿Estás mejor? —inquirió dándome una vaporosa taza de café, asentí.

—Un poco.

—Bien, porque es tiempo de que me cuentes, cómo te hiciste ese golpe en la cara. —Automáticamente me llevé una mano a la mejilla, en algunas partes de mi cuerpo, los hematomas eran ya casi nulos, pero aún seguían ahí.

—Yo… ah…

Decir que la reacción que Angela tuvo, cuando le conté de mi ataque, fue exagerada, se quedaba corta con la que tuvo Jacob. Cerré los ojos al ver volar el pequeño florero en su departamento, tan solo escuché el sonido del frágil material estrellándose contra la pared.

—¡Lo voy a matar, Isabella! —bramó respirando como un toro furioso—. Te lo juro, lo voy a matar.

—Jake por favor… —susurré entre lágrimas.

Edward

—Señor Cullen, tiene visitas. —Clare el ama de llaves, anunció tímidamente a través de la puerta.

Detuve abruptamente la melodía que estaba tocando, mi corazón saltando dentro de mi pecho, quizás por fin era ella… abrí la puerta tratando de controlar el ligero y ridículo temblor en mis dedos, pero lo que vi me dejó con la boca abierta.

—Hola, hola guapo —suspiré pasándome una mano por el cabello.

— ¿Qué tal, Jess? —La miré de arriba abajo. El escotado vestido negro, enmarcaba todas y cada una de sus curvas—. Te ves de maravilla.

—Así me siento Ed. —Sonriendo, dio una vuelta para que apreciara mejor su vestimenta —. Si no fuera por tus cuidados, jamás me hubiera podido subir en estos tacones. —Levantó un pie hacia arriba sonriendo y me encontré sonriéndole devuelta como un imbécil—. ¿Sabes cuánto batallé para encontrarte? Alec no dejaba pasar a nadie.

—Quería descansar.

—¿Descansar o aislarte? —suspiré.

—Un poco de ambas.

—Voy al cementerio, ¿quieres acompañarme?

—Claro, yo… deja me pongo zapatos. —Así lo hice y un par de minutos después me encontré con ella en la estancia.

—¿Vamos en mi auto? — Tomó de mi mano.

—¿Dónde está tu auto? —pregunté extrañado.

—A fuera… me apetecía caminar.

Salimos de la residencia e inmediatamente, me sentí observado. Mierda. Suspiré al ver a un reportero del otro lado de la cera, escondido entre los vehículos, Jess también lo vio y se aferró de mi brazo, quise retirar su brazo del mío no quería que nos fotografiaran. Así que delicadamente separé sus dedos de mi brazo.

—Es que me dan miedo los escalones, no me sueltes —pidió aferrándose.

Subimos a su auto y ella condujo. El cementerio lucía muy desierto, quizás por la hora. El cálido viento otoñal golpeaba nuestro rostro mientras caminábamos a la lápida.

Una vez a la semana, íbamos sin falta al cementerio, habíamos mandado hacer una pequeña tumba con el nombre de nuestro bebé: Edward Cullen Stanley. Al principio había sido muy doloroso, la primera vez que fuimos, Jessica iba en silla de ruedas y al verla se había desmayado. Con el tiempo controlaba sus emociones frente a la fría lápida, pero honestamente nunca lo iba a superar.

De ninguna manera podía venir sola, y si en algo estábamos de acuerdo, era en que compartíamos este inmenso dolor, aunque yo lo hiciera en silencio. Se trataba del pequeño e inocente ser, que no había nacido por culpa de ambos, me sentía tan culpable y miserable. Nunca lo olvidaría, el recuerdo de mi bebé me acompañaría eternamente. Sabía que Jessica se sentía igual o incluso, peor.

—A estas alturas quizás ya estaría dando sus primeros pasos —comentó Jess, deslizando con suavidad los dedos sobre el nombre tallado en mármol negro. Cerré los ojos imaginando un niño pequeño, estirando sus bracitos hacia mí.

—Lo sé.

Jess lloró silenciosamente, estuvo murmurando cosas y al final hizo una pequeña oración. Yo también la hice mentalmente.

—Lo quiero Edward, quiero a mi bebé ¿por qué tuvo que pasar?

—Cálmate, Jess —susurré acariciando su espalda. Nos quedamos en silencio durante un tiempo, hasta que finalmente se calmó.

—¿Ya comiste? —preguntó mientras conducía, sus ojos estaban ligeramente enrojecidos. Negué con la cabeza—. Entonces comamos algo.

La tarde se me hizo curiosamente rápida, fuimos a comer y Jess me contó sobre su nuevo departamento, me dijo que buscaría entrar a las filas de la empresa de su madre: Stanley Co. Era una empresa bastante reconocida. Al finalizar el día, me invitó a su nuevo departamento, accedí solamente si íbamos por mi auto.

—Pasa por favor, quiero que veas la estancia. Emmett, comentó que quizás… Alice quisiera ayudarme a decorarlo.

Si supieras que Alice te detesta, pensé antes de suspirar compadeciendo un poco a Jess ¿Por qué mi hermanita consentida la odiaba de esa manera?

.

.

—Hola desaparecido, ¿todo bien?

—Hola duende, si todo bien y ¿tu?

Un poco intrigada, papá piensa que estás distinto, ¿ocurrió algo que cómo es tú costumbre no me hayas dicho?

—No me ocurrió nada —espeté pellizcando el puente de mi nariz—. Son un poco exagerados, ¿no crees?

No es que seamos exagerados es que lo que sé, lo sé por las revistas no por ti. Mamá ha estado angustiada, Emmett está todo el tiempo alterado, sabes bien que no le gusta hacerse cargo de la empresa, Rosalie tuvo que mudarse con él y papá piensa ir ayudarle. ¿Por qué has estado faltando?

—Lo lamento… te juro que ya me pondré al corriente. Solo necesitaba unas vacaciones.

Lo único bueno es que ya no estas con zorra Stanley.

—Alice… no te expreses así…

Es la verdad, no sé qué diablos hacías ahí. Ella ha estado llamando a Emmett...

.

.

Jessica carraspeó mirándome fijamente, sacudí la cabeza volviendo al presente.

—¿Emmett? —pregunté.

—Sí, él y Rose estuvieron aquí. —Se encogió de hombros. Diablos, había olvidado que además ellos eran amigos.

—Ok, pero seré breve, mañana tengo cosas que hacer. —Ella asintió y tomó mi mano, guiándome adentro.

La estancia era enorme, el piso de madera oscura y apenas tenía unos pocos muebles, Jessica se adelantó hacia la cocina y pude ver como tenía un gran bar lleno de todo tipo de botellas.

—Y decías que yo era el alcohólico —murmuré mientras me acercaba a ella, Jessica se soltó riendo.

—Creo que todo se pega, toma. —Extendió un vaso de whiskey—. Compré esta botella, exclusivamente para nosotros, brindemos por mi nuevo departamento.

—Salud. —Chocamos nuestras copas.

Estuvimos platicando sobre un sofá que tenía fuera en una terraza, no pude evitar reírme de que tuviera un sofá en la terraza, dijo que por eso mismo necesitaba de mi hermana, para que la ayudara a decorar. El cielo estaba imposiblemente despejado la noche de hoy, las estrellas brillaban en todo su esplendor, y curiosamente para ser otoño, el viento era tibio y reconfortante.

Jessica se recostó en mi hombro y siguió platicando mientras bebíamos, contándome todo lo que le había costado convencer a su madre de que podía vivir sola. Me sentí mal de que nadie creyera que podría hacerlo sola por su accidente, e inconscientemente estaba acariciando su cabello para infundirle confianza, ella levantó su rostro y sus ojos azules me miraron felices.

Mierda. ¿Por qué no podía ser así de fácil mi relación con Isabella? ¿Por qué no me había llamado durante todo este puto tiempo? Jessica sujetó mi rostro, elevó un poco la cabeza y sus labios encontraron los míos, lentamente enredó los dedos en mi cabello. Así que aquí estaba de nuevo, probando este familiar sabor al que volvía… como siempre. Pero esta vez era diferente, sus manos en mi cabello no se sentían bien. Ese gesto, ese sencillo gesto, me recordó que a quien quería besar era a ella, que era ella la que quería en mis brazos.

A veces es bueno cerrar el pasado para comenzar un futuro.

Alice. Sus palabras me golpearon mentalmente. Alguna vez me las había dicho mientras platicábamos. Cerrar el pasado no era tan fácil, pero necesitaba empezar a intentarlo.

—Lo lamento, Jess, no puedo —susurré entre sus labios, impidiendo que el beso siguiera y tratando de no ser muy grosero me puse de pie. Ella frunció el ceño pero no dijo nada, caminé a la estancia donde tomé las llaves de mi auto—. No sigas bebiendo, sabes mejor que nadie el daño que esto nos ha hecho, no me obligues a dudar de ti.

Escuché un suspiro por respuesta, y esperaba en el alma que de verdad no siguiera bebiendo.

—Volveremos a estar juntos, Edward, solo es cuestión de tiempo para que te des cuenta —murmuró con una voz extraña, y más extraño me sentí yo que me estremecí.

Bella

Isabella Swan, después de… ¿Cuánto? ¿Casi nueve meses? ¿Y solo me hablas preguntándome por el Director General de Cullen? No tienes vergüenza, ¡estoy bien gracias por preguntar! —Se escuchó un largo suspiro—. Espero que esta vez hagas lo correcto, ustedes dos no tienen remedio… solo tráelo de vuelta, nena. Nada es lo mismo por acá…

Nunca me había sentido tan feliz al escuchar algún mensaje en mi contestadora como hoy. Victoria, me había confirmado la dirección de Edward y pensaba ir a buscarlo a su casa, no quería detenerme a pensar la cara que pondría al verme. Necesitaba que me dijera si íbamos a jugar a las escondidas, o de verdad quería algo más en serio.

—Entonces —Jake suspiró—, tu motocicleta está bien, solo le faltaba un poco de aceite. —Me recorrió de arriba abajo con la mirada—. Se me olvidaba lo increíblemente sexy que te ves en esta motocicleta. —Subió lentamente la cremallera de mi cazadora.

—Basta. —Le pedí separándome un poco e inevitablemente me sonrojé. Fue inútil, me tenía entre la jaula de sus fuertes brazos.

—Si hubiera sido más listo, te habría pedido unos favores a cambio de reparar la motocicleta.

—¿Q-Qué favores? —balbuceé nerviosa, sus ojos bailaban oscuros.

Quizás debía de pagarle, aunque él al principio había dicho que era gratis, quizás necesitaba el dinero. Yo no tenía mucho dinero, puesto que Renée de nuevo había dado un golpe duro a mis ahorros, y apenas me quedaba lo suficiente para el cheque que había hecho para pagar el dinero a Edward.

—No sé, algo como: que volvieras conmigo, que me besarás… ya sabes, cosas sin importancia. —Se encogió de hombros.

—No digas esas cosas, por favor. —Sabía que le seguía gustando, pero tenía la esperanza de que con el tiempo desistiera. Cosa que al parecer no había pasado.

—Bueno ya. Tú tienes la culpa por ponerte esos vaqueros ajustados y esa cazadora. No sé a dónde rayos vas, pero de regreso prometiste que iríamos a Forks, ¿sigo contando con eso?

—No lo sé, necesito hablar con Mike… por lo pronto mañana salgo a Seattle temprano, ahora, antes de que se me haga más tarde… nos vemos.

—Espero tu llamada, Bells, quiero ver a mi papá y sé que les daría mucho gusto verte —asentí sonriendo, también quería ver a mis ex suegros.

Edward

Por la mañana me desperté desorientado, no reconocía las cortinas azul pálido, ni mucho menos el sillón verde en el que me encontraba… Quizás aún seguía borracho y había acabado en la aldea de algún duende…

—Vaya, definitivamente que buena fiesta te pegaste anoche —canturreó Demetri desde algún lugar.

—Lo… lamento. —Me enderecé tocando mis sienes con las dos manos—. ¿Cómo llegué aquí? —Demetri me observaba con gesto divertido, su cabello castaño estaba hecho un nido sobre su cabeza.

—Pues te cargué. —Sonrió ofreciéndome lo que parecía un té, olía horrendo. Lo miré frunciendo el ceño.

—¿Ahora quieres envenenarme?

—Es una receta de mi abuela. —Extendió el veneno hacia mí.

—¿Tu abuela bebía?

—No lo sé, siempre que me dolía la cabeza me lo daba —se encogió de hombros—. Ahora, tó-ma-te-lo —exigió, rodando los ojos, tuve que tragarme eso que no se veía nada bien—. Por cierto, habló Emmett, creo que Lauren está en la oficina. Eres un estúpido lo sabes ¿verdad?

—¡Mierda! —grité levantándome de un golpe.

—Félix fue ayudarlo, sabes que es muy importante firmar el contrato con ella —asentí preocupado—. Al menos tenemos que agradecer que tu hermano no es descuidado.

—Sí… Emmett, me matara. Será mejor que me vaya. —Demetri asintió.

Mi celular sonó haciendo que mi cerebro quisiera estallar en mil pedazos, iba a lanzarlo cuando vi el número. Puta mierda, esta mañana se iba poniendo cada vez peor.

—¿Emmett?

Hermano, ¿en dónde estás? La señorita Mallory ya está aquí. —Dijo angustiado y se escuchó como si saliera de la oficina—. Me está poniendo de los nervios, no deja de preguntar por ti.

—Lo siento, Emmett… ya va para allá Félix él te ayudara.

Edward pero tú eres el director…

—Solo muéstraselo, te prometo presentarme mañana, arreglaré lo necesario, ya hice las clausulas, todo está en orden… y dile a Lauren que la llevaré a comer luego.

Hum. Bueno… —Emmett se quedó callado hasta que finalmente suspiró—. ¿No serán problemas con Isabella verdad? —Me tensé inmediatamente.

—¿A qué te refieres? —pregunté intrigado.

¿No la has buscado?

— Ya te dije que no pienso buscarla —gruñí.

¿Y, Jess?

—Ella sí me ha buscado, han estado hablando ¿verdad?

Ehh… bueno yo… —titubeó—. Es que se ve tan desolada… ella te ama, ¿de cuantas formas tiene que demostrártelo? A veces me arrepiento de haberlos presentado.

—No puedes cambiar eso, ya supéralo.

—Bueno ¿y porque terminaste el compromiso si no es por Isabella?

—Lo terminé porque me di cuenta de que ya no la amó, lo sabes. —Revolví mi cabello.

Estás encaprichado con esa niña Isabella, pero a veces lo que amas no es lo mejor para ti, no porque tú la ames significa que eso sea lo mejor, cuando verdaderamente amas a alguien no lo lastimas. —Diablos, odiaba cuando mi hermano empezaba con sus consejos.

—Emm, de verdad hoy me siento mal…

Sí, sí ya sé que odias que te diga esto solo… recuérdalo, que te mejores.

—Gracias. —Dije entrando finalmente a mi residencia.

Colgamos y al instante me sentí fatal por dos cosas primero; jamás le había mentido a mi hermano, él era mi mejor amigo, nunca teníamos secretos y había ido a ayudarme con la compañía. Había dejado a Rosalie en Miami, había sacrificado su tiempo y a su novia por mí.

Segundo; él sabía de mis problemas con Isabella y ya no sabía si era buena idea haberle contado, porque desde aquel día, tocaba el tema de "Isabella" como si habláramos de la enfermedad de la peste. Caminé sin rumbo por mi departamento y llegué al baño, miré mi reflejo en el espejo y no me reconocí: cara demacrada, mi cabello imposiblemente revuelto, la barba ligeramente crecida.

En solo tres semanas me había ido al precipicio, todo por culpa de… No, ¡no! Frustrado, di un fuerte puñetazo contra el espejo, cortándome como un grandísimo idiota. La sangre corrió por mi mano, haciendo todo más escandaloso de lo que en realidad era. Abrí la llave del agua dejando que corriera sobre mi mano. Decidí mejor ducharme con agua helada, esperando que así se me pasara la resaca, y la estúpida hemorragia parara de una vez por todas.

La sangre no se detuvo por lo que tuve que buscar un vendaje y vaciarme suficiente alcohol en la herida. Maldición, necesitaba una dosis de ejercicio con Quil, porque en vez de estarme desahogando con el ejercicio, lo hacía con el alcohol y eso no estaba funcionando. Me cambié y me anduve descalzo por la casa, abrí la nevera de nuevo no tenía mucho que desayunar… apenas iba a protestar cuando escuché que llamaban a la puerta.

Bella

No es tan malo, solo toca y ya.

Tomé un largo respiro, apagué la motocicleta. Me alisé la ropa como si tuviera arrugas, me quité el caso tratando de acomodar mi cabello, y finalmente me dirigí hacia Alec.

— ¿Señorita Swan?

—Hola Alec. —Aclaré mi garganta—. ¿Se encuentra Edward? —Él joven suspiró mirándome detenidamente, me ruboricé ante su mirada hasta hacerlo suspirar.

—No ha querido ver a nadie, tiene días sin salir.

—¿Crees que se rehusé a verme?

—Estoy seguro.

—Hum —balbuceé nerviosa.

—Creo que… podemos hacer una excepción —esbozó una sonrisa—. Pasa, le dará gusto verte. —Yo ya no estaba tan segura pero ya estaba aquí, no podía rendirme. Un último respiró y llamé a la puerta.

—Clare… ¡Clare! —gritó Edward y diablos, se escuchaba furioso, mordí mi labio nerviosa al escuchar los pasos acercarse a la puerta. Abrió de golpe y casi sufro un infarto—. ¿I-Isabella? —Su voz profunda y aterciopelada, mandó un conocido y delicioso escalofrío hacía mi piel, cerré los ojos apretando fuertemente el casco.

—H-Hola —jugueteé con el casco—. ¿Te interrumpo?

—No.

Su intensa mirada logró lo que siempre me pasaba, sentía un revuelo bajo mi piel, sobre todo al verlo. Edward era chocantemente hermoso, no importaba que acabara de levantarse, siempre parecía un modelo. Su cabello revuelto de recién levantado apuntaba en todas direcciones, la playera marcando las líneas de su tonificado pecho, los chándales cayendo cómodamente por sus caderas dejando ver la orilla de su bóxer…

—¿Vas a pasar o te quedarás ahí observándome? —Me ruboricé aún más—. Puedo dar una vuelta si quieres…

—Hum —refunfuñé pasando a su lado—. No sabía si aún estabas en las Vegas, ya que no te encontré en tu trabajo —reproché.

Luego, traté de serenarme dando un vistazo a toda su residencia. Suspiré recordando la cantidad de veces que había estado en este lugar que rezumbaba masculinidad por los cuatro costados y lo mejor de todo, olía solamente a él. Sin embargo, fruncí el ceño al ver que había retirado la suave alfombra blanca y en su lugar, podía ver un hermoso piso oscuro de madera, los sofás de cuero negro.

—No, no he ido a trabajar —comentó con cierta frialdad. Luego, caminó delante de mí, guiándonos a la cocina, dejándome observar su marcada espalda—. ¿Te sirvo algo?

—Yo, hum, quizás un poco de agua —susurré cohibida por su mirada. Mordí mi labio, no sabía por dónde comenzar, retorcí las manos sintiéndome nerviosa.

Es que… bueno sí, esto no era lo que esperaba. Tampoco quería saltos de emoción ni nada, pero al menos… no sé.

—Me has sorprendido. —Colocó con fuerza el vaso con agua frente a mí, haciéndome dar sorprendida un respingo.

—¿Te he molestado? Puedo venir en otro momento….

—Podrías haberme llamado —refutó enojado.

—Creí que habías quedado en llamarme, eso me dijiste en el aeropuerto —respondí molesta. Él dio vueltas a la bebida que tenía en su vaso sin mirarme.

—No recuerdo haber quedado en eso —comentó pensativo—. Y… ¿Cómo sigues?

Sus penetrantes ojos verdes recorrieron mi cuerpo con tal intensidad, que me removí incomoda en la silla. También lo miré aunque no tan meticulosamente, su mano estaba vendada, pero fuera de eso se veía… simplemente hermoso.

—Mejor. —Mentí. Algunos de mis cardenales ya habían desaparecido por completo, pero otros aun persistían, y que decir de mis nuevas pesadillas…

—¿Quién te trajo? —preguntó molesto, sacándome de mis pensamientos.

—¿Qué? —Su mirada estaba clavada en mi casco—. Y-Yo he conducido hasta aquí —balbuceé, Edward abrió los ojos como platos.

—¿Viniste manejando una motocicleta? —asentí extrañada—. ¡No puedo creerlo!, ¿cómo te expones a conducir en motocicleta por Nueva York? ¡Es muy peligroso!

Como un relámpago, su voz recorrió todo mi cuerpo haciéndome estremecer. Se levantó de la silla dándome la espalda mientras tiraba de su cabello y caminaba de un lado a otro. Diablos, esto estaba fuera de control. No se suponía que fuera así, no entendía porque se estaba portando así, quizás necesitaba más tiempo.

—Creo que este es un mal momento, además tienes razón, debí llamarte. —Tomé mi casco. La silla hizo un fuerte sonido cuando la empujé hacia atrás para bajarme—. Será mejor que nos veamos en otra ocasión.

Caminé directa hacia la puerta y ahora sí, las estúpidas lágrimas me traicionaron. ¿Por qué todo tenía que complicárseme tanto? De pronto, unos fuertes brazos tiraron de mi cintura con fuerza, haciendo que el casco resbalara de mis manos y se estrellara en el piso.

Edward

Aun no me podía creer que Isabella estuviera aquí, peor aún, que manejara una motocicleta.

Había pasado malditas noches en vela, sin poder dormir porque cerraba los ojos y veía a ese hijo de puta, queriendo violarla. Recordad sus cardenales o sus sollozos me despertaban en las madrugadas, ahora imaginarla conduciendo una motocicleta… Dios- Tiré de su cintura haciendo que sus manos soltaron el casco, cayendo en un sonido sordo y rodando hacia algún lugar. Me hundí en su cuello. Fresas entraron por todo mi sistema, como si fuera una cura medicinal, me sentí mucho mejor. Me podía perder en ese aroma y olvidarlo absolutamente todo.

—Lo siento, Isabella —murmuré contra su cuello—. No era mi intención portarme de este modo, es solo que estoy molesto porque no me habías llamado.

—Fue un malentendido, ¿de verdad solo por eso estás así?

—Yo… mierda, es complicado. —Ella suspiró, su cuerpo tenso, se relajó entre mis brazos. Lentamente deslizó las manos por mi pecho, hasta hundirlas en mi cabello.

—Lamento el mal entendido, Edward, de verdad esperé tu llamada. —Tiró del cabello bajo mi nuca para verme, y me encontré con aquellos hermosos ojos chocolates llenos de lágrimas—. No debí pasar tanto tiempo. Todo lo que me importa en esta vida eres tú.

Suspiré hundiéndome otra vez en su cuello, aún se me hacía extraño escuchar esas palabras saliendo de su boca y no de la mía. Luego, limpié su rostro con los pulgares, demorándome más de lo necesario

—¿Necesitas más tiempo? Puedo venir luego… —Abrí los ojos sorprendido.

—No. — Mi voz fue casi como un grito al tiempo que aferraba ambas manos a su rostro, Dios, me moría por besarla—. Ni se te ocurra irte.

Ella sonrió y nos quedamos así, mirándonos. Una extraña sensación me recorría como una descarga leve de energía eléctrica, me gustaba esto y a la vez no. Porque solo con ella podía sentirme así y eso me hacía ver cuán dependiente seguía siendo de ella, cuanto la extrañaba o peor aún, cuanto la deseaba en este momento… Decidí romper con esta extraña tensión.

—¿Puedo ver tu moto?

—Claro —sonrió, para luego recoger el casco del suelo—. ¿Quieres dar un paseo? —ronroneó batiendo las pestañas, me solté riendo mientras negaba.

—Por supuesto. Espérame aquí, estaré listo en un segundo.

Pasé a su lado sintiéndome como un estúpido adolescente, corriendo hacia mi armario sin saber que ponerme, no tarde ni cinco minutos. La encontré esperándome frente a la ventana, mirando el jardín. Sus vaqueros ceñidos a sus curvas, su cazadora roja, el cabello hasta la cintura en ondas, resplandecía en tonos rojizos con el sol. Mierda.

Podría tomarla justo ahí, la acecharía como si fuera mi presa y estrellaría su hermoso cuerpo contra la ventana, desvistiéndola con toda la urgencia que mi cuerpo sentía con solo verla, peor aún, imaginarla en la moto me ponía verdaderamente mal. Deslizaría las manos lentamente por todo su cuerpo, la levantaría solo un poco para entrar con fuerza, y mientras embestía, mordería toda su piel de porcelana. ¿Se rompería la ventana si apoyaba su espalda contra ella? un escalofrió recorrió mi cuerpo y sacudió mi bajo vientre, diablos.

Sin ella estaba como ciego, e iba por la vida a tientas.

—Listo —murmuré con una extraña voz ronca.


Hola, hola chicas ¿Qué tal va su semana? Gracias a mis nuevas lectoras: Cath Robsteniana, bella-maru, Kirara-Reader, Sky TwiCullen, mona30, Beslice,Barbaraaa7, Black Angel Lilith, Osbelys, Ine Flores M, nickao, liveblack.

marah2221, jaja a mi también me da miedito Jessica, ¿cómo la viste en este capi? Yo digo que abusa del recuerdo de su hijo. Cyndi jaja aún me sigo riendo por tu comment ¿aun quieres matar a mi Ed? Jaja me imagino que si, dale tiempooo. Imary, jaja yo también quiero a Jess lejos pero como veras, eso esta en lo último de su lista, ¿qué te pareció el capi? Abi! Linda jajaja ¿cómo viste a Jessica, al ataque? Yo creo que lo que le sigue, lo bueno es que Bella no piensa darse por vencida, así que ya es ganancia. Sky Twicullen, de nuevo linda gracias por agregarme bienvenida a la historia, ¿qué te pareció el capi? Everpttz, ¿qué crees que haga Jessica cuando se enteré que Bella fue a buscar a Edward? Tss para mi que se va a volver loca. (un poquito más) Ev linda, jaja ¿qué te pareció el capi? Yo digo que a Ed le cuesta trabajo y a veces quisiera mejor mandar a todos a la porra pero bueno, aquí están. Él cediendo y Bella buscándolo. Maru, Jessica más que interesada esta mal… guarda un secreto que nadie sabe… ¿Cuál crees que sea? Kimjim jajaja linda que risa tu coment Bella, ahí va mira batallando pero poco a poco llegando a Edward.

Muchas gracias por sus comments lindas, me encanta leerlos y contestárselos de vuelta. Extrañé a: dani0501, Liht Jamari, Angel del amanecer, Roxa Cullen Hale, espero que estén muy bien chicas y felicitas ¿dónde estas? Jaja necesito tus coments!

Ahh chicas, una muy querida amiga mia (Rebbe) nomino mi fic en una página de Facebook, por si quieren regalarme un me gusta: events/289683724487132/

el evento se llama Seleccion de Fanfic del mes, a ver si lo encuentran y me ayudan :) gracias

Nos leemos pronto!