Capítulo 29
Aviso: El viernes pasado sí subí capítulo nuevo, así que si no leyeron el capítulo 28: La llave, para que se regresen a leer. Hubo una falla en la página de FF que duró más de una semana, motivo por el cual no estuvieron mandando notificaciones cuando se subían capítulos nuevos y tampoco se modificaba la fecha de la última actualización.
Después de medianoche
De pronto sintió el pánico creciendo en su interior. ¿Por qué estaba en esa habitación? ¿Qué pasaría ahora?, debieron irse con Finnick y los demás.
La cruzó y se sentó sobre la cama ― No aguanto ni un segundo más estos tacones ― comenzó a tratar de desabrochar las correas para poder quitárselos, pero los nervios hacían que le temblaran un poco las manos.
― Déjame ayudarte ― Peeta se hincó frente a ella y tomó con suavidad uno de sus pies. Sus hábiles manos comenzaron a soltar una de las pequeñas hebillas, cada zapato tenía tres.
Cuando le quitó la primera sandalia y la colocó sobre la alfombra, empezó a masajearle el pie.
― Eso no es necesario.
― ¿No te gusta?
― Sí ―contestó en un susurro. La intensidad de su mirada le impedía expresarse con claridad.
Él procedió a retirar la otra sandalia y hacer lo mismo con el otro pie ― Bonita sé que estás nerviosa, pero no hay razón para estarlo. Sabes que jamás te obligaría a hacer algo que no quieres o para lo que no te sientes preparada.
Ella pasó saliva y continuó observándolo mientras sus pulgares se enterraban en su arco y con los otros dedos masajeaba su empeine.
― Créeme que en este campo soy igual de inexperto que tú y por nada del mundo quiero arruinar lo que hemos construido juntos en este tiempo que llevamos como pareja.
Eso fue todo, lo sorprendió lanzándose a sus brazos y haciendo que cayera de espaldas sobre la alfombra, después lo besó.
― A veces siento que no te merezco, que podrías estar con alguien más expresiva y cariñosa de lo que soy yo ― le dijo cuándo se separaron un poco.
― No lo digas ni de broma Kat ― le acarició la mejilla ― Tú eres la mujer ideal para mí ― en esta ocasión él se levantó un poco y deposito un suave beso en sus labios ― Te amo.
― Yo… yo…
― Shh ― le colocó un dedo sobre los labios ― No tienes que decirme nada, sé que me estoy haciendo un espacio aquí ― colocó una mano sobre su pecho.
El calor que emanaba la palma de su mano que, cubría parte de su seno izquierdo, se expandió por todo su cuerpo, concentrándose especialmente en su vientre bajo.
― Bannock me mandó un mensaje, se va a quedar a dormir aquí y pondrá el despertador muy temprano para llegar al circo antes de que alguien note su ausencia ― retiró su mano y ella de inmediato extrañó su calor.
― Oh ― se hizo a un lado para no continuar aplastándolo con su cuerpo.
Él se puso de pie y le tendió la mano para ayudarla a levantarse ―Así que es tu decisión, podemos irnos de una vez o podemos dormir aquí e irnos mañana junto con ellos ― se llevó una mano al cabello ― Ya sabes, si nos quedamos sería para dormir solamente ― señalo la cama ― es grande, no tenemos… digo podemos poner unas almohadas… o puedo dormir en el sillón ― hablaba rápido y algo confuso. Ahora él era quién estaba nervioso.
― Está bien Peeta.
― ¿Qué? ― volteó a verla.
― Creo que por la hora lo mejor es quedarnos aquí y podemos compartir la cama, tú mismo lo dijiste, es grande, y no creo que sea necesario poner una barrera de almohadas entre nosotros ― ella misma no podía creer que le hubiera dicho todo eso sin trabarse. Sus palabras previas la habían tranquilizado, podía confiar en él.
― Está bien ― sonrió el rubio.
― Pasare al baño primero si no te molesta.
― Para nada, adelante.
Se metió al baño de la suite. Al igual que ésta, era muy lujoso y contaba con una gran tina de baño, pero de inmediato alejó sus pensamientos de ahí, una cosa era compartir la cama y otra muy diferente compartir la… ¿en qué estaba pensando? sacudió la cabeza para alejar todas esas ideas y sintió su rostro más caliente.
Le bajó al sanitario y después se acercó al gran lavabo para lavarse las manos. Sonrió al ver todo lo que había en una pequeña canasta al lado del toallero: dos cepillos de dientes, una pequeña pasta dental, enjuague bucal, un costurero, gorra de baño, una esponja para bolear los zapatos, toallitas desmaquillantes, champú, enjuague, crema para el cuerpo. Estaba muy bien equipado y a decir verdad le preocupaba algo su aliento y más el que tendría por la mañana, pero eso resolvía su problema.
Tras la puerta estaban colgadas dos batas de baño de color beige.
Bajó la mirada hacia el vestido que traía y decidió que lo mejor sería quitárselo para no arrugarlo y dormir con una de esas largas batas.
Salió del baño y vio a Peeta sentado en la cama con el control remoto del televisor en las manos, estaba pasando los canales uno a uno. Ya se había quitado el saco y la corbata y traía abierta la camisa a medio pecho.
Era increíble cómo podía quitarle el aliento, tenía muy buen cuerpo debido a todo el ejercicio que hacía y los músculos se le marcaban a través de la camisa blanca que vestía.
― ¿Todo bien? ― le preguntó, lo que hizo que ella se sobresaltara.
― Claro, ya puedes pasar tú, si lo deseas o tienes ganas o lo que sea, no digo que tengas que ir forzosamente, pero supongo que después de tanto bailar y todo eso… ― cerró los ojos por un momento, estaba desvariando.
― Gracias ― dijo él antes de pasar por su lado, se notaba que estaba tratando de contener la risa. Antes de meterse al baño le jaló un mechón de cabello, se había soltado el peinado.
Ella se puso las manos en el rostro por un momento, ¿qué diablos había sido todo eso? Suspiró y se dirigió a destender la cama. Se acostó en el lado izquierdo; el colchón era sumamente suave, abrió los brazos y las piernas y los movió como si estuviera haciendo un ángel en la nieve.
― ¿Qué haces? ― la voz de su novio hizo que detuviera sus movimientos, cerrara rápidamente sus piernas y las cubriera con la bata pues habían quedado completamente al descubierto, estaba segura que hasta le había visto la ropa interior.
― La cama está muy suave, tienes que sentirla.
Él apagó la luz del baño y cerró la puerta. Se había quitado su traje también y vestía la misma bata que ella. De pronto se echó a correr y de un salto cayó acostado en la cama a su lado, lo que hizo que el respaldo chocara fuertemente con la pared.
― ¡Peeta!
El rubio solamente rio a su lado y repitió los movimientos que ella hizo antes ― Tienes razón, es muy suave ― volteó a verla con la mirada divertida.
Se colocó de lado para observarlo mejor.
― Voy a apagar las luces, pero a dejar la lámpara del buró encendida, ¿está bien?
Katniss asintió y él se estiró para oprimir el contacto que estaba en la pared de su lado de la cama.
― ¿Quieres poner alguna barrera entre nosotros?
― No seas ridículo ― sin pensarlo se acercó a él y se recostó sobre su pecho. Pudo escuchar que él tenía el corazón acelerado al igual que el suyo, pero comenzó a acariciarle el cabello y poco a poco se tranquilizaron los dos.
― Cuéntame algo ― le pidió mientras acariciaba su pecho en la abertura de la bata.
― Yo iba a pedirte que me cantaras algo.
Ella levantó la cabeza y apoyó la barbilla en su pecho ― ¿Qué quieres que te cante?
― No sé ― apretó momentáneamente los labios ― Lo que quieras, pero he deseado escucharte cantar de nuevo desde que lo hiciste en la fiesta ― continuó acariciándole el cabello ― Una nana podría ser.
― Mmm… ― se quedó pensando ― Ya sé cuál, es una canción que papá solía cantarnos antes de dormirnos, no creo que la conozcas porque nos dijo que era una canción muy antigua que había pasado de generación en generación y no es muy común.
― Muy bien ― pronunció en voz suave.
Se apoyó en un codo para enderezarse en la cama, después se aclaró la garganta y comenzó a cantar ― En lo más profundo del valle, ahí bajo el sauce, hay un lecho de hierba, una almohada verde suave… ― continuó cantando y cerró los ojos por un momento mientras lo hacía ― Este sol te protege y te da calor, las margaritas te cuidan y te dan amor…
― Tus sueños son dulces y se harán realidad, y mi amor por ti perdurará ― está última frase la cantaron los dos juntos.
― Pensé que no te la sabías ― comentó ella cuando finalizó.
― Eres tú ― murmuró ― No puedo creerlo.
― ¿De qué hablas?
― No me sé la canción, solo esa última frase se me quedó grabada. En el kínder de la escuela pública Nuevo Continente, una niña cantó esa canción en un festival cuando estábamos por terminar el ciclo escolar, llevaba dos trenzas y un vestido rojo de cuadros. Eras tú ¿no?
Ella frunció el ceño ― Hice el kínder en esa escuela ¿Cómo es que tú…? ― abrió más lo ojos ― Sí, canté esa canción, ¿Tú estabas ahí?
― Sí y causaste una gran impresión en mí. Recuerdo que te busqué después, pero tú estabas en el grupo A y yo en el C. Cuando terminaron las vacaciones de verano esperaba tocar junto a ti en el grupo de primaria, pero ya no volví a verte.
― Eso es porque me cambiaron a un colegio privado cerca de casa. Después de que muriera mi padre regresé a esa escuela pública.
― Si las cosas hubieran sido diferentes… quizás nos hubiéramos conocido antes y ya llevaríamos varios años de novios.
― ¡Vaya! Tienes mucha confianza en ti mismo.
Peeta se encogió de hombros y levantó la vista al techo ― Hubieras ido a la panadería, yo estaría ayudando en el mostrador y al verte te regalaría una bolsa de galletas glaseadas. Tú estarías tan contenta que comenzarías a ir más seguido para verme aunque utilizando alguna excusa como: "vengo a comprar pan"…
Ella le dio un leve golpe con la palma de la mano en el pecho y rio ― Me gusta tu sentido del humor ― bostezó.
― Ven acá. Recuéstate que ya tienes sueño.
Se acostó a su lado, colocando la cabeza de nuevo sobre su pecho, los latidos de su corazón la arrullaban, pero no lograba conciliar el sueño y sintió como una gota de sudor resbalaba por su espalda.
La bata que se había colocado era muy suave y cómoda, pero también muy caliente y se sintió de pronto muy acalorada.
El rubio también comenzó a moverse un poco.
― ¿No te puedes dormir? ― le preguntó ella.
― Tengo calor, ¿tú no?
Ella soltó una exhalación ― Sí, no aguanto esta bata.
― Yo suelo dormir en bóxer, a veces me dejo la camiseta interior, pero estaba sudada de tanto que bailamos.
― ¿Quieres quitarte la bata?
― ¿No te molesta?
― No, yo también voy a quitarme la mía ― la verdad era que iba a ser imposible dormir así, se sentía muy incómoda. Sin pensarlo más, se sentó, se despojó de la misma y la arrojó a los pies de la cama.
A su lado, Peeta hizo lo mismo.
Cuando se giró para volverse a acostar, la lámpara que estaba en el buró le permitió ver como su novio la recorría con la mirada, entonces ella bajó la vista y recordó que traía puesta ropa interior negra que Effie le había comprado. Sintió el impulso de cubrirse cuando lo escuchó hablar.
― Eres hermosa e increíblemente sexy.
Jamás hubiera imaginado escuchar esas palabras de un chico, la palabra sexy era una palabra que nunca creyó que podría describirla. Así que decidió dejar la sábana donde estaba enredada en sus piernas e hizo lo mismo con él, lo recorrió lentamente con la mirada. Ya lo había visto sin camisa durante los shows o en ocasiones cuando entrenaban y seguía robándole el aliento ver su pecho marcado.
Levantó la vista y se dio cuenta que los ojos de Peeta ya no eran azules sino negros.
Se observaron uno al otro por un instante antes de comenzar a besarse con pasión. ¿Quién inició el beso? ¡Qué importaba! Solo tenía una cosa en su mente y era sentirlo más cerca.
Lo tomó del cabello y lo atrajo cuando se acostó de nuevo, dejando que él se colocara sobre ella.
Simplemente no podía dejar de besarlo.
Cuando se separaron un momento por falta de aire, él apoyó la frente en la suya ― Katniss… ― tenía la respiración agitada.
― No estoy lista para dar ese paso, pero… ¿podríamos simplemente repetir lo de la vez anterior? ― el calor entre sus piernas había aumentado y solo deseaba sentir esa fricción de nuevo que le había dado tanto placer.
Peeta asintió con la cabeza antes de atacar sus labios de nuevo, buscando acceso inmediato para poder introducir su lengua. Ambos gimieron en la boca del otro y después el rubio le mordió ligeramente el labio inferior antes de continuar besándola en la mandíbula hasta bajar lentamente por su cuello.
Ella lo tenía abrazado por la espalda y tenía los ojos cerrados disfrutando plenamente de sus caricias, sin poder evitar el dejar escapar algunos gemidos.
Él continuó bajando con sus besos y le hizo para atrás el cabello que había caído sobre su hombro ― Te amo Katniss ― le comentó al tiempo que fijaba la mirada sobre su sujetador straple y pidiéndole permiso con la mirada, comenzó a acariciar un pecho con una mano, mientras bajaba la boca sobre él otro para besarla y darle pequeños mordiscos sobre la fina tela de la prenda interior.
La espiral de calor iba en aumento, lo agarró fuertemente del cabello para mantenerlo en ese lugar, era increíble las sensaciones que provocaban en ella sus grandes manos y su boca sobre sus senos, aun y cuando estos seguían cubiertos.
Y de pronto tuvo la necesidad de sentir esa fricción que tanto anhelaba de inmediato. Abrió las piernas y él se acomodó entre ellas sin descuidar su tarea, fue como si pudiera leerle el pensamiento, y la erección que había estado presionando una de sus piernas, de pronto estuvo sobre su centro.
― Peeta ― gimió su nombre y le arañó la espalda en su intento por hacer que se moviera, a lo que él respondió de inmediato, provocando nuevos gemidos por parte de los dos.
¿Eran sus gritos? Sí. Pero nada le importaba en ese momento, ese movimiento que él hacía con sus caderas, empujando sobre la fina tela de ropa interior que mantenía esa barrera entre ambos, hacía que sintiera mucho más que la primera vez.
Se besaron de nuevo y en esta ocasión sus lenguas imitaron sus movimientos, penetrando uno en la boca del otro hasta que todo estalló y ella le clavó las uñas en la espalda. Él se movió un par de veces más antes de hacerse a un lado de inmediato.
Las respiraciones agitadas de ambos fue lo único que se escuchó en la habitación por un momento.
― Fue increíble ― soltó sin pensar y después giró la cabeza a la derecha para verlo.
Él sonrió y la tomó de la mano para llevársela a los labios y besársela ― Realmente increíble ― volvió a darle otro beso ― Necesito ir al baño, ahorita regreso.
Después de eso, ambos se durmieron de inmediato. Ella estaba sobre su pecho como se había acomodado anteriormente. Pero apenas si sintieron que habían cerrado los ojos, la alarma del teléfono de Peeta comenzó a sonar.
― Bonita, despierta ― escuchó la voz a lo lejos del rubio ― Ya tenemos que levantarnos.
Nunca había dormido tan a gusto, no deseaba moverse de ese lugar ― 5 minutos más ― murmuró sobre su pecho.
― Créeme que es lo que más deseo, pero se nos va a hacer tarde y si queremos regresar al circo antes de que alguien note nuestra ausencia tenemos que levantarnos ya.
Eso fue lo que hizo que ella terminara por despertar. Había dejado a Prim sola y ahora le preocupaba lo que su hermana pudiera pensar de ella si se enteraba que había pasado la noche fuera.
Cada uno se duchó de prisa y se volvieron a vestir con la ropa de la noche anterior.
Salieron de la habitación al mismo tiempo que Johanna y Bannock lo hicieron de la de al lado.
― ¿Pasaron buena noche descerebrada? ― preguntó burlona Jo.
― No los molestes ― sonrió de lado Bannock.
Estaba segura que estaba completamente roja.
― Vámonos, se nos va a hacer tarde ― comentó Peeta y justo cuando todos comenzaron a avanzar por el pasillo, se abrió la puerta que estaba frente a sus habitaciones y se sorprendieron al ver a Brutus salir con una mujer rubia.
― Buenos días chicos ― los saludó.
― Brutus ― asintió con la cabeza Bannock ― Ya nos vamos al circo.
― Adelántense, yo voy a bajar a desayunar rápido con Elisa ― colocó una mano en la cintura de la rubia.
― ¡Es Elsa! ― lo corrigió riendo. No se veía nada molesta por la equivocación en su nombre.
― Dejémoslo en Els ― le sonrió― Supongo que los veré un poco más tarde ― se despidió con una mano y tomó con la otra a su acompañante para caminar del lado opuesto a ellos.
...
...
― Vamos al circo ― le indicó Bannock al chofer una vez que todos se subieron al taxi ― Está ubicado…
― No se preocupe joven, sé dónde está.
― Perfecto, porque tenemos prisa y nos gustaría llegar lo antes posible ahí.
― Bien, conozco un atajo ― comentó el taxista.
Se suponía era un trayecto de no más de 15 minutos, pero no se veía el circo por ningún lado.
― No reconozco nada de esto ― dijo Peeta.
― Por aquí no es ― Bannock iba viendo por la ventana del copiloto.
― Ya casi llegamos joven, más adelante esta el parque industrial Travertino.
― ¿Parque industrial? No, ya no nos instalamos ahí desde hace tres años, el circo ahora está en el terreno frente al centro comercial La Cantera.
― Híjole joven, es que hace años que no voy al circo. Ya me equivoqué.
Johanna se llevó una mano a la frente ― ¡Genial!
Peeta apretó los labios ― ¿Cuánto vamos a tardar en llegar allá?
― Discúlpenme, pero por la hora qué es, cuando todos comienzan a salir a sus trabajos y unas reparaciones que están haciendo en unas avenidas más adelante, un ratito más. Lo siento mucho en verdad, pero no se apuren, no les cobraré demás.
Katniss comenzó a mover la pierna nerviosa y Peeta colocó la mano sobre la suya para tratar de tranquilizarla. Lo que más le apuraba era Prim.
Se tardaron una hora más en llegar a las instalaciones del circo.
En cuanto entraron se dieron cuenta que ya había trabajadores comenzando a desmontar la gran carpa. Todo lo interior lo habían quitado al terminar la función del día anterior.
― ¡Vengan por acá! ― les indicó el mayor de los Mellark ― al tiempo que rodeaban por atrás de los corrales para evitar ser vistos, y debido a que traían la ropa de la noche anterior, ciertamente llamarían la atención.
― Espero que Rye le haya ayudado a Sae con el desayuno, eso es lo que nos puede delatar ― comentó Peeta.
Llegaron al área de las casas y caminaron deprisa. Primero estaba la casa de los Mellark y cuando se pararon justo al frente, una voz a sus espaldas los asustó.
― ¿Qué tal la pasaron anoche? ― escucharon a Haymitch.
Voltearon y se toparon con el mago sentado al lado de su esposa en una de las mesas que estaban frente a la casa. Ambos traían un café en las manos y se veían muy serios.
Estaban en problemas.
...
...
Hace 5 años
El recorrido que hacía el tren del distrito Once al Doce, era uno de los tramos largos, se tardaba tres horas y media.
Effie, Hazelle y Seeder estaban sentadas juntas conversando.
― ¿Cómo te sientes? ― le preguntó Effie a la esposa de Jack.
― Perfectamente, no se apuren ― colocó una mano sobre su abultado vientre ― estoy segura que esta niña será igual que sus hermanos y nacerá hasta después de las cuarenta semanas.
― Se hubieran ido al Doce hace semanas como les dijimos ― la rubia colocó una mano sobre el vientre de su amiga.
― No me dejan hacer nada, créeme que estamos bien, y como te dije, no tenía caso irnos antes si todavía falta mucho.
― Solo recuerda caminar y no permanecer sentada las tres horas ― le sonrió la veterinaria.
― Lo ves, la doctora ha hablado.
Ella retiró la mano del vientre de su amiga, pero ésta la tomó antes y le dio un ligero apretón.
Haymitch había estado preocupado por cómo pudiera afectarle el embarazo de Hazelle, pero en realidad lo había tomado muy bien, le daba mucho gusto la llegada de ésta bebe a sus vidas.
― Y ¿cómo va Johanna? ¿Han notado algún progreso?
― La verdad sí ― contestó la castaña ― Fue buena idea que pasara más tiempo con Bannock y los tigres.
― La verdad me sorprende cada que la veo en la jaula con los animales, no demuestra miedo, no se siente a gusto aun con Chaff pero sí con el chico Mellark.
― Me alegro. Bannock siempre ha sido un joven muy maduro para su edad y estoy segura que hará todo lo que pueda para ayudarla ― sonrió la rubia.
― Oh no ― dijo de pronto Hazelle y se llevó las dos manos al vientre.
― ¿Qué pasa? ― preguntó Effie.
― Creo que rompí la fuente.
― ¿Qué! ― estaba alarmada la rubia.
La esposa de Jack se levantó despacio ― Sí, fue la fuente, estoy segura.
La rubia volteó a ver sus pantalones y el piso ― Pero no se nota que hayas roto la fuente.
― Cariño, no es cómo en las películas que de pronto tienes un charco de agua a tus pies, la cabeza del bebé funciona como un tapón que impide que pierdas todo el líquido, pero se sale poquito a poquito conforme te mueves ― hizo un gesto y se apoyó en la mesa.
― Pero vas a tardar muchas horas ¿no?, eso sí lo leí en algún lado, alcanzaremos a llegar al distrito Doce y te llevaremos de inmediato al hospital.
― Mejor vayan a avisarle a Jack, está niña se adelantó a sus hermanos, pero si este parto es igual a los otros, créanme que no voy a llegar a hospital.
...
...
Haymitch y Jack estaban en la sala de la casa rodante de este último. Los niños Hawthorne se habían quedado en otro vagón.
Ya casi llegaban al distrito Doce, pero los gritos que salían de la habitación les indicaban que definitivamente la bebé no se esperaría a llegar al hospital, por tal motivo iban a pedir una ambulancia que los esperara en la estación para que se llevara a madre e hija a una revisión.
― Amigo vas a marearme si no dejas de moverte así.
Jack se detuvo en seco y volteó con una amplia sonrisa ― ¡Voy a ser padre! ¡Voy a ser padre!
― Sí ― rió Haymitch ― Lo has repetido una y otra vez desde que llegamos.
La puerta de la habitación se abrió y salió Effie ― Hazelle quiere que vuelvas a entrar ― se dirigió a Jack.
El hombre se apresuró y ella solo le palmeó la espalda antes de volver a cerrar la puerta tras de sí.
La psicóloga daba algo de miedo en ese momento y estaba demasiado voluble, los dolores de las contracciones hacían que gritara todo tipo de cosas y ya había hecho que su esposo entrara y saliera al menos cinco veces de la habitación.
...
― Vamos a revisarte de nuevo ― le dijo Seeder.
Hazelle traía puesto un gran camisón y se acostó de nuevo en la cama con ayuda de Effie.
― Siento mucho que no haya anestesia ― se disculpó de nuevo la Veterinaria mientras la examinaba ― pero… ya estás completamente dilatada, así que pronto pasará el dolor ― volteó hacia Effie ― Por favor sostenle esa pierna para que la mantenga doblada en esa posición y Jack has lo mismo con la otra.
La castaña estaba en una posición semi sentada.
― Cuando cuente tres y sientas de nuevo una contracción, quiero que pujes con todas tus fuerzas ¿de acuerdo? ― le indicó Seeder.
Effie sentía una mezcla de emociones, por una parte, jamás había visto a su amiga así, parecía salida de la película El exorcista, con todas las obscenidades que había gritado y hasta podría jurar que la voz le cambió, por otro, aunque el parto era algo un poco aterrador ahora que tenía oportunidad de presenciarlo, también era hermoso.
Un fuerte llanto inundó la habitación. Jack cortó el cordón umbilical con unas tijeras que habían esterilizado previamente, tal y como le indicó la morena. Effie de inmediato vio la hora para poder tomar nota del tiempo exacto del nacimiento de la bebé.
― Bienvenida al mundo, Posy ― Hazelle le besó la cabeza a su hija en cuanto la depositaron en sus brazos.
...
Haymitch, Effie y los chicos Hawthrone llegaron al hospital.
La ambulancia que habían llamado se llevó a la pareja y a la bebé, y la rubia se apuró a empacar una pequeña maleta con ropa entre otras cosas necesarias para Hazelle y su hija.
Cuando entraron en la habitación donde estaban, los chicos corrieron al lado de su madre para conocer a su hermanita.
Toda la escena era hermosa y Effie solo estaba contenta por ellos.
Después de un rato de charlas y que cada uno de los chicos pudiera acariciar a la bebé, la castaña volteó hacia sus amigos ― ¿Quieren cargarla?
La rubia que estaba sentada en el sofá que estaba en la habitación, se puso de pie de inmediato y se acercó para tomar a la bebé en sus brazos.
Era tan ligera y pequeña, con rasgos finos y una gran mata de cabello negro en la cabeza. No podía quitarle los ojos de encima. Caminó y regresó al sofá para que Haymitch también pudiera acariciarla.
― Hazelle y yo queremos que Posy empiece a pasar más tiempo con sus futuros padrinos ― les sonrió Jack.
― ¿En verdad quieren que seamos sus padrinos? ― sonrió ampliamente Effie.
― Sería un gran honor para nosotros amiga.
...
...
Gloss y Cashmere estaban en la gran carpa ensayando su número, habían decidido hacer algunos cambios.
Las personas del Doce los habían recibido muy bien ese año y las funciones estaban muy concurridas.
― ¡Gloss! ― lo llamó Rye.
― ¿Qué pasa chico?
― Chaff me pidió que te entregara esto ― le tendió un sobre grande y sellado ― Lo trajeron del servicio de paquetería.
De inmediato se acercó a quitarle el sobre de las manos ― Gracias.
― Sí, de nada ― se retiró el segundo de los Mellark.
― ¿Qué tienes ahí Gloss? ― preguntó Cashmere a su espalda.
― No estoy seguro, veámoslo ― el remitente era del Capitolio, pero no reconocieron la dirección.
Lo abrió por un lado y después lo giró para sacar lo que estaba en su interior.
La pareja se quedó congelada ante lo que vieron: Diversas fotografías de los dos en las que se estaban besando o abrazando.
Hola!
Espero que es haya gustado el capítulo. Subió un poco la intensidad entre Peeta y Katniss, pero no tanto, ya veremos que harán Haymitch y Effie con los chicos.
Aprovecho este espacio para avisar que el lunes pasado también actualicé mi historia de Matrimonio con el Capitolio, subí el capítulo 4, para todos lo que la leen.
Muchas gracias por leer y por la respuesta que han tenido con esta historia, gracias por tomarse el tiempo de comentar a atalinunezz1, claudiacobos79, Ilovehayffie, F, 0catita, Laura, Igora Mellark, 75everything, BrendaTHG, y los guest.
En el capítulo pasado les hice una pregunta, pero sé que faltan muchos por leer, y fue ¿Cuál es su pareja favorita? ojalá me puedan contestar esta pregunta, si solo quieren ponerme eso en su comentario esta bien, pero me sirve para ver a que parejas darles más peso en la historia.
Y también me encantaría que me dijeran que les gustaría ver en la historia o en los flashbacks.
cuídense y nos vemos el próximo viernes!
saludos
Marizpe
