CAP 29:

Un joven alto, tocó la puerta de aquella casa azul, de pronto una mujer rubia y algo mayor le abrió la puerta

-¿Mathew? – dijo abriendo los ojos de par en par, debido a la sorpresa que sentía - ¿Qué haces aquí...a qué has venido?

-Creo que tú lo sabes muy bien, Olga…vine por mi mujer y mi hijo – respondió con una expresión muy dura

-Ee…ellos…no…están aquí – habló balbuceando por el nerviosismo que sentía – así que será mejor que te vayas – volvió a hablar pero esta vez con más seguridad y firmeza

-Estás loca, si piensas que te voy a creer…a ver Olga, mejor evítate problemas y llama a Helga – casi gritó

-¡¿Qué está pasando aquí?! – preguntó un hombre ojiverde que acababa de llegar, a visitar a su musa

-¡Arnold! – dijo Olga empezando a asustarse por la expresión que tenía el rubio

-Vaya, vaya...miren a quien tenemos aquí – decía el londinense de manera sarcástica – es nada más y nada menos, que el profesor de medio pelo, de mi hijo y ex amante de MI MUJER

-¿A qué has venido Mathew? – preguntó el rubio sin amilanarse ante los comentarios de su rival de amores

-El que debería preguntar eso soy yo…¿a qué has venido?...tú no tienes nada que hacer acá…Helga es mi esposa…¡entiéndelo!

-Puede que Helga sea tu esposa, pero el hijo que ella está esperando, es mío – le respondió muy serio

-Ah entonces, ya lo sabes – dijo con mucho disgusto – pues Helga y yo acordamos que lo íbamos a criar como hijo nuestro

-¡Eso no pasará, pues yo soy el padre y me haré cargo! – dijo hirviendo en celos, poniéndose rojo de la rabia y acercándose de manera peligrosa al londinense

-Arnold cálmate por favor – trató de pedir Olga, mientras intentaba jalar al ojiverde del brazo – entra a la casa por favor, déjame que yo arreglaré esto

-Tranquila Olga, nada va a pasar – decía con ironía el londinense – y no se preocupe usted, querido Arnold, después de todo yo no pensaba quedarme con su bastardo

De pronto Olga, vio como Mathew caía al suelo, debido al fuerte golpe que le acababa de propinar Arnold

-¡No vuelvas a referirte a mi hijo, de esa manera, él no es ningún bastardo!...¡él tiene un padre! – gritó el hombre de ojos verdes

-¡Que te pasa imbécil! – gritó también Mathew, devolviéndole el golpe al rubio

-¡¿Qué está pasando aquí?! – preguntó exaltada la ojiazul quien llegó con su abogado

Brayni por su parte, se puso en medio de los hombres para que dejen de golpearse

-¡Helga!...he venido por ti y por Albert…hoy mismo nos vamos de Hillwood – dijo el londinense, mientras se limpiaba la sangre de su ceja rota

-¡Ella no irá a ningún lado contigo! – interfirió el ojiverde con ira

-Tú no te metas – dijo mientras jalaba del brazo a la ojiazul – vámonos de aquí o sino ya sabes lo que pasará

-¡Suéltala! – volvió a gritar Arnold, mientras le daba un fuerte empujón – no vuelvas a tocarla de esa manera

-No tienes derecho a reclamar nada, ella es mi mujer…

-¡Yo no soy tu mujer, soy tu esposa y no por mucho tiempo pues quiero el divorcio y pelearé por la custodia de Albert! – habló fuerte la ojiazul

-¿Qué?...estás loca si crees que voy a aceptar que te divorcies de mi…además tengo más derechos sobre Albert – respondió enarcando una ceja, creyéndose ganador

-Usted está equivocado, señor Evanson – habló al fin Brayni

-¿Quién rayos es usted? – cuestionó el londinense

-Mi nombre es Brayni y soy el abogado de Helga y déjeme informarle que usted tiene una orden de no acercarse a Helga a Albert ni…a Dafne, de lo contrario podríamos arrestarlo

-¿Dafne? – dijo con extrañeza y pasmo – ¿a qué Dafne te refieres? – tratando de convencerse que aquel nombre, era una desagradable coincidencia

-No te hagas Mathew, nos referimos a tu amante…que por cierto está de nuestro lado – manifestó Helga, mientras se le dibujaba en el rostro una sonrisa burlona

-Eso no puede ser – dijo y empezó a encontrarle sentido a la ausencia de la mujer, en la casa de Australia – ¿Dónde está ella?

-Eso es algo que a usted no le importa – dijo Brayni – solo le advierto que los trámites del divorcio ya están en ejecución y será mejor que no se oponga, pues tiene todas las de perder

-Eso ya lo veremos – dijo el londinense sumamente molesto – ni creas que te vas a librar tan fácil de mí…y…querida esposa, volverás a tener noticias mías – seguía hablando mientras se montaba en su auto y se alejaba del lugar

Después de que el londinense se fue, Helga sufrió una descompensación y se desmayó debido a la presión que sintió por la presencia de Mathew, sino hubiera sido por el rápido actuar del ojiverde, quien la tomó en sus brazos, ella hubiera caído al pavimento, lastimándose gravemente.

Arnold sintió un fuerte cosquilleo en el estómago, mientras cargaba a su rubia, para dirigirla hacia su habitación, el corazón le palpitaba tan fuerte, por el amor tan grande que sentía hacia la mujer

Olga había llamado al doctor, ya que Helga no despertaba y empezaba a preocupar a todos, incluido a Arnold

Después que el doctor, hubo llegado y hubo examinado a la rubia, aconsejó a los presentes, que debían proporcionar a la gestante, mucha tranquilidad, ya que el desmayó había sido producto de la presión elevada y que son causados por problemas.

Minutos después, Helga despertó con algo de dolor de cabeza

-¿Dónde está Albert? – preguntó exaltada

-Aún sigue con Dafne – respondió su hermana mayor

-Brayni, por favor, ve por mi hijo – pidió la rubia, mientras le tomaba la mano al joven y producía los celos en Arnold – cuéntale que Mathew ya llegó…por favor Brayni, solo confío en ti para encargarte a mi hijo

-No te preocupes Helga, iré por Albert ahora mismo – habló mientras salía de la habitación y se iba a buscar al niño

El rubio se había quedado parado, observando todo, sentía dolor en su corazón por la forma en que Helga le había hablado a Brayni, pero esta vez no quiso hacer caso a sus propios celos

-Bueno, voy a ir a prepararte un té caliente, ya vuelvo – dijo Olga, mientras salía de la habitación, dejando solos a los rubios intencionalmente

Helga se encontraba en silencio, se sentía nerviosa por la presencia del ojiverde, pero en su corazón se había propuesto no rogarle más

-Arnold – empezó a hablar – creo que ya te diste cuenta, que tu hija está bien…así que…será mejor que te vayas – dijo con dolor, mientras se ponía de pie y le daba la espalda

El rubio se había quedado estático, observando como la mujer se había levantado de la cama y luego había caminado unos pasos hacia la ventana, para finalmente quedarse mirando hacia la calle y dándole la espalda a él

-Helga, tenemos que hablar – dijo con firmeza, él estaba convencido de que había llegado el momento de escucharla, solo rogaba interiormente al cielo, que ella esté dispuesta a dar explicaciones

-¿Hablar?...¿de qué?... creo que por el momento, tu y yo no tenemos nada que hablar – respondió con convicción y frialdad

-Helga – dijo empezando a acercarse lentamente – ¿Por qué nunca me contaste lo de Albert?

La rubia se quedó con una mezcla de sentimientos, entre sorpresa y molestia, le dolía el corazón tanto que si seguía ahí iba a explotar en llanto, pero tenía que controlarse por su bebé

-¿Quién te lo dijo? – preguntó tratando de sonar fría como el hielo e indiferente

-Hace unos días viajé a San Lorenzo, para arreglar unos asuntos pendientes que tengo allá…y pues me llegó una carta de tu hermana Olga, en donde me detallaba todo lo acontecido en tu vida…Helga – dijo – ¿Por qué nunca me lo contaste?

-¿A qué viene todo este reclamo de tu parte?...no tienes derecho a hacerlo, pues cuando vine dispuesta a explicarte todo, no me quisiste escuchar – respondió con tristeza la rubia, mientras se sobaba uno de sus brazos con insistencia y ansiedad

-No es un reclamo, pero si tan solo tú me hubieses contado todo desde un principio, nos hubiéramos evitado muchos dolores

-El hubiera no existe y déjame decirte que no estoy dispuesta a dar explicaciones, porque simplemente no me la gana de hacerlo, así que por favor…vete – dijo, tratando de sonar convencida de que era mejor, que el rubio la dejara sola en esos momentos

Arnold solo se había quedado en silencio, aún se encontraba parado detrás de ella, no sabía si ir corriendo a abrazarla, pero de lo único que estaba seguro, era que no quería irse de ese lugar quedando en esas circunstancias con la ojiazul

-Helga, yo… - intentó hablar una vez más, pero siendo interrumpido en seco

-Dije que te vayas Arnold

-Solo escúchame un momento

-¿Escucharte?...que ironía – dijo sonando sarcástica – la persona que no quería escucharme, ¿ahora quiere que lo escuche a él?…pues no quiero…vete por favor

-Está bien Helga – habló algo cansado, por la actitud de la mujer – si tanto quieres que me vaya, ¿por qué no me das la cara y me lo dices de frente?

-Porque no quiero…vete por favor – pidió una vez más, casi como un ruego y sin poder contener más las lágrimas – ya te dije que la bebé que llevo en el vientre, está bien…ya no tienes nada que hacer aquí

-¿Helga, tú crees que a mí solo me importa el bienestar de mi hija? –- respondió con los sentimientos a flor de piel y acercándose para ubicarse cerca a la espalda de la rubia

-Pues eso fue lo que tú mismo me dijiste – dijo sintiendo nerviosa por la cercanía del hombre, al que amaba con locura

-Perdóname – suplico él, dejándose llevar por el delicioso aroma que desprendía el cabello de ella y cerró los ojos para poder disfrutarlo mejor y sin proponérselo sus brazos rodearon la cintura ancha de la mujer, debido al embarazo

Con las palabras de Arnold, Helga había quedado desarmada y sus mejillas se llenaron, aun mucho más, de lágrimas. La respiración del hombre, le hacía cosquillas en el lóbulo de la oreja izquierda y producto de eso ella empezó a estremecerse

-Tú y mi hija son los importante que tengo en la vida – le susurró al oído – las amo a las dos

-¿Estás hablando en serio? – dijo con la voz quebrada, debido al nudo que padecía en la garganta, por la alegría que sentía debido a la confesión del muchacho

Arnold, pudo percibir que las palabras de Helga, se estaban entrecortando por las lágrimas que estaba derramando, así que en un movimiento delicado y sin romper el contacto, hizo que sus rostros puedan estar frente a frente

-Perdóname – dijo él, una vez más, pero ahora mirándola fijamente y con mucho amor – perdóname por haber sido tan duro contigo por no haberte escuchado

-¿Lo estás diciendo en serio? – preguntó aun con incredulidad

Él no quiso decir nada más, solo la abrazó y fue en ese momento, cuando sintió que la vida volvía a su cuerpo, ya que todo el tiempo que estuvo separado de ella, estaba como muerto, sin energía, sin aliento, la abrazó mucho más para poder saber que lo que estaba sucediendo era real y no un sueño, como los que había tenido muchas noches atrás, en donde al despertar solo se encontraba con la soledad y el vacío en su corazón

-Te amo Helga – dijo quebrándose él también – te amo y perdóname por favor

-No…Arnold, perdóname tú a mí – respondió la ojiazul, inmediatamente ya que le dolía en el alma verlo llorar…

-No tengo nada que perdonarte – dijo él, mientras deshacía el abrazo y con sus manos atrapó el rostro de la mujer, para poder mirarla directamente a los ojos

-Ambos tenemos que perdonarnos, ya que ambos nos equivocamos – habló la rubia, mientras seguía derramando lágrimas

-No llores…Helga mi amor, te amo con toda el alma – dijo mientras la atrajo para sí y la besó dulcemente – te amo, te amo…no te imaginas cuanto te amo – balbuceaba, mientras la seguía besando y sus manos acariciaban su espalda

-Yo también te amo Arnold, perdóname por haberte engañado, por todas las cosas que te dije, por haberme ido de esa manera, pero Mathew me tenía amenazada…

-No te preocupes mi princesa – hablaba mientras posaba su frente sobre la de ella – él no volverá a hacerte daño, ahora yo estaré contigo, cuidándote

-Arnold…solo quiero que te quede claro, que nunca dejé de amarte…tú eres el amor de mi vida, y gracias a ti, tendré otro motivo más por que vivir – decía mientras se acariciaba el vientre haciendo que él, también lo haga

-Escúchame, quiero que tú y Albert se vayan a vivir conmigo

-¿A vivir contigo? – dijo con sorpresa - ¿pero…a dónde?

-Al departamento, que tú ya conoces – le respondió con una sonrisa pícara – y lo conoces muy bien

La rubia le dirigió una débil sonrisa

-¿Qué pasa?...¿no te gusta la idea? – dijo, mientras levantaba el rostro de ella, para que sus ojos puedan clavarse en los de la oajizul

-Es que tú, me dijiste que ese departamento es de tus padres – hablaba ella, mientras sus ojos reflejaban tristeza – y pues…yo sé que a ellos no les gustará la idea…y sobre todo a Stella, ya que ella adora a Hilda – al mencionar ese nombre sintió una punzada de celos en el corazón

-Tú no te preocupes por nada de eso, mi hermosa poetiza – decía mientras la acunaba entre sus brazos y ella cerraba los ojos – yo hablaré con ellos, además el vivir ahí, solo será transitorio, ya que nos compraremos una casa, tengo algunos ahorros…así que tú no te preocupes por nada…¿está bien?

-Está bien, mi ángel de rubios rizos – respondió sin romper el abrazo y sonriendo

-Hablaré hoy mismo con mis padres, pero…primero te llevaré al departamento a ti y a Albert y luego me iré para la casa de huéspedes…

-Está bien, entonces guardaré algunas cosas en las maletas – dijo mientras trataba de deshacer el abrazo para ponerse a trabajar, pero el hombre no se lo permitió

-No quiero que te vuelvas a ir, nunca más…no quiero soltarte – lo decía abrazándola fuertemente con algo de nostalgia y hundiendo su rostro en el cuello de la chica

-No volveré hacerlo, mi amado cabeza de balón – respondió sonriendo, mientras el chico atrapada sus labios, con los de él

Olga, se había quedado observando a través de la puerta que había quedado semi-abierta, a los rubios y se encontraba tan feliz, de que ellos hayan dejado que el amor predomine

….

Una hora después, cuando Arnold ya había dejado a Helga y a Albert en el departamento, se dirigió hacia su carro, para ir a la casa de huéspedes, ya que estaba dispuesto a hablar con sus padres, luego de hablar con ellos, iría también a hablar con Hilda, ya que se había olvidado de ella completamente, una vez que todo esté dicho, regresaría al departamento a reencontrarse con su rubia y poder soñar juntos, abrazados y felices.

.CONTINUARA….

Hola, muy buenas noches…aquí va un episodio más…espero que les guste, les mando muchos abrazos y por favor no se olviden de comentan, para poder saber si les está agradando mi historia…abrazos