Capítulo 26
De nuevo, gracias por todo Espero que les guste… este capi es un cambio radical con todo lo que he venido escribiendo hasta ahora…
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Sin embargo, en Hogwarts todo era distinto. Parecía que tras aquellas vacaciones todo hubiera dado un giro de 360 grados. El ambiente que se respiraba era tenso, había alumnos cuchicheando por todas partes y las expresiones de sus rostros no eran las mismas; ya no había rastro de afabilidad, de diversión, de fascinación por la magia o de apuro por no haber hecho los deberes que mandó McGonagall.
Un día, Sirius y James entraron discutiendo en la sala común. Por suerte eran ya las 11 de la noche y con el mal ambiente que flotaba en todo el colegio los alumnos se iban a dormir pronto, y nadie les oyó aparte de Remus, que estaba leyendo en la mesa del rincón. La influencia de la luna… al día siguiente sería llena y no podía dormir. Pero lo que más odiaba eran las ojeras; lo que todo el mundo veía y sobre lo que todo el mundo le preguntaba. En fin…
- ¿Qué más da eso, Canuto…?
- No me jodas, James, hace unas semanas no habría dicho algo así… Esa pelirroja te está lavando el cerebro…
- No puedes decir que el Sirius post-Remus sea el mismo que el de antes, tampoco.
- Eso está completamente fuera de contexto, y encima es mentira.
- Sirius, es una ley del merodeador aceptar una derrota con honor, y James acaba de dejarte sin palabras.
- ¡¿Qué haces ahí?! – Sirius dio un bote al oír a Remus hablar a su espalda cuando había supuesto vacía la sala común.
- Esperaros. No tenía sueño. ¿De qué hablabais?
Los dos morenos se miraron en silencio, antes de que Sirius contestara con aires falsamente despreocupados
- De nada, es que este capullo está tan abrumado por su Florecilla Evans que…
- ¡No la llames así!
- …que no es capaz de distinguir entre el verdadero y el falso James.
- Lo único que ocurre es que hemos visto a Peter – bajó la voz – hablando con Snape.
- ¿Con Severus? – preguntó Remus, bajando el libro e interesándose de inmediato.
- Sí. Y yo creo que no debe de ser para tanto, al fin y al cabo, no es como si hablara con Malfoy¿verdad? Pero Sirius ya está empeñado en que le tenemos que echar la bronca por relacionarse con un Slytherin y…
- De verdad no suenas como de costumbre, James – dijo Remus, con una sonrisa cansada – Pero no puedo decir que esté en desacuerdo contigo.
- Cómo no… - bufó Sirius, dejándose caer en una butaca – Pues explícame tú por qué estabas susurrando en un rincón del pasillo a estas horas, arriesgándose a que les pillara Filch. ¿Y si están liados qué?
- Que tú seas maricón perdido no significa que todo Hogwarts tenga que seguir tu ejemplo – le espetó James.
- Calma, calma.
Fue entonces cuando se abrió el agujero del retrato y entró Peter, silencioso como un ratoncillo. Se sobresaltó al ver a sus tres amigos solos en la sala común, y se sonrojó levemente.
- ¿Qué hacéis…?
- No, Peter, la pregunta es qué diablos hacías tú con Snape hablando a escondidas.
- Joder, Sirius… - suspiró James – Que podría haber sido peor, como con Malfoy, por ejemplo…
- Yo solo… - empezó Peter – Yo sólo… quiero ayudar.
- ¿Ayudar…? – dijo Sirius, incrédulo - ¡Ayudar…!
- Hay rumores…
- ¡Me la sudan los rumores!
- Sirius, cállate, haz el favor – al oír la voz de Remus se calló, y si hubiera tenido cola probablemente la habría dejado lacia – Yo también he oído cosas preocupantes últimamente. Desde que volvimos de Francia, se entiende.
- Dicen que están reclutando a jóvenes magos con talento para el lado oscuro. Obviamente, Hogwarts es un buen foco de posibles futuro seguidores, y en especial la casa de Slytherin… Por lo que… Pensé que si me acercaba con disimulo…
- Peter, no creo que debas hacer eso – intervino Remus. Acalló a Sirius, quien se había levantado sonriente ante la posibilidad de encontrar a alguien que le apoyara, con un gesto de la mano – Si de verdad esos rumores son ciertos… Y creo que es altamente probable que lo sean… Precisamente esos magos jóvenes a los que quieren reclutar son lo suficientemente inteligentes como para darse cuenta. De que alguien quiere sonsacarles información, quiero decir. Y más sospecho resulta un Gryffindor… Y más tú, que siempre estás con nosotros. Será mejor que esperemos y actuemos en consecuencia, tras estar más seguros de todo el tema y de ver como se mueve el enemigo.
Lupin y sus estrategias…
- Sí, señor – contestó James en un susurro.
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Aquellos días le resultó difícil moverse sin levantar sospechas. Más de una vez tuvo que cancelar una cita de las que ya tenía planeadas para no alertar a nadie. Y es que están en todo, malditos… idiotas. Siempre había estado a parte, siempre había seguido la estela de aquel trío brillante. Ya estaba harto. Iba a destacar por él mismo. Ni siquiera me dijeron que se iban de vacaciones hasta que necesitaron que les cubriera si algún profesor que no fuera Dumbledore preguntaba algo.
Miró a diestro y siniestro. Eran las tres de la madrugada y todos dormían, agotados por la noche anterior, que había sido de luna llena. Se levantó, sigiloso. La capa de invisibilidad de James estaba bajo su cama, ahí tirada como siempre, ni siquiera se preocupa de guardarla. Tiró de la tela suavemente y ésta se escurrió desde su escondite hasta su mano, como si quisiera ir con él. Quizá es que quería. Porque, al fin y al cabo, su hora había llegado.
Peter se cubrió con la capa tan silencioso como había aprendido a ser y descendió a la sala común para salir luego por el agujero del retrato. Lucius le esperaba.
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- Oye, Remus¿estás seguro de que has dormido?
- Como un tronco.
- Tienes más ojeras de lo normal – observó Sirius, después de que James iniciara el tema.
- Es que estaba más cansado que otras veces. He dormido muy bien pero sigo teniendo ojeras. Va como va, cada mes es distinto… - acabó de abrocharse la camisa y pasó a ponerse la corbata.
- ¿Seguro que puedes ir a clase?
- No te preocupes, Sirius, estoy bien – se ató bien la corbata y salió de la habitación cogiendo un par de libros, sin mirar atrás.
- Yo sigo pensando que está demasiado cansado como para ir a clase. Es como si no hubiera dormido…
- James – llamó Sirius, cruzando la habitación a zancadas, con los pantalones aun desabrochados. Se los situó un poco antes de arrodillarse en el suelo junto a la cama de James.
- ¿Qué? – preguntó éste, cruzando también la habitación desde el baño hacia su cama.
- ¿Tu capa estaba así anoche, cuando fuimos a dormir?
Señaló la tela. James se fijó bien en ella y sí, es verdad, hay algo raro… Estaba seguro de que no dejó tanto trozo saliendo por debajo y de que las arrugas estaban más marcadas. Era como si…
- ¿Crees que alguien la ha cogido y la ha vuelto a dejar en su sitio, pretendiendo que nunca la tocó?
Sirius miró a James, serio.
- Eso es exactamente en lo que estaba pensando.
- ¿No creerás que…? – James tanteó el terreno.
- Tiene pinta de no haber dormido en toda la noche, joder.
- ¿Para qué la querría? No tiene más que pedírmela y…
- No lo sé, tío, yo soy el primero que querría descartar esa opción, pero... – Sirius dejó la frase colgada en el aire.
- Ya. Ya lo sé. Anoche… Te resultó sospechoso lo que dijo¿verdad?
- …si se estuviera reuniendo con Malfoy, o con Snape… Están en el bando oscuro, sin duda…
El silencio reinó durante unos segundos, denso, desconfiado, casi temeroso.
- Quítatelo de la cabeza, tío – dijo entonces James, en su voz estridente. Parecía que estuviera luchando contra ese temor, intentando convencer a Sirius…
- James…
- Remus no es un traidor. Y Peter no es un traidor. Y tú no eres un traidor. Yo no soy un traidor tampoco. Somos merodeadores, hostia. Y me voy, que he quedado con Lily un rato antes de las clases. Voy a ver si al fin formalizamos esta relación tan extraña que tenemos desde lo de Francia… - dejó suspendida la frase. Su voz ya no era fuerte, como en los cinco primeros puntos que había querido dejar claros. Había adquirido el tono soñador especialmente utilizado para hablar de Lily.
Sirius se quedó allí, en el suelo, solo. Remus en la biblioteca, James con Lily y Peter… desayunando, suponía, como siempre, para que no le quiten el pastel de chocolate los otros Gryffindor.
Se preguntó si su voz, al hablar de Remus, sonaría como la de James al hablar de Lily. Sin duda antes lo hacía. Más bien se preguntó, entonces, si la sospecha le cambiaría la voz.
No puedo quitármela de encima…
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- ¿…Sirius?
De nuevo de noche, una semana más tarde. Entró por el retrato más avanzada la noche que de costumbre, cargado de libros como siempre.
- ¿Qué haces aquí?
- Esperar… - susurró el moreno, sin mirarle - ¿Dónde has estado?
- En la biblioteca, obviamente – respondió algo sorprendido – Ayudando a la señora Pince. Se acercan los exámenes y hoy ha sido un día especialmente movido en la biblioteca. Mucho desorden de libros…
Sirius seguía sin mirarle.
- Oye, llevas una semana actuando de una forma algo extraña… - dijo. Empezó a andar hacia Sirius, aún cojeando levemente por la última luna. Llegó a la mesa donde estaba sentado el moreno apoyó sus manos una a cada lado de sus caderas, en la madera - ¿He hecho algo que no te ha sentado bien?
- …no es eso.
- ¿Entonces?
Empezó a alarmarse en ese momento. Cuando se inclinó hacia sus labios al no obtener respuesta y trató de besarle.
Donde habían estado los labios de Sirius, ahora los suyos se habían encontrado con su mejilla. Había vuelto el rostro, había esquivado su beso.
- …Sirius…
Se abrió el agujero del retrato.
- ¡ESTOY SALIENDO CON LILY!
James entró dando botes. Su alegría se contagiaba, pero Remus seguía atónito mirando a Sirius. El grito de James sólo le pareció un susurro, como el viento en la distancia. Sirius le apartó entonces sin mirarle siquiera, y saltó de la mesa para ir a felicitar a su amigo, sonriendo. Se abrazaron entre risas y empezaron a sir la escalera hacia los dormitorios. Ven cuando acabes con tus libros, Lunático, gritó James, pero de nuevo volvió soplar el viento. Estaremos bebiendo hasta la madrugada¡fiesta!
Fiesta…
Le fallaron las rodillas y estuvo a punto de caer al suelo. Pudo agarrarse a tiempo a la mesa que tenía delante, donde antes había estado Sirius. Donde ya no estaba. Ya desde hacía una semana… Cuando hablaron sobre el tema de los espías de Voldemort en Hogwarts, de los nuevos magos oscuros… Había estado raro desde entonces. Más distante, más oscuro. No, no quería pensar en eso, pero ¿qué otra explicación hay¿Qué puede ser si no es que…?
Sirius no. Sirius no.
Pero la sospecha se extendía como cizaña sobre los terrenos de Hogwarts. Acababa el curso y no podía pensar en los exámenes. El tiempo pasó escurriéndose entre sus dedos, a cada luna dejando cicatrices más dolorosas. Dumbledore les llamó un día. Les informó acerca de la Orden del Fénix. No tenía ni idea de qué era eso hasta que el director de lo explico a ellos cuatro y a Lily, y Remus estuvo a punto de gritar, de decir algo, ¡no¡No lo diga ahora! Va a delatarnos… ¿Realmente va a hacerlo? ¿Qué es realidad, qué es mentira? ¿Qué diablos está pasando?
Se evitaban mutuamente. Se cruzaban en los pasillos, no se miraban. Remus pasaba los recreos en compañía de Charles y su ahora novia, Elda. Sirius, con James y con Peter. A veces Remus también estaba con James, pero entonces Sirius no aparecía. Varias veces preguntaron Cornamenta y Colagusano acerca de ese aparente distanciamiento, pero no sacaron nada en claro. Remus se dio de nuevo por vencido aquel y se alejó de James, agotada su esperanza de al menos oír la voz de Sirius. Hacía tanto que no la oía… Aquel día fue cuando al alejarse, Sirius salió de las sombras.
- ¿Qué te ha dicho?
- De veras eres imbécil, tío. Imbécil de verdad. Se le nota a la legua que esto lo está destrozando por dentro. ¿Es que no ves que es imposible que él sea…?
- Joder, James, no me vengas con esas¿qué coño te ha dicho? – le agarró por el cuello de la camisa.
- ¡Olvídame, tío! – respondió James, deshaciéndose de los puños de Sirius - ¡Estás paranoico perdido, no te me acerques hasta que madures un poco, joder!
- ¿Ah sí¡Pues que te den, capullo, bailaré sobre tu tumba cuando acabes muerto y traicionado!
Sus palabras resonaron entre los muros del pasillo. Después las siguió el silencio, sólo roto por los jadeos de Sirius. James estaba dándole la espalda, andando hacia la sala común, pero detuvo sus pasos. Me he pasado.
- Nunca imaginé que te diría esto… - susurró James, sin volverse aún a mirar a Sirius – Pero me das pena. Lástima. Ahora mismo, eres patético.
Apretó los puños. No quería aceptarlo, pero sabía que James tenía razón. Su ropa estaba más arrugada que de costumbre, manchada. Su rostro pálido, con ojeras, su cabello normalmente brillante había perdido vitalidad.
- Como no reconsideres todo esto vas a acabar mal.
- James…
- Ya estás mal.
- …James…
Y él se volvió al fin. Encaró a su amigo, más alto, que seguía apretando los puños, con los ojos brillantes. En un par de pasos estuvo allí y le abrazó con fuerza, sintiendo como Sirius le devolvía el abrazo y escondía su rostro en su cuello, susurrando su nombre, una y otra vez, James, Jamie, Cornamenta, tío, James, lo siento, joder, no sé qué…
- Todo irá bien.
No me lo creo.
No te lo crees ni tú, Cornamenta.
Y no, él tampoco estaba tan seguro. No cuando tenía a alguien como Sirius roto, quebrado como un frágil cristal entre sus brazos. Que alguien con tal fuerza estuviera en ese estado… No había canción para describirlo, no había guitarra para plasmar el momento en que el peso, quizá de sus almas, les venció, y cayeron al suelo de rodillas, aún abrazados. Y aquello debían de ser lágrimas, porque de repente se había puesto a llover desde no se sabía dónde, una lluvia cálida y salada y triste que sólo les mojaba las mejillas y empapaba sus ropas sólo en los hombros, donde escondían los ojos, en el cuerpo del otro.
- Confío en ti. Nada va a cambiar eso. Confío en Remus, confío en Peter, confío en Lily y os quiero a todos más que a nada y tío, voy a casarme con ella y ahora va en serio. Antes de que ocurra nada más. No quiero perderla, si tengo que morir será como marido de Lily Evans… Lily Potter… Mira – dijo, con la voz algo más calmada, con las mejillas aún húmedas – ya sabemos qué nombre ponerle a nuestro hijo. Se llamará Harry, si es chico. Eso seguro. Si es chica…
- …dejadme elegir a mí¿vale? Si es niña…
- Ya veremos. No quiero traumatizarla.
Rieron. Levemente.
- Pero una cosa la sé segura. Vamos a irnos a vivir juntos en cuanto salgamos del colegio, ya hemos encontrado un sitio, una casita pequeña, a las afueras… Y quiero que tú seas nuestro Guardián. Como un buen chucho – bromeó.
- Yo… ¿Yo? – susurró, atónito.
- Claro, capullo. Si no puedo confiar en ti…
- No puedes.
- ¿Qué? – preguntó, sorprendido.
- Soy demasiado cercano. No puedes… coge a…
¿Remus¿Iba a decir Remus?
- …coge a Peter.
- Sigues con las paranoias acerca de Remus¿verdad?
- James, tengo mis razones, y no creas que me gusta tener que sospechar de él… Escoge a Peter. Si tanto confías en mí…
- Sirius.
- Por favor.
Le miró fijamente. No era que no confiara en Peter… Y sí, confiaba en los dos lo suficiente como para hacer a Peter su guardián. Entonces…
- De acuerdo.
- Así me gusta, Bambi.
