Emma se lamió sus cortados labios. ''He dicho que lo prefiero,'' repitió con suavidad.
''Oh,'' escuchó decir a una voz casi avergonzada.
Regina giró la cara, incapaz de mantener la mirada de Emma por mucho tiempo más. Su corazón latía con fuerza en su pecho, como si intentara echar a correr y escapar antes de romperse. Podía notar la mirada de Emma sobre ella y pestañeó con rapidez para que no salieran lágrimas de sus ojos. No estaba segura de por qué tenía ganas de llorar. Pero tenía la conocida sensación de que acababa de cometer un error colosal.
Sintió que el cuerpo de Emma se apartaba del suyo. Regina no sabía si los escalofríos que sentía por su cuerpo eran por el frío aire que la golpeó de repente o por el hecho de que Emma se había apartado de ella. Emma se quedó recostada de lado, cerca pero sin tocar a la morena, sin mirarle a la cara. No vio la lágrima que cayó por la mejilla de Regina hacia su almohada mientras el silencio entre ellas se hacía más largo.
''¿Regina?'' oyó decir a una cautelosa voz, después de ese largo silencio.
Ella no contestó. Ni siquiera se movió. No estaba segura de lo que Emma quería. ¿Qué se supone que tenía que responder? No había nada que hacer para deshacer lo que acababa de decir.
''Regina,'' dijo Emma de nuevo. ''¿Estás bien?''
''Estoy bien,'' dijo Regina, las palabras amortiguadas contra la almohada.
No muy convencida, Emma esperó un poco más antes de ponerse con cuidado sobre la mujer, cuya espalda ahora se encontraba presionada firmemente contra la de la rubia. Colocándose hacia el lado opuesto, no fue hasta que apoyó su cabeza en la almohada que se dio cuenta de que Regina estaba llorando.
''Ey, ¿qué pasa?'' preguntó Emma, acercándose más y abrazando por la cintura a la morena. ''¿Por qué lloras?''
Regina no contestó. Sólo enterró su cara en la maraña de pelo rubio que caía por el hombro de Emma. Emma la abrazó con fuerza, sintiendo cómo la mujer temblaba en sus brazos. Besó su sien, intentando calmarla, aunque no estaba muy segura de por qué Regina estaba triste.
''Regina, ¿qué pasa?'' dijo Emma después de unos minutos de silencio.
''Lo siento,'' oyó decir a una voz apenas audible, ya que tenía su cara enterrada en el húmedo pelo de Emma.
''¿Por qué lo sientes?'' preguntó Emma.
''La he cagado.''
Esa palabrota sorprendió a Emma. La presidenta apenas decía palabrotas y normalmente no perdía la compostura a la hora de hablar bien.
''¿Cómo la has cagado?''
Regina por fin se apartó y miró al confundido rostro de Emma.
''No debería de haber dicho eso. No aún. Quiero decir, es muy pronto. No llevamos ni seis semanas juntas. No quería decirlo.''
''¿No lo querías decir?'' preguntó Emma, con las cejas alzadas.
Regina se mordió el labio. ''Emm, no. No lo quería decir. Ha sido un error. No debería haber dicho eso.''
''¿Así que no me quieres?''
La mujer se resistió. ¿Acababa Emma de decir eso tal cual?
''No, no me refiero a eso.''
''¿Pero entonces no me quieres?'' presionó Emma, con las comisuras de sus labios curvados ligeramente.
Regina frunció el ceño. ¿Estaba Emma tomándole el pelo? ¿Para ella esto era todo una broma? ¿No se daba cuenta de lo aterrada que estaba de que su tentativo romance acababa de explosionar porque se había olvidado de filtrar sus pensamientos?
''No debería haber dicho eso,'' repitió Regina.
''¿Por qué no?''
''Porque es demasiado pronto. Es demasiado.''
''¿Es cierto?''
Regina suspiró y se apartó, rodando y acostándose de espaldas mirando al techo. Ya no podía seguir mirando a Emma.
''Sí.''
La lámpara de la mesilla creaba largas sombras en la habitación. Regina observó las formas, recordando todas las noches que había pasado en esa habitación de pequeña, siendo adolescente y como joven adulta cuando volvía de la universidad. Y entonces el techo desapareció, reemplazado por la cara de Emma mientras trepaba encima de la morena. Regina se tensó. Emma lo notó y se apoyó en sus antebrazos, dándole espacio a Regina. A pesar de ello, un par de ojos marrones se posaron sobre los musculosos brazos de Emma, admirándolos.
''No es demasiado pronto si es así cómo te sientes,'' dijo la rubia con suavidad.
Regina tragó saliva pesadamente. Era como se sentía. Hacía tiempo que sabía lo profundos que eran los sentimientos por la mujer que tenía sobre ella. Pero también sabía que podía asustar a Emma. Exceptuando que Emma no estaba huyendo. Estaba ahí mismo, sonriendo ligeramente, con curiosidad.
''¿Qué quieres que diga, Emma?'' preguntó Regina, demasiado concentrada en descifrar los mensajes crípticos que había detrás de las acciones de la rubia.
''No quiero que digas nada,'' dijo Emma. ''No creo que haya nada más que añadir, sinceramente.''
''No, probablemente ahí tengas razón,'' dijo Regina riéndose sin mucho entusiasmo.
''Pero hay algo que quiero decir,'' dijo Emma, dejándose caer sobre la mujer, los desnudos pechos de ambas ahora presionados. El interior de Regina se contrajo. La excitación que había bajado se había encendido de nuevo.
''¿Qué es lo que quieres decir?'' dijo Regina sin respiración.
''Yo también te quiero,'' dijo simplemente Emma.
Un par de ojos marrones se abrió de par en par mientras Regina procesaba las palabras que acababa de oír. ''¿Me quieres?''
''Te quiero,'' dijo Emma. ''Sólo estaba esperando al momento adecuado para decirlo. Supongo que te me has adelantado.''
''La verdad es que no he acertado con el momento,'' remarcó Regina.
''Sí, casi te da un ataque. ¿Por qué?''
''Tú has sido la que se ha apartado de mí,'' se defendió Regina.
''Parecía que estabas entrando en pánico o algo así. Quería darte espacio.''
Regina sonrió y rodeó a Emma con sus brazos, presionando sus cuerpos aún más cerca. ''No necesito separarme de ti, Emma. De hecho, que haya espacio entre nosotras es lo último que quiero de ti.''
''Bien,'' dijo Emma. ''Porque yo tampoco quiero separarme de ti. Aunque lo que sí que quiero, es un orgasmo. Bueno de hecho, quiero darte uno a ti.''
Una sonrisa maliciosa apareció en el rostro de Regina. ''Creo que estoy dispuesta a aceptar eso, pero bajo una condición.''
''¿Cuál es?'' preguntó Emma, robándole un beso a Regina antes de que pudiera responder.
''Yo también te doy un orgasmo.''
''Acepto esa condición,'' sonrió Emma. ''Pero voy yo primera. Estaba a punto de volverte loca cuando me has dicho que me amabas y has entrado en pánico y entonces hemos tenido esta larga e innecesaria conversación.''
Regina hizo un puchero. ''No es mi culpa. Tu no me lo habías dicho de vuelta.''
''Me has sorprendido,'' dijo Emma. ''Y entonces luego parecías demasiado asustada como para oírme decírtelo de vuelta.''
''Estaba asustada,'' remarcó Regina. ''Me había quedado petrificada de haber arruinado el momento al decir que te amaba tan pronto.''
''Nunca podrías arruinar 'esto','' dijo Emma. ''No te dejaré. Y ahora ya puedes decir la palabra 'amar'. Me refiero a que creo que ya hemos dejado claro lo que está pasando aquí, incluso si aún nos referimos a nuestra relación como a 'esto'.''
''¿Y tú cómo llamarías a 'esto'?'' preguntó Regina.
''Bueno, supongo que yo normalmente le diría 'te quiero' a alguien que considero como mi novia,'' dijo Emma en voz baja. ''¿Qué te parece?''
''Suena increíble,'' dijo Regina. ''Te quiero.''
A Emma se le iluminó la cara. ''Yo también te quiero,'' dijo, besando de nuevo a la morena.
Era un gran peso quitado de encima el poder confesarlo por fin. Antes de que a Regina se le escapara, Emma había estado contemplando la posibilidad de contarle a la morena cómo se sentía, pero justo como pensaba Regina, creía que era demasiado pronto decirlo. Se sentía aliviada de que ambas sintieran lo mismo. Sabiendo que Regina lo sentía con la misma intensidad que Emma fue no sólo un alivio sino que también reconfortante.
Sus labios ahora se movían más lentamente. Después de la intensidad con la que antes habían hecho el amor, y con la confesión de lo profundas que eran sus sentimientos, ambas mujeres se contentaban con sentir la una a la otra. El cuerpo de Emma se presionaba contra el de Regina, cálido y suave bajo las sábanas. La morena acarició con sus dedos la suave piel de la espalda de Emma, trazando cada línea y sintiendo los ligeros movimientos de sus costillas.
Después de un rato, Emma rodó para quitarse de encima de Regina, llevándose a la morena con ella para que ambas estuvieran de costado. Con las piernas entrelazadas, Emma empujó su muslo entre los de Regina, hacia su centro. Los flujos que quedaban del primer orgasmo cubrían su piel y gruñó al notar que Regina se restregaba contra ella, buscando fricción. El beso se intensificó, con las lenguas abriéndose paso más profundamente, probando con más intensidad.
Incapaz de esperar mucho más, Emma alcanzó su mano hacia el cálido centro de su novia, sus dedos acariciando gentilmente la suave piel. Regina soltó un gemido amortiguado por el beso que compartían al sentir esa caricia tan delicada, con ganas de sentir aún más. Emma estuvo más que dispuesta a complacerla. Dos dedos se introdujeron dentro de ella, embistiendo lentamente. Con cuidado de no hacerle daño a Regina o de pasarse, Emma mantuvo sus movimientos pero de forma más profunda. Se movió de forma que la palma de su mano ahora hacía presión constante contra el palpitante pequeño músculo de nervios, llevando a la mujer hacia otro nivel.
''Emma'', gimió Regina, con el cuerpo lleno de sensaciones. El sonido de su nombre dicho por su novia hizo que Emma se sintiera orgullosa y excitada a la vez. Quería oír a Regina gritar de éxtasis, escuchar su propio nombre retumbar por las paredes de la habitación. Pero también quería ser capaz de mirar a los ojos al padre de Regina a la mañana siguiente, así que sabía que tendrían que esperar a otro momento más adecuado para conseguir eso.
Aunque fue incapaz de esperar a saborear a la morena. Con los dedos aún embistiendo rítmicamente en su apretado interior, Emma se apartó del húmedo y desesperado beso que compartían y se bajó a los pies de la cama. Regina rodó para quedarse recostada de espaldas y abrió las piernas para que la rubia se pudiera posicionar entre ellas.
Sin perder el tiempo, la boca de Emma cubrió el pulsante centro de Regina una vez más. Con los ojos cerrados, saboreó el sabor que empapaba su lengua, el olor que invadía sus fosas nasales, la sensación de notar los muslos de Regina apretándola ligeramente. Decidió que ese era el mejor lugar en el que podía estar.
Regina no tardó mucho en volver a correrse. Los dos dedos de Emma no dejaron de seguir el ritmo mientras su lengua y labios se unían a la acción. Lamiendo de arriba a abajo el interior de Regina unas cuantas veces, Emma pronto se encentró en el delicado clítoris, succionando y tentándolo hasta que la presidenta empezó a temblar de placer. No se paró, con la lengua aún sobre el tenso músculo mientras Regina llegaba a lo más alto, con los dedos enterrándose en el pelo de Emma para acercarla más a ella.
Regina no sabía cómo era posible que no hubiera gritado. Pero mientras las últimas oleadas de placer la sacudían, se dejó caer en la cama, sin respiración y exhausta. Las sensaciones que Emma era capaz de brindarle era algo que nunca había experimentado antes. La sorprendía cómo de intensas eran esas sensaciones cada vez que las sentía.
Y entonces todo volvió a empezar de nuevo. Determinada a sobrepasar el antiguo mediocre amante de Regina, Emma empezó a lamer el sensible sexo de Regina una vez más. Esta vez su lengua se movía con lentitud, paseándose sobre la piel y haciendo círculos en el borde del clítoris, en vez de hacerlos directamente sobre él. Pero el cuerpo de Regina ya estaba demasiado preparado y con los nervios a flor de piel, y no hizo falta mucho más para que la morena volviera a subir a la cima.
Todo lo que bastó para ello fueron los dedos de Emma embistiendo con más profundidad, su lengua contra su clítoris firmemente. Se tapó la boca con la mano al notar que se le escapaba un grito de placer, que salió sin avisar de su pecho. Arqueó la espalda mientras sentía que se rendía ante ese placer por tercera vez, presionándose con más fuerza contra Emma, quién aún estaba entre sus piernas, contenta de seguir estimulando a la morena durante todo el tiempo que pudiera.
Pero al cabo de un rato fue demasiado para Regina y lo murmuró en la tenue luz de la habitación. Emma apareció de nuevo sobre ella, sonriendo con chulería, sus labios aún cubiertos de la esencia de Regina. Inclinándose hacia arriba, la morena acercó a su novia para besarla, saboreando en la lengua de Emma su propio sabor.
''Eso ha sido increíble,'' murmuró Regina.
''Bien,'' dijo Emma. ''Porque yo también lo he disfrutado mucho. Estás preciosa cuando llegas al clímax, Regina.''
Sonrojándose, Regina consiguió ofrecerle una vergonzosa sonrisa. Siempre había tenido problemas con aceptar los cumplidos en la cama. Siendo sincera, nunca había recibido muchos. Robin no había sido un amante que hablara mucho durante el sexo. Si se hubiera mostrado más interesado en hablar sobre su vida sexual, quizás la cosa hubiera ido mejor, pensó Regina. Quizás no le hubiera sido infiel si le hubiera dicho a Regina lo que necesitaba en la cama. Quizás su matrimonio no se hubiera roto después de haber encontrado a alguien que podía satisfacerlo.
''Ey, ¿a dónde te has ido?'' preguntó Emma, apartándose de Regina y acurrucándose al lado de la morena. Había visto en los ojos de Regina una mirada ausente, y de repente una mirada de realización, como si la morena se hubiera dado cuenta de algo y tuviera su mente en otro lado.
''Lo siento,'' dijo Regina, girándose para besar a Emma con suavidad. ''Sólo pensaba.''
''Lo sé,'' dijo Emma. ''¿Puedes decirme en qué estabas pensando?''
Regina rodó y también se puso de costado, acercándose a Emma y rodeando su cintura con sus brazos. ''Estaba pensando en todas las cosas que nos fueron mal a Robin y a mi,'' admitió. Emma se tensó ligeramente. Nunca era buena señal que una pareja pensara en su ex después de tener un orgasmo. ''Y entonces me he dado cuenta de que he pasado demasiado tiempo triste por la ruptura de ese matrimonio.''
Frunciendo el ceño, Emma asintió para que Regina continuara. ''Robin me partió el corazón al irse, pero parece ser que en realidad me ha hecho un favor.''
''¿Y eso?''
''Si hubiéramos estado juntos, incluso si hubiéramos seguido con el falso matrimonio, nada hubiera pasado entre nosotras. Sin tener en cuenta cómo me sentía por Robin o cómo me siento ahora por ti, yo nunca le habría engañado. Si Robin no hubiera hecho lo que hizo, si no me hubiera traicionado y hubiera partido mi corazón en pedazos y destrozara nuestro matrimonio,'' las manos de Emma se habían convertido en puños al oír eso, ''yo nunca me habría encontrado en una situación como para empezar algo contigo. Yo no estaría ahora aquí, en tus brazos, contenta y segura y tan completamente enamorada que nada de lo que haya pasado me importa. Te quiero, Emma. Y los sucesos que me han traído a este momento, a nosotras estando juntas, ya no importan. Lo he superado, ya he pasado página. Hacia ti.''
''Yo también te quiero,'' dijo Emma. ''Y siento que tuvieras que pasar por ese infierno antes de que nos conociéramos. Siento que Robin no viera en ti lo que yo veo, que no entendiera lo impresionante que eres, que no te reconociera como la mujer más increíble y preciosa del mundo. Pero yo también me alegro, porque eso significa que ahora estamos juntas. Nunca desearía que te rompieran el corazón, ni a ti ni a nadie, pero si eso es lo que ha tenido que pasar para que estemos juntas, entonces pasaré cada segundo de mi vida asegurándote de que ha valido la pena pasar por eso.''
''Lo fue, lo ha sido,'' dijo Regina. ''Por ti vale la pena cualquier precio que tenga que pagar, Emma.''
''Bueno, espero que ninguna de nosotras tenga que pagar un precio muy alto cuando esto por fin salga a la luz,'' dijo Emma pensativa.
Regina negó con la cabeza. ''Dejemos el tema,'' dijo. ''Vamos a descansar. Juntas. Enamoradas. Hasta que tenga suficiente energía para darte otro orgasmo. ¿Qué te parece?''
''Eso suena a cómo quiero que mis días acaben por el resto de mi vida,'' dijo Emma honestamente.
A la mañana siguiente Graham y Alice salieron de sus respectivas habitaciones justo en el momento en el que ambas mujeres salían al pasillo. Regina sólo pudo imaginarse cuánto rato habían estado esperando a que salieran. Le asintió cortamente con la cabeza al agente antes de dirigirse hacia la cocina. Henry ya estaba allí, sentado en la pequeña mesa con una taza de café caliente enfrente de él. Su enfermera estaba en los fogones, preparando el desayuno.
''Buenos días,'' dijo él mientras entraban. ''¿Habéis dormido bien?''
''Maravillosamente, gracias papi,'' dijo Regina mientras le besaba en la mejilla. ''¿Y tu que tal?''
''He dormido como un bebé,'' contestó Henry. ''¿Y tu, Emma?'' ¿Cómo has dormido?''
''Muy bien, gracias señor,'' contestó Emma con educación, haciendo un esfuerzo para no pensar en que podía ser que el hombre hubiera oído sus no tan adormiladas actividades de esa noche.
''Vamos, Emma,'' le regañó ligeramente. ''Ya te he dicho que me llames Henry, ¿o no?''
''Lo siento, Henry,'' dijo Emma.
Aún le sonaba raro decir el nombre de su hijo pero dirigido a otra persona. Henry no era un nombre muy popular en esta época tan moderna así que le parecía raro conocer a alguien más que se llamase así. El hecho de que el padre de Regina y su hijo compartiesen nombre era una coincidencia muy inusual.
''Y bueno chicas, ¿qué tenéis pensado hacer hoy?'' preguntó Henry.
''No mucho,'' dijo Regina, acercándose a los fogones para hacer su desayuno y el de Emma. La enfermera observó las dos nuevas presencias en la habitación pero no dijo nada. ''Hemos venido a pasar un fin de semana de relax y no tenemos intención de salir de la casa. Bueno, tampoco es que pudiéramos hacerlo. No podemos salir a pasear en público. Si alguien nos viera juntas, los medios se nos echarían encima.''
''Sí,'' dijo Henry lentamente. ''¿Qué plan tenéis para tratar con la prensa?''
Regina miró a Emma, quién se encogió de hombros. ''No tenemos ninguno en concreto,'' admitió la morena. ''Así que quizás se podría decir que nuestro plan para este fin de semana era encontrar un plan para ver cómo podemos hacer pública nuestra relación sin que la gente me quiera fuera de la Casa Blanca y sin que Emma pierda su programa.''
Henry asintió. ''Sí, creo que ambas vais a tener que pensar cuidadosamente cómo ésta noticia se hará pública. Pero estoy seguro de que hay una manera de contárselo a la gente sin que se sufran muchos daños.''
''¿Tiene alguna idea?'' preguntó Emma.
''Pensaré un poco y luego os diré algo,'' dijo Henry.
Emma sabía que el próximo obstáculo que iban a superar de su relación iba a ser uno grande. Como alguien que había estado trabajando para los medios casi toda su vida, sabía lo chupa sangre que podía ser la prensa. Las noticias saldrían a la luz y los tiburones estarían listos para atacar. Habría gente que usaría la noticia de que Regina no sólo tenía ahora una relación sino que además era con una mujer para intentar derribar su carrera política, para desvincularla de su puesto y deshonrarla como política. Emma creía que la forma en que presentaran su relación sería algo crítico.
Y luego estaba su propia carrera. Emma ya tenía casi la certeza de que sus jefes de la NBC no estarían contentos con la corresponsal presentando un programa y luego volviendo a la Casa Blanca para comer. Una vez Regina y ella lo hicieran oficial, Emma probablemente perdería su programa. O al menos, perdería el formato en que lo presentaba. Había estado pensando ideas y formas para hacer un programa político que fuera diferente. Aunque necesitaba hablarlo con Regina, Emma ya había empezado a pensar en cómo su acceso directo a la presidenta podría ser beneficioso para inventar otro tipo de programa.
No planeaba emitir detalles íntimos de su relación, pero Emma sabía que la gente era curiosa y quería saber sobre la presidenta de América. ¿Y si Emma podía satisfacer esa curiosidad ofreciendo acceso exclusivo al día a día de las actividades que sucedían dentro de la Casa Blanca? Sin contar secretos de estado o revelando sus vidas privadas, Emma se había inventado lo que podía resultar ser un buen programa con el que convencer a sus jefes después de que su relación se hiciera pública. O quizás, antes de que las noticias se supieran.
''En realidad yo tengo una idea,'' dijo Emma mientras Regina colocaba una taza de café y un plato de tortitas enfrente de ella.
''¿Ah si?'' preguntó Regina, sentándose al lado de Emma con su propio desayuno. ''Entonces venga, vamos a escucharla.''
Emma explicó a Regina y a su padre su idea en menos de diez minutos. Pero antes de que alguno de los dos pudiera decirle lo que pensaba, Graham les interrumpió.
''Presidenta, señor Mills,'' dijo, ''acabo de recibir una actualización sobre la investigación del tiroteo y creo que ambos querrían escucharla.''
''Adelante,'' dijo Regina, dejando su taza de café. El lento progreso que había conseguido el equipo de investigación la ponía de los nervios y esperaba desesperadamente que esta actualización les diera una pista tangible que pudieran seguir. El hecho de que esa persona, quién había disparado a su padre, quién había intentado matarla a ella, seguía sin nombre y con motivos desconocidos la aterraba. Eso y el hecho de que dudosamente hubiera estado trabajando en solitario.
Graham miró a Emma, inseguro de si la mujer tenía un nivel de confidencialidad adecuado para conocer las noticias.
''Dilo ya de una vez,'' dijo Regina de mala gana. ''Y por favor, no trates a mi novia como si fuera alguien en quien no se pudiera confiar.''
Las cejas de Henry se alzaron al escuchar cómo se había referido Regina a la rubia. Su hija nunca había llamado así a Emma. Estaba claro que la noche anterior habían tenido alguna charla, pensó.
''Hemos identificado al francotirador,'' dijo por fin Graham. ''Sabemos su nombre.''
