TWILIGHT Y SUS PERSONAJES PERTENECEN A STEPHENIE MEYER
GRACIAS A ISA POR CORREGIR ESTE CAPÍTULO
MÚSICA DE ESTE CAPÍTULO:
SKYFALL-ADELE
IM DYING-VAST
NEVER IS A PROMISE-FIONA APPLE
COLD SUMMER-SEABEAR
CAPÍTULO 29
QUIERO CAER CONTIGO
No hay refugio para el que lo ha perdido todo. Incluso los pasos son ecos vacíos que resuenan con tal estruendo que ensordecen toda capacidad de sentir esperanza. Los pasos de Bella son lentos, erráticos y con cojera externa que refleja la verdadera discapacidad que posee: no tiene idea de cómo vivir. Nunca supo amar, nunca supo ser feliz con poco o mucho, nunca entendió la paz que a veces tenía y la descartaba como un juego químico de su cerebro. Y mientras el amanecer la toca por detrás y las patrullas indican su desdichada victoria, ella solo puede dirigirse a más desdicha aún, solo por el hecho de que necesita hacerlo.
No camina sin rumbo, no, para eso se necesita estar sin propósito. Bella, a pesar de los últimos sucesos, todavía tiene una última cosa que hacer; es sencilla, pero suficientemente fuerte para que la jale a sus adentros. Dos horas después de caminar, llega al cementerio y prosigue a descansar unos minutos. Se siente fatigada y con hambre, pero sus huesos y carne poco importan cuando su alma está hambrienta de verdad.
Su presencia domina el entorno lúgubre que adorna cada metro del terreno. Las lápidas son montones de letras con fechas que una vez fueron testigos de dolor o indiferencia. Cada flor de plástico es un testimonio del olvido de los seres amados. Cada montón de tierra fresca es testigo de lo que le espera, y ¡cómo lo espera! Solo tiene que hacer esto, estar segura, estar bien segura antes de dar el paso definitivo.
Es difícil encontrar la sección 4C; está al fondo, en la sección donde ponen a la gente que no tiene dinero suficiente y el gobierno tiene que pagar el entierro. No sabe si eso la hace sentir un poco mejor. Camina hilera por hilera, las cuales no tienen numeración, así que ella tiene que contar cada surco. Cuando llega a la 18, frente a ella se plasman elevaciones de tierra sumamente fértil, con pasto verde y flores de verdad que crecen agrestemente. El hecho de que la carne humana sea alimento de tal vegetación, le da una especie de escalofrío. Poco a poco, y pisando sobre cada lápida, al fin se detiene frente a lo que temía encontrar. Bella cae de rodillas y lee la lápida detenidamente.
Marcus Anthony Abernathy 1957-2009
Es todo lo que dice la lápida, no dedicatorias o alguna foto que corrobore la historia de Riley, pero sabe que es verdad. ¿Por qué se hubiera tatuado Elizabeth esas iniciales? Y lo peor de todo, Edward lleva el nombre de su padre. Bella no sabe qué hacer. Pensó que solo echaría un vistazo y se largaría de ahí, pero ahora simplemente no puede moverse.
—Amo a tu hijo, ¿crees que eso es aberrante? —dice impulsivamente, como si no fuera ella la que está hablando—. ¿Crees que terminaría así? Honestamente, —Bella ríe cínicamente— creo que estoy tan jodida de la mente como para amar a quien menos debo, nunca he estado bien de aquí —ella toca su sien insistentemente con su dedo—. Tú eras un enfermo después de todo, tal vez me contagiaste. Tal vez por eso mi vida nunca fue normal o mis expectativas eran diferentes. Pero culparte no tiene sentido, Abe, eras un puto enfermo de mierda, pero al final soy yo la que vive esta vida y sé perfectamente que he tomado malas decisiones. Pero amar a Edward y estar con él, jamás será una de ellas. ¿Es terrible que piense que todo lo que me hiciste valió la pena por conocer a Edward? Yo sí creo que es terrible, es asquerosamente enfermo, pero no por eso es menos cierto. Pero él no es como tú, él es un hombre bueno, decente, con integridad y es por eso que jamás lo hemos merecido, ni tú ni yo. Por eso lo voy a proteger y jamás se enterará de ti, te lo puedo asegurar. No mereces que él te vea como padre, él no merece tenerte como padre. Tal vez fue la única cosa buena que hiciste; reconocer que él no era para ti. Pero no te pongas feliz, no pretendo mentirte, en realidad deseo que te estés pudriendo en el infierno.
»A veces puedo sentir, en las noches cuando sueño, cómo es el infierno. Es tenerlo todo y luego ser despojado de ello; es una pérdida infinita de amor y afecto. ¿Pero tú qué sabes de amor y afecto? Cada quien su infierno, supongo. Tengo curiosidad de saber cuál es el tuyo. —Bella se levanta y sacude su rodilla de tierra—. Si pudiera decidirlo, sería hacerte víctima de tus propios crímenes, pero eso es tan poco creativo —Bella suspira—. Me falla la creatividad y la imaginación para todo lo malo que te deseo. Pero dejemos eso para otra ocasión. La verdad es que cuando uno es pecador impenitente como yo, lo menos que quiere es soportar la debilidad o la culpa ajena. Hasta nunca, hijo de la gran puta. —Bella escupe la lápida y camina lejos de ahí.
X*_*_*X
Es medio día cuando llega a su departamento. Lo primero que hace es tomar un vaso de agua y la heroína escondida en su cocina. Va al baño y no se atreve a contemplarse en el espejo, solo talla su cara sin saber cómo lo hará. ¿Qué método infalible le espera? Bella necesita pensar, necesita tomar valor, porque a diferencia de las otras veces, esta vez teme morir. Le teme al infierno que le espera, le duele dejarlo a él, la destroza saber que no lo verá más. Pero la muerte es inexistencia y cree que después ella no tendrá que preocuparse por sufrir.
Sube las escaleras de la azotea y se va a sentarse en la parte poniente. Es un día cálido pero con un poco de viento. Ella no trae un suéter o saco, pero cree que eso no importa ya. Se sienta contemplando la ciudad y espera tomar valor, el suficiente valor para hacerlo.
Sabe perfectamente que la poca droga que tiene no le es suficiente para una sobredosis, pero sería de muy mal gusto dejarla sin usar, eso no lo hacen los buenos drogadictos. La prepara en un metódico proceso digno de un alimento que va a nutrirla y no como el veneno que la desgasta.
Cuando entra la heroína a su torrente sanguíneo, Bella sufre un estado extraño de éxtasis y paz, y sabe que es por eso que se droga en primer lugar. Solo Edward le daba algo así, algo tan poderoso como para ganarle a cualquier ilusión química. Hora tras hora, Bella desgasta sus venas en dosis que desea que duraran más, pero gramo y medio apenas la dejan en el limbo.
Es ya de noche, cuando el frío la envuelve por completo. No tiene idea de qué hora es, pero ahora siente el temblor de estar recientemente intoxicada y con necesidad de otra dosis. Puede ir y buscar más, ¿pero qué propósito tendría? Debería terminar esto de una vez por todas. Detesta pensar que está postergando su muerte porque espera una señal, algo que le impida hacerlo. Qué triste es necesitar morir cuando realmente no lo quieres; ella se siente así, como una animal herido que es mejor acabar con su miseria de una vez por todas. Tambaleante se levanta del frío suelo. Las luces de la ciudad son perfectos patrones de constelaciones artificiales que le dictan que las siga. Bella tiene tanto miedo, pero es justo lo que pasa cuando enfrentas a la muerte. No es el miedo a lo desconocido, sino el miedo de esos últimos segundos cuando se arrepentirá de haber tomado esa decisión. Pero para Bella, ningún día ha pasado sin que supiera que iba a morir así.
Sube su pie al escalón de apenas 30 centímetros y mira hacia abajo; los autos se mueven tan rápido y la gente es tan pequeña. Está a la deriva y no le importa, porque el infinito se ve suave bajo sus pies y su mirada cristaliza todo lo que toca. Hace tanto que no lloraba…
¿Cómo llegó aquí? ¿Qué hizo mal? Cree que todo; cree que amó incorrectamente, que odió extremadamente y que nunca le importaron las consecuencias. Le pide perdón a su padre, a su madre, a Emmett e incluso a Jacob por haberlos usado. Pero en el fondo al que ruega que algún día la perdone es a Edward, porque es al que más le habrá hecho daño.
Bella está lista, está tan lista como pudiera estarlo, su pecho se mueve violentamente, en emoción, adrenalina y miedo.
"Solo eres una animal que debe ser sacrificado", ella piensa de sí misma. "No tienes redención, no la tienes".
Su pie está temblando y su prótesis siempre estática la mantiene en equilibrio.
—No lo hagas.
Bella voltea a la voz que jamás olvidaría, esta vez sujeta a un tono de preocupación que no había escuchado en él antes. Edward está a unos pasos de ella, pero se ve temeroso, con el cuerpo encorvado y manos extendidas. Por unos segundos se sorprende que de todas las personas, él fuera el que la encontrara.
Bella voltea de nuevo hacia en frente.
—No te acerques, Edward, no creo que alcances a detenerme —ella dice fríamente, Edward se detiene porque sabe que tiene razón.
—¿Sabes qué día es hoy? —dice Edward tratando de conseguir tiempo, de distraerla. Bella voltea curiosa y sacude su cabeza—. Es 23 de junio. Mi madre murió un día 23... —Bella no dice nada así que Edward continúa—. ¿Recuerdas los dulces? ¿Recuerdas que te dije que ella me los regaló? —Bella asiente—. Amaba esos dulces, realmente era un niño con amor por las golosinas, pero éramos tan pobres..., que no podía darme el lujo de comerlos diarios. Temía que se acabaran y no pudiera disfrutarlos más. —Bella sonríe ante el relato de Edward, es una sonrisa que le dice "sé de lo que hablas"—. Así que lo que hice fue comer menos y menos, hasta que se convirtieron en una especie de tesoro. Mi madre extrañada me pregunta por qué no los como, y es cuando le digo que es porque temo que se acaben. Ella solo sonríe y me dice "voy a comprarte más cuando se acaben". Inocentemente pensé que perder algo amado no era tan grave, siempre habría forma de recuperarlo, sabía que podía tenerlo de vuelta. —Edward da un pequeño paso a Bella, pero ésta no lo pierde con la mirada, concentrada totalmente en la historia—. Cuando mi madre murió aún quedaban dulces en la caja, 23 para ser exactos, pura coincidencia —Edward habla rápido, pero trata de sonar claro, los nervios apenas lo dejan pensar y recordar bien—. Pero lo que trato de decirte es que si saltas, no podré recuperarte. —A Bella se le salen unas lágrimas y se limpia la cara—. Jamás tendría la oportunidad de tenerte de vuelta—Edward dice suplicante.
—Edward...
—No lo hagas, Bella, por favor. Cualquier cosa, podemos solucionarlo. No tienes que hacerlo sola, voy a estar contigo —Edward ruega con un nudo en su garganta.
Edward ve a Bella mirar el precipicio y eso lo pone en alerta, es como si estuviera considerándolo, no sabe si es bueno o malo. Ella voltea con lágrimas en sus ojos, jamás la ha visto llorar, jamás la ha visto tan vulnerable o derrotada. ¿Qué la trajo a este punto? ¿Fue él? ¿Fue la droga?
—Tienes una vida, Edward, no quiero arrastrarte a mi mierda. Rosalie..., es una buena mujer, si estás con ella es porque es una buena mujer.
—Olvida a Rosalie, olvida todo. No me importa nadie más que tú. Debí haber..., debí de haberte buscado antes. Te juro por Dios que me arrepiento de eso. —Bella sacude su cabeza ante la declaración de Edward.
—No te arrepientas, te hice mucho daño —Bella dice apretando sus puños.
—Los dos fuimos víctimas de las circunstancias. Fue un accidente, Bella, es todo, ahora lo comprendo. Podemos solucionarlo, te prometo que sí. —Bella sacude la cabeza maniáticamente.
—¡No soy una víctima, merezco esto! —ella grita enojada y dolida. Está cansada de aplazar su muerte.
—No, Bella, no eres una víctima, o victimario. Eres la mujer que amo, eso eres. Eso es lo único que importa. —Bella levanta la cabeza asombrada.
—¿Cómo puedes amarme después de todo lo que he hecho? —ella pregunta incrédula.
—La vida tiene peores contradicciones que ésa, ¿por qué sería tan extraño amar lo imposible? —Edward contesta dando otro pequeño paso.
—El amor no puede salvarme, no puede curarme. El amor no redime sino el sacrificio, Edward —Bella dice llorando fuertemente; sus palabras acarrean una desesperación que atormentan a Edward. No sabe cómo ayudarla y se siente tan impotente porque ella no entiende, simplemente no entiende.
—¿Vas a sacrificar mi vida también? ¿Qué tipo de redención es ésa? —él dice molesto consigo mismo ante su incapacidad de convencer a Bella. Trata de calmarse pero no puede, simplemente no puede.
—No quiero herirte, no quiero arruinar tu vida. Déjame ir. Vas a estar bien, vas a seguir con tu vida, te lo prometo. Todo estará bien. Solo déjame ir —Bella dice llorando inconsolablemente.
—¡No puedo, jamás lo haría y jamás lo hice! —Edward grita desesperado al viento que cada vez es más fuerte, tan fuerte como para mecer sus cuerpos y tumbar a Bella en un descuido—. Si me dejas, voy a sobrevivir, voy a seguir mi vida, pero cada minuto, cada mañana, voy a sentir este enorme vacío que habrá crecido hasta ahogarme. —Edward golpea a su pecho llorando—. Todos los días recordaré tu cara y caminaré incompleto. Lo sé, lo he vivido estos meses preguntándome ¿dónde está ella? Y existías, Bella, lo recordaba y eso me permitía funcionar. Tenía estas..., estas extrañas manías de verte en rincones inexistentes, pero nunca fue suficiente. Estabas en todos lados, en cada rincón, y solo podía pensar "si Bella estuviera aquí todo sería mejor". Pero si no estás..., estaré condenado a ti. ¿Eso quieres para mí? ¿A eso llamas seguir con mi vida? —grita él alzando sus manos, luego respira para recobrarse—. Tal vez tú me dejes, pero yo nunca te voy a dejar. —Edward toma otro paso; está tan cerca que se atreve a levantar su mano y ponerla frente a ella. Podría correr, pero no sabe si la alcanzaría a tiempo—. Escógeme a mí, toma mi mano y escógeme a mí. —El ruego de Edward hace que Bella apriete su pecho; escucharlo la hace tener más miedo aun.
—Tengo miedo, Bella, de la vida que me espera sin ti, es un miedo tan profundo que de pensarlo me paralizo. No me dejes solo. —Bella está temblando del frío y de la emoción que la embarga. Su pie sigue sin moverse y solo puede ver la mano de Edward, extendida y lista para que por primera vez tome la decisión de vivir o morir. Todo está en ella, jamás tuvo esta decisión antes, todos antes la sacaban a tiempo antes de sucumbir a la muerte, pero esta vez Edward le está dando una decisión. Cualquier decisión que tome, no habrá vuelta atrás.
Bella levanta su mano lentamente hasta apenas tocar los dedos de Edward. Él lo toma como señal y la jala hacia él, lejos del precipicio.
Bella se aferra a él, su calor la embarga por completo, tiene tanto frío y él siempre ha sabido cómo hacerla sentir protegida. Llora en su pecho de miedo, no puede dejar de llorar, es como si ahora que lo ha empezado hacer, no puede parar. Apenas puede respirar y sus pulmones duelen, pero es un buen dolor. Edward la cubre con sus dos brazos y la jala poco a poco hasta que están sentados en el piso. La mece hacia su pecho y besa su frente, pero Bella no puede dejar de abrazarlo, no puede despegarse de él; jamás se había sentido tan dependiente y tan libre. No le importa la enferma simbiosis que ellos recrean, no le importa que él la ame injustamente, no le importa que tenga que sufrir más mierda de esta vida, porque es mucho peor negarse amarlo. Y tal vez no lo merezca, pero lo va a tomar de la vida a regañadientes hasta que algún día demuestre que se lo merece. No pasará un día en que no lo intente.
Toda la escena del intento del suicidio de Bella está basada en el video musical de cold summer interpretado por Seabear.
Saludos,
Eve
