Capítulo XXVI: La familia disfuncional

—Narra Tsokuro —

No sabía si sentirme entumecido por el arrebatador frío que nos golpeaba sin benevolencia a Jonathan y a mí, o enojado por las idioteces de mi compañero; pero no podía quejarme, pues él era quien hacía de mi soledad algo nulo. Agradecía desde mi mente por aquellos miles de chistes que me dedicaba, apaciguando el viento gélido de la noche.

Qué horrible era no estar con Dareki por otro lado, no sabía de las diversas torturas que le andaban haciendo para sacar la información de nuestro paradero desde entonces. Le rezaba a cualquier deidad que me prestara atención, rogando porque su hermano no le visitara; estuviéramos perdidos si eso pasara.

Nuevamente, escuché a Jonathan soltar su último chiste de la noche mientras ignoraba el humo blanco que nos emanaba al respirar:

—¿Por qué las focas de los circos miran arriba?

—¿Por qué? —Pregunté luego de un bostezo.

—Porque arriba están los focos…

Luego de eso, hizo el clásico ruido de: Ba dum psss.

Malísimo. Y era lo que me hacía reír. Es tan malo que es bueno, entendí esa expresión por primera vez. Dejé escapar unas risitas que me delataron al instante.

— Fue horrible… —Mencioné, contradiciéndome por lo anterior.

—¡Nah! ¡Te encantó!

Ni siquiera el clima lo hacía callar. Y le hice saber de mis quejas al momento que me dio la oportunidad.

Jo-jo… Te diré esto de una manera en la puedas entender… ¿No te callas?

Frotaba mis manos con las esperanzas de volver a mi temperatura normal. Hizo una pausa antes de responder.

—¿Y tú? ¿No te cansas de fingir que no estás preocupado? —Me discutió con su expresión neutra.

De verdad que no quise comentar. Me helé tras imaginar que sería del día siguiente: La segunda resurrección del dios de la destrucción. Jonathan entendió que sí estaba nervioso.

Me siento orgulloso de haber llegado hasta allí, no faltaba ni dos pasos para cuando el mundo me quedará en las manos, donde podía estrujarlo hasta que los gritos de lamento resonaran en mis oídos. Sentirme un dios. El sentimiento de ímpetus no dejaba de cantar su angustiante melodía en mi mente. Claro, es normal sentirme de esa forma antes de un evento importante. ¡Me volvería loco si no ocurría como yo quería!

—Dareki estará sufriendo… —La voz de Jonathan se clavó en mis tímpanos al mencionar a mi chica, sacándome de mis ideas— Dejó sus pastillas para la depre… —Finalizó.

Pensé que se refería a lo de la resurrección con lo de sentirme preocupado; pero era sobre ella. Y me angustié, pensado lo mismo.

—Lo sé… —Afirmé en un murmuro exasperante.

Vi el fuego de la fogata, nuestra única fuente de calidez, nuestra única luz. Más o menos. Jonathan encendió su… ¿Cómo se le llama? ¿Teléfono? Ah, sí, eso. Una segunda pequeña luz que resplandeció su rostro rígido molestando sus ojos.

Mierda… No hay señal… —Le escuché entre el cantoneo de sus dientes.

—¿Qué esperabas? Es una zona retirada de las ciudades… —Expliqué hurgando levemente las ramas del fuego con otra rama— Y ahí no nos ofrecerán una taza de café y la contraseña de su WiFi —Apunté atrás, donde un hermoso templo de miles de años se hallaba. Como a treinta minutos de recorrido.

Allí, se haría el despertad de Hades por fin. Un santuario conservado por el entorno de los árboles y la naturaleza, más grande que cualquier castillo, adornado por el paso del tiempo en sus grietas. Me encantaba. A Jonathan se le hacía un vejestorio. Gracias Corea del Sur, tus bosques son dulces para mis ojos.

Mi compañero carcajeó, tosiendo un poco antes de comentar.

Tsk… Ya sé. Mañana será lo que tú querías y toda la rola… Supongo…

—¿Y no te alegra? —Inquirí extrañado.

—Hmm… —Se notaba concentrado en su aparato. Hipnotizado— Mientras cumplas tu promesa, todo relax.

Bien… —Espeté.

Ojeé las facciones sin novedad de Jonathan, seguía incrustado a su teléfono en total silencio —por primera vez en toda la noche a decir verdad—. Me dio por reflexionar un rato. No cabía dudas; era un idiota con propósitos si te tomabas el tiempo de conocerlo. Aunque en algunas ocasiones parecía ser un muchacho ordinario, tuvo motivos que lo impulsaron hasta ese momento, con nosotros:

Un hombre destruyó el linaje de su familia. Jonathan se esmeró en hacer su venganza, por ello terminó accediendo a cualquier propuesta que le inculcara el día que le prometí una nueva vida con Hades.

Todavía lo recuerdo, le planteé una promesa que no tardó en reconocer como algo que aceptar. Le llené la mente con que si yo alcanzaba reanimar a Némesis, él obtendría poder para así realizar su venganza contra sus enemigos. Como lo es ser un dios o seguir a uno.

Y fue así como lo tuve que soportar por todo ese tiempo. Aunque siendo definitivo, él es un gran blader con potencial. Pienso en lo personal que era un buen chico —Más o menos—; sin embargo el cambio repentino que se tiene por rencor es inimaginable. Nos pasó igual a los tres, víctimas de la pesadumbre.

Regresando a la realidad, percibió mis ojos sobre su nuca al momento que giró a verme.

—¿Qué? —Hizo un ademán de confusión— ¿Quieres más chistes? Porque me sé un libro comp-

—Jonathan… Cierra la boca y ve a buscar más leña —Interrumpí agrio antes de que pudiera arrepentirme de tenerlo como colega.

—Eh... —Volvió a ver su infernal teléfono, ignorando mi disgusto— Qué mandón. Eres muy molesto.

Jojo-Chan… —Lo llamé. Con eso me tomó en serio.

—Jódete, no me llames así.

Siempre le fue incomodo que lo llamara con los honoríficos. Me era imposible no hacerlo porque me acostumbraron a ello toda mi vida, mientras que a él, se le hacía demasiada "formalidad". Cosa que es todo lo opuesto. Ignorante.

—¡Que busques la leña! ¡Yo me quedo a cuidar! —Estuve a punto de alzarme contra su persona si no es por ser ajeno a la violencia.

—Después que alimente a mi Pou… —Replicó, haciendo caso omiso a propósito por ese condenado aparato.

No alargó más la discusión luego de que le regañara refunfuñando, ya que sabía que las cosas estarían a mi favor, y por ello fue en busca de lo planeado acompañado de una linterna.

Soplé unas cuantas veces mientras registraba mi bolso con tal de sentir y encontrar una frazada para lo que quedaba de noche. Diré la verdad, no he soportado el frío en lo absoluto. Estirando la manta, una foto traviesa deambuló por el césped congelado tras sacudirle dos veces. La recogí de inmediato, percatándome de que aquella imagen era de Dareki, Jonathan y mía; juntos sobre una plaza al mediodía vistiendo nuestra mejor sonrisa.

Suspiré recordando esa vez. Fue meses antes de recurrir al plan acordado, y no me di de cuenta que sonreí de verdad en la fotografía porque realizamos idioteces divertidas en esa ocasión —Era raro ya que odio los teléfonos y no los sé manejar—. Primera oportunidad que se me da para hacer tales cosas. Mi vida no del todo era educación y elegancia, a veces siendo sometido a regaños y éticas que se transformaban en un infierno para una sola persona, yo siendo obligado a seguirlas hasta que formaran parte de mi piel.

Lo peor es que yo solo me hundí en ello.

Pero ya no más del pasado, pensé. Quedaba el futuro y me tenía que exigir mantenerme aferrado a lo que pasaría después, dependiendo de lo que hiciera en el presente, y ya dejar en blanco lo que era mi vida anterior.

Aun continuaba afanado con el sentimiento de angustia por lo que sucedería al día siguiente, casi no dormí la verdad. Se me complicaba las ideas de estar imaginando a Dareki llorando en donde quiera que estuviese. ¡No podía dejar atrás a una amiga! ¡Tampoco castigarme por ello! Ni siquiera recuerdo qué había decidido hacer tras lograr conciliar un descanso decente. No sé el porqué de complicarme con las cosas.

Y allí estábamos, a la mañana siguiente después de recargar energías con un desayuno natural, desembocamos la caminata restante hacia el templo en las profundidades de la madre naturaleza. El horror que viví al ser atacado por bichos y rocas traidoras; me desquicié sin titubear. Menos mal que no nos cazó un animal salvaje, en ese caso me hubiera convertido en Hitler y lo castigo en un horno; pero el neandertal de Jonathan imploraría que no usara mi Cerberus, odia el maltrato hacia los animales.

¡30 minutos y casi cavo mi propia tumba!

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Narración omnisciente

Aeropuerto, Corea del Sur: [6:43 AM]

Aunque esperar la recepción era desesperante como el buscar donde el viento no fuera un adversario, para Daiki, se le hacía agradable pasar todo aquel tiempo con su hermana. Ayudarle, apoyarla… Y asustar de vez en cuando a los chicos cuando se le acercaban con el fin de brindarle un abrazo o solo saludarla. Con Johannes era distinto, lo consideraba un cabeza hueca inofensivo.

Formó un gesto de lado vigilando a Dareki, que se encontraba junto al grupo de bladers para ir al lugar de la resurrección de Némesis, planificando sus movimientos y demás objetivos. Todos aportando en un circulo estando en un par de muebles como adorno de la sala.

Notaba como ella se unía a la conversación muy tímida de vez en cuando, claramente insegura de si opinar o no, mas los otros nunca despreciaron lo que tenía para decir; todo lo contrario, ella era la que más sabía acerca de los movimientos del enemigo. Las cosas se iban restaurando a su tiempo mediante la confianza era retomada en sus corazones. Lento pero seguro, sería lo correcto de la situación.

Nunca olvidaría como ella hacía el esfuerzo de sonreírle para que él no se atreviera a desperdiciar sus horas en Dareki. Solo una perdida más, según describía la chica. Mientras, él la protegía, claro, lo único que lograba realizar durante los minutos que charlaba con alguien. Porque eso hacen los hermanos.

No se había dado de cuenta y ya los aceptaron en el hotel luego de que el encargado le avisó que estaban a nombre de Ryo Hagane. Listos y preparados para quedarse los días necesarios.

—Ellos deberían de estar aquí en media hora, así que podemos irnos ahora y llegaremos casi puntuales… —Habló Dynamis.

—¡Genial! ¡El transporte está listo en la entrada! ¡Podemos lograrlo si nos apresuramos! —Aclaró Yuki entusiasta.

—Bien, muchachos… Den lo mejor de ustedes, la tierra nos necesita. Confíen en sus beys y en su espíritu blader —Ojeó por segundos a Johannes y a Dareki— ¡A salvar el mundo! ¡Otra vez! —Exclamó el de bufanda antes de que juntos gritaran en triunfo. A pesar de que ni café tomaron los ánimos ya andaban por las nubes.

Y allí se hallaban, dispuestos a salir de inmediato al ver su automóvil estacionado. Antes de que aquel transporte se llenara por completo hasta colapsar, Daiki llamó con su mano a Gingka desde la recepción, indicándole con un movimiento que se acerara a su persona.

Gingka se tomó un minuto para captar la señal pero al recapacitar fue donde Daiki, simulando sonreír ya que su presencia aun emanaba uno que otros rayos suspicaces* los cuales solo el pelirrojo percibía. La seguridad ante todo.

—Ah… ¿Qué pasa, Daiki? —No se avergonzó al no ocultar su confusión.

Como el muchacho de lunar era más alto, se inclinó a un punto donde podría mirarlo directo a sus ojos.

—Cuida a mi hermana… —Lanzó en un murmuro delineando una sonrisa.

—Tengo que cuidar a todos la verdad, son importantes… —Respondió el blader— Pero sé que quieres mucho a Dareki, en ese caso… Pued-

No consiguió finalizar la frase porque la mirada de Daiki le iba a picar en pedazos. Una mueca malévola, casi con cuernos y una cola de demonio adornando su aura negra. Gingka empezó a sudar, ganándole a los mares de la región si se comparaba.

—¡E-E-Eh! ¡Quise decir que… Toda tienes Daiki palabra mi! —Los nervios hacen de la suya enredándole hasta las piernas.

—Veo que entiendes… —El azabache se apartó, volviendo a su antigua postura— Si Tsokuro o él cara de muerto la ven, por favor que no se junte con ellos. Conoces las intenciones que traen. Me basta con que esté junto a él…

Seguido de hacer saber su disgusto, señaló a Johannes mientras el chico se creaba un puesto a lado de Dareki por si alguien se adelantara en tomar su lugar. Maullando en quejas como siempre.

—Entonces… Sabes qué hacer. ¿Verdad? —Volvió a alegrarse mediante una mueca Daiki.

—Puedes contar conmigo, haré lo mejor… —Le devolvió el gesto, ocultando el obvio pánico que sentía si al menos el viento rozara a la chica.

—Bien… Ahora ve y encárgate de nuestro futuro —Fueron sus palabras de animación.

Los Bladers Legendarios desembarcaron al final del nivel. Donde se concentrarían en derrotar al jefe para salvar al mundo, de nuevo. Dispuestos a luchar, confiaron ciegamente en la ubicación que les había propinado Dareki.

—|•|—

—Narra Tsokuro—

Y por fin habíamos llegado.

El templo Young Mi, tan maravilloso de lejos como de cerca. El olor al nuevo mundo acobijaba los rincones de cada loza. Un monumento que merecía ser apreciado por días, sino es que tienes a un chupasangre de compañero que no te permite eso.

—Bueno, si quieres te puedes casar con cada piedra que veas… —Habló Jonathan notablemente en sarcasmo.

Infeliz que se cree gracioso. No gruñí o protesté por mis modales, pero de ser así, ya le hubiera lanzado mi zapato. Le di la última ojeada al santuario antes de ingresar sin vacilar.

La entrada de un tamaño inmenso, donde cabrían más de cuatro personas a la vez. Perfecta para ser custodiada por los seguidores de Hades. Por suerte dichos discípulos, ya habían arribado al mismo tiempo que nosotros, y les ordené que protegieran los lados que les fueran posibles; mejor prevenir que lamentar.

Esperaba con ansias la llegada de los Bladers Legendarios si se atrevían.

El aire, una vez que entramos, era un viaje gratis en el tiempo. Inesperado y extraordinario. La humedad camuflándose entre las plantas verdes de las baldosas, grietas decorando por montón y la combinación de los ladrillos haciendo cúpulas altísimas.

—Venimos a resucitar al Diablo, no a pasear, So-so —Recalcó mi compañero notando mi entusiasmo por cada cosa.

¿En serio lo hacía tan obvio? Qué vergüenza. A veces me emociono demasiado por descubrir nuevos sitios así.

—No me voy a disculpar —Comenté en seco—. La cosa es que no debemos hacer tanto alboroto o esto se nos cae encima. ¿De acuerdo?

Él asintió complacido. Tal vez la estructura fuera linda y todo, aunque no lo era el hecho de tener cientos de años que posiblemente, se nos derribaría encima. Tres aplausos y ya se podría caer hasta el suelo de allí.

Fue uno de los sitios donde se alababa al Dios de la destrucción y sus acciones. Los seguidores construyeron el templo hace añares, y hasta sacrificios realizaban por obtener el amor de su deidad.

No muchos conocían su localización —por protección de la supuesta religión, era considerada una blasfemia por los otros—, a menos de que tengas un mapa a la mano. Gracias a mi inteligencia, poseía el mapa que nos guiaría hasta el lugar del avivamiento.

Nos adentramos luego en aquel templo, a penas los rayos se colaban entre los hoyos del techo, y la suciedad escondía los dibujos en lenguajes extraños de las paredes. Ninguna trampa traviesa se nos presentó, entramos ilesos. Eso sí, la oscuridad para nada amistosa en cada paso que dábamos.

Llegamos al centro del lugar más tarde de luchar con las telarañas. La luz del sol si lograba atravesar con libertad los bloques. Las piedras del techo se habían caído y permitían el ingreso de la luminosidad.

Nos dimos el lujo de observar nuestro entorno por si algunos bichos saltaban a nuestras caras. Más grande de lo que me imaginé, y un estadio de Beyblade añadiendo el toque de todo blader de una época pasada.

—¿Dónde estamos? —Preguntó Jonathan perdiéndose en los alrededores.

—En el centro donde se hacían los combates por iniciación. Ya pasamos la entrada y nos toca irnos a la habitación del estadio —Le expliqué cuando coloqué el mapa en el suelo, para así saber que pasillo elegir. Guiando mi dedo en los caminos correctos del papel—. Allí puedo resucitar a Némesis si me concentro lo suficiente y le entrego la energía de los Bladers Legendarios… Pero te tengo que advertir que… —Lo miré dominante— ¡No me estés diciendo estupideces porque esto es importante!

Él rió, cruzado de brazos. Queriendo desafiarme.

—Sí, claro… Confía en este nene. Mi trabajo es proteger la entrada por si los torpes llegan. ¡Je!

Torpes… ¿Gingka y los otros? Me recordé que debíamos esperar a Dareki. Maldije a mi emoción por cegarme del asunto.

Volteé al mapa; no nos faltaba mucho antes de ser los dueños del mundo. Alcanzaba a saborear la sangre de mis enemigos en tan solo unos pasos más. Pero no podía dejar a Dareki fuera de ese sueño, deseaba que estuviera conmigo al tener infinitos poderes. Como le prometí.

—Tenemos que esperar a Dareki —Solté de pronto.

Jonathan quiso decir algo y al instante cerró la boca. Como que quería que siguiéramos adelante sin ella. Según vi su expresión.

—No podemos dejarla —Insistí.

—¿Entonces qué, niño bonito?

Le eché otro vistazo al ambiente. Nos hallábamos asegurados, listos, enérgicos y alegres. Además de que ella conocía la ubicación, podíamos esperarla, no era mucho la verdad.

—¿Qué propones? —Volvió a cuestionar mi compañero cuando giré a verle.

—No me quiero convertir en rey si no está mi reina.

Y Jonathan supo en ese momento, que de ahí no me retiraría sin nuestra amiga. Por ello sonrió, situando su gorra hacia atrás.

—Okey… Dada-San… Ojala no llegues tan tarde, pedazo de waffle —Se dijo el mismo.

Porque la familia que habíamos formado, era todo el mundo que necesitaba para la ocasión. Si uno cae, los otros igual. El equipo Helpers Of Hades no sería separado por los odiosos niños legendarios.

Ser perdulario* con este tema me convierte en el mejor líder que el grupo pueda tener.

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Palabra con asterisco del día:

Suspicaces/Suspicaz:

Def.1 «Maliciosos, temerosos, desconfiados»

Def.2 «Astutos, vivos, avispados»

Perdulario

«Def.1 Sumamente descuidado o desaliñado»

«Def.2 Vicioso, incorregible: Lleva una vida perdularia»