Capitulo 29. Fuego.

Mil fantasías rodearon mi cabeza y me hicieron prácticamente su presa y Bella con sus ojos puestos en mi cara esperando mi respuesta.

-Por favor... -Susurró casi intangible y muy nerviosa.

Su corazón latía incansable.

Realmente no sabía que hacer. ¡Maldición!

-No tienes que darme ninguna garantía. Si no funciona, vale, no pasa nada. Sólo te pido que lo intentemos. Únicamente intentarlo ¿vale? A cambio te daré lo que quieras-Aseguró con palabras rápidas- Me casaré contigo-Prometió solemne- Dejaré que me pagues la matrícula en Dartmouth y no me quejaré cuando les sobornes para que me admitan. Hasta puedes comprarme un coche más potente, si eso te hace feliz. Pero sólo... Por favor...

Ha aceptado casarse conmigo…había aceptado al fin, sería mi esposa. Mi ser se colmó de dicha pero a la vez aquello significaba arriesgar su vida conmigo.

El peligro sería yo.

No me contuve y le abrace.

-Esta sensación es insoportable-Le dije- Hay tantas cosas que he querido darte... Y tú decides pedirme precisamente esto ¿Tienes idea de lo doloroso que me resulta negarme cuando me lo suplicas de esta forma?

-Entonces, no te niegues- Dijo clavando sus labios en mi mandíbula-Por favor susurró desesperada.

-Bella...

No puedo… no debo… pero si quiero.

Aquel fuego que siempre he sentido por ella se apodero de mis actos y mi intentos por resistir ya no estaban teniendo efecto.¿Sería capaz de controlarme? Le besé sin contenerme, me deslice por su garganta rindiéndome ante mis deseos y con su intenso aroma en la nariz. Me sentí desesperado por poseerla. La ansiedad de sentirle pegada a mí sencillamente me enloquecía. Tal vez si podría… Bella entendió mis ganas y se dejó llevar estremeciéndose ante mi contacto no tan frío como de costumbre pues mi temperatura externa se había elevado ya que me sentía un verdadero volcán, por mis venas parecía que corría lava ardiente. Mis labios no se querían despegar de su suave piel, era una sensación increíble solo pensar en la unión de nuestros cuerpos. Me pregunte diez veces más si podría llegar a controlar mis fuerzas para no dañarle en caso de continuar con nuestra pasión.

Esto simple y sencillamente se me estaba escapando de las manos.

Nuestras respiraciones se confundían, las mías también eran una necesidad. De pronto tuve la impresión de que para esto estábamos hechos, para amarnos a cada instante.

Fue ella quien tuvo que detenerse para poder recuperar el aliento. Mi ataque fue imprevisto e intenso necesitaba sentir sus labios en mi piel.

Era cierto Bella era simplemente perfecta, a pesar de llevar prendas puestas su figura se delineaba de forma impecable ante mi vista. Ella era para mí. No existió, no existe y no existirá nadie más que ella para mí.

El deseo me dominaba y su ofrecida entrega no cesaba. Estaba siendo una dura prueba, nunca habíamos llegado tan lejos.

Fue tal el apogeo de nuestros besos y de mi inspiración y nuestra dedicación que Bella se adelantó y no le culpo ya que sus dedos comenzaron a deslizarse por su blusa. No sería capaz de detenerme si eso continuaba. Busque un poco de cordura, ya casi no me quedaba. Ya no podría contenerme más, estaba seguro.

Recordé mis intereses. Y tal vez eso me dio fuerza.

-Bella ¿te importaría dejar de desnudarte?- Le dije atrapando sus muñecas con mis manos.

-¿Quieres hacerlo tú?- Me tentó con delicadeza.

Si tan solo fuera humano…

-Esta noche no-Le dije besando su mejilla, intentando frenarme.

-Edward, no...

-No estoy diciendo que no-Me rendí- Sólo digo que «esta noche no»-Estaba perdido.

-Dame una razón convincente para que yo comprenda por qué esta noche no es tan buena como cualquier otra dijo controlando su respiración.

Mi plan estaba resultando. Me estaba distrayendo.

-No nací ayer –Me reí- ¿Cuál de nosotros dos se resiste más a dar al otro lo que quiere? Acabas de prometer que te casarás conmigo, pero si cedo a tus deseos esta noche, ¿quién me garantiza que por la mañana no saldrás corriendo a los brazos de Carlisle?- Inquirí- Está claro que yo soy mucho menos reacio a darte a ti lo que deseas. Por lo tanto... Tú primero.

Había encontrado la formula para postergar ese momento y de cierta manera prepararme.

-¿Tengo que casarme antes contigo?- Preguntó.

Sonreí.

-Ése es el trato: lo tomas o lo dejas. El compromiso, ¿recuerdas?

La encerré con un abrazo y para terminar de convencerle le di un beso tentador al cual no se pudo resistir y yo otra vez me deje llevar.

-Creo… que no es… buena idea- Intento decir cuando recuperaba el aliento.

-No me sorprende que lo pienses -Sonreí- Tienes una mente muy cuadriculada.

-Pero ¿se puede saber qué ha pasado? - Se preguntó a si misma- Por una vez pensé que esta noche era yo quien tenía el control, y de repente...

-...estás comprometida- Dije feliz.

-¡Eh! Por favor, no digas eso en voz alta.

-¿Vas a romper tu promesa?

Me aleje para ver su rostro. Sus ojos brillaban intensos llenos de deseo pero su cara estaba irritada completamente.

Le dedique una gran sonrisa.

-¿La vas a romper?

-¡No! - Gruñó- No voy a romperla. ¿Ya estás contento?

-Sumamente contento- Respondí con toda la alegría que me embargaba-¿Es que tú no estás contenta?

Le ataque nuevamente con un beso verdaderamente ardiente. Pegue su cuerpo al mío nuevamente sabiendo que quizás no sería una buena idea.

-Un poco - Dijo cuando nos incorporamos- pero no por lo de casarnos.

Mis labios volvieron a tomar posesión de los suyos de la misma forma e intensidad que la anterior.

-¿No tienes la sensación de que todo está al revés? Tu deberías querer casarte y yo no. Es lo convencional- Dije divertido entre besos.

-En nuestra relación no hay nada convencional.

-Cierto.

Las caricias no disminuyeron al contrario subieron de nivel. Me sentía muy emocionado que me deje llevar por milésima vez esta noche.

Quería comprobar si podría tener la osadía de controlarme y no matarla con mi fuerza.

-Escucha, Edward-. Besé su mano.

-He dicho que me casaría contigo, y lo haré. Te lo prometo. Te lo juro. Si quieres, te firmo un contrato con mi propia sangre Me dijo cuando le recorría absorbiendo su olor.

-Eso no tiene gracia.

-Lo que quiero decir es que no pienso engañarte. Me conoces muy bien. Así que no hay razón para esperar. Estamos completamente solos: ¿cuántas veces ocurre eso?

Además, tenemos esta cama tan grande y tan cómoda...

-Esta noche, no.

-¿No confías en mí?

-Desde luego que sí.

En el que no confío es en mí.

Quiso ver mi cara.

-Entonces, ¿cuál es el problema? Sabes de sobra que al final vas a ganar – Me acusó- Tú siempre ganas- Puntualizó.

-Sólo cubro mis apuestas- Me defendí.

-Hay algo más. ¿Acaso tienes tú la intención de faltar a tu palabra?

-No-Le Prometí-Te lo juro, intentaremos hacerlo. Después de que te cases conmigo- Sentencié.

Sonrió sin ganas.

-Me haces sentir como el malo de la película, que se retuerce el bigote mientras trata de arrebatarle la virginidad a la pobre protagonista.

Intente leer su expresión. Me miraba intentando hacer lo mismo.

-De eso se trata, ¿verdad? ¡Estás intentando proteger tu virginidad! –Se rió mientras yo recorría su hombro izquierdo ahora.

-No, niña boba. Estoy intentando proteger la tuya. Y me lo estás poniendo muy difícil- Reconocí.

-De todas las cosas ridículas que...

-Deja que te diga una cosa - Le pare- Ya sé que hemos discutido esto antes, pero te pido que me sigas la corriente. ¿Cuántas personas en esta habitación tienen alma, y la oportunidad de ir al cielo, o lo que haya después de esta vida?

-Dos- Dijo automáticamente.

-Vale. Quizá sea cierto. Hay muchas opiniones a este respecto, pero la inmensa mayoría de la gente parece creer que hay ciertas normas que deben seguirse.

-¿No te basta con las normas vampiricas? ¿Es que tienes que preocuparte también de las humanas?

-No viene mal. Sólo por si acaso.

-Por supuesto, aunque tengas razón con respecto a lo de mi alma, puede que ya sea demasiado tarde para mí.

-No, no es tarde - Repuso.

-«No matarás» es un precepto aceptado por la mayoría de las religiones. Y yo he matado a mucha gente, Bella.

-Sólo a los malos.

Se encogió de hombros.

-Tal vez eso influya, tal vez no, pero tú aún no has matado a nadie...

-Que tú sepas -Me dijo.

-Y voy a hacer todo lo posible para mantenerte alejada del camino de la tentación- No estaba seguro si era a ella o a mí.

-Vale, pero no estábamos hablando de cometer asesinatos.

-Se aplica el mismo principio- Compare- La única diferencia es que ésta es la única área donde estoy tan inmaculado como tú. ¿No puedo dejar al menos una regla sin romper?

-¿Una?

-Bueno, ya sabes que he robado, he mentido, he codiciado bienes ajenos... Lo único que me queda es la castidad- Señalé.

-Yo miento constantemente- Intentó defenderse.

-Sí, pero lo haces tan mal que no cuenta. Nadie se cree tus embustes.

-Espero que te equivoques. De lo contrario, Charlie debe de estar a punto de echar la puerta abajo con una pistola cargada en la mano.

-Charlie es más feliz cuando finge que se traga tus historias. Prefiere engañarse a sí mismo y no pensar demasiado en ello- Le confesé.

-Pero ¿qué bien ajeno has codiciado tú? Lo tienes todo.

Aquello era una mentira.

-Te codicié a ti. No tenía derecho a poseerte, pero fui y te tomé de todos modos. Ahora, mira cómo has acabado: intentando seducir a un vampiro- Le dije con una simulada cara de espanto.

-Tienes derecho a codiciar lo que ya es tuyo –Me dijo-Además, creía que lo que te preocupaba era mi castidad.

-Y lo es. Si resulta demasiado tarde para mí... Prefiero arder en las llamas del infierno, y perdóname el juego de palabras, antes que dejar que te impidan entrar en el cielo.

-No puedes pretender que entre en un sitio donde tú no vayas a estar. Esa es mi definición del infierno. De todas formas, tengo una solución muy fácil: no vamos a morirnos nunca, ¿de acuerdo?

-Suena bastante sencillo. ¿Por qué no se me había ocurrido?

-Así que te niegas a dormir conmigo hasta que no estemos casados.

-Técnicamente, nunca podré dormir contigo- Recordé.

Puso los ojos en blanco.

-Muy maduro, Edward. Me refería a acostarnos.

-Bueno, quitando ese detalle, tienes razón.

-Yo creo que escondes algún otro motivo más- Me acusó.

-¿Otro motivo?- Le pregunte con mi rostro lleno de inocencia.

-Sabes que eso aceleraría las cosas.

Ahogué la risa.

-Sólo hay una cosa que quiero acelerar, y el resto puede esperar por siempre... Pero, la verdad, tus impacientes hormonas humanas son mi más poderoso aliado en este sentido.

-No puedo creer que me hagas pasar por el altar. Cuando pienso en Charlie... ¡O en Renée! ¿Te imaginas lo que van a decir Ángela o Jessica? ¡Arg! Ya estoy viendo sus cotilleos.

Inmediatamente los pensamientos envidiosos de Jessica vinieron a mi mente pero no tenían importancia alguna.

-No hace falta que sea un bodorrio-Le aclaré al ver sus ojos - No necesito tanta fanfarria. No tienes que decírselo a nadie ni cambiar tus planes. ¿Por qué no vamos a Las Vegas? Puedes ponerte unos vaqueros. Hay una capilla que tiene una ventanilla por la que te casan sin que te bajes del coche. Lo único que quiero es hacerlo oficial, y que quede claro que me perteneces a mí y a nadie más- Aunque Alice me perseguiría.

-No puede ser más oficial de lo que ya lo es- Declaró.

-Ya veremos-Concluí- Supongo que no querrás aún el anillo de compromiso.

-Supones bien-Murmuró nerviosa.

Me reí de su expresión.

-De acuerdo. De todos modos, no tardaré en rodear tu dedo con él.

-Hablas como si ya tuvieras un anillo-Me acusó.

-Y lo tengo- Respondí sin pena- Listo para ponértelo al menor signo de debilidad.

Me miró impactada.

-Eres increíble.

-¿Quieres verlo?

-¡No!-Respondió agitada.

Esa respuesta no era la que esperada. Quizás aún no estaba segura de su decisión.

- Bueno, si de verdad quieres enseñármelo, hazlo.

-No pasa nada. Puedo esperar.

Suspire.

-Enséñame el maldito anillo, Edward- Bramó.

-No.

Me miró con la mirada suplicante recorriendo mis mejillas con sus delicados labios.

-Por favor... -Suplicó suave- Por favor, ¿puedo verlo?

Como me iba a negar ante esa forma de insistir.

-Eres la criatura más peligrosa que he conocido en mi vida.

Sonrió.

Me tardé solo unos segundos en regresar con la cajita de terciopelo que guardaba dentro el anillo de mi madre.

Lo deje en su rodilla y me senté a su lado.

-Adelante, échale un vistazo-Le autorice.

Aun nerviosa tomó la cajita.

-¿No te habrás gastado mucho dinero? Si lo has hecho, miénteme.

-No me he gastado nada. Se trata de otro objeto usado. Es el mismo anillo que mi padre le dio a mi madre- Le dije mientras se disponía a abrirla.

-Oh –Dijo maravillada y sorprendida.

-Supongo que es demasiado anticuado-Le dije a modo de disculpa- Está tan pasado de moda como yo. Puedo comprarte otro más moderno ¿Qué te parece uno de Tiffany's?

-Me gustan las cosas pasadas de moda-Dijo abriéndola por fin.

A penas le vio sus ojos brillaron. Sin duda le gustó.

-Es muy bonito.

-¿Te gusta?

-Es precioso. A cualquiera le gustaría- Dijo intentando ocultar su asombro.

-Pruébatelo, a ver si te queda bien.

Cerró su mano de inmediato.

Suspiré.

-Bella, no voy a soldártelo al dedo. Sólo quiero que te lo pruebes para ver si tengo que llevarlo a que lo ajusten. Luego te lo puedes quitar.

-Vale- Dijo queriendo tomarlo.

Me adelanté e intente ocultar mi nerviosismo, tome su mano y con todo mi corazón deslice la argolla en su dedo.

Calzó preciso.

La luz de los diamantes que proyectaba el anillo brillaba para nosotros como si fuese nuestro futuro.

-Te queda perfecto. Eso está bien: así me ahorro un paseo a la joyería.

Al fin todo era como siempre debió ser. La mujer que siempre había esperado en toda mi larga existencia había aceptado ser mía para siempre. No existía un ser mas afortunado que yo en estos momentos.

-Te gusta, ¿verdad?- Observó.

-Claro -Dije tratando de esconder mi felicidad para que no se diera cuenta- Te sienta muy bien.

Todo fue en vano pues sus ojos se clavaron en mi rostro y me vi descubierto. No me contuve y le bese con pasión y adoración.

-Sí, me gusta. No sabes cuánto-Reconocí.

-Te creo.

Y de pronto supe que este era el momento indicado.

-¿Te importa que haga una cosa?- Le dije incorporándonos.

-Lo que quieras.

Le sonreí.

-Lo que quieras, excepto eso-Se quejó cuando se dio cuenta de mi intención.

Era demasiado tarde.

-Quiero hacer esto como Dios manda. Por favor, recuerda que has dicho que sí. No me estropees este momento.

-Oh, no- Fue lo único que pudo decir.

-Pórtate bien- Le susurré mientras me arrodillaba sin soltar su mano.

Contuvo el aliento.

Las palabras que tanto había ensayado para este instante brotaron y se ordenaron al salir.

-Isabella Swan –Dije mirando sus ojos infinitos- Prometo amarte para siempre, todos los días de mi vida. ¿Quieres casarte conmigo?

Aquellos ojos se llenaron de lágrimas incontenibles que comenzaron a recorrer sus mejillas sonrojadas marcando su sonrisa.

-Sí-Aceptó.

-Gracias- Le dije besando sus dedos y su anillo.

Cuando me incorpore saltó a mis brazos y me beso dándome el mejor regalo que jamás había pensado recibir… Su promesa de amor eterno.


^^Espero que les haya gustado, al fin uno de los capítulos mas esperados, espero que no haya faltado nada en cuanto a la descripción y que todo se haya entendido, no tengo mucho que decir esta vez estoy muy contenta. Gracias por Leer. Un abrazo. Cami.