Advertencia de la traductora: Si piensan que los capítulos anteriores han sido dulces, aún no han visto nada. Es probable que saquen caries con estos dos últimos, aunque valen la pena, lo juro.
Día 29 – Haciendo las tareas de la casa
Capítulo 29:
Los chicos más afortunados del mundo
"¡Asegúrate de desempolvar la estantería!" llamó Cas.
"¡Si, lo tengo!" respondió Dean, alzando el plumero y pasándolo sobre varios libros y cuadros de fotos ubicados sobre su biblioteca. Pero su mente estaba en algún otro lugar, es decir en el anillo en su bolsillo que estaba pesando una tonelada.
Lo ha estado sosteniendo por un tiempo, pero no ha podido proponérselo. No es como si estuviera cambiando de idea ni nada. De ninguna jodida manera. Él definitivamente quería casarse con Cas, quería ser la única persona en la vida de Cas y que Cas fuera la única persona en la suya. Solo que seguía acobardándose.
Para empezar, él odiaba los momentos cursis, y cualquier cosa grande o elaborada que pudiera lucir ridícula ante sus ojos y que fuera impropio de la relación de él y Cas. Lo que realmente quería hacer era solo deslizar el anillo en el dedo de Cas mientras estaba durmiendo. Simple, despreocupado, fácil.
Excepto que cada vez que despertaba antes que Cas y sacaba el anillo, listo para deslizarlo, era golpeado por una especie de terror nervioso, como si de alguna forma Cas pudiera decir que no, o se despertara y enloqueciera, y él sencillamente no podía poner el anillo.
"Bien, nuestro dormitorio y el baño están limpios," dijo Cas, viniendo por el pasillo. "Así que nos queda el escritorio. ¿Terminaste la cocina?"
"Si," dijo Dean.
"¿Y cómo va la sala de estar?"
Dean bajó su plumero y limpió la pantalla del televisor. "¡Hecho!"
Cas sonrió. "Perfecto. ¿Crees que nos faltó algo?"
Dean miró alrededor del ridículamente limpio apartamento (a Cas le gustaba hacer una excursión de limpieza todo-en-uno cada dos meses) y sonrió. Luego miró hacia la mano izquierda – sin anillo – de Cas.
"Solo una cosa," dijo Dean antes de que pudiera detenerse.
Su corazón dio un vuelco en su pecho mientras Cas inclinaba su cabeza hacia el lado. "¿En serio? ¿Dónde? ¿Te encargaste de las ventanas, verdad?"
"Si, me encargué de las ventanas," murmuró Dean.
"Entonces–"
Dean metió una mano dentro de su bolsillo y sacó el anillo. Sintió como si estuviera a punto de desmayarse o vomitar, pero no había vuelta atrás, así que tomó la mano izquierda de Cas y deslizó el anillo.
"Ahí," dijo con una sonrisa. "Perfecto."
Cas lucía paralizado, con la vista clavada en sus manos. "Dean," balbuceó. "Nosotros- tú estás- esto es- estamos-"
"¿Te casarías conmigo?" preguntó Dean, sonriendo mientras se apoyaba sobre una rodilla, porque maldición que era un romántico hijo de perra.
"Por supuesto que si, idiota," soltó en medio de un suspiro, lágrimas formándose en sus ojos. "Claro que sí."
Cas cayó sobre sus rodillas y besó fuertemente a Dean, como si Dean no estuviera lo suficientemente mareado ya. Entonces Cas se apartó y comenzó a reír.
"¿Qué?" preguntó Dean. "¿Tan mal lo hice? No lo planeé, yo solo–"
"No, es…" Cas sacó un anillo de su bolsillo. "Parece que te conseguí el mismo anillo. Y he estado tratando de dilucidar como preguntártelo."
Dean se quedó mirando el anillo de titanio en la mano de Cas y luego al anillo de titanio en el dedo de Cas.
"¡Por eso la mujer de la joyería seguía sonriéndome de esa forma extraña!" exclamó Dean. "¡Debes haber ido antes que yo!"
Cas se rió y puso el anillo en el dedo de Dean. "Realmente somos un par de idiotas, ¿no es así?"
"Idjits, como diría Bobby," dijo Dean.
Cas sonrió. "Sí, lo diría."
Dean puso sus manos a cada lado del rostro de Cas y juntó sus frentes.
"Te amo," dijo Dean solemnemente. "Te he amado por tanto tiempo. Te amaba incluso antes de darme cuenta."
"Te amaba cuando estabas comprometido," susurró Cas, causando que Dean riera. "Y pensé que me iría al infierno, deseando el prometido de una mujer, pero me imaginé que valdría la pena sufrir los fuegos del infierno mientras tuviera el amor de Dean Winchester."
Dean sacudió su cabeza y esparció besos por todo el rostro de Cas.
"Eres demasiado bueno para mí," dijo.
"Diría lo mismo de ti," respondió Cas.
"¿Cómo tuvimos tanta suerte?" preguntó Dean.
Cas sonrió. "Me gustaría pasar el resto de mi vida haciéndome esa pregunta."
Dean sonrió de vuelta. "Y a mí me gustaría pasar el resto de mi vida respondiéndola."
Cas se rió y lo besó. "Creo que está arreglado."
