Disclaimer and notices eternals.
Dedicado a AlfDay por todo su apoyo, y a todos los lectores de esta historia.
Los quiero mucho, ¡de veras!
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Epílogo
Una nueva historia
Después de siete meses, Sakura se encontraba en la cocina, enseñándole a Sarada cómo preparar la fórmula para alimentar a los gemelos que en dos meses tendría. Sarada escuchaba con atención, grabando en su memoria cada palabra que su madre le decía. Asentía frecuentemente y la interrumpía cuando lo creía necesario.
Después de la batalla contra Hideo, la matriz de Sakura se recuperó al instante, permitiéndole un embarazo más. Empero, Tsunade le recomendó no amamantarlo porque podría ser que Sakura hubiera adquirido una sustancia con un mínimo de toxicidad tras usar por segunda vez la técnica de restauración divina. Por esa razón, tanto Sarada como Sakura se habían sumido en los cuidados que tendrían las criaturas.
Sasuke había decidido pasar un rato cerca del lago donde aprendió a realizar la gran bola de fuego con su padre. Sakura y Sarada sabían la razón por la que hacía eso; recluyéndose de vez en cuando en su soledad. A pesar de que Sarada luchaba cada día por superar la muerte de Yūyin, Sasuke no era capaz de aceptar la muerte de su equipo Taka. Aún no se perdonaba el descuidarlos tanto, el no hablarles cuando tuvo oportunidad y el tratarlos como una especie de fenómenos.
— Cielos, esto se oye más difícil de lo que es, te lo juro, Sarada. — dijo Sakura, sonriéndole.
— Mamá, ¿tú crees que yo tenga hijos algún día? — preguntó Sarada antes de que un poco de fórmula cayera sobre su chaleco de chunin. — Hmph, qué molesto. — susurró, limpiándose.
Sakura rió.
— No sé por qué te enojas; cuando vas a misiones con Bolt y Konohamaru, normalmente regresas con lodo en el chaleco. — contestó Sakura. — Además, ¿cuál es la necesidad de usarlo en casa?
— Mamá, si quiero ser hokage, debo estar preparada en cualquier momento para una misión. — respondió Sarada, ofendida. — Tampoco es como si lo usara como pijama.
— Sí, claro. — resopló Sakura, apagando la lumbre de la estufa. — ¿Qué me preguntaste, cariño? — preguntó, confundida.
— Si crees que algún día seré madre. — respondió Sarada, molesta por ser ignorada por su propia madre. Sakura rió una tercera vez. En verdad le divertía el carácter de su hija.
— Sí, por supuesto. Tienes las agallas suficientes para serlo. Sólo que tendrás que cuidar de tu pareja para que Sasuke-kun no se enfade con él y contigo. — musitó entre broma y advertencia.
— A papá le desagradaba Yūyin hasta ese día, ¿no es así? — se atrevió a cuestionar, sin poder evitar el recuerdo de su gran amigo.
— Pero Yūyin no era tu pareja, ¿o sí? — replicó Sakura, sopesando la posibilidad de que Sarada no les hubiera contado todo.
— No, no. Todo terminó demasiado pronto para formalizar algo. — contestó ella, desviando la mirada con un poco de melancolía.
— Ah, bueno. — suspiró aliviada Sakura.
Ella era la luz de la casa, la que sacaba en su familia las sonrisas que ellos creían perdidos. Sakura era la encargada de alzar la alegría de Sasuke y de Sarada. Era Sakura quien sacaba del abismo a Sasuke y quien le enseñaba el futuro brillante a Sarada.
— ¿Por qué es bueno?
— Porque tu padre nunca pudo encontrar una razón para que le desagradara y si ustedes dos hubieran sido pareja, la habría tenido. No es en realidad celoso, sólo… eres su hija, mi papá también se comportó así conmigo. — sonrió.
— Sí, supongo. — contestó Sarada, regresando su vista a la leche que dejaba de burbujear.
En ese momento, el timbre sonó. Sakura y Sarada se miraron, atónitas. Era domingo, nadie amaba las visitas en domingo y eso lo respetaban todos los aldeanos. Sin embargo, Sakura se limpió las manos en el delantal antes de caminar hacia la puerta. Sarada la siguió de cerca mientras Sakura se asomaba por el ojal de la puerta para ubicar a aquél que hubiera tocado la puerta.
— Imposible. — murmuró antes de abrir la puerta.
Detrás de ésta, se encontraba Suigetsu, de la mano de Karin y detrás de ésta, Orochimaru y un niño de la edad de Sarada que miraba la casa con curiosidad.
Sarada sonrió ampliamente, reconociendo los rostros de Suigetsu y Karin de la fotografía que Sasuke solía cargar con frecuencia desde la muerte de Hideo y Yūyin. Mantuvo su impulso de abrazarlos mientras Sakura seguía en shock por tener frente a ella a dos personas que creía muertas desde hacía mucho tiempo.
— ¿Y piensas dejarnos aquí afuera, Sakura? — preguntó Suigetsu.
— Maldición, están vivos de verdad. — resopló ella.
— ¡¿Eh?! — preguntó Karin, apretando la mano de Suigetsu. — ¡Claro que estamos vivos de verdad! ¡¿Alguien puede estar vivo de mentiras?!
— Tal vez con el Edo tensei. — musitó el niño detrás de ellos, sonriendo. Orochimaru dejó escapar una fina risa. Sarada se sorprendió respondiéndole la risa; le alegraba saber que los amigos de su padre seguían con vida.
— No, ustedes no entienden. — dijo Sakura. — Hace unos meses nos dijeron que ustedes estaban muertos, que Jūgo y ustedes dos — señaló a Suigetsu y Karin. — fueron asesinados.
— ¡Já! ¿Y quién se atrevió a decir eso? — cuestionó Suigetsu, soltando a Karin para colocarse una mano en la cintura.
— ¿Podemos pasar? — preguntó el niño, mirando directamente a Sakura.
— ¿Ah? — respondió Sakura, fijándose por primera vez en el muchacho. — ¿Es hijo suyo, Suigetsu, Karin? — preguntó.
— Nah, es hijo de… — empezó Suigetsu, pero el joven lo interrumpió.
— Es un secreto.
Sarada ladeó la cabeza, confundida. Ese chico le daba cierto parecido a Suigetsu, pero también tenía rasgos de Orochimaru. Podía pasar como hijo de cualquiera de los dos.
Sakura y Sarada se hicieron a un lado, permitiéndole a la comitiva entrar a la casa de los Uchiha. Karin soltó un suspiro de frustración, mientras Orochimaru se detenía para admirar los rasgos de Sarada.
— Ya veo, eres tan adorable como tu madre a tu edad; pero tienes varios rasgos de tu padre. Hm… qué buen trabajo hicieron tus padres al crearte. — musitó, sonrojando a Sakura hasta la punta de los pies. A veces olvidaba lo lengua floja que podía ser ese sujeto. — Me preguntó cómo saldrá el que viene.
— ¿Se supone que debo agradecer, madre? — cuestionó Sarada después de que cerraran la puerta.
— Con ese hombre, nunca sé qué es lo que se debe hacer. — respondió Sakura, todavía sonrojada.
Sus invitados se dedicaron a observar los detalles de la casa y a discutir la fotografía que los Uchiha habían colgado del día que Sarada adquirió el título de chunin.
— No es justo, yo jamás llegué a tener ese grado. — dijo Karin.
— Tengo entendido que sólo los ninjas más fuertes obtienen ese renombre. — dijo el niño, burlándose amistosamente de Karin.
Suigetsu soltó una inmensa carcajada que Karin terminó con una simple, mas poderosa pregunta.
— ¿Y dónde está tu chaleco de chunin, genio? ¡Ah, tampoco tú lo tienes!
— Mi padre tampoco lo tiene y es Sasuke Uchiha. — respondió Sarada, animada por el carácter de Taka.
Orochimaru volvió a reír, mientras Suigetsu y Karin se sumían en una discusión acerca de que Sasuke era o no el ninja más poderoso de su generación. Por supuesto, Suigetsu insistía en que el ser más poderoso era él, mientras Karin debatía con fuerza acerca de que Sasuke podría partirlo a la mitad cuando lo deseara. Sarada y el joven los miraron discutir. El muchacho, acostumbrado a ese ambiente, sonrió; mientras que Sarada seguía examinándolos como si se trataran de dos milagros.
Sakura sintió lo mismo que Sarada: alivio porque Sasuke pudiera hacer lo que había deseado. Sasuke tenía una oportunidad más para ofrecer disculpas y decir mil palabras más. Sus amigos estaban con vida y, más que eso, se encontraban a unos cuantos metros de él.
— Ch-Chicos… — intervino Sakura, interrumpiendo la sarta de insultos entre Suigetsu y Karin. — Me parece que a quien desean ver es a Sasuke y él estará feliz de verlos. Vayan a la pequeña laguna en el barrio Uchiha y lo encontrarán.
— ¿Qué no tiene un teléfono para que lo llames? — cuestionó Karin, recordando el camino que tendrían que recorrer para alcanzar el destino que Sakura señalaba.
Sarada negó con la cabeza antes de responder:
— Él odia esos aparatos.
— No hay nada que se pueda hacer en ese caso. Mitsuki, no puedes estirar tu brazo hasta allá, ¿verdad? — le preguntó Suigetsu al niño.
— Si rebasa de siete metros, no puedo hacer nada. — se disculpó, alzándose de hombros.
— Qué aburrido. Anda, Karin. — le dijo a su compañera antes de tomarla nuevamente de la mano. Sakura sonrió: aunque segundos atrás habían jurado que se matarían el uno al otro, Karin no se molestó por el gesto de Suigetsu. Parecía como si esas situaciones frecuentaran entre ellos.
— Ya volvemos, Orochimaru-sama. — se despidió Karin con aspecto cansado.
Sasuke columpiaba las piernas en la orilla de la laguna, rozando con la punta de sus pies el agua. Miraba con cierta melancolía la foto de Taka que guardaba con mucho cariño. Su rostro en esa imagen era tan insípido, tan frío, no mostraba absolutamente nada. Suigetsu, Karin e incluso Jūgo expresaban, si no alegría, tan siquiera comodidad. Ellos sí consiguieron mostrar algo más que él. Aunque fueran molestos, Sasuke admitía que también eran buenos amigos. A decir verdad, los extrañaba.
Sacó del bolsillo su silbato y lo miró con detenimiento. Jūgo talló eso para protegerlos, para unirse cuando fuese necesario. Lamentablemente, cuando Sasuke lo usó, ya era demasiado tarde.
— No sabía que nos tuvieses tanto estima, ¿neh, Sasuke? — cuestionó una voz inconfundible a su espalda.
Giró el rostro para ver a dos de sus compañeros mirándolo con una pequeña sonrisa en el rostro. Sasuke se levantó de inmediato, guardó sus recuerdos dentro de la capa y abrió la boca para decir algo, mas las palabras no salieron de su boca.
— Ya nos dijo Sakura que creíste que estábamos muertos. — se adelantó Suigetsu, rascándose la nariz. — Qué incómodo es recibirnos con esa noticia.
— ¿Ya vieron a Sakura?
— Sí, está que revienta. — contestó Karin, haciendo alusión a la panza de Sakura. — ¿Su séptimo mes?
— Sí, ¿cómo sobrevivieron a Hideo Kurogachi? — respondió Sasuke, hambriento de respuestas.
— ¿Kurogachi? ¿Como la estatua del niño en la plaza?
— Sí, era su padre. Él me dijo que ustedes estaban muertos, que él los asesinó. ¿Cómo es que…?
— No lo conocimos, Sasuke. — atajó Suigetsu, irrumpiéndolo. — No sabemos de qué hablas.
— ¡¿Y entonces por qué demonios no acudieron al llamado del silbato?! — espetó, enojado. — ¡Los creí muertos! ¡Les hicimos un funeral en Konoha!
— Dime, por favor, que no hay tres tumbas de nosotros en el cementerio; sería muy molesto saber algo así.
— No, no existen esas tumbas. ¡¿Dónde estaban?! — gritó, activando el sharingan.
— Estaba pariendo, Sasuke. — respondió Karin. — Y siento mucho no haber ido con pleno cordón umbilical a rescatarte del hombre malo, pero no podíamos hacerlo. — replicó, enojada por vez primera con Sasuke.
— ¡¿Tuvieron un hijo?! ¡¿Y dónde está?! ¿Con Sakura?
— No, Jūgo y su prometida lo están cuidando. — contestó Suigetsu. — No le gustan los viajes largos, por eso tardamos tanto en venir. Te mandamos varias cartas, pero como eres un ingrato, jamás respondiste.
— No he recibido nada de ustedes desde hace más de cinco años. — se excusó. — Tampoco supe del compromiso de Jūgo.
— Eso ocurrió hace una semana. Por eso estamos aquí. — dijo Karin sacando un sobre blanco del bolsillo de su short. — Creímos que era necesaria una visita parra saber algo de ti además de escuchar tu silbato. Asimismo, Jūgo insiste en que seas su padrino de bodas. — agregó, extendiéndole el sobre, que Sasuke tomó de inmediato.
— Es en la Isla de la Luna creciente. Sakura tuvo una misión en ese lugar cuando era genin. — musitó, recordando las anécdotas que Sakura le regaló durante su noviazgo. — ¿Ustedes vienen de ahí?
— Sí, son cerca de siete días de viaje. Encontramos a Orochimaru y a Mitsuki de camino. — contestó Suigetsu.
Sasuke asintió, leyendo la invitación. En ésta, también se mostraba la fotografía de Jūgo junto a una mujer de cabello castaño que se asía con fuerza de Jūgo. No había de qué preocuparse, Jūgo tenía a alguien por quién controlar sus impulsos y no necesitaba de un sharingan para eso. Olvidó que Karin, Suigetsu y Jūgo no eran niños que necesitaran de sus cuidados, no eran bebés incapaces de seguir su camino. Taka había seguido su vida, había formado una familia; sus miembros eran independientes. Sasuke debió recordar que ellos no eran otra cosa sino personas capaces de hacer mil cosas. Eran ellos quienes lo habían salvado a él de la soledad. Eran ellos quienes lo habían sacado de su caparazón. Eran ellos quienes habían arriesgado su vida por obedecerlo y seguirlo. Sasuke era quien dependió de ellos, no viceversa.
— Ya veo. Entonces nunca estuvieron en peligro. — suspiró.
— Todos tenemos un silbato como el tuyo, Sasuke. Si hubiéramos estado en peligro, te habríamos llamado. — respondió Karin. — Seguimos siendo Taka, ¿no es así?
Sasuke recibió esa pregunta y la repitió varias veces en su cabeza. Después de muchos años, después de todo lo que Sasuke les provocó, todo lo que los ignoró, los molestó y les gritó. Sin importar las mil ocasiones en las que los abandonó… ellos seguían ahí, atentos al silbato, haciendo un viaje de una semana para verlo, invitándolo a su boda. Los tres ninjas que escogió con la única finalidad de matar a Itachi ahora eran los tres amigos que permanecieron en la distancia. Los tres amigos que seguían formando, con él, el equipo Taka.
— Claro que sí. — contestó con una ladeada sonrisa.
— Entonces, te veremos en la boda, Sasuke. — dijo Suigetsu, apretando la mano de Karin. — Puedes llevar a Naruto, si quiere. — añadió, agradecido por ver de nuevo a Sasuke.
— ¿Y luego qué harán? — preguntó, nervioso.
— ¿Qué haremos? Supongo que obligar a Kizuki a que se acostumbre al viaje. Orochimaru tiene un laboratorio cerca de aquí, podemos mudarnos con él hasta que el niño crezca y tenga edad suficiente para ir a la academia. No lo sé, tendremos que pensarlo. — respondió, alzándose de hombros.
— Ah, ya… Bueno, es que, hay una casa a unos cuantos metros de mi hogar. Está desocupada. — explicó Sasuke, sin poder expresar que en verdad temía perderlos.
— Ah, mira. — contestó Suigetsu, sin comprender el fin de Sasuke ante esas palabras.
— Yo-yo soy buen amigo del hokage. Podría arreglar que ustedes ocuparan esa casa. Es pequeña, fue habitada por dos personas, pero supongo que podrán arreglarse con eso.
— ¿Vivir en Konoha, nosotros? — replicó Karin, sonrojada. — ¿Estás bromeando?
— Lo que Sasuke-kun quiere decir — intervino Sakura desde atrás. Orochimaru, Mitsuki y Sarada la acompañaban. — es que no desea arriesgarse a perderlos. — explicó. — Por eso les pide que estén cerca.
Karin no pudo evadir un gritito de ternura mientras Suigetsu palidecía. Jamás imaginó que Sasuke tuviera esas preocupaciones hacia ellos. Él era tan ajeno, tan cerrado en sí mismo, que no podría imaginarse que Sasuke les pidiera que no se alejaran tanto. Eso sonaba tan fuera de la realidad, tan fuera de Sasuke… y, sin embargo, se sentía extrañamente bien.
Mitsuki dejó escapar una carcajada tras ver las expresiones de Karin y Suigetsu. Asimismo, Sasuke se ruborizó y mantuvo la mirada fija en el suelo, hasta que escuchó a Mitsuki y alzó el rostro. No retiró la mirada de él hasta pasados unos segundos: ese cabello azul claro y esos ojos de un color extraño le recordaban un poco a Yūyin. Aunque Yūyin tuviera las facciones menos finas que las de ese muchacho y caminara con más timidez que Mitsuki, algo había en él que le recordaba al antiguo compañero de su hija.
— Sasuke, no nos acostumbraremos jamás a formar parte de una aldea. — dijo Suigetsu. — Eso es… es horrible. Tener que obedecer órdenes y estar al tanto de una invasión… ¡es horrible! — exclamó, alzando su mano libre. — Estaremos cerca de ti, compañero, pero… ¿no crees que eso suena muy extraño? ¿Que nos quieras cerca?
— También puedo hablar con el hokage para que nunca más les permita el acceso a Konoha. — respondió Sasuke, dedicándole una fría mirada, aún con el sharingan activado.
— Yo nunca he formado parte de una aldea. ¿Tan malo es? — cuestionó Mitsuki. Sasuke volvió a clavar su mirada en él. Utilizaba un tono de voz y una seguridad que diferían mucho de Yūyin. Mitsuki no se intimidó ante el sharingan de Sasuke, sino que siguió mirándolo en busca de respuesta.
— Al principio todo se trata de atrapar gatos, luego se vuelve interesante. — respondió Sakura, recordando sus primeros días como genin.
— ¿Perseguir gatos? Je, eso también suena divertido, Sakura-san. — respondió el joven. — Si ellos dos rechazan la casa, entonces seré yo quien la tome. Me interesa formar parte de Konoha.
— ¿Y tú quién eres? — espetó Sasuke.
— Soy Mitsuki, vengo con ellos.
— ¿Vienes con ellos? — miró de reojo a Suigetsu y Karin.
— No es nuestro hijo, es de… — intentó decir nuevamente Suigetsu.
— Es secreto. — completó Mitsuki, nuevamente sonriendo.
Sasuke volvió a examinarlo. Su apariencia era un tanto extraña, la combinación de colores en su atuendo resaltaba la palidez en su rostro y esa mirada llena de confianza le daba un aura de poder que Sasuke podía comparar con la de aquel hombre en la luna que quiso robarse a Hinata. Sin embargo, aunque buscó en su porte o en sus ojos alguna seña que le diera mala espina, no lo encontró ofensivo. Además, el acompañar a Orochimaru ya no era sinónimo de maldad. En verdad, sólo parecía un muchacho que deseaba experimentar algo nuevo.
— ¿Qué puedes hacer? ¿Cuáles son tus jutsu?
— Principalmente, el estiramiento de extremidades, aunque manejo bien el elemento agua. — respondió Mitsuki estirando su brazo derecho hacia un árbol cercano, del que arrancó una manzana y se la llevó a la boca. — No hago gran cosa, pero puedo aprender a ser parte de un equipo como Konoha.
— ¿Qué sabes de Konoha? — insistió Sasuke.
— Que es un lugar lleno de héroes. Me gustaría formar parte de esos héroes.
Sasuke sonrió. También en eso difería de Yūyin. Sus anhelos eran diferentes y eso le gustó a Sasuke porque sin importar el ligero parecido físico que tuvieran, Mitsuki también se alzaba con sus propias cualidades.
— ¿Y qué opinarán tus padres de que te mudes a Konoha? ¿No estarás solo? ¿No te sentirás solo? — le preguntó Sarada.
Mitsuki se alzó de hombros, indiferente, antes de responder.
— Supongo que no. Mi familia estará muy cerca de mí. — aseguró, mirándola amistosamente. — Eso es lo importante, ¿no es así?
— Sí, así es. — contestó Sarada, devolviéndole la mirada amistosa.
— En ese caso, hablaré con el hokage. — dijo Sasuke caminando hacia la torre más grande de la aldea. — Tengo dos cosas que informarle.
— ¿Dos? — repitió Sakura.
— Sí. La primera — se detuvo, sin girar el rostro. — que Taka está con vida. Y la segunda. — alzó la mirada al cielo. — que el equipo Konohamaru ya tiene un nuevo integrante, que no será el suplente de Yūyin porque los suplentes no existen. — afirmó, recordando a su amigo Sai. — Este integrante será diferente a Yūyin, él no tiene las características de Yūyin a pesar de mantener cierto parecido físico; este integrante se alzará por su propio vuelo. Al igual que Sai, Mitsuki se deshará de la sombra que Yūyin Kurogachi dejó en el equipo siete.
Bolt aterrizó en el puente donde el equipo Konohamaru solía reunirse antes de partir a su próxima misión. Sarada ya se encontraba ahí; miraba, como siempre, su reflejo en el lago. Bolt se acercó a ella y la imitó. Solían llegar minutos antes por la excelente puntualidad de su maestro. No les gustaba recibir regaños por parte de él y ya creían que eran lo suficientemente grandes como para seguir siendo impuntuales. Ese hecho hirió un poco el orgullo del sexto hokage, pero lo comprendió. Él dejó la puntualidad por un suceso dramático en su vida y ellos se asieron a la misma por otro suceso dramático.
— Yūyin debe estar feliz por nuestros logros, dattebasa. — dijo Bolt, mirando su chaleco de chunin en el reflejo del agua.
— Lo sé. Él también habría superado los exámenes, estoy segura. — respondió ella, acomodándose un mechón de cabello detrás de la oreja.
— ¡Hola, chicos! — exclamó Konohamaru a algunos metros de ellos.
En cuanto Bolt se enderezó y miró a su maestro, sonrió. Mas esta sonrisa se desvaneció en cuanto vislumbró, a la derecha de Konohamaru, a un muchacho que portaba la cinta de Konoha en la frente. Bolt tuvo que sacudir la cabeza para enfocar bien sus ojos y desengañarse del parecido entre él y Yūyin. No, el cabello de Yūyin no era tan rebelde y su complexión era incluso más delgada que la de ese chico.
— ¿Quién es él? — preguntó con recelo al tener a ambos ninjas a metro y medio de él.
— Mi nombre es Mitsuki. — respondió el chico, haciendo una leve reverencia. — Tú eres Bolt, el hijo del hokage.
— ¿Y qué hace él aquí? — le preguntó a Konohamaru, cruzándose de brazos.
— Él es el nuevo integrante del equipo Konohamaru. — respondió el sensei, dándole una palmadita en la espalda a Mitsuki. — Ya he visto sus habilidades, nos servirán de mucho.
— Yūyin no es reemplazable. — alegó. — Me niego a aceptar a este tipo, 'ttebasa.
— Me alegra que no quieras un reemplazo de Yūyin porque yo no llenaría sus expectativas. — respondió Mitsuki. — Para empezar, no debes llamarme Yūyin, sino Mitsuki.
— No te burles de él. — advirtió Bolt.
— No lo hago. Yūyin es uno de los héroes de Konoha, no puedo burlarme de él. Sólo digo que yo no soy Yūyin ni quiero serlo. Mi origen es distinto al de Yūyin y mis habilidades también.
— Bolt — dijo Sarada, interviniendo a favor de Mitsuki. — Fue papá quien pidió que se le incluyera y yo estoy de acuerdo. Yūyin no es reemplazable, pero Mitsuki es un nuevo compañero.
— Así es. — reafirmó Konohamaru. — Y ante un nuevo compañero, habrá siempre una nueva historia. ¿Estás dispuesto a vivirla, Bolt?
El aludido alzó el rostro y examinó a Mitsuki de pies a cabeza. Éste no se incomodó ante la mirada de su nuevo compañero. Incluso, se atrevió a devolverle la sonrisa cuando Bolt concluyó con la observación.
— Tienes razón, Sarada. Yūyin era más guapo.
— ¿Qué? — replicó Mitsuki antes de que el nuevo equipo Konohamaru empezara a reír.
Lo dichoso en la vida no es perder y buscar, sino aceptar y continuar. Las oportunidades de vivir son escasas, pero sólo hay una verdadera oportunidad de morir. No obstante, puede llegar un momento en el que la vida y la muerte te abran las puertas para que elijas qué es lo siguiente que quieres hacer. Algunos valientes escogen la vida para continuar en el camino que ya empezaron. Algunos valientes escogen la muerte para cederles el camino a personas que deben vivir.
Una vida no es más valiosa que otra, mas dependen los actos del ser humano para que una vida sea recordada mucho más que otra. Un héroe no nace siendo héroe, no vive con la capa en la espalda. Un héroe no busca ser un héroe, sólo vive para salvar sus ideales y es eso lo que lo convierte en héroe.
El esfuerzo de vivir no sólo se ve en el campo de batalla, sino en los días que se levanta para decir: "hoy también puedo conseguirlo". Si has elegido vivir, has decidido enfrentarte a problemas mortales o a problemas sencillos. Si has elegido vivir, has decidido curar tus heridas y las heridas que causaste. Si has elegido vivir, has decidido no caer eternamente, sino permitir que otras personas te ayuden a levantarte.
La vida no es una simple caja de bombones, la vida no es aquello que te pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes. La vida es aquello que tú has elegido y aquello que sólo se da una vez. Y aunque existan jutsu que crean la resurrección, la vida ya no es eso. Porque vida sólo es aquella que te da la oportunidad de morir.
La vida es aquello que Yūyin disfrutó, aquello por lo que lloró, aquello por lo que sonrió. La vida es aquello donde Yūyin se enamoró de Sarada. La vida es aquello donde Yūyin deseó proteger a Sarada. La vida es aquello que le enseñó a portar una nueva voluntad para continuar. La vida es aquello por lo que se entregó. Aquello por lo que murió.
La vida es aquello que Sasuke, Sakura, Sarada, Bolt y Mitsuki decidieron probar. La vida es lo que les dio dolor, lo que les dio amor, lo que les dio todo.
Y la vida es aquello por lo que ellos amarán.
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¡Hola!:
Muy bien, muy bien, seré muy ególatra al decir esto, pero de verdad me gustó este epílogo. Si hay algo que de verdad nunca podré hacer es matar a Taka. Podría matar a cualquier personaje - o casi, yo no podría matar a alguien del equipo siete, incluyendo a Sai; ni a Temari - menos a Taka. No, no, no. Amo a esos sujetos y neel, me mato antes de matarlos a ellos.
La aparición de Mitsuki no la tenía planeada, peeero... Bueno, si quieren leer más sobre esto, les dejo una serie de curiosidades:
1. En un principio, iba a escribir un SasuSakuSai, pero el canon le dio justo a mi pluma. Ahora el proyecto SasuSakuSai está guardado. Tal vez en algún momento decida sacarlo.
2. Sí quise que Orochimaru fuera el malo de la historia, pero no me pareció justo que posiblemente también tuviera que meter a Taka en el malvado plan.
3. El nombre de Yūyin surgió de la película "Enredados". Sí, ajá, el galanazo que se parece, literalmente, al primo de un amigo.
4, La idea de Yūyin nació de la negación rotunda al BoruSara. Ustedes saben que adoro a Bolt, pero me aterra pensar que el apellido Uchiha pueda desaparecer. Por eso, un extranjero cuyo clan pueda desaparecer sin problema alguno es la mejor opción para mi corazón. Ajá, por eso ahora Mitsuki es mi héroe ante los ships.
5. En algunas ocasiones, pensé en ligar todos mis one shot SasuSaku en el fanfic; pero me dio flojera.
6. Suelo escribir el epílogo de una historia mucho antes de terminar el fanfic. Con éste, lo hice, aunque era diferente. Nuevamente, Mitsuki intervino. En el plan original, Suigetsu y Karin llegaban sólo con su bebé en brazos y aceptaban la propuesta de Sasuke de quedarse en la casa de los Kurogachi. Además, Sakura estaba embarazada de un solo bebé. Yo shippeo a los no existentes hijos del SS y el SuiKa.
7. Para las personas que siguieron el fanfic desde el principio, saben que fue casualidad que Mitsuki y Yūyin se parecieran físicamente. Sin embargo, no me quejo, pues en Wattpad usaba fanarts de Mitsuki cuando el capítulo se trataba de Yūyin.
8. Aún no tengo el boceto completo, pero sí haré una especie de continuación de este fanfic. Se centrará en Bolt y la nueva generación, mas será en el tiempo en el que ellos tengan 19 años. Para los que quieran recibir noticias sobre esto, pueden mandarme un correo a andreegl (guión bajo) 394 (arroba) Hotmail (punto) com. Les enviaré los detalles sobre esto y todo lo que quieran saber. Me es más sencillo responder por ahí que incluso en Facebook.
9. Los tres cuarzos que describí, en realidad son un recuerdo que tengo de Guanajuato, México. Si alguien tiene oportunidad de ir, búsquelos en la mina o en el mercado. Son hermosos, al igual que toda la ciudad.
10. De veras, de veras, los quiero.
Agradezco todo el apoyo que he recibido en este fanfic y en otros proyectos.
Les mando un fuerte abrazo.
Andreea Maca.
