¿Deseosos de saber las consecuencias del trato de Elena con Mikael? ¿se lo habrá dicho a Damon?
Gracias por vuestros comentarios y/o lecturas, para mi es muy importante ver que aún seguís aquí, hasta el último momento.
Aunque me duele despedirme de esta historia, tengo muchísimas ganas de concentrarme en Combatiendo contra el amor y en Su Mirada, más en la primera que en la última, los que me hayáis leído (en CCEA ayer) ¡muchísimas gracias por darme una oportunidad! tengo el primer capítulo casi acabado, ¡lo subiré pronto!
No os entretengo más, dejo que leáis y que veáis como continúa esta historia. No he tenido tiempo de editarlo, así que habrá algún que otro error, lo haré más tarde, pero si veis errores muy llamativos, ¡avisad!
¡Gracias de nuevo!
Noelia.
(*) Una cita bajo la luz de las velas.
Episodio 26: Una cita bajo la luz del Bourbon. *
Una semana ha transcurrido desde la charla que tuvo Elena con Mikael y todo parece ir sobre ruedas. La tranquilidad reinaba en su mayor medida. Elena no le confesó a Damon lo sucedido pero en cambio se inventó una historia para contarle, seguiría fingiendo que quería ayudar a Klaus y a Mikael mientras así recolectaba información para poder usarla en contra de Mikael, Damon no estuvo de acuerdo pero lo dejó estar, si Elena estaba entretenida yendo a actos públicos a favor de los Mikaelson como un mero trofeo no estaría el tiempo suficiente en la casa como para que Hope decidiese tomar represalias.
Pero Hope Mikaelson nunca perdía el tiempo, no solo había convencido a su padre para que la dejara intervenir en su doble vida de negocios sino que encima se había deshecho del setenta y cinco por ciento de la plantilla de trabajo de la casa, dejando que los pocos trabajadores que quedaban hicieran el trabajo de un personal entero, y ahí se incluía a Elena.
Elena se pasaba el día completo sumergida en una rutina asfixiante, se levantaba a las cinco de la mañana, recogía, limpiaba y preparaba el desayuno junto a Diego y Davina para después ducharse y marcharse junto a Mikael a eso de las diez para una nueva conferencia, luego se iba de compras junto a Mary a eso de las tres de la tarde para volver y encargarse de algún trabajo extra de Hope, ya fuese ser su asistente personal y por ende encargarse de preparar reuniones, charlas y demás o siendo su acompañante en algún acto público de la empresa Mikaelson. Por lo que siempre acababa a eso de las nueve o diez de la noche y se iba directa a la cama, a descansar o a intentarlo.
En cambio, la rutina de Damon era aún más agotadora, viajaba de una ciudad a otra intentando pasar lo más desapercibido posible y buscar así a gente de confianza que pudiera brindarle su ayuda en el caso Mikaelson, cuando llegaba a casa -si es que llegaba- se dejaba caer junto a Elena y las únicas palabras que intercambiaban eran gruñidos sin sentido o algún que otro beso.
Sí, la tranquilidad reinaba por toda Calle Bourbon si no se mencionaba al gentío que rodeaba el edificio las veinticuatro horas del día, la mayor parte de esas personas eran periodistas buscando alguna jugosa información y así ganarse el pan de cada día, otro conjunto de personas eran simples indignados, que se pasaban el día y la noche diciendo cosas "bonitas" sobre los Mikaelson, eran el despertador que cualquiera querría tener.
De una forma u otra, pudieron sobrevivir una semana entera sin casi complicaciones, pero eso no quería decir que todo estuviera estable, Damon había contactado más de una vez con Kai para averiguar cómo iba la situación con Klaus y siempre le respondía de la misma forma "paciencia, colega".
Y esa última vez no fue la excepción, eran las cuatro y media de la mañana cuando Elena sintió el cambio de peso en la cama, Damon no había venido a dormir la noche anterior y aunque no le dio mucha importancia ahora que estaba allí quería hablar con él.
Todo estaba oscuro a su alrededor, Elena dejaba siempre las persianas echadas para no ser consciente si era de día o de noche cuando se levantaba a las cinco, por lo que buscó a tientas el despertador para ver qué hora era, casi gritó de horror al darse cuenta que le quedaba media hora para levantarse, se dejó caer de nuevo en la cama.
— Lo siento, cariño. No era mi intención despertarte —se acercó a ella y le dio un sonoro beso en la frente, la castaña gruñó molesta y encendió la pequeña lámpara de la mesilla—. Sigue durmiendo, te queda media hora.
— Prefiero hablar contigo un rato, ¿tienes el día libre? —no lo preguntaba en serio, sabía que Damon no tenía el día libre ni de casualidad pero por intentarlo no pasaba nada, se rascó la cabeza.
— Que va, he adelantado trabajo pero no me va a servir de nada. Mikael quiere que vaya a Londres esta misma tarde.
— ¿Londres? Por Dios, ¿ese hombre no se da cuenta que no va a servir de nada todo lo que haga? que soborne al juez, seguro que saca más provecho.
— Elena, no queremos que Klaus se libre de la condena.
— Ya, ya, ¿has hablado con Kai últimamente? —no quería sonar desesperada, pero mentirle a Damon le estaba haciendo mucho daño, cada vez que el chico la miraba a los ojos veía algo que la trastocaba, como si él supiera que estaba ocultando algo pero quisiera esperar a que ella diera el primer paso.
Damon negó con la cabeza. La noche anterior había hablado con Bonnie pero esta tenía la misma respuesta automática que Kai y ya se estaba cansando de escuchar siempre lo mismo, por lo que llamarle de nuevo le estaba costando una barbaridad, no quería ilusionarse para nada.
— Elena, sé que estás cansada —se dejó caer en la cama junto a ella, sin haberse desprendido aún de la ropa de calle, la chica se recostó sobre su pecho y olió su perfume— pero es cuestión de tiempo, acabaremos con Mikael.
— No lo sé, Damon. Llevo una semana dando vueltas con Mikael por todos lados, ni ha hecho nada raro ni tampoco se ha salido de su guión. Juro que dice y hace lo mismo en todos lados.
— Fue tu idea no la mía —le recordó y ahí estaba de nuevo la sensación de que Damon se olía su mentira pero no decía absolutamente nada, abrió la boca para enfrentarlo pero descartó la idea tan rápido como vino, si Damon supiera algo lo diría sin rodeos, se jugaban mucho para andarse con chiquitas.
— Lo sé, por eso seguiré fingiendo que soy la novia y prometida de Klaus. No es como si me fuese a casar con él de aquí a mañana.
— Que ganas tengo de acabar con todo esto y marcharme contigo a cualquier parte del mundo—la abrazó con más fuerza y la chica soltó una carcajada—, ¿dónde podríamos ir? ¿has estado en Europa?
Elena se incorporó, la luz que desprendía la lámpara no era suficiente para iluminar la silueta de Damon completamente, pero sus ojos azules brillaban como si el Sol estuviese reflejado en ellos, sonrió dulcemente y le dio un pequeño beso en los labios.
— He estado en Europa, pero conocerla de tu mano tiene que ser la experiencia más hermosa del mundo.
— Cierto, estoy hablando con una ricachona.
— Ya, una ricachona sin acceso a sus cuentas —bufó, nunca había vivido del dinero de sus padres pero ahora mismo lo estaba echando muchísimo de menos, se volvió a recostar encima del chico y se permitió cerrar los ojos un rato más, a veces el silencio era mejor que cualquier otra cosa.
Damon le echó un vistazo al despertador y se acurrucó junto a Elena. Odiaba todo lo que estaba sucediendo y odiaba mentir a la chica pero lo hacía por su propio bien, por protegerla, sabía que las mentiras nunca traen nada bueno pero también sabe que a veces es mejor una mentira indolora que una verdad que puede destrozarle el alma.
Estos días habían sido una tortura, Mikael se había encargado de recordarle que si le pasaba algo a Klaus o a él mismo, se encargaría personalmente de que su familia como sus amigos sufrirían las consecuencias, incluyendo allí a los hermanos Gilbert, Damon intentó no darle mucha importancia, conocía lo suficiente a Mikael para saber que se estaba dejando llevar por el miedo y el pánico pero una vocecita en su interior le decía lo contrario, que si Mikael estaba tomando tantas molestias en recordarle el chantaje es porque sospechaba de él, decirle esto a Elena la destrozaría, no iba a abrir la boca, le iba a hacer creer que seguía siendo el hombre de confianza de Mikael y que nada malo pasaría.
El despertador empezó a sonar segundos después, Elena masculló algo en voz baja y Damon le acarició el cabello para que se tomara todo con más calma, pero la chica ya estaba saliendo de la cama y de sus brazos para entonces.
Damon se deleitó con su figura, la chica se estaba cambiando de ropa delante de sus narices, se deshizo de la camiseta blanca que llevaba a modo de pijama -que era suya- y se dirigió directamente al armario, si no estaba confundido le tocaba poner el desayuno y recoger por encima, un llamado a Davina y esta se encargaría de su trabajo, una sonrisa pícara se dibujó al pensarlo justo en el momento en que atravesó la habitación hasta alcanzar a Elena, unió sus labios a los de la chica en un beso.
Elena se dejó llevar los primeros minutos, el chico estrelló el cuerpo de Elena contra la puerta del armario y empezó a acariciar de forma posesiva su cintura mientras profundiza el beso, sus lenguas jugaron durante lo que les pareció un suspiro, pues la chica, contra todo su ser, rompió el beso.
— Voy a llegar tarde, Damon. Tengo que preparar el desayuno —el chico la cortó con un beso muy tierno, Elena volvió a empujarlo—, después ayudar a Davina en la cocina y después volver para ducharme y prepararme para Mikael.
— A ver si lo he entendido, te pones guapa para Mikael, ¿y eso donde me deja a mi? —Elena se le quedó mirando un rato, intentando descifrar si eso que había sonado en la voz del chico eran celos, enojo o ironía. Damon le dio un beso corto para dejarle claro que no estaba enfadado, que simplemente era una broma.
Los besos robados continuaron un rato más, por cada prenda que Elena se ponía había un beso, cada vez que se ponía un zapato otro beso, y por cepillarse el cabello hubo otro río de besos por todo su pequeño rostro.
La chica reía a carcajadas, Damon enredó sus brazos en su cuerpo y se balancearon hasta la puerta, antes de salir Elena comprobó la hora para darse cuenta que ya llevaba media hora de retraso, el color desapareció de su rostro y apartó a Damon de un empujón para macharse.
— ¡Elena! —le gritó a la puerta que se cerraba en sus narices pero para cuando la alcanzó la chica ya había desaparecido escaleras abajo, Damon negó divertido—. Si me escucharas por una vez sabrías que Davina se hacía cargo de todo.
Elena llegó a la planta baja en un tiempo récord, solo había ocho personas allí, era lo único que quedaba vivo de la plantilla de hacía unos meses, Hope había hecho muy bien eso de solo se quedaría con el personal de confianza porque es que no había suficientes manos para todo lo que tenían que hacer, miró por todas partes en busca de Davina o de Diego pero no había rastro de ninguno de ellos.
— Oh, pero si la favorita está aquí —ladró Hayley, Elena la miró sin ganas ni tiempo para perder—. Si buscas a tus amiguitos, están haciendo tu trabajo en la otra sala.
¿Su trabajo? frunció el ceño y desapareció sin darle más tiempo a que dijera algo que pudiera sacarla de sus casillas, atravesó el pasillo y alcanzó la sala donde le tocaba a ella limpiar esa mañana, cuando entró lo primero que vio fue el espléndido desayuno de Hope puesto en la gran mesa y después a sus amigos, que estaban terminando de abrir las cortinas para ventilar del todo la habitación, comprobó la hora en su reloj de muñeca y bufó, sus amigos habían tenido que hacer su trabajo porque llegaba tarde.
— Lo lamento mucho, chicos —comenzó a disculparse, Diego frunció el ceño sin entender qué estaba haciendo allí cuando Davina le había dicho que la chica se encontraba indispuesta pero justo en ese momento Hope entró en la habitación seguido de otro hombre, por lo que ninguno tuvo la oportunidad de explicarse.
Como Elena estaba de espaldas a los recién llegados, fue Davina quien se dio cuenta de la identidad del acompañante de Hope, a Elena no le pasó desapercibido el temor reflejado en los ojos de la chica por lo que se giró para enfrentarse a su rutina diaria, pero lo que Elena vio la dejó tan destrozada como estaba Davina segundos atrás.
— Buenos días, chicos —saludó alegremente Hope pero clavando su mirada envenenada en Elena—. ¿Recordáis a Marcel?
Hope no dejó que nadie respondiera, de todos modos tampoco es que esperase una respuesta de su pregunta, todos allí recordaban a Marcel perfectamente, era un viejo amigo de la familia y un cerdo desequilibrado, Elena seguía sin entender cómo podía ser familia de Camille cuando eran totalmente diferentes.
Marcel pasó por delante suya sin decir ni una sola palabra, tampoco le dirigió una mirada, como si allí sólo estuviesen él y Hope. Si se sentía avergonzado por lo que pasó allá él, ella iba a devolverle el golpe en cuanto pudiese, nadie la dejaba en evidencia de esa forma tan cruel, no era un trozo de carne, era una maldita persona con sus propios derechos, no solo iba a pagar por lo que le estuvo a punto de hacer sino también por dejarse embaucar por Hope.
No tenía prueba de ello, pero sabía que lo que pasó en esa fiesta fue obra y gracia de Hope Mikaelson, ella la quería denigrar de una forma ruin para dejarle claro que era de su propiedad, ahora las tornas estaban cambiadas, Elena no era propiedad de nadie, ni ahora ni nunca.
— Elena —como si le hubiese leído el pensamiento la llamó, con una sonrisa muy tierna y falsa pintada en los labios—, he hablado con Mikael, tienes todo el día libre.
— Pues entonces, me marcho a dormir.
— No tan deprisa, estás libre de tu rutina, pero sigues siendo mi asistente, y hoy serás la de Marcel, todo lo que necesite tu se lo darás.
Elena soltó una carcajada y se limpió una lágrima imaginaria, fingiendo que la situación era graciosa y que le había divertido la broma.
— Ahora de verdad, Hope. Basta de chistes baratos.
— No bromeaba, serás la asistente de Marcel. Solo se quedará un par de horas, quiere ayudarnos con lo de Nik, Mikael está de acuerdo.
¿Mikael está de acuerdo…? ¡Mikael era gilipollas y punto!
Apretó los puños y forzó una sonrisa, Hope lo estaba haciendo a propósito casi se vio tentada de echárselo en cara pero sabía que nada bueno podía pasar después. Por la mirada que la rubia le estaba echando sabía, de alguna forma retorcida, que era culpa de Elena que Damon estuviese con ella y no con Hope por eso el empeño de joderle la existencia lo máximo posible. Pero a Elena eso le daba completamente igual, si estaba enfadada que se diese cabezazos contra la pared a ver si así conseguía algo más que parecer una cría.
— Claro, no hay ningún problema. —si Hope creía que iba a montar un espectáculo por tener que quedarse cerca de su casi violador las llevaba claras.
Esta era su oportunidad, ya que tenía que quedarse cerca de Marcel se aprovecharía de eso al máximo, podía notar desde donde estaba que el tío estaba bastante incómodo sino estaba confundida se avergonzaba de lo que estuvo a punto de hacer, sonrío internamente, ya era hora de divertirse con una pequeña venganza.
Damon hablaba por teléfono cuando se cruzó con Davina, la chica le hizo un gesto con la cabeza para que la acompañara, Damon continúo su charla hasta que entró en la sala donde estaba Hope y Marcel desayunando, el ojiazul frunció el ceño y observó el panorama, no le hacía gracia tener a ese cerdo en su casa pero menos gracia le hizo cuando vio a Elena sirviendo café en su taza, estaba a punto de cometer una estupidez pero Hope, que vio sus intenciones en sus ojos azules, se incorporó para saludarlo.
— ¡Damon! ¡Marcel ha venido a ayudarnos! —se lanzó a su cuello, en otra ocasión no se lo hubiese permitido pero ahora estaba muy concentrado en su problema número uno, ¿qué hacía Marcel en esta casa y en la misma habitación que Elena—, ¿a qué es un cielo?
Damon apartó la mirada de lo que tenía ante sus ojos para centrarse en Hope, que estaba invadiendo su espacio personal de una forma que no se le tenía permitido, si lo que intentaba era hacerle creer a Marcel que seguían juntos las llevaba claras.
— Hope, suéltame ahora —le dijo en un tono que no daba lugar a réplica, no lo había dicho muy alto como para llamar la atención de Marcel pero si lo suficiente para dejarle claro a Hope que no estaba para tonterías.
La rubia se soltó sin decir más nada pero continúo como si en realidad no hubiese pasado nada minutos atrás.
— Marcel quiere darle apoyo público a Mikael.
— ¿Desde nuestro comedor?
— ¡No! Que gracioso eres, cariño, claro que no. Estábamos hablando.
— Sigo sin ver cómo ayuda eso a Klaus.
— Damon —le advirtió, el chico le lanzó una mirada gélida.
— Damon tiene razón, Hope, aquí sentado no hago absolutamente nada, tomaré un auto hasta lo de Mikael.
Hope abrió la boca para protestar, razón suficiente para que Elena supiera cuáles eran sus intenciones en primer lugar, no quería que Marcel ayudase a su padre, lo que quería era fastidiar a Elena todo lo que pudiese y Damon también se había dado cuenta.
— Elena, prepara un auto —la chica asintió obediente, Damon apretó la mandíbula— y después te puedes tomar el día libre.
— Gracias —dijo con retintín y salió de la habitación sin esperar a que Marcel se levantara de la mesa para seguirla.
Había esperado que Damon dijese algo más, pero se había mantenido demasiado callado para su gusto, casi que lo prefería así, si decía algo más o hacía algún movimiento extraño delante de otras personas su relación podría llegar a oídas de Mikael y todo saltaría por los aires.
— Elena —la mano de Marcel se aferró a su brazo, la chica dio un paso vacilante a un lateral al no esperar ese movimiento tan atrevido por parte del chico.
— Voy a gritar saco de mierda.
— No voy a hacerte nada —la soltó y retrocedió para que viese sus intenciones, pero Elena no se fiaba de él, ni de la gente de su calaña—. La otra vez me dejé llevar, Hope es un bicho y sabe convencer muy bien a la gente.
"Vine para ayudar a Mikael, es cierto, pero también vine porque recibí un correo de Hope el otro día, donde me decía que quería solucionar su amistad conmigo y compensarme. Esta misma mañana te ha ofrecido en bandeja, mantente lejos de ella, Elena, aléjate de sus sucias manos. Hope es una desquiciada".
Marcel caminó en dirección al garaje sin decir más nada, Elena podría haberlo seguido y exigido una explicación más clara pero sería una pérdida absoluta de tiempo, su teléfono vibró y lo sacó para comprobar que se trataba de un mensaje de Damon.
"Viaje a Londres cancelado, ¿te hace un almuerzo?"-D
"¿Esa es tu forma sutil de averiguar que estoy bien? Te quiero por ello ;)"-E
"¿A las cuatro en Russo? ¿sabes cómo llegar?"-D
Damon había ignorado su pregunta. Negó y tecleó una respuesta rápida, no sabía la dirección del local pero después lo buscaría en google maps ahora necesitaba compensar a sus amigos por haberle cubierto la espalda y después dormiría un par de horas.
Llegó al local a las seis en punto, cerró la aplicación y miró a su alrededor, no había más locales con ese nombre en la ciudad pero había algo que fallaba, el cartel de cerrado al público estaba colocado justo ante sus ojos, frunció el ceño y miró su teléfono para ver que no había ningún error, estaba a punto de irse cuando recibió un mensaje.
"¡Hola! ¿no vas a entrar?"-D
¿Qué? se acercó a los cristales, todo estaba oscuro dentro pero cuando se pegó a ellos una de las puertas se abrió y una muchacha de su edad o tal vez más joven salió para recibirla. Elena no estaba entendiendo nada, pero se dejó arrastrar al interior, al igual que afuera, todo estaba oscuro y le costaba dar un paso sin temer tropezar con alguna mesa.
Pero enseguida se dio cuenta de lo que sucedía, pequeñas luces se encendieron a su alrededor, parecían velas eléctricas pero tampoco importaba, porque Damon estaba haciendo todo eso por ella y eso era más que suficiente, sonrió embobada al ver una mesa para dos al fondo, rodeada por esas pequeñas luces, se acercó allí con paso vacilante, pues Damon no estaba por ningún lado.
— ¿Me buscabas? —el chico apareció por detrás y le dio un pequeño beso en la cabeza, la chica se giró para enfrentarlo y unieron sus labios en un dulce beso—.Mmm, no me tientes Elena, que hemos venido a almorzar.
La chica soltó una risita suave y se dejó guiar hasta su asiento, todo en ese momento, desde el local hasta la última vela era patético, algo que no pegaba con ellos pero tal vez era por eso por lo que sonaba mágico y fascinante, nunca podrían haber tenido una cita como las parejas normales pero esto se acercaba bastante y era bueno.
— No quiero saber cuanto has pagado para tener este local… es perfecto —se atrevió a decir cuando el chico se sentó enfrente de ella, Damon solo sonrió, con esas sonrisas que ocultan miles de preguntas y respuestas pero esta vez Elena dejó que el misterio continuara porque eso si eso significaba que la volvería a sorprender no podía ser nada malo.
El chico tomó su mano y la entrelazó con la suya.
Un camarero vino a darles una botella de Bourbon y Elena estuvo a punto de ahogarse con su propia risa, no podía creerse que el ojiazul se hubiese atrevido a utilizar una botella de bourbon en vez de una de vino, Damon, fingiendo que no entendía su risa empezó a repartir el licor dorado en dos copas.
— No estamos bebiendo bourbon… —negó con la cabeza ligeramente complacida a la par que divertida, eran estas pequeñas cosas que conseguían volverla loca de amor.
El chico se encogió de hombros, rellenó su copa y la alzó.
— ¿Y brindamos por…?
— Para que esto dure para siempre.
— ¿Me lo prometes? —preguntó la chica con un brillo divertido en los ojos, Damon sonrió, estar con Elena era un respiro, y necesitaba que durase para siempre así que sí, claro que se lo prometía.
— Te lo prometo.
El bourbon quemó la garganta de ambos pero a ninguno de los dos le importó, pues solo tenían ojos para el otro, Damon estaba tan concentrado en Elena, en su belleza y en su amor que no podía concebir un mundo sin ella, justo en ese momento se dio cuenta que daba igual lo que pasase después, que lo que importaba era justo ese instante, que permanecerá en su memoria para siempre.
Elena soltó la copa en la mesa, su mano seguía unida a la de Damon pero no era lo suficientemente cerca, se incorporó y se acercó hasta el chico para unir sus labios en un nuevo beso, nunca era bastante para ellos dos, siempre necesitaban mucho más del otro, un beso, una caricia, cualquier cosa.
Los platos empezaron a llegar cuando la chica volvió a sentarse, Elena dejó que los dos camareros preparasen todo, no era un almuerzo muy lujoso, bastante sencillo podría incluso decir pero era perfecto, porque era la excusa que necesitaban para estar juntos.
— Bon appetit.
Comenzaron a comer sin apartar la mirada del otro provocando más que una carcajada cuando uno de los dos se confundía manchando su rostro de crema.
— Te queda un poco aquí —le señaló, el chico tomó la servilleta por tercera vez consecutiva y se limpió donde la chica le había indicado.
— Maldita sea —gruñó molesto y tomó de nuevo el tenedor—. Tu riete, que la próxima en macharse serás tú.
— ¡Oh, se ha enfadado! ¡Que miedo! —mordisqueó un palito de pan y tomó su copa de bourbon de nuevo—. Pobre.
— Tu tómate esto a guasa, que verás después.
— ¿Me quedaré sin postre? —eso se le hizo pensar en una cosa— ¿cómo sabías que me gustaban las berenjenas y de esta forma? no es algo que le guste a todo el mundo.
El chico dibujó una media sonrisa en su perfecto rostro y tomó un trozo más de berenjena antes de responder a la chica, la cual le miraba con una ceja alzada.
— Todo maestro tiene sus trucos, no los desvelaré a la primera.
— No me hace gracia, ¡quiero saberlo!
— Si me respondes a unas preguntas —le sugirió como quien no quiere la cosa, Elena se lo pensó un segundo, ¿qué daño había en unas preguntas?
— Vale, ¿por qué no?
Damon asintió divertido, por fin empezaba lo que había preparado, soltó su tenedor y tomó la servilleta para limpiar cualquier rastro que pudiera quedar en su rostro, Elena hacía un buen rato que se había terminado su plato, estaba jugando con la crema y la ensalada.
— ¿Por qué literatura inglesa?
— ¿Perdón? —el chico le repitió su pregunta. Elena había estudiado literatura en la universidad encontrando trabajo en una red de bibliotecas muy importante hasta que fue cruelmente despedida, frunció el ceño al recordarlo—. Me gusta la literatura.
— ¿Por quién fue…? ¿Austen…?
— No fue por ningún autor, sino por mi madre —soltó el palito de pan mordisqueado en su plato y se concentró en los ojos azules de Damon—. Ella escribía y mucho. No lo recuerdo muy bien pero tengo cientos de diarios suyos, tal vez no cientos, ¡he exagerado! en ellos contaba su historia, con con sus padres y con mi padre.
"Era hermoso verlo, siempre me hacía la misma pregunta, ¿cómo alguien como ella podía escribir de esa forma tan hermosa? es decir, para mi ella era una heroína, alguien inalcanzable, leer sus diarios fue como estar con ella, verla como una persona normal. Me enamoré de su forma de escribir y de lo que representaba. Quería encontrar algo tan perfecto, por eso empecé a leer, leí de todo desde clásicos a contemporáneos, pasando también por la literatura publicitaria, ¡buscando lo imposible!"
— Tal y como lo describes parece oro en polvo.
Elena negó con la cabeza y se secó una lágrima.
— No, a medida que iba creciendo encontraba muchos fallos, sus escritos no eran perfectos hablando claro, pero para mi lo eran. No fui objetiva ni lo seré nunca, porque cada palabra es mi madre. Y eso es mágico.
Damon tomó su mano y le dio un delicado beso en la palma, la chica sonrió y sacudió su rostro para apartar esos recuerdos tan dolorosos.
— ¿Fuiste feliz…? Quiero decir, después de la muerte de tus padres, ¿qué fue lo que te hizo seguir adelante?
— No lo sé. Tenía a gente que me apoyaba y me empujaba hacia delante, tal vez cuando Stefan se fue todo estuvo muy negro pero al final aprendí a seguir adelante, ¡no fue tan difícil! —tomó un nuevo sorbo de su vaso, el cual estaba casi vacío—. Nunca lo había pensado si te soy sincera, solamente pasó, aunque suene muy cliché.
Damon lo aceptó, no tenía que decir nada para saber que era cierto, él lo pasó muy mal con la muerte de su madre, al igual que su padre pero llegó un día que el dolor se fue y se quedó el recuerdo dulce y feliz, a fin de cuentas tenían problemas mayores que la tristeza de lo perdido, pero no dijo nada al respecto, no se veía con las fuerzas para afrontar su propio pasado, estaba allí para conocer a Elena.
— ¿Y qué me dices de novios? ¿has tenido alguno en el instituto? —Elena le miró incrédula, ya estaba entendiendo su juego, sonrió pícara.
— ¿Estás pensando en que fui una chica encerrada en un montón de libros enamorada de sus personajes, a que sí?
— No, la verdad es que no. Es curiosidad, quiero saber como eras con diecisiete años.
— Una chica muy normal, estudiaba y me divertía con mis amigos —le aclaró, pero Damon supo que había algo más pero dejó que la chica fuese quien diese el paso si quería, acabó soltando el tenedor con un tomate cherry clavado—. Mi vida era mala, sentía que no encajaba en ningún lado, tenía amigos si, pero cada vez que Stefan aparecía todo dejaba de tener sentido, algún que otro chico pensaba que estaba enamorada de Stefan…
— Y lo que en realidad pasaba es que solo Stefan te conocía lo suficiente para ser tu misma — ella asintió de acuerdo, nunca estuvo enamorada de Stefan, era solo eso, que con él todo era mucho más fácil, podía ser ella misma sin pensar en los demás.
Hablaron durante un buen rato más sobre su vida en el instituto, Elena pronto se olvidó de su pregunta inicial y se dejó llevar por todo lo que Damon quería saber de ella, eso era hermoso, es decir, que se interesara tanto por su pasado decía mucho de él y sin quererlo se enamoró un poco más de Damon.
— ¡Mi primer beso fue horrible! Al igual que mi primera vez —frunció el ceño al recordarlo, Damon soltó una carcajada al ver su cara de horror—. No me enteré de nada, él estaba más nervioso que yo, ¡se fue enseguida!
— ¡Oh, Dios! —se secó las lágrimas que se habían escapado por el esfuerzo de la risa, no podía parar de imaginarse la cara de sorpresa e incredulidad de una Elena más joven—. Hombre mi primera vez tampoco fue perfecta pero… ¡no puedo!
— Di que si, riete de mi.
— Te dije que te la devolvería.
— Vete a la mierda —se comió el tomate y miró su plato donde solo quedaba la lechuga, frunció el ceño y miró el plato de Damon— ¿No lo quieres, verdad?
Tomó con los dedos los dos tomates que decoraban el plato de Damon, el chico negó con la cabeza y continúo con su interrogatorio, en menos de media hora sabía cuál era la película favorita de Elena, lo que le gustaba y odiaba, su música y también sus libros.
Eran preguntas estúpidas, pero las típicas preguntas que se hacían en una primera cita, no hacía falta ser muy listo para darse cuenta que Damon y Elena hacían todo al revés, esto que estaban intentando, era una prueba más para que Elena se diera cuenta el esfuerzo que Damon hacía por ella.
El chico no había parado de demostrar en todo momento su interés por hacer que su relación con ella funcionase, para que no hubiese ningún obstáculo más entre ellos, quería a Elena de una forma que antes no había vivido ni sentido con nadie más, tal vez Hope fue su primer amor, el amor de su vida incluso, pero Elena, ella era mucho más, la palabra "amor" se quedaba corta, ella era su alma gemela, su igual, su compañera con la cual quería pasar el resto de su vida, ¿cuán difícil era de entender?
— ¿Otro poco más? —le ofreció la botella de bourbon la chica tomó su copa para que Damon la rellene de nuevo.
— ¿Y bien? ¿quieres saber algo más? como por ejemplo, ¿cuando me viene la regla? ¿o que marca de anticoceptivos uso?
Damon rió divertido.
— La última vez que te vino la regla fue.. —hizo como que estaba pensando el día, Elena se quedó boquiabierta y le lanzó la servilleta enfadada—. ¡Que es broma! Te lo tomas todo muy a pecho, me parece a mi.
— Eres un idiota.
— Sí, fue hace dos semanas, antes de la subasta en Bulgaria —la chica le miró asombrada, no sabía si eso le tenía que dar repelús o miedo, el chico negó agotado—. ¡Joder! Me lo pones muy fácil, Elena. Solo te estaba tomando el pelo.
— Idiota te queda corto —la camarera apareció con dos platos con un trozo de tarta en medio, era de chocolate y mousse, a la chica se le hizo la boca agua, era su postre favorito, fue justo en ese momento cuando recordó el porqué del interrogatorio pero aún así esperó pacientemente a que la chica desapareciera otra vez.
Una suave melodía los acompañó con el postre. Damon la observaba, tal vez el chocolate era un manjar exquisito pero lo que de verdad quería probar era su sabor en los labios rosados de Elena, la chica no dejaba de hacer mohines y soltar algún que otro gemido al probar el postre sin darse cuenta que tenía un público muy interesado.
Damon soltó la cucharita casi sin probar el dulce y se levantó de su asiento para rodear la mesa y acercarse a Elena, la castaña se relamió los labios al mismo tiempo que Damon tomaba su rostro y la besaba, el sabor del chocolate mezclado con el bourbon creó una mezcla explosiva, se besaron durante minutos aunque bien podrían haber sido horas o días pues los dos perdieron la noción del tiempo y del lugar donde se encontraban.
Damon no había tenido intención de ir más lejos que unos simples besos minúsculos y unas caricias robadas, pero ver a Elena comiendo chocolate había sido la imagen más erótica que había visto nunca, casi se sintió como un adolescente hormonada que no podía aguantar ni una sola ronda; se separó de sus labios ligeramente hinchados y se lamió los suyos notando aún el ligero sabor a chocolate.
— He aguantado hasta el postre, todo un milagro —bromeó ganándose una risita ronca de deseo de Elena, acarició con el pulgar sus mejillas sonrosadas—. Me lo pones muy mal, Elena. He intentado que esto pareciera una primera cita, pero ni de lejos me acuesto en la primera cita.
— Damon, no necesito una primera cita contigo —enredó sus brazos en su cuello y se acercó posesivamente al chico, el cual estaba en una postura muy incómoda, la tenue luz de las velas hacía que todo pareciera más pequeño e íntimo de lo que era en realidad—. Lo único que quiero es pasar el resto de mi vida contigo.
— Que suerte la mía, porque yo quiero lo mismo.
Las horas de visita eran muy limitadas pero Stefan tenía sus hilos y no le costó mucho mover algunos para que le dieran permiso de ver a un recluso. Era un abogado muy respetado, pero su campo no era la criminología, ese le pillaba demasiado grande y oscuro pero nadie hizo preguntas inoportunas, consiguió el permiso casi sin trabajo.
Pero ahora que estaba allí adentro no le parecía que la idea fuese tan grandiosa como en un principio, estaba sentado en una sala de espera, le habían ofrecido hablar directamente con el recluso en una sala privada pero Stefan no tenía cuerpo ni ganas de enfrentarse a esos ojos de tan de cerca, si había un cristal blindado separándolos más que mejor.
Los guardias no tardaron en aparecer, la sala era enorme, en ella podían estar hasta veinte reclusos y aún así no se iría el control a la mierda, pero ahora estaba totalmente vacía a excepción del chico que se mordía las uñas en un momento de nervios.
Klaus se sentó en la silla de enfrente, una sonrisa decoraba su rostro es como si en vez de llevar una semana encerrado acabase de salir de un sesión de spa.
Tomó el teléfono al mismo tiempo que el rubio pero ninguno dijo nada, primero porque Klaus no era idiota, si Stefan estaba allí era por algo no porque le echase de menos y segundo porque sabía que había dos guardias detrás suya, vigilando, esperando a que Klaus metiese la pata, era bien sabido que allí todos le odiaban por robar con la imagen de la pobreza.
— Hola, Stef.
— Klaus —le tembló la voz en el último segundo es por eso por lo que no fue capaz de continuar, el chico sonrió divertido.
— ¿Vienes a presentarme tus servicios?
— No voy a ser tu abogado.
— No me refería a eso —se lamió los labios con solo imaginarlo, la cara de Stefan era un poema, blanco como el papel. Klaus soltó una carcajada—. ¿Qué quieres, Stef?
— Solo quería ver con mis propios ojos que es cierto, que Klaus Mikaelson por fin está pagando por sus delitos.
"Me encanta verte aquí. Necesitaba verlo con mis propios ojos, ver si me afecta verte tan… destrozado pero ya me he dado cuenta que no. Ya no te quiero Klaus, quizá te he amado incluso cuando debería odiarte pero ya no más. Todo este tiempo, desde que te vi obligando a Hope una, especie de bombilla se encendió aquí, en mi corazón. Ya no estoy ciego y me encanta verte así. Encerrado, impotente".
Klaus no movió ni un solo músculo y Stefan no derramó ni una lágrima. Ya se habían hecho el daño suficiente, Stefan quería pasar página y aunque le dolía que fuese en estas circunstancias lo prefería así a estar siempre atado a un ser tan despreciable como Klaus Mikaelson. Se levantó cuando el silencio reinó unos minutos y se dirigió a la puerta para marcharse cuando sintió un escalofrío en la columna vertebral.
— Volveré, Stefan. Lo prometo.
Era una promesa, pero más que una promesa sonó como una amenaza y una parte de Stefan, una parte muy grande e importante se la creyó, pero era una tontería.
Klaus no iba a salir nunca, el juicio sería pronto y le condenarán, porque todas las pruebas apuntaban a que era culpable, no había forma de librarse, ¿cierto? no podía hacerle más daño ni a él, ni a Damon, ni a Elena ni a Hope, ¿verdad?
Por primera vez temió en las consecuencias de sus últimas palabras de una forma irracional.
