Capítulo 29 - Noticias desoladoras
«Instituto Impel Down — Clase 1-A»
—¿Ahora sí vamos con los chicos?— preguntó Luffy al oji gris cuando la profesora de Historia se retiró del aula.
Esa mañana de camino al instituto, Zoro lo había sometido a un interrogatorio, o al menos así lo había sentido él, acerca de quién era ese chico rubio que se lo había llevado con tanta prisa el día anterior y el por qué lo hizo. Después de que el peli negro le explicara que aquel chico era el novio de Sabo y decirle mil veces que no había pasado nada grave, el peli verde por fin dejó de insistir en el tema, pero le recordó que esa tarde también se reunirían para estudiar en casa de Nami.
—Emm, sí, supongo que hoy está bien— contestó Law.
Chopper le había comentado que el dichoso trabajo era bastante largo y no habían podido terminarlo, por lo que volverían a juntarse esa tarde para continuarlo, para martirio del castaño. Personalmente, el moreno esperaba que dicho trabajo sirviera para que su hermanito comenzara a relacionarse más con sus compañeros, ahora que ya tenía amigos como Luffy y los demás necesitaba convivir con chicos de su edad, y ésta era una oportunidad perfecta.
—Genial, entonces vamos—. Luffy tomó su mochila y se dirigió hacia donde se encontraban todos los chicos reunidos cerca de la puerta, con el oji gris caminando tras él. Mientras se acercaban Nami se alejó un poco, hablando por teléfono.
—¿Hoy irán con nosotros?— preguntó Usopp a los chicos cuando se reunieron con ellos.
—Sí— contestó Luffy.
—Malas noticias, chicos— dijo la peli naranja acercándose al círculo de amigos de nuevo. —No podemos ir a mi casa, mis padres no estarán y no quieren que estemos solos.
—¿Y eso por qué, Nami-swan?
—Digamos que no confían en que la casa esté completa cuando regresen si no tenemos vigilancia— contestó la chica mirando reprobatoriamente a Zoro y Sanji, sus padres aseguraban que esos dos desatarían una pelea y que, sin nadie que los detuviera, terminarían destrozando algo. La peli naranja habían insistido en que, si se diera el caso, ella podría controlarlos, pero sus padres prefirieron no arriesgarse.
—Eso no es SUUPEER, ¿entonces qué haremos?
—Podemos ir a mi casa— propuso Luffy.
—¿Seguro?— cuestionó el peli verde.
—Claro, mis hermanos estarán estudiando también, así que no hay ningún problema.
—Bueno, eso es genial, entonces vamos— dijo el narizón.
—¿Ya no te duele?— le preguntó Sabo a su novio, refiriéndose al golpe que éste tenía junto al ojo.
La explicación que le había dado Killer el día anterior no le sonó para nada convincente en su momento, y después de ver llegar a Kid igual de lastimado se había hecho sus propias conclusiones sobre el tema, aunque no se las había comentado al mayor, prefiriendo hacer como que se había creído su cuento. Sea cual fuera la razón por la que esos dos se habían peleado parecían haberlo arreglado todo, puesto que se comportaban entre ellos como siempre.
—No te preocupes, estoy bien— contestó el mayor con una sonrisa para tranquilizarlo.
—Siempre se preocupa demasiado— comentó el pelinegro, ocasionando que su hermano le dedicara una mirada fulminante por unos segundos antes de regresar la atención hacia su chico, quien pasó un brazo por encima de sus hombros y lo atrajo un poco hacia él.
Se encontraban los tres caminando a la casa de los hermanos para estudiar, los exámenes del día siguiente no serían para nada fáciles y tenían mucho que repasar.
—¿Entonces qué te dijo Marco anoche?— preguntó Sabo.— ¿Por qué te canceló?
—Al parecer lo transfirieron para ser guardia en la prisión, por eso está todo el día ocupado— contestó el pecoso, lamentándose para sus adentros; su tiempo con Marco se había reducido significativamente gracias a su nuevo puesto.
El rubio, como había prometido, lo llamó en la noche después del trabajo y habían charlado un rato acerca de su nuevo horario, el cual no le dejaba tiempo para verse más que los fines de semana, lo que sería una espera eterna si le preguntaban.
—¿Y tú?— preguntó Sabo, esta vez mirando a su pareja. —¿Por qué te fuiste con tanta prisa ayer?
Totalmente desprevenido. Llevaba todo el día desviando el tema para tratar de evitar esa pregunta y el menor había aprovechado ese momento de descuido para formularla.
—Ah pues, tenía unos… asuntos familiares— dijo, contestando con lo primero que se le vino a la mente. —Nada importante.
—No sé por qué tengo la sensación de que me estás ocultando algo.
—Por supuesto que no. No te preocupes, no pasa nada— aseguró acercándose para plantarle un beso en la coronilla, gracias a lo cual el menor se sonrojó un poco, pero por lo menos dejó de insistir con el tema.
—El 12 de Octubre de… ¿1942?— contestó inseguro el pelinegro.
—No. La respuesta correcta es el 12 de Octubre de 1492, volteaste los números, ¿Cómo te puedes equivocar en algo así, Luffy?— preguntó la peli naranja con tono impaciente.
—Es que odio la Historia, son demasiadas fechas y nombres para mí, además ¿de qué me sirve saber todo esto?
—No creo que sirva de algo, pero es lo que tenemos que aprender según el programa estudiantil— comentó Usopp desde su lugar.
Los siete amigos estaban reunidos en la sala, Law y Luffy sentados en un sofá y en el suelo a los pies de éste estaban Zoro y Sanji, de manera que en el sofá frente a ellos se ubicaban Franky y Nami, con Usopp sentado en el suelo y utilizando el mueble como respaldo. En la mesita de noche se hallaban vasos con bebidas para cada uno, y todos tenían sus enormes libros de Historia sobre el regazo. Mientras que, sentados en la mesa del comedor (pero no por eso ajenos a la conversación) se encontraban los tres estudiantes de Psicología.
—Si fuera un poco más interesante no me costaría tanto aprenderla— replicó Luffy.
—¿Por qué no mejor pasamos a Biología?— propuso el oji gris, yéndose por la segunda materia de la cual tenían examen y la que más le interesaba.
—Supongo que es buena idea— secundó la peli naranja.
Franky y Zoro se levantaron de sus lugares, dirigiéndose al rincón en el que todos habían dejado sus mochilas para pasarles los libros de Biología, mientras que los demás apilaron los de Historia, dejándolos bajo la mesita.
Sanji se re acomodó en su lugar y se colocó una mano sobre su boca al momento en que soltó un bostezo.
—¿Estás bien, Sanji-kun? No te estás concentrando mucho — comentó Nami.
—Estoy bien, sólo un poco cansado. He tenido que trabajar horas extra y, con lo de los exámenes, no he podido dormir bien.
Zoro le entregó su libro al rubio y volvió a situarse a su lado. —Espero que no te enfermes, trabajas demasiado, cejillas— dijo antes de plantarle un ligero beso en la mejilla.
—Lo sé, marimo, pero no tengo otra opción ya que no contamos con meseros.
—Oye Sanji, ¿yo podría trabajar en el restaurante?— preguntó Luffy. Todos se voltearon a verlo con cara de sorpresa e incredulidad. —¿Qué?
—¿Estás buscando trabajo, Luffy?— preguntó el pecoso desde el comedor.
—No en realidad, pero creo que sería divertido, shishishi.
El cocinero se quedó pensativo por unos segundos, tener al chico trabajando en el Baratie podría llegar a ser un poco problemático, pero…
—Supongo que puedes hacerlo— dijo por fin. —Pero será mejor que esperes a que terminen los exámenes, así yo podré darte una pequeña orientación y evitaremos que armes algún lío—. Todos los presentes asintieron con la cabeza en señal de que apoyaban lo que el rubio había dicho.
—Bien, entonces después de los exámenes— aceptó el pelinegro.
—Ya está bueno de charla, regresemos a estudiar.
«Enies Lobby»
«Cuarto de control»
—¡Da la alarma! ¡AHORA!
En menos de dos segundos la alarma comenzó a sonar por todo el lugar, dando el aviso a cada rincón de la prisión de que los presos habían escapado.
Un nuevo intento de fuga, pero éste era peor que los anteriores, puesto que el último había ocurrido hace tan sólo tres días no se esperaban que el siguiente tuviera lugar tan pronto, sobre todo porque los principales participantes se encontraban aún en las celdas de aislamiento, de donde, se supone, no saldrían hasta la próxima semana, pero las celdas fueron abiertas. Era imposible que los prisioneros lo lograran solos, sólo alguien autorizado podría hacerlo.
—¿Quién demonios los dejó salir?
*.*.*.*.*
Se pegó por completo a la pared de ladrillo y esperó hasta que los sonidos de pies corriendo se alejaran. Todo salía de acuerdo al plan, ese era el último intento que harían para poder pasar a la etapa final, lo único que le molestaba era la maldita alarma que no dejaba de sonar, en serio que ya lo tenía hasta los cojones. Estaba a punto de salir de su escondite cuando volvió escuchar pasos cerca, acompañados de un par de voces.
—¿Los tienen ya a todos?
—Todavía no hemos encontrado a Doflamingo, es el único que falta.
—Maldición, ¿dónde demonios se metió?
Sus labios formaron una retorcida sonrisa, ya los habían atrapado a todos de nuevo y ahora se concentraban en buscarlo a él, no faltaría mucho para que lo atraparan también. Asomó su cabeza hacia el pasillo tomando con una mano la pistola que llevaba guardada entre sus ropas, aquella que había arrebatado de las manos sin vida del pobre guardia que los había liberado por una conveniente cantidad de dinero, lástima que ahora ya no podría disponer de ella. A unos cuantos metros de distancia pudo ubicar al par de policías que había escuchado antes, uno rubio y el otro castaño.
—Yo seguiré buscando por aquí, tú ve hacia el otro lado- ordenó el rubio, el otro asintió y desapareció corriendo por el pasillo.
Acercó la pistola a su rostro y se aseguró de que estuviera cargada, sonrió aún más, sí lo estaba. La tomó firmemente entre ambas manos, le quedaba poco tiempo para que lo encontraran, pero antes de salir de ese lugar se encargaría de acabar con otro guardia, con ese pensamiento salió de su escondite apuntando directamente a la cabeza del otro tipo, quien convenientemente estaba de espaldas a él, pobre, ni siquiera podría ver el rostro de quien acabaría con su vida.
La detonación de la pistola retumbó entre las paredes del lugar por sobre el sonido de las alarmas.
—¡MARCO!
—Chicos, yo también ya tengo que irme— dijo la peli naranja levantándose de su asiento. Hacía rato que Sanji se había retirado para irse al restaurante y Zoro lo había acompañado. —Hemos estudiado lo suficiente para mañana y mis padres no quieren que llegue tarde.
—En ese caso, mejor nos vamos todos ya— comentó Usopp. Franky estuvo de acuerdo y los tres se dedicaron a rejuntar y guardar sus cosas para después tomar sus respectivas mochilas.
—Nos vemos mañana— dijeron al mismo tiempo, despidiéndose tanto de los que estaban en la sala como de los que se encontraban en el comedor.
—Hasta mañana, chicos— se despidió Luffy antes de que los tres salieran de la casa. —¿Te quedas un rato más?— le pidió al oji gris.
—Pues, supongo que puedo hacerlo— contestó acercándose para plantarle un beso en los labios.
—¡Ah, qué cansado estoy!— expresó el pecoso desde su asiento, interrumpiendo la escena con toda intención. —¿Podemos descansar un poco? Son las 6:30 de la tarde y no hemos parado— pidió a su hermano.
—Está bien, tomemos un descanso— aceptó Sabo al momento en que cerraba el libro que tenía entre manos.
—Iré por un vaso de agua— anunció el pecoso antes de levantarse de su asiento, estirando brazos y piernas en el proceso para después caminar hacia la cocina.
—Al menos no es tan pesado estudiar para los exámenes cuando has estado repasando las clases durante toda la semana— comentó Killer sonriéndole a su novio.
—Sí, tienes razón en eso— asintió, acercándose para besarlo igual que hiciera Law con Luffy.
Ace bufó desde donde se encontraba sirviéndose agua, no era justo que sus hermanos pudieran estudiar con sus respectivas parejas y él no, además de que se la pasaban restregándoselo en el rostro.
El celular comenzó a sonar desde el bolsillo de Sabo, lo que lo obligó a romper el beso y ver quién llamaba.
—Qué extraño… es el abuelo— comentó.
Ace se acercó un par de pasos sin salir de la cocina y Luffy volteó toda su atención hacia su hermano rubio cuando éste contestó.
—¿Bueno?... sí, estamos los tres… ¡¿qué dices?!— Sabo se levantó de golpe de su asiento alarmando a todos los presentes, quienes siguieron su ejemplo. —Sí… sí, lo entiendo, yo le diré… vamos para allá— colgó el teléfono mirando hacia el suelo, sin poder creer lo que su abuelo había dicho.
—¿Qué ocurre? ¿Por qué estás tan alterado?— preguntó Luffy preocupado acercándose a él.
—Tenemos que ir al hospital— respondió. Levantó la vista por fin, mirando hacia Ace, quien sintió una oleada de miedo y una punzada en el pecho por la mirada de su hermano. — Le dispararon a Marco.
El vaso que el pelinegro sostenía impactó contra el suelo, estallando en pedazos de vidrio que se esparcieron por todo el lugar y dejando un charco de agua.
Continuará...
