XXVIII
La ira de Jared Fox
Dallas, 27 de noviembre de 1967, 04:12p.m.
Timothy Swann no decía ninguna palabra, encerrado en su celda. Estaba sentado sobre su cama, con los codos apoyados en sus piernas y las manos cubriendo su cara, esforzándose por no sucumbir a las lágrimas. Estar en la cárcel, aunque fuese a modo de medida preventiva, había resultado ser un suplicio casi insoportable. Lo único que impedía que se volviera loco era su total convicción en su inocencia. Sabía que no había violado a ninguna niña, pero la evidencia contradecía sus ideas. Pero eso no era lo que realmente tenía a Timothy al borde del colapso.
Los demás convictos evitaban acercarse a él y Timothy entendía a la perfección. Eso era lo que ocurría cuando uno no se duchaba seguido por tener miedo de ir al baño. Allí había tenido lugar su pesadilla, lo que le impedía dormir por las noches y que explicaba las ojeras que él ocultaba con sus manos.
El baño era un lugar público, y más cuando había un grupo de gente que no conocía el concepto del respeto por el prójimo. Por supuesto, aquello era algo así como un requerimiento tácito en un lugar como ese, pero Timothy creyó que iba a lidiar con asesinos, ladrones, drogadictos y violadores, no que estos últimos pensaran con sus hipocampos antes que con sus cortezas cerebrales y ultrajaran a diestra y siniestra, sin importar género, etnia o edad. Timothy no se caracterizaba por su fuerza bruta y eso le convirtió en un blanco fácil. Fue cuando entendió que las leyes de la cárcel no eran muy diferentes a las de la jungla, pero eso no le trajo ningún consuelo. Solamente vergüenza… y un intenso dolor en el trasero.
Un guardia se acercó a su celda y golpeó los barrotes con su porra. Timothy apartó sus manos de la cara y miró al guardia con ojos inquisitivos.
—Tienes visita, Swann.
Cinco minutos más tarde, escoltado por cuatro guardias y sus manos encadenadas con grilletes, Timothy se dirigió a la sala de visitas. Cuando llegó allí, notó que había otras personas hablando por auriculares con familiares, esposas, hijos o amigos. Timothy no tenía amigos, o al menos ninguno que se preocupara por él después de darse cuenta que él era un pederasta. Por eso se quedó congelado cuando vio que había alguien que quería hablar con él, alguien que también creía que tenía fijaciones sexuales torcidas. Atontado por el desconcierto, Timothy tomó asiento y tomó el auricular como si tuviera miedo que le salieran cuernos.
—Hola, Timothy.
El pobre tardó lo que le pareció una eternidad en responder.
—¿Amy?
—Sí, soy yo —repuso Amy, pero Timothy notó que él no era el único con dramas personales. Amy lucía más pálida y sus ojos se antojaban opacos, sin mencionar que también ostentaba ojeras—. Antes que todo, quisiera pedirle disculpas por creer que usted había violado a esa niña. Una… asociada descubrió que otra persona le inculpó. La niña en cuestión fue sugestionada con Pentotal Sódico para que creyera que fue violada por usted. Esa persona de la que hablo trabajaba para Jared Fox.
Timothy se quedó callado, tratando de entender lo que esa nueva información implicaba. Jared Fox trató de incriminarme para que yo nunca publicara los resultados de las pruebas de resistencia.
—Entonces… ¿soy inocente?
—Mi… asociada obtuvo una confesión grabada del acto —dijo Amy y Timothy se dio cuenta que ella hacía una pausa cada vez que hablaba de su "asociada". ¿Acaso esa asociada tenía algo que ver con lo que le pasaba?
—¿Y es admisible en un juicio?
—No sin la declaración original. Y, lamentablemente, esa persona fue asesinada a golpes por Jared Fox.
Timothy tragó saliva.
—Entonces, ¿nunca saldré de aquí?
—No he dicho eso —dijo Amy, tratando de componer una sonrisa, con poco éxito—, y tampoco dije que íbamos a ir a juicio. De todas formas, ¿cómo podrían si no hay cargos en su contra?
—No te entiendo.
—La niña que supuestamente violaste —dijo Amy, luciendo un poco más animada—. Está en un albergue del Estado a modo de protección. Jared Fox no la puede tocar allí, pero yo sí.
—¿Vas a hablar con ella?
—Para que diga la verdad —repuso Amy—. Con suerte, solamente pasarás en esta pocilga uno o dos días más. Después de eso, serás un hombre libre, pero Jared Fox no estará muy contento que digamos.
—Me imagino.
—Bueno, eso sería todo —dijo Amy, haciendo un ademán para ponerse de pie—. No te preocupes por tratar de contactarme. Yo lo haré.
Y con esas últimas palabras, Amy colgó el auricular y Timothy fue conducido de vuelta a su celda. Y pensar que hace diez minutos atrás se sentía como mierda, pero ahora había un rayito de esperanza al que colgarse. Solamente le bastaba eso para que los nefastos recuerdos de ese baño no siguieran atormentándolo.
Dallas, a esa misma hora, dos días más tarde
Timothy Swann se había equivocado.
Las ojeras se habían hecho más visibles y apenas tenía apetito. Aquel rayito de esperanza no había hecho mucho para evitar las pesadillas. A veces creía que esos recuerdos le iban a perseguir por el resto de su vida y que siempre estaría mirando hacia atrás por si venía un energúmeno con ganas de saciar sus "necesidades".
Los dos días habían pasado y Timothy estaba comenzando a pensar que tal vez Amy no había podido contactar a la niña. Es fácil perder las esperanzas cuando estás en un lugar donde te quitan precisamente eso, aparte de tu libertad y tu dignidad. Tal vez de eso se trataban las prisiones, pensó Timothy amargamente, de quitarle las cosas que hacían humano a alguien hasta convertirlo en algo subhumano, como una especie de lección para que la gente supiera lo que le pasaba a alguien que no respetaba la ley. Pero, nuevamente, aquellos pensamientos no le trajeron alivio alguno, solamente más insomnio.
Como hace dos días atrás, un guardia se aproximó a su celda y, como hace dos días atrás, golpeó los barrotes con su porra.
—Swann, el alcaide me comunicó que estés listo.
Timothy abrió levemente los ojos. No podía ser que el juicio tuviese lugar tan pronto.
—¿Para qué? —inquirió Timothy con una voz descolorida que no parecía pertenecerle.
—Parece que tienes un ángel de la guardia, Swann —respondió el guardia como si eso representase un problema para él—. El fiscal a cargo de la investigación pidió tu liberación inmediata. Fuiste exonerado de todos los cargos.
Por un momento, Timothy pensó que estaba alucinando o que estaba soñando, porque las palabras del guardia no parecían ajustarse a la realidad. Pero cuando un grupo de tres guardias se presentaron delante de él, abrieron la celda y condujeron a Timothy por varios corredores hasta llegar a una bodega donde le entregaron sus efectos personales, ya no creyó que aquella escena formaba parte de su imaginación. Amy, como lo había prometido, cumplió con su parte.
Y yo que creí que iba a permanecer en este antro hasta el día del juicio final.
Después de estar encerrado entre cuatro paredes y colores apagados, Timothy apenas pudo dar crédito a cuán colorido era el mundo, cuánta luz y alegría podía haber en un ambiente tan mundano como una ciudad. Había leído en alguna parte que muchas personas pasaban por esa misma experiencia después de haber pasado penurias indecibles, solamente para apreciar mejor cosas comunes como el agua. La gente comenzó a llamar "Efecto Posguerra" (29) a esa sensación.
—Veo que lo disfrutas —dijo una voz a la izquierda de Timothy. Giró su cabeza y su mirada se clavó en la persona que había asegurado su libertad.
—¿Sabes? Si fueses un par de años mayor, te daría un beso enorme en la boca.
Amy se puso colorada.
—No es para tanto, señor Swann. De hecho, era mi obligación, pues yo fui quien le envió a la cárcel en primer lugar.
—Lo hiciste sin saber la verdad sobre esa niña.
—Bueno, eso es cierto, pero no hay tiempo para disculpas. —Amy emprendió una marcha brusca en una dirección que Timothy ignoraba, pero se dio cuenta que ya no tenía ojeras y su expresión era más luminosa, casi como si hubiera encontrado —o reencontrado— el amor.
—¿Y me vas a contar sobre esa asociada?
Amy mostró una sonrisa.
—Ya no es un problema, si es que estás interesado en saber más.
—¿Y quién es?
—Una mujer a la que amo y respeto mucho —repuso Amy con ligereza—. Tuvimos nuestras diferencias, pero en un punto nos dimos cuenta que fuimos unas tontas y que nos peleamos por pequeñeces. Al final, es el amor lo que más importa. Ya no está conmigo, pero al menos nos separamos en buenos términos.
—Pero dijiste que la amabas.
—Y siempre lo haré, pero el destino tiene otros designios para mí y ella.
Timothy no dijo nada. Él no creía en el destino, simplemente porque no le gustaba la idea de no tener control sobre su propia vida. De todas formas, él había elegido estar soltero, él había decidido tener amigos y no pareja, él había escogido estudiar Ingeniería Civil en lugar de Derecho, como su padre había querido. El destino, según Timothy, no era otra cosa que la suma de todas las decisiones que alguien tomaba en su vida. Sin embargo, escogió no sacar el tema a colación, no con alguien que le había salvado de pasar el resto de sus días entre cuatro paredes y rodeado de orangutanes sin conciencia.
—Pero… ayer lucías como un cadáver. Es muy poco tiempo para que hayas cambiado de opinión tan rápido.
Amy mostró una sonrisa misteriosa.
—No creerías lo que puede pasar en dos días.
En realidad, mucho había pasado, pero Timothy necesitaba conocimientos avanzados de relatividad general para entender. Lo más seguro es que él creyera que ella le estaba tomando el pelo.
—Te creo —dijo Timothy al final, pensando en todo lo que debió hacer Amy para conseguir su liberación antes del juicio, algo que casi nunca ocurría, pues el juicio servía precisamente para demostrar inocencia o culpabilidad respecto a algún crimen—. Por cierto, ¿adónde diablos vamos?
—A un lugar seguro. Hay mucho de lo que hablar.
Dos horas más tarde
—Tienes razón —dijo Amy, mirando detenidamente los resultados de las pruebas de resistencia de los pilares mientras Timothy preparaba un café. Los dos habían escogido esconderse en la casa de Timothy, pues Jared Fox todavía no se había enterado de lo que había ocurrido en la cárcel, pero solamente era cuestión de tiempo—. Las dosificaciones del hormigón son las correctas y el acero no presenta deformaciones fuera de tolerancia. El espaciado en las mallas de acero se ajusta a las especificaciones técnicas. La granulometría de los áridos empleados está dentro de los parámetros aceptados. El pilar no pudo haber colapsado por alguna falla estructural.
—También estuve revisando los controles topográficos de los pilares —acotó Timothy, hojeando unos papeles llenos de números—. La desviación de los ejes de los pilares con respecto a la vertical también está dentro de tolerancia. Eso descarta cualquier anomalía con la distribución de la carga en el paso sobre nivel.
—Eso significa que el pilar fue debilitado de manera intencional —dijo Amy, mirando unas fotografías de los pilares después del accidente—. Fíjese en las secciones transversales de los pilares. Se supone que si hay una falla estructural, el acero debería estar doblado en los extremos. Pero no es el caso. El acero fue cortado como si fuese mantequilla, sin doblar los bordes.
Timothy frunció el ceño.
—¿Y cómo nadie se dio cuenta de eso?
—Probablemente Jared Fox no quería que esto saliera a la luz —dijo Amy, dejando los documentos sobre la mesa e invitando a Timothy a que la acompañara al sillón—. Lo cual nos lleva a la razón de por qué estamos aquí.
—Presiento que tienes un cuento interesante.
—Algo así —dijo Amy, acomodándose en el sillón y Timothy hizo lo mismo—. Tus pruebas de resistencia son las últimas y más importantes piezas de un complejo rompecabezas que Jared Fox no quería ver resuelto. Silenciaba ingenieros estructurales para que nadie pudiera darse cuenta que no fue una falla estructural la que derrumbó ese paso sobre nivel.
—¿Pero por qué Jared Fox haría algo así?
—Porque quería cambiar el futuro.
Aquellas cinco palabras fueron suficientes para sumir a Timothy Swann en la más absoluta confusión. ¿Cambiar el futuro? ¿Jared Fox? ¿Había ido a parar a una película de ciencia ficción por error?
—No… no te entiendo.
—¿Sabe algo sobre Sailor Senshi, señor Swann?
Timothy se llevó una mano al mentón, recordando los incidentes de finales de 1963 y la aparición de aquella extraña mujer en el accidente del paso sobre nivel a finales de 1960. No había pensado en aquellos acontecimientos básicamente porque nadie le había pedido su opinión sobre ellos.
—Sé que al gobierno no le gusta que la gente meta las narices en el asunto —dijo Timothy, bebiendo un sorbo de su café—. También sé que fue una Sailor Senshi la que salvó a todas esas personas en el incidente del paso sobre nivel.
—Sí, fue Sailor Silver Moon —dijo Amy, poniéndose ligeramente colorada. Timothy arqueó una ceja.
—¿Es ella la "asociada" de la que me has hablado?
—Lo es —repuso Amy, cuyo rubor desapareció así como había aparecido—. El punto, señor Swann, es que, de entre todas las personas que rescató Sailor Silver Moon, había una mujer llamada Reika Omura. Su hija, Ikuko, cayó del vehículo en el que iba su madre y habría muerto de no ser por Sailor Silver Moon.
Timothy no dijo nada. Dejó que Amy siguiera con el relato.
—Se suponía que Ikuko tenía que morir ese día. Ese era el objetivo de Jared Fox. Si moría, nunca podría casarse y tener hijos… y me temo que eso tendrá consecuencias muy nefastas en el futuro.
—¿Y cómo puedes saber eso?
Amy sonrió y Timothy supo la verdad, aunque aquello le trajo más confusión.
—Esa es la razón por la que Jared Fox estuvo silenciando ingenieros e hizo ver el incidente del paso sobre nivel como un accidente, para ocultar sus verdaderas intenciones.
—Pero, si Jared Fox quería cambiar el futuro, ¿cómo supo qué alterar?
—Lo supo porque él también es del futuro, aunque de uno más lejano que el mío —dijo Amy, preguntándose qué había motivado a Jared Fox a tomar medidas tan desesperadas. Lo único que lamentaba era que Timothy no supiera toda la verdad. Había una sola persona que era capaz de dimensionar el verdadero alcance de las acciones de Jared Fox. Y esa persona ya lo sabía, o mejor dicho, lo iba a saber dentro de un año y medio—. Lo lamento, señor Swann, pero hay más en juego que lo que le acabo de contar. Es sólo que no es para sus oídos, sino para los de mi asociada.
—¿Le concierne más a ella?
—Digamos que su vida depende de ello.
La conversación fue súbitamente interrumpida por una explosión que envió a Amy y a Timothy unos diez metros hacia la cocina, junto con astillas y trozos de cerámica. Amy se puso lentamente de pie, sintiendo un zumbido penetrante en sus oídos y apoyándose en la pared para no perder el equilibrio. Timothy ya estaba de pie y se llevaba ambas manos a sus orejas, mirando hacia el enorme boquete que había dejado la explosión en la sala de estar. Para hacer la escena más terrorífica, había una figura de pie en medio de la deflagración.
Era Jared Fox, y sus ojos tenían un brillo diabólico.
—¡Así que eras tú la puta que ayudó a este imbécil a escapar y a divulgar lo que pasó en Nueva Orleans!
Amy no respondió. Tenía el ceño fruncido, como si se hubiera decidido a hacer algo probablemente temerario.
—¿Amy? ¿Qué vas a hacer?
—Lo que todo este tiempo temí hacer —repuso ella, tragando saliva y blandiendo una especie de cetro con el símbolo astrológico de Mercurio grabado en éste—. Ponte a cubierto, Timothy. Esto no será bonito.
—Por supuesto que no será bonito —gruñó Jared Fox, crispando los puños, mirando a Amy con saña—. ¡Será sangriento y terminará con la cabeza de esa mocosa en una picana!
Timothy notó el extraño cetro que sostenía Amy y la miró con descortés incredulidad.
—Pero… pero… ¿quién eres en verdad?
Amy giró su cabeza hacia Timothy y le sonrió.
—También soy una Sailor Senshi —dijo y volvió a encarar a Jared Fox, gritando a todo pulmón—: ¡POR EL PODER DE MERCURIO!
(29) Se llama "Efecto Posguerra" porque aquellos eran tiempos de extrema escasez y la gente valoraba o disfruta más las cosas escasas. También ocurre cuando una persona pasa por un largo tiempo de privación de algún estímulo y, cuando se encuentra con ese estímulo, percibe cosas nuevas sobre éste o puede sentirlo con más intensidad que antes.
