ICE-BERG: EL ÚLTIMO DEMONIO DEL FRÍO

CAPÍTULO VEINTINUEVE: CONOCIÉNDOSE MÁS A FONDO, PARTE 2

ICE POV:

Era el turno de Soceuh de explicar cómo su planeta fue arrasado por culpa de los malditos simios que son los principales causantes de todo lo malo que nos ha ocurrido a todos nosotros.

Flash back de Soceuh:

Yo provengo del planeta Cauch. Se podría decir que era como de los tantos mundos que hay por el universo, solo que su gravedad era maleable y podía aumentar o disminuir debido a que su órbita era ovalada y se alejaba y acercaba a nuestra estrella en intervalos de tiempo relativamente cortos, es por eso que nosotros los Elast somos así de flexibles para poder adaptarnos a esos cambios de gravedad que serían intolerables para cualquier otra raza alienígena.

Por naturaleza todos somos de carácter risueño y alegre, casi nunca habían conflictos entre nosotros y siempre nos apoyábamos mutuamente en momentos difíciles. Mi familia era experta en este tema ya que eran animadores que se dedicaban de ir de hospital en hospital para levantarle los ánimos a todos aquellos que se encontrasen enfermos, después de todo, se dice que el humor es el mejor remedio para todos los males, ¿No?

-¡MUY BIEN NIÑOS Y NIÑAS! ¿Pueden adivinar que tengo en este sombrero?- mi papá, teniendo maquillaje de payaso, estaba haciendo un acto ante unos chiquillos que sufrían de enfermedades terminales y de los cuales muchos tenían pocos días de vida y comenzaron a sugerir distintas cosas que podrían estar dentro de ese pequeño sombrero de copa -¡SIGUEN SIN ADIVINAR! ¡¿Se los muestro?!- todos gritaron "¡SI!" -¡Saluden a…!- metió la mano para sacar a mi madre que se estiró como si fuese una bola de papel envuelta soltando un ¡TADA! -¡… mi bella esposa!- la presentó.

-¡HOLA NIÑOS Y NIÑAS! Nunca había visto a unos chiquillos tan lindos como lo son ustedes ¡Aquí les tengo un lindo regalito para que le sigan sonriendo a la vida y no pierdan la esperanza!- de sus bolsillos pequeñas esferas que se quedaron flotando en el aire hasta dirigirse a cada uno de los niños que al tenerlos en sus manos se abrieron dando paso a unos lindos jugueticos que los ilusionaron y enseguida comenzaron a jugar con ellos -¡Pero eso no es todo por el día de hoy! Ya que mis adorables hijos también les alegrarán el día, ¡SALGAN MIS PEQUEÑOS SOCEUH Y SOREJUGA!- nos indicó que saliéramos de los bolsillos de sus pantalones.

-¡Yo no voy a salir!- me reusé. En ese momento era solo un niñito de 10 años y algo cascarrabias porque la simple idea de vestirme de payaso para ser el hazmerreír de un montón de personas era algo que me desagradaba bastante, en especial si era en frente de otros chicos por la vergüenza.

-¡No seas amargado, hermano! ¡RECUERDA QUE HACEMOS ESTO POR EL BIENESTAR DE LOS NECESITADOS!- me insistió mi tierna hermana menor de 7 años, Sorejuga, que muy a diferencia mía le encantaba participar en este tipo de actos.

-Vaya bien que le vamos hacer al actuar como unos tontos sin remedio- seguía reusándome. Era increíble ver lo amargado que podía llegar a ser tomando en cuenta que mi familia ha hecho este tipo de espectáculos generación tras generación, ¿Qué me pasaba a mí para ser tan diferente?

-¡Ándale, hermano! Hagamos nuestro acto y alegrémosle el día a todos ellos, ¡Toma en cuenta que este podría ser el último día de vida que les quede! ¿Y qué mejor manera para partir al Más Allá con una enorme y radiante sonrisa?- solté un gemido ronco por su insistencia -hazlo por mí, ¡¿SIIIIII?!- habló con voz melosa haciendo un batido de pestañas.

-Está bien, está bien. Solo por ti, ¡Pero será la última vez que me presto para algo como esto!- sonrió enormemente y me besó la mejilla para salir de los bolsillos de mamá -¡HOLA A TODOS! ¿Les dan mucha risa las cosas que mi papi y mami hacen? ¡Eso no es nada comparados con lo que mi hermanita y yo podemos hacer! ¿Verdad, hermanita?- me apegué a mi actuación.

-¡POR SUPUESTO, POR SUPUESTO! Comenzando primero con…- hablaba ella mientras yo me retraía volviéndome bolita -¡ATRAPAR A LA PELOTA!- ella comenzó a correr de un lado a otro para que mamá y papá la persiguiera al cargarme y llevarme encima de su cabeza.

Todos y cada uno de ellos parecían a punto de explotar a carcajadas por como mi hermanita corría de un lado a otro y hacía maromas para que papi y mami no la pudieran atrapar, incluso hacia que se chocaran entre sí de manera ridícula. Llegó la última parte del acto en dónde mi hermanita me lanzaba al aire, para que nuestros padres volvieran a chocarse de cabeza entre sí, y yo volviera a mi forma normal y cayera al piso exclamando también un: "¡TADA!" para hacer que de los muchos agujeros que recorren mi cuerpo salieran destellos de distintos colores.

Todos esos niños y niñas, junto con los doctores y demás personal médico, comenzaron a aplaudirnos y felicitarnos. Mi hermanita y mis padres hacían reverencias sobreactuadas diciendo que el mayor placer de todo esto es ver la felicidad gravada en sus caras. Yo no hacía nada aparte de ponerme rojo de la vergüenza y del coraje esperando a que todo terminase, ¡NO IBA A AGUANTAR POR MÁS TIEMPO ESTA CLASE DE HUMILLACIÓN!

Al fin ya íbamos a irnos. Mientras mis padres cobraban por nuestro espectáculo, yo decidí dar una vuelta por el hospital refunfuñando y quejándome al preguntarme que gracia tenía actuar como unos bufones ante individuos que literalmente tienen un pie en la tumba.

Dejé de lado esos pensamientos cuando vi a varias personas reunidas ante una habitación y se veían muy preocupadas. Por curiosidad me acerqué descubriendo que una niña de mi edad quería suicidarse amenazando con tragarse una fuerte dosis de medicamentos.

-¡Ya no me queda nada! ¡NADA POR LO CUÁL SEGUIR VIVA! Con mi familia muerta, ¡¿Qué sentido tiene seguir viva?!- nunca antes hasta ese momento había visto ese tipo de lágrimas que soltaba ya que eran de dolor combinadas con ira y desesperación, no era capaz de imaginarme por el sufrimiento que pasaba, y que las demás personas le dijeran que aún tenía mucho por qué vivir no era de mucha ayuda en verdad y solo le aumentaban sus ganas de morir.

Debía hacer algo para evitar que cometiera esa locura, ¿Pero qué? No soy el más elocuente de los Elast así que con palabras no voy a lograr nada. Hasta que recordé lo que papá y mamá nos inculcaron a Sorejuga y a mí sobre que el humor es el mejor remedio contra los males.

-No puedo creer que deba hacer esto… ¡OYE!- la llamé con voz chillona abriéndome paso entre las personas -yo no tomaría eso si fuese tú, ¡¿Qué no te das cuenta de lo mucho que te vas a enfermar del estomaguito?! ¡TE PODRÍA PASAR ALGO COMO ESTO!- fingí tener en mi mano una botella para darle un sorbo y pasarme una mano por la boca para secármela -al principio no pasará nada, pero luego de unos segundos ¡Sentirás fuegos artificiales en tu barriguita que te harán volar hasta las estrellas!

Hice que de mi trasero saliera un potente chorro de energía que me hizo volar como un cohete y comenzara a chocar sin control contra las paredes de la habitación como si fuese una pelota de Pinball teniendo cuidado de no lastimarla a ella o a los demás que me veían desconcertados.

Actuando como un perfecto idiota fue suficiente para que esa niña dejara de ser tan negativa, y que por más que se esforzase, no podía disimular la sonrisa que se le estaba formando hasta comenzar a carcajear tirándose al piso muriéndose de la risa al soltar los medicamentos.

-¡JAJAJAJAJA, TÚ SI QUE ERES GRACIOSÍSIMO, NUNCA ANTES NADIE ME HABÍA DIVERTIDO ASÍ, JAJAJA!- todas las personas comenzaron a felicitarme diciendo que era un héroe.

Fue en ese momento cuando me di cuenta del verdadero poder que tiene la risa, de cómo esta puede hacer que hasta la persona más miserable del mundo y que crea que ya no vale la pena seguir viviendo, pueda ver que pese a todo uno puede seguir adelante y anteponerse a lo que la aflige, y además, también sirve de auto-terapia para que hasta el más gruñón de los gruñones (O sea yo) dejase de quejarse por todo y se volviera alguien más positivo, entusiasta y risueño ya que de ahí fue que comencé a desarrollar mi pintoresca aptitud siendo genuinamente feliz al momento de hacer mis payasadas junto con mi familia.

Mis padres y mi hermanita se alegraron tanto de que al fin dejase de ser un pequeño amargado y me entregase por completo a nuestra profesión, hasta sugería nuevos actos y números para aumentar la alegría y dicha de quiénes nos observaban.

Pensaba que así iba ser el resto de mi vida, siendo feliz al hacer felices a los demás junto con la familia que tanto quería y que no importaba que pasase, mientras los tuviera a mi lado nada ni nadie podría quitarme la radiante sonrisa que siempre adornaba mi cara.

Hasta que llegó ese nefasto día, el día en que todo aquello que en verdad me hacía feliz.

Tenía alrededor de 13 años y estábamos haciendo un acto en un asilo de ancianos sacándoles débiles risas, ya que si para ellos este puede ser el último día de sus vidas, entonces que sea uno que les deje un buen sabor de boca cuando les llegue la hora.

Dejamos de actuar al oír un estruendo, y al arrimarnos por las ventanas, vimos lo que al principio creímos que eran meteoritos cayendo en distintas zonas. Estábamos asustados, pero nadie se atrevió a salir por temor a que se tratase de una lluvia de meteoros.

Pasaron unos minutos y no pasó nada, creímos que lo peor ya había pasado hasta que de repente comenzaron a ocurrir explosiones que destruían todo a su paso derribando las estructuras.

Pensamos que se debían a otros meteoros que caían, pero el programa se estaba dando en la única TV encendida fue interrumpido para dar las noticias de último momento.

-"¡ESTE ES UN ANUNCIO DE EMERGENCIA! Acabamos de recibir un informe sobre naves espaciales de forma esférica que han caído en distintas partes del planeta y de estas han surgido extraños seres con cola que sin provocación alguna han comenzado a causar destrozos ¡ESTAMOS BAJO ATAQUE ALIENÍGENA!"- la señal fue interrumpida.

-¡¿Estamos siendo atacados por alienígenas?!- preguntó aterrada mi hermanita. Yo la abracé de manera protectora mientras que los ancianos entraban en pánico y mamá le preguntó a papá que debían hacer al respecto.

-¡No lo sé, no lo sé, no lo sé! Lo mejor que podemos hacer al respecto es quedarnos aquí hasta que alguien se encargue del problema- estaba mordiéndose las uñas del pavor. Aún ante una situación tan crítica como lo era esa, seguía conservando un deje de aptitud humorística, cosa que heredé de su parte claro está.

No importase en qué lugar del planeta Cauch nos encontráramos, el resultado era el mismo: ¡UNA COMPLETA MASACRE! Ya que más allá del hecho de ser súper flexibles, los Elast no tenemos otros atributos que nos hagan aptos para la lucha y literalmente debíamos hacer maromas para evitar ser lastimados por sus ataques de energía y las armas que poseíamos eran inefectivas contra ellos.

En pocos días nuestras bellas ciudades quedaron reducidas a cenizas, los cuerpos se apilaban tan rápido que formaban interminables montañas de cadáveres, y los pocos que seguíamos con vida tratábamos de salvarnos y a lo poco que nos quedaba.

-¡¿Ya tienen todo lo que necesitan, niños?!- nos preguntó apurada mamá cuando estábamos en nuestra casa para tomar nuestras pertenencias listos para irnos.

-¡ESPEREN, FALTA WAKI!- mi hermanita buscaba desesperada un peluchito que ha tenido desde que tiene uso de memoria -¡AQUÍ ESTÁ!- lo tomó y apegó a su cuerpo dándole besitos.

-¡Entonces larguémonos! Oí que pudieron apoderarse de algunas de esas naves esféricas y modificarlas para que lleven a sus ocupantes a planetas lejanos y seguros. Por nuestra flexibilidad muchos de nosotros podemos apiñarnos y meternos en ellas, ¡Debemos llegar hasta ellas rápido antes de que no quede ninguna!- salimos luego de lo que nos dijo papá.

Debíamos aprovechar que los vehículos militares de nuestros demacrados ejércitos distraían a esos malditos para así llegar hasta en dónde se suponen que están esas naves espaciales. ¿Qué sería de nosotros si llegásemos a huir del planeta? ¿Podríamos mantener viva la esencia de los Elast con nuestro casi inquebrantable sentido del humor? ¿Tendríamos la posibilidad de comenzar desde cero? Estas y más preguntas eran demasiado complejas para un niño como lo era yo en ese momento, pero mientras tuviese a mi familia a mi lado, podría sobreponerme a todo.

Nosotros y otros Elast estábamos llegando al sitio en dónde se suponía que estarían esas naves espaciales, y de nuevo recurrimos a nuestra elasticidad para evitar las explosiones causadas por los disparos o los ataques de energía proyectada provenientes de ellos. Para nuestro horror atestiguábamos como varios no pudieron reaccionar a tiempo y al ser alcanzados por ese tipo de ataques se desintegraban soltando últimos gritos de agonía.

Mamá nos tapaba los ojos para que no viésemos semejantes atrocidades, pero esos alaridos taladraban nuestros oídos incrustándose en lo más profundo de nuestras mentes y corazones. Las horribles secuelas psicológicas que sufriría luego de esto jamás pude imaginármelas.

Contra viento y marea, y teniendo que pasar entre los vehículos voladores que caían, pudimos llegar hasta la zona en dónde se encontraban esas naves redondas. Mi familia y el resto que nos acompañaba pensamos que ya estábamos a pocos pasos de las llaves de nuestra salvación.

-¿Van a alguna parte?- nos detuvimos en seco y esa esperanza se derrumbó cuando uno de los que iba en la delantera fue desintegrado y en frente de todos nosotros apareció un grupo de esos salvajes llamados saiyajines descendieron del oscurecido cielo parándose ante sus naves.

-¿Lo ven? Solo debíamos hacer que el rumor de que nuestras naves espaciales estaban a su disposición ¡Y vendrían solitos como insectos atraídos a lámparas!- se rió uno de ellos.

-Eso nos ahorra la fastidiosa tarea de ir a buscarlos de uno en uno. Ni que fuésemos los recogedores de basura- refutó el que parecía ser el líder de ellos que tenía el pelo enmarañado y una cicatriz en su mejilla izquierda -ahora a terminar con eso- dieron un paso para adelante.

-¡ESPEREN POR FAVOR!- les suplicó papá agitando las manos en señal de que se detengan -¿Por qué nos hacen esto? ¿Qué mal les hemos hecho a ustedes para recibir este tormento? ¿No hay algo que podamos hacer para solucionar esto sin derramar más sangre inocente?- era la última oportunidad que quedaba para evitar morir a manos suyas.

-Hacemos esto porque su planeta era el siguiente en la lista de espera, así de simple- fue la respuesta del más gordo de ellos -así que quédense quietos para facilitarnos el trabajo. Si no se mueven les va a doler menos, ¿O era al revés? Ah, da igual.

De inmediato comenzaron a atacarnos, y nos les tembló la mano la presencia de niños como nosotros. Papá dijo que iba a distraerlos para que pudiéramos huir, así que se paró frente a ellos para hacerles mofa y valerse de su elasticidad para evitar los golpes que el más grande de todos trataba de darle.

-¡VÁMONOS POR AQUÍ!- mamá nos tomaba de las manos, estirándonos los brazos, para irnos, pero la única mujer de ese equipo de saiyajines se interpuso entre nosotros, y sin darnos tiempo de gritar, sujetó la sujetó de la boca.

-¿Por qué tanta prisa por irse? ¡Si les tengo un lindo regalito de mi parte!- esa tipa hizo que se tragara toda su energía y se hinchase de manera deforme expulsando delgados rayos hasta que…

-¡PLUANG!- reventó como un globo y todo su interior se desparramó cubriéndonos a Sorejuga y a mí que nos quedamos en shock y tiesos como estatuas, ni siquiera sentimos su sangre escurrirnos.

La capacidad de absorber energías era algo que desarrollé con el tiempo y que ningún otro miembro de mi especie pudo lograr, por eso los ataques de Ki nos pulverizaban.

-¡MAMÁÁÁÁÁ!- mi hermanita fue la primera que reaccionó y cayó de rodillas.

-¡MAMIIII!- yo también estallé en llanto. Sus lágrimas y las mías se combinaron con la sangre de la mujer que siempre nos dio todo su amor y cariño junto con las bases para volvernos gente que sea feliz al hacer feliz a alguien más.

-No se pongan tristes, niños. Ahora los enviaré con su mami- ella estuvo por fulminarlos.

-¡NO, MIS NIÑOS NO!- papá estiró sus brazos y nos tomó alejándonos de esa desalmada bruja -¡Soceuh, Sorejuga! Yo seguiré distrayéndolos para que puedan huir en una de esas naves- no queríamos abandonarlo -¡QUE SE VAYAN!- nos empujó -¡OIGAN, IDIOTAS! ¡Aquí estoy, vengan por mí!- de nuevo se burló de esos desalmados destructores.

Con todo el dolor de mi alma, tomé a mi hermanita de la mano y la jalé para ir hasta una de esas naves aprovechando que todos estaban distraídos. No pude evitar girar totalmente la cabeza para atrás viendo con horror como nuestro amoroso padre también fue hinchado hasta reventar, ¡NO!

-¡¿Ustedes a dónde creen que van?!- uno de ellos tomó a mi hermanita de la mano derecha. Como yo seguía sujetándole la otra, ella era estirada como un caucho.

-¡NO ME SUELTES, HERMANO!- por nada del mundo iba a solar a lo último que me quedaba.

-Que ternura es el lazo entre hermanos, pero como cualquier otro lazo, puede deshacerse de un simple corte- con otro ataque de Ki todo el brazo de mi hermana fue desintegrado generándole un dolor indescriptible.

-¡SOREJUGA!- extendí mis manos para agarrarla, pero fue demasiado tarde ya que le hicieron lo mismo que les pasó a nuestros padres.

Todo me pareció ir en cámara lenta a medida que su blando cuerpecito empezó a reducirse a polvo y cenizas y su voz sonó profunda y nasal al gritar mi nombre, lo último que vi de ella fue su expresión de horror y sufrimiento indescriptible extendiendo hacia mí la única mano que le quedaba suplicando ayuda, ¡PERO NO PODÍA HACER NADA PARA SALVARLA!

Me quedé viendo fijamente las cenizas de lo que antes era su cuerpo y el de nuestros padres. Mi familia… la familia que tanto amor me dio y que me inculcó las enseñanzas para tener una vida feliz y alegre… ¡DESTRUIDA ANTE MIS OJOS!

-Ahora sigues tú, mocoso- el líder de ellos me apuntó con su mano derecha a punto de fulminarme.

Debía pensar en algo rápido, ¡NO QUERÍA MORIR! Recordé que en mis bolsillos tenía unas esferas que producían bellos fuegos artificiales, así que las saqué y tiré causando un destello que los cegó.

Impulsado por el temor, me dirigí a una de esas naves redondas esperando que aún sean el medio de transporte para huir. Apenas ingresé presionaba a la loca suplicando que despegase y me llevase a cualquier lugar del universo lejos de este infierno.

-¡POR FAVOR FUNCIONA, POR FAVOR FUNCIONA!- mis lágrimas caían en el tablero de controles y en mis dedos que se estiraban presionándolos hasta que comenzó hacer un pitido y la puerta se cerró cuando la nave se elevaba -¡VÁMONOS YA!- al golpearlos con ambos puños cerrados, viajé a una velocidad tan alta que mi cuerpo se embutió contra el asiento quedando totalmente plano -¡Pero no tan rápido…!- hablé con un hilo de voz sin poder moverme.

Fin del flash back de Soceuh.

-… desde ese entonces traté de mantener vivo el espíritu de mi familia al haberme unido a ese circo intentando ser feliz al hacer feliz a los demás y así superar lo que les pasó a ellos, a nuestro mundo y a nuestra gente… ¡PERO POR MÁS QUE LO INTENTÉ JAMÁS PUDE SUPERARLO Y SOY TAN INFELIZ EN EL FONDO, WAHAHAHA!- finalizó su relato tapándose la cara con ambas manos, negando con la cabeza y volviendo a sobreactuar de manera infantil.

No cabe duda, perder a una familia amorosa de ese modo haría que cualquier niño quede traumatizado de por vida y desarrollase esa clase de mentalidad tan peculiar. Volví a sentir algo de culpa por eso ya que por lo que recuerdo a papá le había resultado interesante tener un mundo con una gravedad que variase de ese modo afirmando que podría volverlo una especie de centro turístico para alienígenas que quieran sentir nuevas experiencias por las que pagarían mucho.

De nuevo su desmedida codicia es la responsable de tragedias irremediables, ¿Será igual cuándo Chadap y los demás cuentes sus historias también? Qué curiosa es la vida al haberme puesto en el camino a seres que lo perdieron todo no solo por manos de saiyajines, sino indirectamente por las manos de mi cruel progenitor.

El destino o es irónico o tiene un horrido sentido del humor para colocarme tanto mí y como a ellos en un escenario como este. Pero quién sabe, tal vez si me los puso a ellos en el camino no solo fue para que me ayudasen en mi planes, sino para tratar de compensarlo, aunque sea un poco, el mal que tanto esos simios como papá les hizo y darles la oportunidad de disfrutar el dulce sabor de la venganza a mi lado.

-Ya, flaquito, ya. Deja de ser tan llorica- increíblemente Taurus le dio unas palmaditas a Soceuh en la espalda para calmarlo. Espero que al darse cuenta de que comparten el mismo dolor, sea suficiente para que dejen de lado sus estúpidas disputas.

-Llorones- se burló Tirant. Záfir solo se limitó a desviar la mirada soltando otro gemido de lamento y Chadap también fue a darle su apoyo; al menos están comenzando a desarrollar camaradería de verdad -te toca, cuatro ojos. Fuiste el tercero en ser reclutado, así que es tu turno para contarnos la trágica historia de tu vida- el Worren giró lentamente para verlo, y si el ambiente de mi mundo ya no lo afectaba, la mirada que él le dedico lo heló.

-Si vuelves a burlarte de mí de ese modo, haré que desees nunca haber salido del inmundo agujero del que escapaste- sus ojos brillaron un momento causando que se le tragara un nudo que se le formó en la garganta. En serio su fachada de criminal frío y desalmado que no le tiene miedo a nada y a nadie es un intento de encubrir lo cobarde que es por dentro -pero tienes razón, como fui el tercero en ser reclutado me corresponde a mí contar mi historia…

Flash back de Chadap:

Deprar era el nombre del planeta madre de nosotros los Worren. En comparación con otros mundos, podía decirse que era algo atrasado en el aspecto tecnológico ya que aún usábamos elementos rudimentarios como vehículos con ruedas impulsados por animales, no contábamos con grandes edificaciones aparte de algunos templos, nuestras ciudades eran en realidad tribus distribuidas en distintas zonas, ni siquiera teníamos un verdadero sistema de gobierno, y mucho menos poseíamos armas avanzadas o un ejército militar.

Pese a estas limitaciones, estábamos bien con lo que teníamos. Éramos seres espirituales y seguíamos fervientemente nuestras sagradas leyes religiosas y el código de honor que todo guerrero que se respete debía seguir, cosa que se ha mantenido igual desde tiempos inmemoriales

Cuando alguna de las tribus tenía un desacuerdo, antes de ir directamente a la guerra primero se hacía un duelo en el que el guerrero más hábil y poderoso de ambos bandos lucharían entre sí y el que saliera ganador podría decidir si habría o no un conflicto armado ya que si él fue quién ganó es porque los dioses así lo quisieron.

La tribu a la que perteneciese el perdedor de esa contienda, no era sinónimo de que sean débiles o algo así, al contrario, morir en combate en una reñida pelea cuerpo a cuerpo y de igual a igual era el mayor honor que podía recibir un guerrero ya que peleó y murió dando lo mejor de sí y sería recibido en el Balnur, el sitio a dónde iban los guerreros honorables luego de su última pelea en dónde podrían luchar por toda la eternidad contra otros grandes peleadores si así lo quisiesen.

Yo era el hijo del líder de nuestra tribu y el mayor de entre mis hermanos. A base de sudor y sangre pude volverme el representante del clan en esas contiendas. Debía dar lo mejor de mí en los duelos ya que nuestro clan se había debilitado bastante luego de tantas guerras seguidas y no soportaría otro conflicto de gran magnitud, tenía que hacerlo por mi gente.

Una vez cada 20 años llegaba una época muy especial en la que los guerreros más poderosos de cada clan debían enfrentarse entre sí en una batalla campal y sin cuartel para quedarse con la mano de la princesa del clan Lugon, el clan más grande de todos y del que provienen los otros clanes, ya que aquel que saliera triunfante tendría su apoyo en cualquier clase de conflicto.

La mayoría de los que participasen solo lo hacían por el estatus social y por la posibilidad de quedarse con la bella princesa y no porque en verdad les interesase el bienestar de su tribu.

Yo era muy diferente porque no solo lo hacía por el bienestar de mi clan, sino porque amaba de forma genuina a la princesa desde que nos conocimos por primera vez cuando éramos niños. Prácticamente estuve esperando toda mi vida para tener la oportunidad de estar con aquella persona que me dio sus dos corazones

Estaba en el cuarto que se me asignó, era de noche y mañana sería el día en el que me batiría en el duelo más importante que alguna vez he tenido. Miraba fijamente el cielo nocturno admirando las dos lunas preguntándome si mi siguiente contienda sería la última de mi vida, y de ser este el caso, ¿Qué sería de mi familia y de mi clan si moría en el intento? ¿Quién los cuidaría en mi lugar?

Tocaron mi puerta y al abrirla resultó ser la princesa Kala. Cada día parecía volverse más bella.

-¿Kala? ¿Qué haces aquí?- me corrí para que entrara y me saqué la cabeza para asegurarme de que nadie la haya visto -los guerreros no podemos ver a la princesa hasta que inicie el combate.

-Vine porque estaba preocupada por ti, Chadap- sus cuatro ojos reflejaban la misma preocupación que tenían los mismos. No es vergüenza reconocer tener miedo ya que hasta los más valientes suelen tenerlo en algún momento -con tu fama y reconocimiento de ser uno de los mejores guerreros, me da miedo que los demás puedan unirse contra ti para vencerte primero, y eso pasa…- se frotaba las manos de sus brazos inferiores. Todos los Worrens tenemos 4 brazos y los de abajo podemos tenerlos pegados a los costados para que solo parecieran un par de bultos.

-Kala, no te preocupes. Encontraré la manera de cómo arreglármelas, y si mañana es el último combate de mi vida, es porque los dioses así lo querrán- quise calmarla, pero solo la preocupé más.

-Que horrible sería no solo perderte a ti, sino terminar en los brazos de alguno de esos que solo me ven como un premio y recurso para escalar en la pirámide social- si a mí ya me asustaba la posibilidad de que mañana fuese el último día de mi vida, volverse pareja de alguien que no la valora como se merece y tener que estar a su lado por obligación hasta el día de su muerte generaba un miedo muchísimo más atroz -algunas veces dudo si en verdad hay dioses que se preocupen de nosotros y tomen en cuenta lo que hacemos en vida.

-No digas eso. Claro que allá arriba hay deidades que nos observan y nos juzgan por nuestras acciones. De lo contrario, ¿De qué serviría entonces todo lo que hacemos en vida si no tendría eco en la eternidad?- volví a posar mi vista en la infinita y bella oscuridad de la noche, ella se paró a mi lado.

-Ojalá todos tuviesen el mismo par de corazones que tú posees. Si fuera así, este sería un mundo mejor en dónde no habrían disputas sin sentido que solo generan dolor- ella puso en mi pecho sus manos superiores. Nuestra raza tiene dos corazones, uno a cada lado y en el medio no hay nada, muy a diferencia de otras especies que parecen siempre tener un solo corazón en la mitad del pecho -y pues… si esta sería mi última noche de libertad y la última de tu vida, quisiera que sea la más especial que ambos hayamos tenido y tener dentro de mí el fruto del amor que tenemos- todas sus manos se entrelazaron con las mías.

-¿Segura? Si descubren que no eres virgen y que llevas en el interior un hijo que no pertenece al ganador…- calló mis preocupaciones con un profundo beso en los labios.

-Descuida. Nunca nadie lo descubrirá, te lo aseguro- no pudiendo contenerme, accedí a su petición de que esa sería la mejor noche de nuestras vidas, y vaya que sí lo fue.

Al día siguiente todos los contendientes que representaban cada una de las tribus estábamos en la arena de un coliseo abarrotado de espectadores que venían de distintos rincones del mundo que gritaban de la emoción esperando la batalla más espléndida que alguna vez hayan presenciado.

-¡Aquí los tienen, los guerreros más poderosos de todos los clanes existentes que darán su vida para ganarse tanto la mano de mi hija como nuestros favores!- nos presentaba el padre de Kala, el rey de Lugon desde su palco privado acompañado de ella, por su esposa y guardaespaldas.

No le prestaba atención a lo que decía ya que sentía las miradas de los demás guerreros posadas en mí confirmando que todos intentarían atacarme y algunos sujetaban impacientemente sus armas apenas aguantándose las ganas de agredirme. Nuestras herramientas de lucha eran todas cuerpo a cuerpo y variaban desde espadas, hachas, lanzas y demás.

Solté un gemido dedicándole una plegaria a los dioses para luego ver a Kala que posaba su vista en mí sin parpadear ni una sola vez deseándome la mejor de las suertes.

-… y por último les recuerdo que no pueden usar las técnicas perdidas. Aquel que las use no solo será descalificado perdiendo el derecho de luchar, sino que será ejecutado y su clan vivirá eternamente con la vergüenza de que su representante haya recurrido a las tácticas de los cobardes- finalizó el rey -buena suerte a todos. Que la lucha comience… ¡YA!

Apenas gritó esto, di un salto con voltereta hacia atrás eludiendo por poco la estocada de una lanza y de un tridente que chocaron entre sí. Me impulsé para adelante desenfundando mis 4 espadas despedazando a mis atacantes. Al estar alejado de ellos y dándoles la espalda con mis armas apuntando hacia adelante quedaron tiesos unos segundos hasta que se les formaron líneas de sangre por sus cuerpos y comenzar a caer en pedazos formando un gran charco de sangre.

Los demás no se dejaron intimidar por eso y prosiguieron a atacarme también. Tenía que lidiar no solamente con los que me atacaban de frente, sino también con los cobardes que me trataban de atacar por la espalda, por lo que usaba mis brazos inferiores para defenderme de estos últimos.

Debía usar cada gramo de experiencia que he ganado en mi vida como guerrero para evitar ser herido de manera fatal. Me agaché para evitar un hachazo dirigido al cuello por parte de uno de los que me atacaban por detrás que le cortó las cabezas a los que estaban por delante y giré amputándole las piernas al dueño del hacha seguidas de los brazos y apartarlo de un golpe.

Alcé un pie frenando de una patada en el pecho a otro que alzó su martillo para pegarme e insertarle en la frente mi espada derecha superior a la vez que moví para atrás la izquierda desviando un espadazo a otro y rajarle el vientre con la inferior.

Sujeté de forma invertida mi arma diestra de abajo deteniendo la embestida de otro tridente y cortarle las manos a su propietario, degollarlo y usar esa arma como arpón y tirársela a otro.

Los otros que no se enfocaban en mí, se dedicaban a matarse entre sí usando también cada movimiento de lucha que tuviese. Reconozco el valor que muchos de ellos tenían ya que peleaban con el espíritu, es una pena que todos morirían y solo uno de nosotros resultara el ganador.

Cada segundo parecía una hora, cada minuto parecía un día y cada hora parecía un año entero. No sabía cuánto tiempo había estado luchando en la arena, solo que al darme cuenta, ésta ya se había teñido de naranja con la sangre de todos nosotros.

Casi no quedaba ninguno en pie, y los pocos que seguíamos vivos, debíamos movernos entre los cadáveres para evitar terminar como ellos. Sentía que la mitad de ellos fueron causados por mí y solo quedamos los más fuertes, mejor dicho, los que no quisieron atacarme.

Me detuve luego de matar al último que se enfrentó a mí y respiraba agitado tratando de recuperar el aliento apoyándome en mis armas para no caer. Mi cuerpo estaba lleno de heridas, de milagro ninguna era fatal y no perdí alguna de mis extremidades, pero no iba a resistir por más tiempo y todo mi ser iba a gritar "¡BASTA!" a punto de desplomarse.

Debía continuar por el bienestar de mi pueblo y para tener a mi lado al amor de mi vida. Vi a los 2 contendientes que quedaban y que seguían peleando entre sí. Uno de ellos se volvería mi último oponente y el que posiblemente el que me daría la última pelea de mi vida.

De un movimiento, uno de ellos le cortó la cabeza a su rival para también apoyarse en sus espadas respirando muy agitado. Esperé a que se repusiera y enfocase su vista en mí, solo un cobarde aprovecha que su enemigo está distraído o débil para atacarlo.

Al reponerse, sus ojos chocaron contra los míos. Nuestras miradas decían lo mismo: "Solo uno de nosotros saldrá con vida de aquí" así que tomamos nuestra distancia poniéndonos en guardia caminando lentamente en círculos sin despegar la mirada del otro tratando de analizar alguna posible falla en nuestra defensa y cada una de las personas del público guardaba silencio, expectantes para saber quién se coronaría como el campeón.

Él fue el primero en atacar al soltar un grito de guerra. El sonido de nuestras chocar resonaba como eco y parecía que el gran charco de sangre sobre el que peleábamos se agitaba con cada impacto y pronto uno de nosotros contribuiría a aumentar su volumen, solo era cuestión de quién tuviese la mejor técnica de combate, el más grande espíritu de lucha, del que estuviera menos agotado por las peleas anteriores, o del que fuese favorecido por los dioses en ese momento.

Parecía que yo fui el que recibió su privilegio ya que le pude amputar sus brazos superiores y tirarlo de espaldas inmovilizándole sus otros brazos al pisárselos y le puse mis espadas contra el cuello.

-Ya has perdido…- pude controlar mi euforia y no confiarme en ningún momento, y aunque no lo mostrase por fuera, por dentro estaba sumamente feliz ya que no solo podré estar con la mujer que amo, sino que le garanticé un futuro próspero a mi clan.

-No… ¡NO! ¡Esto no ha terminado!- los ojos del guerrero a mis pies brillaron y me lanzó un rayo de energía dándome en el rostro dejándome ciego y caminase casi cayéndome para ahora ser yo el que cayera estando a su merced -¡¿Quién es el perdedor?!- sonrió con malicia.

-¡ALTO!- pero de inmediato fue detenido por los guardaespaldas del padre de Kala -Haz usado las técnicas prohibidas, ¡Perdiste tu derecho a luchar por la mano de mi hija, serás ejecutado y tu clan llevará por siempre la marca de la vergüenza!- dio sus indicaciones para que se lo llevaran y ahora lo único que salía de la boca del público eran abucheos dedicados a mi enemigo.

Las técnicas prohibidas a las que tanto se refería el papá de Kala eran los ataques de energía proyectada. Los Worrens al ser una raza guerrera tenía el potencial de usar nuestra fuerza vital para expulsar ese tipo de ataques al igual que la capacidad de volar, pero lo considerábamos las tácticas de los cobardes que tienen miedo de resolver una pelea con honor en combate directo ya que el que las usase tendría una ventaja injusta sobre el adversario, por eso son prohibidas.

-¡EL GANADOR DE LA BATALLA Y EL QUE TENDRÁ EN HONOR DE CONTRAER MATRIMONIO CON MI HIJA!- de inmediato me tomó de la mano derecha superior y la alzó.

Ahora sí pude darme el gusto de esbozar una gran sonrisa de satisfacción al oír como todos me aplaudían, silbaban y gritaban mi nombre. Jamás había sentido algo así y fue mucho mejor cuando Kala vino hasta mí para darme otro apasionado beso y abrazarme para felicitarme.

No sabía que otras cosas más el destino o los dioses me pusieran en el camino, pero confiaba que podría superar cualquier obstáculo con todos los beneficios que conseguí al volverme el campeón y proclamado como el más grande guerrero de mi mundo… por desgracia no tomé en cuenta las adversidades que vendrían más allá de las estrellas.

Habían pasado unos cuantos meses desde mi momento de triunfo. Mi buen sabor de boca seguía presente, en especial cuando veía como las cosas para mi tribu y porque el fruto de nuestro amor entre Kala y yo cada vez se hacía más grande y notorio en su vientre.

-¡No, no! Jamás bajes la guardia ni siquiera cuando creas que ya has vencido a tu oponente- estaba instruyendo a unos niños que practicaban combate usando espadas de madera- deben aprender que no importa que tan superiores parezcan ante su enemigo, este aprovechará cualquier vestigio de arrogancia que demuestren para darle un giro a la situación y hacer que ustedes estén bajo su merced- no hay mayor error para un guerrero que confiarse demasiado.

-Sin dudas eres un buen maestro- me alabó Kala viendo a mi lado como ellos seguían peleando.

-Y espero seguir siéndolo para mi futuro predecesor- le sobé la barriga y amañamos con besarnos.

Todos y cada uno de nosotros alzó su vista al cielo al oír lo que parecía ser un trueno y vimos esferas de fuego cayendo como rayos. Entramos en pánico creyendo que eran rocas espaciales destinadas a extinguirnos y nos refugiamos en nuestros hogares.

Al ser tan religiosos, creíamos que eran alguna especie de castigo de los dioses, ¿Habremos hecho algo mal? ¿Estaban molestos de que yo ganase esa lucha? ¿Qué nos iba a ocurrir?

Las esferas en llamas cayeron a las afueras de mi pueblo, y viendo que no causaron un estallido que nos matase a todos, fui hasta ellas junto con otros guerreros después de decirle a Kala que se quedara en la casa en caso de que ocurriese algo.

-¿Esferas de metal? ¿Por qué los dioses nos las enviaron?- uno de mis compañeros tocó una de ellas con la punta de su lanza -¿Será algún regalo de su parte? ¿Qué tratan de decírnoslo?

Iba a decir algo, pero todos retrocedimos alistando nuestras armas cuando una de las esferas comenzó a abrirse soltando una leve nube de vapor y vimos como una figura alta, musculosa, con un solo par de brazos, con cola, raras prendas y con cabello en forma de flama salió de ella.

-¡¿Quién eres tú?!- exigí saber. La mirada que ese ser tenía radiaba una gran maldad y cero empatía por los demás, y también podía sentir un extraordinario poder que expulsaba.

-¡RESPONDE!- le exigió uno de mis compañeros solo para ver como las demás esferas se abrían dejando a salir a otros seres muy parecidos al que teníamos en frente.

-¿Acaso son mensajeros de los dioses y han venido a avisarnos sobre algo importante?- ese tipo sonrió de medio lado por esta pregunta echa por otro de mis camaradas.

-Claro que somos unos mensajeros, y ahora mismo le vamos a dar el mensaje- concentró energía en su mano derecha apuntándonos con ella.

-¡VA USAR UNA TÉCNICA PROHIBIDA, TENGAN CUIDADO!- empujé a los que estaban más cerca de mí evitando por poco ese ataque que desintegró y volvió polvo al que lo recibió -¡¿DE DÓNDE SALIERON USTEDES Y QUIÉNES SON?!

-Lo que les dije, somos unos mensajeros… los mensajeros de la muerte para ser más específicos- con una sonrisa colectiva de su parte y de los otros seres con cola, dio inicio a la batalla por el destino de nuestra raza y cultura.

No íbamos a caer sin pelear, las distintas tribus dejaron de lado sus diferencias y unieron fuerzas contra este enemigo en común y dábamos todo lo que teníamos para expulsarlos de la santidad de nuestro mundo y devolverlos de dónde vinieron.

Desconocíamos el origen de esas criaturas, solo que se llamaban a sí mismos saiyajines, y el motivo por el cual nos atacaban sin piedad alguna, pero he de admitir que tenían un fiero espíritu de lucha aunque su estilo de combate se inclinase a lo salvaje y barbárico sin pensar en estrategia de algún tipo y descuidaban mucho su defensa, como si estuvieran siempre acostumbrados a lidiar con seres más débiles que ellos y pocas veces se enfrentaran a seres estén a su nivel.

Eso era más que evidente ya que en el combate uno a uno, no intentaban encontrar el modo de ganarle a alguien con armas blancas y se arrojaban de cabeza sin importarles los riesgos.

Esquivé los golpes de uno para degollarlo, mover para atrás mis armas posteriores insertándolas en los abdómenes de otros dos que me quisieron atacar por la espalda, dar un largo salto en reversa evitando un fuerte pisotón y lanzarle a ese agresor una de mis espadas que se clavó en su frente y también arrojé la otra a la espalda de otro más que iba a matar a uno de mis camaradas, uno me abrazó por detrás inmovilizándome para que otro me atacase, pero le cercené sus brazos con mis armas de abajo y al que estaba delante de mí le corté la cabeza de un movimiento de tijeras para ir a recuperar mis otras espadas.

Si las peleas hubiesen sido de este modo, los habríamos expulsado a todos, pero como ellos podían usar las técnicas prohibidas y al darse cuenta de que en el combate directo tendrían muy difícil ganarnos recurrían a ellas cuando se sentían apuros tomando distancia como los cobardes que son

De forma lenta nos quitaban terreno haciéndonos retroceder hasta la tribu de Lugon ya que era el centro del mundo. En pocos días nos estaban quitando lo que tantos siglos nos costó crear, ¡¿Por qué los dioses permitían que esto pasase?! ¡¿Acaso era alguna especie de prueba a las que nos sometían o qué?! ¡¿Qué hicimos para sufrir esta horrible pesadilla?!

Se suponía que cada uno de nosotros que caía debía recibir el mayor de los honores al morir en combate, ¡¿En dónde estaba el honor cuando nuestros verdugos estaban cómodos desde sus asientos matándonos a distancia lejos del filo de nuestras armas?!

-¡¿Qué no tienen honor?! ¡VENGAN Y PELEEN COMO HOMBRES!- los reté cuando intentamos ir hasta ellos, pero nos mantenían a raya con sus ataques de Ki -¡SON UNOS COBARDES!- debía provocarlos para que así se dejaran guiar por la ira y vinieran a pelear directamente.

-¡Nadie llama a los saiyajines cobardes y vive para contarlo! Viendo que sus lunas no reflejan los rayos Blutz como hacen las lunas de otros planetas, ¡No nos dejan más opción que usar esto!- el líder de ellos y varios más lanzaron al aire esferas blancas de energía que explotaron volviéndose una sola.

Nunca antes en nuestra larga dinastía de guerreros habíamos lidiado con bestias de tales proporciones como en las que ellos se convirtieron. Tan grandes como montañas, y que aún sin dar un solo paso, ya estremecían hasta el último de nuestros cimientos como el alma de nosotros.

Con eso sabíamos que ya perdimos la pelea por el destino de nuestro mundo, pero seguimos luchando hasta el último hombre, mujer y niño en pie. Como me hubiese gustado morir en esos momentos y gozar de la gloria celestial en lugar de atestiguar lo que iba a pasar poco después.

Los que quedábamos estábamos en el templo de Lugon. Habíamos bloqueado las entradas con la esperanza de que no pudiesen ingresar, pero ¿A quiénes intentábamos engañar? Sabíamos que solo era cuestión de tiempo para que esos enormes monstruos nos pudieran las manos encima.

-¡¿Qué vamos hacer, Chadap?!- Kala me abrazó por detrás ya me encontraba ante la entrada principal del templo listo para dar mi vida para protegerla a ella y al resto.

-Resistir hasta el final. Es lo único que nos queda- miraba fijamente la puerta que temblaba como el resto de la estructura y el polvo que caía a mi alrededor se dispersaba por mi respiración.

Los temblores cesaron de repente. Arqueé una ceja preguntándome por qué se detuvieron y si habían desistido de sus intentos por atraparnos. Uno de los demás dijo que tal vez los dioses al fin decidieron intervenir y los detuvieron, pero no estaba tan seguro y quise decir que no se confiaran.

Enseguida el techo del templo se derrumbó. Lo último que vi antes de que los trozos me noquearan fue una gran mano enguantada dirigiéndose a nosotros y el rostro de horror de Kala gritando mi nombre.

No sabía cuánto tiempo había pasado desde que perdí el conocimiento, y al despertar, vi mis brazos, piernas y cuello amarrados con fuertes cadenas que estaban unidas a las ataduras de otros de los míos junto con otras razas alienígenas que nunca había visto antes, y pese a esto, todos reflejaban la misma mirada desesperanzada y uno fuertes deseos de morir.

Habíamos sido tomados como esclavos, ¡NO HABÍA PEOR HUMILLACIÓN QUE ESTA! Para los Worren la peor tortura inimaginable era mil veces mejor que ser tomados prisioneros ya que eso significaba que tanto nuestros cuerpos y como nuestras almas estaban bajo el control de otro ser.

Pregunté por Kala y las demás. Me dijeron que las mujeres estaban destinadas a ejercer otro tipo de esclavitud, una más "privada" por así decirlo. ¡No podía dejar que mi hembra fuese rebajada a un mero objeto sexual! Debía salir de aquí y rescatarla ¡Y PRONTO!

Los otros esclavos nos dijeron que estábamos en una gran nave custodiada por saiyajines y que las cadenas que nos inmovilizaban soltarían potentes descargas en caso de que se tratasen de romper. Eso poco me importó y motivé a los míos a quebrarlas uniendo nuestras fuerzas.

El dolor que sentíamos era nada con el dolor de saber que perdimos nuestro mundo, a nuestros seres queridos, nuestras costumbres, y por encima de todo, nuestra Fe en los dioses. El dolor físico es efímero comparado con el espiritual y mental.

Con un grito colectivo final pudimos reventar nuestras ataduras y las de los otros alienígenas. Estos al saber mucho más sobre todo lo relacionado con tecnología avanzada y demás tipos de cosas, eran los que nos guiaban mientras nos habríamos paso aniquilando a todo aquel que intentase detenernos luego de que se escuchara una alarma.

-¡AHÍ ES DÓNDE PONEN A LAS MUJERES!- señalaron una gran puerta de metal.

Luego de despedazar con mis propias manos a los saiyajines que hacían de guardias, de una patada tiré la puerta perdiendo el aliento por lo que mis cuatro ojos vieron. Al igual que nosotros, muchas mujeres estaban metidas en una gran jaula sujetadas entre sí con cadenas y reflejaban cicatrices y heridas frescas.

Ellas las afortunadas ya que el horror verdadero era el resto de esa gran sala de tortura. Las otras mujeres estaban pegadas a unas mesas y unas extrañas máquinas les hacían todo tipo de incisiones con finos rayos láser ¡ESTANDO TODAS ELLAS CONSCIENTES Y SIN ANESTECIA!

Les cortaban cuernos, o espinas, o atributos que ante los ojos de los degenerados las harían ver poco agraciadas. Ellas suplicaban de mil y un maneras y en distintos idiomas para que no les hicieran nada, pero esas máquinas al ser tan insensibles y carentes de empatía como lo son los saiyajines, hacían caso omiso a sus llantos y continuaban con su diabólica labor.

El olor… ¡EL OLOR POR TODOS LOS DIOSES! La cosa más nauseabunda que había olido hasta ese momento. Si no fuese bastante con oír sus gritos de agonía, debía oler su carne siendo quemada con esos rayos combinados con el de sus fluidos corporales que se desparramaban.

Todos los que me acompañaban de inmediato destruimos esas máquinas para liberarlas de su infernal calvario y así buscar a nuestras respectivas parejas. Yo rezaba para que Kala no estuviese entre ellas, ¡No soportaría verla mutilada de forma bestial!

-Chadap…- oí la frágil voz de mi amor y la vi postrada en la mesa más alejada de todas. Por una milésima de segundo creí que estaba bien ya que no tenía heridas en la cara, hasta que me le acerqué y dándome cuenta de que le rajaron el vientre y el fruto de nuestro amor fue arrancado de raíz y tirado en un balde metálico como si fuese basura.

-¡KALA!- fui hasta ella -¡¿Qué fue lo que te hicieron?!- pase una mano por su cabello.

-No… no te preocupes… estaré bien. Me alegro de volver a verte…- sonrió débilmente. ¿Cómo podía sonreír en sus condiciones y sabiendo que nuestro hijo no nato ha muerto? -Podemos tener otro hijo… comenzar de nuevo en otro lugar y revivir a nuestra gente manteniendo viva nuestras costumbres… siempre y cuando podamos salir de este lugar.

Sin desperdiciar segundo alguno tomamos a las mujeres que estaban demasiado heridas para caminar y fuimos al hangar en dónde estaban esas naves redondas para huir.

Veía como los últimos representantes de mi raza caían uno por uno, era como si el destino o las propias deidades quisieran que solo Kala y yo sobreviviéramos.

Llegamos al dichoso hangar en dónde estaban las naves esféricas. Que irónico sería que los vehículos que trajeron la muerte a mi mundo se volviesen los medios de transporte para nuestra supervivencia.

Varios de los aliens que nos acompañaban de inmediato se subieron a ellas para irse dejando atrás al resto, mostrando que solo velaban por sí mismos sin importarles los demás, ni siquiera que sean miembros de su misma especie. Otros por lo menos tenían el honor de un guerrero de verdad al prestarse para distraer a los saiyajines y darles tiempo al resto para escapar.

Yo por supuesto era de ese tipo de guerrero, y guié a los míos para hacer el último esfuerzo y proteger a nuestras mujeres.

-¡CHADAP, VEN CONMIGO!- me suplicó Kala después de que la dejara en una de las naves.

-¡NO HAY TIEMPO! Tú y las demás pueden reconstruir y volver a darle vida a nuestra raza guerrera. ¡DEBEN IRSE YA!- vi por última vez su rostro antes de que la puerta se cerrase -¡Ha reunirnos con nuestros hermanos en el Más Allá!- dirigí a los únicos que quedaban de nosotros.

-¡Muchos esclavos han huido en nuestras naves y están fuera de nuestro alcance!- informó uno de los saiyajines antes de que le insertara una mano en el pecho para tomarle el corazón y aplastarlo.

-¡NO VAMOS A DEJAR QUE SE BURLEN DE NOSOTROS! ¡Destruyan esas naves!- cuando se dio esta orden, otro sacó un control remoto y presionó varios botones.

-¡MIREN ESO DE ALLÁ!- uno de los míos señaló por una ventana las naves esféricas que volaban por la inmensidad del oscuro espacio exterior y que estaban relativamente cerca de nosotros.

Con horror veíamos como cada una de ellas explotaba y se hacían pedazos junto con la única esperanza de que nuestra raza sobreviviera. Puedo jurar que escuché la voz de mi mujer suplicando por mi ayuda antes de ser silenciada para nunca más volver a ser escuchada.

-¡KALA, NOOOO!- extendí mis manos derechas luego de caer de rodillas al piso devastado ya que lo había perdido todo, ¡ABSOLUTAMENTE TODO Y NO HABÍA FORMA ALGUNA DE RECUPERARLO!

-¡NO TE QUEDES AHÍ, CUARTRO OJOS Y MUÉVETE!- me apuró uno de los esclavos, que había matado al saiyajin que tenía el control y se apoderó de este -¡Presiona los botones para que la nave te deje en cualquier parte del universo! Sin esto no podrán rastrearnos- destruyó el dispositivo luego de darme un empujón metiéndome a la nave. Ahora lo último que vi fue al resto de mis camaradas siendo asesinados y no pude hacer nada debido al shock que había sufrido.

Fin del flash back de Chadap.

-… no solo tuve que luchar para acostumbrarme a la inmensidad del universo y todo lo que este ofrecía, sino también para superar la devastación de mi mundo y raza sin contemplar la idea de suicidarme por la depresión y dolor insoportable. El suicidio es otro de los grandes pecados de mi religión, y pese a todo, le seguía orando a los dioses para que me den el descanso eterno en forma de un poderoso guerrero que me de muerte en una encarnizada lucha para así poder reunirme con mi mujer, familia y camaradas en el Balnur y no seguir sufriendo más. Por eso era el guardaespaldas de gente importante con la esperanza de que apareciese el ser que me diese eso al intentar asesinar al cliente que tuviese bajo cuidado… pero con cada día que pasase, esa posibilidad se hacía más remota- finalizó su relato soltando un gemido ronco.

Tal y como lo supuse, papá también fue indirectamente responsable de la destrucción de su mundo. Resulta que en esa época se estaba pasando por una crisis económica por la falta de mano de obra, y a mi padre se le ocurrió la brillante y horrida idea de que al invadir nuevos mundos, no se matasen a todos sus habitantes para que así sirvieran como esclavos.

Al oír que los Worren era una cultura primitiva, creyó que serían fáciles de esclavizar, pero ni él ni los saiyajines se esperaron que fuesen una raza guerrera tan poderosa que le podrían plantar cara a estos y hacerles sudar la gota de sangre. Nunca aprendieron la lección de jamás subestimar a sus enemigos por más limitados que estos parezcan.

-¡WAHAHA! ¡Lo siento tanto por ti! ¡TAMBIÉN FUE MUY HORRIBLE LO QUE LE PASÓ A TU ESPECIE, WAHAHA!- el momento emotivo volvió a ser interrumpido por los lloriqueos infantiles de Soceuh.

-Pero nada peor que perder a una esposa y a un futuro retoño ante tus ojos y sin poder haber hecho nada para salvarlos- suspiró Taurus cruzándose de brazos volviendo a darnos la espalda.

Si ya de por sí ver como su gente era masacrada, también atestiguar como la pareja que uno ama con todo su ser y el fruto del amor entre ambos también eran exterminados, aumentaba el incomprensible dolor que el corazón sentía, y como Chadap dijo, muchos preferirían sufrir las peores torturas inimaginables que tener que pasar por eso.

-Oigan… ya terminamos de arreglar la nave. Podemos irnos- informó Záfir. Lo más seguro era porque no quería contar su historia y porque todos esos relatos la afectaban profundamente.

-Ya era hora. No podía soportar ni por un segundo más este frío- comentó Tirant que seguía sin mostrar algún rastro de pesar o lástima por ellos -y en el camino podremos contar nuestras propias historias y calentarnos para descongelarnos, ¿Verdad, muñeca?- ella lo vio ofendida y desvió la mirada.

-Larguémonos ya- apuró Taurus ya que no quería seguir incomodándose por esos dolorosos recuerdos de su pasado.

Todos ingresaron en la nave, con un Soceuh que dejó un rastro de lágrimas y mocos que se congelaron, y antes de meterme le dediqué una última mirada al frío y muerto panorama que ofrecía el planeta Chang y no pude evitar preguntarme:

¿A mi gente le pasó lo mismo que a mis subordinados? ¿Sufrieron los mismos tormentos? No causados por una fuerza externa proveniente de algún lugar lejano del cosmos ¿Sino por nuestra propia codicia y ansias de conseguir más poder del que ya teníamos?

Si las milenarias montañas congeladas pudiesen hablar, seguramente nos contarían historias casi iguales a las que Taurus, Soceuh y Chadap narraron, o tal vez incluso peores ya que no hay peor mal que el generado por uno mismo al dejar que su mente y alma sean apoderas por los propios deseos egoístas y que lo impulsan a cometer los actos más barbáricos que puedan existir.

Capítulo veintinueve completado el 21/05/2017.

Y esas fueron las historias de Soceuh y Chadap. Tan trágicas como la del gruñón de Taurus, no se podía esperar menos de ellos, en especial la de alguien tan espiritual como lo es el Worren.

El capítulo me salió así de largo porque me resultó algo difícil ponerme en los zapatos de un guerrero honorable y espiritual como lo es el cuatro ojos y también porque debía explicar sus creencias religiosas y su cultura y lo demás.

Ahora faltan Tirant y Záfir, veamos si sus historias harán que lloremos tan sobreactuados como el payaso de Soceuh XD