CHRISTAN PV.
Días después…
—Puedo caminar, no me traten como una niña—ayudé a mi madre a subir a su cama, mi padre estaba dejando las maletas en el sillón del rincón de la habitación. Mía dejaba los medicamentos con la receta y los controles que debían llevar.
—¿Estás segura que no quieres comer?—preguntó mi padre mientras acomodaba la almohada en sus espaldas.
—Sí, estoy segura. ¿Dónde está Anastasia? Dijo que vendría…—quiso saber cuándo me encontró con la mirada.
—Ha tenido un contratiempo, no desesperes, vendrá en un rato más—solté mientras tomaba asiento en el sillón de tres que adornaba dentro de la gran habitación de mis padres.
—¿Cuál es lo que tienes que decir, Christian? No has dejado más que solo intriga y curiosidad camino aquí…
Se quejó en un tono divertido y guiñando un ojo a mi madre.
—No se desesperen…
—¿La empresa está bien?—preguntó mi madre inmediatamente.
—Muy bien, gracias a Dios.
—¿Es algo…respecto a Anastasia?—quiso saber Mía. Negué en silencio, no quería que alertara a los demás, quería que realmente fuera sorpresa el anuncio de nuestro noviazgo. Era mi primera novia que traía a casa de mis padres y la primera en serlo.
Estaba emocionado pero como soy bueno para fingir, no se notó por mi rostro de frialdad.
—Vale, yo pensé que era algo…—dijo Mía decepcionada.
Nos adentramos en una conversación los cuatro mientras mi madre tomaba su medicamento y le revisaban la presión. Mía estaba a mi lado contando lo de su próximo viaje a París cuando tocaron la puerta de la habitación de mi madre.
La cabeza de Elliot se asomó.
—¡Hola, familia! He llegado, ¿Adivinen a quien me eh encontrado estacionando su auto frente a la casa?
Arrugamos el entrecejo todos en espera de que nos dijera. Abrió la puerta por completo y tenía de la muñeca a Anastasia, ella se sonrojó al instante.
—¡Anastasia! ¡Ven hija, esperaba que vinieras! —la emoción de mi madre era emotiva, el decirle en unos momentos que por primera vez le estaba presentando a mi novia, me provocaba emoción.
Anastasia saludo a todos, menos a mí, así habíamos quedado para que no sospecharan algo de la noticia que daría.
—No seas grosero, Christian, ha llegado una invitada mía, debes de perdida mostrar la educación que te hemos dado—me reprendió mi madre. Me puse de pie, Elliot ocupo mí espacio y me acerqué a Anastasia que estaba tomando asiento al lado de mi madre en un sillón estilo victoriano.
—Buenas tardes, señorita Steele—Anastasia en un pose serio asintió.
—Buenas tardes, señor Grey—mi madre torció los labios.
—No me gusta tanta formalidad—se quejó mi madre. Estaba de pie a lado de Anastasia, me incliné, ella se giró hacía mí, tomé su rostro y le planté un beso en sus labios.
Escuché los jadeos de sorpresa.
Terminé mi beso, me reincorporé, el rostro de mi madre estaba de poema, las lágrimas amenazaban con salir y su rostro comenzó a radiar felicidad.
Y yo lo había provocado.
—¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡Oh, Christian!—Anastasia se sonrojó, tomé su mano y la levanté del sillón, la puse a mi lado y frente a todos hable:
—Familia, les presento: Anastasia Steele, mi novia.
Los tres aplaudieron emocionados, los gritos de mi hermana se podrían escuchar desde aquí a China, mi padre nos felicitó a punto de romper en llanto, Elliot todo efusivo, cuando levantó en volandas a Anastasia, me irrité. El levantó las manos en rendición, pero luego me hizo sonreír con sus ocurrencias. Mi madre quería festejar, pero necesitábamos regresar al trabajo, teníamos una junta importante con los directivos de Hong Kong a las 7 de la noche. Pero el fin de semana próximo mi padre organizaría una «Parrillada estilo Grey» Ya quedaba menos de una semana para que Ross regresara a la empresa, ¿Se sorprendería cuando supiera que su «permiso» había unido a ciertas personas en una relación? Hasta podría jurar que había escuchado a Olivia decirle a Andrea que yo radiaba felicidad.
Había firmado todos los documentos para finiquitar la sociedad que tenía con Elena Lincoln, tendría por fin esa distancia, se quedó con una estética a petición de mi madre, pero el resto, se vendieron. Mi madre no entendía el porqué de mi acción pero resumí que a causa de la deuda de 45 millones de dólares, aunque mi madre desconocía totalmente la verdad, estuvo de acuerdo por fin en esta decisión. Sorprendido totalmente por su apoyo…
Mi mirada viajó a los demás, sentí como unos cuantos ladrillos más caían de mi gran muro, dónde estaría difícil destruir…eran los cimientos.
Aunque Elena la había alejado de mi vida, algo me decía que no confiara, ya que los cimientos se plantaban desde muy dentro, donde el pasado podría cobrar más fuerza para destruir mi presente y negarme un futuro…
Pero para eso…estaría preparado.
