Título: Cómo ser auror

Personajes: Harry y Draco

Resumen: Harry regresa a Londres después de un viaje de un año, dispuesto a seguir con su destino: ser Auror. Sin embargo, ¿qué pasará cuando descubra que Draco Malfoy es su compañero de habitación?

Clasificación: No menores de 16 años

Advertencias: Slash/Lime/EWE

Género: Romance/Humor

Disclaimer: Harry Potter, personajes, mundo, hechizo y cualquier cosa que reconozcan pertenece a J.K. Rowling, y esos multimillonarios que se hicieron más multimillonarios después de adquirir sus derechos. ¿Entonces por qué escribo? Porque soy una pobre loca que disfruta de esto y le gusta el desmadre. Así que… sí, sigo siendo pobre y estoy demente.

Más advertencias: Si no le entendiste a las abreviaturas, aquí lo dejo más claro; esta historia contiene relaciones homosexuales que podrían causarte o un trauma o un nuevo gusto. También ignoro de manera monumental el epílogo del último libro. Así que, sobre aviso no hay engaño.

En esta historia: Es una serie de viñetas sobre los tres años que Harry y Draco pasan en la academia de aurores. Es liviana y simplemente otra historia que surgió con el fin de hacer sonreír.


Cómo ser Auror

(Aprovechándose de los celos)

Por:

PukitChan

XXIX

Posesión

Dumbledore alguna vez había dicho que Harry era una persona asombrosamente desinteresada. Obviamente, el viejo chocheaba aún después de la muerte porque Harry podía ser egoísta y mucho. ¡Era del signo Leo, por Merlín! Era posesivo con lo que era suyo y, teniendo en cuenta de que no podría nombrar muchas cosas como suyas, estaba en la clara disyuntiva de colocar su maldito nombre en el culo de Draco. Tal vez regalarle ropa interior con un H grabada. O morderle todo lo que tuviera allá abajo para que no quedara duda de que era suyo, aunque no tenía muy claro desde cuándo. Aunque sí tenía la idea precisa que era su enemigo desde los ridículos once años. ¡E importa más un enemigo que un amor! Bueno, tal vez no porque si seguía esa lógica habría acabado follando con Voldy y…

Qué horror. Joder, ahora estaba asqueado. De cualquier manera, lo salvaba del trauma el hecho de que si Voldemort había olvidado su nariz, también otras partes esenciales de su anatomía no debían estar. Además…

—¡Potter, suéltame!

Cierto. Estaba arrastrando a Draco, mandando miradas asesinas a cualquier idiota que se le ocurriera verle las bolas por el movimiento de la toalla. No, él no quería en ningún momento exhibir a Draco, pero es que… ¡Rayos! Desde el momento en el miró a ese tal Aarón acorralar a su compañero de habitación. ¡A su Draco! Al idiota de Draco que puso las putas reglas esas que decían que Harry no podía tocarlo. ¿Y si él no podía, los demás sí? ¡¿Quién se creía ese maldito Malfoy?! ¿Salazar reencarnado?

—¡Imbécil!

No alcanzó a escuchar los insultos de Draco, que podía ser tan creativo como él cuando se lo proponía. Sólo cuando llegó a la habitación y azotó la puerta para abrirla y cerrarla, arrojando al rubio a la primera cama que vio —casualmente la suya—, Harry comprendió lo que había hecho.

—¡¿Qué demonios te pasa, Potter?! —gritó un furioso Malfoy.

Pero en ese instante, a Harry le valió tres pepinillos el enfado de Draco. Incluso el suyo. De hecho, su cerebro dejó de funcionar y el mando de su cuerpo lo heredó su verga. Oh, sí. Y es que en cuanto vio a Draco recostado en la cama, despeinado, mojado, con las piernas abiertas, prácticamente desnudo, mostrándole su pene, sus testículos y la insinuación de su ano… bueno… era bastante…

Draco levantó la ceja al ver que Potter decidía perderse en algún rincón de su gran vacía mente, con esa expresión de acabo-de-descubrir-que-soy-un-imbécil que le quedaba tan bien. Sin embargo, cuando notó que Harry no estaba mirando precisamente sus ojos, Draco tuvo que seguir la línea de su mirada y descubrir que le estaba mirando el culo.

—¡¿Quieres dejar de mirarme y explicar por qué hiciste eso?! ¡No me estás enseñando nada en primer lugar!

—Ah —dijo Harry, regresando de su viaje multiorgásmico—. ¿Quieres que te enseñe algo en particular, Draco? —preguntó, poniendo descaradamente su mano en su entrepierna.

Draco esbozó una sonrisa petulante. ¿Harry estaba celoso? Quizá debería probar.

—Ya había alguien que quería mostrarme ciertas cosas, Potter.

Harry rechinó los dientes al escuchar aquella oración. ¿Era necesario que Draco le recalcara lo que era obvio? ¡No estaba ciego! Bueno, más o menos pero no de esa forma. ¡Y definitivamente podía ver la maldita sonrisa burlona y satisfecha de Malfoy! Lo detestaba y le haría pagar por… por ser un maldito cabrón de slytherin. Sip. Por eso le haría pagar.

—Te recuerdo que aquí el profesor soy yo —musitó Harry, acercándose a la cama, donde Draco, sin cambiar su maldita posición, estaba dedicándose a sonreír de tal manera, que lo irritaba totalmente. No podía concebir que alguien como Draco lo alterara de esa manera y, sin embargo, es como así era. Como siempre había sido.

—¿Tú, profesor? —se mofó Draco, relamiéndose los labios.

Harry sonrió y se hincó en la cama. El hecho de que el rubio no apartara sus ojos grises de su mirada lo consideraba como un buen augurio. Aunque, al diablo los augurios, él no necesitaba de eso. Despacio, siguió moviéndose sobre la cama, sujetando las piernas de Draco y separándolas aún más que como estaban.

Yo podría enseñarte muchas cosas… —susurró la, repentinamente ronca, voz de Harry, que colocó una pierna de Malfoy en su hombro e inclinó su cabeza para comenzar a recorrer su piel con diminutos besos.

Era extraño. ¿Por qué Draco no lo detenía? Al abrir sus ojos descubrió a Draco mirándole en silencio, como si estuviera desafiándole hasta dónde sería capaz de llegar. Y Harry, que nunca había rechazado un desafío de su parte, le sonrió mientras su mano descendía para acariciarle suavemente los testículos, apretándolos entre las palmas de sus manos. Aquello le arrancó un débil suspiro a Draco.

—¿Aún lo recuerdas, Draco? —murmuró Harry, sonriendo e inclinándose hacia delante mientras sus dedos subían para tocar la apenas despierta erección por encima de la toalla—. ¿Recuerdas lo bien que se sintió?

Draco no dijo nada. Sus ojos nublados por la excitación miraron con un gran interés los ojos verdes de Harry. No sonreía, y sus labios apenas estaban entreabiertos, soltando pequeños suspiros. De alguna manera sus brazos se levantaron y sus manos se cerraron sobre las horrorosas gafas de Harry, apretándolas sólo un momento para después quitárselas de su rostro. Y se encontró una vez más con esa brillante mirada que parecía desearlo con desesperación. Sonrió tan débilmente que ni siquiera aquello parecía ser una sonrisa. Pero lo fue.

—Sí —dijo al fin, dejando caer las gafas mientras sus manos acariciaban el cuerpo del moreno—. Aún lo recuerdo.

Y al escuchar esas palabras, como si fuera lo que en realidad Harry había estado esperando todo ese tiempo, sonrió de lado y se inclinó para que su boca se encontrara con la de Draco en una caricia lenta y suave, dedicada, que le confirmaba que sí, que el rubio recordaba perfectamente aquella noche en la que, en una extraña situación se entregó a él, por primera vez.


Autora al habla:

Me disculpo por la falta de respuesta en los reviews. Este fin de semana salgo a un viaje rápido -De hecho, tengo que irme en una media hora xD-, pero quería pasar a dejar este capítulo antes de irme. Juro que en cuanto regrese, todos sus hermosos reviews tendrán respuesta. Espero que puedan disculparme por este descuido, en el que no pude calcular bien mis tiempos. Saben que no suelo dejan los reviews sin responder. Muchas gracias por todo.