Disclaimer: ¡He decidido que Inuyasha me pertenece!... bueno, me pertenece en el sentido de que, eh… que- que- ¡VALE, NO ME PERTENECE! —gemidos y llantos en un rincón oscuro mientras Rumiko-san se ríe maníacamente de mi dolor y miseria—
Título: Te Desafío
Resumen: Kagome y sus amigos (incluyendo a su peor enemigo Inuyasha) están jugando a "Te desafío". Si Kagome rechaza el desafío de Inuyasha, tendrá que dormir con él. Pero cuando Inuyasha desafía a Kagome a casarse con él... el infierno entra en erupción. InuKag.
Dedicatoria: ¡Kiari-chan! ¡TE QUIERO!
Edades: Kagome: 24, Inuyasha: 26, Muteki: 3
Género: Romance/Humour
Nota de la traductora: los personajes y la historia no son míos. Los personajes son de Rumiko Takahashi y la historia es de Wolf Blossom.
Capítulo 29: Mira a tu Mami, Niño
—Nara-Naraku.
Kikyo gimió al sentarse en un oscuro calabozo. Chilló al ver a un hombre enmascarado de pie enfrente de los barrotes de hierro que la enjaulaban como a un animal indefenso. Sostenía un arma de aspecto muy frío y Kikyo tragó saliva.
— ¿Qué demonios vas a hacer, Ryuukotsusei? —gruñó, sabiendo muy bien que aquel era Ryuukotsusei. Él frunció el ceño.
— ¿Cómo demonios supiste que era yo?
—He trabajado contigo por demasiado tiempo, bastardo. Ahora dime, ¿dónde mierda está Kagome?
—Con Naraku.
—Vale, señor una-respuesta-servirá. ¿Dónde está Naraku?
— ¿De verdad piensas que te lo diré?
—Eh… ¿sí? —Kikyo sonrió con desprecio.
—Jódete Kikyo —gruñó al disparar el arma a unos centímetros sobre su cabeza. Kikyo se levantó y se precipitó hacia los barrotes, agarrando a Ryuukotsusei por el cuello.
— ¿Quieres que tu hijo se quede sin madre, jodido retrasado? —le gruñó Kikyo—. ¿Quieres que Ken sepa que su padre mató a su madre?
Ryuukotsusei apartó a Kikyo de él.
—Ni siquiera sabe que tú eres su madre, perra. Te acostaste conmigo aquella noche porque estabas borracha, hija de puta.
—Entonces, ¿por qué mierda les dijiste a todos que tenías una esposa? —gruñó Kikyo mientras endurecía su agarre en el cuello de Ryuukotsusei.
— ¿Quién demonios quiere un hijo bastardo? Mientras que nadie supiera que tú eras su madre, yo estaría bien.
—Pequeño bastardo barato —rugió Kikyo cuando le escupió en la cara antes de soltar su cuello—. No te preocupas tu hijo, ¿no?
— ¡Cómo si tú sí lo hicieras! —le escupió Ryuukotsusei. Kikyo gruñó mientras le enseñaba su dedo.
—Me preocupo por él estúpido hijo de puta. ¡Le di dinero al niño para su manutención cada maldito mes! ¿Quién iba a saber que lo cogerías para gastártelo en cerveza? ¡Juré ante Dios que después de que saliera de este infierno barato, te quitaría a Ken! ¿Qué mierda me poseyó para darte la custodia de Ken?
—Naraku —Ryuukotsusei sonrió.
— ¡HE DICHO QUE TE JODAS! —gritó Kikyo al ir a golpear a Ryuukotsusei, pero este se rió al apartarse de los barrotes. Kikyo gritaba salvajemente mientras agarraba fuertemente los barrotes—. ¡VUELVE AQUÍ! TIENES HUEVOS, ¿NO? ¡VEN AQUÍ Y ENFRÉNTAME PEDAZO DE MIERDA DE MAPACHE SIN VALOR!
Ryuukotsusei simplemente se rió al irse de la habitación, dejando a una seriamente fastidiada Kikyo.
Los payasos corrían alrededor de la habitación sin rumbo fijo mientras Naraku encadenaba a Kagome a una silla. Muteki estaba en una jaula para pájaros que colgaba del bajo techo y que si Naraku quisiera, podría balancearla fácilmente con ponerse de pie.
— ¿Qué tipo de retorcido carnaval es este? —siseó Kagome mientras Naraku se sentaba en su silla, encarando a Kagome.
—Mi carnaval.
— ¡Se supone que los carnavales tienen que ser divertidos! —chilló Kagome.
—Este no —Naraku sonrió al acercarse más y cerrar la distancia entre sus labios y los de Kagome. Kagome abrió los ojos como platos mientras trataba de luchar contra él pero con sus brazos atados detrás de ella, no tenía ningún medio de resistencia.
— ¡MAMI! —chilló Muteki mientras trataba de romper la jaula. Las lágrimas asaltaron los ojos de Kagome al oír a su pequeño llorando por ella. Naraku sonrió mientras movía su mano de tras de la cabeza de Kagome y empujaba su lengua en su fuertemente cerrada boca. Las lágrimas empezaron a deslizarse sin parar desde sus ojos mientras Naraku la violaba.
—Mira a tu mami, niño —Naraku sonrió con desprecio mientras se apartaba. Muteki empezó a chillar de la ira mientras Naraku deslizaba su mano por el pecho izquierdo de Kagome.
— ¡NO TOQUES A MI MAMI! —gritó Muteki, sabiendo que este hombre le estaba haciendo algo terrible a su madre, porque se estaba resistiendo y llorando. Cuando mami y papi se besaban sabía que lo disfrutaban porque nunca se detenían y mami nunca lloraba. Pero cuando el hombre cuyo pelo grasiento olía a caca de pelo había tocado a su mami, Muteki supo que estaba mal por las lágrimas que derramaba Kagome.
—Detenme —dijo Naraku mientras Kagome intentaba darle una patada. Naraku le agarró las piernas y deslizó su mano hacia arriba.
—Sigues siendo tan suave como antes, mi amor —sonrió.
— ¿Por qué demonios estás haciendo esto? —gritó Kagome al mover la cabeza cuando fue a besarla—. ¡No tuvimos nada hace cuatro años pero sigues haciendo esto! ¿Por qué? ¡Puedes tener algo mejor! ¡Déjanos a mí y a mi familia en paz!
Naraku suspiró.
—Te amaba- no, te sigo amando. Cuando me dejaste hace cuatro años, ¿te puedes creer cómo me sentí?
— ¡SÍ! —gritó Kagome—. ¡ESO ES LO QUE SENTÍ CUANDO EL PADRE DE MUTEKI ME DIJO QUE ME HABÍA ENGAÑADO! ¡Tú NUNCA me amaste! ¡Si de verdad lo hubieras hecho nunca habrías secuestrado a mi hijo esperando tenerme!
—El amor puede llevarte a la locura —Naraku sonrió.
— ¡MALDITA VERDAD! —chilló Kagome cuando él se movió para volver a besarla.
— ¡SUELTA A MAMI! —gritó Muteki desde lo alto. Naraku sonrió y empezó a violar a Kagome yendo más allá.
Inuyasha, sollozó Kagome, ¡por favor ven rápido!
Inuyasha sostenía su móvil mientras conducía más allá del límite de velocidad con su coche. Su móvil tenía puesto el altavoz y estaba hablando rápidamente con alguien que estaba al otro lado del teléfono.
—Vale, en la calle Ikimaru, ahora por dónde.
—Izquierda —le llegó una voz familiar.
— ¿Estás seguro Sesshomaru? —preguntó Inuyasha con urgencia.
—Seguro. Gira a la maldita izquierda.
Inuyasha giró a la izquierda y empezó a bajar por una calle de una sola dirección más rápido de lo que nunca pensó que fuera capaz su coche.
— ¿Ahora? —preguntó Inuyasha.
—Kagome está cerca. Veo ese punto rojo parpadeando pero no hay forma de llegar a ella… no está en la zona de la carretera…
Inuyasha abrió los ojos como platos al ver el Puerto enfrente de él.
—Están en un barco —susurró.
— ¿Qué?
— ¡Estoy en el muelle! Los barcos están atracados aquí, mierda Sesshomaru, ¡están en un barco!
— ¡Yo y Hayabusa estaremos ahí lo más pronto posible!
Inuyasha colgó el teléfono al salir del coche. Si yo fuera un jodido bastardo loco que no tiene otra cosa que hacer más que secuestrar a mi mujer y a mi hijo, ¿dónde me escondería?
Inuyasha escaneó sus alrededores, esperando encontrar alguna especie de pista. Entrecerró los ojos al ver a los barcos atracados en el muelle. Intentó pensar en alguna pista de su pasado que hiciera muy obvio el escondite de Naraku.
¡Vamos! ¡Piensa! ¿Kagome dijo algo sobre Naraku…? Algo… Inuyasha cerró los ojos, pensando…
Sus ojos se abrieron de golpe al mirar a los números. 14, 22, 13 y 7. Rompieron el compromiso el día antes de nuestro aniversario. Pensó. Eso excluía todos los números excepto el 22. Inuyasha empezó a correr, lo más rápido que pudo, pisando la cálida arena, esperando llegar antes de que ocurriera una tragedia.
Estoy llegando. Pensó mientras iba a una velocidad demoníaca. ¡Aguanta Kagome! Estoy llegando.
Kikyo vio una piedra en el rincón más oscuro de la celda. La recogió y la apuntó hacia Ryuukotsusei que estaba de pie en las escaleras. Cerró un ojo y se imaginó que estaba jugando al béisbol. Los barrotes eran gente y no quería darles. Se enfocó en Ryuukotsusei y lanzó la piedra.
— ¿QUÉ MIERDA? —rugió Ryuukotsusei mientras volvía a encaminarse a la celda de Kikyo. Kikyo se levantó y corrió hacia él. Él le lanzó una mirada fulminante mientras ella echaba su mano hacia atrás y atacaba a sus ojos.
— ¡AHH! —gritó mientras ella le cogía las llaves de su bolsillos. Sus ojos estaban aguados cuando Kikyo le golpeó en la nariz. Juró en voz alta mientras Kikyo abría la puerta. Empujó a Ryuukotsusei adentro y cerró la puerta antes de lanzar las llaves dentro de su bolsillo.
—Diviértete —hizo un ademán con la mano mientras corría escaleras arriba sólo para chocar con Inuyasha.
Inuyasha entró en el barco y miró a las dos puertas que tenía enfrente de él. Abrió la puerta de la izquierda y se encontró cara a cara con Kikyo.
— ¡Kikyo! —jadeó mientras la ayudaba a salir. Ella gimió mientras se frotaba el cuello.
—Acabo de escapar de las garras de Ryuukotsusei.
Inuyasha asintió cuando ella empezó a salir de aquella habitación.
— ¿Adónde vas?
—Esta puerta lleva al calabozo. ¿Podría asumir que la otra puerta nos llevaría a mi prima?
—Inteligente —dijo Inuyasha mientras salían corriendo de la habitación y abrían la puerta de la derecha. Kikyo abrió la puerta de un golpe y se encontró con tres payasos bailando como si fueran bichos raros, Muteki colgado en una jaula y Kagome siendo locamente violada.
— ¡APÁRTATE DE ELLA! —rugió Inuyasha mientras se lanzaba contra Naraku. No lo vio venir y fue apartado de un golpe de Kagome.
Kikyo se precipitó hacia allí y desató a Kagome mientras veía a Inuyasha sacar a los estúpidos payasos antes de enfrentar a Naraku. Kagome jadeó al dirigirse hacia un lejano rincón de la habitación, manteniendo un ojo sobre su hijo. Muteki la vio y ella le dirigió sutilmente una sonrisa. Muteki supo que todo estaba bien.
— ¿Quién demonios te dio el derecho de secuestrar a Kagome? —Inuyasha respiraba entrecortadamente mientras le pegaba a Naraku en la cara. Naraku lo miró levantando la vista, le sangraba el labio.
— ¿Quién te dio el derecho de llevarte a Muteki? —susurró Inuyasha con una voz mortal mientras le volvía a pegar a Naraku en la cara.
— ¿Quién demonios te dio el derecho de joderME? —rugió finalmente Inuyasha mientras abofeteaba a Naraku en su mejilla izquierda. Naraku respiró entrecortadamente mientras apartaba a Inuyasha de él.
— ¡No hagas como que amas a Kagome! —rugió Naraku—. ¡Yo la amo! ¡No tú! ¡NUNCA TÚ!
Inuyasha sonrió con desprecio.
— ¿Ah sí? ¡Si la amaras no pondrías en peligro su vida O la de su hijo, babuino bueno para nada! Estás dispuesto a matar por Kagome —Inuyasha avanzó hacia Naraku, que se colocó en posición de boxeo. Inuyasha puso los ojos en blanco al darse la vuelta y golpear a Naraku—, mientras que yo estoy listo para morir por Kagome.
Kagome estaba llorando, agarrando a su prima mientras Naraku e Inuyasha se peleaban cara a cara. Inuyasha llevaba ventaja cuando empezó a golpear a Naraku sin sentido. Naraku intentó resistirse unas cuantas veces pero el puño de Inuyasha atravesó su resistencia. Kagome podría haber gritado de felicidad pero la felicidad se ahogó con la ira cuando Naraku sacó una pistola y la apuntó hacia Inuyasha.
—No te atrevas a volver a pegarme —gruñó Naraku cuando la pistola se giró hacia la jaula donde estaba colgado Muteki—, tócame y el niño lo paga.
— ¡NO! —gritó Kagome mientras trataba de correr hacia Naraku pero Kikyo la detuvo.
—Inuyasha lo tiene bajo control —la tranquilizó su prima. Kikyo no quería que Kagome fuese alcanzada en el fuego cruzado.
Inuyasha sostuvo sus manos en alto.
—Esto es entre tú, yo y Kagome, deja a Muteki fuera de esto.
Naraku se rió mientras le quitaba el seguro a la pistola. Las lágrimas brotaban de los ojos de Kagome mientras Naraku ponía el dedo en el gatillo. Inuyasha se lanzó contra Naraku, que giró la pistola y disparó hacia Kagome. Kagome jadeó mientras se agarraba a su estómago.
— ¡NO! —rugió Inuyasha mientras le pegaba a Naraku en la cara. Naraku tiró la pistola e Inuyasha perdió el control y empezó a golpear a Naraku donde quiera que le alcanzaran sus puños. Naraku tosió sangre y por obra de algún santo ángel, Inuyasha fue apartado de él. Naraku se apresuraba a alcanzar la pistola cuando sintió que alguien lo izaba.
—Sesshomaru —Naraku respiró mientras miraba a otro hombre que sujetaba a Inuyasha.
—Hayabusa —susurró Inuyasha peligrosamente—, le disparó a Kagome. ¡Déjame matarle! ¡Le disparó a Kagome!
—Tendrá siete años de prisión por intento de asesinato —dijo Sesshomaru calmadamente—. Ya lo tenemos. Todo lo que tienes que hacer es calmarte y bajar a Muteki. Hayabusa, llama a una ambulancia —Kikyo ayudó a su prima mientras Inuyasha se ponía de pie sobre una silla y abría la puerta. Muteki corrió hacia su padre, que lo abrazó fuertemente.
— ¿Se va a poner bien mami? —Muteki sollozó mientras se aferraba a su padre. Inuyasha miró a Kagome que se había quedado inconsciente. Corrió hacia ella y sujetó su cabeza mientras Muteki sostenía la mano de su madre. Hayabusa volvió a entrar en el barco después de haber llamado a la ambulancia (había salido afuera para tener cobertura) y le dijo a Inuyasha que ya venían y que tenía que llevarse a Kagome afuera.
Inuyasha, aunque reacio, dejó ir a Kagome para que Hayabusa se la pudiera llevar. Naraku estaba confinado en la silla que había usado para atar a Kagome, con las mismas cuerdas que había usado.
— ¿Hay alguien más en el barco? —preguntó Sesshomaru.
—Ryuukotsusei en la otra habitación —murmuró Kikyo—, pero no sé nada de Ming.
Naraku sonrió con desprecio.
—Ming se suicidó.
Sesshomaru parpadeó al mirar a Naraku.
— ¿Qué?
—Dijo que no se podría perdonar por dañar psicológicamente a un niño. Qué más da, demasiado femenina.
Inuyasha golpeó la cara de Naraku y Sesshomaru no hizo ningún movimiento para detenerle.
—Si hablas de mi hijo y esposa, hombre sin valor —bramó Inuyasha—, vivirás para lamentarlo.
Sesshomaru apartó a su hermano cuando llegó la policía.
Inuyasha cogió a su hijo en brazos y salió del barco. Kikyo lo siguió de cerca.
— ¿Adónde vas?
—Hospital —miró a Kikyo—, a ver a Kagome, ¿vienes?
Kikyo asintió y se metió en el coche de Inuyasha.
Por fin, todo volvía a la normalidad.
Bueno, bueno, bueno. Penúltimo capítulo de este maravilloso fic. El día 18 de la semana que viene subiré el último. ¿Cómo será el desenlace? ¿Sobrevivirá Kagome? ¿Qué pasará con Miroku? (Recordemos que le habían disparado)
Para saberlo, esperad al próximo capítulo.
Muchísimas gracias por los reviews que me dejáis incondicionalmente, y por los ánimos en mis exámenes. Sólo me queda esta semana y terminaré, ¡por fin! Jaja.
Hasta pronto, besos. ^_^
