Como de costumbre, no puede faltar el descargo de responsabilidad :P Estos personajes no son míos, pertenecen a Stephanie Meyer, y la historia a la genial Hoodfabolous, yo solo traduzco.

Y gracias como siempre a mi leal compañera, Beta y amiga, Erica Castelo por seguir apoyándome y ayudándome a mejorar mi ortografía ;)


Capítulo Veintinueve: Voy a casa

Ahora, si hay algo que puedo decirte de Jasper Swan, alias, Jasper Whitlock, es esto; que es la persona más tranquila y relajada que conocerás en tu vida. Pero en ocasiones, y solo pasa de vez en cuando, tiene ese brillo en sus ojos. Es un brillo que da miedo, el tipo de chispa que te dice que algo no está funcionando correctamente en lo más profundo de su mente. Jasper tenía ese brillo vagamente familiar en sus ojos el día que dejamos Germantown para ir a nuestro viejo hogar… el día que nos fuimos a Masen, Mississippi.

Mientras todo el mundo estaba absorto en cargar sus pertenencias en los vehículos de Jasper y Emmett, agarré la mano de Edward, suplicándole en silencio que me siguiera al volverlo a meter a la casa. Me dio una mirada interrogante, pero me siguió de todos modos porque siempre lo hacía, seguirme, quise decir. Cuando entramos a la casa, eché un vistazo detrás de él. Jasper estaba recargado en el brillante Charger negro, sonriendo con suficiencia a algo que Alice dijo antes de darle un beso prolongado. Cerré la puerta y le di un resumen apresurado.

"Mira, no te asustes… pero Jasper tiene estos… estados de ánimo de vez en cuando," comencé a decir, viendo su ceño arrugarse al escuchar mis palabras. "Él hace… algunas cosas inesperadas cuando tiene esos estados de ánimo. Sabes que nunca haría nada para lastimar a cualquiera de nosotros, ¿verdad?" Asintió. "Bien. No sé cómo o por qué tiene esos estados de ánimo, pero estoy segura que tiene algo que ver con regresar a nuestro viejo territorio. Solo… no te pongas como loco y lo golpees o algo así. Prométeme que permanecerás calmado, ¿de acuerdo?" Edward de pronto se rio entre dientes.

"Bella, ya nada de lo que diga o haga Jasper me asombra. Ahora, pongámonos en marcha. Tenemos un largo viaje a Masen."

Y con eso me dio una nalgada, provocando que dejara escapar un chillido. Lo fulminé con la mirada para luego sacudir mi cabeza en decepción. Él no tenía idea.

Subimos a nuestros respectivos vehículos, Emmett y Rose en su enorme camioneta pick up blanca y Jasper, Alice, Edward y yo en el Charger. Tuve un débil argumento con Jasper sobre viajar con Emmett y Rose, alegando que había más espacio para las piernas, lo que no era una completa mentira, pero Jasper me silenció con una mirada severa, diciéndome en voz baja que me quería a su lado cuando volviéramos a nuestra ciudad natal. Asentí atontada y subí al Charger detrás de Edward, que le dio a Jasper una mirada recelosa. Por nuestro argumento o porque seguía teniendo su arma visible en la cintura de sus pantalones, no estaba segura. La tensión después del argumento era densa en el coche, y Alice nos echó un nervioso vistazo a los tres. Cuando llegamos a la carretera abierta a las afueras de Memphis, Jasper se relajó visiblemente, abriendo un poco la ventana para dejar que la brisa de los últimos días de febrero entrara al coche. Se sintió agradable, sobre todo porque casi llegábamos a los veintidós grados afuera.

Tomó la autopista 78 y estábamos a unos cuarenta y ocho kilómetros de nuestra salida cuando Jasper empezó a ponerse ansioso. Al darme cuenta que no llevaba puesto mi cinturón de seguridad, lo alcancé, sujetándolo con firmeza sobre mi vientre y le indiqué a Edward que hiciera lo mismo. Me miró de forma extraña mientras yo mordía profusamente mi labio inferior, pero hizo lo que le pedí. En cuestión de minutos Edward se enteró exactamente sobre qué le había advertido. Jasper pisó el acelerador, el motor gritando en protesta y haciéndonos avanzar, mi cuerpo se sintió como si estuviera pegado al asiento trasero. Simplemente me sujeté del reposacabezas de Alice, apretando mis dientes con tanta fuerza que sentí como si fueran a romperse. Alice empezó a gritar, pero era en histérico placer, nada parecido a los gritos de su hermano.

"¡¿Qué demonios estás haciendo?!" Edward gritó, su rostro rojo mientras Jasper le daba una sonrisa perversa, acelerando el motor y haciendo el coche zumbar y vibrar. Mi corazón latía a toda velocidad, pero sabía que era solo el principio. El aire entrando por las ventanas medio abiertas azotaba mi cabello por todas partes, las hebras golpeándome el rostro, dejando mi piel ardiendo a su paso. Jasper ignoró los gritos y protestas de Edward, con una sonrisa de lado en su rostro. Estábamos a solo unos kilómetros de la rampa de salida que teníamos que tomar cuando vi las luces azules.

"Y dicen que todo es más lento en el sur," Jasper dijo con voz cansina y una sonrisa. Mi mano sudorosa de alguna forma soltó el reposacabezas y encontró la de Edward, que estaba temblando, más por la ira que por otra cosa. Le di una mirada solemne, informándole sin hablar que le había advertido del extraño estado de ánimo de mi primo. Edward fulminaba a Jasper con una mirada asesina desde el asiento trasero, calmándose solo cuando de algún modo Jasper bajó la velocidad. Llegamos a la rampa de salida, tomando varios caminos de tierra, dejando una nube de polvo detrás de nosotros y finalmente, perdiendo a los policías que en realidad nunca tuviera una oportunidad de todos modos. Jasper bajó la velocidad del coche cuando llegamos a Masen, silbando la misma melodía de la película Kill Bill… ya saben, ¿esa misma melodía que Elle Driver, alias, Crótalo de California silba cuando se disfraza de enfermera y se prepara para inyectar a La Novia con veneno letal? Sí, él estuvo silbando esa melodía jodidamente espeluznante todo el tiempo en que viajamos a través de nuestra vieja ciudad natal.

"¿Qué les parecería comer algo?" Jasper preguntó despreocupadamente, deteniéndose en la fonda local como si no hubiera ocurrida nada fuera de lo ordinario. "Una buena persecución de coche siempre me da hambre."

La camioneta de Emmett se detuvo junto al Changer, y el rostro de Emmett miró aprensivo a mi prometido. Edward finalmente se calmó durante la comida, pero siguió lanzándole a mi primo miradas asesinas. Jasper simplemente sonrió con dulzura, metiendo papas fritas empapadas de mayonesa en su boca. Recibimos unas cuantas miradas curiosas mientras comíamos, sobre todo de una camarera de nombre Flo que conocía a mi padre muy bien por sus muchas paradas ahí antes de la muerte de mi madre. Me sonrió amablemente, pero vi la mirada en sus ojos… el recuerdo de las cosas que me ocurrieron en el pasado, el juicio que involucró mi secuestro y violación, la salida de mi padre de su trabajo como jefe de policía. Esa era una de las muchas razones por las que no quería regresar a mi ciudad natal. Su mirada me recordó el tiempo cuando Jasper, Emmett y yo éramos la comidilla del pueblo. Éramos esos pobres chicos atrapados en una mala situación. Me moví incómoda en mi asiento. Edward percibió mi incomodidad y colocó una mano cariñosa en mi rodilla debajo de la mesa, presentándose con nuestra camarera como mi esposo. Ella me sonrió, hablando emocionada y con cariño sobre mi cintura ligeramente expandida, que ahora estaba completamente visible a cualquiera que mirara en mi dirección. Flo me dijo que estaba orgullosa de mí, y escuché la sinceridad en su voz. Le sonreí cortésmente, pero estaba un poco molesta porque Edward no dijo la verdad. No estábamos casados, después de todo. Pero cuando miré a sus ojos verdes, supe exactamente por qué se presentó como mi esposo. Me amaba y me estaba protegiendo del juicio de otros.

"Así que, ¿ahora a dónde?" Preguntó Emmett, soltando un gran eructo al mismo tiempo que frotaba su panza. Rose frunció el ceño a su lado, rodando los ojos y cruzando los brazos cuando él le dio una enorme sonrisa tonta. Agarró su rostro, plantando un beso en su mejilla y al instante quedó perdonado, o al menos eso pensé por la sonrisa que Rose falló en ocultar.

"A cualquier parte que no involucre la muerte de mi familia en un accidente de coche," murmuró Edward, todavía enojado con mi primo.

"Nunca estuvimos en peligro," Jasper se encogió de hombros, viéndose tranquilo y confiado con sus palabras. "Apenas pasé el límite de velocidad." Había evitado ver al velocímetro, pero dudaba que se hubiera pasado por poco el límite de velocidad. Jasper podía ponerse algo loco pero nunca pondría en peligro a alguien intencionalmente. Edward no dijo nada, simplemente entrecerrándole sus ojos a mi primo y apretando su mandíbula en irritación.

"Yo digo que vayamos a casa del tío Charlie por ese vestido," dijo Jasper, girando un cuchillo de mantequilla sobre la mesa frente a él. "Luego, me gustaría ir a ver a mi mamá…"

"Puedes verla mientras nos detenemos en el cementerio," sugerí, asintiendo hacia Emmett. "Me gustaría visitar la tumba de mi madre y mis abuelos, si les parece bien a ustedes." No había necesidad de que dijera lo que pensaba en voz alta. Jasper sabía que no quería ver a tía Charlotte. Todavía le guardaba resentimiento después de todos esos años por la forma en que ella dejó que su esposo nos tratara como unas marionetas. Jasper la perdonó hace mucho tiempo, igual que yo, pero eso no cambiaba el hecho que ella permitió que pasara. Un día la vería de nuevo, pero hoy no era ese día.

"Está bien. Me gustaría que conociera a Alice antes de que nos casemos el próximo año," dijo, sonriendo al ver a su nerviosa prometida que estaba sentada a su lado. Tía Charlotte se consideraba una buena mujer conservadora, y solo podía imaginarme la expresión en su rostro cuando conociera a su futura nueva. Los tatuajes de Alice estaban a plena vista ese día, que era una de las muchas razones por las que seguíamos recibiendo miradas entrometidas de unos viejos en una mesa cercana mientras se recargaban bebiendo su café.

La mesa llena de viejos dejó caer la mirada a sus panecillos empapados de café frente a ellos cuando Jasper se levantó y se estiró, dejando completamente al descubierto el arma metida firmemente en la cintura de sus jeans. Dejamos el café y nos dirigimos a las afueras de la ciudad, deteniéndonos finalmente en la casa que alguna vez llamé hogar. Era una casa vieja de dos plantas con un pequeño porche al frente. La pintura blanca era más bien de un color beige apagado y se estaba cayendo en ciertas partes. Los arriates de mamá estaban vacíos y no tenía nada más que hierbas marchitas. No había un vehículo al frente y mis ojos buscaron el pequeño porche buscando la conocida maceta, solo para decepcionarme al no encontrarla.

"La maceta no está," murmuré cuando Jasper apagó el motor. "La llave estaba oculta debajo de la maceta." Nos quedamos en el coche por un largo rato. Emmett y Rose en su camioneta junto a nosotros.

Jasper finalmente suspiró y dijo, "Bella, ¿qué piensas del allanamiento de morada?"

"Soy imparcial," murmuré, recibiendo una sonrisa torcida de mi primo que salió del coche. Alice, Edward y yo intercambiamos miradas cómplices y salimos del vehículo, siguiendo su paso seguro hacia el porche del frente. Emmett y Rose nos siguieron y todos vimos como Jasper abría la puerta mosquitera y empezaba a golpear la pesada puerta principal color verde oscuro. Esperamos por varios minutos angustiosos. Mordí la uña de mi pulgar esperando que mi padre abriera la puerta en cualquier segundo y asomara la cabeza, pero nadie abrió. Finalmente, Jasper se impacientó y sacó algo de su bolsillo, colocándolo en la cerradura y moviéndolo un poco. La puerta se abrió fácilmente, y Jasper dio un paso atrás, haciendo un gesto con sus manos para que pasáramos.

Al entrar a la casa lo primero que noté fue el olor. Cuando mi madre estaba viva la casa siempre olía agradable, como a galletas y pastel. Ahora había un olor almizclado, como a moho y calcetines viejos. Arrugando mi nariz, ignoré mi entorno, demasiado asustada para ver si la sala aún tenía fotografías mías antes de los diez años o las diferentes obras de arte que mis padres exhibían orgullosos antes de que mi madre cayera en una profunda depresión y mi padre me entregara a mi tío. Caminé por la casa, como un fantasma de la niña que alguna vez fui, directamente a las escaleras y hacia la pequeña habitación de huéspedes a la derecha. Rehuí deliberadamente mi vieja recámara… y la recámara de mis padres, donde había encontrado a mi madre muerta. Esa era una herida que aún no estaba lista para volver a abrir. Fue en la habitación de huéspedes que encontré el vestido de novia de mi madre, todavía colgado en la funda blanca para ropa donde mi padre lo dejó hace años. El familiar zumbido de electricidad que sentía cuando Edward estaba cerca de pronto me rodeó. Envolvió con sus brazos mi amplia cintura y observó en silencio mientras bajaba el cierre de la funda.

Ahí estaba… el vestido de novia de mi madre. Diminutas perlas cubrían el corsé en espirales e intrincados diseños, terminando arriba de la cintura. Las mangas eran de encaje y con hombros caídos. La falda era sencilla y lisa, pero caía terminando en una pequeña cola y recuerdos de tropezarme con los zapatos de tacón de mi madre llevando puesto ese mismo vestido llenaron mis ojos de lágrimas. Pegando el satín a mi nariz, casi pude oler su perfume favorito, pero sabía que probablemente era mi imaginación porque el vestido estaba limpio y preservado desde la última vez que lo usó.

"Es hermoso," susurró Edward, besando mi mejilla con dulzura al mecernos repentinamente a los dos de un lado al otro. "Puedo imaginarte llevándolo puesto el día de nuestra boda. ¿Por qué todavía no nos hemos casado, cariño? ¿Esperamos a que lleguen las gemelas? ¿Realmente es tan importante que no estés embarazada cuando nos casemos?"

"No quiero ver mis fotos de boda y verme tan… embarazada," murmuré. ¿Estaba siendo vanidosa? Sí, estaba siendo totalmente vanidosa.

"¿Por qué no? Nunca te he visto más preciosa de lo que estás ahora," murmuró en mi oído. "El embarazo te sienta bien. Tal vez debería embarazarte nuevamente en seguida." Esas palabras provocaron que le diera un codazo en las costillas e hizo una mueca y luego se rio. Fruncí el ceño y rodé los ojos, y una repentina conmoción en la planta baja detuvo abruptamente cualquier conversación adicional sobre bodas y bebés. Una voz masculina conocida estaba gritando y una oleada de miedo recorrió mis venas.

"Ese es mi papá," susurré, cerrando el cierre de la funda con manos temblorosas y la puse sobre mi brazo. Los ojos de Edward destellaron con furia, pero se recuperó velozmente, dándome una sonrisa de aliento pero vacilante.

"Supongo que es momento de conocer a mi futuro suegro," dijo, su manzana de Adán subiendo y bajando con anticipación. Dominados por los nervios, bajamos las escaleras tomados de las manos para encontrar a mi padre, o lo que quedaba de mi padre, gritándole a Jasper que estaba recargado casualmente en una pared cercana, con su espalda pegada al descolorido papel tapiz con flores.

"¡No puedes solo irrumpir en la casa de un hombre mientras no está! ¡Esa es una buena forma de conseguir que te disparen, muchacho!" Papá gritó, su rostro rojo y con una vena abultándose en su cuello, recordándome a Edward. Todavía se veía igual, de algún modo. Su cabello castaño tenía más canas ahora, sobre todo en las sienes, y no tenía tanto como alguna vez tuvo. El bronceado que normalmente tenía había desaparecido y fue remplazado con una apariencia más amarillenta. El que alguna vez fue un hombre robusto, ahora se veía un poco demacrado, sus huesos más pronunciados debajo de su piel.

"Hola, papá," susurré. La voz de Charlie se detuvo de inmediato. Volviéndose hacia mí sus ojos se clavaron en los míos, de un color idéntico. Eran de un intenso color marrón chocolate, las pupilas prácticamente se perdían en sus profundidades. Tragó con fuerza, sus ojos pasando de los míos a los de Edward que estaba protectoramente a mi lado, su rostro neutral. La mirada de Charlie finalmente se posó en mi vientre y su rostro palideció aún más.

"Creo que nos sentaremos afuera a disfrutar del clima," Jasper dijo arrastrando las palabras, haciéndole un gesto a Alice, Emmett y Rose para que lo siguieran. Me lanzó una última mirada antes de salir por esa puerta, una mirada que me dijo todo lo que necesitaba saber. Estaría afuera, lo bastante cerca para escuchar, y no dudaría en volver a entrar si era necesario. Le asentí ligeramente y atravesó la entrada, dejando la puerta abierta de par en par al desaparecer, una vez más silbando esa espeluznante melodía.

Hubo un prolongado silencio en el que todos nos miramos incómodos el uno al otro. Bueno, Charlie y yo nos miramos incómodos. Edward parecía indiferente, pero sabía que solo era una máscara. Quería que las cosas salieran bien entre Charlie y yo… y con suerte también con él. El bigote de Charlie se movió cuando al fin rompió el silencio, preguntando si nos gustaría sentarnos en el estudio. Asentí y lo seguimos al estudio, mis cejas se dispararon hacia arriba por la sorpresa cuando vi que mis viejas fotografías seguían colgadas de las paredes, aunque un poco chuecas, pero sin polvo y por lo demás, intactas.

Charlie se sentó en su sillón mientras Edward y yo nos sentamos, de la mano, en el sofá de dos plazas. Su bigote se movió y empezó a frotarlo despacio, un viejo hábito que recordaba con cariño. Mis palmas se pusieron sudorosas al ver que nos evaluaba a los dos, pero me dije que no importaba si él sentía vergüenza por el hecho de que su hija estaba embarazada sin casarse. Las valiosas opiniones de Charlie Swan se habían perdido hace unos doce años. Así que, cuando abrió su boca al hablar, sus palabras me sorprendieron.

"Bella," su voz ronca graznó. Aclarando su garganta, continuó. "A mí… me alegra mucho verte. No sabes hace cuanto he soñado con este día. Aunque no entiendo por qué pensaste que sería buena idea irrumpir en la casa a sabiendas que cargo un arma." Dejó de hablar para reírse un poco. "Como sea, me alegra que pasaran. Y es un placer conocer a tu amigo, señor…"

"Cullen, señor," dijo Edward, poniéndose de pie y extendiendo su mano para estrechar la de Charlie. Él se le quedó mirando por un segundo, antes de sujetarla con la suya, dándole un firme apretón. "Pero por favor, llámeme Edward. Y Bella y yo somos más que amigos. Estamos comprometidos para casarnos."

"Y vamos a tener gemelas," dije abruptamente. Listo, lo dije. Edward se volvió a sentar y vimos cómo el rostro de mi padre se palidecía un poco más, su bigote moviéndose una vez más.

"Gemelas, ¿eh? Entonces, ¿estás diciendo que soy abuelo?"

"Si quieres," le dije en voz baja, pensando en las palabras de Carlisle. ¿No merecen las gemelas conocer a su abuelo? Me dije que estaba haciendo esto por las niñas, pero una pequeña parte de mí sabía que también lo estaba haciendo por mí.

Charlie se recostó en ese viejo sillón por un largo rato, mirándome fijamente, con una expresión de pesar y arrepentimiento en su rostro. "Eso me gustaría mucho, Bella," dijo, su voz quebrándose cuando dijo mi nombre. "Terminé con la rehabilitación justo antes de Acción de Gracias pero me hicieron ver a un loquero. Un psiquiatra. Como demonios lo llamen. Me he liberado de muchos de mis demonios. Cuando Renee murió fue como si se llevara una parte de mí con ella. Fue fácil darme por vencido, dejarte ir, dejar de importarme por la vida. No pasa un día en el que no me arrepienta por dejarte ir… por dejarte vivir con mi hermano. Y cuando pienso en todas las cosas que pasaste, el secuestro, el juicio. No estuve ahí para nada de eso. ¿Cómo puede un padre hacerle eso a su pequeña? Todos los días pienso en las cosas que he hecho mal en mi vida. Bella, me gustaría ser parte de la vida de las gemelas, pero también de tu vida. Me perdí de todos esos años con mi pequeña y sé que nunca los recuperaré, pero trataré de ganarme tu perdón por el resto de mi vida, si me lo permites." El ambiente estaba tenso con sus palabras y lleno de un denso silencio mientras procesaba lentamente lo que había dicho. ¿No es esto lo que quería? ¿No hubo siempre una parte de mí que anhelaba el amor de mi padre? Y me amaba. Lo vi en sus ojos e intentó limpiar disimuladamente un par de lágrimas.

"Sí, me gustaría eso," murmuré y una pequeña sonrisa escapó de las profundidades de su bigote, que como niña llamaba cariñosamente 'labio barbudo'. Fue entonces que notó la funda para ropa en mi regazo y me preguntó por ella. Tímidamente, le expliqué la verdadera razón por la que había regresado a casa fue para buscar el vestido de novia de mi madre. Charlie asintió, disculpándose de la habitación mientras Edward y yo intercambiábamos miradas preocupadas. Regresó unos minutos más tarde, con una grande caja de cartón balanceándola precariamente contra su cuerpo. Edward se levantó de un salto para ayudarlo y Charlie le dio una pequeña sonrisa agradecida. Los dos hombres colocaron la caja en la mesita de café y le eché un vistazo con curiosidad. Lo primero que noté fue mi vieja pistola de balines, la primera arma real que había conocido. Se veía casi nueva y le di a mi padre una mirada inquisitiva.

"Está llena de algunas de tus cosas que guardé a través de los años," dijo mi padre, acercándose al sofá de dos plazas, pasando sus dedos con nerviosismo por su bigote. "Hay algunos de tus libros viejos ahí, tu pistola de balines, unos álbumes de fotos de ti y tu… tu madre. Creí que te gustaría llevarte esos contigo junto con el vestido." Un nudo se formó en mi garganta. Había guardado mis cosas después de todo este tiempo. Y me estaba dando con mucho gusto el vestido de novia de mi madre. Casi estaba segura que no lo haría. Me sorprendí dejando el vestido a un lado y cruzando la habitación para darle un abrazo vacilante. Dio palmaditas en mi espalda, algo incómodo al principio, antes de atraerme de lleno a él, con un sollozo estrangulado. Lloró abiertamente en mis brazos y finalmente lo acompañé, pasando la incomodidad para él, remplazada por nada más que arrepentimiento y amor liberado.

Pasamos unas horas más con Charlie. Él y Edward pudieron conocerse un poquito más mientras yo luchaba por conocer al nuevo Charlie que estaba frente a mí. Nos despedimos más tarde ese día con planes para que Charlie viajara a Germantown en un par de semanas para una visita. Charlie estrechó la mano de Jasper y le dio un medio abrazo a Emmett, encargándole que saludara a su madre de su parte. La madre de Emmett se mudó al norte después de divorciarse de mi padre. Habrían hecho una buena pareja si él solo hubiese dejado a mi madre en el pasado y continuado con su vida. Nos detuvimos en el cementerio donde estaba enterrada la familia Swan. Estaba en el campo, era enorme con una vieja iglesia blanca cercana. Después de visitar las tumbas de mi madre y de mis abuelos, subí la gran colina hacia la iglesia. Mi padre me dijo, después que dejáramos su casa, que la iglesia no había estado en uso público por años. Aún tenía un antiguo piano vertical de madera que recordaba de niña. Supuse que la iglesia probablemente había sido construida en los años treinta, pero no estaba segura. Era de madera blanca y originalmente solo tenía una gran sala. Se añadió un baño en algún momento desde mi juventud. Sabía todo eso porque subí los pequeños escalones de madera y giré el pomo, entrando a la iglesia como si me perteneciera.

"¡La dejan sin llave!" Edward jadeó, caminando detrás de mí. Puse mis ojos en blanco y solté una risita.

"Por supuesto que la dejan sin llave. ¿Qué va a robar la gente? ¿Las bancas?" Me fulminó con la mirada pero no respondió. Caminamos por el pasillo de en medio, mis dedos deslizándose por cada banca que pasábamos. Cuando llegamos al frente de la iglesia me di la vuelta y suspiré, contenta.

"Esto es lo que imagino cuando pienso en casarme," confesé, mordiendo mi labio inferior y mirando con timidez a mi prometido. Dándome una sonrisa torcida, me atrajo a sus brazos y miró cuidadosamente el lugar.

"Hagámoslo," susurró, sus labios subiendo por mi cuello haciendo cosas peligrosas a mi cuerpo… cosas que no deberían pasar en la iglesia del Señor. "Cuando finalmente decidas casarte conmigo, hagámoslo aquí. Es el lugar perfecto para una boda pequeña, justo como la deseas."

"¿Está… está bien que quiera una boda pequeña?" Pregunté con preocupación, sin querer parecer indiferente a los deseos de Edward para nuestra ceremonia de boda.

"Cariño, me importa poco dónde nos casemos, siempre y cuando pueda reclamarte como mía por el resto de nuestras vidas," respondió, girándome en sus brazos para mirar fijamente a mis ojos. "Te amo, Isabella Swan. Y me da igual si nos casamos en una catedral, en una pequeña iglesia de campo o en un juzgado frente a un juez de paz." Me dio un prolongado beso pecaminoso que me provocó simultáneamente vergüenza y deseo, considerando nuestro entorno. Rompí el beso, riendo mientras él gruñía, sacándolo de la iglesia hacia la luz del sol. Emmett y Rose salieron del enorme cementerio, abriéndose paso con tanta rapidez entre los monumentos y lapidas que supe enseguida que algo estaba mal. Llegaron frente a nosotros bajo un viejo árbol de roble, los dos sin aliento pero sonriendo. Emmett abrazó a Rose y se formaron lágrimas en los ojos de ella.

"¿Qué está pasando?" Pregunté mientras Edward y yo los mirábamos nerviosos. Rose sonrió, agitando su teléfono y prácticamente rebotando en su lugar, recordándome a Alice al instante.

"¡Mi abogado llamó!" Chilló, sorprendiéndome al agarrarme en un abrazo. Me encogí por el movimiento y me soltó en seguida, disculpándose y tocando mi vientre. "¡Lo siento! ¡Es solo que estoy muy emocionada!"

"¿Qué fue lo que dijo?" Edward preguntó, acercándome a él mientras los dos veíamos a nuestra más que eufórica amiga. Ella y Emmett se sonrieron alegremente el uno al otro mientras él la atraía a su gran cuerpo musculoso.

"¡Treinta días!" Se echó a reír, sus ondas rubias rebotando. "¡Claire será oficialmente mía en treinta días! ¿Qué voy a hacer los próximos treinta días?"

"Fácil," respondí, dándole una enorme sonrisa. "Esto requiere un épico viaje de compras al estilo Alice Cullen."

"¡Oh, Dios!" Susurró, su rostro pálido. "¡Tienes razón! Va a necesitar vestuario, ropa de cama, y juguetes y…" Balbuceó sin parar mientras yo asentía con una sonrisa.

"Bueno, ¿qué esperamos?" Pregunté impaciente, de pronto ansiosa por llegar a casa. "No sé por qué todos empacaron. Es momento de ir por Alice y Jasper y salir de una puta vez de Mississippi."

Y eso fue lo que hicimos. Nos encontramos con Alice y Jasper en la misma fonda y nos pusimos en marcha para nuestro viaje de dos horas de vuelta a casa… a mi verdadero hogar, en Germantown, Tennessee. Pronto también sería el hogar de Claire, y me pregunté, al quedarme dormida poco a poco sobre el hombro de mi prometido, qué nos esperaba con la pequeña niña de rostro pecoso. No pasaría mucho tiempo antes de que lo averiguara.


¡Awww! Pues sí, pronto conoceremos a la hija de Rose. Y qué lindo fue ese encuentro entre padre e hija, ¿no creen? ¿Se esperaban eso? Supongo que algunas no, por lo que sabíamos de Charlie es normal que se hayan imaginado a un hombre amargado que no quería saber nada de su hija para haberla descuidado tanto de niña, y después de todo lo que ella tuvo que pasar. Pero, aunque lo que hizo no tiene justificación, al menos ahora quiere rectificar las cosas. Sin duda, fue algo reconfortante para Bella saber que si padre sí la ama. Así que el viaje fue un éxito, ahora veremos que nos trae la presencia de Claire en la vida de este grupo de amigos y familia. Espero que hayan disfrutado del capítulo y por supuesto, espero ansiosa sus reviews para saber qué les pareció y así, poder leer pronto el próximo ;) Recuerden que sus reviews es el único pago que recibimos por dedicar tiempo a su diversión, y en realidad, no les cuesta nada dedicarnos unas cuantas palabras de agradecimiento o un simple saludo. Sus reviews son importantes para autoras y traductoras, no lo olviden, el fandom seguirá viviendo solo gracias a ustedes.

Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: Gabriela Cullen, Ely Cullen M, Meli, JessMel, Tecupi, andreasotoseneca, Adriu, Manligrez, freedom2604, Flor Santana, dushakis, tokita1796, PRISOL, torrespera172, Francisca Moreno, patymdn, bbluelilas, Shikara65, Laliscg, saraipineda44, miop, Maryluna, Diana2GT, Ali-Lu Kuran Hale, Vrigny, alejandra1987, bealnum, Katie D.B, Pili, Kriss21, aliceforever85, lauritacullenswan, glow0718, Lady Grigori, May Cullen M, Liz Vidal, Lore, rjnavajas, jupy, Lizdayanna, Isabelfromnowon, Tata XOXO, Esmeralda BlackStone, Esal, TashaRosario, maries24, cavendano13, EriCastelo, Say's, Yoliki, injoa, lagie, Bertlin, Pam Malfoy Black, DenniChavez, Fallen Dark Angel 07, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el próximo, espero que muy pronto.