CAPITULO 29 ¿VOY A SER TÍO?

Cuando nos despedimos de los Chiba, los Kou y yo pusimos rumbo a nuestra calle. Rei seguía enfadada y más aún después de enterarse de que acompañaría a Mina. ¿Qué quería que hiciera? ¿Negarla mi cariño en unos momentos tan duros para ella? Ante todo éramos amigas y la apoyaría en lo que hiciera falta...aunque tuviéramos puntos de vista diferentes. Por otro lado Seiya estaba desolado. No sabía si llamar a sus padres para darles la noticia justo cuando mañana se acababa todo. Al final decidió no contarles nada, al menos por el momento...no iba a preocuparles de esa manera cuando ellos no iban a poder hacer nada al respecto.

Me sentí aún peor cuando entré en la soledad de mi casa. Después de tantos días conviviendo con mis amigos, ahora mi casa se me antojaba enormemente fría, demasiado espacio para mi sola, sin nadie con quien hablar...Era tarde, el reloj marcaba la una y cuarto de la mañana. Estaba cansada pero no tenía sueño, así que subí la maleta a mi cuarto y empecé a deshacerla. Saqué los zapatos y los coloqué y puse la ropa sucia en el cesto para lavar. Fui hasta el contestador y pulsé el botón para escuchar los mensajes entrantes. Sólo había dos. El primero me recordaba que tenía que ir a recoger un vestido que había dejado en la tienda para que me lo arreglaran...el segundo era de mi madre...

Hija...ya veo que no estás. Supongo que te habrás ido de viaje con los Kou como sueles hacer antes de Navidades. Aprovecho para decirte que al final pasaremos las fiestas en Sidney, ¿puedes creertelo? Estoy ansiosa por ver la fiesta de año nuevo de la Ópera...En fin, hija...te llamaré en unos días. Pásatelo bien, ciao...

Genial, super genial. Menos mal que tenía a mis amigos porque si no me hundiría en mi miseria yo sola. Aunque sinceramente, después de lo de Mina mucho dudaba que tuviéramos ganas de fiestas...Saqué mi neceser y me lavé los dientes a conciencia, me puse un camisón y me metí en la cama cuando se me acabaron las opciones. Mi cama estaba ahora más fría que nunca; echaba de menos el calor del cuerpo de Darien, los roces que me provocaba su cuerpo al moverse dormido, el sonido rítmico de su respiración...me di cuenta que le echaba de menos a él. "Últimamente no sé que haría sin ti", esas palabras habían vuelto a abrir un hueco en mi corazón, nunca me había tomado de manera tan profunda las palabras de un chico hacia mi...y esto se estaba convirtiendo en un problema. ¿Qué pasaría cuando el y yo pusiéramos punto y final a nuestra nueva relación? Estábamos haciendo esto para que él pudiera estar con Neheriana... ¿Podría soportar estar delante de ellos si todo le salía bien a Darien? No supe responderme a mi misma, así que preferí dejar de pensar en el tema. Sabía que todo esto iba a pasarme factura, lo sabía perfectamente...pero por ahora me negaba a alejarme de él, estaba demasiado a gusto, demasiado bien cerca de él...

No pude dormir nada esa noche. No sabía si era por lo que iba a hacer Mina en un par de horas o si era la falta del cuerpo cálido de Darien a mi lado...Decidí echarle las culpas de mi insomnio al tema de Mina. Habíamos quedado a las nueve de la mañana en la casa de los Chiba, así que me di prisa en arreglarme para ir hacia allá. Cuando llegué allí Mina y Darien ya estaban en el porche fuera de la casa. Seiya aparcó justo detrás de mi coche.

- Hijo – le dijo Yamato– Te dije que si no te veías con fuerzas para venir que no pasaba nada...

- Es duro...pero no voy a dejar sola a Mina en esto – fue hasta ella y la apretó la mano - Siempre contigo...

- ¿Tú también vienes? - le pregunté a Darien.

- Sí, prefiero ir con ustedes.

Los cinco nos metimos en el Mercedes negro del padre de Darien con él al volante. El coche se sumió en un silencio que Yamato disimuló con las noticias de la radio. Oir hablar de los políticos y de la crisis internacional se me hacía en este momento mucho más interesante que nunca.

Llegamos demasiado pronto al hospital, o al menos eso me pareció a mi. Yamato nos condujo a todos por unos pasillos que me resultaban conocidos; íbamos a la consulta de ginecología, al mismo sitio donde yo me hacía las revisiones, pero pasamos de largo esa consulta. Yamato se paró delante de una puerta y llamó antes de entrar. Dos segundos más tarde llamó a Mina.

- Serena...entra conmigo...- me suplicó.

- ¿No sería más adecuado que entrara Seiya contigo? - Mina miró a su novio, el pobre estaba a punto de entrar en estado de shock – Vale, borra eso...- suspiré – Vamos.

Entré con ella a la consulta junto con Yamato. Detrás de un escritorio había un hombre de unos treinta y tantos años con cara amable. Nos miró a ambas y nos sonrió.

- Hola, soy el doctor Otonashi...tú debes de ser Mina, ¿no? - asintió – Bien, tomen asiento y tranquilízate, ¿de acuerdo? Voy a hacerte unas preguntas antes de nada...- sacó unos informes y escribió el nombre de mi amiga. ¿Cuál fue la fecha de tu última regla?

- Mmmm, más o menos el veinte de noviembre...creo...

- ¿Crees? ¿No recuerdas la fecha con exactitud? - Mina negó con la cabeza - Muy bien, ¿tienes alergia a algún medicamento? ¿Alguna operación?

- No, nada de eso...- dijo Mina ante la atenta mirada de Yamato.

- Muy bien, Mina – el doctor Otonashi dejó el bolígrafo en el escritorio y la miró seriamente – Tengo que hacerte una ecografía para de terminar exactamente de cuanto tiempo estás.

- ¿Es necesario?

- Hija...el doctor Otonashi tiene que saber de cuanto tiempo estás para saber qué procedimiento ha de seguir para...ya sabes...- le explicó Yamato.

- Tu padre tiene razón, Mina. Si estás de menos de siete semanas podemos medicarte, así que el proceso se haría sin intervención quirúrgica...

- ¿Y...y si diera la casualidad de que estoy embarazada de más tiempo?

- Te lo explicaré en el caso que sea necesario...Ven conmigo...

Mina automáticamente me cogió de la mano y me arrastró con ella detrás del biombo. El médico la pidió que se levantara la ropa y dejara el abdomen al descubierto. Ella se sobrecogió cuando sintió el gel sobre la piel de su estómago; esa pasta debía de estar fría. El doctor Otonashi pasó el aparato por la tripa de Mina...y de repente se vio en la imagen del ecógrafo unas manchas grises...y un punto que se movía rítmicamente. Oh Dios...ahí estaba...el bebé de Mina estaba justo ahí, lo estaba viendo con mis propios ojos. La mire pero tenía la mirada perdida en un punto de la pared de la sala evitando por todos los medios mirar al monitor.

- Bien...Mina, estás aproximadamente de ocho semanas.

- ¿Ocho semanas? - ella volvió a prestar atención al médico - ¡Eso es mucho! ¡Sólo he tenido una falta!

- Pues este chiquitín me está diciendo lo contrario...mira – Mina miró a la pantalla y vi cómo sus ojos se aguaban...joder, yo misma estaba a punto de llorar...- Esto de aquí son las extremidades...y esto de aquí el corazón – el doctor manipuló el aparato haciendo que la sala se llenara con el sonido rítmico del corazón del bebé.

Mina se quedó sin palabras, y eso era rarísimo en ella. Parpadeó varias veces para mantener a raya las lágrimas y se levantó de la camilla en cuanto el doctor la ofreció una toalla para quitarse el gel de la piel. De nuevo en el escritorio el médico apuntó los datos en el informe. Miré a Yamato...y este me guiñó un ojo.

- Definitivamente no podemos hacer esto con medicación, Mina...

- ¿Cuáles...- carraspeó – cuáles son las otras opciones?

- Extracción con pinzas – abrí los ojos horrorizada – o succión – Dios, cada cosa que decía el doctor me parecía más horrible aún.

- Eso no suena muy bien – murmuró Mina temblando.

- Te enseñaré unos gráficos para que lo entiendas – miré de nuevo a Yamato angustiada, aunque volvió a sonreírme.

El médico nos enseñó unas fichas en las que se veía en dibujos la sección del cuerpo de una mujer, sus órganos internos y el feto en su interior...y los pasos que se seguían en ambos casos. Para mi, imágenes brutales, aunque se trataran de dibujos. Por la cara de Mina deduje que ella pensaba igual que yo.

- ¿Ese...- señaló el dibujo del feto – ese es el aspecto que tiene mi...?

- ¿El aspecto que tiene tu bebé? - Mina asintió. El hombre pasó unas fichas y pudimos ver una foto real de un feto de ocho semanas. Se podía distinguir casi a la perfección todos los contornos de su cuerpo, sus ojos...- Este es el aspecto real...

Me emocioné como una gilipollas. El milagro de la vida...era increíble. ¿Cómo de la unión de dos personas podía nacer una nueva vida? ¿Cómo sería la sensación de sentir una vida creciendo dentro de ti? mina retiró las fichas casi con brusquedad y, secándose los ojos con rabia, le habló al médico.

- Guarde eso, doctor Otonashi...ya he tomado mi decisión...Ya está decidido, no hay vuelta atrás...

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO

Seiya estaba desesperado paseando arriba y abajo por el pasillo; estuve a punto de pedirle a una de las enfermeras un tranquilizante...o darle un par de collejas. Y lo peor de todo es que me estaba poniendo nervioso a mí. Mierda...definitivamente preferiría estar en cualquier otro lugar, no aquí, en la sala de espera del hospital sabiendo que mi hermana estaba dentro de la consulta.

- ¿Crees que se lo harán ahí dentro? - me preguntó Seiya nervioso - ¿La harán daño? Por favor, Darien... ¡Contéstame! Tu padre es médico y tu estás haciendo la carrera de medicina...algo tienes que saber.

- Lo que se es que si no te tranquilizas lo haré yo por mis propios métodos – le amenacé...y sorprendentemente surtió efecto ya que se calló y se sentó a mi lado – Cálmate, mi padre y Serena están con ella...No van a dejar que le pase nada malo...

- Lo siento...estoy un poco superado por todo lo que ha pasado...

- Un par de días intensos, ¿eh? - le palmeé el hombro.

- Y tanto...No se...no se cómo voy a estar después de esto, Darien...Es duro pasar por esto por segunda vez – le miré confundido - ¿No lo sabías? Mi madre perdió un bebé hace seis años...ahora podría tener a un enano fastidiándome por casa...- me miró y me sonrió con tristeza – lo que daría por pelearme con mi hermano pequeño...

Ahora entendía las palabras de Serena anoche. Ahora entendía que Rei reaccionara de esta manera...Me levanté de la incómoda silla de plástico de la sala de espera y me dediqué a mirar por el ventanal en un vano intento por distraerme, aunque era imposible. Llevaban dentro mucho tiempo, demasiado...entonces la puerta se abrió. Mi hermana salía agarrada del brazo de Bella y muy pálida. ¿Qué la habían hecho ahí dentro? Seiya casi se abalanzó sobre ella.

- ¿Estás bien, cielo? ¿Te duele algo? – Mina negó con la cabeza.

- Déjala respirar, campeón – le dijo Serena.

Mi padre se quedó dentro de la consulta, así que animamos a Mina a que se sentara donde lo habíamos hecho nosotros minutos antes. Sere la dio una botella de agua para que se refrescara.

- ¿Qué ha pasado? - miré a Serena ya que Mina no me contestaba - ¿Está bien?

- Tiene que venir la semana que viene a hacerse una revisión completa – me explicó – Y se tiene que hacer análisis y tomarse estas pastillas.

Serena me tendió la receta que le había dado el doctor. Ácido fólico y vitaminas...ácido fólico y...vitaminas. Miré a Serena y esta me devolvió una radiante sonrisa.

- Vamos a tener que mimar un poquito más a la enana. Y tú, Seiya – el aludido la miró aún sin enterarse de nada – Tendrás que aprender a cambiar pañales...- Seiya abrió tanto los ojos que temí que le diera un tirón en la cara o algo parecido. Miró a Mina, que seguía en estado de shock.

- ¿Sigue ahí dentro? - rodé los ojos ante la forma tan "fina" de preguntar – Mi bebé... ¿Está aquí? - Seiya acarició el estómago plano de Mina.

- Sí...- murmuró – Voy a ser madre...es un hecho...Dios mío... ¡voy a ser madre! - gritó haciendo que una mujer mayor se girara y la mirara.

- Felicidades – dijo la mujer mientras seguía con su camino.

- ¡Gracias! - le dijo Mina.

- ¡Voy a ser padre! - Seiya cogió el volandas a Serena y la besó en la mejilla y a mi me apretó tan fuerte los hombros que hice una mueca de dolor - ¡Voy a ser padre!

- Sí, creo que se ha enterado medio hospital – murmuré sobándome el brazo - ¿Cómo es que has cambiado de opinión? - le pregunté a Mina.

- Pues...pues...el médico me ha hecho una ecografía y...me ha dicho que estoy de ocho semanas... ¡ocho semanas! Y me ha explicado los procedimientos y...simplemente...cuando he visto las fotos horribles...no he podido, no...Yo no podía hacerle eso a mi bebé...He escuchado su corazón – le dijo a Seiya con una sonrisa. Se besaron dulcemente en los labios...hasta que la pasión les desbordó. Alguien tosió de manera incómoda.

- Dejenlo un poquito – murmuró mi padre que salía de la consulta.

- Yamato...van a ser padres – le recordó Serena – Creo que eres médico...sabes lo que hay que hacer para quedarse embarazada...no creo que te vayas a escandalizar por un besito de nada – se me escapó la risa.

- Sí, ya...- murmuró mi padre – Vamos a darle la buena noticia a todos...- miró a Seiya y suspiró – Creo que deberías avisar a tus padres cuanto antes. Debemos hablar de su futura situación...

Todos nos levantamos para largarnos de allí lo antes posible. Parecía mentira como cambiaban las cosas...Mina y Seiya caminaban juntos; el brazo de Seiya sujetaba protectoramente la cintura de mi hermana mientras ella le miraba embobada. Mi padre iba unos pasos más adelantados para darles la privacidad que se merecía. Miré a Serena...y se me partió el corazón...estaba llorando, con sus hermosos ojos marrones enrojecidos.

- Hey...Hey, Serena...- la limpié las lágrimas con los dedos - ¿Qué pasa? Todo ha salido bien...

- Sí...es que...me he emocionado, ¿sabes? - sonrió – Escuchar ese pequeño corazoncito...Dios, ha sido genial...

La abracé con fuerza mientras sonreía como un odiota. Ella siempre me sorprendía; me encantaba ver esa parte vulnerable de Serena, saber que su corazón albergaba esos sentimientos tan tiernos...aunque ella se empeñara en esconderlos. Me pasó las manos por la cintura, entonces me sentí completo. No me había dado cuenta el vínculo tan fuerte que habíamos creado hasta que anoche tuve que acostarme solo en mi cama. Echaba de menos su calor y sus manos sobre mi piel... echaba de menos incluso la tortura a la que me sometía cuando, sin querer, rozaba ciertas partes de mi cuerpo mientras dormía.

El camino de vuelta a casa se hizo muchísimo más ameno y feliz. Aunque ahora vendría lo duro para Seiya y Mina, tendrían que sacrificar muchas cosas, pero valía la pena con tal de tener a ese pequeño con nosotros. Como había dicho Serena antes de salir de Las Vegas, todos les ayudaríamos. Cielos...Iba a ser tío...

La llegada a casa fue épica. Mi madre saltó igual que lo hacía Mina cuando encontraba una ganga en una tienda de ropa. Lloró, rió, volvió a llorar...no sabía que hacer. Lo único que repetía una y otra vez es que iba a ser abuela. Rei lloró a lágrima viva mientras regañaba a Mina por haberla hecho pasar tan mal rato; la hizo prometer que ella estaría presente en la próxima ecografía. Y Nicolas... Nico estaba encantado con el nuevo juguete que vendría dentro de pocos meses a casa.

- Le voy a enseñar a jugar a la Wii, a la Play, a la X-box...- enumeró – Le voy a enseñar a meterle mano a las chicas...- Rei le pegó.

- ¿Y si es niña? - preguntó mi madre divertida. Nicolas pareció pensárselo.

- Le voy a enseñar kick boxing, le voy a enseñar judo...le voy a enseñar a repartir hostias si algún niño la mete mano...- todos nos reímos ante la ocurrencia de mi hermano.

- Calma, Nicolas...Aún un poquito para eso – dijo Mina sonriendo por primera vez en dos días...

- Ya está – Seiya entró en el salón con el teléfono inalámbrico en la mano – Ya se lo he dicho a mis padres...

- ¿Cómo se lo han tomado? - preguntó Mina mordiéndose el labio.

- Bien...me han dicho que si yo soy feliz ellos lo son...Estarán aquí dentro de dos días, para Nochebuena...

- Bien, podemos cenar aquí todos – dijo mi madre.

- Me parece bien. Podemos...

Miré a ambos lados e instantáneamente desconecté de la conversación. ¿Dónde estaba Serena? Me asomé en la cocina, allí no estaba. No la había visto cruzar el salón para ir en dirección al baño... ¿Dónde demonios estaba? ¿Se habría ido sin decir nada? Salí al porche...ahí estaba, sentada en uno de los escalones. Me senté junto a ella.

- ¿Qué haces aquí sola? - se encogió de hombros.

- Estaban hablando en familia...yo ahí no pinto mucho – desvió la mirada.

- ¿Por qué dices eso? Todos te consideramos de la familia...- se hizo un silencio – Los padres de Seiya ya lo saben...cenarán con nosotros en Nochebuena y...- la cara de Serena mostró sorpresa.

- Oh...pensé que...- suspiró - supongo que da igual...

- ¿Qué? - se levantó pero la cogí del brazo y la obligué a que se sentara de nuevo.

- Mis padres no van a hacer ni siquiera el intento de pasar las fiestas aquí conmigo, Darien. Pensé...pensé que podría cenar con vosotros...como dijimos en un principio...

- Pero si conoces a los Kou de más tiempo que nosotros...cenarás con nosotros y...- negó con la cabeza – ¿Por qué no?

- Estaran en familia...me siento como una intrusa...en todos los sitios...- le alcé la barbilla con los dedos y la miré realmente enfadado.

- No vuelvas a decir eso, ¿vale? En nochebuena te vas a relajar, vas a ponerte uno de esos vestidos preciosos que tienes en tu armario, te vas a poner unos tacones de esos que me encantan y vas a venir a cenar con nosotros y a ponerte ciega de marisco – sonrió ligeramente - ¿A que sí? ¿A que cenarás con nosotros? Si no, soy capaz de irme y cenar solo contigo...

- No, no...Eso no...Cenaré con ustedes...- me sonrió de manera pícara – Así que te gustan mis zapatos de tacón.

- Seh...como ya te dije, tus piernas son fantásticas...pero con tacones estás para comerte...- murmuré.

Ella sonrió y se relamió el labio inferior...arg, eso era demasiado para mi. Miré a ambos lados para asegurarme de que no había nadie a nuestro alrededor...y la besé. Llevaba muchas horas deseando besarla de nuevo, así que junté nuestras bocas mientras la cogía de la nuca. Ella me acarició el pelo, me pasó las manos por el cuero cabelludo mientras yo jugaba con su lengua. La acaricié el cuello y sumergí la nariz a la vez que ella se arqueaba para darme acceso directo a esa parte de su cuerpo. Los besos se hicieron más apasionados, lamí su boca, la mordí...

- Darien...creo que me tienes que contar un par de cositas – murmuró una voz a mis espaldas. Mierda...