29. Olimpo (2.356 palabras)


El Olimpo estaba más cerca de las estrellas que el Santuario de Atenea, resplandecía, blanco y dorado, coronado de palacios.

El banquete que se celebraba en ese momento era parte de los festejos por la victoria, pero además había mucha política y diplomacia en juego. Si los dioses lograban reconciliaciones y alianzas en esos días, la paz finalmente tendría otra oportunidad.

Saga era de los que se daban cuenta de ello y se sentía como pez en el agua intercambiando cortesías con los servidores de otros dioses. Algunos eran guerreros: honestos, sencillos, incapaces de doblez, pero (por lo mismo) propensos a ofender sin intención y capaces de encender la llama de la discordia por cualquier desaire (real o imaginado). Otros eran estrategas: difíciles de predecir, astutos, manipuladores… Todos servían a sus dioses lo mejor que sabían por devoción, por ambición o por alguna otra meta.

Muchos intentaban en esos días aproximarse a Saga como una manera discreta de sondear al nuevo dios del Olimpo desde una distancia segura, lo que no dejaba de ser incómodo y arriesgado para el Caballero de Géminis.

La primera vez que Saga escuchó la versión completa sobre el cautiverio de Poseidón en la vasija tuvo la convicción de que ese arranque de Zeus fue un terrible error político.

Uno de los tres reyes reducido a cautividad y puesto bajo la custodia de Atenea… Era un insulto, montado sobre una injuria.

¿Qué mensaje había intentado enviar Zeus con eso? ¿Acaso declaraba que Atenea tenía autoridad por encima de la de Poseidón, que debía ser considerado un igual de Zeus? ¿Estaba confirmando el título (autoconferido) de Atenea como protectora de la tierra, traicionando así el acuerdo de los tres reyes? ¿Había arrebatado a Poseidón su poder sobre el Mar para dárselo a Atenea? ¿Eso la hacía más poderosa que su propio padre, por gobernar dos de los cuatro dominios? ¿El que Atenea fuera la soberana de la tierra, no era un insulto a Gea, que era la tierra misma y primera madre de (casi) todos los dioses griegos?

Una verdadera pesadilla política que había propiciado la rebelión de muchos dioses menores sedientos de poder. Zeus y la mayor parte de los Olímpicos pasaron todo el cautiverio de Poseidón aplastando una revuelta tras otra, sin tener tiempo para siquiera intentar mediar en los conflictos entre Hades y Atenea, hasta que las escaramuzas entre ellos escalaron y se convirtieron en verdaderas guerras sagradas.

Muchos dioses griegos temían que todo fuera parte de una estrategia de Atenea: enfrentar y destruir uno por uno a los tres reyes para luego cubrir los cuatro dominios bajo su égida (regalo de Zeus, por cierto).

En otros panteones se miraba con desconfianza hacia Grecia y Odín no era el único en dejar ver que sospechaba de afán expansionista por parte de Atenea. El panteón Griego debía pacificarse y volver a unirse antes de que los otros panteones tuvieran la ocurrencia de aplicar una guerra preventiva con la intención de aplastarlos antes de que Grecia volviera a ser un peligro como lo había sido durante el reinado de Alejandro y como lo fue después Roma.

Y ahora, de pronto, Poseidón estaba de vuelta, dueño de su reino como si nunca lo hubiera abandonado y además acompañado de un consorte luego de haber permanecido solitario más de mil años tras su separación de Anfitrite. El juego de poder había cambiado nuevamente en Grecia… Y, aunque el consorte de Poseidón no tenía un poder igual al suyo, la diferencia no era tan grande como para clasificarlo entre los dioses menores. Por tratarse de una divinidad nueva, incluso existía el riesgo de que su poder aumentara con el paso de los siglos. ¿Cuál sería el papel de este nuevo dios en el ajedrez de los Olímpicos?

El primer cuidado de Poseidón había sido dejar en claro que no estaba molesto ni con su hermano ni con su sobrina. Dejaba caer de vez en cuando una frase o dos que daban a entender a las eminencias grises que consideraba la llegada de Kanon a la vasija no como parte de un castigo para el tejedor de engaños sino como una reunión largamente esperada, incluso se había dirigido a él en público llamándolo "Cástor" en un par de ocasiones. Los que recordaban ese nombre habían imaginado su relación como algo más antiguo de lo que era en realidad y cayeron de inmediato en la cuenta de que Saga solamente podía ser Pólux, eso lo había incluido a él también en la maraña de intrigas, además de darle un giro al asunto de si Kanon había manipulado a Poseidón o si había actuado con la aprobación de este al intentar una guerra contra Atenea, pero (con algo de suerte) los intrigantes asumirían que ese conflicto en particular había sido un intento por parte del consorte de Poseidón para rescatarlo de su humillante prisión y no una rebelión de un mortal en contra de los dioses.

Claro que cualquiera que conociera a Kanon se daría cuenta de inmediato que las cosas no habían sucedido así… Sin embargo, Poseidón parecía amar (precisamente) la astucia de su tejedor de engaños y ese epíteto (que en realidad había empezado como un insulto) se escuchaba como una muestra de afecto cuando lo empleaba el dios del Mar.

Así las cosas, Saga se encontró con que él y Afrodita tendrían que cruzar de lado a lado la sala de banquetes y pasar junto a los Berserkers de Ares para llegar hasta donde se encontraban algunos de los otros Caballeros de Atenea junto con varios dioses. El tronar casi constante alertaba a todos sobre el disgusto que estaba experimentando Zeus en ese momento, cuando discutía con Poseidón a puerta cerrada.

Eso no podía ser bueno y había que ponerse de acuerdo con el resto en caso de que las divisiones entre los hijos de Cronos estuvieran a punto de agravarse.

El área de la gran sala donde se encontraban los Berserkers no era como el resto, con sus sillas de oro y marfil y sus mesas ordenadas cubiertas de finos manteles bordados, ahí las mesas eran de madera tosca y los guerreros se sentaban en largas bancas, igual de toscas.

Saga no los miró mucho mientras pasaban por ahí con rumbo a donde estaban los otros miembros de la Orden de Atenea, si acaso le llamó un poco la atención lo finas que eran las joyas que portaban los guerreros (en contraste con su actitud ruda y las capas de pieles de animales cazados por ellos mismos) hasta que recordó que, de acuerdo con las leyendas, el pueblo tracio había sido el primero en trabajar el oro, un dato que su mente volvió a archivar de inmediato como poco importante...

Una repentina alteración en el cosmos de Afrodita lo hizo buscarlo con la mirada para preguntarle qué pasaba... pero Afrodita ya no estaba caminando a su lado, como un segundo antes.

Alarmado, miró a su alrededor y encontró por fin a Afrodita, luchando por soltarse: uno de los Berserkers simplemente había extendido un brazo al pasar ellos, lo había agarrado por la cintura y ahora pretendía que se sentara en sus piernas.

-¡Suéltame, bestia! -casi Afrodita-. ¡Suéltame ahora si no quieres perder el brazo junto con la mitad de la cara!

-Hermanos, ya la escucharon. La dama tiene el espíritu de una verdadera guerrera, y además es preciosa. ¿Quién de ustedes fue el que dijo que las Amazonas de Atenea son tan feas que deben esconderse detrás de máscaras? ¡Necesito que contemple esta belleza para que se trague sus palabras!

-El Caballero de Oro de Piscis no es una Amazona -intervino Saga-; y, aunque estoy seguro de que mi consorte se siente halagado por el hecho de que sepas apreciar su belleza, tanto él como yo preferiríamos que lo soltaras ahora mismo.

El joven (probablemente diez o quince años menor que Saga) parpadeó desconcertado.

-No entendí la mitad de lo que dijiste, guerrero -admitió.

-Lo resumiré de modo que lo entiendas -intervino otro Berserker, un hombre más serio y compuesto, de cabello casi blanco-. No es una chica y él y su compañero quieren que lo dejes en paz. Sabes que no todos aquí gustan de esos juegos.

-Oh -el Berserker más joven soltó a Afrodita de inmediato y lo observó con atención mientras el Caballero de Piscis se acomodaba el cabello y volvía a ajustarse los pliegues de la túnica-. ¿No eres una doncella?

-Hace muchos años que nadie me confundía con una -fue la respuesta cortante.

-Hum -el Berserker se encogió de hombros-. De veras que lo lamento, si lo fueras, no lo pensaría dos veces y retaría por ti a tu compañero con tal de tomarte por esposa.

-...Y supongo que eso es alguna manera de elogiarme -replicó Afrodita, con sarcasmo.

-En realidad, sí -apuntó el Berserker mayor-. Entre nosotros, un pretendiente demuestra su valía ante una dama derrotando a los demás pretendientes, si la dama aprueba que se realice el combate. Por desgracia, Meriç tiene todavía menos inteligencia que modales. Me disculpo en su nombre, aunque él probablemente no llegará a entender cómo y por qué los ofendió a ambos.

-No hay nada que perdonar -dijo Afrodita, bastante aplacado.

-¡Caballero de Piscis! -llamó el Berserker mayor cuando apenas se habían alejado unos pasos.

-¿Sí?

-Si alguna vez llegas a aburrirte de tu consorte, quizá sirva de algo recordar mi nombre. Soy Evros, Berserker de Akela.

Afrodita sonrió a medias al ver que Saga fruncía el ceño.

-Yo soy Afrodita de Piscis.

-¿No dijo que no era una chica? -preguntó Meriç, confundido, cuando los Caballeros de Oro estuvieron lejos, luego de intercambiar un par de frases más con Evros.

El Berserker de Akela (lo más parecido a un líder entre las hordas de guerreros de Ares) se limitó a darle un manotazo por la nuca.

-De verdad que no tienes cerebro, muchacho –murmuró, resignado.

Saga caminó en silencio un par de minutos antes de mirar de reojo a Afrodita, que seguía sonriendo.

-¿De qué te ríes? –preguntó.

-De nada, solo estaba notando que ahora caminas entre la mesa de los Berserkers y yo.

-No voy a arriesgarme a que otro de estos pretenda declararte su… admiración.

-Mira nada más –advirtió Afrodita, señalando un poco más adelante-. Angello tiene nuevos amigos.

El Caballero de Cáncer estaba sentado entre los Berserkers, bebiendo cerveza y riendo.

-Acabará corrompiendo a esos pobres muchachos –replicó Saga, secamente.

-Hay guerreras ahí. Con suerte quizá consiga novia, se está tardando.

-Conociéndolo, tendremos que rescatarlo de algún suegro furioso.

-Y cuatro o seis cuñados.

Unos minutos después, cuando Kanon admitió su ignorancia con respecto a la naturaleza de su arma sagrada y resultó evidente para todos que no se había dado cuenta de que era un dios hasta que se lo dijo Ares, Saga realmente lamentó el que Poseidón se lo llevara demasiado rápido como para poder darle un manotazo (bien merecido) a su gemelo.

Kanon, el astuto tejedor de engaños, había hecho obvio para todos que podía ser al mismo tiempo la persona (o deidad) más ingenua de ese lado de la Vía Láctea. Hasta ese momento, Saga no había creído que realmente Poseidón hubiera podido administrarle néctar y ambrosía durante veinte años seguidos sin que Kanon cayera en la cuenta de qué era lo que estaba consumiendo ni que el propósito de eso era volverlo inmortal. Ahora tenía que admitir que eso, con toda seguridad, era muy cierto. ¡Hasta Seiya se había dado cuenta de lo que implicaba el que hubiera alcanzado el Noveno Sentido!

-Pedazo de… diría "pedazo de inocente" si no me constara que es cualquier cosa excepto un inocente –murmuró Saga mirándolos alejarse-. Pedazo de idiota. ¿Cómo alguien puede planear la caída de los dioses y llevarla a cabo y no darse cuenta de algo como eso?

-No seas tan duro con él –intervino Afrodita-. Una persona astuta tiende a pensar que los demás no son capaces de astucias y creo que tu hermanito encontró justo a la persona indicada para él. Pasarán la eternidad haciéndose bromas elaboradas.

Saga suspiró y contempló el báculo blanco (que en realidad era un estoque) que en ese momento estaba en manos de Ares. La expresión sólida del alma de Kanon… era algo que podía ser tan engañoso como su dueño porque estando cerrado parecía inofensivo, pero podía, al mismo tiempo ser un arma o un apoyo, y el Mar era algo impredecible, tan capaz de dar vida como de dar muerte. Sí, Poseidón y su consorte eran una buena pareja, después de todo.

-¿Una expresión de su alma? –preguntó Jabu, curioso. En los últimos días se había vuelto común ver al Caballero del Unicornio cerca del dios de la Guerra. Cómo y por qué se estaban volviendo así de amigos, era un misterio para la mayoría.

-Todos los dioses tenemos una. Se supone que es un resumen de cómo somos. Las de algunos dioses realmente poderosos incluso cambian de forma y se adaptan a las necesidades de su dueño. Ah, observa.

El estoque desapareció de las manos de Ares.

-¿A dónde fue?

-A donde esté su dueño. Solo los dioses más antiguos pueden alejarse mucho de sus armas sagradas.

-¿Cómo es la tuya? –Ares dejó de sonreír y eso preocupó a Jabu de inmediato-. Lo siento, eso estuvo fuera de lugar.

-No, no, está bien –Ares le mostró el medallón que llevaba al cuello-. Es esto.

¿La expresión sólida de su alma era una joya… y no un arma? Con razón a Ares no le había gustado la pregunta.

Jabu, que nunca había estado en el Inframundo, solo vio una flor roja encerrada en un círculo dorado. Seiya, en cambio, reconoció el tipo de flor a pesar del color extraño.

Un asfódelo.

Su mirada se cruzó por un instante con la de Hades.

Es curiosa la forma en que cuando tu mente logra establecer una conexión entre dos datos aparentemente aislados, se produce un sonido imaginario.

Sí, es cierto: a veces una epifanía suena como un coro de ángeles, otras veces es como una voz sonora proclamando "¡eureka!", la epifanía que acababa de experimentar Seiya… sonó "clic".


Notas:

Lo que en la antigüedad fue el reino de Tracia ahora es una parte de Grecia, una parte de Bulgaria y una parte de Turquía; Meriç y Evros son dos nombres del mismo río, que marca el límite entre la parte de Tracia que pertenece a Grecia y la que pertenece a Turquía.

Akela es uno de los personajes de "El libro de las Tierras Vírgenes", de Rudyard Kipling. Es el lobo líder de la manada de Seonee. En este universo, los Berserkers no usan armaduras sino pieles de animales legendarios. El Berserker de Akela aquí (y en el universo de los Inadaptados) es el más racional de los servidores de Ares, y líder de sus tropas.