SI QUIEREN LEERLA EN INGLÉS BUSQUENLA POR EL MISMO SEUDÓNIMO Y POR EL NOMBRE "THE SECRET".

En caso de que se lo pregunten, Christian si está en el libro, solo que no se lo esperarán.

Tenía que aceptar las decisiones que había tomado y una vez en el ascensor cambié de idea. Presione PB y salí del hotel rumbo a Central Park. Necesitaba caminar y despejar mi mente. No quería estar en la suite cuando el subiera a la rubia exuberante y se encerraran en su habitación. Tenía que olvidarlo, pero no era muy fácil.

No conocía a nadie aquí en New York, y mis nuevas amistades estarían ocupados toda la tarde y parte del sábado. Mi teléfono sonó. Al mirarlo vi que tenía un mensaje de Ryan.

¿Donde éstas? No te encontré en la habitación, estoy preocupado por tu seguridad.

Ahora estaba preocupado por mí, si ni me había dirigido la mirada durante toda la charla. Ignoré su mensaje y continúe caminando mientras el sol terminaba de ponerse y a cada paso que daba se oscurecía más y las lámparas se iban encendiendo. Me senté en un banco. Una leve nieve comenzó a caer mientras las lágrimas caían por mis mejillas. No entiendo porque lloro. Yo misma había tomado esta decisión. En ese momento me llegó otro mensaje.

Al menos dime que estás en el hotel, no te encuentro por ninguna parte y me estoy volviendo loco.

Me sequé las lágrimas con el dorso de la mano y le escribí furiosa.

Salí a dar una vuelta por Central Park, no me apetecía quedarme en la habitación y escuchar como tenías sexo en el otro extremo. No te preocupes por mí, estoy bien, no necesito tu cuidado y protección.

Estaba comenzando a enfriar cada vez más, pero no me importaba, la verdad nada importaba. Mi teléfono sonaba insistentemente pero no lo atendí. Sabía que era Ryan y si le contestaba eso solo haría las cosas peor. Pasadas las 8:00 pm decidí regresar al hotel. La verdad hacía ya mucho frio y comenzaba a tiritar. Además que estaba muerta de hambre.

Me levanté del banco y comencé mi retorno. Pero a medida que me acercaba más al hotel más tenía la sensación de ser vigilada. No quise mirar hacia los lados, pero lo presentía. Cuando estaba llegando al hotel alguien me toco el hombro. Asustada y con el corazón en la boca me giré bruscamente dando un salto. Casi me da un infarto cuando me enfrente con la persona que me seguía.

—Serás imbécil, me has asustado—le dije golpeándolo en el pecho fuertemente.

—Tú me has asustado más. ¿Tienes idea de lo preocupado que me tenías?

Podía ver la preocupación marcada en su rostro mientras nos encontrábamos parados a unos metros del hotel.

La nieve caía sobre nosotros pero ninguno de los dos se movió.

— ¿Porque no contestabas mis llamadas Anastasia?

—No tengo porque rendirte cuentas, no necesito tu protección y mucho menos tu cuidado. — dije dándole la espalda y entrando al hotel.

—Sabes que sí necesitas protección Anastasia. ¿Acaso no temes por tu vida? —tiró de mi mano haciendo que me girará unos metros antes de llegar al ascensor.

—En estos momentos me importa una mierda, soy mayor de edad y sé tomar mis decisiones, no soy una niña pequeña que necesita que la protejan. —dije soltándome del agarre de su mano.

—Pues te estás comportando como una. —dijo mientras pasaba las manos por su cabello.

Estaba frustrado, lo sabía. Siempre hacía ese gesto cuando algo le molestaba. Al mirar a nuestro alrededor pude ver a varias personas mirándonos. Al parecer estábamos dando todo un espectáculo.

Parecíamos una pareja de enamorados discutiendo. Con la diferencia que la única enamorada era yo. Giré mis talones y me dirigí hacia el ascensor. Ryan no dijo nada y me siguió mientras las puertas se abrían y ambos entrábamos.

Pero en cuanto las puertas se cerraron después de él marcar nuestro piso me dirigió una gélida mirada. Y yo le devolví otra. La verdad era que me resultaba insoportable en estos momentos. Las puertas se abrieron y caminé por el pasillo hasta la suite, abrí la puerta y fui directo a mi habitación cerrando la puerta.

No quería que nada ni nadie me molestara. Se me había quitado el apetito pero necesitaba una ducha, o mejor un relajante descanso en la bañera. Me quité la ropa y fui hacia el baño. Llené la tina, me quité los espejuelos y me sumergí en el agua llenándola con sales aromáticas. Reposé la cabeza en un extremo y cerré mis ojos…

Alguien me llamaba a lo lejos pero no tenía ganas de contestar.

—Anastasia, por favor abre la puerta.

La voz de Ryan se escuchaba suplicante del otro lado. No iba a engañarme, no pensaba abrir.

—No has cenado nada y son casi las 10:00 pm, estoy preocupado. Llevas más de dos horas ahí adentro y no sé si estás bien.

No iba a contestar.

—Anastasia… —dijo golpeando ahora más fuerte la puerta. —Anastasia si no abres la maldita puerta en los próximos diez segundos, la voy a tirar abajo, y me va a importar una mierda si nos expulsan del hotel.

Su tono era feroz y demandante. Lo escuché comenzar a contar.

—Uno, dos, tres...

El no podía estar hablando en serio.

O si.

A medida que contaba golpeaba más fuerte la puerta.

—...cuatro, cinco...

Pero y si echaba la puerta a abajo. Mierda lo mejor sería no averiguarlo. Salí a toda velocidad de la bañera me puse los espejuelos y cogí una toalla enrollándola en mi cuerpo.

—...seis, siete...

Me apresuré y resbalé justo en la puerta del baño y me agarre de la viga de acero. Acabo de descubrir para que está puesta aquí.

—…ocho, nueve...

Abrí la puerta con el corazón acelerado y no precisamente por su presencia. Ryan se quedó con la mano en el aire y sus ojos de repente me miraron fijamente.

— ¿Que acaso no puedo bañarme con tranquilidad? —le grité de repente cruzándome de brazos.

No sabía porque se lo había dicho pero la verdad era que toda esta situación de que necesitaba un guardaespaldas me estaba empezando a cabrear. Ryan me miraba asombrado por lo que acababa de decirle.

—Estaba preocupado Ana, muy preocupado, pensaba que te habías desmayado o algo, pues no has comido nada. Y cuando no abrías me preocupe aún más, discúlpame.

Sonaba sincero, y se le veía preocupado en verdad. Descrucé mis brazos y le tome una mano entre las mías.

—Discúlpame a mí por preocuparte. —le dije mientras el bajaba la vista hasta nuestras manos juntas.

Su mirada recorrió mi cuerpo completo desde los pies hasta la cabeza y vi como su rostro pasó rápidamente de asombro y preocupación ha divertido mientras sus ojos se quedaban fijos en los míos y me regalaba su amplia sonrisa que mostraba sus hoyuelos, esa que me volvía loca.

Estaba consciente de que estaba mojada completamente goteando agua sobre el suelo y con solo una toalla envolviéndome. Pero no entendía porque la cara de idiota de él y la estúpida sonrisa en el rostro.

Tal vez si lo abofeteaba...

— ¿Me puedes decir que es tan gracioso? —dije muy seria soltando su mano. La verdad que sus cambios tan rápidos de humor me enfurecían.

—Estaba molesto contigo, por irte sin protección, pero al ver que estas bien me he relajado un poco. — dijo dando un paso más cerca de mí.

No me moví de mi lugar, no podía, siempre tenía ese efecto en mí cuando me miraba fijamente. Sus labios llegaron hasta mi oreja. Lo sentí sonreír antes de hablar.

—Y tengo esta cara de idiota porque te apuraste tanto para abrir que no te acomodaste bien la toalla. — dijo pegado a mi oreja haciendo que me estremeciera completamente. —Creo que estamos a mano, vístete y ven a cenar. —dijo dando media vuelta y marchándose hacia el comedor por el pasillo opuesto al de mi habitación.

Su cercanía siempre me perturbaba. ¿Qué fue lo que dijo? Pero si tengo la toalla bien puesta. Pero cuando bajé mi mirada pude ver a qué se refería. Al parecer me había apresurado tanto en salir del baño que la toalla en lugar de amarrarla por encima de mis senos, la amarré por debajo o quizás se bajó cuando me crucé de brazos. Fuera el motivo por el que fuera, ahora me moría de vergüenza. Había estado parada frente a él prácticamente desnuda.

Cerré la puerta nuevamente y busqué una ropa para vestirme. No vi el motivo para ponerme un vestido si al final iba a dormir después. Así que me puse la ropa de dormir y me dirigí hacia el comedor. Ryan estaba sentado en una silla con una copa de vino en la mano. Sobre la mesa había varios platos con la cena. Estaba hambrienta.

—Gracias por la cena. —le dije mientras me sentaba a cenar y el hacía lo mismo sirviéndome una copa de vino.

—Lindo conjunto.

Me daba lo mismo lo que pensara de mi ropa de dormir. La verdad era que no estaba para su sarcasmo en este momento. Así que lo ignoré mientras el sonreía y yo comenzaba a comer. Entonces recordé a la rubia exuberante de la charla y me pregunté qué habría ocurrido con ella.

— ¿Qué le sucedió a la rubia?

El se me quedó mirando extrañado sin entender a que me refería.

—La que no parabas de sonreírle y que te vi seduciendo después de la charla. —dije mientras él me miraba entrecerrando los ojos.

No podía creer que yo le haya dicho todo eso. Creo que el vino es el que estaba hablando por mí.

—Le pedí que se marchara. —me dijo mientras yo hacia una pausa con el tenedor a medio camino de mi boca.

— ¿Pensaba que te acostarías con ella? —cállate Ana, cállate ya.

—Gracias a ti, eso fue imposible. —dijo mientras se comía unas papas fritas sin apartar la mirada de mí.

— ¿Y yo ahora que hice? —acaso me estaba culpando, bien podía haber seguido con la rubia.

—Te fuiste a pasear por Central Park sin guardaespaldas.

— ¿Y que querías que hiciera que me uniera a ustedes para hacer un trío? —dije mientras cubría mi boca rápidamente.

Podía sentir como mis mejillas se teñían de rojo y un calor comenzaba a subir por mi cuerpo. Ryan me miró alzando las cejas y sonriendo ladinamente por lo que yo acababa de decir. Sabía lo que pasaba por su mente en ese momento. Se estaba imaginando la escena. Y yo no quería ni hacerlo.

— ¿Quieres hacer un trío?

— ¡No! —contesté rápidamente.

En ese momento no sabía dónde meterme. Ryan me miraba intrigado. Le di un largo sorbo de vino a mi copa. Y decidí cambiar el rumbo que comenzaban a tomar mis pensamientos, no era muy saludable que digamos pensar en hacer un trío con Ryan Chasting.

Que digo, no era saludable pensar o hacer nada desnuda que involucrara a Ryan Chasting. Tenía que apartar y borrar de mi mente las imágenes de él desnudo y mojado bajo la ducha. Apreté mis piernas, controlé los latidos de mi corazón y me recordé que mi consolador estaba en Chicago en mi apartamento.

Así que decidí pensar en otra cosa como en los nuevos amigos que había hecho.

Aún no les había dicho nada a los chicos sobre si iría al club nocturno y la verdad que con la cara de preocupación que le había visto a Ryan cuando había llegado no me gustaría hacérselo nuevamente. Entonces se me ocurrió algo.

— ¿Tienes planes para mañana en la noche con la rubia?

Porque tenía que mencionar a la rubia.

— ¿Algún problema si los tuviera?

—No, la verdad no, puedes follar con quien te dé la gana. —le dije mientras él me miraba ahora muy serio. Acaso se estaría preguntando porque le hablaba de esta forma. —Pensaba salir mañana en la noche con unos amigos a un club. ¿Crees que puedas unírtenos?

— ¿Me estas invitando a ir a un club?

—En teoría no, pero como eres mi guardaespaldas y no puedo salir sin ti…te puedes traer a la rubia si quieres.

El se me quedó mirando por un momento, como preguntándose si estaría borracha. No lo estaba, y la verdad no me hacía ninguna gracia verlo a él con otra mujer. Pero si tenía que llevarla a ella para poder salir yo, pues qué remedio.

—Se lo comentaré. —me dijo antes de continuar comiendo.

Ninguno de los dos habló más. Terminamos la cena en un incomodo silencio. No me atreví a mirarlo más a los ojos. Esa era mi debilidad. Y sabía que si lo hacia una vez más, me iba a arrepentir.

Terminé de cenar y después de darle las buenas noches me dirigí hacia mi habitación. Busqué el teléfono. Tenía varias llamadas perdidas de Kate. Y un e-mail.

De: Kate Kavanagh

Para: Anastasia Stelle

Fecha: Viernes, 6/11/2015 9:20 PM

Asunto: Malas Influencias.

Veo que New York no te asienta, ya no escuchas ni el teléfono. ¿Te has olvidado de mí? Espero que no decidas mudarte hacia allá. O acaso ya conocisteis a alguien que te hizo olvidar...

Kate.

Ella siempre con su particular sentido el humor. Busqué su número y la llamé. Al segundo timbre me contestó.

—Pensaba que te habías olvidado de mí.

—Eso sería imposible, es solo que he estado ocupada.

—Y bien como te la estas pasando en New York.

—Bien, hice unas amistades y saldremos mañana en la noche a un club.

—Te dije que eso era lo que necesitabas para olvidarte del Sr. Chasting.

—Eso es un poco complicado Kate. No creo que lo pueda olvidar este fin de semana. —dije mientras la visión de su cuerpo desnudo saliendo de la ducha regresaba a mi mente.

— ¿Porque no?

—Porque compartimos la misma habitación.

— ¡Que!—su grito del otro lado de la línea me hizo apartar el teléfono de la oreja.

—Es una larga historia Kate y estoy muy cansada.

—De acuerdo pero mañana cuando regreses del club, me cuentas con detalle todo.

—Cuando regrese te llamo y te cuento todo. —dije resignada, mejor no discutir con ella.

—Lo digo en serio, así llegues a la 3:00 am quiero que me llames.

—Está bien te llamaré, hasta mañana Kate.

—Adiós, estaré esperando ansiosa la llamada. —y me colgó.

Tenía que recordar llamarla mañana. Aunque sabía que si no lo hacia ella me llamaría a mí. La curiosidad podía con ella.

¿Desde cuándo mi vida se había vuelto tan excitante para ella?

Les envié un mensaje a los chicos confirmando mi asistencia al club y les dije que llevaría a otros amigos. No les quise especificar que era mi jefe y su nueva conquista.

Me quité los espejuelos y me acomodé en la cama. Unos minutos más tarde mis ojos se cerraron lentamente y me vi envuelta en un sueño muy extraño y perturbador.