Shirayuki mira fijamente a Izana, su proposición "Comparte esta noche conmigo" retumba en su cabeza. Una parte de ella, se había lamentado por llevar su relación con Zen, como si tuvieran todo el tiempo del mundo. Si hubiese sabido que él moriría tan pronto, probablemente hubiese sido más intrépida. No se hubiese guardado tantos sentimientos. Ella sabe que con Izana tiene la oportunidad de hacer las cosas de manera diferente. Él lleva las cosas a un ritmo diferente. De acuerdo a sus planes contraerán nupcias tan solo tres meses, después de que le entregó su anillo de compromiso.

Él nota su incomodidad y suspira. Con un semblante juguetón, le da un golpecito en la frente y le dice: "¿Acaso no me regañarás diciéndome que voy muy aprisa?". Ella guarda silencioso. Es cierto que va muy aprisa. Apenas acaban de comprometerse y asimilar que se van a casar en tres meses. Sin embargo, sabe que Izana siempre ha sido un desconsiderado. Siempre quiere avanzar a su tiempo, especialmente cuando está ansioso por algo; y no es de menos por lo que ella le dijo hace un momento: "Solo no mueras antes de hacerme tuya antes de morir". Ella guarda silencio. Él le da un beso en la mejilla y se marcha a su habitación.

Ella se queda inmóvil por un momento. No tuvo ni tiempo de despedirse, ya que se irá a Lyrias mañana por la mañana. Dado que no quiere irse sin despedirse, no tiene más remedio que irlo a buscar a su habitación. Él se tarda bastante en responder. La situación comienza a ponerse incomoda. Ella recuerda los acercamientos que han tenido Izana y ella, en los últimos días. No puede evitar sonrojarse. Él es un tipo bastante atractivo y asertivo. No le molesta en lo absoluto su actitud. Aunque, no puede dejar de sentirse inquieta. Él le abre la puerta, con su bata de descanso a medio abrochar. Ella se sonroja al ver su abdomen desnudo.

- "Mañana me iré temprano. Solo quería despedirme", ella le dice nerviosa. Él solo se ríe con satisfacción, por la manera en cómo ella está consiente de él, como hombre. En esos días han avanzado todo lo que no pudieron durante los últimos meses. Las relaciones a distancia son un fastidio. Él se aproxima a ella y le da un beso en la frente.

- "Cuídate. Te estaré esperando", él la mira fijamente, como si esperara una reacción de su parte. Ella lo observa inquieta. Sabe que debe irse, pero una parte de ella no quiere alejarse. Quiere pasar más tiempo a su lado. No entiende lo que le pasa. Si pasan más tiempo juntos, seguramente sucederá algo para lo que no está lista. - "¿Estás pensando en mi propuesta de pasar la noche conmigo?", él la provoca maliciosamente, mientras le acaricia el cuello.

- "Sí", ella le responde con honestidad, mirando hacia otro lado. Él se sorprende. Ella rara vez evade su mirada.

- "Es bueno que pienses en mi como un hombre", le dice de manera galante, sujetándola de la cintura.

- "Es normal. Eres mi prometido", ella le contesta avergonzada. Él solo ríe con satisfacción.

- "Tienes razón. Es normal que desee a mi prometida", le dice con voz baja, mientras se aproxima a ella y la besa. Con sutileza, la lleva dentro de su cuarto, cierra la puerta y la besa de manera cada vez más intensa, mientras sus dedos acarician su figura, deslizándose sobre la tela satinada de su vestido. Esa noche, Shirayuki se ve extraordinariamente hermosa. Ella lo mira perdidamente. No puedo dejar de ver sus profundos ojos azules. Tienen un brillo que rara vez había visto. Él avanza complacido. Lo emociona tenerla tan dispuesta a su voluntad, después de que ella lo ignoró por tanto tiempo. No quiero esperar más tiempo para hacerla completamente suya. La paciencia no es una de sus mayores virtudes. – "Si no te vas ahora, serás presa de mis instintos", él le expresa exaltado, mientras le besa continuamente el cuello. Él puede sentir cómo Shirayuki se va exaltando cada vez más. Su respiración está cada vez más agitada. Ella solo puede pensar en lo mucho que quiere estrechar sus lazos con Izana. Pase lo que pase, nunca se arrepentirá de tenerlo entre sus brazos. No permitirá que le suceda lo mismo que le pasó con Zen. Él sabe que, en buena medida, ella está ahí, tan dispuesta, por la herida que él abrió hace un momento. Sin embargo, no quiere dejar ir esta oportunidad, para llegar más lejos de lo que Zen llegó en su corazón. Así, seguirá olvidando el dolor de su partida.

Habilidosamente, le quita su vestido y se la lleva a la cama. Admira su desnudez y tras acariciarla en varias partes, finalmente funden sus cuerpos. Al ser su primera vez, ella no puede evitar contraerse del dolor. Él lo nota y solo le pide que resista un poco, mientras la sujeta con fuerza. Ambos están temblando de la excitación. Ella se aferra a Izana y siente con nerviosismo, su pulso. Está bastante agitado. Ella jadea. No es de menos. Izana se mueve de manera cada vez más intensa. Él quiere que ella grave esas sensaciones en su cuerpo. La acaricia con sutiliza, agitándola aún más. Al cabo de un rato, él eyacula y mira la expresión de Shirayuki. Es tan sensual que solo quiere tenerla entre sus brazos y no dejarla ir, nunca. Se acuesta sobre la cama y jala a Shirayuki para que descanse junto él, mirándose de frente. Ella no puede creer lo que ha pasado y como es costumbre, ella se esconde en su pecho. Él ríe, la abraza y le dice: "Quédate ahí". Luego, ambos se duermen del cansancio.

Los rayos del sol iluminan la habitación de Izana. Shirayuki duerme cómodamente entre los brazos de Izana. Ella se despierta lentamente y al ver a Izana a su lado, se queda estupefacta por lo que ha hecho. Jamás pensó que perdería su virginidad durante ese viaje a la capital. En realidad, han pasado tantas cosas. Al recordar lo mucho que lo ama, ella lo mira con dulzura, hasta que él la sujeta con fuerza.

- "No te levantes aún. Quédate un poco más de tiempo a mi lado", él le dice sin abrir los ojos. Ella mira su alrededor y al notar el brillo de los rayos solares, se asusta.

- "Ya es tarde. Debo irme a Lyrias", ella le responde preocupada, mientras intenta escapar de los brazos de su prometido.

- "Mi asistente ya avisó que estás indispuesta y te irás por la tarde", él le responde con los ojos abiertos. Ella se sonroja, al saber que el personal de Izana sabe lo que ha pasado entre ellos. Él se ríe.

- "Es normal que sucedan entre cosas entre prometidos, especialmente el día que anuncian su boda", él le responde de manera sonriente.

- "Estas mintiendo, ¿cierto?", ella le responde con seriedad.

- "Tal vez si, tal vez no", él le contesta con un tono juguetón.

- "¿Dormiste con Haki el día de su compromiso?", ella le pregunta con curiosidad.

- "Sí", él le responde sin tapujos. Ya sabía que era un hombre experimentado. Sin embargo, no sabía que podía molestarse por algo así. Él nota su incomodidad.

- "¿Estás celosa?", él le pregunta, divertido.

- "No", ella mira hacia otro lado. Él se ríe. Él sabe que sí. Se aproxima a ella y la tumba sobre la cama.

- "Mentirosa", le susurra al oído con un tono bastante sensual.

- "No miento", ella lo mira un poco molesta.

- "No te enojes en nuestra primera mañana juntos", él le dice con delicadeza, mientras besa diferentes partes de su cuerpo con sensualidad.

- "Deberíamos levantarnos… Debo hablar con Yú y pedirle disculpas por atrasar el viaje", le dice un poco exaltada, como efecto de sus caricias. Él la mira molesto.

- "Es de mal gusto mencionar el nombre de tu pretendiente en una situación como esta", le expresa con autoridad, mientras busca hacerse espacio entre sus piernas para volver a tomar posesión de su cuerpo. Ella se ruboriza al sentir su erección tan cerca.

- "Izana", ella pronuncia su nombre exaltada.

- "Así es. Solo debes decir mi nombre", él la besa apasionadamente. - "No es difícil cumplir este deseo de tu prometido", le dice con un tono galante, mientras la acaricia ágilmente para excitarla.

- "¿Siempre eres así de convincente?", ella le responde nerviosa, con una mirada desafiante.

- "Solo cuando se trata de ti", le expresa al oído, mientras introduce su cuerpo de nuevo en el de ella. Seguidamente, ella lo sujeta con fuerza. Aun no se ha acostumbrado. Sin embargo, esta vez, disfruta más del acto. Izana lo nota, complacido. Nunca pensó que sería tan gratificante tenerla tan cerca entre sus brazos y sentir de esa manera sus latidos, su respiración, su temperatura, sus nervios. Al concluir, él la besa en la frente y se levanta. Se pone su bata y va a la mesa a comer algo.

- "¿Comerás conmigo antes de irte?", él le pregunta con una mirada amable. Ella le responde afirmativamente. Se muere de hambre. Él se sienta sobre su silla y admira la manera en cómo ella se levanta de la cama. Ella se muere de la vergüenza por ser observada. No quiere que la vea desnuda. Hace las mil y unas para zafar la sabana y envolverse con ella. Él se ríe.

- "No puedo creer que seas así de tímida, después de todo lo que hemos hecho", le expresa con satisfacción. La escena le divierte mucho. Ella recoge sus cosas y se va al vestidor de Izana. Mientras, se viste, Izana llega a visitarla y la ayuda a acomodarse la ropa.

- "No quiero que te vayas. Quisiera tenerte aquí siempre", le dice mientras la abraza por la espalda. Ella acaricia sus manos. Le encanta tenerlo así de cerca.

- "Regresaré pronto. Solo debo hacer los arreglos para estar en la capital seis meses y luego irme a Yuen", le responde con cierto entusiasmo.

- "Aún odio la idea de que te vayas a Yuen. Desearía que estuvieras encinta y por motivos médicos no puedas viajar", él le contesta con un tono bromista, acariciando su vientre.

- "¿Qué acabas de decir?", ella se asusta, va a la mesa y se sienta sobre una de las sillas, con un semblante gélido. Él se asusta. – "¿Qué haré si estoy embarazada? Aun no estoy lista para ser madre", ella continúa asustada. Él no sabe que decirle. Aunque ella estudia medicina, en esa época, aún no se ha descubierto un método para saber cuándo una mujer puede quedar encinta o no.

- "Solo estaba bromeando", él le dice a modo de consuelo. Aunque a su edad, no le caería mal tener un descendiente.

- "¿Cómo pude ser tan irresponsable?", ella dice con preocupación. - "Es tu culpa. ¿Por qué tienes que ser tan encantador y atractivo?... Si tan suelo no hubiera caído en tus tretas", ella continua al cabo de un rato. Él solo se ríe. Es la primera vez que la escucha decir algo tan inmaduro. Al darse cuenta de lo que ha dicho, ella también se pone a reír.

- "Mejor come algo", él le sirve un poco de fruta en un tazón. Ella no deja de estar preocupada. Él no deja de reír.

- "No te rías. Tener un hijo es algo serio", ella le responde un poco indignada.

- "Ya lo sé. No es algo para lo que no estuviera listo cuando te traje a mi alcoba", él le dice con serenidad. – "Tú también deberías haberlo tenido presente", él le expresa, mirándola un poco enojado.

- "No me desagrada la idea de tener un hijo. Sin embargo, el compromiso, la boda, una noche juntos y ahora un bebé, ¿no crees que es demasiado?", ella le responde con franqueza.

- "Lo sé. Sé que te estas esforzando por caminar a mi ritmo. Sin embargo, no puedo negar que la llegada de un hijo eliminaría cualquier duda sobre nuestro matrimonio", él le expresa con tranquilidad. Ella lo mira desconcertada.

- "Izana. ¿Me invitaste a dormir la noche contigo para que quedara embarazada?", ella le pregunta, desconfianza de su mente calculadora. Ella sabe que él no da un paso en falso. Él no es de las personas que ceden a sus instintos con tanta facilidad.

- "No. Lo hice para que termines de superar tu trauma de una vez por todas. No me agrada que aún cuando eres mi prometida, aún pienses en Zen", él le expresa con franqueza. Ella lo mira fijamente.

- "Sabía que te habías quedado ansioso", ella le afirma con preocupación

- "¿Dormiste conmigo para tranquilizarme?", él le pregunta con cierto resentimiento.

- "No. Lo hice porque quería estar contigo", ella le expresa alterada.

- "¿Te arrepientes?", él le preguntó con seriedad.

- "No", ella le respondió sin titubear.

- "¿Aún cuando puedas haber quedado encinta?", él la mira frente a frente. Ella suspira.

- "Aun cuando mis planes de tener un hijo podrían haberse adelantado mucho más de lo esperado", ella le responde con resignación. Él toma su mano.

- "Todo estará bien. Me encargaré de que todo esté bien", él le dice con calma, en su modo de Rey. Ella nota su falsedad y le da un golpecito en la frente, como muchos de los que él le da a ella.

- "No hables como Rey, en un momento como esté", ella le reprocha con franqueza.

- "¿Qué esperas que te diga? ¿Qué esperaré con ansias el saber si estas embarazada o no para saber si debemos hacer la boda justo cuando comience el verano? ¿Qué me pondré feliz si estás embarazada? ¿Qué si no estás encinta, buscaré la siguiente oportunidad para que sí lo estés?", él le responde con ironía. Ella se ría. Esas, si son respuestas al estilo Izana.

- "¿Te pondrás triste si no estoy embarazada?", ella le contesta con curiosidad.

- "No. Si no sucedió es porque aún no era tiempo", él le responde tranquilo. Ella se admira.

- "Serás un esposo muy sabio", ella responde con un aire encantador.

- "Y tu una esposa exasperante", él contesta de inmediato. Ella lo mira con desconfianza y al cabo de un rato, ríe.

- "Pensándolo bien, es poco probable que esté encinta", ella continúa con serenidad.

- "Si tu lo dices", él le expresó incrédulo, mientras bebía su taza de café.