Notas del autor: Por motivos de mostrar una linealidad más clara reusé la última parte del capítulo 21 para que fuera la primera parte de este capítulo. El resto es nuevo. Así que no se extrañen si al principio piensan algo como "esto me suena familiar"

Capítulo 29

Volvía a mi mansión luego del examen de ultrasonido del huevo de Lady. La imagen de esa pequeña Zorua… de solo verla en la pantalla me volvía loco. Me llenaba de felicidad saber que se llenaba de vida. No veía la hora de que naciera.
Pasé la reja de mi casa y los guardias me abrieron. Desde lo ocurrido años atrás reforcé mi seguridad con un sistema avanzado, curiosamente de marca Devon.

Pregunté a una de las empleadas de limpieza donde se encontraba mi madre. Me dijo que en la cocina. Fui y la encontré en frente del lavabo mirando por la ventana.

–¿Mama? – ella salió de su ensimismamiento y me miró.

–Oh Arnold… Buenas, ¿cómo estuvo el trabajo?

Mantuve mi sonrisa.

–Hoy tuve la mañana libre. Mira – le mostré una impresión de la imagen de ultra sonido.

Ella la tomó con extrañeza. Acomodó sus gafas para poder verla bien.

–Oh vaya – dijo.

–Pronto la conocerás. Pronto…

Era difícil explicarle la situación cada vez que la olvidaba. Me decía que debía conseguir una pareja de manera apropiada, pero cada vez pensaba que tenía menos tiempo.


Me enteré de que Lady y Electi habían tenido una discusión. Presentía que era mi culpa. Era de esperarse. No es que hubiera querido romper su matrimonio, pero mi parte carnal se alegraba con la idea de que tendría vía libre con Lady. Aun así fui a hablar con ella sin intenciones ocultas a la residencia de los Devon. Me permitió entrar y ella me contó con confianza lo que había ocurrido. Después de todo lo vivido ella lo seguía amando y yo la seguía amando a ella.


Unos días después me enteré de su reconciliación. Al igual que el momento de su pelea tuve sentimientos encontrados. Iba saliendo para el trabajo y fue cuando escuché un grito. Salí corriendo hacia donde la había escuchado. La encontré deambulando por uno de los pasillos.

–¡¿Mamá?! – Pregunté. Ella retrocedió al verme.

–¿Quién eres? ¿Dónde estoy? –Preguntó, asustada. Eso me espanto a mí

–Mama soy yo. Soy tu hijo, Arnold – Le dije. Ella aun asustada negó y retrocedió más.

–No, Arnold es aun… un Buneary ¡Ya dime donde estoy!

–Mama…

–No...¡No. No. No! – gritaba ella tirándose de las orejas. Yo estaba al borde de la histeria con el corazón destrozado. Me acerqué y la abracé sin importar su intento por zafarse. Luego ella dejó de luchar y se desmayó. La sostuve.

–No quería que esto pasara...aun no... –dije con tristeza y la llevé a su cuarto.

Llamé de inmediato a su médico. Un viejo Alakazam. Vino unos minutos más tarde y la examinó. Yo estuve dando vueltas en círculo esperando a que terminara. La espera se me hizo eterna. Cuando salió se le notaba preocupado. El corazón se me contrajo.

–¿Cómo está mi mama? – pregunté sin estar seguro de querer saber la respuesta.

–Su caso ya está avanzado. El tratamiento con hipnosis no puede seguir retrasando el deterioro de su mente. Arnold creo que ya deberías pensar en llevar a tu madre a un acilo o contratar gente que la cuide constantemente. Puedo darte buenas referencias de ambos.

Escuchaba esas palabras que se grababan en mi mente como tinta que entra en papel, pero con un corazón devastado que deseaba borrarlas cuanto antes.

Contraté enfermeras para que la atendieran. Pasaron los días. Mama tenía fuertes pérdidas de memoria constantemente y sus momentos de lucidez eran cada vez menos y más cortos. Una vez quiso escapar de la casa pero la logré detenerla. Gritaba mi nombre y el de mi odioso padre. Las fotos y videos que les mostraban casi no ayudaban. La medicina parecía solo volverla un cuerpo sin vida. Estaba perdiendo las esperanzas hasta que un día recibí una llamada.

–¡Arnold! ¡Alexa va a salir del cascaron! – era Lady.

Fue algo que no quería dejar pasar. Me arriesgaba a que la situación se complicara para todos si tenía otro de sus ataques de histeria. Pero no tenía en que otra cosa poner mis esperanzas. Subí a mi madre al auto y fui directo a la casa de Lady. Varios autos estaban estacionados en frente. Supuse que eran sus familiares. Bajé del auto junto a mi madre, agradecía que se estaba comportando. Toqué la puerta, el que me abrió fue su hermano, un Zoroark shiny, tenía la ligera sospecha de que no le agradaba. Tras ponerme mala cara me dejo entrar. Llegue a la sala y vi a todos mirando expectantes el huevo sobre la mesa el cual brillaba en medio de un nido hecho de mantas blancas.

–Llegaste justo a tiempo–Dijo esa Talonflame.

El huevo brilló con más intensidad y su cascarón se desintegró. En su lugar quedó una Zorua quien abrió los ojos ligeramente. Dio un bostezo y miró a todos los presentes. A más de uno se le salieron las lágrimas de la emoción. Lady la sujetó entre sus brazos y le dio besos y lamidas en la cabeza. Despegué mi mirada de Alexa para volver a ver a mi madre. Ella observa en silencio y sonriendo para mi alegría y alivio. Con calma se fueron pasando la cría unos a otros sin llegar a asustarla. Me concedieron un turno para hacerlo. Al sostenerla entre mis brazos mi corazón se aceleró. Y más cuando ella me sonrió.

–Oh Arnold… – suspiró mi madre – Es una hermosura.

–Si… lo es… – dije sollozando – Ella es… Alexandra…

–Lo sé – respondió para mi asombro – Alexandra… la nieta que quisiste darme.

La miré con ojos bien abiertos como ella sonreía y le sobaba la cabeza a la pequeña Zorua entre mis brazos. Con cuidado se la pasé. Ella la sostuvo con un halo de aire maternal rodeándola. Desde su expresión hasta su actitud lucía restaurado. Alexa fue el milagro que sobrepasó mis expectativas.