Capitulo XXVIII
Salió del ascensor a paso armónico. No tenía demasiadas ganas de llegar a su oficina por lo cual tomó un pequeño desvío.
Era tarde, muy tarde. Casi mediodía.
Había dormido muy poco. Jamás en su vida le había ocurrido algo así. Y eso que él era resistente, en las fiestas de Universidad tenía su propio record pero aquello lo había superado en gran medida.
Saludó a Nancy, una de las secretarias del piso y se adentró en la oficina de su amigo sin siquiera tocar.
― ¿Te ha pasado un camión por encima?― preguntó James en forma de saludo al ver a Sirius con aspecto medio demacrado, prolijo sí, pero demacrado. ―Sirius…
El recién llegado se tiró sobre el sofá que adornaba aquella lujosa oficina, se inclinó hacia atrás y cerró los ojos.
― ¿Estás bien? ―volvió a insistir James preocupado.
― No lo sé.― respondió finalmente el moreno sentándose correctamente y mirándole.- ¿Alguna vez te ha pasado de hacer algo que no querías y… cuando lo hiciste tienes sabor a mucha culpa pero al mismo tiempo no te arrepientes en lo más mínimo?
El de anteojos no supo cómo interpretar aquella pregunta tan peculiar. Para su suerte, en ese mismo momento Remus hizo su aparición.
― Por fin has llegado.― reclamó mirando a Sirius.― He intentado comunicarme contigo desde el sábado. ¿Por qué no has contestado el teléfono?
― No lo tenía a mano.― respondió Sirius lentamente, enterró su rostro entre sus manos, quitándose de alguna forma la pereza.― Pero si he de ser sincero, dudo que de haberlo tenido lo haya atendido.
James miró a Remus buscando ayuda. No entendía absolutamente nada y por lo visto, había parte de la historia que se perdió por qué el castaño parecía procesar mejor lo que salía de la boca de su amigo.
― ¿Qué ocurrió después de la fiesta?― Un simple pregunta, pero tan clave al mismo tiempo. El moreno dejó de esconder su rostro y les miró fijamente, alternando entre ambos antes de contestar:
― Demasiadas cosas.―
― Ilústranos.― arriesgó Lupin en un intento para que Sirius soltase lo que estaba torturándolo. Se lo veía muy contrariado.
Se acomodó en el sillón nuevamente, aunque su incomodidad fuera producto de otro factor. Suspiró y volvió a cerrar los ojos.
― Mi familia nos drogó.― soltó sin miramientos. Al fijarse en los rostros sorprendidos de su amigos, continuó.― Pusieron algo en las bebidas. Lo tenían todo fríamente calculado y lamentablemente nos dimos cuenta tarde.
― ¿A qué te refieres?― indagó James sin poder creer lo que estaba escuchando, era sacado de una película de bajo presupuesto.
El moreno se levantó abruptamente y comenzó a caminar de un lado a otro intentado acomodar sus pensamientos. Parecía cómo si la parte difícil aún no hubiese pasado.
― ¡Mi madre me drogó! ¡Mi hermano fue capaz de…!― Remus y James se miraron nuevamente, preocupados.― Sabía que debía atenerme a un coctel fuerte de veneno, pero jamás se me cruzó por la cabeza que sería tan…― sus brazos, que hasta ese momento habían acompañado sus comentarios con eficiencia dándole un toque más dramático, cayeron a los costados de su cuerpo pesadamente.
― Thomas nos contó pero no llegó a profundizar demasiado. Cuando quisimos comunicarnos ya no atendieron el móvil.― cortó el castaño para darle un respiró a su amigo. Lo veía palidecer y por primera vez no estaba muy seguro de cómo ayudarlo.― Llegaron a...
El joven Black soltó un grave suspiro.
― Consumamos el matrimonio. ―el ambiente se tensó.―Por llamarlo de alguna forma.
No hablaron por un buen rato, todos intentando encontrarle lógica (aunque no lo tuviera). James, sin embargó, recostado en su silla, se adelantó mirándole escudriñadoramente.
― Lo disfrutaste, por eso estas tan frustrado.― Remus le observó anonadado, y luego desvío la mirada hasta Sirius que permanecía callado.
― Si les dijese que no, estaría mintiendo.― contestó más que convencido y con una seguridad tan arraigada, que James y Remus no pudieron más que respetar el nuevo silencio que se abría entre ellos.
Pasaron unos momentos más, fuera, la gente seguía la rutina y por suerte nadie había interrumpido aquello. De seguro intuyendo que no debían entrometerse por un buen rato. Después de todo, cuando se juntaban los tres, sus reuniones duraban un tiempo considerable y se les debía respetar. No por nada eran los jefes.
― Sirius.― llamó James.
― No fue ni especial ni algo extremadamente loco.― soltó este repentinamente, mas metido en su recuerdo que en aquel despacho.― Pero, hubo algo distinto. Al principio creí que fue producto de las drogas, ¡Que me lleve el diablo! ¡En mi vida experimente tanto fuego y pasión! ― se desacomodó el cabello.― Pero pasaron las horas, siquiera distinguía si era de día o de noche y ¡no me importaba! ― sonrió tristemente, sintiendo vergüenza de exponerse de una forma tan cursi.― Éramos solamente ambos en una habitación de hotel que ni siquiera recuerdo el nombre.
― ¿Qué pasó con Elis?
― Cuando todo terminó, cuando, por mi parte, no podía respirar el mismo aire de la incomodidad que sentía, regresamos a casa.― hizo una pausa y suspiró.― Recién me la he cruzado hoy en el desayuno, pero no hemos hablado. Es como si nada hubiese pasado.
― Tal vez piense hacer como si nada. ― intentó animarle Remus en un vano esfuerzo. Luego cayó en algo peor que lo anterior; ni él mismo podía creérselo.― Sirius, ¿Tú quieres hacer como si nada?
― No.―
O-o-o-o-o-o-o-O
La puerta del automóvil crujió, quejándose por el maltrato recibido. No le importó. Siquiera miró hacia tras. Caminó lo más rápido que pudo mientras sus pasos resonaban en aquella calle llena de gente a esa hora de la tarde.
Pasó por las grandes puertas de aquel imponente edificio y saludó sin ganas al guardia que tan conocido le resultaba.
El elevador tardó una eternidad, por lo menos para ella. Cuanto más pasaban los pisos, mas le hervía la sangre al imaginarse a ese individuo. En cuanto las puertas se abrieron sintió un leve sube y baja en su estomago, producto de los nervios.
Sin embargo, tomando fuerzas, dobló a la derecha.
Para su sorpresa, cuando iba llegando a destino, se cruzó cara a cara con Remus y Sirius. El primero parecía un tanto contrariado, mientras que el otro era el vivo reflejo de la incredulidad, con una mezcla de tristeza.
― Lily.― saludó el castaño al verla. ― James está…
― Muerto.― Interrumpió la pelirroja pasando por el lado de ambos sin siquiera detenerse, abrió la puerta del despacho y en cuanto estuvo dentro, la cerró fuertemente.
― Creo que no vendrá a almorzar.― masculló Sirius un tanto preocupado por la integridad física del joven Potter.
Remus suspiró.
― Ahora que habrá hecho.― murmuró negando con la cabeza lentamente. Qué manera de meterse en problemas que tenían sus amigos.
Dentro del despacho, James se encontraba semi apoyado sobre unos papeles en el escritorio.
― Que impacientes.- comentó él cerrando la carpeta que tenia entre las manos y dejando la pluma de lado.
― ¡Eres un completo…desubicado!― gritó Lily sin importarle que alguien la escuchase.
Al oírla levantó la vista al instante. Parecía realmente molesta, más que eso, ¡furiosa!
― ¿Qué cornos te pasa?― espetó ella acercándose peligrosamente del otro lado. Una vez a una leve distancia le tiró por la cabeza tres tarjetas.
Oh, era eso.
― ¿Es un delito enviarte flores?― la pelirroja pateó el piso de la rabia que se le estaba acumulando en el pecho. ¡El muy maldito estaba jugando! Ella intentando que la relación volviera a la normalidad por el bien de Harry y el suyo propio, y ese energúmeno ¡Jugaba!
― ¿Me estas cargando? Dime la verdad ¡¿crees que soy idiota?!― exclamó muy enfadada. Tal vez ella no lo notase, pero los cabellos pelirrojos se le erizaban cuando estaba tan cabreada y digamos que aquella no era la excepción. ― ¡NO TE RÍAS!
James levantó las manos, intentando defenderse.
― Fueron unas flores inofensivas. No es para que te pongas así.― trató de calmarla.
― ¡Fueron TRES docenas de rosas, con leyendas que si las hubiesen leído cualquiera de mis compañeros estaría muerta de vergüenza!- chilló.
― Bueno, docenas, ramos, es lo mismo. Son flores en fin. No es para ponerse así, creí que te gustarían.―
James se asustó los ojos de ella se inyectaron de sangre y se puso tan roja como su cabello del coraje.
― Déjame refrescarte la memoria. La primera, llevaba una tarjeta con la leyenda: "Quiero un hijo tuyo".
El moreno se sintió divertido al verla tan azorada al repetir aquella frase. Sus ojos fueron bajando por la pequeña figura de ella. Ese día traía esa camisa blanca que tanto le gustaba. Se la habían regalado con Harry hacía no más de un año.
― La segunda docena, como si no hubiese sido suficiente con la primera payasada, llega con otra tarjeta que reclamaba: "Disculpa."
Y esa falda negra, era aburridísima, no dejaban ver sus lindas piernas. Recién se podía ver algo de piel a la mitad de la rodilla. Aunque debía admitir que le ajustaba perfecto en los muslos dándole un toque…
― ¡¿ME ESTAS ESCUCHANDO?!- gritó Lily completamente sacada al sentirse completamente ignorada.
― No.― las verdes orbes de Lily le observaron cual taladros. Igual que un cazador sobre su presa, pero esta presa seria muerta por gusto y no por necesidad.― Repito, no creo que sea para que te pongas en este estado.
― ¡¿Cómo te atreves?! ― ella rodeó el escritorio enfrentándolo por su lado derecho. Con la cercanía James pudo percibir el calor que Lily despedía por el enojo. ― ¡Fuiste tan caradura de enviarme una tercera! ¡"Quiero otro hijo tuyo"! ¡Eso decía! ¿Qué soy? ¿Una maldita incubadora? ¿Por eso me tomas?
Tocó su fibra sensible. Aquellas flores no habían sido enviadas para ello.
― En ningún momento te imagine como eso. Simplemente quería regalarte algo bonito.― se defendió.― Y con respecto a las leyendas, bueno, es lo que sentía. Lo que siento.― se corrigió al instante.
― No se justifica.― reclamó nuevamente llena de fastidio.― No puedes decidir de un momento a otro hacerme regalos tan…comprometedores, y luego esconder la mano como un niño que no ha hecho nada ¡No quiero ese tipo de relación contigo! ¿Por qué no quieres darte por enterado?
― ¡Por que estas mintiendo!― Soltó James haciéndole frente. Ella no retrocedió pero se dio cuenta de su incomodidad ante su nueva posición.
Estaba en desventaja y lo sabía.
― Tienes miedo de aceptarlo, ¡pero lo deseas tanto como yo!
― ¡NO!― se dio media vuelta y comenzó a escapar, su cuerpo comenzaba a reaccionar ante la cercanía de él y eso no era bueno. Mejor escapar cuando las piernas aun le respondieran. ― ¡Que sea la última vez que….!
Fue lo último que llegó a articular.
Cuando su mano estaba a punto de tocar la perilla de la puerta, sintió los brazos de James completamente coordinados para impedir su huida. Su brazo izquierdo sostenía su cintura, mientras que el otro tomaba su mano y en un extraño movimiento, la obligó a girarse.
Era como ver una película en cámara lenta, pero aun sabiendo los movimientos no pudo evitar absolutamente nada. Para cuando la acción retomó el tiempo real, su espalda se encontraba pegada a la puerta en un intento de sostén para que no cayera bajo la presión que ejercía el cuerpo de James obre ella.
Otra vez esa sensación.
Escondida en grandes cuotas en un acto tan común pero tan atrevido al mismo tiempo.
Gimió, molesta por varias cosas, pero más por el hecho de que James intentaba abrirse paso entre sus labios.
La mano de él bajo hasta su cintura, acariciando lentamente y distrayéndola. Allí, en medio de su oportunidad profundizó el beso tomando total control sobre la situación.
Los diez segundos que duró su cordura luego de aquello, no sirvieron para mucho, intentó alejarlo, hasta pisarlo. Pero sus piernas ya no eran de material consistente y siquiera respondían a sus mandatos.
Abrió los ojos, tal vez lo encontraría con las orbes marrones complemente clavadas en su rostro, buscando algún indicio que le hiciera sentirse orgulloso de lo que estaba logrando, pero al parecer James estaba demasiado entretenido como para perder el tiempo vanagloriándose.
Sintió alivio y a la vez miedo.
Si estaba tan concentrado, quería decir que iba en serio.
Las manos de él apretaron aun más el agarre en su cintura, atrayéndola para si. Una fuerte corriente la recorrió al sentirlo aun más cerca que antes.
Y se odió a sí misma.
Por no poder hacer nada para impedir eso. Por disfrutarlo y al mismo tiempo por no hacerlo los suficiente permitiéndose pensar cuando podría estar en la nube más lejana del Universo. Si es que allí había nubes.
¿Qué tan malo podría ser no detener a James? ¿Impedirle que la moviera de esa forma hasta el filo del escritorio? Porque eso que sentía en la parte superior de sus muslos era la superficie del mismo. Y el crujido de los papeles les daba a entender que sin darse cuenta, estaba apoyada sobre ellos.
Lo intentaba, se decía a sí misma, se gritaba que lo estaba intentando, pero aquellos gritos en su fuero interno eran callados rápidamente por una descarga eléctrica. James no estaba quieto, ahora una de sus manos acariciaba su cuello, acercándola aun más, tal vez temeroso de que se escapara, mientras que la otra se pasaba impunemente en el límite de su blusa y su falda negra.
Y por alguna razón, él tembló. Tardó unos segundos en darse cuenta que eran una respuesta a una acción propia. ¿En qué momento sus brazos habían ido a parar al cuello de James, atrayéndolo? ¿Era capaz su cuerpo de desconectarse de esa forma de su mente con tal de seguir sintiendo aquello?
James, al verse por fin correspondido, aflojó el agarre en su nuca pero yendo un paso más adelante, en un acto atrevido, metió la mano por debajo de su blusa, acariciando la piel de su espalda.
Sus labios se despegaron abruptamente, sintiéndose hinchados, sensibles ante los latidos de sus corazones. La boca de él recorrió parte de su rostro hasta perderse en su cuello en donde permaneció entretenido hasta que sin pensarlo y sin poder evitarlo, soltó un ronco:
― Dios, cómo amo este perfume.―
Lily le miró a los ojos, los anteojos de él estaban visiblemente torcidos, resbalándose por la punta de su nariz.
― Lo escogió Harry― logró articular sorprendiéndose a si misma.
Ambos respiraban agitados, jadeantes. El calor que emanaban comenzaba a sofocarles nuevamente, pero en un instante, el ambiente se rompió.
El teléfono, tristemente olvidado bajo un montón de papeles abollados resonó nuevamente, quejoso de no ser atendido al primer aviso.
Lily carraspeó y haciendo uso de su autocontrol, que volvía de su fuga masiva, se enderezó y apoyó los pies en el suelo.
No dijo ni una sola palabra, siquiera lo miró a la cara. Con sus manos temblorosas y extrañamente hormigueantes se arregló la ropa rápidamente y para el quinto pitido del teléfono había desaparecido de la oficina.
James tomó el maldito aparato, completamente sofocado por el calor que aun sentía y muy molesto por la interrupción.
― Mejor que sea importante.― reclamó en forma de saludo con la voz aun ronca.
¡Demonios! ¡Con lo bien que estaban yendo las cosas!
― Pues la verdad es que si, Sirius se ha tomado ya toda una botella de whisky y esta empezando una de Ron, en cualquier momento cae en un coma alcohólico y no logro hacerlo entrar en razón― explicó Remus apresurado.
Suspiró y cortó.
Se dirigió al baño interno que tenía. Antes de poder ir a ayudar a su ebrio amigo debía bajar la temperatura. Creía tener hielo en la nevera y una buena refrescada de cara podría ayudar. Rezaba por que así fuera, porque su estado era demasiado obvio.
O-o-o-o-o-o-O
Dos semanas, no más que eso ni mucho menos, había pasado de aquella fiesta. No es que le gustase contar los días, pero la situación lo merecía. En su vida había pasado tantos momentos de enmudecimientos juntos.
No es que en su casa no se callaran nunca. Cuando eran más jóvenes con su hermana Vanessa debían soportar los silencios post peleas de sus padres. Que no duraban mucho, pero que no dejaban de ser desagradables.
Pero aquello era distinto. No eran silencios ajenos. Le pertenecían pura y exclusivamente. Se sentía aliviada pero limitada al mismo tiempo. Tal vez se pudiese arreglar, tal vez solamente ese mutismo servía para alivianar las cosas, pasar el mal trago y humedecer los dedos para pasar de pagina y hacer borrón y cuenta nueva.
No es que tuviese mucho que perder tampoco. Con su esposo no se había llevado bien más que en contadas ocasiones y que ahora siquiera se dirigieran la palabra no era algo que la matase.
Tal vez si el hecho de que se había costado con él.
¿Pero quién no pasó por eso?
Ya, no era común. Y quizá la tranquilidad que Elis pudiese estar experimentando fuera causa de su experiencia previa en ese ámbito.
Sorbió un poco de café y miró por la ventana. Era un día de lluvia, los autos bajaban la velocidad solo un poco por precaución y las gotas que caían en ese momento causaban un molesto frizz.
― Disculpa la demora.― Elis sonrió al no sentirse sola con sus pensamientos.― El papeleo para el traslado es un dolor de cabeza.― el alto pelirrojo se sentó frente a ella y enseguida apareció un camarero para tomar su orden. Una vez hecho se retiró.
― Así que te has decidido. ― Thomas asintió.
―Ya he terminado mí temporada en Estados Unidos, es mejor volver a casa. Además, no puedo dejarlas a la deriva.― la miró significativamente.― No cuando están metidas en tantos problemas.
Elis chitó.
― Yo no estoy metida en ningún problema.― se quejó.
― Vamos, que somos pocos y nos conocemos mucho― se inclinó hacia atrás. ― ¿Y bien, vas a confirmar lo que ya sabemos?
Elis dio otro sorbo a su café.
― ¿Debo de?― espetó.― Creo que es más obvio.
― Si bueno, después de todo, al verte en una pieza creo que no fue tan mala nuestra experiencia.―
Y ahí es cuando todo cobra sentido, por lo menos para mí.
― Se ve que todo tiene una razón de ser.― respondió la castaña recordando aquel suceso.
Cómo ya había señalado, Elis y Thomas en su adolescencia habían jugado a ser arriesgados.
¿Quién no lo hace?
Ir contra las normas una vez.
Saltarse las reglas.
¡Ir más lejos!
El problema reside, seguramente, en que todo tiene una consecuencia.
Y en una tarde, ocho años atrás, ellos habían pagado sus consecuencias.
Para dos adolescentes, mejores amigos, resultó más que embarazoso sobre todo porque algo de química hubo entre ambos en esa época (después que a Thomas se le hubiese pasado su intento de metejón con Lily). La confusión, mezclada con primeras veces.
Un coctel que no se lo deseaban a nadie, y en lo particular, yo tampoco.
Thomas se rascó la cabeza.
― Bueno ¿Cómo lo está llevando tu "marido"?―
― No estoy segura. Hace días que no habló con él.―
Tenía ganas de decir: ocurrió lo mismo que contigo. Siquiera puede verme a la cara.
Pero tal vez era remover viejos recuerdos, que si bien estaban sepultados y perdonados, era mejor no tentar a la suerte.
Thomas y Elis habían salido airosos de aquella experiencia. Por mas bizarra que hubiese sido. Ninguno de los dos esperaba ser la primera experiencia sexual del otro, siquiera se les había cruzado por la cabeza. Pero las drogas perdidas en el baño del tío de ella fueron el detonante de una tarde irracional.
Tardaron en mirarse a la cara, tardaron en poner sus propios sentimientos en orden para poder darse una explicación mutua. Pero en el momento de hacerlo, cuando por fin pudieron verse nuevamente por alguna razón sintieron que no había que explicar nada, que todo estaba igual o mejor. Que su amistad era más fuerte que cualquier necesidad fisiológica llevaba al extremo por sustancias externas.
― Bueno. Es algo un tanto traumático.― admitió Thomas.― No me mal interpretes, pero ustedes no tienen ningún tipo de conexión. Es más, se llevan mal. Terminar teniendo sexo con una persona con la cual no te llevas…
― Ya, comprendo.― cortó Elis aceptando esa realidad sin molestia. Aunque debía admitir que su tranquilidad se debía a varios factores, y entre ellos la razón por la cual estaban reunidos en ese bar a esas horas.
Consultó el reloj. Lily estaba tardando.
― Dijo que tenía que encontrar a alguien que cuidase a Harry.― Comentó el pelirrojo.― Ella también evita a James…aunque por razones diferentes.
― ¿Sigue con lo mismo?- el camarero llegó con la orden de él y se retiró.
― Va en aumento y para cuando nos queramos dar cuenta, seremos tíos de nuevo.―
― No sé porque no acepta que Potter le atrae.―
― Por que no es simplemente atracción. Lo quiere.― Elis no pudo más apoyar la aclaración de Thomas.― Por Buda, ¿Quién les mando a meterse en tantos problemas?
― ¿Perdón?― fue invocada, o eso pensaron ambos al ver a la pelirroja parada a un metro de ellos. ― ¿Estaban hablando mal de mí y no me invitaron? ― bromeó.
― De ti, de mi y ahora falta que Thomas saque algún trapo sucio para sacarle el cuero.― admitió Elis en forma de bienvenida. Su amiga se sentó al lado de ella y dejó su bolso a un lado.
― Lamento la demora. Se me hizo difícil conseguir niñera.
― Pero lo hiciste.― apostó Thomas.
Lily se mordió el labio inferior.
― No exactamente. Bueno, lo deje con Tonks.― Elis se llevó una mano a l frente, con una sonrisa en la cara, su amigo, menos disimulado largo una carcajada.― Si, pienso lo mismo. Pero Tonks es alguien de confianza y se esfuerza mucho. Quiere a Harry y hace semanas que me pedía de tenerlo un tiempo un día. Recordé esto en medio de un caos intentando llamar al servicio de niñeras y bueno. Ella se puso tan contenta.― sonrió.― le gustan los niños.
― De eso no cabe duda.― dijo Elis― En los cumpleaños de Harry se la pasa jugando con ellos.
― Si.― Suspiró tranquila― Creo que lo iba a llevar a comer afuera y esos centros de entretenimiento lleno de juegos. Con todo lo que soltó no recuerdo con exactitud con qué actividad va a entretenerlo.― terminó de acomodarse quitándose la bufanda.― Y bien… ¿a qué se debe la reunión?
― Elis siente culpa por algo y necesita descargare.― resumió Thomas. Elis lo golpeó por debajo de la mesa. No por que quisiera ocultar algo, simplemente era la técnica que más se le daba.― No…me…dolió― mintió.
― Idiota.―
― Ya, chicos, no se maten. No es lugar.― calmó Lily.― Y bien ¿Elis?
― Bueno, Thomas me hizo el favor de esa noche, en la fiesta, tomar una muestra de la bebida.―
― Si.― asintieron.
― Las mandé a analizar.― ambos la observaron.― Y con los resultados en mano y con mi vena palpitante, fui a ver a esa señora.― señaló con desprecio refiriéndose a su suegra.
― Entonces…―
― No estoy arrepentida, pero tengo la entrada prohibida a la casa Black…creo.― cerró los ojos y se dispuso a narrar lo que había acontecido cuatro días antes:
No le incomodaba, pero aquel mutismo por parte de Walburga era exasperante. Ya, había llegado sin anunciarse, pero era tanta la bronca que tenía que no pudo más que tomar el automóvil que su esposo había comprado para ella y dirigirse a toda velocidad a esa maldita mansión.
De la cual, la ultima vez había salido drogada.
Vaya recuerdo.
― Espero que no te incomode tomar el té en el despacho, esta remodelando el salón― espetó una vez que la mucama terminó de servir. Cómo si no tuviesen ocho o menos lugares más lindos para dar ese tipo de reunión. Solo que Walburga no creía necesario moverse demasiado para atender a una invitada tan poco importante.― ¿Has venido a disculparte por irte antes de la fiesta que se les hizo en su honor?
―No, en lo absoluto.― masculló Elis sin quitar su expresión completamente neutral. Walburga sintió un extraño tirón en el hígado. Molesto, preciso; a eso que le llaman darse por enterado que el otro te considera poca cosa. ― No he venido a disculpar el comportamiento de mi esposo, ni mucho menos el mío.
― Entonces ¿A que debemos dichosa visita? ― indagó la mujer con ese aire característico. Sonrió lacónica, si aquella joven mujer pensaba que podía siquiera tener la oportunidad de amedrentarla, muy equivocada estaba.
― A conversar, la gente hablando se entiende.― de la carpeta que llevaba en la mano, sacó un sobre blanco. ― Vera, en la fiesta ni Sirius ni yo no hemos sentido demasiado bienvenidos…
― Querida…―
― De la forma real, señora Black. No me mal interprete. Muy bien dice el dicho "Mas no es mejor"
― ¿Entonces? Me sorprende que diga cosa tan atroz cuando no hemos hecho más que desearles buena suerte. ― Un tono tal dulcemente malversado. Aquella señora no tenía escrúpulos. Elis ya tenía la última prueba que necesitaba para dar el paso.
― No soy una mujer de amplios conocimientos en éste aspecto. Pero he tenido mi vida y debo dar por sentado que en la fiesta, se ha atentado contra nuestra integridad física.
El rostro de Walburga intentó no mostrar sorpresa, no sólo por la acusación, sino porque la misma estaba siendo efectuada. Nunca nadie se había atrevido a decirle algo tan directo a la cara.
― ¿De qué hablas, querida?― emitió segura.
Con un simple movimiento, Elis estiró su brazo y le entregó el sobre blanco.
― Antes que nada, cuando me casé con su hijo tenía perfectamente sabido en que me estaba metiendo, aunque debo admitir que creí que tendrían un toque algo más glamoroso para "atacar".― Walburga, con sus finas manos detalladamente cuidadas y con algún que otro anillo con mucha historia, lo tomó, abriéndola sin emitir sonido.― Por suerte, tengo conexiones y no me he quedado sólo en la duda.
Los ojos de la mujer mayor no pudieron evitar leer rápidamente, entendiendo enseguida por donde iba la cosa.
― Nunca fui dada a los estudios clínicos, siempre me marearon.― admitió Elis como si nada.― Pero definitivamente no necesité ayuda para darme cuenta de los resultados.
― ¿De dónde sacaste esto? ― la voz de Walburga ya no era ni cortés. Se notaba a leguas que si hubiese podido, le encantaría haberle cortado la cabeza a la joven sentada frente suyo.
― La pregunta sería ¿Cómo llegó un derivado del barbitúrico como lo es el pentotal sódico al Champagne? ― corrigió la castaña sin miramientos.― Ya, no estaba puro, sobre todo si tomamos el hecho que el pentotal no puede ingerirse de la manera convencional. Pero como supongo ya habrá leído, sino vuelva a hacerlo, se han encontrado otro tipo de drogas combinadas en tal medida que el pentotal solo causaría cierto efecto entre muchos otros.
― Nosotros no hemos…―
―No se disculpe ni excuse. No le creeré y dudo que a usted eso le interese.― interrumpió Elis. Todo el coraje que estaba mostrando era derivado de aquellas consecuencias. Odiaba el hecho que aquella mujer, seguramente, autora intelectual de su "intoxicación" tuviese siquiera la oportunidad de defenderse, excusarse o hasta responderle de manera brusca. No merecía tener la oportunidad de nada.
― No voy a permitir que me acuse de una manera tal absurda ni mucho menos que venga a mi casa a tratarme como una delincuente.― espetó fuertemente Walburga levantándose. En ese momento ya no valía ni la postura ni las apariencias.
― No es cuestión de que lo permita o no.― Elis también se paró, enfrentándola casi con la misma elegancia fría e imponente.― Porque no tenemos dudas de que ustedes, incluso su hijo menor, han estado detrás de esto. No crea que drogándonos e intentando que soltemos la lengua van a conseguir algo. Sirius YA es mi esposo, soy la señora Black, le pese a quien le pese y escúcheme bien, ni usted ni toda su patética estirpe va a impedirme que continúe siendo su mujer.
Ambas miradas se enfrentaron sin tapujos.
Walburga se sentía humillada, ¿cómo era posible que ese intento de mujer pudiese tener el tupe de hablarle así?
― ¿Me está amenazando?―
― No, mis padres me han enseñado valores.― dijo Elis calma.― Pero he venido a darle por sentado que no permitiré que nos trate como a piezas de ajedrez. No es nadie para opinar con quien esta su hijo y mucho menos para intentar controlar su vida.
― ¿Quién te crees para meterte en asuntos de nuestra familia?- soltó Walburga en tono acido.
Elis sonrió a medias, con esa actitud que siempre había detestado de Sirius pero que estaba segura, le iba como anillo al dedo a esa situación. Se dio media vuelta, y antes de llegar a tomar el pomo de la puerta largó un burlón:
― No me creo nada, después de todo, ya hay bastantes de esos en esta familia.
Lily y Thomas se miraron intensamente al finalizar Elis.
― ¿Nos estás diciendo, que fuiste sola a la mansión Black a ponerle los puntos a tu suegra?― masculló la pelirroja.
Elis terminó su café, justo en el momento que el camarero hacia su aparición con el pedido de Lily. Aprovechó y le pidió una gaseosa.
― Si, y por lo que sé, aun la bruja no le ha dicho nada a Sirius sino éste seguramente me hubiese dicho algo.―
Aunque intentase, no podían imaginarse la reacción del primogénito de los Black al enterarse que su esposa fue a dar la cara con su suegra y encima, poniendo semejante acusación sobre la mesa.
O-o-o-o-o-o-o-o-O
Sonrió ampliamente al entrar a aquel acogedor lugar. Harry arrugó la nariz en un principio al no estar acostumbrado al aroma a viejo que desprendía cada cosa allí, pero enseguida lo dejó pasar y la curiosidad se hizo presente.
― ¡Hija!― la cara de Tonks se iluminó aun más al ver a su padre acercarse por entre el pasillo definido por unas mesas antiguas talladas y pulidas, de una data bastante más amplia que un siglo atrás.― ¡Qué alegría! ¡Uh! ¡Andrómeda!
Harry se le quedó mirando curioso. Aquel hombre no era nada especial, pero si muy alto.
― ¿Pero a quien has traído? ¿Nos hiciste abuelos y no nos has avisado?―
― No, papá. Él es Harry el hijo de Lily, mi amiga del trabajo.―explicó la joven. Harry seguía mirando con los ojos bien atentos.― Me lo ha dejado esta tarde así que aproveche para venir a presentárselos.
― Hoda. ― Saludó finalmente el niño.
― Ah y es abierto a conocer personas― comentó Ted dándole la mano― Mucho gusto, Harry. Mi nombre es Tedd.
― ¿Cómo ed ozito?― preguntó el pequeño curioso.
― Exacto.― afirmó una mujer muy bonita aunque ya entrada en años.― Hija, a ver si avisas que vienes, podríamos haber planeado para cerrar antes.― dijo en forma de saludo.
― No se preocupen, sólo estamos de paso.―
― De todas formas.― como si ya lo conociese Andrómeda tomó a Harry en brazos y este se dejó. La mujer desprendía un aura muy tranquila y agradable. ― Tedd mejor ve al fondo, hay una pareja que probablemente se lleve el marco grande. ― Informó.― En cuanto a ti pequeño. ¿Qué edad tienes?
Tonks sonrió ampliamente. La facilidad para estar con los niños la había heredado de su madre. Andrómeda era muy cariñosa y paciente y en menos de lo que podían imaginarse le estaba dando charla al pequeño y este, gustoso, contestaba todo.
Su padre se fue hacia la parte trasera de la tienda, seguramente para terminar de atender.
Le gustaba aquel lugar.
Esa tienda era heredada de su abuelo paterno y su padre la adoraba. Las antigüedades eran su fuerte y conocía de todo un poco porque se lo habían inculcado desde pequeño. Así como ellos hicieron con ella.
Aun recordaba las tardes después del colegio cuando iba a acompañar a su padre y le enseñaba todos los estilos de diseño de muebles a través de los tiempos. Francia, Inglaterra, Alemania. Formas de expresarse tan distintas pero con una misma finalidad, ya sea por su simpleza o por su complejidad, dejar al usuario y comprador, completamente idiotizado por la belleza de mueble en sí.
Caminó entre todos los artilugios que había por allí, haciéndose lugar. Pero no era buena idea. Tonks jamás tuvo puntería ni equilibrio para nada, por lo cual, en menos de cinco minutos terminó tirada en el suelo con unas cuantas cosas encima. Mas que apenada por su torpeza, la muchacha intentó levantarse rápidamente antes de que los pasos que había oído ir en su dirección después del gran barullo que había causado estuvieran más cerca.
Todo fuera porque lo demás no vieran su torpeza en su máximo esplendor.
― ¡Estoy bien!― Exclamó para parar cualquier tipo de ayuda.
― Me sorprendería si no te conociera― los ojos de ella cruzaron con las orbes castaño miel de él. Quitó unos biombos y la ayudó a levantarse.― ¿Alguna herida que nos tenga que hacer correr al hospital?
Tonks negó ante la ocurrencia de Remus.
― Me alegro― admitió sincero el castaño.
― Por dios hija, que susto.― reclamó Tedd.
― Lo siento. No lo vuelvo hacer.―
― Lo dudo. ― Dijo Tedd sin maldad y suspirando. ― Lamento el inconveniente.
― No se preocupe.― cortó fríamente una mujer que no era otra que Tifany. Remus recordó entonces que no estaba sólo.― Pidamos que nos lo envíen y vayamos. Comienza a dolerme la cabeza.
No era mentira, Tifany Jonson estaba acostumbrada a las amplias dimensiones de las diferentes galerías de arte a las cuales era asidua y en las cuales trabajaba. Por lo cual, aquel negocio prolijo pero lleno de muchísimas cosas le estaba causando un intento de ataque de claustrofobia.
― Tío, tío.― antes de que cualquiera pudiese mediar otra palabras, la voz de Harry resonó atrayendo la atención del susodicho que llegaba en brazos de su nueva conocida.
― Éste chico es una luz.― comentó Andrómeda.― Ni bien los escuchó hablar quiso venir a ver. ¿Eres muy curioso?
― Zi, pedo aca ezta tío Remuz.― todos notaron como el pequeño se esforzó en decir bien en nombre. Aun le costaban un tanto las "r".
― ¿Andas de niñera?― preguntó el castaño atajando a su sobrino que prácticamente hizo una maniobra un tanto peligrosa para acabar en sus brazos desde los de la mujer. ― Hola Harry.
― Zi, ella cuida de mi. Mami ze fue a no ze donde, pedo dijo que me iba a taer dulcez.― explicó rápidamente Harry.
― Logre que me lo dejara un rato.― Agregó Tonks tranquilamente. Miró a sus padres que los observaban en silencio.― Oh, ehm…él…― refiriéndose a Remus― Es uno de los amigos del padre.
― Remus Lupin.― se presentó amablemente.
― Un gusto muchacho. Mira que el mundo es pequeño.― Tedd apretó la mano que le tendía el castaño.― De haberlo sabido antes…― le consultó a su esposa con esas significativas miradas.― les haremos un precio especial.
― Oh, no, por favor, no se preocupen. ―
― Habla por ti.― cortó Tifany lentamente. Observó unos segundos a Tonks y luego al padre de ésta.― ¿De cuánto estaríamos hablando?
Remus le dedicó una mirada contundente.
― No aceptaremos ningún tipo de rebaja. El marco está de por si barato. Es una reliquia. ― sentenció.
Tifany era dura de roer, por lo cual pidió un segundo a solas con él para solucionar la situación. No podía perder aquella oportunidad. El marco en cuestión era hermosísimo y si podía conseguirlo con rebaja por la ventaja de que Remus conociese a los dueños…
― Hija ¿la conoces?― preguntó Andrómeda ante la actitud soberbia de Tifany. La pareja había salido de la tienda.
― No. ― admitió. Harry en sus brazos nuevamente apoyó la cabeza en su hombro.― Oh, dios. ¿Tienes Hambre?
Él asintió.
― Ya, entonces iremos a comer.―
― No le cocinaras tú, quiero creer.―
― No papá. Iremos a comer afuera. Una vez que puedo tenerlo un rato voy a consentirlo.― contestó la joven. Su madre le alcanzó el bolso que traía todas las cosas del pequeño.― Comeremos pastas ¿te gusta?―
― Zi.
― ¿Lo llevaras a lo de Carlo?― quiso saber su madre.
― Eso pensaba. Siguen abriendo hasta tarde ¿no?
― Así es, mándale saludos.― pidió Tedd.
― Serán dados.― sonrió la joven.― En caso de que ellos regresen, salúdenlos de mi parte.
Ambos sonrieron y la vieron salir de la tienda tranquilamente, hablando con Harry de lo que pediría de comer.
― ¿Cuándo pasó?― masculló Tedd rompiendo el silencio.
Andrómeda se giró hacía su marido.
― ¿Cuándo paso qué?― le preguntó al verlo aun perdido en el reciente recuerdo, cuando Tonks cruzaba la puerta.
― ¿Que ella tiene aspecto más de mujer y madre que de hija?- su esposa sonrió y al segundo le pellizcó ― ¡Ay!
― Ya era hora de que te dieras cuenta que Nymphadora no es una niña.―
― ¡Pero es mi bebé!― se quejó Tedd. La mujer tiró de su ropa.
― Mejor ve a preparar el marco por si vuelven los clientes.―
Continuara
¡Hola a todos!
Nuevamente, me he tardado u_u diablos.
Pero como recompensa, es un tanto mas largo de lo que tengo acostumbrado. (Acuini siente los dedos de los pies fríos) Amo el invierno por sobre el verano, pero no voy a negar que el primero tiene sus inconvenientes.
Espero no tardarme tanto con la proxima entrega y que disfruten de este cap como yo disfrute escribirlo.
Un agradecimiento especial a Elena que siempre, siempre se pasa por mi blog n_n y yo como colgada que soy, pasaron varias actualizaciones y no la nombre XD.
Para los que aun andan perdidos con respecto a las biografias, visiten si desean el siguiente link n.n : http : // detrasdelfanfiction . blogspot . com /
¡Beshos a todos!
Grisel
Chocolates que no engordan a: roxcio, RociRadcliffe, macaen, allabouthim, Fran Ktrin Black, Ely-Barchu, Betty Jer, Kittymariposa, *Francis, Jeid, Evasis, Criseida, satorichiva, Joslin Weasley, amy_malfoy, Ceciss, Skuld Dark, .Wonderland, Biank Radcliffe, stefania_potter, Tabata Weasley, Llams, CaRmEn EvAnS, luna_potter, Gata, Luciana, liRose Multicolor.
¡MUCHAS GRACIAS A TODOS POR EL APOYO!
P.D: oigan...XD hay algunos de los que dejaron review que no tienen la opcion de mandar privados activada...lo sé por que estoy conestando mensajes y algunos me manda error O.O.
