Exención de responsabilidad: One Piece, sus personajes, historia, y sus películas, no me pertenecen, son propiedad de Eiichiro Oda y Toei. Escribo esta historia sin ánimo de lucro.
Me vais a tirar tomates y a odiar un poco. Anticipadamente aviso para no quedar luego como traidor ^^
Tengo un problema maravilloso y malo al mismo tiempo, mi imaginación está en su mejor momento, lo que me lleva a crear nuevas escenas con las que no contaba que enriquecen la obra, el mundo de One Piece, pero... que postergan el desenlace del arco de la Isla Zafiro.
La batalla final será en el próximo. En este capítulo... excepcionalmente largo para la idea que yo tenía de tamaño de los capítulos para este arco... pasan bastantes cosas. Os dejo con él. Sigo escribiendo, y es posible que mañana, domingo, publique la pelea entre Rayleigh y Kizaru.
.
SAGA DE MARINE FORD
.
CAPÍTULO 29
ARCO DE LA ISLA ZAFIRO
LA PARTIDA DEL HÉROE
.
La explosión lo envolvió todo, y mandó volando por los aires a piratas y marines por igual. Los edificios se destruyeron en mil pedazos, el suelo del centro de la plaza se desintegró, incluso el aire mismo se recalentó por la explosión, afectando a los que quedaron cerca del epicentro.
Cuando el mundo dejó de temblar y rugir, Luffy consiguió entreabrir los ojos, y pudo comprobar que Nami estaba envuelta entre sus brazos. Todo a su alrededor era destrucción. Le pitaban los oídos, estaba mareado, y le dolía todo. Al menos, había llegado a tiempo para proteger a Nami.
– ¿Est...ás... bien, Nami? – consiguió murmurar él. Se tocó la cara, al comprobar como la visión de su ojo derecho se volvía roja. Era su propia sangre, producto de un golpe en la cabeza, y que ya cubría todo el lado derecho de su rostro. Nami tosió, y se apretó contra su cuerpo, y Luffy instintivamente la abrazó protectoramente. Al comprobar que estaba bien, pudo dirigir su vista hacia el centro del cataclismo que los había envuelto, pero el humo negro con jirones de luz amarilla no le dejaban ver nada.
– ¿Moooooshi moooooshi? Aquí el Aaaaalmirante Kizaru Borsaliiiino. ¿Sigue alguien con vidaaa por aquí neeeeeee? – dijo una voz malévola y burlona desde el epicentro de la explosión.
Luffy fue a ponerse en pie, pero el mundo le daba vueltas. Tuvo que sujetarse el estómago para contener una arcada. La peli naranja, al darse cuenta de eso, consiguió reaccionar, y agarrar de la chaqueta rajada a Luffy.
– No te muevas... Luffy... no vayas con... contra él – susurró ella, alzando la cara para mirarle. Tenía un corte en la ceja, rozaduras y cortes por el cuerpo, igual que él mismo, y lo peor de todo... sus ojos estaban llorosos.
– ¿Moooooshi? ¿Neeeeee, nadie ha sobreviviiiiido? Que abuuuuurrido... contaré hasta tres, y luego comenzaré a disparar contra todoooo... unoooooo – se volvió a escuchar la voz de Kizaru. El rostro de Luffy se contrajo en un gesto de rabia, y luego rápidamente lo endulzó para agacharse junto a Nami.
– Nami... quédate aquí escondida... él no irá a por ti. Nos quiere a nosotros, a Altazor, a mi, puede que a Zoro... le distraeremos. Corred con el ossan, os protegeremos – dijo él. Ella se aferró a él, negándose a dejarle ir, sabiendo el enorme peligro que correría.
– No pienso dejar que vayas solo... Luffy te matará – suplicó ella, mientras una lágrima caía por su mejilla. Al ver eso, Luffy se la retiró con un dedo.
– Nami... le prometí al ossan del molinillo, que siempre protegería tu sonrisa. Ese tipo no va a acabar con ella – fue su respuesta. Contrariamente a como era él, hablaba con calma, despacio y sin exaltarse. Ese momento, era solo de ellos dos.
– Doooooooos – se escuchó a lo lejos al Almirante continuando su lenta y burlona cuenta.
– Mi sonrisa existe porque estás conmi... con nosotros – dijo Nami, que tuvo que parar a mitad de la frase y cambiarla. Iba a decir "con ella" pero incluso en esas circunstancias todavía la asaltaba la timidez para decirlo. Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando Luffy le colocó el sombrero de paja en su cabeza, gesto últimamente muy repetido por su parte, pero no por ello con menos significado
– No voy a morir aquí, Nami. Estás ante quien será el Rey de los Piratas, ¿lo olvidaste acaso? – y diciendo eso y acompañado de su sonrisa, Luffy se internó en el humo – Confía en mi – fue lo último que ella escuchó que le decía.
– Y treeeee... – fue a decir Kizaru, pero se interrumpió al ver aparecer entre la densa nube de humo que le rodeaba, a Luffy – Vaaaaya vaya. Al fin aparece unooooo. ¿Los demás murieeeron? – preguntó Kizaru, ladeando la cabeza con una sonrisa ladina en su rostro.
.
Nota del autor: tema recomendado Gitama OST "Big Collection OST: Uchuu Ichi Baka na Samurai da Kono Yaroo. - Gintama" (duración 1:42)
.
– Estoy yo solo – fue todo lo que respondió Luffy, agotado, herido, y decidido a pelear. No pensaba rendirse sin hacerlo. Ni siquiera iba a pelear por la victoria... la presión del poder de Kizaru le hacía sentirse como una hormiga frente a él, lo que le hacía terriblemente consciente de que tenía cero posibilidades de ganar.
Peleaba por darle tiempo a sus nakamas a escapar.
– Y solo moriráaaas, Monkey D Luffyyyy... Ama no Murakumo – contestó el Almirante, mientras hacía aparecer su espada de luz en la mano derecha.
– No morirá solo – respondió la voz de Altazor. A la izquierda de Luffy, de entre el humo, salió Altazor, con sus espadas desenvainadas, herido, pero listo para pelear junto a quien consideraba su mayor nakama y contra quien era la fuente de sus mayores penas, rencores y temores.
– Oe oe... se supone que morir por Luffy es mi línea, maldito – dijo la voz de Zoro, que salió desde el lado de la derecha del peli negro. Llevaba dos de sus tres katanas desenvainadas, un ojo se le había hinchado y cegado, y un reguero de sangre lo cubría. También se le habían rajado las ropas por el torso, dejando a la vista parte de su musculatura, y tenía varias quemaduras por los brazos descubiertos, pero con todo, igualmente seguía en pie.
– Sois tan idiotas como yo mina... – murmuró Luffy, que había agachado la cabeza. Ambos se situaron a su lado, sin poder evitar sonreír, pese a saber que enfrentaban a la muerte – Gracias – añadió el D, mientras alzaba la cabeza, y una sonrisa tranquila y serena iluminó su rostro.
Sonreían porque se tenían los unos a los otros. Eran un equipo, los tres Mugiwaras más fuertes, y juntos vencerían, o lo que era más probable, perderían. Pero fuera como fuese, lo harían juntos.
– Quéeeee miedo dais, jóvenes... – respondió Kizaru, alzando la palma de su mano en señal de paz. Aprovechando ese gesto, Altazor saltó sobre él a toda velocidad, con una espada atacando por arriba y otra por abajo. Pero Kizaru interpuso su espada en horizontal y bloqueó el espadazo descendente del peli plateado, mientras que la ascendente la bloqueó cargando su pierna de Haki y deteniendo con la planta de su zapato el corte.
– Deja las bromas ya Kizaru – le reprendió Altazor con una mirada de odio. Detestaba todo en esa persona, desde esa sonrisa ladina, hasta su forma de hacer bromas y arrastrar las palabras. Zoro saltó desde el lateral, pero Kizaru desvió los espadazos del peli verde lanzándole unas bolas de luz que brotaban de las puntas de sus dedos, y que obligaron a Zoro a retroceder. Luffy saltó al ataque, pero Kizaru ganó el forcejeo con Altazor y lo lanzó contra el peli negro, provocando que chocaran y rodaran los dos por el suelo. Rápidamente, ambos se pusieron en pie, y se lanzaron al ataque junto a Zoro. El Almirante se limitó a hacer un juego de pies, combinando su espada y sus brazos y piernas, para detener o desviar todos los ataques. Los tres sabían que anticipaba sus movimientos perfectamente, ni Luffy con su Haki de Observación instintivo, ni Altazor con sus tres Hakis entrenados, podían acercarse a su anticipación.
Siempre iba dos pasos por delante de cada uno de sus golpes.
– ¿De verdad creéis que vais a protegeeeeeeer a los que se ocultan en la niebla? – preguntó Kizaru mientras repelía sus ataques, y entonces, desprendió de su cuerpo una potentísima onda de choque, que despejó todo el humo que les rodeaba y arrastró a los tres por el suelo carbonizado.
Al despejarse el humo, pudieron ver por primera vez el resultado del impacto del Almirante contra la plaza. Un inmenso cráter de tierra carbonizada cuyo centro era el propio Almirante, y que llegaba de profundidad muy por debajo de las alcantarilla, y que de anchura debía tener unos doscientos metros de radio. El borde exterior del cráter en forma de círculo, de más de doscientos metros, estaba atestado de restos de edificios derribados, amontonados unos sobre otros, lunidos a los restos de la plaza y los alrededores que no habían sido desintegrados por la explosión.
En esos restos, detrás de Luffy, Altazor y Zoro, se encontraban los Mugiwaras, los piratas de Kid y los piratas de Law. Por poco, y gracias en parte a que usuarios como Kid, Law, Luffy y Altazor por un lado, las habilidades de gente como Killer, Bepo, Franky y Sanji por otro, así como la resistencia de las tres tripulaciones, no había muerto nadie. Los más afectados, sin embargo, eran los miembros del batallón de Marcio. No se habían podido proteger igual unos a otros, y encima, habían estado más cerca del epicentro de la explosión. De ellos, por los lamentos que escuchaban de sus compañeros, sí que habían muerto unos cuantos.
Y Marcio en ese momento avanzaba hacia Borsalino con pasos rápidos, y con su habitual auto control totalmente perdido. También parecía herido, pero la rabia que sentía en ese momento borraba por el momento su dolor y cansancio.
– ¡ALMIRANTE BORSALINO! – gritó el capitán de la Marina, que finalmente llegó ante el trajeado Marine. La pelea entre los cuatro se detuvo. Marcio, frustrado, hizo algo que ninguno podía imaginar. Apuntó con su espada al Almirante – ¡EXIJO UNA EXPLICACIÓN! – gritó, y luego señaló hacia los restos de lo que parecían... cadáveres de personas... carbonizadas y medio desintegrados – ¡TODOS ESOS SOLDADOS ESTABAN DISPUESTOS A DAR LA VIDA POR LA MARINA Y LA JUSTICIA! ¡QUÉ CLASE DE ALMIRANTE DE LA MARINA ACABA CON SUS PROPIOS HOMBRES! – volvió a gritar, pero tuvo que parar a coger aire, y Borsalino aprovechó el momento para soltar una carcajada.
– ¿Justicia? ¿Justiiicia dijiste, querido Marcio? ¿Quién te mandó regresaaar aquí en primer lugar, neee? – fue la respuesta del Almirante. Marcio palideció.
– Tus actos no quedarán impunes, Almirante. Has masacrado a decenas de Marines, de buenos Marines, buenos y leales hombres. Muchos de ellos, heridos e inconscientes en el suelo de esta plaza que ya no existe ¡Puede que hayas matado hasta al Tenryuubito! – gritó de nuevo Marcio. Luffy estaba cada vez más furioso e impotente.
– Señor, no intervenga... no vaya más lejos – suplicaron algunos Marines desde la distancia, pero Marcio hizo un gesto con el brazo y se callaron en seguida.
– ¡Regresad al barco de inmediato! ¡Todos salvo mis oficiales! Llevaos a los heridos y atended sus heridas, y dar un funeral digno a los muertos cuando estéis a salvo... los que no han sido carbonizados por este miserable, claro – añadió, mientras volvía a mirar a Kizaru a los ojos, el cual parecía terriblemente divertido.
– Capitáaaaan, cumpliste bien tu trabajo... voy a podeeer acabar con mis presas gracias a ti... pero eso noooo cambia... el que si sigues así... deba ejecutarte a ti tambiéeeeen – contestó el Almirante. Los Marines se quedaron de piedra, y algunos se llevaron las manos a las armas. No estaban dispuestos a abandonar a su capitán, ni siquiera contra un Almirante. Ese detalle no pasó desapercibido para Marcio.
– ¡Largaos de una vez! ¡Y si veis a algún civil, decidle que busque refugio! – volvió a gritar Marcio, y finalmente, los Marines hicieron caso. Cargando heridos y algunos cuerpos de sus compañeros fallecidos, el grupo de supervivientes se perdió al fondo del cráter. Borsalino les observó sin actuar, con una sonrisa divertida en su rostro. Cuando finalmente se marcharon, decidió volver a hablar.
– Y por ciertoooo... en cuanto al Tenryuubito... ya no nos es útil... y podía haber hablaaado de más y haberme involucrado en todoooo lo que planeé para que los Mugiwara acabaran delatándose solos... así que al aterrizar en este lugar, lo maté. Al fin y al caboooo, los Dragones Celestiales no son más que escoria fácilmente manipulaaaable – se explicó Kizaru. Esas palabras, solo las escucharon Zoro, Altazor, Luffy y Marcio.
– Lo tenías todo planeado... como siempre – comprendió Altazor, frustrado y entendiendo ahora que desde el principio, desde que viajó a la Isla Zafiro, estuvo en las redes del Almirante.
– Eres un monstruo – fue la respuesta de Marcio, que ya era incapaz de sostener la aterradora mirada del Almirante, lo que le obligó a dirigir la vista hacia el suelo – Se supone que los Dragones Celestiales... son los Nobles Mundiales... los señores del mundo... son la peor escoria, pero un Almirante... debe protegerlos por encima de todo – añadió, cada vez más confuso.
– Te diré un secreto... os lo diré a los cuatro... – susurró Kizaru, y su tono de voz dejó de ser arrastrado y tranquilo, y se transformó en un tono helado y aterrador – Sólo hay un señor de este mundo. Y yo soy aquél que cumple su voluntad – murmuró, para luego enderezarse totalmente, cuan largo era, y desenvainar una segunda espada de luz.
– Si la cúspide de la Marina es alguien como tú... yo no puedo aceptarlo – murmuró Marcio. Kizaru encaró una ceja divertido.
– ¿Oohhh sí? ¿Y qué harás? ¿Dejarás laaaa Marina? – preguntó el Almirante.
Luffy activó su Gear Second.
Cuando Zoro vio hacer eso a Luffy, supo que ya no había marcha atrás. Mentalmente, estaba preparado para morir. Únicamente lamentaba el no poder cumplir su sueño, y el dejar atrás a personas a las que apreciaba.
Para su sorpresa, el primer rostro que le vino a la mente de esa lista de personas fue el de la mujer.
– Tsk, no puedo sacarla de mi cabeza – se frustró el peli verde.
Luffy dio un paso hacia Borsalino, y levantó su puño parcialmente vendado a la altura de la cara.
– Eres totalmente odioso. Mataste a tus propios nakamas... y te da igual... nunca perdonaré a alguien como tú – dijo, alcanzando nuevas cotas de odio a las que no creía poder llegar. Para Luffy, no había nada peor que eso. No podía entender ni aceptar que alguien fuera tan malvado para traicionar a sus propios nakamas. Luffy era incapaz de entender, que para ese tipo de gente, no existía el término nakama realmente... y que su existencia estaba vacía, solitaria, sin necesidad de tener realmente a nadie cercano.
Para él, eso era algo peor que la muerte misma.
Marcio volvió a tomar la palabra, mientras acariciaba el filo de su espada con la mirada perdida.
– Nunca. Soy un Marine, y moriré siéndolo – aseguró, y luego súbitamente, su mirada se transformó en una mirada de decisión – Pero tú si la dejarás, la Marina no merece sufrir a un Almirante como tú – fue la respuesta de Marcio, que acto seguido se lanzó con la espada por delante contra Borsalino, con intenciones de matar.
Todo fue muy rápido.
La espada cargada de Haki de Marcio rozó el rostro del Almirante, haciéndole un fino corte en la mejilla.
Kizaru se apartó en un rapidísimo movimiento, y a la décima parte del segundo siguiente, su espada de luz había atravesado de parte a parte a Marcio a la altura del pecho, que abrió los ojos muy sorprendido y se quedó inmóvil.
Cuando el Almirante extrajo la espada lentamente, vino el dolor, y acto seguido comenzó a caerle sangre por la boca.
– Muere como un Marine entonces – dijo Kizaru, que dio un par de pasos para atrás mientras contemplaba su cruenta obra con una expresión neutra.
– ¡NOOOOOOO! – gritaron los cuatro oficiales de Marcio, desesperados, mientras el capitán comenzaba a caer hacia delante. Echaron a correr hacia él, mientras a todos ellos se les llenaban los ojos de lágrimas. Especialmente intenso fue el grito de la mujer de cabello violeta, que después de correr unos segundos cayó al suelo de rodillas, con la mirada perdida y las lágrimas cayéndole por el rostro.
Luffy logró atrapar a Marcio en el aire antes de que golpeara el suelo, atónito.
Y en ese momento, Kizaru saltó hacia ellos, listo para acabar con ambos.
Nami fue testigo de ese momento. Todos los Mugiwara lo fueron, pero la imagen de las espadas de Kizaru a punto de traspasar a Luffy fueron un recuerdo que la perseguiría durante meses. Vio a cámara lenta cómo Kizaru giraba en el aire, y sus espadas giraban con él.
Para ella, en ese instante, el tiempo se detuvo.
– No permitiré que toques a un hombre valiente herido de muerte – afirmó Zoro, y se interpuso en el camino del Almirante justo a tiempo. Los Mugiwara suspiraron de alivio, y Nami sólo pudo apretar los dientes y los puños, sintiéndose inmensamente agradecida hacia el espadachín. Kizaru encaró una ceja, sorprendido por haberse visto detenido, y sobre todo, porque poco a poco Zoro parecía ir desarrollando cierto Haki instintivo, tanto de Armadura como de Observación, no lo suficiente para ser un peligro para su monstruoso poder, pero sí para detenerle, aunque solo fuera un segundo, y también para parar su espada de luz con cierta seguridad. Sí, claramente todos ellos debían morir, o serían una amenaza para él en el futuro. Molesto, le lanzó una tremenda patada, que a duras penas Zoro pudo bloquear mientras gruñía por la presión del golpe – Y mucho menos... de quien es mi capitán... – logró decir, mientras jadeaba por el esfuerzo. Kizaru volteó, y le volvió a patear, estampándole contra el suelo. Acto seguido, volvió a lanzarse sobre Luffy y Marcio.
– ¡No volverás a matar a las personas que aprecio! – gritó Altazor fuera de sí, mientras interponía sus espadas contra las de Kizaru. De su cuerpo salía un aura azulada rodeada de descargas de rayos plateados, señal de que había activado su máximo poder. Todo eso ocurrió en apenas unos segundos, pero Altazor consiguió detener a Kizaru hasta que Zoro volvió a incorporarse a la pelea. La furia de Altazor logró hacer retroceder a Kizaru, que sonrió ladinamente, divertido por los amargos recuerdos del pasado del joven peli plateado.
.
Nota del autor: tema recomendado "OnePiece - Movie 8 Ost (Robin no Kokoro Kimaru)" (duración 2:05)
.
Con cuidado, y muy despacio, Luffy puso a Marcio boca arriba. Los Mugiwara habían llegado hasta ellos, junto con Law, Kid y Bepo. El resto de tripulantes estaban demasiado heridos, y casi todos estaban inconscientes. Nadie había querido escapar... pero qué importaba eso ahora ya.
– Chopper... Chopper... cu-cura a Marcio... por favor – llamó a su médico el capitán de los Mugiwara, pero Chopper estaba inconsciente en los brazos de Robin, la cual caminaba cojeando y aturdida. Sanji cargaba con Usopp, que tenía un feo corte en la cabeza pero que se mantenía medio consciente por voluntad pura.
Sanji estaba especialmente preocupado por todos los suyos. Él sí podía seguir un poco el ritmo de los movimientos del Almirante, mientras que para la mayoría era un simple borrón, y sentía algo muy distinto que cuando enfrentaron al Almirante Aokiji.
Y Altazor y Zoro seguían conteniendo a duras penas a Borsalino, que danzaba con sus espadas a toda velocidad, abrumándolos con su absoluta superioridad. Sin dudarlo un instante, Kid se lanzó al ataque con sus dos brazos envueltos en placas de metales y armas. En el primer envite, Borsalino le esquivó con insultante facilidad, y de un solo golpe, destruyó una de las creaciones metálicas del pelirrojo.
– Así que tú tambiéeeeen puedes usar algo de Haki... – comprendió Kizaru al romper ese brazo pero no hacer daño al cuerpo del pirata. Éste sonrió ferozmente, y volvió a golpear al Almirante, que interpuso sus espadas y empujó, haciéndole retroceder.
Law, manteniendo un ojo en la pelea, se dirigió a Luffy.
– Mugiwara ya... esa herida está más allá de toda salvación médica. Alcanzó su corazón... deja que se despida de los suyos. Le queda poco tiempo– dijo Law pragmáticamente, mientras observaba con ojo médico la mortal herida de Marcio. En su mano derecha, formó un Room de tamaño moderado.
– No... puede ser – murmuró Luffy, mientras apretaba los labios, pero no pudo evitar que unas lágrimas se asomaran a sus ojos. Al ver ésto Nami, se acercó corriendo junto a él, se agachó, y le puso una mano en el hombro desde detrás, gesto que no pasó desapercibido para nadie.
Kizaru golpeó a Altazor en la cara, haciéndole escupir un chorro de sangre y rodar por los suelos mientras gritaba de dolor, y luego rechazó a Zoro, que estaba combatiendo con sus tres katanas dando el cien por cien, pero sin lograr más que ganar segundos contra el poder del Almirante.
– Shambles – murmuró Law, al comprobar que el aterrador enemigo tenía el camino despejado hacia ellos, y que seguramente en un instante estaría allí, y Kizaru desapareció de donde estaba, para reaparecer incrustado en la tierra carbonizada a unas decenas de metros de distancia. Acto seguido, Law hizo que unas grandes placas de piedra cayeran sobre él, sepultándolo con un sonoro estruendo.
– Debes ser... el primer pirata que llora... cofff cofff... la muerte de un Marine... desde hace mucho tiempo – consiguió susurrar Marcio con una triste sonrisa. Luffy hizo un esfuerzo y detuvo las lágrimas que pugnaban por salir de sus ojos, para centrar su atención en escucharle. Era curioso, pero en el poco tiempo que se conocieron, prácticamente no hicieron otra cosa más que pelear... y aun así, había tomado rápidamente cariño a ese hombre. Luffy tenía curiosa intuición, de que, si hubiese hecho caso a su abuelo y hubiese entrado en la Marina, Marcio habría sido de lo más parecido a un tío que habría conocido allí.
– Eres un buen tipo Marcio... no es justo. Esto no es justo. Eres un buen Marine, ¿por qué hiciste eso? ¿Por qué le atacaste estando tan cansado? – logró decir el peli negro, apoyando la mano en el pecho ensangrentado del capitán Marine. Marcio no pudo evitar sonreír. Sí, se había precipitado, y lo había pagado. Pero también sabía, que el precio era pequeño, a cambio de hacer un mundo mejor, y proteger a los suyos.
– Toda mi vida, cumplí con honor... mi deber. Pero por encima de todo... protegí a mis camaradas. Con este acto, no he dejado de hacerlo... he protegido a los que huyen... y he dado a todos vosotros... una razón para pelear, para no rendiros – hizo una pausa antes de seguir hablando. La vida se le escapaba junto con la sangre, y su dañado corazón a duras penas seguía bombeando. Tarde o temprano, dejaría de latir – No es... invencible... puedo morir... feliz con eso. Me recuerdas a tu abuelo... Monkey D Luffy – murmuró Marcio, y sus ojos se cerraron recordando sus tiempos de adiestramiento en cierta base de la Marina del West Blue – Él fue... quien me entrenó... y me enseñó a ser un Marine – añadió, y abrió los ojos para sonreír al joven capitán de los Mugiwara, que había abierto los ojos de par en par sorprendido por esa revelación.
Sí, ese muchacho... era la versión pirata del Vicealmirante Monkey D Garp. Quien le salvó.
.
Flashbak
.
Nacido en una familia pobre, y huérfano desde temprana edad, siempre quiso defender a los débiles, y su único recurso fue ingresar en la escuela de marines para hacerlo. Además, sin techo y casi sin comida, tampoco tenía muchas más opciones. Su aspecto pobre y sucio le generó el rechazo de los guardias del lugar, y fue expulsado sin siquiera tener la oportunidad de defender su tan cacareada Justicia.
Encontrar ese rechazo entre los supuestos defensores de la paz y la Justicia, debió haber bastado para apartarle del buen camino. Pero en ese momento, en esa ciudad de una isla del West Blue, el lugar más menospreciado de los seis mares, cierto Marine se cruzó en su vida.
– Joven... te vi el otro día intentando ingresar en la base de la Marina. La Marina no debería rechazar voluntarios, y menos siendo tan jóvenes – había dicho a modo de saludo. Era un hombre muy musculoso, moreno, y con un traje blanco impoluto. Alguna persona rica e importante, había pensado el niño.
– Dijeron que mi aspecto... – había protestado, frustrado, un joven Marcio, de apenas ocho años de edad. El veterano hombre, con el pelo ya medio gris, había reído con fuerza.
– ¡Y eso que más da! – había gritado, y le había golpeado en la cabeza – ¡No me gustan los jóvenes que se auto compadecen! ¡Si quieres entrar en la Marina, ven conmigo! – había añadido, mientras le tendía su gran mano. Y el niño, dolorido por el coscorrón, había observado esa mano.
Y la había aceptado.
Los entrenamientos fueron duros. Nunca le dio un trato favorable, pero Garp siempre tuvo un ojo puesto en él. Veía potencial en ese muchacho.
Los años pasaron, y finalmente se graduó. Garp, durante esos años, iba y venía, alternando sus deberes como Marine, instructor, y, desde cierto momento... abuelo.
Marcio se propuso entrar en la tripulación del viejo, y éste le aceptó siempre que superara la prueba. Tuvo que "sobrevivir" tres días siendo perseguido por el bosque de esa isla por la mayor fiera de todas: un Monkey motivado y divertido, decidido a hacer todo lo posible para complicarle esos tres días.
Años más tarde, Garp le había hablado de su hijo, y de su nieto.
– Sólo espero que Luffy no siga los pasos de su padre... ¡Ya lo verás, Marcio, haré de él un gran Marine algún día! Jajajajajaaja – había asegurado el viejo. Marcio había asentido, pero años más tarde, cuando ya tenía su propia tripulación, y era capitán, volvió a encontrarse con Garp.
– ¡El chiquillo sólo quiere ser pirata! ¡Maldita sea, por qué el destino me hace esto a mi Marcio! – había llorado cómicamente mientras golpeaba, aunque según él, estaba palmeando amistosamente, la espalda del ahora capitán.
– Bueno señor, alístele en un cuartel, como hizo conmigo – había sugerido Marcio tras recuperarse de los golpes. Pero Garp había reído exageradamente.
– ¡Simplemente escaparía! Maldición, no tengo suerte con mi familia – había dicho, y acto seguido se lo había llevado a un bar a ahogar las penas en alcohol.
Y así, hasta que vio el día de la primera recompensa del muchacho. En un principio, despreció que ese joven se hubiera hecho pirata, pero cuando supo que había liberado una isla del yugo de Arlong, un demonio cuyos rumores había escuchado hasta él, que se encontraba en Marineford en ese momento... su opinión sobre él comenzó a cambiar.
Las noticias se sucedieron. Para Garp, era un dolor de muelas. Para él, ascendido recientemente a un rango elevado de la Marina para ser capitán, al ser un enlace directo con el Gobierno Mundial y Mariejoa, gracias a su excelente hoja de servicios, las noticias "oficiales" nunca se ajustaban con los rumores, y no le cuadraban las cosas. Además, si realmente ese joven sonriente de las fotos de Wanted fuera malvado, el viejo habría renegado de él.
Y así fue como decidió forjarse su propio criterio cuando le conociera... y en cuestión de minutos, le había demostrado la clase de persona que era.
Un pirata mejor que la mayoría de los Marines.
.
Fin de flashback
.
– Sí... definitivamente... el viejo te dejó ser un pirata, porque supo que aunque lo fueses... no harías daño a las personas buenas jamás – murmuró Marcio, cerrando de nuevo los ojos y comenzando a respirar más pesadamente.
Varios haces de luz salieron de entre las rocas que Law había colocado encima del Almirante, y luego se desintegraron envueltas en una explosión. Kizaru salió de allí sacudiéndose el polvo de los pantalones con una mano como si no estuviera peleando contra varios enemigos, mientras en la otra seguía sujetando una de sus espadas.
– Marcio... señor – dijo el oficial joven de pelo azul y de aspecto felino, Yargoth, hincando una rodilla junto a él. A su lado, se situaron sus otros tres nakamas.
– Yargoth... tú serás ahora el capitán – comenzó a decir Marcio, dirigiendo una mirada hacia ellos. Al ver como la mujer de pelo violeta comenzaba a sollozar con más fuerza, el Marine estiró un brazo y la acarició el pelo. No pareció importarla mucho la sangre con la que la manchó, porque se aferró a esa mano mientras lloraba con incluso más fuerza – Sadahara... has dejado de ser una niña. Eres una Marine, ya basta de llantos... pequeñaja – añadió, y no pudo evitar sonreír, arrancando gruñidos y medio risas a todos en una broma que solo ellos cinco podían entender.
– Piratas... – empezó a decir Marcio, y en esa palabra, ya no había malicia, ni odio. Era, simplemente, una forma de dirigirse a ellos – Incluso el hombre más fuerte del mundo... puede sangrar.
– Tanto sacrificiooooo... ¿para ésto? – gritó Borsalino, desde la distancia, mientras caminaba hacia ellos lentamente, y se quitó un hilillo de sangre de la mejilla con dos dedos. Alzó dichos dedos para mostrar el color rojizo de su sangre a todos. No parecía molesto por la herida. Pero Marcio siguió hablando, ignorando sus burlas.
– No es un dios... es humano... su sangre es roja, Luffy, y los demás. Por favor... – añadió, mientras haciendo un gigantesco esfuerzo, agarraba de la solapaba de la chaqueta a Luffy y forzaba su voz para hablar lo bastante alto para que todos le escucharan – La Marina no merece... a alguien así... ¡acabad con él! coff coff – Marcio no pudo seguir, el último grito lo dejó sin fuerzas, y comenzó a toser. Altazor, al escuchar eso, caminó hacia ellos, pero al darle la espalda, Borsalino volvió a atacarles a todos.
– Cien fleur – dijo Robin, y consiguió agarrar al Almirante entre sus brazos fleur, pero éste, deshizo los brazos en cuestión de unos segundos. Segundos que Franky y Sanji usaron para iniciar una pelea física con él... pero Borsalino les esquivaba casi sin moverse, y ni siquiera Sanji podía seguir totalmente sus movimientos.
"Es como intentar partir una hoja de papel... con una tabla de madera" pensó el rubio.
Sanji no había querido entrenar con Altazor durante esa semana ni la décima parte del tiempo que habían destinado Zoro y Luffy al entrenamiento, y por eso, su Haki de Armadura instintivo estaba menos despertado, aunque también lo poseía a un nivel muy superior al de los humanos normales. Aunque su talento natural, y sus modificaciones genéticas como miembro de la familia Vinsmoke (aunque Sanji renegara todavía de esa realidad) podían darle cierta ayuda en la pelea contra el Almirante.
Esa ayuda se tradujo en que conectó un golpe al Almirante, y éste se vio obligado a bloquearlo con su brazo.
– ¿Ohhhhh? Sois toooooodos aterradores – comentó con interés Kizaru, y con su otra mano, que estaba usando para sujetar la espada con la que repelía a Zoro y Kid, atravesó el hombro del rubio con un rayo amarillo. Sanji gritó de dolor, e hincó una rodilla en el suelo mientras tapaba el agujero por el que salía su sangre con au mano. Franky ni siquiera lograba que sus golpes le hicieran algo, era como si golpeara aire, y cada vez que le tocaba, notaba como si sus manos se estuvieran deshaciendo por el poder de la luz.
El rubio, furioso, incendió su pierna y volvió a la carga, pero de nuevo Borsalino le esquivó, a él, a Kid, un ataque por la espalda de la espada de Law, y los espadazos de Zoro. Pero se veía medio obligado a esquivar, no podía rematar a nadie... todavía.
Altazor, confiando su espalda a sus nakamas, caminó hasta llegar junto al herido terminal, y al llegar, clavó su espada en el suelo carbonizado, llamando la atención de todos.
– Juré sobre las ruinas de mi país, y los cadáveres de mi pueblo y mi familia, que algún día acabaría con su vida. Cumpliré ese juramento, y lo haré en nombre de todos ellos, y de ti también... si puedo. Pero no le pidas eso a Luffy. Su camino no es el de la venganza, ni en su forma de ser entra el matar a otras personas, por malvadas que sean. Borsalino algún día será mío... aún a costa de mi vida – aseguró muy serio. Y dicho eso, desclavó la espada e inclinó la cabeza ante el capitán – Fue una sorpresa – dijo, y pareció dudar, pero finalmente se animó a decir algo más – Y un honor... conocer, al menos, a un Marine de verdad. Ojalá... todos fueran como tú. Éste sería un mundo mejor – concluyó, y rotando ciento ochenta grados, se lanzó sobre Borsalino para detener a tiempo el espadazo con el que estaba a punto de partir en dos a Franky.
– Estás lleno de aberturas ¡Coup de Vent! – dijo Franky, aprovechando el choque de espadas de los dos espadachines, y lanzó su coup de vent contra el Almirante, pero el aire pasó a través de su cuerpo sin hacerle nada y se estrelló contra el suelo en la distancia, resquebrajándolo.
– Y tú eres... débil – respondió Kizaru. Empujó a Altazor, detuvo e hizo retroceder a Kid, que le atacaba por la espalda, y luego pateó a un Franky que no lograba reaccionar tras su ataque fracasado, con una patada a la velocidad de la luz. Franky, ya sin cola, aturdido y agotado, no pudo ni reaccionar al golpe a la velocidad de la luz, y salió disparado siendo arrastrado decenas de metros hasta estrellarse contra los edificios derrumbados con potencia.
– ¡Franky! Maldito... pagarás por eso – dijo Brook, que había estado sujetando al ya definitivamente inconsciente Usopp. Lo dejó a cargo de Robin, que también estaba intentando hacer recuperar la consciencia a Chopper, y se lanzó al ataque. Si con su vida podía salvar la de alguno de sus nakamas, o la de Luffy san, gustoso la daría.
Pero claro... él ya estaba muerto.
– Marcio... pelearé. No os busca a vosotros, huid de aquí. Os conseguiremos tiempo – dijo Luffy, levantando la mano del pecho de Marcio, y colocandola sobre la que Nami seguía manteniendo sobre su hombro, a sus espaldas. Ella tenía mucho miedo, le costaba confiar en los demás mucho más de lo que le costaba a Luffy, y a cada rato volvía la cabeza imaginando al aterrador Almirante detrás de ellos, atacándoles.
– Nosotros ya no somos Marines, si "eso" sigue en la Marina – contestó Yargoth, el chico de rasgos felinos peli azul, mientras señalaba con rabia al Almirante, el cual en ese momento había mandado a Brook a volar por los aires con una descarga de luz. Solo Zoro, Kid, Law y Altazor seguían peleando, pero Kid parecía totalmente agotado.
– Marcio... te dejaré con los tuyos... gracias por todo – dijo Luffy, y se puso en pie con la ayuda de Nami, mientras nuevas lágrimas se formaban en sus ojos. Marcio volvió a abrir los ojos, y asintió suavemente con la cabeza – Le diré a mi abuelo... lo que hiciste por nosotros – añadió, y consiguió poner su clásica sonrisa. Marcio sonrió también, pero tuvo un nuevo ataque de tos. Su rostro comenzaba a palidecer, y ya casi no perdía sangre.
– Cuida de que estos... cuatro idiotas... no hagan ninguna imprudencia, Monkey D Luffy... – dijo a modo de despedida Marcio, y luego miró a Nami, que le devolvió una mirada agradecida – Cuida de ese idiota que tienes por capitán también navegante... te necesita, más de lo que imaginas – dijo, y Nami enrojeció.
– ¿Como crees que ha llegado el muy idiota hasta aquí? Sin mí, se habría perdido en la tercera isla del West Blue – contestó de pronto la peli naranja, lo que provocó una protesta infantil de Luffy, y una carcajada de Marcio, que ya no les miró más, y comenzó a hablar en susurros con sus nakamas, en una conversación final que solamente los atenía a ellos cinco.
Luffy se reincorporó a la pelea, y durante un minuto, todos ellos creyeron que podrían resistir contra Kizaru, y de alguna forma, encontrar una abertura para escapar.
Era una bonita ilusión. Agradable, pero una idea que se crearon todos en su cabeza... y que era una total mentira.
De repente, todos pudieron sentir la presión de un increíble poder, no muy lejos de ellos, seguida de un fuerte sonido, como si algo se hubiera partido en dos. Después, sólo siguió el silencio.
.
Nota del autor: tema recomendado "Bleach OST - Stand Up Be Strong" (duración 2:24 min)
.
Para nadie tuvo un significado concreto. Sólo para Kizaru
– Maldiciooooon... ¿él está aquí? Hice bieeeen en tomar medidas adicionaleeees... perooooo debo acabar rápido con esto – se dijo para sí mismo, y de repente un aura amarilla ascendente lo envolvió, y su brillo cegó a todos durante unos segundos.
En ese momento, Kid fue pateado a la velocidad de la luz. Se estrelló contra los edificios donde estaban sus nakamas, y ya no se movió más. Law, intentó repetir su Gamma Knife contra el Almirante, intuyendo que de pronto el peligro había aumentado mucho, pero éste le esquivó y le atravesó con un rayo a la altura del estómago, haciéndole escupir sangre.
Luffy no podía creerse lo que veía. Sus nakamas habían sido casi todos derrotados. Los capitanes aliados con los que había peleado codo con codo eran derrotados uno tras otro. Y él, de repente, colapsó. Su cuerpo dejó de moverse, y cayó hacia atrás. Por suerte, Nami le atrapó antes de que se inclinara mucho, y le mantuvo en pie con la fuerza de sus brazos.
El uso repetido durante largos períodos de tiempo del Gear Second, usado más de una docena de veces, más el Gear Third, más las múltiples heridas sufridas y la pérdida de sangre... eran una combinación que ni siquiera la inhumana resistencia del peli negro pudo aguantar.
– Luffy, no puedes más – comprendió ella, y se abrazó a él más asustada que en ningún otro momento. Luffy, al que las piernas no le respondían, presa del agotamiento, no pudo ni responder. Estaba ido.
Estaba volviendo a vivir la pesadilla que había experimentado hacía una semana.
Bepo, que se había unido a la lucha después de auxiliar a un par de sus nakamas, sacó a su capitán de allí tan rápido como pudo, pero el Almirante fue mucho más rápido, y reapareció ante ellos. Pateó a Bepo, y luego se lanzó sobre Zoro, el cual, de repente sin aliados, fue desarmado en cuestión de tres segundos. La espada del Almirante, de pronto, era más veloz, y sobre todo, sus golpes tenían mucha más potencia.
– Muere, espadachín. Podrías haber sido una amenaza – murmuró el Almirante, y acto seguido intentó partir a Zoro por la mitad. Unos brazos fleur, creados por Robin, lo echaron para atrás en el último segundo, pero aun así el corte le rajó profundamente entre el abdomen y el pecho, y además de ser terriblemente doloroso y de causarle una quemadura externa, le hizo comenzar a perder una gran cantidad de sangre.
– ¡Zoroooooo! – gritó Luffy, intentando dar un paso hacia él, pero su cuerpo no respondía. Notó algo húmedo en su espalda. Nami, acurrucada tras él y sin dejar de sujetarle, estaba llorando otra vez.
– Acabaré con ésto – siguió diciendo el Almirante, la presión de su poder aumentó aún más – ¡Yasakani no magatama! – gritó saltando muy alto, y cruzando los brazos ante el pecho. Por alguna razón, había decidido terminar la pelea y estaba yendo en serio contra ellos. Cientos de bolas amarillas de luz comenzaron a caer por todo el cráter, pero sobre todo encima del lugar donde estaban los que no había mandado a volar a los extremos del cráter con sus brutales ataques a la velocidad de la luz.
– ¡Nakama Shield! – gritó Altazor, y puso en juego todo su poder restante para crear una gran pantalla azulada con la que protegió a todos los que seguían cerca de él, así como a Marcio y sus cuatro subordinados.
– Mil fleur – dijo Robin, y creó dos manos de gran tamaño que detuvieron los impactos encima de los inconscientes Usopp y Chopper, y Brook, que había conseguido arrastrarse hasta Robin para intentar verla los panties... para luego caer inconsciente sin llegar a verlos claro está... y ella misma. Soltó un grito de dolor con las explosiones, pero aguantó.
El escudo y las manos finalmente se rompieron, y las explosiones golpearon en mayor o menor medida a todos. Los nakamas de Marcio crearon entonces una pantalla de Haki de Armadura entre los cuatro, y lograron detener de nuevo las explosiones, hasta que estas cesaron.
Borsalino aterrizó con violencia en el suelo, despejando el humo de las explosiones con la presión del impacto.
Para su sorpresa, tres personas seguían en pie.
Altazor, que tenía un brazo sangrando y colgándole del costado inherte, pero que en el otro todavía sostenía una de sus espadas gemelas, le desafiaba, apuntándole con el arma, interponiéndose entre Nami y Luffy, y el Almirante.
– Apártate Altazor... y tú... huye por favor Nami – rogó Luffy a los dos, intentando apartarla a ella especialmente, pero ella se aferró aún más fuerte a él. Luffy no tenía fuerzas para alejarla, pero lo último que quería en el mundo, era perderla – Por favor... vete Nami – suplicó de nuevo.
– No. Estoy a tu lado hasta el final Luffy. Lo sabes – susurró ella, sin ser capaz de abrir los ojos y mirar cómo el Almirante se acercaba paso a paso. Luffy soltó un gruñido de desesperación, y consiguió apuntalar los pies en el suelo.
– ¿Aún resisteeees, Altazor kuuuun? Hazte a un ladooo, tengo trabajo que hacer... quizá hasta te deje vivo, una vez haya mataaado a esos dos, ¿nee? – sugirió Borsalino, encarando una ceja. Para él, su sádica naturaleza convertía en algo muy divertido los momentos de valor de aquellos que le enfrentaban.
– Por encima de mi cadáver, sensei – fue su tajante respuesta, y se mantuvo firme sobre el suelo calcinado y lleno de cráteres humeantes. Kizaru aumentó su aura amarilla, disolviendo los últimos jirones de aura azulada que rodeaban el cuerpo del peli plateado.
– Esooooo... tiene fácil solucióooon... Altazor kun – contestó Borsalino, y levantó su espada. Con un movimiento fluido, chocó la espada con la de Altazor, y tras un forcejeo, se la arrancó de la mano, pero el peli plateado no retrocedió.
– Ya mataste a quien te consideraba su hermano... solo te queda matarme a mí, su hijo, al que juraste proteger con tu vida. Seguro que por las noches... duermes muy tranquilo – dijo el D, sosteniendo la mirada vacía de afecto del Almirante. No hubo respuesta por parte de Borsalino. Cuando iba a rematarle, tuvo que detenerse, y desviar una katana que le atacaba de costado.
– Ya te dije... que al capitán, o la bruja... sólo los tocarás, pasando por encima de mi cadáver, Almirante – murmuró Zoro, mientras se tapaba la herida del estómago con la otra mano. Boqueaba para respirar, y su visión estaba borrosa. Casi parecía más que se había puesto en pie como un autómata, que por su propia fuerza. Pero era su lealtad y orgullo como espadachín y nakama de Luffy lo que le habían hecho levantarse.
– Sois todos... aterradores... y también – dijo Kizaru, observando con la cabeza ladeada a los dos espadachines exhaustos – Cadáaaaveres – añadió, y de un rápido movimiento, alzó a Altazor apretándole por el cuello, mientras éste, agotado, intentaba soltarse pero sin ya fuerzas, y rotando su cuerpo, pateó a Zoro, estampándolo contra el suelo boca a bajo. Se subió sobre él, e iluminó su pierna con un brillo amarillo.
– Zoro... no... – murmuró Robin, que acababa de recobrar la conciencia. Le caía sangre por la cara llena de tierra calcinada, al haber caído boca abajo. Y no podía moverse. Una roca había caído sobre ella, y no tenía fuerzas para moverse. Pero su estado la daba igual. Solo podía ver cómo dos de sus nakamas, uno de ellos especial para ella, iban a morir.
– Déjalos Kizaru. Toma mi vida, y perdona a los demás ¿Es eso lo que quieres, no? – pidió Luffy, que intentó dar un paso hacia él, pero las piernas le volvieron a fallar y tuvo que hincar una rodilla en tierra con Nami tras él, que no dejaba de sujetarle.
– ¿De quéee me serviría? Toooodos vosotros, sois mi presa, Monkey D Luffy – contestó Kizaru con tranquilidad, y con su espada apuntó al pecho de Altazor, que estaba empezando a ponerse morado. Su pierna llegó a la máxima altura, apuntando a la cabeza de Zoro – Los dos... todoooos vosotros... tú, y la chica de detrás tuya, y toooodos los que están en este lugaaar... vaaaaaais aaaaa moriiiir – concluyó, y sus dos extremidades avanzaron.
Como el más rápido de los vientos, un destello plateado entró en la plaza en un instante, y en un parpadeo, se plantó ante Kizaru.
Detuvo su espada con su propia espada... una katana plateada, envuelta en sombras.
Y desvió la pierna de Kizaru hacia un lado con su propia pierna, lanzando el ataque de luz contra las montañas de las alturas desde la que caían las cascadas que daban el nombre a la isla. La explosión fue enorme, y la pudieron sentir incluso desde la distancia en que se encontraban.
El destello plateado tomó forma al detenerse. Kizaru se bajó de Zoro, que gruñó de dolor, y soltó a Altazor como si fuera un fardo, que comenzó a toser mientras boqueaba, intentando recuperar el aliento.
– Vaya... vaya. Así que finalmente... apareeeeces por aquí. Rey Oscuro... Silvers Rayleigh – dijo Kizaru al recién llegado, al que se le movía la capa blanca por el viento generado por la explosión – Segundo al mando de Gol D Roguer... y con una recompensa – añadió el Almirante relamiéndose, y haciendo una pausa teatral.
"De dos mil quinientos millones por su cabeza"
– ¡Ossaaaaan! – gritó Luffy, mientras los ojos se le llenaban de lágrimas de alivio.
– Si tu Gorosei decidiera borrarla, ya estaría retirado, joven Almirante Kizaru – contestó Rayleigh, mientras hacía una floritura con su espada envuelta en sombras. Su tono de voz, no obstante, era mortalmente serio – Pero me temo, que tienes un problema. Las cosas que has hecho aquí, y cómo me has retenido para que no llegara a tiempo para salvar a mis jóvenes amigos... y a tus propios Marines... no son actos que pueda perdonar. No voy a jugar contigo. Voy a ir en serio.
"Más vale que estés preparado... yo no me entregaré como hizo mi capitán"
Marcio, rodeado de sus nakamas, y habiendo dicho todo lo que tenía que decirles, observó al recién llegado.
– Ahora... me puedo ir tranquilo. Disfrutad de una vida feliz, todos... y sed libres de hacer lo que queráis. Mientras ese hombre siga aquí... estaréis a salvo – fueron las últimas palabras de Marcio, que con un suspiro, cerró los ojos, y su corazón dejó de latir.
.
.
.
Hasta aquí el capítulo. En seguida me pondré con el siguiente, pero creo que fue un capítulo incluso mejor que la siguiente pelea.
Muchos estaréis diciendo ¿para que desarrollas un personaje como Marcio, y lo matas a los cinco capítulos de haberlo introducido? Y yo respondo... ¿eso no lo hace aún más especial? Sé que es un personaje que ha gustado, su muerte tiene un sentido. Él se precipitó, pero hizo lo que consideró correcto hasta el final. No muchos podemos apuntarnos ese tanto.
En fin, este capítulo para mí ha sido muy especial. Los que os preguntéis cómo es que un Almirante posee un poder tan elevado, lo vuelvo a decir. Kizaru está a un nivel superior al de Almirante, muy superior. Simplemente, por su naturaleza de psicópata, le gusta jugar con su comida antes de comérsela
Y si... habéis leído bien la recompensa de Rayleigh. 2.500 millones de berries. ¿Exagerada? Para nada. Teniendo en cuenta que estimo que los Yonkous tendrán entr mil millones, el segundo al mando del REY de los PIRATAS, debe tener una recompensa de nivel Yonkou como mínimo.
Responiendo a las reviews anónimas...
-Kirika: Pues tendrás que esperar un poco más todavía, pero creo que el capítulo de hoy también se merece su lectura y disfrute jeje
Nos leemos pronto nakamas, espero vuestras reviews con muchas ganas. Para mi este capítulo fue especial, y me gustaría conocer a fondo vuestra opinión de cómo he desarrollado estos "inesperados" unos, y predecibles otros, eventos
