Cierto día de cierto mes, sobrevolando la frontera de Rusia.

—Entonces… —comenzó Rusia—uno de nosotros tiene que saltar del avión y atacar, ¿no es así?

China asintió.

Hicieron un minuto de silencio. Luego, dijeron al unísono:

—Yo no.

— ¡Ve tú! ¡Eres más liviano, será mejor con el paracaídas! —dijo Rusia.

—Me volaría con el viento. En serio, ve tú, estás más familiarizado con la nieve—insistió China.

—No, ve tú.

—No, irás tú.

—Tú.

—Tú.

—Yo no iré.

—Pues, yo tampoco.

El silencio volvió a reinar.

—Mira…—comenzó el chino—si tú no vas, tomaré medidas drásticas.

— ¿Medidas drá…? ¡Espera! —gritó el ruso, mientras el otro lo arrastraba hacia la puerta del avión.

— ¡Pesas demasiado! —se quejó el asiático.

—Pues yo creo que tienes una fuerza increíble.

—Oh, es muy tierno de tu parte. Y me da asco que sea tierno—después de decir eso, el más bajo intentó empujar al ruso.

— ¡Espera! ¡No tengo paracaídas! —se quejó el euroasiático.

—Pero la nieve es suave, no tendrás problemas.

— ¿Y tú que sabes sobre nieve? La nieve es una traicionera hija de pu…

— ¡Suerte, Rusia! —gritó China, empujando finalmente al ruso del avión.

Unos segundos después, se escuchó una voz que se perdía en la lejanía.

Morirás, Chinaaaaaaaaaaaaaaa.

—Qué imbéciles—murmuró Francia, mirando el periódico—No puedo creer que el estúpido de Rusia haya saltado sin paracaídas de un avión. Ahora tiene los huesos rotos. Se lo merece, pero nos retrasará a la hora de atacar a Alemania. No sé porque, pero aquí hay chino encerrado.

—Sospechar de China está mal, my love~—dijo Inglaterra, mientras bordaba—Por cierto, recuérdame que haces en mi casa.

—Sólo vine a molestarte.

—Pero no me molestas.

—Entonces, no tengo nada que hacer aquí.

— ¡No te vayas! ¡Quiero que me des amor!

—Ya llegué—comunicó Rusia de mal humor.

—Bienvenido, Rusia—dijo Lituania. A su lado, Letonia suspiró con pesadez. No soportaba mucho al ruso. El lituano intentó sacar tema de conversación— ¿Hoy tenías una reunión, no? ¿Cómo fue? ¿Estuvieron todos? ¿También Estados Unidos?

El letón casi golpeó a su "hermano mayor" por mencionar el americano.

Un aura oscura comenzó a rodear a Rusia.

— ¡Lituania! —Exclamó Estonia, al ver el estado del ruso— ¿Otra vez mencionaste al innombrable?

— ¿Quién? ¿Estados Unidos?

Los otros dos bálticos se golpearon la frente con la palma de la mano.

—…Prepárate para ser asesinado—dijo el ruso, casi echando fuego por la boca.

—Bueno, está la comida~—interrumpió Estonia, intentando evitar una catástrofe soviética. Pero Rusia hizo caso omiso.

Letonia se interpuso entre su hermano y el ruso.

—Oye, Rusia, me alegra que llegaras bien—dijo el letón.

— ¿Crees que nací ayer? —dijo el aludido—Mientes, y todos lo saben.

—Bueno, sí, me jode que llegaras bien.

—Así me gusta. Sin falsedades.

—Iré a preparar té—avisó el estonio, intentando escapar de ahí.

— ¿Um? ¿Dónde está la ropa que dejé colgada aquí? —preguntó Rusia, observando el perchero vacío.

— ¿Ese abrigo antiguo y poco agraciado? Lo mandé a un museo—contó Letonia.

—… Podrías haber sido más sutil y decir "Ropa con alto valor histórico".

—No sé como haces para vestir ese tipo de ropas—comentó Letonia.

—Es importante. La gente deja de lado las vestimentas tradicionales, y alguien debe evitar que se pierdan esas costumbres—explicó Rusia.

—…Te da flojera ir de compras, ¿no?

—Exacto.

Se hizo un rato de silencio.

—Dime, ¿porqué eres tan pequeño, Letonia? —le preguntó Rusia.

—Estoy bastante bien. Lo que sucede es que tú eres un mastodonte en cuanto a la altura.

—Letonia, ¿por qué no le caes mal a Rusia? Es decir, le caes mejor tú que nosotros—preguntó Lituania.

El letón, rubio de cabello muy largo y despeinado, un poco más alto que Lituania, con ojos de color negro, observó al lituano.

—No tengo idea—respondió, encogiéndose de hombros—Pero estoy harto de vivir así. A veces preferiría depender de Alemania.

—No sé. Personalmente, no lo soporto mucho…

— ¿Porqué mejor no se quedan al margen de eso? Algún día las cosas se solucionarán—dijo Estonia, apareciendo con su taza de té.

La representación de Estonia tenía cabello muy claro, y ojos celestes. Bueno, el término apropiado sería "Ojo", ya que el izquierdo era un ojo de cristal, cortesía del pasado del estonio. Tenía una pequeña cicatriz ahí y una más grande en su mejilla. Usaba lentes.

—Claro. Relajémonos en un sillón con una taza de café, que Rusia no está al acecho—dijo sarcásticamente Lituania—Mejor pensemos en la cena de hoy. Quiero Cepelinai.

—Es una buena idea, pero sería mejor Putra—dijo Letonia, sonriendo.

—Hagan lo que quieras, de todas formas, yo comeré Pirukas.

Los países bálticos no se parecían en mucho. Y eso sólo era una de sus tantas diferencias.

Sweetie~—Inglaterra estaba llamando a Estados Unidos—Dentro de las provisiones que llegaron hay helado.

—Como si me lo vayas a dar. Te devoras el helado más rápido que Alemania bebiendo cerveza—dijo el estadounidense, amargado.

—Esta vez no—dijo el inglés, negando con la cabeza—Es de menta. No me gusta el color verde que tiene este helado. El verde es un color demasiado aburrido~

—Tú y tus manías… en fin, más para mí—el americano estaba feliz. Fue corriendo hacia donde estaba el inglés, pero se topó con una cáscara de banana.

Rusia había estado comiendo banana. Rusia y sus planes malévolos para hacer tropezar americanos desesperados por helado.

Resbaló, y cayó al suelo de cara.

Honey, ¿cómo hiciste para caer de cara y lastimarte la pierna? —preguntó el inglés, confundido.

—Aliens.

Continuará~


Esta última frase está completamente basada en el meme que dice "Aliens" LOL. Perdón si no les han gustado mucho los bálticos. Me resultan un poquito difíciles de escribir. Pero intentaré hacerlo cada vez mejor òwó.

En el capítulo siguiente: Capítulo dedicado a la alianza anglo-japonesa. Ojalá les guste~