Capítulo 29: Descontrol

Ángela.

Esa mañana me desperté con un terrible dolor en el abdomen. Llevaba días doliéndome, pero no me preocupe ya que creía que era por los entrenamientos.

Me removí y sentí algo húmedo entre mis piernas, alarmándome de inmediato. Abrí los ojos destapándome y sentándome rápidamente viendo el horror que estaba ante mí. Me estaba desangrando y Ash no estaba cerca.

Y grite como una niña de cinco años que ve una cucaracha en su dormitorio o cuando ve un ratón en la cocina.

-¡Sebastian! ¡Ciel! ¡Jim! ¡Alguien!

Casi todos en la Mansión entraron corriendo a mi habitación viendo lo que me sucedía. Sebastian se acercó a mi lado y me tomó del brazo, a lo que yo agarre su otro brazo apretándolo fuertemente.

-No se cómo pero me estoy muriendo. Me hirieron –las lagrimas ya inundaban mis ojos y mi voz se había roto, hasta que Jim estalló en carcajadas y pase del desconcierto a la ira rápidamente.

-¡Hermanita! ¿Por qué eres tan inocente? –casi no lograba terminar la frase debido a las carcajadas que salían de él. ¿Es que no lo importaba que me estuviese muriendo?

-¿Por qué te ríes? –le pregunte furiosa.

-Ange esto es normal –me dijo Sebastian con una cara seria-. Les pasa a todas las mujeres. Esto indica que ya puedes concebir.

Mi cara poco a poco se transformo en horror. ¿Por qué me tenia que pasar a mi? Yo no quería dar a luz a un engendro que se estaría alimentando de mí por algunos meses.

-En serio Ángela, ¿no sabías nada de esto? –preguntó Ciel también serio.

-Por supuesto que no, si creí que un hombre podía quedar embarazado –esto por supuesto hizo reír mas a Jim.

-Tan inocente –decía entre carcajadas.

-Diles que se larguen –le dije a Sebastian mientras mi cara se calentaba.

Sebastian amablemente hizo que todos se retiraran, quedando solo él y Maylene.

-Maylene te ayudará y te dirá que hacer, yo limpiare todo esto -asentí aun con la cara ardiendo-. No es tu culpa no saber, simplemente eres mejor en otras cosas.

Asentí sintiéndome un poco mejor y deje que Maylene me guiara hacia el baño.

Maylene se encargó de que supiera todo, TODO. Sinceramente hubiese estado satisfecha si solo ella me diera instrucciones sin explicar nada.

Prácticamente salí corriendo del baño hacia el comedor donde me encontré algo peor que las explicaciones de Maylene.

-¡Ya llego mi inocente hermana! –gritó Jim riéndose a carcajadas.

Como lo odio. ¿Para qué lo salve?

Me senté a la derecha de Ciel ignorándolo. Jim estaba en su lado izquierdo. A mi derecha estaban Roxanne y Cameron, y a la izquierda de Jim estaban George y Luka. En el otro extremo estaba sentado Soma.

Genial. Todas estas personas vieron mi espectáculo de la mañana.

Hundí mi cabeza entre mis manos lamentando no haber estudiado acerca de las mujeres.

-¿En serio no sabías que "eso" podía sucederte? –Jim no dejaba de molestar.

-Estaba más ocupada entrenando para derribar de un golpe a un tipo de dos metros, eh Wise.

-Pues yo creo que tu valentía salió corriendo cuando creíste que ibas a morir, eh Valeur –soltó otra carcajada. Sebastian pasó a mi lado dejando mi desayuno y un té-. ¿Quieres saber otra maravilla de tu cuerpo?

-Ya deja de burlarte Alois –le advirtió Ciel, aunque claramente se veía que se estaba divirtiendo.

-¿Sabes algo acerca de los orgasmos múltiples?

-¡Oh, por Dios! –replicó Roxanne sonrojándose en extremo- ¡Ya para! Apenas es el desayuno.

-No entiendo, ¿Qué es eso? –pregunte confusa ganándome una carcajada de todos los hombres presentes, entiéndase amos, mayordomos, el jardinero y el cocinero.

-Yo creo que tu gemelo y tu nacieron en los cuerpos equivocados –dijo Soma volviendo a reírse.

Volteé mis ojos y me retire de la mesa yendo a la cocina. Bard camino a mi lado haciendo bromas con un Finnian mas atrás riéndose ligeramente.

Como los odio a todos.

Bard me sirvió un plato de lo que él había cocinado. Llevábamos días entrenando nuestras capacidades.

Bard estaba aprendiendo a cocinar, aunque no hacia los mejores manjares de Inglaterra se ganaba puntos por ser comestible y tener buen sabor, por supuesto Sebastian y Claude se turnaban la comida.

Maylene había aprendido a no hacer desastres cerrando los ojos, había confiado en su sentido del tacto.

Finnian aprendía a controlar su fuerza. Con las construcciones que Claude estaba realizando detrás de la Mansión, Finny tenía su propio lugar de entrenamiento que incluía un espacio para gallinas que ponen sus huevos, él ya había logrado recoger la docena sin romperlos.

Jim resultó ser muy inteligente en cuanto al cuerpo humano se tratara. Cuando no ayudaba a Ciel a realizar la tarea, él aprendía del cuerpo humano y ayudaba al señor Tanaka a ganar resistencia y masa muscular. Además de eso le llegaban cartas de asuntos de la Reina, él atendía casos de trafico de personas, de drogas y de cadáveres en los últimos días, aunque seria mas correcto decir que Claude lo hacia todo.

Ciel había estado aislado de la mayoría. A veces salía a hacerles compañía a mis hermanos, con los cuales se veía que se había encariñado, cosa que agradecía ya que no discutió cuando le pregunte si se podían quedar. Con el que mas afecto tenía era con Cam, hasta un día lo vi correr hacia Cam cuando éste se caía de una escalera por querer alcanzar un libro.

Yo había empezado a pasar más tiempo con Sebastian. Hacer el desayuno en la mañana junto a él, entrenar a los demás hasta la hora del almuerzo, comer junto a los demás, en la tarde entrenar solo los dos, controlar que Sebastian y Claude no se maten al hacer la cena y por ultimo me acompañaba hasta la puerta de mi habitación, luego el día volvía a comenzar. Por supuesto junto con el entrenamiento también tenia que subir de peso, Sebastian decía que no era saludable que estuviera tan flaca, a lo que yo le respondí que Ciel estaba más flaco que yo.

Ash no había vuelto, algo con lo que estaba agradecida. Él no hubiese dejado que me acercara tanto a Sebastian. Sabía que era imprudente, pero mientras no intentara leerle la mente mi habilidad de carisma actuaría a mi favor y él no sería más que un cachorrito.

Soma había llegado el día anterior trayendo a Pluto. Ellos dos junto con Agni se habían ido a pasar unas vacaciones, sobretodo para que Soma exhibiera a Pluto y sentirse poderoso. Aun era un niño.

Había terminado de dar el visto bueno al plato de Bard cuando Maylene entró a la cocina pidiendo que la ayudara con su sentido del olfato. A veces el tacto no era suficiente para distinguir entre dos sustancias y terminaba pintando la Mansión de negro.

Me levante dispuesta a seguirla cuando unos hombres derribaron la puerta. Finnian saltó encima de ellos pero uno de ellos lo empujo hasta el otro extremo de la cocina con gran velocidad, Bard intervino utilizando una olla como arma pero el mismo sujeto sacó su espada fácilmente lo desarmo. Maylene se quito sus lentes y comenzó a disparar. Sabía que también iba a fallar.

Los hombres estaban vestidos totalmente de blanco, significaba que o eran mayordomos de la Reina o eran ángeles. Así que buscando la espada que estaba detrás de uno de los estantes me acerque a enfrentarlo justo cuando Maylene era derribada. Los dos blandimos la espada y el choque de ellas me estremeció, él empujo con fuerza y yo lo deje, deslizándome hacia un lado y dándole un fuerte golpe con mi puño cerrado a su muñeca que provoco que la soltara. Luego gire rápidamente para tomar fuerza y velocidad y darle justo detrás de las rodillas, provocando que se cayera y yo pusiera mi espada justo en su garganta.

-Un solo movimiento y no vivirás para contarlo –le advertí a lo que su compañero se rió.

-Esos movimientos giratorios solo los hace un McCain. No te preocupes, solo comprobábamos la seguridad.

Bufe ante la pobre excusa y deje ir al hombre que aun tenía arrodillado, no sin antes hacerle un corte en la mejilla.

-Para que te acuerdes de mi –le dije burlándome.

-¡¿Y quienes se suponen que son ustedes?! –preguntó Bard alterado.

-Nos presentamos –comenzó a hablar al que le había cortado la mejilla claramente malhumorado-. Mi nombre es Charles Grey.

-Y mi nombre es Charles Phipps –dijo el otro ubicándose al lado de su compañero-. Nuestro nombre en clave es Doble Charles.

-Somos los oficiales privados de la Secretaria de Su Majestad La Reina y mayordomos. Un placer conocerlos –completó Grey.

Grey era el mas bajo de los dos y su cabello cortado en capas hasta un poco mas debajo de los hombros y se veía que era el mas travieso, Phipps por el contrario era mas alto y su cabello era corto y transmitía tranquilidad, aunque no dudaba que pudiera ser agresivo en algún momento. Sus ojos me parecían que eran de color azul claro, pero no estaba segura.

-¿A que debemos el honor de la visita? –pregunto Sebastian terminando de bajar las escaleras.

-Mayordomo Phantomhive, veo que ha conseguido un excelente perro de defensa –dijo Grey mirándome, buscando ofenderme.

-Perros podríamos ser llamados nosotros los mayordomos. Sin embargo la labor de la señorita McCain se encuentra muy por encima de nuestros deberes –le respondió Sebastian con una sonrisa.

-¿Señorita McCain? Aun no ha hecho su presentación para ser llamada por su apellido.

-Pronto será –le respondí terminando la conversación.

Grey, sin quitar la sonrisa de su rostro, sacó una carta de su saco y nos la enseño.

-Hemos venido a entregar un mensaje.

Respire profundamente esperando que no se notara mi perturbación. Lo que estuviera dentro de esa carta sería el castigo de Ciel por desobedecer órdenes. Teníamos que iniciar ya un plan para salir de esto.

Ciel

En el momento que Ángela me fue a buscar al despacho para ir hacia el salón principal supe que había llegado el momento que tanto había esperado los últimos días.

Gracias a los hermanos de ella no había caído en el estrés por esperar el castigo de la Reina y del que obviamente tenía que evadir. Según Sebastian la tía de Ángela desapareció después de una discusión con la madre de ella, los hermanos menores fueron secuestrados a excepción de Cameron, quien me hacia recordar mi infancia. No sabíamos más lo que me inquietaba. Ella me había dicho que tenía catorce hermanos y solo sabíamos de cinco.

Las pesadillas habían vuelto y esta vez con mas fuerza. Me despertaba siempre antes del amanecer con Sebastian a un lado de la cama. Al menos ya no gritaba, con tantas personas en la Mansión causaría un revuelo.

Algo que me sorprendió en gran medida fue la construcción detrás de la Mansión. Según Alois el espacio no era lo suficientemente grande para todos y que extrañaba su propio espacio, como me desesperaba cuando se ponía en modo "soy superior a ti", él no era más que un sirviente, ni sé porque lo dejaba hacer tantos cambios.

La mano de Ángela posándose en mi muñeca me trajo a la realidad. El alivio viajo por todo mi cuerpo y la tensión del cuello desapareció.

-Ya llegamos –me dijo y paso al salón. Yo le seguí.

Adentro los mayordomos de la Reina se presentaron y me entregaron la carta. Sentí como todos aguantamos la respiración mientras la abría. En el salón estaban Ángela, Alois, la pequeña Roxanne y los trillizos, aunque estos últimos estaban más lejos de nosotros.

Leí atentamente y esto no podía verse peor. Tenía que recibir a un invitado alemán. Si le llegara a pasar algo, como creía que era lo planeado, Alemania pediría mi cabeza y la Reina se la daría gustosa. Agregándole mi titulo de noble haría quedar a la Reina en una posición más favorable para las negociaciones. Sería tipo: "Oye te acuerdas cuando sacrifique a un miembro de la nobleza solo por complacer tu sed de venganza". Política asquerosa.

-¿Por qué yo? –les pregunte aunque ya sabia las respuestas- No sería el mas adecuado para recibir a un invitado de la Reina, mi nombre es poco conocido y podría sentirse incomodo u ofenderse.

-El hombre invitado es un pariente lejano de la Reina que muestra interés en las industrias que dominan al mundo –explicó el mayordomo más alto-. Tu compañía se maneja bien a nivel mundial, con tus influencias podrías invitar a algunas personas que puedan complacer a nuestro invitado.

-A pesar de todo, ¿esta bien que sea yo el que lo entretenga?

-Tu imagen no quedo bien después de la última misión, ¿no quieres la oportunidad de restablecerla? –dijo el más pequeño con una sonrisa maliciosa- De todos modos es una petición de la Reina al "Noble Conde", no al "Perro Guardián".

-Nobleza Obliga –terminó de decir el alto.

Nos observamos tensamente por diez segundos hasta que asentí quitando la tensión en el ambiente.

-De acuerdo, acepto. ¿Para cuando sería la reunión?

-Dentro de dos semanas –dijo Grey tomando un dulce de la bandeja que trajo Sebastian.

-¡Oh! Coincide con mi presentación a la sociedad –exclamó Ángela sonriendo.

Estuve a punto de hacer un gesto de sorpresa pero me controle a tiempo.

-Tengo entendido que las presentaciones no se realizan hasta que la señorita cumpla la mayoría de edad –dijo el alto claramente confundido.

-Mi familia se encuentra dispersa y lamentablemente ya no tenemos a la cabeza de la familia. Ya que ahora soy una señorita hemos decidido que asumiré la responsabilidad –explicó como si fuera obvio.

-¿Una mujer como la cabeza de la familia? –preguntó el bajo burlándose de Ángela.

-Te recuerdo que esta mujer te dejo de rodillas en menos de un minuto –le contesto con una sonrisa que significaba peligro.

-Espero que pienses en hablarlo con la Reina –dijo el alto impidiendo que el bajo replicara.

-No te preocupes Phipps, seguiremos siendo las armas de La Reina hasta que sea conveniente.

-¿Qué significa eso? –preguntó el alto con la mirada completamente seria.

Los esta retando claramente.

-Sabes lo que significa. ¿Algo más que agregar antes de acompañarlos a la puerta?

-Si –dijo el bajo centrando la mirada en mí-. Espero que no le moleste que venga a su reunión como representante de la Reina.

-No hay problema –conteste rápido queriendo que se retiraran lo antes posible.

-Bien. ¡Nos vemos dentro de dos semanas! No es necesario acompañarnos hasta la puerta.

Ellos salieron y la habitación quedo en un silencio tenso.

-Así que cabeza de la familia. Dime cuando pensabas decirlo –hable tranquilamente aunque mi enojo se evidenciaba.

-Se me acaba de ocurrir. Relájate –respondió desestimando el asunto con la mano-. Además no puedo tener a mi familia aquí por mucho tiempo, es inapropiado, no son Phantomhive, son McCain.

-¡Tu eres mi guardiana! –le grite inclinándome hacia delante.

-¡Y no he dicho lo contrario! ¡Pero aquí no soy más que una sirvienta y ellos no merecen ser tratados así! ¡Puedo ser perfectamente ambas cosas!

-¿Cómo? ¿Piensas que ser la cabeza de una familia es tan fácil? ¡Tienes que ocuparte de todos los asuntos que se presenten con la nobleza! ¿En qué momento serás mi guardiana? ¡Las dos cosas son un trabajo de tiempo completo!

-¡Los McCain no somos como otras familias de la nobleza! ¡Y no me necesitas! ¡Tienes a Sebastian! ¡Este solo es otro capricho tuyo!

-¡Entonces lárgate si eres tan independiente!

Mi pecho subía y bajaba y comprendí al mismo tiempo que ella endurecía la mirada y se levantaba que lo que había dicho estaba mal. Trate de tranquilizándome diciéndome que solo haría un berrinche y después volvería al verla salir de la habitación rápidamente.

-Joven Amo, no creo que ella vaya a hacer un berrinche –dijo Sebastian.

-Él tiene razón –dijo Alois-, ella se tomará en serio lo que dijiste.

Chasquee la lengua y me levante saliendo del salón y encontrando a Ángela con al menos cinco maletas. Se detuvo y me fulmino con la mirada.

-¡Jim! ¡Niños! ¡Nos vamos! –gritó sacando una sexta maleta quien sabe de donde.

-Alois es mi sirviente, no te lo puedes llevar –le replique enojado ganándome un codazo de parte de Alois. Se suponía que tenia que impedir que se vaya-. Quiero decir, lamento mi comportamiento, no he dormido bien.

-¿Ahora tu mal comportamiento se debe a que no has dormido bien? –preguntó con ironía sin creerme.

-De hecho –intervino Alois a mi favor-, con lo que he podido investigar, si una persona no duerme adecuadamente dirá cosas que no quiere y actuara indebidamente.

-Jim, ya sabes por donde te puedes meter tu investigación –le respondió poniendo la novena maleta con las otras.

-Lo siento por herir tu sensible orgullo –Alois me dio otro codazo, pero esta vez se lo devolví.

-¿Mi sensible orgullo? ¿Quién fue el que se puso a lloriquear cuando dije que ahora voy a ser igual a cualquier noble? ¡Oh claro! ¡Una mujer no puede tener la misma posición social que un hombre! ¡Ven aquí y déjame patearte las bolas para ver si soy mas débil que tu!

-Ángela, te he enseñado a insultar cortésmente –le reprendió Sebastian pero solo hizo que se enfureciera mas.

-¡Yo insulto como me de la gana! ¡Y si tienes algún problema con eso ven y te lo digo a la cara! –terminó dando un suspiro mientras ponía la decima sexta maleta en la entrada.

-¿Por qué esta tan sensible? –le pregunte en voz baja a Alois.

-Son las hormonas, pero lo que yo me pregunto es cuando logro hacer las maletas tan rápido.

-O de donde las saco –dijo Roxanne al otro lado de Alois.

Para ese momento ya todos estábamos en el recibidor bajo un silencio tenso.

-Yo no me quiero ir –dijo Cameron antes de llorar. Ángela abrió sus ojos en sorpresa y trato de acercarse pero él se escondió detrás de mí, lo que hizo que esta vez yo abriera los ojos-. El señor Ciel me enseña muchas cosas, mi hermano Jim me viste con muchas ropas, el señor Tanaka me regala dulces, el señor Finnian me deja entrenar con él, la señorita Maylene me deja ayudarla a poner la mesa y el señor Bard me enseña los peligros en la cocina. Ellos no me tratan como si me fuera a romper como lo hacen ustedes.

Cameron siguió llorando aferrado a mi saco y obviamente llenándolo de mocos. Estuve a punto de hacer un gesto de fastidio cuando vi como Ángela lloraba.

-L-lo siento –dijo mientras llevaba sus manos a la cara.

-Sebastian –lo llame esperando a que me quitara al niño, sin embargo él fue hacia ella cargándola y llevándola hacia el piso superior.

Me quede impresionado ante la escena. ¿Por qué Sebastian fue con ella si mi deseo era que se ocupara de Cameron? ¿Cuándo se desarrollo esa confianza entre los dos? ¿Cuándo dejó de hacer lo que yo quería?

-Claude, deshaz las maletas y devuelve la ropa a su sitio –la orden de Alois me saco de mis pensamientos.

Tome a Cameron de la mano y lo lleve hacia mi despacho. Ya adentro busque los chocolates que les robaba a Sebastian y se los di a Cameron.

-No debes llorar delante de las personas –le dije suavemente pasando un pañuelo por su cara-. Pueden creerte débil y se aprovecharan de ti.

Él suspiro profundamente y dejó de llorar.

-No lloraba en serio, sé que mi hermana no puede resistirse a mis pedidos cuando lloro –me dijo con una sonrisa angelical que yo correspondí, era un gran manipulador-. Pero este también será nuestro secreto, así tú guardaras uno mío y yo guardare el tuyo.

Asentí y recordé esa vez que lo llame por un nombre diferente.

-No te preocupes Cam, sé que mi secreto esta a salvo contigo.

En ese momento entró Sebastian interrumpiendo. Cameron puso mala cara estando de espaldas a Sebastian.

-Ve con tus hermanos Cameron, hablaremos mas tarde.

Cameron asintió y salió corriendo.

-Manda las invitaciones Sebastian y déjame solo.

Él asintió y se retiró. Yo necesitaba privacidad para el plan que iba a empezar a armar.