Confrontación.
Cristal Parker había decidido investigar un poco más sobre el nexo que tenían Hermione Granger y Harry Potter; ahora con las pruebas irrefutables de esa relación lo único que le faltaba era esperar a que las cosas sucedieran. Se dirigió a su despacho para poder tomar un poco de café negro ya que el día había estado cansado y lleno de hallazgos satisfactorios. Abrió la oficina para encontrar el mismo desorden de papeles que había dejado en un arranque de desesperación ya que se caracterizaba por ser siempre organizada en cuanto a sus expedientes se refería.
-Solo falta un poco más- Se decía a si misma dirigiendose a la cafetera para degustar una taza de su bebida predilecta.
En ese momento alguien más entraba por aquella puerta con demasiado sigilo y tranquilidad, ella lo reconoció al instante y alzó solo un poco su taza en señal de saludo. Connor Blake se notaba tranquilo y sereno, cosa que había sorprendido sobremanera a la chica auror quien estaba acostumbrada como siempre a trabajar bajo presión; aunque esta vez sus sentidos se encontraban más relajados por el triunfo de su sospecha.
-Creo que ya tenemos al imitador - Connor se sentaba en la silla que daba al escritorio cruzando su pierna y flexionandola contra su rodilla contraria recargándose en el respaldo de la misma con una actitud relajada.
-Quieres decir que ya lo atrapaste entonces?- La pelinegra de ojos azul intenso preguntaba al tiempo que se sentaba en su escritorio para discutir sobre el tema.l
-Ya lo tengo señalado, resultó complicado debido a la falta de pruebas pero esta mañana me dirigi en la busqueda de los exmortifagos, o al menos los últimos que quedaron- El castaño esbozaba una sonrisa bebiendo un sorbo de su taza humeante de liquido negro mientras que Parker colocaba una mano en el mentón arqueando una de sus cejas; se encontraba desconcertada al descubrir que su colaborador había tenido un gran avance a su comparación frustrando un poco aquel plan que tenía para más tarde.
-Los unicos que quedaban eran los Parkinson, los Goyle, los Crabbe, y algunos otros menos populares que terminaron haciendo servicio comunitario al alegar que actuaron bajo coacción o … ¿Cómo le llaman ahora?, ah si, maldición Imperius- La chica se reia un poco dando otro sorbo de café comparando aquella opinion con el auror castaño.
-No podía ir con los Parkinson pues estan demasiado alterados por la desaparición de su hija pero si acudí con los Crabbe- En ese momento Cristal dejaba su taza mirándolo inquisitivamente.
-Pero ellos perdieron a su hijo en la sala de los menesteres, eso fue deacuerdo a la declaración que rindió Ron Weasley hace un mes cuando recien llegué a este colegio- Hizo una pausa para respirar un poco y volverlo a observar. -Lo que no me explico es ¿Por qué el secuestrador tendría algo que ver con esa familia si el hijo esta muerto?- Preguntaba la chica mientras que Connor colocaba sus brazos en la cubierta del escritorio para observarla mejor.
-Por que precisamente el es el motivo por el que el imitador esta actuando- Se inclinaba un poco más obsrvando detenidamente el contorno de los labios de la pelinegra mientras que ella no le despegaba la vista desando saber un poco más al respecto. Por alguna circunstancia aquel aroma le resultaba bastante familiar, alguien con quien estuvo involucrada hace algunos años atrás, pero eso no importaba ahora debido a que tenían una pista más cercana al imitador, y ella por su parte podría asegurar un triunfo en la captura del primer captor.
-Entonces argumentas que todo esto se debe a la muerte de aquel muchacho amigo de Malfoy, por lo que yo supe en esa época se habían quedado atrapados en la sala de los menesteres junto con Potter y los demás- Cristal bebía otro sorbo fijandose en el contorno de los labios de Connor quien se los relamía un poco debido a la ansiedad que estaba experimentando. -Muchos dicen que Draco iba a asesinarlos, otros que casualmente se estaban escondiendo de la euforia de la guerra, otros simplemente opinan que Potter y Malfoy se traian ganas desde hace mucho- Concluía dando otro sorbo de su café.
-Tengo pruebas que aseguran que Malfoy los llevó a ese lugar para que acabaran con los amigos inseparables de Gryffindor, además ¿Por qué otro motivo precisamente secuestrarían a los Slytherin?- Connor se levantaba de repente para poder dar algunos pasos alrededor de la oficina observando los estantes que anteriormente estaban cubiertos de pociones, ingredientes como algas marinas, huevos de doxi y algunos otros necesarios para las clases que impartía el profesor Snape, ahora ocupado por Cristal Parker encargada de atrapar a los malechores. -Yo pense que podría ser alguno de los Weasley, o incluso el mismisimo Harry Potter, pero no creo que ese sea el movil , o ¿Tu que opinas?- El castaño se dirigía lentamente hacia el sillón donde la pelinegra se encontraba sentandose en la cubierta del escritorio quedando a escasos centimetros de ella.
Cristal comenzaba a observar al muchacho detenidamente dándose cuenta que tenía gran parecido con aquel hombre con el que se había involucrado; ese aroma a colonia para rasuar y yirbabuena eran inconfundibles, pero caía a la cuenta que no podría existir aquella casualidad entre ese chico y Connor Blake comenzando por los rasgos físicos. Se levantó sin despegarle la mirada sonriendo sensualmente para recargarse en la pare3d y tenerlo de frente sin que tuviera el arrebato de besarlo o desnudarlo; pues cabe mencionar que ella se sentía atraida por ese castaño quizá por las comparaciones que había hecho con esa persona del pasado.
-Los Weasley no pudieron ser definitivamene- Suspiraba un poco tomando de nuevo la taza de café para llevarla a sus labios. -La respuesta es simple, aquella familia no es de las que albergue rencores contra nadie, y menos contra unos chicos que tan solo abanderan su propia vanidad, además de ser el caso se iriían direcatametne contra los padres o con los responsables directos - Cristal caminaba un poco más por su oficina haciendo que el castaño volteara instintivamente para no perderle de vista. -Harry Potter no podría ser, ya que de cualquier manera si hubiese querido vengarse de Malfoy simplemente hubiera testificado en su contra con los miembros del Wizengamot, no le hubiera mostrado piedad argumentando un intento premeditado de asesinato- La chica volvía a voltear para observar a su compañero quien estaba tambien dando algunos pasos.
-Es por eso que otro es quien esta actuando de esa manera, una persona que detesta a Draco Malfoy por sobre todas las cosas, alguien que resintió la muerte de Crabbe a tal grado de quererse vengar- El chico tenía un expediente en las manos abriendolo delante de ella para que observara una fotografía de dos chicos que se encontraban juntos. La auror notaba que por sus rostros de felicidad, aquellos dos tenían algo más que una amistad, así que arqueó las cejas un poco más dandose cuenta que tendrían que buscar a ese sujeto para interrogarlo pero Connor adivinó ese pensamiento para interrumpirla.
-El no se encuentra en el colegio Cristal, deacuerdo a lo que he investigado ahora debería estar en su lugar feliz rodeado de nuevos amigos en sanmungo- El joven castaño mencionaba al momento en que revisaban el historial de aquel chico que se encontraba bastante cariñoso con Crabbe.
-Asi que estos dos tenían algo más que deberes juntos, ¿Quién lo diría?- Parker tomaba el expediente y observaba la hoja de vida del responsable del secuestro de los Slytherin. - Aquí se menciona que se escapó del sanatorio, asi que creo que tenemos a un verdadero loco suelto con ansiedad de venganza.- Concluía la pelinegra haciendo que Connor sonriera de satisfacción ante tal hallazgo.
Ambos estaban a un paso de encotnrar a los criminales secuestradores, las pruebas estaban por fin saliendo a la luz y los sospechosos eran desenmascarados poco a poco. Por otra parte la pelinegra tenía todavía sus dudas respecto a su colaborador Blake, ya que eran demasiadas las coincidencias que tenía con aquel hombnre con el que había estado involucrada en el pasado. Aun tenía en la mente aquella actitud petulante que lo caracterizaba, esas facciones fuertes que adornaban perfectamente el rostro masculino que hacía suspirar no solo a ella.
Estando con aquel auror se daba cuenta de que esa escencia que creía haber olvidado llegaba un poco más impregnándose en su misma piel al degustar la yierbabuena que tanto le encantaba haciendo memoria de la cantidad de ocasiones que se había entregado a la pasion mezclandolo con algo de paloma picasso. Aquella relación pasada era muy pasional, demasiado peligrosa incluso para ellos mismos; Cristal recordaba cada detalle cuando vivió en Nueva York durante su adolescencia despupés de haber concluido sus estudios en Salem.
La gran manzana le recordaba aquellas vivencias tatuandose en su piel de nueva cuenta como si fuesen cicatrices que el tiempo no había logrado borrar a pesar de los años transcurridos y su formación academica respaldada por Alastor Moody. En esos tiempos tan solo era una chica rebelde deseando devorar el mundo de un solo bocado, había pertenecido alguna vez a esa clase de pandillas locales de la ciudad para demostrar que siendo una mujer podía tener el mundo a sus pies. Ahí fue donde lo conoció, donde se enamoró de aquel joven tan bien parecido que hacía suspirar a todas esas niñas que incautamente caian en sus redes para poder disfrutarlas solo por una noche.
-Lucien…- La detective suspiraba mientras que el castaño arqueaba una ceja desconcertado, no esperaba que lo llamaran de esa manera.
-Disculpa?-
-No, no me hagas caso- Puntualizaba al instante la auror mientras que se dirigía a la salida debido a que tenía algo urgente que hacer durante aquella tarde.
-Estaras libre este sabado?- Preguntaba al instante el chico castaño sentandose en la silla apoyando su torso en el respaldo con una mirada picara y socarrona, en cambio la detective solo se volteo ligeramente para observarlo con una sonrisa burlona y divertida; ladeando su cabello daba un paso adelante para dirigirse al pasillo.
-Quizá…- Sonreía de la misma manera mordiendo su labio inferior dedicando aquella mirada tan sensual que dejaba esa pequeña duda en cualquiera; eso lo sabia perfectamente Connor quien interpretaba todo aquello como un reto del cual era el unico participante. Cristal Parker era una belleza como ninguna, esos labios de fresa y cabello negro como la noche la hacían lucir como una diosa al momento simpre de caminar por los pasillos acaparando las miradas de los estudiantes e incluso de algunos maetros mañozos que trataban de discimular su hombria sin tomar en cuenta que las mejillas tambien son un indicador que delata.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o
Draco se habia levantado temprano aquella mañana, decidió no salir de casa para poder pasar mas tiempo con Hermione, ya que después de todo sabía perfectamente que aquello no duraría. Se encontraba semidesnudo con tan solo una ropa interior de color negro ajustado, su arete de esmeralda brillaba un poco con la refracción de luz que se escapába de la ventana lanzando los primeros colores matutinos a pesar de estar en un clima helado.
Se quedó un rato mas observando a su castaña dormir como un angel, eso se estaba convirtiendo ella para él desde que había llegado de esa manera a su vida, miraba los cabellos rizados y castaños extenderse a lo largo de la almhoada asi como también sus pomulos que le daban ese toque infantil y travieso que le encantaba. Hermione Granger era bastante hermosa, su nariz aguileña, sus labios menuditos y contorneados simulando un corazón alargado; las manos blancas que sin pintura o joyas lucian hermosas sobre esas sabanas, ese respirar tan tranquilo, apacible, tierno, aunque lo que más adoraba era su sonrisa, aquella que le robaba el corazón cada que la esbozaba.
-Podria quedarme asi para siempre…- Susurraba para si mismo sin despertarla pero decidió tomar una ducha para comenzar el dia. Tenía que enterarse de lo que habia planeado aquel otro secuestrador que tenía a sus amigos, pues eso dependía totalmente de él, debía arreglar esa cuenta solo ya que después de todo Potter podía esperar hasta la siguiente entrevista pero sus amigos quizá estarían sufriendo a manos de un maldito desalmado que buscaba la forma de joderlo por alguna cuenta que habia dejado pendiente.
Se había mtido en la ducha y el ruido de la misma había despertado a la chica quien había descansado como una reina. Sus párpados se abrian pesadamente para contemplar otra habitación diferente a la que estaba acostumbrada; no estaba el gran reloj, la ventana quedaba en otra posición y las sabanas estaban calidas. Definitivamente algo nuevo y acojedor a lo que por varios meses estuvo acostumbrada.
-Draco…- Suspiró un poco deseando no despertar de ese sueño hermoso, consideraba ahora su cautiverio como un paraiso que necesitaba tanto, que su cuerpo le había pedido a gritos no solo para que vibrara con el contacto de aquel hombre que la tenía prisionera, sino para darse cuenta de algo muy importante. Lo que quería no era lo que deseaba.
Se levantó en seguida para poder dirigirse a la cocina y prepar algo de desayunar para ambos, tomó la camisa blanca de Malfoy colocandosela adecuadamente, se acicaló el cabello rizado para poder salir de la habitación. Todavía se escuchaba la regadera del baño mientras que bajaba las escaleras, asi que decidió en ese momento acudir a la otra recamara por el libro que había dejado pendiente por leer, pues aun tenía la incertidumbre de ese idilio amoroso que se descrbía.
Llegó a esa habitación tomando el manuscrito para dirigirse a la cocina y perparar algo de comer, ahora que Plumber no estaba disponible; al menos no para hacer las labores domesticas, tenía que arreglarselas sola para poder degustar algo decente, pues conociendo a Draco Malfoy estaría cien por ciento segura que no tenía idea de como freir una papa. Riendo un poco por eso ultimo entraba al lugar donde observaba claramente aquella linea blanca impecable digna de una mansión de millonarios; tanto la estufa como el fregador eran de acero inoxidable bastante extenso para ollas y cazuelas grandes.
En el centro se encontraba una mesa alargada donde se cortaba y revolvían los ingredientes antes de llevarlos a la cocción respectiva; había recipientes de cristal templado para todo tipo de usos, refractarios, tazones cuadrados y redondos, cucharas de madera de todos los tamaños e incluso cuchillos de diferentes filos, algunos de ellos raros para el tipo de corte que debían hacerse durante la preparación de los alimentos. La mayoría del espacio se encontraba cubierta de mármol como el piso, las paredes y las terminaciones de la estufa o los hornos, eso le daba el toque más calido y sofisticado que una cocina debia tener para hacer que la inspiracion llegara al momento de preparar suculentos platillos.
La castaña comenzo a buscar en la alacena algunos huevos asi como algo de tocino en el refrigerador para comenzar a preparar el desayuno; utilizaba una sarten engrasandola debidamente con margarina. Buscó algo de pan de centeno y algunas naranjas para poder hacer el jugo y poder llevar una charola presentable a Draco. Escuchaba los quejidos todavía de Plumber que se encontraba encerrado en la habitacion de los elfos bociferando la misma cantaleta de todos los días, "La escoria debe morir", "La escoria asesina debe regresar al infierno", "Mi amo no se merecia esto".
Tenía que averiguar la razón por la que ese hombrecillo harapiento había tratado de asesinar a su amo, temía que en cualquier momento alguien irrumpiera en la mansión de estocolmo para poder privarlo de la vida y eso no lo permitiría. Por otro lado tenía la preocupacion sobre la entrevista que tendría que hacer Draco con Harry, pues era imperativo que debía librarlo de toda culpa ahora que habia decidido recontruir su camino. Sus padres ya estaban enterados que estaba con vida y a salvo, tan solo faltaba calmar a los diarios sobre el misterio de su desaparición, no obstante, también le aquejaba sobremanera ese otro captor que había privado de la libertad a Parkinson, Nott y Zabinni pues era evidente que tenía una lucha personal contra el platinado.
Decidió por un momento concentrarse en preparar el desayuno y continuar con su libro ya que le resultaba intersante la trama y sobre todo la temática que lo envolvía. Terminó de hacer los huevos para posteriormente esperar a que la cocción del tocino fuera la adecuada; lo abrió y comenzó a leer.
"Hemos librado ahora la primer batalla contra los bárbaros del oriente medio que intentaron saquear a nuestro pueblo; aún no me explico como es que salimos con vida de ese terrible enfrentamiento donde por extraño que pareciera no hubo muertos, aunque si heridos de gravedad mismos que fueron atendidos por las mónacas de la region que se dedicaban a ese tipo de heridas hechas por armas filosas y alargadas.
Merrik peleó como todo un capitán de guerra blandiendo su espada y enterrandola en la carne enmiga para así impedir que cualquier de ellos nos hiciera daño; aveces considero que el sería un mejor principe de lo que yo puedo ser a pesar de haberme esforzado mucho en desempeñar bien mi ambiguo papel. Mi padre constantemente nos exortaba a luchar con el corazón antes que con las esntrañas o la fuerza misma, un hombre justo que hacia lo imposible para conservar a su pueblo a salvo de cualquier amenaza.
Ese dia nos encontrabamos en el bosque de Franzforks; tierra colindante con el reino de Portokaris rico en fauna silvestre que se aferraba a ese lugar convirtiendolo en su propio terreno. Merrik se encontraba herido gracias a un tipo que lo habia tomado por la espalda dandole un rozón en el punto medio de su armadura; sitio donde la carne desnuda era vulnerable en la batalla. Afortunadamente yo solo tenía un brazo falseado por lo que ninguna gota de sangre había brotado de mi cuerpo dandome la oportunidad de poder asistir a mis hombres con una palabra de aliento o una buena dosis de ungüento de Oyamel con alcohol; remedio utilizado para cicatrizar las heridas evitando que se infectaran.
Merik se encontraba postrado en uno de los camastros acariciandose la herida y quejandose un poco del dolor; su cabello negro se pegaba a su frente debido al sudor frio que estaba provocando el ardor de la carne viva. Me acerqué con sigilo para ver su estado y al observar mi llegada me esbozó una sonrisa triunfante como era su costumbre; debo admitir que aquel hombre era más petulante que ninguna otra persona que yo hubiese conodido en mi vida.
-Os han dado duro esos malditos no es asi capitán?- Pregunté desviando la mirada, pues aún sentia que aquellos ojos almendrados me quemaban.
-No os preocupeis mi principe, esto no es mas que una herida superficial que se gana en la batalla para preservar nuestro reino, y este humilde siervo con gusto daria la vida por veros triunfante- Su voz comenzaba a sonar apacible, galante, segura de si misma al mirarme con aquellos ojos que tanto me encantaban. A decir verdad temía lo peor al pensar que le hubiesen matado sin esperanza de volverlo a ver.
-Ensegida traere las curaciones para trataros esa herida mi capitán, debeis descansar ya que el viaje a casa es largo, pero debeis tener en mente que habeis luchado con todo el corazon y gallardia portando con orgullo el estandarte de Portokaris.- Mencionaba con orgullo de aquel caballero que estaba convaleciente y sudoroso. En ese momento sentí que mi piel se estremecía con ese toque de sus mano cuando se aproximó lo suficiente para acariciar el dorso, me sonreía con dulzura, no como un amigo leal le sonríe a otro sino como algo más profundo que eso.
-El mejor regalo que podeis darme mi principe, es vuestra sonrisa- Mi respiracion se hacía complicada al experimentar esa caricia tan lenta y decidida, por lo que desvié un poco la mirada deseando que no continuara. -Os han dicho que vuestras manos son tan suaves como los petalos de alcatraces en los jardines de vuestra madre?- Merrik me contemplaba con serenidad mientras que mi ritmo cardiaco crecia a gran velocidad temiendo en caulquier momento que mi corazón se saliera de su sitio.
-Gracias capitán, pero… esto no es un buen cumplido viniendo de otro hombre- No me atreví a mirarlo, ya que solo con el simple hecho de sentirme ruborizada me bastaba para desear marcar la distancia necesaria para evitar algo de lo que tuviera que arrepentirme más tarde. Aquel hombre no detuvo su caricia y me tomaba del mentón despacio para obligarme a mirarlo.
-Mandadme a la horca entonces mi principe, ejecutadme en este momento pero ni asi dejare de venerar sus bellos ojos- Deliberadamente colocaba mi mano en su pecho para poder sentir los latidos de su corazon que estaba al mismo ritmo que el mio. Mi alarma sonaba constantemente en una señal de peligro constante, y si no estaba preparada para poder huir en cualquier momento me delataría a mi misma derrumbando todo por lo que mi padre ha trabajado durante mucho tiempo. Pero antes de poder hacer cualquier cosa tan solo stenti esos iojos que tanto me gustaban diciendo la palabra peligrosa.
-Mi principe Aldhir, acusadme de enamorarme de usted como un loco- Eso ultimo hizo que mis ojos se desorbitaran un poco, si no marcaba la linea entre el deber y el sentimiento sencillamente se crearia un pandemonio parecido a la destrucción de muchos de los reinos que alguna vez florecieron en la opulencia.
Mis manos temblaban, me preguntaba constantemente si Merrik tenia gusto por los caballeros y no por las damas, por lo que recordé alguna vez un idilio entre dos de nuestros hombres de la misma forma. La sociedad y sobre todo las creencias de Portokaris condenaban ese tipo de "desviaciones" que catalogaban como actos mismos del demonio para evitar la procreación, el matrimonio religioso y las buenas costumbres de un pueblo sumido tal vez en el miedo. Esos hombres fueron ejecutados por el solo hecho de amarse entre si, de entregarse en cuerpo y alma no haciendo daño a nadie, ya que como caballeros eran los mejores, leales e intachables en cuanto a conducta y disciplina, pero las cosas aquí eran asi.. Tuve miedo, sentí ganas de correr y de matarlo en ese momento para que ese sentimiento que ahora era mutuo creciera como la espuma o la melaza recien hecha, me aparte un pco y lo mire con desición.
-Capitan Merrik, debo advertiros que puedo mandar ejecutaros por esta aberración, puedo hacer que os envien a una celda fria a pan y agua hasta llegar vuestro deceso, pero habeis demostrado una gran valentia en batalla y no me convendría perder hombres de vuestra categoría y fuerza.- Me levanté en ese momento sin mirarlo por mas que deseara prenderme de esos labios sin importar siquiera mi título nobiliaro, pues es cierto cuando dicen que el amor hace que la sociedad se vuelva ciega para poder seguir lo que dictaminen las emociones, ese, definitivamente no debía ser mi caso.
-Hare de cuenta que no he escuchado esas palabras capitán, pero de ahora en adelante debeis guardar vuestra distancia conmigo, si algo teneis que arreglar hacedlo con el rey o con el entrenador de campo- En ese momento me disponía a irme cuando senti de nuevo sus palabras que me atravezaban el corazón como una daga.
-¿A que le teneis miedo mi principe Aldhir?, a atreveros a decir que amais a otro hombre, o a decir…- En ese momento hizo una pausa. - Que en realidad no sois un principe… sino la hija primera del rey- Sentí que mi sangre abandonaba mi cuerpo de manera estrepitosa, mis manos temblaban sobremanera al siquiera imaginar que mi identidad había sido descubierta; todo por lo que mi padre había trabajado para poder mantener la corona y guiar a nuestro pueblo a la conservación ahora se volvían nada por alguna estupidez que por descuido habia provocado.
Voltée suavemente, pensaba en acabar con su vida yo misma y hacerlo parecer un accidente, pero ante todo yo era una noble, alguien que había visto morir por el hierro ajeno a varios de mis hombres que dieron su ultimo suspiro para proteger nuestro feudo; por tal motivo mancharía su recuerdo al pensar siquiera en cometer un acto tan atroz como el asesinato.
Solo deseaba escapar, desear no haberme topado nunca con Merrik, con ese hombre que detenía mi respiración con tan solo contemplar sus ojos, con cualquier palabra que saliera de esa boca, con esa sonrisa apacible que me había conquistado haciendo que emergiera mi instinto de mujer como si se tratara de una flor de la naturaleza luchando contra las inclemencias del tiempo.
-No sabre con claridez si ese comentario venenoso que ha salido de vuestra boca sea producto vil de la sangre que brota de ese cuerpo o simplemente intentáis poner en tela de juicio mi homnbría- Con desición enfrentaba aquella verdad que deseaba disfrazar de calumnia observando que Merrik se incorporaba sosteniendose con la mano la herida, se quejaba constantemente debido a que no cicatrizaba y sin apartar la misma sonrisa de su rostro decidio hablar de nuevo.
-Vuestro secreto esta a salvo conmigo mi Lady Andrein de Portokaris- Se volvía a quejar mientras que de nueva cuenta yo lo observaba con inquisitez, no sabía como o donde había descubierto mi identidad pero tendría que averiguarlo.
-De donde sacais esa disparatada Merrik- Me acerqué a el lentamente observando que no se burlaba, ni siquiera había tenido alguna otra emoción que no fuera el quejarse por la herida que había sufrido en la batalla.
-Antes de haber arrivado a las tierras de Portokaris, mi padre el barón desde muy pequeño me inculcó que la corona del reino debía pertener a nuestra familia, siempre… como una religion, como esas oraciones que los frailes os inculcan para enriquecer la cultura.- Note que respiraba con dificultad, pues aquella herida ahora estaba causandole un gran dolor, solo me acerque un poco más para poder auxiliarlo en caso de ser necesario. -El baron desea la corona mi bella lady, desea usurpar el puesto de vuetros padre, pero no haria respeto a los ideales del reino, pues el poder corrompe el cuerpo como la fiebre negra que atacó al feudo de Gorthseth hundiendolo en la miseria y pudredumbre.- No sabía que contestar a toda esa confesión, pero estaba segura de una cosa; si no era precavida perderia no solo el derecho a predecer la corona sino a la vida misma, asi que tan solo me limité a obsrevarlo para descifrar sus verdaderas intenciones.
-Por que me estais contando todo esto?, ¿Acaso no creeis que podeis perder la vida por esta confesión?, tu aceptais en este momento que venís por la corona de mi padre, pero lo que vuestro limitado cerebro se cierra a creer es que tiene aliados que estarian dispuestos a dar la vida de ser necesario por su nombre, asi que…- Me acerqué amenazante corriendo un mechon de mi cabello oscuro mirandolo con desición y firmeza, no me iba a permitir ablandarme en estos momento sobre todo el los tiempos de guerra que se avecinaban,. -No os permitiré una calumnia más hacia mi persona, recordad que soy vuestro principe.- Indicaba con determinacion contemplando que me miraba con otra apacible sonrisa.
-Entonces, ¿Cómo queréis que os ame?, como mi principe, como mi princesa, ¿Cuál sera la forma ideal para poder seguiros hasta la muerte..- En ese momento sus ojos se tornaron suplicantes, una lucha interna se habia presentado en él asi como en mi caso particular; no había pensado en tenerlo como hombre por que eso seria firmar mi sentencia de muerte en caso dado que mis sentimientos fueran descubiertos por alguien más.
Esta vez no me separé, pude disfrutar sus toque rugoso, su aroma a pino y tabaco, sus dientes aperlados y su cabello largo que se pegaba a su piel a causa de la humedad sofocante de la tienda de campaña. -…Si quereis matarme, hacedlo tu, que sería la unica forma de acabar con todo esto, aunque yo os propongo amarnos, no importa como, no importa cuando o en que forma, o.. decidme… Mi principe Aldhir, Mi princesa Andrein… ¿Acaso no sentís lo miso cuando estamos cerca uno del otro?- Mis ojos se conectaron con los suyos perdiendome en un mar de confisión que podría arrastrarme al mismisimo infierno, por un lado debatía el deber y por el otro lo que estaba naciendo entre ese engreido de VanHerrkins y yo; no sería buena señal puesto que su misión principal sería quedarse con el trono derrocando el actual gobierno de mi padre.
Mis sentidos estaban mas confindidos luchando unos con otros para ver a cicncia cierta quien tenía razón, miraba el rostro de mi amado Merrik; ya me tomaba el atrevimiento de llamarlo así desde que mi corazón no me pertenecía. Aquellos dias en los que lo había conocido habían sido sencillamente los mejores al lado de un gran guerrero y un excelente amigo; muchas de las doncellas del reino habían postrado sus ojos en Merrik deseando ser una de ellas la esposa, la novia, la amante o incluso la pasión de un par de noches. Eso en lo particular me hervía la sangre.
-Desde cuando sabeis mi verdadera naturaleza Merrik- Comente con un deje de duda mientras el acariciaba sutilmente mi mejilla.
-Vosotros acostumbrais bañaros en el misma cascada que alguna vez lo hice, aun lo recuerdo como su fuese ayer… vuestro cuerpo mojado nadando al compas de las ondas del agua hacian que mi hombría se inquietara como los dragones cuando son amenazados- Merrik volvió a sonreir provocando que yo hiciera lo mismo subconcientemente, no tenia idea de que ese sitio fuera un lugar publico o que al menos alguien estuviese rondando cerca.
-Creo que debo ser mas discreta con mis horas de privacidad capitán- Sonrei en ese momento mientras tanto el volteaba a ambos lados para asegurarse que no viniera ningun soldado, pues a pesar de estar solos en esa tienda, en cualquier momento podrían venir para preguntar sobre su estado. Sonrió para si mismo y sin pensarlo me tomó de la cintura dandome un beso apasionado en los labios.
Aquello fue breve, sustancioso, peligroso en toda la extensión de la palabra; sus labios carnosos se posaron en los mios haciendo que mis sentidos se estremecieran uno a uno que de no ser por la coraza de hierro que tenía en ese momento no hubiera dudado en entregarme sucumbiendo al deseo. Sus manos acariciaron mis mejillas al finalizar el encuentro, me sonrió un poco para despues darme otro pequeño beso como si fuese el primero, de esa clase que los mancebos a temprana edad suelen otorgar cuando se trata del primero.
-Soy tuyo mi principe Aldhir, completamente tuyo mi lady Andrein- Me decia en susurro haciendome sonreir como una chiquilla idiota, yo le tome la mejilla contemplando sus ojos almendrados y su cabello humedo pues aun se encontraba herido.
-Debeis descansar mi amado Merrik, hoy habeis peleado como nunca y me partiría el corazón pensar siquiera que puidierais perder la vida por algo como esto-
-Estaré bien ahora que se que peleo por vos, os protegere aun en contra de mi padre, no permitiré que vuestro reinado de paz se vea opacado por la ambición y la envidia- Mencionaba apaciblemente mientras que yo me levantaba lentamente del camastro para verificar el estado de mis demás hombres, tendría que asegurarme de que todo estuviera en orden.
-Si seguiremos con esto Merrik, debeis aceptar amarme como Aldhir, pues comprenderéis que es menos riesgoso para todos ese papel, quizá vuestra hombría se vea afectada un poco o el ego se quebrante como una espada oxidada, pero debeis entender que no puedo ser Andrein todavía, incluso debo quiza olvidarme de que alguna vez existió. - Le decía por ultimo mientras lo miraba dedicarme otra sonrisa.
-Sera como deséis vosotros mi lord, asi que… ahora seremos amantes, amigos, seremos uno, hombre a hombre amandonos como un varón ama a una doncella.- Finalizaba recostandose en el camastro esperando que la curación surtiera efecto.
