EPILOGO
Una semana más tarde la Orden Mortífaga volvía a vestir túnicas negras. Sin embargo, el motivo no podía ser más diferente. Los que antaño portaban ropas de combate con cientos de hechizos de protección encima, ahora exhibían túnicas de luto. Capas serias y adustas, sin bordados.
Ese día darían comienzo los funerales y el lado Oscuro lloraba a sus muertos.
Harry Potter se miró en el espejo de la habitación y se arregló la túnica con un gesto mecánico y distraído. El reflejo le devolvió una imagen alicaída y con tristeza desvió la mirada hacia la ventana desde donde se podía ver un cielo gris plomizo que auguraba lluvia.
Tom le había contado que mientras estuvo inconsciente el cielo no dejó de tronar un solo instante, reclamando según decía, a su amo. No le hizo demasiado caso, Tom tendía a fantasear con mitos y leyendas y a menudo se obsesionaba con reliquias y objetos sagrados que tan solo existían en la imaginación de algún muggle loco.
Suspiró, cansado de esperar. El tiempo parecía dormirse en el reloj, que inalterable continuaba con su eterno tic tac. Era como si desde que se había despertado los minutos se alargasen hasta convertirse en horas, haciendo eterna su espera.
FLASH BACK
Poco a poco fue despertando. Notaba vagamente como unas manos acariciaban su cabello con ternura y confiado, dejó escapar un pequeño suspiro de gozo. Le gustaría poder quedarse así para siempre, seguro, en paz.
-Harry.
La voz llegaba distorsionada, como si procediese desde muy, muy lejos. Tal vez desde mundos aún por descubrir, desde lugares más allá de toda imaginación.
-Abre los ojos, pequeño –la voz lo instaba a regresar pero algo dentro de él le decía que si los abría ya nada volvería a ser igual, que sería un viaje sin retorno-- Vamos pequeño, demuéstrame que no te he perdido.
Y entonces algo hizo clic en su cerebro y recordó. Recordó la batalla, la sangre, la muerte. A Granger y a Weasley. Recordó el cuerpo inerte de Ginny sobre la hierba, a Neville atravesándole con una espada que era fría como el hielo, y el grito desesperado de Voldemort. Recordó el miedo.
Con el corazón latiéndole desbocado y reprimiendo las ganas de vomitar, abrió los ojos. Tom estaba su lado, inclinado casi completamente sobre él, murmurando incoherencias en parsel mientras estrujaba las sabanas sobre las que estaba tendido. Nagini también estaba allí, fielmente enroscada al cuello de Tom, observando atentamente a Harry a través de sus ojos sin párpados. Al verlo despertar, siseó como una serpiente cascabel.
Intentó levantar una mano para llamar la atención de su compañero pero no hizo falta.
-¡Harry! –susurró Voldemort. La emoción reprimida en sus palabras, la alegría brillando en sus ojos.
-Ya creías que te habías desecho de mi ¿eh? –dijo con voz ronca, carraspeando un poco al final.- Tengo sed.
Empezó a incorporarse, pero la mano firme de Tom sobre su pecho se lo impidió.
-Todavía no, pequeño. Te has librado de una buena. Da gracias a que Salazar te guarda las espaldas –Harry sonrió levemente, contagiado por la alegría disimulada de Tom.
Tras observarle unos minutos en silencio, Tom se levantó de la silla en la que había permanecido hasta ese momento y se dirigió hacia un pequeño armario. Harry lo observaba amodorrado, pero aún así pudo darse cuenta de los movimientos algo pesados de su mentor.
-¿Cuánto tiempo llevo aquí? –preguntó de improviso. El heredero de Slytherin se tensó un segundo y luego se volvió con rostro indescifrable, portando una botellita malva en la mano.
Harry la aceptó sin hacer preguntas, no era un experto en pociones pero esa fácilmente reconocible, era la Anima Vitae, uno de los más poderosos recuperadores de magia.
-Seis días –contestó tras ver como se tomaba la poción sin rechistar- No te atrevas a volverme a dar un susto así en tu vida, pequeño, o seré yo el que te mate con mis propias manos.
Harry notó el cariño en sus palabras y se sintió arropado por ellas.
-Gracias por cuidarme –era innecesario decirlo y Harry lo sabía. Provocó que un tono rosáceo cubriera las mejillas de Tom y que éste refunfuñara por lo bajo, disimulando su turbación.
Dos sonoros golpes en la puerta de entrada a las habitaciones del mayor hicieron que tanto Voldemort como Harry dieran un respingo.
-Tú, quieto ahí. Nagi, vigílalo –y salió del dormitorio entornando la puerta tras de si sin llegar a cerrarla del todo para permitirle a Hary escuchar la conversación.
-¿Qué ocurre, Lucius? Creí que había dejado lo suficientemente claro que no quería que me molestaran.
-Perdone, milord, pero nos han llegado informes de que se empieza a formar una Resistencia en el Este. Si desea que ataquemos, estamos listos para partir en cuanto nos autorice.
-Déjales Lucius. No haremos nada, al menos no de momento. La vida sería demasiado aburrida sin nadie contra que pelear.
Harry, desde su cama, acarició la fría piel de Nagini y sonrió ante la extraña filosofía de su mentor.
-Como usted diga, señor. Y...
-¿Si, Malfoy? –la voz de Tom empezaba a sonar crispada.
-Disculpe mi indiscreción pero...
-Ha despertado –y la puerta se cerró de un portazo.
Harry esperó a que su compañero se hubiera acomodado de nuevo en la silla que antes ocupaba para preguntarle lo que le había preocupado desde el momento en que despertó.
-Voldemort... –el aludido lo miró fijamente, intuyendo que su pupilo no iba a usar su sobrenombre en vano- ¿Y Ginny?
El heredero le pasó una mano por el cabello, acariciándolo suavemente, y Harry notó como sus ojos se humedecían.
-Esperando.
FIN FLASH BACK
La mansión Riddle nunca había estado antes tan silenciosa. Ya no se oía a los niños corretear por los pasillos, o las típicas peleas entre alumnos en el jardín. Las salas de tortura hacía varios días que habían enmudecido y en ellas solo se escuchaba el desagradable zumbido de las moscas. Hasta los cuadros y las criaturas guardaban silencio, respetando el luto de los vivos por los muertos.
Pocos eran aquellos que podían jactarse de no haber perdido a nadie. Incluso entre las criaturas había habido bajas. Elisha, la esfinge milenaria, sucumbió ante el ataque coordinado de cien magos árabes. La Dama Arpía quedó herida de un ala, incapacitada para volver a levantar el vuelo el resto de su vida. Entre los minotauros solo sobrevivieron unas decenas y de las mantícoras, ninguna. Ares y los demás antiguos, aunque salieron intactos se retiraron a sus territorios. Viejos reinos olvidados por los brujos, grandes áreas metropolitanas muggles, difuminándose en la eternidad de las noches. Y no se sabría nada más de los vampiros hasta varias décadas después.
Entre los humanos, los más afortunados solo habían perdido a compañeros de clase con los que no tenían mucha relación, o familiares a los que tan solo conocían de vista, pero la mayoría no habían tenido tanta suerte, y de la noche a la mañana se encontraron sin amigos, hermanos, o como Crabbe, sin sus padres.
En cambio, casi podía decirse, que a excepción de Ginny, el resto de los Invencibles salieron intactos de la Batalla. Draco con una leve conmoción cerebral, Blaise con una fobia a las arañas que negaría durante el resto de su vida y Harry con una cicatriz que le cruzaba de lado a lado el bíceps izquierdo y que escocía en las noches de tormenta. Pansy perdió visión en el ojo derecho, y aunque los medimagos fueron favorables en las predicciones de su recuperación ya que decían que la recuperaría con el paso del tiempo, le prohibieron realizar determinadas actividades durante unos meses. Theo, que estaba roto por dentro, no se enteró de que había salido sin un rasguño.
Las bajas entre el bando de la Luz eran incalculables. Había tantos y tantos cadáveres en todos los rincones del planeta que hasta los más sanguinarios sintieron nauseas, mezcla de asco y compasión. Ni siquiera Bellatrix tuvo el valor de burlarse de los muertos.
Sin embargo había cuerpos que no aparecían. Y sus nombres escritos en largas listas en tinta roja decían: Neville Longbottom, desparecido. Alastor Moody, desaparecido. Amelia Bones, desaparecida. Arthur Weasley, desaparecido. Y así seguían muchos más, personajes que habían sido clave en el transcurso de la Segunda Guerra y que según la creencia popular, se organizaban en una nueva resistencia al este de Inglaterra, en el condado de Norfolk.
Nadie comprendía como con la simple ayuda de una misteriosa sombra Neville había escapado de la ira de cuatro Invencibles, hasta que Sirius y Severus reconocieron no haber acabado con Moody.
-¿QUE SE OS ESCAPÓ? –bramó Harry al enterarse.-¿CÓMO QUE SE OS ESCAPÓ?
Sirius gruñó como un perro enfadado y Snape miró hacia otro lado.
-Que hicisteis.
Ante la demanda, los viejos rivales se apuntaron con el dedo, como dos niños acusicas. Remus, al verlo, no pudo evitar soltar una risita disimulada. Había cosas que nunca cambiarían.
-¡Fue su culpa!
Harry se dio cuenta que ya no valía la pena enfadarse, y pensando que esto le daba la oportunidad de vengarse personalmente de Longbottom, lo dejó pasar.
-Está bien, no quiero saberlo.
& & &
El funeral de Ginevra Molly Weasley, debido a su elevada posición en la jerarquía mortífaga, sería el primero de todos los que vendrían después. Dado que el único lugar al que Ginny verdaderamente había llamado hogar era la Mansión, el funeral tendría lugar en los jardines, a orillas del lago en el que Theo y ella se besaron por primera vez.
No hicieron aparecer sillas porque Ginny siempre había bromeado con que su funeral sería algo simple y rápido, nada de esos tostones a los que tenían que ir cada vez que caía un mortífago y que duraban horas y horas.
-Ginevra fue un miembro digno de esta mansión. Demostró su constancia y su lealtad en todas las pruebas que le pusimos y no le importó el rechazo que incluso yo mismo sentí al verla ante mi por primera vez –Tom, que la honraba con un discurso sencillo que ponía en manifiesto su valor en el bando de la oscuridad, sonrió porque sabía que eso no era del todo cierto. Ya había visto antes a la pequeña Weasley en el Diario, y como confesor suyo durante un año sabía que su corazón era mucho más negro de lo que aparentaba. Ira y resentimiento ante una familia que la ignoraba. Odio ante todos aquellos que la despreciaban por haber nacido donde no eligió nacer.- Fue la mejor en todo, y cuando se propuso entrar en los Invencibles, lo consiguió. Todos sabéis que innumerables veces su fuerza y su determinación fueron lo único que la mantuvo en pie durante un ataque. Todos sabéis que no tembló cuando la torturaron durante la batalla de Cambridge, que era leal hasta la muerte a la Causa y que habría muerto antes que traicionar a sus amigos. Recordadla. Pensad en ella en los atardeceres rojos y en los amaneceres sangrientos, acordaos de esa pelirroja que tuvo el valor de dejarlo todo atrás, incluso a su familia, por perseguir sus creencias y sus ideales. Recordad a Ginny Weasley, mortífaga, compañera, hermana.
Pansy reprimió un sollozo y agarró fuertemente la mano de Draco. Era el segundo funeral de una amiga al que asistía. El primero había sido el de Daphne Greengrass, una compañera de Slytherin, años atrás. La muchacha había perecido antes de la llegada de la pelirroja a los mortífagos, por culpa de un Avada perdido lanzado por algún estúpido auror. Le había gritado que se apartara, y ella había vuelto la cabeza con esa sonrisa arrogante que tanto la caracterizaba y que se le congeló en el rostro cuando la imperdonable la alcanzó. Pansy gritó de nuevo, y volvió a gritar, pero ya era demasiado tarde.
Y ahora el suceso se repetía. La pequeña Ginny, la protegida de todos, yacía inerte sobre un manto de terciopelo negro, como si simplemente estuviese descansando, durmiendo, soñando.
Sin poder evitarlo, una lágrima se deslizó por sus mejillas, trazando un camino amargo hasta sus labios. Sintió la mano de Draco rodeando su cintura y atrayéndola hacia si y sin querer contenerse por mas tiempo se abrazó contra él, hundiendo el rostro en su cuello. Dejándose mecer por las palabras del rubio en su oído.
Mirando por encima de Draco, observó a Harry, situado unos metros por detrás de ellos, apartado de todos. Un aura oscura le rodeaba y hacía ondear suavemente su cabello azabache haciéndole parecer más salvaje que nunca. Miraba al frente, más allá de los presentes, del cementerio, de la mansión. Miraba hacia el infinito, tal vez despidiéndose del espíritu de su amiga, que tal vez lo observaba todo desde algún lejano lugar. Deseó decirle que la despidiera de su parte, que le dijera cuanto se lamentaba por no haberla podido proteger... pero no hizo falta. El joven lord desvió su mirada perdida y clavó sus profundas esmeraldas en ella. Estaban acuosas y brillantes pero transmitían una energía y una fuerza incapaces de obviar. Le dirigió una sonrisa triste y él asintió quedamente para luego volver la mirada hacia la tarima donde Theo acababa de aparecer.
Theodore Nott hijo, vestía una túnica negra con una rosa blanca –porque según Ginny las rojas eran una horterada- en el ojal. Estaba pálido y ojerizo pero tranquilo. Había llorado la muerte de su amante hasta que ya no le quedaron más lágrimas que derramar y la ira se esfumó por completo, dejando en su mente buenos recuerdos y una sensación de nostalgia que no se le curaría en la vida. Cuando fueron a visitar a Harry al quinto día de la Batalla, y Voldemort les impidió pasar, creyó que de nuevo volvía a caer víctima de la locura y la ansiedad. No soportaría perder a otro amigo. No ahora.
Voldemort, de la misma forma que lo había enfurecido, lo calmó.
-Vivirá –y volvió a cerrar la puerta de la habitación.
Aliviado como estaba, esa noche se permitió volver a llorar por Ginny. Su Ginny.
-Qué deciros que no sepáis ya. Podría pasarme la tarde entera, hasta que cayesen los últimos rayos del sol, hablando de todas sus virtudes. Podría enumerarlas una a una y hacer que los ojos de los que ella más amó se humedecieran una vez más. Podría haceros sonreír recordando bromas y momentos y soñar, todos juntos, una vez más, que nada ni nadie nos separará. –los presentes callaban, escuchando las palabras de un joven que en una semana había envejecido más de diez años. Pansy lloraba en silencio en el hombro de Draco y Blaise miraba al cielo, dejando que la brisa fresca se llevara sus lágrimas.
-Pero Ginny nunca quiso un funeral largo, y los que la conocisteis siempre supisteis porqué. Era alegre y divertida y no podía permanecer quieta más de diez minutos en un mismo lugar. No le gustaba llorar ni que los demás llorasen delante suya, porque entre nosotros, nunca supo consolar a nadie demasiado bien. Por eso no diré mas. Era una buena amiga y una gran hermana y se diga lo que se diga, siempre fue mejor persona de lo que muchos lo serán jamás.-Theo cogió aire, luchando por mantener la compostura y quitándose la rosa del ojal la dejó sobre el cuerpo de su amante. El blanco resaltó sobre la túnica negra, como una mota de luz en la oscuridad.- Parte libre, mon cherie, parte en paz –besó una última vez sus labios, fríos como el mármol y dejó que una lágrima resbalase por sus mejillas hasta caer sobre su pecho.
Pronunció un encantamiento y el cuerpo empezó a arder con un fuego azul y verde, que bailaba una danza lenta y melancólica. La brisa aumentó su fuerza y removió las hojas de los árboles, que se agitaron al son callado de la despedida.
-Nunca te olvidaré –Theo miró hacia sus amigos y por primera vez en días se vio capaz de sonreír. Sin fuerzas, sin ganas, pero una sonrisa al fin y al cabo.- Nunca te olvidaremos.
Su padre, que nunca le había dado demasiado cariño, que le había educado estrictamente desde la muerte de su madre, acontecida cuando era muy pequeño, se acercó unos pasos y agarró su hombro. Apretando fuerte, transmitiéndole su apoyo. Theo se dejó consolar por esos brazos algo torpes y se hundió en un abrazo extraño, sintiendo que por primera vez compartía con su padre algo más que el nombre. También él sabía lo que era perder al ser amado.
& & &
La gente se fue dispersando poco a poco. Algunos empezaron a caminar de vuelta hacia la mansión, otros muchos se desaparecieron y unos cuantos se dirigieron al lago. Solo unos pocos se quedaron observando la interminable danza del fuego. Harry, que había permanecido apartado durante todo el funeral se acercó al viejo roble donde sus amigos hablaban en voz baja. Al verlo llegar, Blaise no pudo evitar que una sonrisa radiante le iluminase el rostro demacrado por la tristeza. Era la primera vez que lo veían desde aquella fatídica noche.
-Me alegro de verte, gato. Te echábamos de menos.
Harry sonrió también, melancólico. Hacía mucho tiempo que nadie, aparte de Pansy, le llamaba así.
-Nunca he comprendido porqué me llamáis gato a mi cuando eres tú, Blaise, el que se transforma en uno.
-¡Ah mi querido amigo! La respuesta no puede ser más simple, sois vos y no yo el valiente y fiero león –exclamó haciendo grandes aspavientos con los brazos.
Los cinco se echaron a reír, deseando liberar tensión.
Harry aún así, sintió que le faltaba por hacer algo, y acercándose con paso inseguro a Theo, le rodeó con un brazo y lo atrajo hacia si con fuerza. El invencible se debatió entre sus brazos hasta que se rindió y le devolvió el abrazo, aferrándose a él.
-Perdóname –susurró.- No pude salvarla.
-No fue culpa tuya, hermano.
Harry aumentó la presión del abrazo al sentir como las fuerzas de su amigo flaqueaban.
-Tampoco tuya -Theo no contestó.
Permanecieron así unos segundos, hasta que Harry notó como se le empezaban a agarrotar los brazos y la respiración de Theo volvió a la normalidad.
-Queríamos ir a verte –dijo Draco cuando sus amigos se separaron.- Pero Voldemort nos lo impidió. Estaba fuera de sí. Se encerró contigo en su habitación y no te dejó ni un solo instante. Temimos lo peor.
Harry guardó silencio, esperando que entendieran sin palabras. Y ellos solo asintieron, comprendiendo. Observaron la pira consumirse hasta que solo quedaron unas cenizas humeantes y cuando se las llevó el viento se dieron la vuelta y empezaron a andar de vuelta a la mansión. No era necesario decir nada.
Harry miró hacia el cielo, donde un grupo de nubarrones ocultaban el sol de la tarde. Miró hacia atrás y sonriendo una última vez al pasado, saludó al futuro. Un futuro en el que –paradójicamente- no existiesen las sombras. Un futuro con Tom, con Naggini. Un futuro en el que poder disfrutar de una taza de chocolate sentado en el sofá junto a Remus y Sirius, descubriendo los secretos de sus padres y deleitándose con las aventuras de los merodeadores. Un futuro con sus amigos. Siendo adolescentes otra vez, madurando, envejeciendo juntos.
Vio a Morgana a orillas del lago, con un grupo de amigas y torció la cabeza meditando nuevas posibilidades. Le susurró un hola al viento y su corazón se volvió un poco menos frío cuando ella sonrió al recibir el mensaje.
Quien sabe qué nos deparará el mañana.
Ahora que se había acabado la guerra, el mundo estaba lleno de posibilidades, y aún quedaba mucho por hacer.
Draco y los demás se habían adelantado unos metros. Se reían. Recordaban algo que había echo Ginny tiempo atrás. Parecían felices. Quiso compartir ese momento con ellos pero alguien se cruzó en su camino y se lo impidió.
-¿Cómo estás? –Tom había aparecido de pronto, o al menos eso parecía –lo más seguro es que llevase un rato siguiéndole.- Los ojos verdes tintineaban con la luz de la tarde, con el brillo característico de quien está preocupado.
-Bien.- y se sorprendió al descubrir que no era mentira. De repente, se sentía más en casa que nunca.
Tom pareció comprenderlo.
-Vamos, pequeño –murmuró con voz tranquila, pasándole un brazo por los hombros.-La guerra ha terminado.
Y ahora comenzaba el reinado de la Oscuridad.
En la ausencia de la luz, la oscuridad prevalece.
