Hola!

Sé que he tardado un poco tiempo de más en actualizar, pero mi única excusa es que no tenía tiempo.

La sorpresa que hablé el último día al final la dejó para el capítulo siguiente (como cambio de opinión yo)

Disfrutad con la lectura.


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Capítulo veinticinco:

Aquí ves lo peligrosa que soy, Turner

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Unas pocas horas después del amanecer, los tres merodeadores fugitivos regresaron al castillo. Habían decidido quedarse esa noche en la casa de los gritos para no levantar muchas sospechas debido a los hechizos que habían causado heridas en ellos. Ninguno de los tres estaba para nada contento con lo que había sucedido la tarde anterior. Sirius era quién estaba más predispuesto a estallar en cualquier momento. No le había gustado para nada que les obligasen a marcharse de aquella forma, ni de la lucha, ni de la casa de Cornamenta.

-Voy a la enfermería- musitó antes de alejarse de sus amigos sin mediar más palabra

¡Cómo si fuéramos niños! pensó con frustración, ninguno entiende que ya somos adultos. Deberíamos habernos quedado en la lucha hasta el final. ¿Para qué si no estudiamos Defensa Contra Las Artes Oscuras? Es increíble que crean que no podemos enfrentarnos a esos asesinos. Lo que deberían hacer es dejarnos participar de forma más activa contra ellos. Sé que nosotros somos capaces de hacerles frente. Tuvo que dejar sus pensamientos a un lado cuando giró la esquina que daba a la enfermería y escuchó unos pasos que se acercaban hacia dónde él estaba.

Rápidamente se escondió detrás de una de las columnas de piedra. No le apetecía lo más mínimo hablar con nadie y mucho menos si se trataba de algún profesor. Aliviado descubrió que las madrugadoras eran Criss y Lindsey. Frunció el ceño al recordar que esas dos chicas no se llevaban bien. Sus instintos merodeadores le previnieron de un posible desastre, pero los obvió deliberadamente.

-ese será problema de mañana en todo caso

Cruzó la puerta de la enfermería agradeciendo su buena suerte al no encontrarse con madame Pomfrey allí y caminó directo hasta la cortina tras la que se encontraba Lily. Todo su cuerpo se paralizó al ver recostada entre la silla y la pelirroja a Alexandra. Durante un largo minuto no pensó en nada, se quedó mirándola fijamente con una sonrisa en sus labios. A continuación se acercó a su lado y usando su voz más pícara le susurró unas cuentas palabras al oído:

-¿quieres que el seductor más grande de todo el castillo te dé un beso de buenos días, Halliwell?

No se sintió decepcionado al comprobar la reacción de la chica: Alexandra dio un brinco, que por poco no le golpeó de lleno en la nariz, y se mantuvo quieta mientras respiraba desacompasadamente. Sirius le mostró una de sus sonrisas coquetas de siempre esperando un grito o algún insulto ingenioso por su parte. Parpadeó incrédulo al notar cómo ella formaba una mueca parecida a una sonrisa en su rostro un segundo antes de lanzarse a sus brazos. No lo pensó ni un instante. Extendió sus brazos y con el corazón latiéndole a mil la abrazó atrayéndola fuertemente hacia su pecho.

Por primera vez en mucho tiempo, Sirius se sintió completo. Cerró los ojos mientras apoyaba su mentón en el pelo de la chica y se dejó llevar por aquél momento. No entendía por qué sentía ese extraño escalofrío recorriéndole todo el cuerpo, ni por qué tenía la sensación de aquello era algo especial. No se molestó en recordar la inmensa cantidad de veces que había estado de esa misma forma con todas las chicas con las que había estado. Sorprendido comprendió que aquello no era para nada parecido a nada de lo que había vivido, y en el fondo solo se trata de un abrazo.

Comenzó a acariciarle el cabello de forma inconsciente pensando que debía alejarla de su lado. Se obligó a recordar que a Alexandra le gustaban las chicas y que si le estaba abrazando era por algo extraño que seguramente jamás lograría comprender, pero eso no le hizo separarse, ni mostró el mínimo intento de hacerlo. Por alguna razón que no comprendía, le gustaba estar así. ¿Los hechizos que recibí ayer me han hecho tener alucinaciones? pensó de forma inconsciente

-gracias Sirius- susurró ella con voz queda antes de separarse de él

-yo... confuso...- musitó él viéndose incapaz de pronunciar otra palabra ante aquel extraño comportamiento

-ya no te oigo, Black- afirmó Alexandra sonriente

Sirius alzó una ceja más confuso aún.

-casi no he hablado -indicó sin dejar de mirarla ni un instante

-lo sé - volvió a acercarse a él y le tomó de una mano- vamos, ven conmigo. Echo de menos a nuestros amigos... ¡Hace mucho que no hablo mucho con ellos!

-tú te alejaste de nosotros

-¿eso hice?- preguntó fingiendo desinterés- locura transitoria temporal

-¿desde cuándo eres graciosa, Halliwell?

-Desde que te llamo por tu nombre de pila

Él fue a abrir la boca para decirle algo pero se quedó callado de nuevo. Se dejó arrastrar por ella hasta la salida cuando pudo recordar el motivo de que fuese a la enfermería.

-vine a ver a Lily

-ella estará bien- afirmó Alexandra volviéndose hacia él

-¿Cómo lo sabes?

-soy adivina Black- musitó ella repitiendo las mismas palabras que le había dicho a James una semana atrás

-Más bien eres un poco rarita- sentenció Sirius incapaz ya de ocultar las ganas de reír que tenía- ¿te lo ha dicho alguien alguna vez antes?

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Una vez hubo recibido su consiguiente castigo por haber fallado en su misión, Bellatrix regresó a la mansión de su prometido furiosa con todo el mundo. Era la primera vez que su señor la reprendía por no haber cumplido con su deber, y eso no le gustaba. En un primer momento había sentido fuertes deseos de matar a su tío al considerarle el responsable directo de aquél fallo, pero no había podido satisfacer sus deseos. No debido a ningún sentimentalismo estúpido, sino más bien porque sabía que el señor oscuro le daría su merecido, al haber sido Frederick Rosier el mortífago al mando en la operación.

Empujó al elfo doméstico de la mansión nada más cruzó el salón sin detenerse ni un instante y entró al salón en busca de Rodolphus. Dio un gran resoplido al encontrarle en la misma posición en la que le había dejado al marcharse. Serio, taciturno y con esa mirada suya tan escalofriante que hacía pensar en desear no cruzarse jamás en su camino.

-¿No piensas curarte nunca esa herida?

-Es una señal, querida- respondió él sin mirarla si quiera - una advertencia que no pienso pasar por alto

Bella alzó una ceja al oírle mientras llamaba a gritos a Vargot. Enseguida le encargó a la elfina doméstica que atendiese a su amo mientras ella se reclinaba contra la pared. No le había gustado lo más mínimo las habilidades que había visto en su primo y sus estúpidos amigos. No era para nada algo bueno que ellos pudieran ser capaces de hacerles frente, al menos en pequeña medida. Era un estorbo en sus planes tener que empezar a preocuparse por ellos. No era precisamente algo que le hiciera mucha ilusión en aquellos momentos.

-Malditos sean los Potter- gruñó ella enfadada

-pronto caerán

-eso ya lo sé- replicó enfurruñada- deberían haber muerto ayer

-nos descuidamos, y eso no volverá a pasar- Juró Rodolphus apartando de un golpe a su elfina

Se levantó del sillón y acercándose al armario sacó una botella de whisky de Fuego bebió un buen sorbo de ella directamente. Su prometida se sorprendió al verle, pues sabía de sobra que Rodolphus Lestrange jamás bebía a no ser que fuera en una reunión social.

-¿se puede saber qué pasa contigo?

-Asuntos míos, Bellatrix.

-Ese hechizo de mi primo te ha afectado más de lo que pensaba

Rodolphus apretó sus puños disimuladamente al oír aquella mención. Tiró la botella al suelo de un golpe y caminó hasta su prometida.

-A mí nada me afecta¿queda claro?

-no te permito que me grites. Ya he tenido bastante por culpa de mi tío...

-entonces lárgate de mi casa. No quiero visitas hoy- sentenció fulminándola con la mirada

-no me das ordenes, Lestrange

-¿quieres que te demuestre eso, querida?- preguntó con ironía

-iré a otro sitio en busca de diversión y relajación dado que tú estás deseando matar a alguien- replicó ella antes de encaminarse hacia la salida con paso altivo.

Sí quiero matar a alguien, pensó él cuando se hubo quedado solo al fin, y ese alguien es un maldito merodeador que pretende conseguir lo que yo deseo y eso no lo pienso permitir.

-y menos en un Black- prometió con determinación recordando lo que había leído en la mente del susodicho tras usar su legeremancia en la batalla.

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La señora gorda por fin les dejó pasar, después de que Alice le dijera la contraseña correcta, ya que Frank parecía tener un don especial para olvidarlas. Cuando entraron no pudieron evitar echarse atrás al ver que algo se les echaba encima con un ímpetu salvaje.

-¡Alice¡Frank! –exclamó el "torbellino" dándoles un gran abrazo.

-¡Alexandra!. ¡Menudo susto nos has dado! –dijo Alice con una sonrisa.

-¿Y a esos que les pasa? –preguntó Frank sin poder evitar prestar atención a las voces de Sirius y Remus que parecían discutir.

-Por suerte no sé lo que están pensando- se excuso Alexandra sonriente

Frank alzó una ceja al oír aquél comentario pero no dijo nada. Se había dado cuenta de que su novia no había sido la única que durante la última semana se había comportado de forma extraña. No era para nada un secreto que Alexandra se había alejado de todos, volviendo a su antiguo comportamiento, que consistía en no hablar con nadie. Ahora al parecer eso había cambiado y de nuevo volvía a ser ella misma. A veces es difícil entender a las personas, pensó él observando fijamente a los dos merodeadores que estaban discutiendo.

-Te he dicho que ha sido solo un abrazo, Canuto

-Cerraste los ojos mientras la abrazabas y tardaste mucho en separarte de ella- le acusó cruzando de brazos

-Es mi amiga y estaba preocupado. Es normal que me alegrase al sentirla cerca de nuevo como antes.

-chicos- murmuró Peter por décima vez deseando llamar su atención- yo creo que...

-Cállate- musitaron a la vez los dos merodeadores

Sin dudarlo ni un instante Frank se preparó para intervenir tras ver que aquello podía desmadrarse. Ahora que había arreglado las cosas con Alice, no quería que nadie más se distanciase por nada, pero sus pretensiones se vieron aplacadas instantes después con la aparición de una alterada Elizabeth Turner. En sus manos sacudía repetidamente la edición del Profeta de aquél día con ansia mientras susurraba incoherencias entre las que estaban las palabras "idiotas", "imprudentes" y "merodeadores".

-Eli cielo¿qué...?- comenzó a preguntar Ally

-Vosotros tres- exclamó señalándoles con el ejemplar del periódico, sin hacer caso de su amiga- ¿En que diantres estabais pensando para llamar la atención de esa forma?. ¡Se suponía que no debían veros, por algo nos hicimos pasar por vosotros!

-Turner ahora no tengo ganas para soportarte- sentenció Sirius sin mirarla si quiera- si me disculpas, mi querido Lunático y yo estábamos manteniendo una conversación muy interesante

-Discutíamos, Canuto- rectificó el chico con suavidad

-es lo mismo

-¡La profesora McGonagall os está esperando en su despacho para castigaros y para intentar descubrir quién cubrió vuestras espaldas!- gritó Elizabeth lanzándole el Profeta encima de una de las mesas.

Los chicos se acercaron para descubrir a qué venía aquello y se quedaron sin palabras al observar el periódico y ver una foto suya en primera plana. Sirius recordaba perfectamente aquél momento en el velatorio de la señora Potter y por ello no pudo evitar formar una amplía sonrisa en su rostro por el resultado obtenido.

-Flashback-

-mucha gente os va a ver aquí...

-¿y desde cuándo eso es un problema?- indicó Sirius mirando el frente mientras le pasaba un brazo por el hombro- además, no creerías en serio que te íbamos a dejar solo

-los amigos están para apoyarse- adujo Peter haciendo lo mismo por el otro lado

-de lo contrario no seríamos merodeadores- sentenció Remus desde atrás

-gracias, chicos.

-Fin del Flashback-

Remus y Peter cruzaron una mirada con su mejor amigo y no pudieron evitar sonreír con él al verse tan bien reflejados en el artículo. "Estudiantes de armas tomar, fugitivos y peligrosos"

-¡Una lucha con mortífagos!- comenzó a gritar Elizabeth antes de que los demás terminasen de leer el artículo- ¡Os dejáis fotografiar por media comunidad mágica y lucháis a muerte contra magos oscuros!. ¡Podían haberos matado!

-¿mortífagos?- repitió Alice con voz neutra

Frank dejó de prestar atención al periódico y se giró para ir junto a su novia. Él sabía lo que le estaba costando a Ally superar la muerte de sus abuelos a causa de esos seres, y no quería que por aquello volviese a esconderse en su caparazón de nuevo. Elizabeth se quedó mirándoles sorprendida de verles allí. Enseguida su rostro dejó de estar furioso para estar preocupado al pensar en su mejor amiga.

-¿quién está cuidando de Lily?- preguntó con apremio ya que suponía que quiénes estaban en la enfermería eran ellos dos

-Vino Maddy a verla y...

Eli le dejó con la palabra en la boca. Nada más oyó el nombre de la Slytherin salió corriendo de la sala común no sin antes fulminar con la mirada a los merodeadores por los líos que habían causado.

-McGonagall os espera ya- gritó antes de salir corriendo por el retrato

-Turner cada día está peor- juzgó Sirius

-solo estaba preocupada...- la defendió Remus

-Lunático, tú y yo tenemos una conversación pendiente sobre ciertos abrazos que das...- comenzó a decir mientras pasaba un brazo por su hombro y le dirigía hacia la salida en busca del despacho de la jefa de su casa.

Frank se quedó atrás junto a Alexandra y Alice negando repetidamente con la cabeza. Esta última seguía con la vista fija en el reportaje que indicaba lo sucedido el día anterior. No tuvo que pararse a pensar en lo que debía hacer. Tomó a Ally entre sus brazos y le sonrió dándole a entender que no tenía por qué preocuparse por ellos más de lo necesario.

-¿por qué no vamos a dar los tres una vuelta?- preguntó Alexandra con una sonrisa comprensiva antes de añadir pensando en Maddy:- y así de paso nos aseguramos que nuestra querida Eli no cause ningún disturbio inesperado...

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Odiaba con todas sus fuerzas esa mansión. Había logrado trasladarse a su antigua residencia aprovechando la ausencia de su marido dejando deshabitado el hogar Rosier, pero ahora no le quedaba más remedio que regresar allí para vivir de nuevo. Frederick Rosier no iba a permitir que su gran mansión, de la cual estaba más que orgulloso, se diera por perdida.

-quiero esta casa más que limpia que una patena- ordenó a sus elfos domésticos nada más entró al comedor- cuando venga mi esposo todo tiene que estar perfecto

Rosamund observó con satisfacción como sus órdenes eran obedecidas al segundo. No había nada mejor que tener el mando de su hogar. Lo único malo era tener que claudicar un poco ahora que su esposo había vuelto, pero tampoco iba a dejar que le causase un gran trastorno.

-Mi señora…

-Dije que quería todo en buenas condiciones para cuando llegase el señor Rosier- le interrumpió ella con frialdad- ¿por qué no estás limpiando, elfo doméstico?

-El amo quiere verla. Llegó hace unos minutos…

Ella alzó una ceja al oírle antes de salir en busca de su marido. Sabía que era demasiado pronto para que él se desocupase de sus tareas. Estaba casi convencida de que aún tendría un par de horas libres antes de tener que enfrentarse a su regreso.

-Mi querida madrastra…- murmuró una voz jocosa detrás suya

Rosamund reconoció enseguida aquél tono de voz. Se dio la vuelta y contempló escéptica a su hijastro. Evan Rosier se encontraba apoyado en uno de los marcos de la pared mirándola fijamente, con su sonrisa burlona de siempre.

-Cuánto tiempo sin verte, mamita

­-¿Qué haces aquí?- gruñó ella enfadada uelta y contempl

-Regresé un año antes de lo previsto... Vuelvo a Hogwarts

-No sabía que quisieras volver aquí

-y yo no quería- admitió él encogiéndose de hombros- pero tengo cosas que hacer. Hay cierto asunto que tengo que inspeccionar y revisar personalmente.

-¿y se puede saber qué asunto es ese?

Evan la miró con diversión antes de añadir:

-La curiosidad mató al gato, señora Rosier...

Quiso refutarle algo pero un ruido extraño en la otra ala de la habitación le hizo olvidarse de lo que iba a decir. Por los sonidos entrecortados de los elfos domésticos, al parecer el auténtico amo de aquella casa ya había llegado.

-mi padre te necesita...- susurró el chico con ironía- su misión fue un fracaso

-¿misión?

-Sí, misión. Tu deber es cuidarle- aguijoneó sabiendo que ella odiaba esa particularidad de su labor de esposa- yo mientras me encargaré de mis cosas. Hay algo que requiere mi atención inmediata. Nos veremos pronto, madrastra.

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La profesora McGonagall observaba con seriedad a sus alumnos. Aún no se podía creer lo que sus ojos habían leído aquella mañana y estaba furiosa por ello. ¿Cómo se podía ser tan irresponsable como para fugarse de un lugar seguro para exponerse de la forma en que lo hicieron? Y nada más y nada menos que una lucha cruenta con mortífagos; en los tiempos que corrían era una locura.

-Sigo esperando una explicación- musitó taladrándoles con la mirada

-No hay mucho que decir- suspiró Sirius encogiéndose de hombros- lo que pasó viene muy bien redactado en ese artículo

-No todo, señor Black. Me gustaría saber quiénes fueron vuestros complices, para empezar- comentó recordando perfectamente a los encubridores la tarde anterior dando vueltas por el castillo

Sirius, Remus y Peter se miraron entre sí con una sonrisa disimulada mientras la profesora resoplaba enfadada.

-señor Lupin¿algo que añadir? Le recuerdo que es prefecto y ya conoce las normas de aquí

-sé que soy prefecto, pero ante todo soy un merodeador- dijo con la frente bien alta- por ello coincido con Sirius. Todo está dicho

Minerva McGonagall frunció el ceño al posar su mirada en el último de los chicos. Sirius y Remus no pudieron evitar soltar una gran inspiración pensando negativamente. Conocían perfectamente a Colagusano y aún a pesar de ser su amigo, siempre cedía ante los ojos gatunos de la jefa de su casa. Ambos aceptaban que era algo superior a él.

-Escaparse de esa forma de Hogwarts puede ser considerado motivo de expulsión, eso sin contar con aquellos alumnos a los que arrastrasteis para haceros pasar por vosotros. Ahora dígame señor Pettigrew, todo lo que ha pasado

-verá profesora...- susurró él bajando la mirada durante un segundo

-le escucho- anunció ella satisfecha

-soy un merodeador- murmuró Peter casi sin voz

-¿disculpe?

-soy un merodeador- repitió levantando la vista- no tengo nada más que decir

Remus y Sirius le miraron incrédulos primero, y después sonrieron sin poderlo evitar con alegría. La profesora de Transformaciones se enojo más al ver aquello.

-Muy bien, estarán castigados hasta nueva orden sin permiso para salir a Hogsmeade para empezar, y tendrán que limpiar los cuartos de baño, la sala de trofeos, y las cocinas respectivamente, sin magia por supuesto.

-pero profesora...

-y es mi ultima palabra, señor Black

Sirius volvió a abrir la boca para decir algo, pero Remus y Peter le cortaron preguntando a la vez si se podían retirar. Se han convertido en un equipo inquebrantable... incluso Pettigrew, pensó ella señalándoles la puerta. Permaneció durante unos segundos más con su mirada severa hasta que se marcharon, solo entonces se permitió formar una mueca de sonrisa en sus labios y un brillo de orgullo en sus ojos. Y por si fuera poco, lucharon en igualdad de condiciones contra mortífagos, a su edad... Estos chicos tienen futuro.

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Nunca antes en su vida se había sentido tan enfadada como en aquél momento. Deseaba regresar al lago de nuevo para volver a desahogar su frustración tal y como había terminado haciendo. ¿Es qué no puede confiar en mí?, se preguntó Madeleine molesta mientras cruzaba a zancadas las mazmorras para llegar a su sala común. Era demasiado pronto para ir a desayunar, y tampoco le apetecía ver en ese momento a nadie. No tenía ningún ánimo para actuar de forma normal, haciendo como si nada hubiera pasado delante de su novio. No si esa Gryffindor seguía culpándola con cada mirada que le echaba.

-estoy cansada

-es normal estando de novia de un merodeador...- musitó Albert desde uno de los sillones

Maddy se giró dispuesta a enfrentarle. Aquél día no iba a permitir que nadie se metiese con Peter. No después de lo que él había hecho por sus amigos.

-Peter Pettigrew es el mejor chico que hay en este momento en todo lo ancho del castillo- empezó a decir antes de visualizar su objetivo- y no voy a dejar que ni tú ni nadie diga que...

Se quedó callada al posar la vista en Zabini y verle con una chica de quinto sentada en su regazo. No lo pensó. Caminó hasta ellos y poniendo sus manos en las caderas le exigió a esa niñata que saliera de su sala común. Al principio ella se negó a cumplir sus órdenes, pero un simple "márchate ahora" por parte de Zabini sin ni siquiera mirarla logró hacerla huír.

-no deberías tratar a asi a tus conquistas- casi gritó Maddy enfadada

-tú querías que se marchase- replicó sin darle importancia

-eres un idiota Zabini

-y tú te pusiste celosa- anunció él sonriente

-no digas tonterías

-¿por qué si no la echaste de aquí?

-es de quinto- se explicó ella como si fuera algo lógico

-¿y?

-no tengo paciencia para discutir contigo, no ahora

Se dio la vuelta dispuesta a ir a cualquier sitio que la hiciera olvidar el asunto del lago con Turner, pero unas fuertes manos que la cogieron de la cintura se lo impidieron. Giró su vista de nuevo para exigirle a Albert que la soltase, pero unos labios que se posaron sobre los suyos la dejaron sin respiración y sin habla. Durante un segundo pensó en Peter y quiso alejarse de aquellos brazos que la atraían con fuerza, pero no pudo hacerlo. Demasiadas veces en el pasado había probado esos labios y sabía que no era fácil desprenderse de él. Por ello no pudo evitar corresponderle, aunque fuera un poco.

-Pettigrew no te hace sentir como yo, Maddy- le susurró el oído provocándole un dulce escalofrío

Una vez sola se llevó las manos a los labios sin abrir los ojos sumamente confusa ¿Qué me pasa? se preguntó a continuación ya olvidada la pelea con la Gryffindor.

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Había recibido la carta hacía pocos minutos. Aún no se podía creer que todo aquello siguiera en pie después de todo. Al principio se lo había tomado como un juego, ahora tras la excusa perfecta del prefecto ese había logrado salir airoso, pero al parecer nada salía a pedir de boca.

He vuelto y no quiero volver a oír eso de que ya no quieres seguir con el plan. Me debes varias o si no pregúntale a tu familia. No quieras tenerme de enemigo.

Suspiró hondo mientras recordaba una y otra vez las cortas líneas que le había escrito. Durante un segundo reflexionó en la posibilidad de confesarlo todo y abortar el plan tal y como lo tenía pensado, pero sabía que aquello no saldría bien.

Desganado tomó un pergamino y una pluma y procedió a escribirle la contestación.

Tienes razón, no te quiero como enemigo. Seguiré con el plan tal y como estaba previsto. Dentro de poco todo saldrá como tu familia y tú queréis. Nos veremos pronto, supongo. Aún así con esto quiero que quede claro que ya no te deberé ninguna más, nuestra deuda quedará saldada.

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Las risas y los comentarios jocosos que se hacían los unos a los otros estaba casi seguro que podían oírlas hasta en las mazmorras. Remus les insistía una y otra vez a sus amigos que bajasen un poco el tono de su voz mientras caminaban por los pasillos, pero al parecer no le hacían mucho caso. A fin de cuentas tampoco lo estaba intentando con mucho ímpetu, pensó divertido.

Desde que habían salido del despacho de la subdirectora, Sirius y él habían avasallado a Colagusano con preguntas sobre su comportamiento.

-¡Es la primera vez que te mantienes firme ante McGonagall!- había gritado Canuto nada más salir del despacho

-No podía delatar a los demás…- confesó Peter un tanto avergonzado

-Quisiera saber que hace contigo Albright- susurró Sirius en tono pícaro- te está cambiando, Colagusano, y a mejor si se me permite decir.

Remus observó a su amigo y musitó en tono bien alto:

-Demostraste ser todo un merodeador

-y tu también querido Lunático- convino Sirius- Siendo prefecto como eres dejaste a la subdirectora con la palabra en la boca… ¡Qué rápido aprenden mis niños!

A partir de ese comentario, empezaron las bromas y el jaleo. Remus hubiera continuado intentando frenar sus voces, si no hubiera visto a Elizabeth caminando como una fiera cerca de ellos completamente mojada, de la cabeza a los pies.

-Os espero en el vestíbulo…- murmuró a continuación mirándola fijamente

No le dio tiempo a que sus amigos se despidieran y se marchó persiguiendo a su compañera de clase, sin darse cuenta que Sirius le echaba una miraba demasiado sospechosa.

-Elizabeth…- susurró tras correr y alcanzarla a mitad del pasillo

-Quiero estar sola, Lupin

-¿Vuelvo a ser Lupin?

-Estoy furiosa, mojada y preocupada…- convino Eli mirándole fijamente- no tengo ánimos para ser sociable

Remus alzó una ceja antes de sacar su varita y pronunciar el hechizo que la hiciera estar seca de nuevo. La chica solo pronunció un débil gracias ante su amabilidad.

-¿Vas a contarme qué te pasa?

-No sé qué quieres decir…

-No soy tonto, Elizabeth. La última semana has estado un poco ausente. Te conozco.

-Si me conoces tan bien como dices, deberías saber que estoy enfadada contigo y con tus amigos. ¿A quién se le ocurre exponerse ante semejante peligro?- preguntó ella deseando cambiar de tema.- Eran mortífagos quiénes os atacaron, no tendríais que haberos quedado allí deseosos de que os hiciesen daño, o algo peor.

-Hicimos lo que consideramos mejor, y no intentes cambiar de tema- susurró pacientemente- ¿qué está pasando, Eli?

Elizabeth suspiró profundamente al oírle antes de convencerse a sí misma de que lo mejor era contarle a alguien sus sospechas. Quizás el merodeador más paciente y tranquilo pudiera rle a alguien sus sospechas.era estar secaayudarla mejor en su investigación anti traidores Slytherins. Para ello comenzó contándole primero su conversación con Malfoy y su novia una semana antes, y después lo sucedido tras entrar en la enfermería aquella mañana…

-Flashback-

Cruzó con paso seguro las puertas de la enfermería sin tan siquiera saludar a madame Pomfrey. Fulminó con la mirada a Albright al verla sentada en la cama junto a su mejor amiga hablando con ella tranquilamente. Pudo entender las palabras "ligues", "amistad" y "celos" antes de proceder a interrumpir su charla.

-Aléjate de ella, Albright

-No quiero empezar otra vez, Eli

-Turner para ti de momento

La vio resoplar y aún así no cambió su pose ceñuda. No pensaba dejar a una posible traidora junto a Lily. No le haría eso a su mejor amiga, claro que no.

-Sal de aquí.

-sólo estaba acompañándola…- susurró Maddy pacientemente

-No me importa. No eres de fiar.

-No quiero discutir...- musitó la Sly antes de caminar hacia la salida

Se acercó a la pelirroja una vez se hubieron quedado solas y suspiró al comprobar que estaba todo bien. Pensó en quedarse un rato con ella, contándole la nueva locura que habían llevado a cabo los merodeadores, pero se decidió e decididmerodeadoresque hab bien.ara nadaamente.areyo er Lupin dea y preocupadael pasillo

Sirius le echaba una mirabaa cerca de ellospor no hacerlo al suponer que eso tal vez la disgustaría en demasía.

-Voy a ver si logro descubrir lo que esconde la novia de Pettigrew- le confió a la eterna durmiente- cuando vuelva más te vale que despiertes Lily, llevas demasiado tiempo descansando. Aquí te necesitamos, amiga.

Dispuesta a sacar a la luz la culpabilidad de Madeleine Albright la buscó por todo el castillo, recorriendo cada pasillo de arriba a abajo. Gracias a un grupo de chicos más jóvenes de su casa que la dijeron que la habían visto salir a los terrenos, pudo hallarla junto al lago sola.

-Aún tenemos cosas que hablar, Albright

-¿por qué insistes en encontrarme culpable?- se preguntó ella con frustración

-Alguien se fue de chismosa y tú eras la única extraña a nosotros que sabía lo sucedido con mi amiga¿qué quieres que piense?

-Yo quiero a Peter- repitió Madeleine haciéndole frente- jamás haría algo que le dañase, es mi novio.

-No te creo. Al fin y al cabo eres una Slytherin

-¿Y eso ya me condena?

-Sí- admitió sin pensárselo mucho- por ello no voy a permitir que te acerques a Lily, y mucho menos que te quedes sola con ella. Eres un peligro potencial, Albright

-¿en serio?- replicó Maddy- así que soy un peligro

Elizabeth asintió confusa al ver como la que ella creía su enemiga la miraba de forma extraña. Sus instintos le dijeron que estuviese alerta, pero no los escuchó, y por eso no puedo reaccionar cuando segundos después Madeleine la tomó por los hombros y con excesiva fuerza la empujó de un golpe al lago.

-Aquí ves lo peligrosa que soy, Turner

-Fin del Flashback-

Tras terminar con su relato, Elizabeth esperó a que el merodeador le diera la razón y comenzase con ella a intentar averiguar la culpabilidad de la novia de su amigo. Anhelaba que Remus se pusiera de su parte en aquél asunto, ya que su apoyo era muy importante. Al alzar la vista para mirarle a los ojos, se quedó inmóvil al ver que el color de sus ojos se había intensificado peligrosamente.

-¿Remus qué...?

-Malfoy...- bramó él apretando los puños antes de salir de allí hecho una furia.


Continuará...

Gracias a Judith Malfoy, Gwen Diasmore, marinaevans, konitha!, mimig2, Layna Lykaios, ninniel, y Lady Loony Lupin por sus reviews. Prometo que a lo largo de esta semana contestaré a vuestros reviews.

Espero vernos prontito en el siguiente capi.

Un abrazo y cuidaos mucho

xxlizzie