-No podréis contra nosotros tres- dijo Ulquiorra, sin perder la calma.
-No es necesaria esta masacre- dijo Halibel-. Si me entregáis a la cetra, os dejaré ir a todos.
-Me parece un buen plan…- murmuró Kaede.
-¡Tú te callas, estúpida!- le reprendió Grimmjow.
-Suéltame, esto es entre ella y yo.
-Si vas, te hará picadillo. Mejor te quedas sentada sin hacer nada.
La lanzó contra la pared. La joven se metió un buen costalazo, y se deslizó al suelo.
-¡Hijo de…!
-¡Cállate, idiota! ¿Acaso quieres morir?- a Grimmjow le palpitaba una vena en la frente.
Kaede se mordió la lengua y vio cómo el Sexto se lanzaba contra Mila Rose. No podía dejar que se interpusieran.
-Máscara de carne y sangre- recitó la Séptima en voz baja, mirando a Grimmjow-. Todas las formas de vida se agitan. Aquello que recibe el nombre de humanidad. Carruaje del trueno. Puente de ruedas giratorias. Divídelo en seis con la luz- subió el volumen de la voz y apuntó a su objetivo- ¡Bakudo no roku-ju-ichi, Rukuyokoro!
Grimmjow se dio la vuelta para ver cómo Kaede lanzaba el kidoh y usó sonido para esquivarlo. Quien quedó presa de las seis barras de luz fue Mila Rose.
-¡Maldita mocosa subnormal!- rugió el Espada- ¡¿En qué demonios estabas pensando?
-¡No quiero que me protejas, hollow!
-Mejor para mí- sonrió Halibel, apareciendo enfrente de Kaede con la zanpakutoh en alto.
La pelinegra tenía la impresión de que la punta de la espada de su enemiga se acercaba a cámara lenta a su cara, pero ella no reaccionaba. Ni siquiera pudo pestañear mientras el filo iba a atravesar su cabeza.
Una chispa saltó cuando dos aceros chocaron. Grimmjow había interpuesto su zanpakutoh. Él miró a la rubia con fiereza.
-Si quieres matarla tendrás que pasar por encima de mi cadáver.
Ella parpadeó con sus rubias pestañas.
-¡Grimmjow…!- exclamó Kaede con voz ahogada.
-¿Desde cuándo te importa la vida de alguien, Grimmy?- se extrañó la Tercera.
-No es asunto tuyo, y no me llames así, asquerosa zorra en celo.
Cada uno dio un salto hacia atrás, alejándose el uno del otro.
-¿Me estás diciendo que esta cría te importa?- preguntó Halibel, incrédula.
-Más que tú, por supuesto. ¿Qué, no puedes limitarte a pelear sin hablar tanto?
Ulquiorra, en un abrir y cerrar de ojos, había dejado fuera de combate a la fracción de Halibel.
-Ulquiorra- dijo Grimmjow- , llévatela de aquí.
-Eso iba a hacer.
De pronto se abrió una puerta detrás de ellos y aparecieron algunas siluetas que desaparecieron antes de haber podido ver quiénes eran. Reaparecieron uno detrás de cada Espada y les sujetaron por los brazos. Stark le tenía presa a Halibel, Nnoitra a Grimmjow, Tousen a Ulquiorra e Ichimaru a Kaede. Aizen apareció en el centro del lugar.
-Creo que me debéis todos una explicación de lo que está pasando aquí.
Nadie habló.
-¿Cuáles eran los bandos, Ulquiorra?
-Todos contra Halibel y su fracción- respondió calmadamente el pelinegro.
-¿Y qué os ha hecho para que le atacaseis?
Kaede sintió que las tripas se le retorcían. ¿Acaso iba Halibel a salirse con la suya?
-Nada, ha sido ella la que ha empezado el conflicto atacando a Gainsborough. Nosotros sólo intentábamos evitar la muerte de un compañero.
Aizen asintió.
-¿Qué te ha hecho Kaede, Halibel?
La negra no dijo nada. Parecía que el silencio molestaba al ex shinigami.
-Respóndeme, es una orden.
-Yo… simplemente sentía… celos, Aizen-sama- admitió, avergonzada.
-¿Celos?- Aizen levantó una ceja- ¿Qué tiene ella que tú no tienes?
-Pues… ella… yo…- carraspeó- Ella le tiene a él- miró a Grimmjow, quien le devolvió una mirada de odio.
-Soltadles- ordenó Aizen a los demás. Los contrincantes fueron liberados-. Si vuelves a hacer algo así, Halibel, tu castigo será la muerte.
-Entendido, Aizen-sama.
"¿Y todo se queda así?", pensó Kaede, furiosa.
-Y… una cosa más. Te agradezco que me informaras sobre la excursión de Kaede al mundo humano, pero en ningún momento te ordené protagonizar una masacre en la torre Sur. Mataste a Arrancar inocentes, y por ello, quienes pagarán por tus crímenes serán tus subordinadas. Serán ejecutadas aquí y ahora por Kaede. Vuelve a tu torre, Halibel.
La rubia parecía que no comprendía las palabras de Aizen. Se quedó de piedra, pero derramó una lágrima, se volvió y echó a correr.
Kaede hubiera deseado matar a la Tercera en vez de a su fracción, pero debía cumplir sus órdenes…
-Qué silenciosa está esta torre sin ti, Cirucci- suspiró Kaede, mirando el falso sol.
Estaba sola en su balcón, unas tres horas después de lo sucedido con Halibel por los pasillos de Las Noches. Había ejecutado a la fracción de la Tercera rápidamente; ellas no tenían la culpa de los errores de su ama y no merecían morir atormentadas por el dolor.
Sintió nauseas. "Pero si acabo de comer sólo una manzana", pensó Kaede. Últimamente andaba con el estómago muy delicado; seguro que había tomado algo que le había sentado mal.
-Maldita comida italiana- masculló corriendo hacia el baño.
Cuando terminó de vomitar, escuchó un ruido en su dormitorio. Se enjuagó la boca en el lavabo y salió. Era Grimmjow. Se acercó a ella y le dio un suave beso en los labios. Kaede le rodeó la cintura con los dos brazos, abrazándose a él.
-Halibel nos ha descubierto- comentó, apoyando un lado de la cabeza en el pecho del Espada.
-¿Y? ¿Te avergüenzas de que lo sepan, cetra?
-¡No seas bobo!- se apartó- Pero pensé que no te gustaría que todos supiesen que tienes más sentimientos aparte de el amor por la batalla y tu sed de sangre.
-Me la suda lo que piensen los demás, estúpida- dijo, acercándose- Pero más que sed de sangre, ahora tengo hambre de carne…- compuso una sonrisa torcida, pasándole el dedo por el contorno de los labios.
Ella se dio la vuelta.
-Me voy a la ducha.
Y se escabulló al baño antes de que el otro pudiera reaccionar.
Los minutos pasaban, desde la habitación se oía el agua correr. Ahí, tumbado de lado y apoyado sobre un codo, esperaba un aburrido Grimmjow. Se levantó y empezó a inspeccionar el cuarto de la cetra. Encontró algunos dibujos, algunos con color y otros en grises. Algún amanecer, bosques, caras humanas… y una pareja. Sonrió al reconocerse a sí mismo en un dibujo, rodeando los hombros de la joven con un brazo, vestidos con ropa humana (vaqueros, camiseta negra de manga corta ambos). Le gustaba no porque se parecieran, sino por cómo se miraban. Ese dibujo expresaba una emoción.
Se cansó de curiosear como un maldito gato y se coló al cuarto de baño. A través de las cortinas de ducha se adivinaban las formas de la pelinegra. Grimmjow sonrió; ella estaba desnuda e indefensa al otro lado de la cortina. Sin hacer ruido, de despojó de su ropa y se metió en la ducha, acorralando a la sorprendida chica contra los fríos azulejos de la pared. Los dos se fundieron en un apasionado beso.
El móvil sonó encima de su mesilla de noche.
-Diga- contestó Ichigo.
-¿Kurosaki-san? Soy Urahara. Ya han llegado los capitanes y tenientes seleccionados para la misión, es hora de que vengáis todos a mi almacén. Partiréis dentro de una hora.
-Está bien, avisaré a los demás.
-Gracias, hasta luego.
Colgó el teléfono y llamó a sus amigos. Sacó la soul-candy de dentro de Kon y salió con Rukia por la ventana
