Cumpleaños
Quinn: ¡Cariño! ¿Estás ya lista? –preguntó desde el baño de su casa-. Hoy es el cumpleaños de María y tenemos que estar en su casa a las 17:00 horas.
La rubia, al no recibir respuesta, salió del baño un tanto enfadada, buscó con la mirada a su mujer y la encontró sentada en el sofá viendo la televisión.
Quinn: ¡Rachel! ¿Qué haces viendo la televisión? En una hora tenemos que estar en casa de San y Britt.
Rachel: Cariño, no te alteres que no es bueno –contestó mirando a su mujer-.
Quinn: Solo pretendo que lleguemos a tiempo al cumpleaños…
Rachel: Llevas unos días más rara, cielo –refunfuñó apagando la televisión-.
Quinn: Eso me recuerda a alguien –soltó mirándola de arriba hacia abajo-.
Rachel: Hablando de María y el cumpleaños… ¿Tú crees que una pistola de aire comprimido es apropiado para una niña de 8 años? –preguntó extrañada-.
Quinn: Es lo que lleva pidiendo toda la semana, querrá parecerse a sus madres. Lo lleva en la sangre Rachel…
Rachel: La tienes demasiado consentida Quinn, los niños son tu debilidad –comentó riéndose mientras se adelantaba unos pasos-.
La morena se acercaba a su mujer de forma insinuante para después darle un apasionado beso. La rubia, al notar las intenciones que tenía la morena, decidió parar el beso para no llegar tarde al evento.
Quinn: No sigas que sabes que si empiezo no voy a poder contenerme y no quiero llegar tarde.
Rachel: Está bien… Desde que estás embarazada tienes un humor… –rodó los ojos-.
Quinn: A mí también me tocó sufrir eso contigo. Voy a avisar a Lucy que llevo como media hora llamándola y me está ignorando.
Rachel: Estará con el aparatito ese que le regaló Amanda para escuchar música.
Quinn: Voy a por ella.
Quinn caminó hacía el dormitorio de su hija. La puerta de la habitación se encontraba entreabierta, cosa que la rubia aprovechó para mirar de reojo en el interior; vio cómo su hija tarareaba las canciones de su tía Charlie. A la pequeña siempre le había fascinado ese mundo y su tía estaba encantada de mostrárselo, pues se sentía orgullosa de que a la pequeña le gustase cantar.
Lucy era una chica muy activa y extrovertida; tenía el pelo del mismo color y forma que su madre Rachel, aunque el color de su piel no era tan tostado como el de ella; los ojos eran grandes y marrones. Además, había heredado ese lunar tan característico que la morena tenía en su mejilla izquierda. La niña sólo tenía algo que la diferenciaba y ese algo era su nariz, que era bastante pequeña. Aun así, Lucy era una calcomanía de su madre, era una mini Rachel… lo que siempre Quinn había deseado. De repente, una vocecita dulce la sacó de su ensañamiento.
Lucy: ¡Mami! ¡Me has asustado! Casi me da un infarto –exclamó poniéndose una mano en el pecho-.
-Tan dramática como su madre Rachel- pensó la rubia.
Quinn: Cariño, te estaba llamando porque tienes que prepararte para el cumpleaños de María –explicó acercándose a su pequeña para acariciarle la cabeza-.
Lucy: Yo no voy al cumpleaños de esa salvaje –soltó poniendo su cara de perro abandonado-.
Quinn: ¡No digas eso de tu prima! –exclamó disgustada-.
Lucy: Pero es la verdad, está como una cabra. ¡Va por ahí persiguiendo niños para detenerlos!
Quinn: Estará jugando, es normal en los niños…
Lucy: Atarlos con una cuerda a una farola no creo que sea muy normal… Es muy chunga mami –se explicó agachando la cabeza-.
Quinn: ¡Y tú una señorita refinada! ¡Y mandona! Que hasta la maestra tuvo que llamarme porque le dijiste a un niño que se agachase para que te limpiara los zapatos.
Lucy: Mami, no te enfades pero yo soy una estrella y tengo que comportarme como tal.
Quinn: Anda y vístete que María te espera.
Lucy: Como le dé por usar la pistola esa que le habéis comprado yo me voy.
Quinn: Eres peor que tu madre cielo –dijo a la vez que sacaba la ropa de Lucy para ponérsela-.
Lucy: Te quiero Mami –soltó con su enorme sonrisa-.
Quinn: Yo también te quiero cielo, pero no quiero que me vuelvas a chantajear emocionalmente.
Lucy: ¿Te he dicho ya que te quiero más que a mamá?
Quinn: Eso se lo dices a todas –sentenció terminando de ponerle la camiseta a su hija-.
-Flashback-
Seis años atrás…
Quinn: Todo ha sido muy rápido doctor y nos gustaría que nos explicara con detenimiento el proceso. –explicó al notar cómo la morena escondía la cabeza en su cazadora de cuero-.
Doctor: Me imagino que la señorita Berry es la chica tímida que va con usted –soltó entre risas al ver el comportamiento infantil de la morena-.
Quinn: Sí, está algo nerviosa. Por eso queremos que nos explique todo con más detalle.
Doctor: En mi expediente consta que el señor Anderson donó una cantidad de esperma bastante considerable para que una de ustedes se quede embarazada, ¿no es cierto? –preguntó el doctor para asegurarse de que todo estaba correcto-.
Quinn: Así es doctor, queríamos que nos explicase en qué consiste exactamente la intervención.
Doctor: Es muy sencillo, el señor Anderson guardó el esperma en el banco privado y autorizó el uso solamente a ustedes dos, así que podrán hacer con él lo que quieran. Normalmente pedimos mucha cantidad, ya que estas pruebas no son 100% seguras y hay que hacer varias repeticiones...
Quinn: Nos hemos estado informando sobre este tema por Internet.
Doctor: Voy a tener que hacer una serie de pruebas y análisis a la señorita Berry para que no haya ningún tipo de problemas con asuntos de fertilidad y así también poder comprobar su ovulación. Por el resto, es sencillo.
Rachel: ¿Es doloroso? –preguntó con miedo-.
Doctor: El procedimiento es algo molesto, pero lo peor es la espera…Mientras todo salga bien, no hay por qué temer –sonrió tranquilo-.
Rachel, al escuchar las últimas palabras del doctor, consiguió calmar un poco sus nervios, aunque aún tenía que pasar todo el tema del embarazo y, lo que era peor, el parto. Ese momento sí que le producía auténticos escalofríos a la morena.
-Fin del Flashback-
Las chicas estaban ya de camino a casa de sus amigas Santana y Brittany; éstas habían invitado a todos sus amigos y a los amigos de María del colegio. Brittany se había encargado de decorar toda la casa con papelitos de colores, confetis y unicornios de cartón; incluso había comprado una piñata de un gato que simulaba ser Lord Tubbington, todo lo que una gran fiesta necesitaba.
Brittany: ¡Chicas! –gritó eufórica al ver a sus amigas en la puerta-.
Rachel: Bonito gorro Britt –dijo sonriendo-.
Brittany: Tengo el vuestro preparado.
Quinn: ¡Estupendo!
Lucy: Desde que estás embarazada estás de un extraño… –comentó mirando de reojo a su madre-.
Rachel: ¡Lucy! ¡No hables así de tu madre! No sé a quién habrá salido esta niña… -exclamó poniéndose la mano en la frente-.
Santana: ¿En serio Berry? ¿Te lo tengo que decir? –preguntó apareciendo para saludar a las chicas-.
Rachel: ¿A mí?
Quinn: Sois como dos gotas de agua cielo –contestó dándole una palmadita en el hombro-.
Santana: Pequeñaja, María te está esperando para jugar –se agachó a la altura de la pequeña-.
Lucy: ¿Me está esperando? –preguntó con cara de miedo-.
Santana: Dice que necesita a su compañera para salir a patrullar –le dio una pequeña palmadita en el culo-.
Lucy: A mí sólo me gusta cantar… ¿Ha venido la tita Charlie?
Brittany: Todavía no, Amanda me llamó y me dijo que venía más tarde… Tenía que recoger a Javier.
Rachel: A Javier –comentó para sí misma en voz alta al recordar a aquel niño que le había hecho la vida imposible cuando estaba con Amanda-.
Quinn: Hace un par de años que no lo veo, tiene que estar muy grande.
Lucy: Ahora voy a tener que aguantar al pesado de Javier… ¡Lo que me faltaba! –dijo refunfuñando mientras se iba con su prima-.
Lucy se acercaba al mogollón de niños que se encontraban riéndose y corriendo alrededor de María.
María: ¡Primita! –exclamó corriendo hacia ella-. Te estaba esperando… ¡Toma! –exclamó entregándole una esposas.
Lucy: Mis mamás tienen unas parecidas –comentó con las esposas en la mano-.
María: Claro, son policías.
Lucy: Las del trabajo no… Otras que encontré en un cajón de su habitación, pero tenían como pelito rojo alrededor…
María: Será algún último modelo para no hacerte daño en las muñecas –intentó razonar sobre lo que su prima le había dicho-.
Lucy: No sé, pero mi mami se pone muy contenta cuando mamá las saca.
María: Le pediré a mi madre unas igual –se quedó pensativa-.
El timbre de la casa sonó de nuevo, Lucy miró con cara de pánico la puerta imaginándose quién se encontraba al otro lado. María, por el contrario, estaba eufórica por la llegada de su madrina Amanda.
María: ¡Madrina! –corrió dejando a sus amigos a medio esposar-.
Amanda: Mi pequeña agente –saludó levantándola en peso-. Menos mal que voy al gimnasio.
Javier: No presumas tanto… –habló buscando con la mirada a una persona-.
Charlie: Quinn, ¿y Lucy? –preguntó al ver que no encontraba a la pequeña-.
Lucy nada más escuchar el timbre se había escondido tras el sofá y se encontraba rezando para que no la encontrase Javier. Desde que lo conoció, el chico había tenido una extraña fijación por ella y no la dejaba tranquila ni un segundo.
Javier: Perdone Rachel –dijo educadamente mientras se acercaba a la morena-.
Rachel: ¡Vaya Javi! ¡Estás muy alto! –observó la altura del chico-. ¿Cuántos años tienes ya?
Javier: 14 años –se puso rojo de la vergüenza-. ¿Dónde está Lucy?
Rachel: ¿Lucy? –preguntó extrañada-. Está con María jugando.
Javier: Pero… -arrancó a hablar mientras observaba a los niños jugar-.
María: ¡Lucy! ¡Qué buena idea! ¡Escondidas para el operativo…! -gritó mientras ella también se escondía detrás del sofá-.
Lucy: ¡No grites! –susurró enfadada para que no la oyeran-.
María: Cierto, podrían descubrirnos…
Javier: ¡Al fin te encontré Lucy! –exclamó a la vez que esbozaba una sonrisa tímida-.
Lucy: Hola Javi –saludó levantándose de su escondite-. Estaba, estaba… -intentó excusarse-. ¿Por qué te tengo que dar explicaciones a ti?
Javier: Estás muy guapa.
Lucy: Peor que su tía –pensó en voz alta mientras buscaba a Charlie-.
María: Quedas detenido –esposó al chico en un momento de distracción-.
Javier: Pero... ¡Quítame esto! –gritó desesperado-.
María: Tú no te mueves de aquí en toda la fiesta –chocó la mano con su prima-. Toma, esto te pertenece –le entregó las llaves-.
Lucy: Eres la mejor poli de la ciudad –abrazó con orgullo a su prima-. Serás una excelente guardaespaldas para cuando sea famosa.
María: ¡Guardaespaldas! ¿De esos que van con pinganillos y gafas de sol? –exclamó emocionada-.
Lucy: Lucirás un elegante traje negro y permanecerás a mi lado para que nada me ocurra.
Una de las cosas que había heredado María de Santana era ese carácter protector que tenía con los demás, y mucho más cuando eran miembros de su familia. La idea de hacer lo que más le gustaba, a la vez que protegería a Lucy, era lo que más deseaba en el mundo.
María: No dejaré que nadie se te acerque.
Lucy: Y ese el primero –dijo señalando a un cabizbajo Javi-.
María: Tranquila, lo mantendré vigilado.
Javier: Lucy… por favor…
Santana, al ver al niño esposado, se acercó curiosa, ya que su hija no le quitaba la vista de encima.
Santana: Cariño… ¿Qué haces?
María: Es mi detenido.
Santana: Muy bien hecho cariño, vas a ser una excelente policía algún día –le dio un beso-.
María: Gracias mamá… ¿Has visto? Le he puesto las esposas como me dijiste –señaló las manos de Javier-.
Santana: Así me gusta.
Javier: ¡Tú! Deja de animar a esta loca y quítame las esposas.
Santana: ¿Qué has llamado a mi hija? María, cariño, pídele a tita Quinn que te dé ya su regalo… Seguro que te va a encantar –dijo a la vez que ponía una sonrisa traviesa en su rostro-.
María: ¿Me han comprado al final la pistola?
Santana: Ya sabes que tita Quinn hace lo que le pides cielo.
Javier: ¡Una pistola! –exclamó poniéndose blanco-. ¡Sácame de aquí!
Lucy había conseguido deshacerse de Javier, al menos durante un tiempo. Mientras caminaba, observaba la casa de sus tías, que parecía un auténtico caos, llena de papelitos y cartulinas de colores.
Charlie: ¡Hey pequeña! Te estaba buscando –sonrió a la pequeña-.
Lucy: De verdad, no sé cómo puedes aguantar al niño ese… –soltó dramática haciendo referencia a Javier-.
Charlie: Pues siempre está preguntando por ti… Creo que le gustas.
Lucy: Ahora no me puedo centrar en esas cosas; primero está mi carrera hacía el estrellato.
Charlie: Estás en la edad de disfrutar y no pensar en el futuro todavía, ¿escuchaste las canciones que te grabé?
Lucy: Son geniales tita, me encanta la canción que me compusiste –espetó con gran admiración-.
Charlie: Cuando quieras le dices a tus mamis que te lleven a casa y tocamos la guitarra, ¿te parece?
Lucy: Tú sí que me entiendes… -le dio un abrazo de la emoción-.
Charlie: ¿Viste el programa de la tele ayer?
Lucy: Sí, mis mamis y yo nunca nos perdemos cuando sales en la tele.
Amanda: ¿Se puede saber que le has hecho a mi sobrino que está soltando insultos? –preguntó a la niña mientras observaba a María que andaba disparando bolas de aire comprimido-.
Lucy: Lo que se merece –se giró-.
Rachel: Hola cielo, ¿te lo estás pasando bien?
Lucy: No sé por qué dejaste escapar a Charlie... Y no es que me queje de mami, pero Charlie me entiende más.
Rachel: ¡Lucy Berry Fabray! Como vuelvas a decir esas cosas te castigo sin salir.
Lucy: Una ya no puede ser sincera en esta familia.
Quinn: Cariño… ¿Qué pasa?
Rachel: Lucy últimamente está muy insoportable
Quinn: Creo que está algo celosa por el bebé –se tocó la barriga-.
Rachel: Pues que se vaya acostumbrando –contestó enfadada-.
Quinn: Deberías salir más con ella. No sé, ir al parque… a la heladería…
Rachel: Está bien…
Lucy llegaba al lugar donde se encontraba María y, al ver el estado del chico, le causó lástima y decidió que soltarle era la mejor opción.
Lucy: Que quede claro que lo hago porque me das pena.
Javier: ¿Eres así con todo el mundo? –exclamó acariciándose las muñecas-.
Lucy: Algunas veces.
Javier: Sólo intento estar contigo.
Lucy: ¿Esa es tu forma de ligar con una chica?
Javier: Yo sólo quiero…
Lucy: Déjalo Javier, es mejor así; nuestros caminos son muy diferentes –soltó de manera dramática-.
Brittany: ¡Chicos! ¡La tarta! –gritó mientras aparecía con una enorme tarta de chocolate con el dibujito de un unicornio y con ocho velitas de colores que iluminaban el enorme pastel-.
Santana: O venís a soplar las velas u os pateo el culo –gritó al ver que no le hacían caso a su mujer-.
Brittany: Gracias amor –le dio un suave beso en los labios al descubrir cómo los niños atemorizados se sentaban alrededor de la tarta-.
Kate se acercó a Quinn, que se encontraba hablando con Amanda y Charlie. Lo suyo no eran las fiestas infantiles, pero le tenía mucho cariño a su nueva familia y se había adaptado perfectamente al trabajo y a la vida neoyorkina.
Kate: ¡Quinn! ¿De cuánto estás ya? –preguntó al observar la enorme barriga de su amiga-.
Quinn: De ocho meses y dos semanas –sonrió-.
Kate: Yo te hacía para dentro de un mes más, pero ya te queda poquito… ¿Qué tal fue la ecografía de ayer?
Quinn: Bien, el embarazo está siendo estupendo, no como los primeros meses… –explicó recordando los problemas que tuvo al comienzo del mismo-. El bebé está bien encajado y ya toca esperar –continuó hablando con algo de miedo-.
Rachel: No te preocupes cielo, el parto es algo doloroso pero se pasa. Y mucho más cuando tienes a tu hijo en brazos.
Amanda: Yo recuerdo haber visto un parto de una vaca y, créeme, eso sí que fue traumático. Y eso que no estaba pariendo yo….
Charlie: ¿Y sabes el sexo?
Rachel: Aquí tu amiga no quiere saberlo hasta el momento de nacer, así que compramos todas las cosas unisex. Tenemos dos nombres preparados, tanto si es niño o niña.
Charlie: Espero estar presente en el momento del nacimiento –agachó la cabeza triste-. Dentro de una semana empieza la nueva gira de conciertos y Amber me tiene programado un montón por todo el país…
Kate: Desde que sacaste disco no has parado, ¿eh? –soltó graciosa intentando animar el mal ambiente que se había creado-.
Amanda: Voy con María para darle su regalo –intentó salir de la conversación incómoda-.
Rachel: Charlie…
Charlie: Lo sé Rach, lo sé… Pero, ¿qué quieres que haga? Siempre ha sido mi sueño, el poder subirme a un escenario ante cientos de personas y cantar.
Quinn: Creo que Amanda no está llevando muy bien eso de la fama, ¿verdad?
Charlie: El acoso de los periodistas es lo peor. Nos sacan miles de fotos cuando estamos juntas, cuando salimos a cenar o salimos a pasear…
Kate: Habla con ella, te vas a ir muchas semanas fuera y está algo triste aunque no lo quiera reconocer.
Charlie: Después de la fiesta, Kate –comentó preocupada mientras veía a su chica marcharse del lugar-.
Amanda bajaba al coche a por el regalo de María; no quería subirlo antes de la tarta, ya que su regalo iba a ser muy especial. Cogió una caja del maletero y subió de nuevo a la casa de sus amigas.
Amanda: Toma pequeña, tu regalo.
María: ¿Qué es? –preguntó al ver la extraña caja que parecía estar rota-.
Amanda: Ábrelo, creo que tiene ganas de conocerte.
María se asustó al oír un extraño ruido en el interior de la caja, cogió su pistola y abrió una parte del cartón encontrándose a un pequeño gatito en el interior que maullaba para que lo sacaran de aquel lugar. María tiró la pistola y cogió al gato para enseñárselo a sus madres.
María: ¡Mira mami! –gritó eufórica de la emoción-.
Brittany: Cariño es precioso –agarró ella también al gato-. ¿Qué nombre le ponemos?
María: Lord Tubbington II
Santana: ¡No puede ser…! –exclamó al ver el gato en brazos de su esposa-. ¡Otro gato no!
Brittany: Mira Sanny, saluda a Lord Tubby II. ¿A que es precioso? –preguntó devolviéndole el gato a su hija-.
Santana: ¿Otro gato Britt? ¿No te acuerdas lo mal que lo pasasteis María y tú cuando murió Lord Tubbington? –preguntó angustiada-.
Brittany: No me lo recuerdes Sanny, fue un momento muy duro –comentó casi llorando-.
Santana: Vale, está bien… Creo que otro gatito llenará ese vacío –se resignó mientras abrazaba a su mujer-.
Quinn se quedó observando de reojo la interacción de sus dos amigas y sonrío al verlas tan unidas; se lo merecían después de todo lo que habían pasado. María, su original boda, pensó riendo, y ahora un miembro más de la familia.
Quinn: ¡Mierda! –exclamó asustada-.
Rachel: ¿Qué pasa cariño? –preguntó también aterrorizada al ver la cara de pánico de su mujer-.
Quinn: Creo que he roto aguas.
