DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
LA HEREDERA
CAPITULO 29
- Hola, papá – saludó en un susurro
El hombre la observó impasible para mirar luego a Edward que entró detrás de la chica.
- ¿Cómo estás? – preguntó acercándose a él
Charlie no respondió sino que solamente cerró los ojos en asentimiento.
Se sentó en la butaca junto a su cama después de acercarse a él y dejar un beso tímido en su frente.
Se estremeció ante la frialdad que reflejaban tanto el rostro como la mirada de su padre.
Edward notó la tensión que había en el ambiente y se preocupó también por la pena que sin dudas asaltaba a su novia.
- Edward dice que estás mucho mejor – sonrió Bella buscando una respuesta de su padre
No la obtuvo. Charlie simplemente la observó. Primero a ella y luego al chico de pie junto a su hija.
- ¿Cómo te encuentras hoy, Charlie? – preguntó Edward intentando aligerar el ambiente – Bella estaba muy preocupada por ti, pero le he asegurado que estás bien.
- Tuve mucho miedo cuando te accidentaste – explicó la chica – He estado aquí desde entonces. He venido a verte cada día.
- Ya te lo he dicho, ¿verdad, Charlie? – comentó Edward esperando una reacción por parte del hombre – Te he dicho que Bella ha estado aquí cada día, ¿lo recuerdas?
Bella observó a su padre ansiosa, pero sólo le vio observarlos impasible.
- Quería estar aquí cuando despertaras – reveló nerviosa – Pero tenía algunos temas importantes que no podía dejar, y sabía que tú estabas bien cuidado. Edward me contaba cada día cómo ibas evolucionando. Me ha dicho que has estado trabajando mucho.
El fisioterapeuta de Charlie entró en ese momento y lamentó tener que llevarle a la sala de fisioterapia para seguir trabajando con sus piernas.
La sesión duraba un par de horas por lo que les aconsejó volver más tarde o al día siguiente.
Bella se despidió de su padre que no hizo ningún amago de reconocimiento.
Los ojos de Bella se llenaron de lágrimas cuando el enfermero se llevó a su padre en una silla de ruedas.
Edward, de pie detrás de ella, reconoció con facilidad su malestar y la rodeó con sus brazos.
- Lo siento, cielo. Se ve que hoy no tenía un buen día.
- Sabes que no es eso – sollozó apenada – No me dijo ni una sola palabra
- Le cuesta mucho hablar, Bella – aseguró Edward intentando consolarla
- No intentes consolarme mintiéndome, Edward – espetó separándose de él – No soy una niña y no soy tonta. Sé que es por mí. No le hace ninguna gracia que yo esté aquí. No sé si le he molestado, pero es evidente que no le ha ilusionado verme.
- No es así, cariño – dijo intentando acercarse a ella – Es sólo que le cuesta comunicarse y evidentemente, tú y él siempre habéis tenido dificultades para comunicaros
- ¿Habla contigo? – preguntó incomodándolo – Dímelo, Edward, ¿habla contigo? ¿te dirige la palabra a ti o te ignora como a mí?
- No te ignora
- ¡Contéstame, demonios! – gritó cuando el llanto la invadió – ¿Te habla a ti?
- Algo – confesó bajando la mirada
- ¿Algo? ¿Algo, cuánto?
- No lo sé, cariño. Le cuesta un poco expresarse. Tiene dificultad para hablar.
- Pero lo intenta. Intenta hablar contigo mientras que a mí no fue capaz de soltarme siquiera un monosílabo.
- Dale tiempo, Bells – dijo acercándose a ella para rodearla con sus brazos
Bella se alejó de él y cogiendo su bolso se dirigió a la puerta de la habitación.
- Estoy cansada – explicó – Quiero irme a casa – dijo cuando salió al pasillo
Entraron en el departamento de Bella en el mismo silencio en el que habían hecho el trayecto desde el hospital.
Edward dejó la maleta de Bella en el suelo del vestíbulo y se acercó a ella.
- Bells, cariño
Bella lo evitó alejándose de él.
- Estoy cansada, Edward. Voy a darme una ducha y después me meteré en la cama.
- Espera, cielo – rogó acercándose pero ella volvió a evitarle
- Ha sido un viaje muy largo, estoy cansada – explicó yendo hacia su habitación
Se desnudó en silencio y entró en el baño.
Los chorros calientes de la ducha llenaron el baño de vapor. Se metió bajo la ducha y no pudo evitar dejar salir el llanto cuando el agua caliente la relajó.
Apoyó la frente contra los azulejos oscuros.
Edward escuchó sus ahogados sollozos en el baño. Se desnudó a su vez y se metió con ella bajo la ducha.
- Shh, cariño – dijo abrazándola por la espalda y girándola para dejarla frente a él
La rodeó con sus brazos y la apretó contra su pecho. Su llanto se intensificó.
- ¿Por qué, Edward? – gimió - ¿Por qué me odia tanto? ¿Qué tengo que hacer para que me perdone?
- No tiene nada que perdonarte, Bella. Deja de pensarlo. No hiciste nada que requiera su perdón, y si él no quiere entenderlo, pues que se vaya al diablo.
- Es mi padre, Edward. ¿Por qué no puede quererme?
- Te quiere, cariño. Es sólo que es terco y orgulloso. No quiero que le dejes lastimarte, Bella. Si piensa seguir con esa estúpida actitud pues entonces que se vaya al diablo.
- No puedo. Es mi padre. Es mi única familia. Es todo lo que tengo.
- No, cariño, no lo es. Me tienes a mí. Me tienes a mí, a mi familia. Tienes a Rose. Y a Mark y a Charlotte. Y tienes decenas de chicas y niños en Namibia que son tu familia. Eres todo para ellos. No puedes dejarte caer. Eres todo para mí – aseguró acunando su rostro y obligándola a mirarle – Eres todo para mí, Bells. No te dejes caer, hazlo por mí. Te necesito, Bella. Si Charlie no quiere ser parte de tu familia pues que se fastidie. Yo sí quiero ser tu familia – aseguró antes de abalanzarse sobre sus labios
La besó con pasión contenida en el mismo momento que decidió pedirle matrimonio. Esperaría a poder conseguir un anillo pero no tardaría en hacerla su mujer.
Bella rodeó su cuello con los brazos, apretándose contra él.
Su necesidad se volvió imperiosa y los días separados acrecentaron el deseo que se formó en sus vientres.
Edward deslizó las manos por la espalda de Bella hasta alcanzar sus glúteos.
Tiró de ellos alzándola contra la pared de la ducha sin soltar sus labios. Bella enredó las piernas alrededor de su cintura y de una sola estocada la penetró arrancándole un jadeo.
- Dios, Bells, te necesitaba tanto – confesó contra su pelo
- Y yo a ti. Hazme el amor, Edward – pidió necesitada
- Ahora mismo, nena – prometió embistiéndola
Se necesitaban, se deseaban. No podían esperar. El clímax los asaltó casi de inmediato y el orgasmo los apabulló, dejándoles jadeantes bajo el agua.
Bella, aún dormida, se removió entre sus brazos despertándole, a la mañana siguiente.
Acarició su espalda pensativo. Hablaría con Charlie. Ese hombre terco y arrogante tendría que disculparse con su hija. Él no iba a permitir que la maltratara.
Hacía varios días ya que el vocabulario de Charlie se había ampliado y no había sido capaz de dirigirle siquiera una palabra a la chica.
Esa chica que se había pasado seis meses yendo a visitarle cada día sin faltar ni uno solo, hasta que tuvo que viajar a Namibia.
¿Cuál era su problema? Pensó molesto.
¿Estaba enfadado porque Bella no estaba ahí cuando despertó? Pues, no tenía derecho a estarlo, y él se encargaría de hacérselo saber.
Bella se había ocupado de él y de que su adorada empresa no se fuera al diablo.
Lo menos que su padre podía hacer por ella era dirigirle la palabra.
- ¿En qué piensas? – murmuró somnolienta interrumpiendo sus pensamientos
- En cuánto te he echado de menos – dijo apretándola contra él
- ¿Cuánto? – sonrió acostándose sobre él seductora
- Mmm... – sonrió divertido bajando las manos hasta alcanzar sus firmes glúteos – Demasiado
- ¿Y qué vas a hacer para compensarlo? – ronroneó deslizando su lengua por la mandíbula áspera del hombre
- ¿Qué te apetece?
- Sorpréndeme – sugirió
En un rápido movimiento la tumbó sobre la cama para acostarse sobre ella.
- A tus órdenes, cielo...
Descendió sus labios por el pecho de la chica dejando leves mordiscos en sus pezones, antes de bajar por su vientre.
Bella se estremeció por la anticipación cuando los dedos de Edward separaron sus pliegues íntimos soplando suavemente su clítoris palpitante.
Edward acercó sus dedos a su abertura y la penetró con ellos.
- Estás muy mojada, cariño – susurró deslizando su lengua sobre sus pliegues
Bella jadeaba en respuesta arqueándose contra él, mientras Edward la embestía sin compasión.
- Edward... – gimió cuando el torbellino de placer comenzó a remontar por sus piernas hasta concentrarse en su centro
- Vamos, nena – la instó imprimiendo más presión a su asedio
La mantuvo al filo del orgasmo durante unos instantes que a ella le parecieron eternos, hasta que finalmente apretó su clítoris entre los labios empujándola de cabeza al clímax.
Bella clavó los talones sobre la cama mientras de lo más profundo de su pecho salió un grito ronco.
Antes de que pudiera recuperarse, Edward se levantó por su cuerpo y la penetró, clavándose en ella profundamente.
- No sabía cuánto te necesitaba en realidad – confesó en un susurro antes de comenzar con su alocado vaivén que los levantó llevándolos a un excitante orgasmo que los acabaría dejando exhaustos
Edward se reunió con Bella en la cocina después de ducharse. Bella, aún en pijama preparaba el desayuno.
- ¿Qué planes tienes para hoy? – preguntó preocupado
- Quisiera pasar por el hospital antes de ir al despacho
- Tómatelo con calma – pidió – Descansa. Ya podrás visitar a Charlie más tarde – aconsejó esperando tener tiempo para ver a Charlie antes que Bella
- Necesito ir a verlo
- Lo sé – reconoció antes de mirar su reloj de muñeca – Yo debería irme. ¿Tú tardarás en salir aún?
- Desayunaré tranquila y después me ducharé, así que tardaré un rato. Nos veremos más tarde.
- De acuerdo – aceptó y la besó antes de salir rumbo al hospital
Charlie estaba desayunando con la ayuda de la enfermera particular que habían contratado para él.
Levantó la vista para verle entrar.
- Buenos días, Charlie. ¿Cómo estás hoy? – le saludó
Charlie se esforzó antes de hablar con voz ronca.
- B..bien
- Veo que aún puedes hablar – replicó sarcástico ganándose que Charlie alzara sus cejas confundido – Como ayer no fuiste capaz de saludar siquiera a tu hija, pensé que ya no podías hablar – comentó furioso
El gesto de desagrado del hombre le enfureció aún más. Intentó calmarse ya que de no ser así le daría un puñetazo a ese hombre convaleciente.
- No sé qué diablos estabas pensando, – dijo amenazador – pero espero que lo reconsideres. Bella va a venir a visitarte y espero que te comportes como un hombre.
- ¿Q...qué? – balbuceó
- No tienes derecho a tratarla así. – gruñó – Esa chica se ha preocupado por ti en todo este tiempo, como nadie lo ha hecho. Ha estado visitándote cada día durante los últimos meses. Se ha ocupado de no dejar que TU empresa se hunda, así que lo menos que se merece es que la trates bien.
- N...no la... la qui...ero en Swan – espetó con esfuerzo – La... la... hundirá
- No tienes ni idea de lo que es capaz tu hija. Gracias a ella hemos conseguido acuerdos que no hubiéramos siquiera soñado. Te guste o no, ella es parte de Swan. Y lo hace muy bien. Yo no lo habría podido hacer sin su ayuda, así que espero que se lo reconozcas. Ya que no reconoces lo que hace por ti como hija, espero que al menos reconozcas lo que hace por tu empresa. Bella vendrá a verte esta mañana, así que espero que te comportes como un hombre – rezongó – Has lo que debes hacer. Lo que debiste hacer hace veinte años.
Molesto se marchó al despacho para organizar su viaje a Chicago del día siguiente. No le hacía gracia dejar a Bella, pero serían sólo dos días.
Bella llegó al hospital a última hora de la mañana. Jason Jenks y Sam Ulley estaban allí.
Sam y Bella habían entablado una buena relación desde que la chica trabajaba en Swan, y podría decirse que estaban forjando una buena amistad.
- Buenos días, Charlie – le saludó tímida acercándose a la cama
Charlie la miró impasible sin hablar.
- ¿Cómo has pasado la noche?
Ante el escrutinio de Sam, Charlie por fin habló.
- B...bien
- Me alegro – sonrió la chica – Espero que pronto puedas irte a casa. Imagino que estarás aburridísimo.
Ante su silencio, Sam salió al paso.
- Estoy seguro de que prefiere ir al despacho antes que a casa, ¿o no, Charlie?
El hombre simplemente asintió sin quitar la vista de la chica.
- No tienes que preocuparte por el despacho – le dijo Bella girándose hacia él – Edward lo maneja todo muy bien. Además, con Sam y Emily están todos los frentes cubiertos. Yo misma he estado dando una mano allí.
- Sin dudas la ayuda de Bella es invalorable – agregó Sam – Debimos haberla contratado hace años.
Bella sonrió ruborizándose ante los halagos del hombre.
Charlie la miró con seriedad e inspiró profundamente antes de hablar.
- T...te qui...ero fu...fuera de Swan
Capi nuevo. A disfrutar. Espero vuestras opiniones.
Gracias a todos por los reviews, alertas y favoritos. Y gracias siempre por leer.
Adelanto del próximo:
- Ven aquí – susurró y tiró de ella cuando pasó a su lado, rodeándola con sus brazos
- No me esperaba que sus primeras palabras para conmigo fueran esas – reconoció rodeando la cintura del chico con sus brazos
- No le hagas caso, no sabe lo que dice
- Sí lo sabe. Me odia. Nunca me perdonará.
- No hay nada que requiera su perdón, Bella. No hiciste nada. Tú no mataste a tu madre. Deja ya de pensarlo. Has hecho todo por tu padre. Te has pasado estos últimos seis meses ocupándote de él y de la empresa.
- Tú te ocupas de la empresa, no yo.
Libertad: Gracias por tus reviews. Gracias por habérmelos dejado en cada capítulo de cada uno de mis fics, aunque debo reconocer que no logro entenderlos, pero gracias por tomarte la molestia. Espero que te gusten los fics.
Besitos y Buen finde!
