Deshonra, desgracia, vergüenza...

Una vez la Roww dijo que este fic se escribía en tiempo real, y parece que de verdad es así D:

Espero que no me odien por la actualización tan tardía, en mi defensa, ha pasado menos de un año desde la última vez que actualicé, me estoy esmerando (?) Ok, no.

Adelanto que, SE ACERCA EL FINAL, luego de 7 años y 29 capítulos D: Este fic ha sido peor que un parto x_x Pero, como dije en el capítulo anterior ESTA WEÁ NO ME LA VA A GANAR!

Bueno, no les sigo dando la lata, pasen a leer mejor.


Aclaraciones: Digimon y sus personajes no me pertenecen. Lloraré con mis lloros siempre por eso D':


Deseos de cosas imposibles

Cap. 29: Revelaciones


No había podido pegar un ojo en toda la noche. Tampoco se sentía capaz de comer algo, tenía un nudo en el estómago.

Se encontraba sentada en uno de los sillones, con los brazos y piernas cruzados, estos últimos se movían incesantes, golpeaba el suelo con el taco de sus botas. Suspiraba con pesadez de vez en cuando y veía la hora en su celular cada 30 segundos.

Miraba el techo, negaba, volteaba a las paredes, se restregaba la cara y volvía a cruzar sus brazos.

Repetía esto una y otra vez.

No sabía qué más hacer, se encontraba sola en el departamento, y para mantener su mente ocupada, había hecho aseo y preparó el almuerzo, creyó que le tomaría más tiempo, sin embargo, no fue así.

Se recostó en el sillón y subió sus piernas hasta apoyarlas en la pared.

Suspiró nuevamente.

Hace aproximadamente una hora había hablado con su hija por medio del teléfono del rubio. Ya no estaba molesta, por lo menos, le había comentado que irían sus abuelos y su tío al departamento de su "papi" para almorzar, que su abuelo y si tío querían llevarla al McDonald's, pero Matt se había negado rotundamente a que su princesita consumiera comida chatarra. Que luego de eso irían al centro comercial porque sus abuelos querían hacerle regalos y finalmente a un parque cercano donde pasarían la tarde y harían picnic.

Sonaba fantástico…

Quería ser parte de aquel día.

Se vio a sí misma compartiendo con Matt y Kimi, preparando el almuerzo juntos, cocinando en familia, en el centro comercial,, probándose ropa, maquillándose, probando distintos tipos de perfumes, viendo Barbies, el rubio llevando las bolsas, en el parque jugando con su hija, empujándola en los columpios, en el sube y baja… Los tres… En familia.

Y recién entonces, las palabras de sus amigos comenzaban a tomar validez.

Que había tomado decisiones muy abruptas y en algún momento se iba a arrepentir.

Dicho y hecho…

Por primera vez en cinco años se había detenido a pensar en el "¿Y qué hubiese pasado si…?" de su historia con Matt.

Haber ido a los controles con el doctor con él, ver juntos como crecía su bebé dentro de su vientre, que él le hablara a la pancita, decorar su habitación juntos, comprarle ropa, que hubiese estado con ella tomando su mano durante el parto, enseñarle a comer, caminar, hablar juntos, ir al parque a jugar, salir con ella, ir a dejarla a su primer día en el kínder, que hubiese podido acudir a él cuando tenía pesadillas, que la cargue en sus brazos, que la lleve a caballito, que la hubiese podido abrazar cuando tuviese un mal día…

Pero Matt no quería ser padre, cuando le planteó la idea él no reaccionó bien… Era obvio que daría un paso al costado, ella sólo facilitó las cosas…

Pero por otra parte, tampoco le había dado la opción de elegir… Tal vez si él se hubiera enterado, las cosas serían muy distintas, quizás él sí se hubiese mantenido a su lado, quizás él sí hubiese borrado sus inseguridades y se hubiese enamorado tanto o más que ella de su hija al escuchar por primera vez sus latidos.

Pero era algo que nunca iba a saber.

Por culpa de ella.

El sonido y la vibración producidos por su celular al recibir varios mensajes la sacó de sus pensamientos.

Se incorporó en el sillón y tomó el teléfono en sus manos para desbloquearlo.

"Hola amiga!"

"Cómo estás?"

"Cómo estamos para la noche?"

"Porque vamos a celebrar, no?"

"Ya lo olvidaste?"

"No me dejes el visto, maldita!"

"Respóndeme!"

Sonrió de lado con los mensajes de su amiga. Había olvidado por completo en lo que habían quedado la tarde anterior con ella y Kari.

—Sí, lo de la noche va. —hablaba a medida que tecleaba en su celular.


—Vaya… Te dio mucha hambre…

—Y a ti sed… Parece que quedaste agotada. —rebatió el moreno, para luego probar otro bocado de su hamburguesa.

Le costó darle aquel último sorbo a su cerveza. Volvió a verlo con una sonrisa pícara y un leve sonrojo en sus mejillas.

—La verdad, sí… Estuvo intenso. —reconoció Sora.

—Es que nos merecíamos algo intenso, mi amor… Hace como mil años que no hacíamos el amor.

—Que exagerado —rió ella tomando un par de patatas fritas. Le hizo una seña al mesero para que le llevara otra cerveza—. Ha sido sólo un par de semanas…

—Sí, semanas… Las semanas más eternas de la vida. Tú y tu genial idea de que Mimi se quede con nosotros… Pero bueno, me esmeré, ¿no?

—Siempre.

—¡Menos mal! Porque la verdad debo reconocer que estoy algo adolorido… Ya no soporto dormir en el sillón. Me duele la espalda —se quejó Tai.

—Amor, es sólo por unos días.

—¡Las pelotas! Eso dijiste cuando llegaron, hace como mil años.

—Bueno… —suspiró— Cambiando de tema, ¿has hablado con tus abuelos?

Yagami sonrió. Estaban a una semana de ser oficialmente marido y mujer.

—Sí, llegarán el jueves, se quedarán en casa de mis padres. ¿Y mi suegro?

—Llegará el viernes por la tarde, se vendrá después de sus clases. Estoy muy emocionada… No queda nada para nuestra boda. —habló Sora.

Él le volvió a sonreír. Tomó su mano y la acercó a sus labios para besarla.

—¿Sabes? No es por ser malo ni nada, pero extraño nuestra intimidad… Extraño poder pasearme por nuestro departamento desnudo… Sé que es tonto, pero bueno.

—Yo también extraño que lo hagas.

—¡Sucia!

—Bueno, Mimi ya me dijo que después de la boda volverá a Estados Unidos, así que podrás pasearte desnudo de nuevo dentro de muy poco..

—Lo único que pido por ahora es que mi espalda esté bien para la noche de bodas… Porque te adelanto, querida Sora, que no vamos a dormir —agregó al ver la expresión de duda en el rostro de su futura esposa—, tenemos que ponernos al día de estos mil años sin sexo.

—¡Pues ya quiero que sea el sábado! —aplaudía con ansias ella— Pero, ya deberíamos regresar. Mimi está sola —agregó—, debe estar hecha un mar de nervios sin Kimi.

—Ay, no, por favor… Mira, yo la quiero mucho, es mi amiga, pero, por favor, necesito descansar de ella… Además tú pediste otra cerveza, tienes que bebértela. Luego nos vamos. Por favor… —pidió nuevamente Tai.

Que su amiga la perdone, pero Tai había tocado un muy buen punto.

—O también, otra opción muy buena, que, personalmente me parece la mejor de todas, es volver al hotel y seguir con nuestros asuntos importantes. Porque, no sé tú, pero yo con otra hamburguesa con patatas quedo con las pilas completamente recargadas para una segunda y más intensa ronda.

—Tentador, a decir verdad, pero deberías guardar para la noche de bodas.

—No, no te preocupes, las ganas de la noche de boda están intactas. Tengo todo planeado, Sora, ya te lo dije, no vas a dormir, y serán varias sesiones, con pequeños descansos…

—¿Descansos? Algo así como un "coffee-break"?

—Claro, algo así… Talvez una marivuelta, no sé… Pero te lo advierto, serán varias sesiones, y no vamos a dormir —recalcó una vez más—, hasta que ya estemos artos de tanto sexo, cuando ya nos duela hasta el cabello. ¿Te quedó claro?

—Bueno, parece que de todos modos no tengo otra opción…

Tai desvió la mirada e hizo notar lo ofendido que se sintió ante el comentario de su prometida. Sora por su parte comenzó a reír a carcajadas.

—Con ese entusiasmo… Amor, no puedo esperar a estar casados —ironizó.

—Es de lo que siempre se quejan las parejas que llevan muchos años casados, vamos a tener que acostumbrarnos. —comentó aún divertida.

—No, señora, nosotros vamos a CAMBIAR esa regla. Y te quiero con la cara llena de risa.

—Contigo, siempre. —guiño junto con un beso que le arrojó hacia su dirección.

—Así me gusta.

Acercó su silla a la pelirroja y le proporcionó un beso en los labios.

—Te amo.

—Y yo a ti.


—¡Por fin llegan! Me tienen como Cenicienta haciendo aseo aquí.

—Pero nadie te obligó a mover un dedo —comentó extrañado Taichi—, si querías podías quedarte acostada todo el día.

—Sí, bueno, es que no sabía qué hacer, estaba aburrida, me sentía sola y no sabía donde estaban ustedes…

—Fuimos a ver algunos detalles de la boda y aprovechamos de comer algo. —habló Sora intercambiando miradas con su novio.

Mimi vio como ambos sonrieron con complicidad. Alzó una ceja, esos dos ocultaban cosas.

—¿De verdad? Buuu… Yo había preparado almuerzo, creí que comeríamos juntos.

—¡Yo feliz!

—Amor, comiste dos hamburguesas.

—Pero aún tengo hambre… Tengo mucha energía que recuperar, MUCHA —enfatizó.

—¿Por qué tanta hambre, Tai? ¿Acaso "los detalles de la boda" incluían correr un maratón?

El moreno pareció meditarlo un poco. —Digamos que sí —concluyó él.

Mimi arrugó la nariz. Tenía una leve noción de lo que se refería, y al ver la expresión de su amiga no quiso seguir indagando.

Desagrado total.

Prefirió hacerse la loca y poder comer en paz junto a sus amigos. Pese a que habían almorzado ya, Sora se sirvió algo de ensalada y un vaso de jugo, sin embargo, Tai tenía una montaña en su plato y comía como si el mundo se fuese a acabar. Ella por su parte, hacía varios minutos no llevaba alimento a su boca, se dedicaba a mover la comida de un lado para otro con los palillos mientras su mente divagaba.

—¿Hablaste con Matt? ¿Cómo está Kimi?

Lo único que esperaba era que la tarde pasara luego y poder tener a su hija entre sus brazos.

—Mimi, ¿Has sabido de Kimi?

Y entendía que el enfado con ella no se le iba a pasar por estar un día con su padre y la familia de él, pero rogaba que hubiese bajado la intensidad de su enojo. Porque de verdad esta vez quería hacer las cosas bien, quería reparar el daño que le había hecho tanto a ella como a él…

A Matt.

—¿Mimi?

Le había preguntado por Kimi, dos veces, pero la castaña seguía inmersa en sus pensamientos. Volteó a ver a Taichi, quien sólo se encogió de hombros.

Quien sabía en qué planeta se encontraba

—¡Mimi!

—¿Ah? —Tan sólo había atinado cuando Tai alzó la voz—¿Qué?

—¿Qué tienes?

—Ah, no… No pasa nada.

—¿Segura, amiga? Te ves triste, ¿estás bien?

—Sí, querida, estoy bien… No te preocupes, no es nada… Debe ser por culpa de Mercurio.

—¿Mercurio?

—Sí, siempre mercurio retrógrado me afecta.

Sora alzó una ceja sin entender nada. El moreno incluso había dejado de masticar de lo atónito que estaba ante la explicación de su amiga. Silencio.

Finalmente fue él quien se atrevió a preguntar de la mejor manera posible que pudo.

—¿De qué está hablando esta ridícula? —le preguntó a su futura esposa. Ahora era ella quien se encogía de hombros.

—No lo sé… Horóscopo… Zodiaco…

—¿Los caballeros del Zodiaco? ¿Saint Seiya?

—No, parece que no.

Mimi pasó a verlos a ambos con indignación máxima. Abrió sus ojos a más no poder y finalmente llevó su mano hacia su rostro, negó con la cabeza y dejó escapar un prolongado suspiro. —Ustedes dos son tal para cual… Una pareja de ignorantes.

—Pero si no entiendo ni una mierda de lo que dices —se defendió Tai.

—Es porque eres hombre.

—Pero Sora tampoco entiende.

—¡Porque también es hombre!

—¡Hey! —exclamó ofendida la pelirroja— Más respeto.

—Perdón, no quise decir que fueras hombre, más bien que eres COMO —corrigió— un hombre.

Esta vez Sora estiró su labio inferior haciendo un puchero para hacerle saber a su amiga que no le había parecido de buen gusto su comentario. Taichi por su parte, apoyó una mano sobre el hombro de su amada y acarició su cabello con la otra.

—Tranquila, vida, no te preocupes… Eres el hombre más hermoso del mundo, mi amor.

—Imbécil. —exclamó ahora cruzándose de brazos.

A veces la vida le daba oportunidades para ofuscar a la gente que usualmente lo molestaba y tenía que aprovecharlas. Aunque con Sora era diferente, ellos se molestaban mutuamente, pero con mucho amor.

—Ahora que recuerdo, Tai, debes irte.

—¿Perdón? Es mi departamento, ¿por qué tendría que irme?

—Hey, sin enojarse. Solamente le vamos a hacer una despedida de soltera a Sora.

—¿De verdad? —preguntó emocionada Sora.

—¡¿QUÉ?! ¡SOBRE MI CADAVER!

—Dije sin enojarse —repitió la castaña.

—No voy a dejar que lleven a mi novia a uno de esos lugares de mala muerte donde hay hombres musculosos y sudorosos queriendo tocarla por todos lados y hacerle quien sabe qué cosa más.

—No, Tai.

—Tú y Yolei están detrás de todo esto. Quieren separarme de Sora.

—¡No! Tai, no vamos a ir a ningún lado, sólo seremos nosotras cuatro, Miya, Kari, Sora y yo, aquí, haciendo cosas de chicas… Conversando, bebiendo champagne, viendo películas, comiendo, tomándonos fotos, haciéndonos las uñas, peinados… Ya sabes, cosas de chicas.

—¿Cómo cuando hacíamos pijamadas? ¡Súper! —exclamó la festejada.

—Ah… Bueno, en ese caso… Creo que aprovecharé para que a mi también me hagan mi despedida de soltero.

—¿Vas a tener una pijamada también, amor?

—Sí, pero con juegos de azar y mujerzuelas.

—Oye, no. ¡Que injusto! Si yo no puedo tener stripers, tú tampoco.

Tai llevó una mano hacia su barbilla, pareciendo meditarlo. —Bien, lo justo es justo. Sin stripers.

Así ambos se dieron la mano, sellando su trato.

La castaña miró hacia el cielo y negó con la cabeza.


—Tío, ¿qué estás haciendo?

—Una sorpresa para ti… Y para él también —habló Takeru a medida que buscaba entre los contactos de su celular. Sonrió al encontrar el correcto, presionó el botón para una videollamada y esperó que la persona contestara.

¿Oui? ¿Bonjour?

—¿Por qué se ve negro? ¡Abuelo!

—¿Takeru? ¡Hola hijo!

—Abuelo, mira la pantalla.

—¿Quoi? —y así lo hizo. T.K vio como su abuelo veía extrañado la pantalla del celular y luego se sorprendió al verlo del otro lado saludándolo— ¡Hola! ¿Cómo estás?

—Bien, abuelo, ¿Dónde estás?

—Salimos con unos amigos a pasear en moto, ahora estamos en Reims, vamos a almorzar pronto.

—Papá, ¿no crees que es peligroso que andes en moto a tu edad? —preguntó Natsuko acercándose a su hijo para ver a su padre a través del teléfono.

—¿Hija? Ah, están todos. ¡Hola a todos! ¿Hiroaki? ¿Volvieron? Yo sabía que tarde o temprano esto iba a suceder. —celebró el anciano, que aunque los años siguieran pasando, él seguía siendo jovial.

—No, Michel, no hemos vuelto.

—Lo que pasa abuelo —habló esta vez Matt. T.K se acercó a su hermano para que pudiera verlo en la pantalla— es que esta es una ocasión especial. Estamos compartiendo en familia y te tenemos una sorpresa. Quiero que conozcas a tu bisnieta.

—¿Quoi?

—Te presento a Kimiko, mi hija —habló con orgullo—. Después te explico todo —agregó al ver la expresión a su abuelo.

La cual se borró conforme observaba los rasgos de la pequeña sonriente a un lado de su nieto.

—Se parece tanto a Natsuko de pequeña. ¿Cómo te llamas preciosa?

—Kimi, Kimiko —corrigió—, y tengo cinco años —dijo mostrando su mano con los dedos extendidos.

—Bella, bella. Yo me llamo Michel y tengo… muchos años.

—Me caes bien. Estamos haciendo un picnic en el parque, ¿por qué no vienes?

—Me queda un poco lejos, me podría demorar unos días en llegar.

—Kimi, tu bisabuelo vive en Francia, en Paris.

—¿En Francia?

—Sí

—¡Es donde vive Labybug! ¿La conoces?

—¿Quién?

Sí… Su hija veía mucha televisión.

Pero la amaba.

Habían pasado la tarde todos juntos, como la familia que alguna vez fueron, Hiroaki, Natsuko, Takeru y él, todo gracias a la nueva integrante de aquella familia que había llegado para unirlos, su hija. Cada vez que la veía, sonreía.

De algo estaba seguro, no quería separarse más de ella.

Pero tal y como se lo había prometido a su madre, la llevaría con ella después de su picnic.

En un principio la llevaba sentada sobre sus hombros, pero poco a poco el agarre de la pequeña comenzaba a disminuir, notando que, luego de un día cargado de emociones, le estaba ganando el sueño. Por lo que ahora la llevaba entre sus brazos y su pequeña mochila rosa de princesas en uno de sus hombros.

Recordó las "sabias" palabras que le había dedicado su padre en una oportunidad.

Hijo, llevar a un niño en brazos es un imán para las mujeres exclamó Hiroaki, como revelando una de las ancestrales técnicas de seducción, ganándose una mirada de reproche por parte de su ex mujer y las risas de los demás.

Eso a él no le había parecido gracioso, pero debía aceptar que el viejo sabía. Las miradas de muchas mujeres se posaban en él mientras caminaba en dirección al departamento de sus amigos con su hija durmiendo en sus brazos. Cosa que ya le estaba empezando a molestar, se sentía demasiado observado y la verdad le estaba incomodando.

Suspiró. Ya sólo faltaban un par de cuadras.

Siguió su camino tratando de desligarse de su entorno. Al llegar a la puerta del departamento golpeó como pudo y rápidamente esta fue abierta por una impaciente castaña.

Su semblante había cambiado del cielo a la tierra cuando notó a su pequeña dormida en los brazos de su padre.

Le hizo una seña al rubio para que pasara hasta la habitación y ella los siguió luego de cerrar la puerta de entrada.

Se apuró para abrir las tapas de la cama y luego de que Matt la dejara con cuidado sobre ella, se sentó a su lado para quitarle los zapatos y otras prendas para que pudiera dormir más cómoda. Cuando ya estuvo tapada, se movió un poco, acomodándose, pero sin despertar. Y como si estuvieses sincronizados, ambos sonrieron sin dejar de verla, como si fuese un imán para ambos.

—Bueno, será mejor que me vaya… —rompió el silencio Matt en su susurro.

—No, espera —pidió también susurrando ella—, es decir, no es necesario que te vayas tan rápido. Puedes quedarte un rato más si quieres… ¿Quieres tomar algo? ¿Comer? Ay no, que tonta… Estuvieron de picnic, es obvio que ya comiste…

—Tranquila… —sonrió— Sí, me encantaría quedarme un rato más… Gracias.

—No… Gracias a ti. —mordió sus labios— Yo… Sé que lo que hice no estuvo bien y que probablemente nunca me perdones, pero… De verdad, gracias por intentar entender, y por todo lo que has hecho por ella.

—Yo haría todo por ti… Digo, por ella —se corrigió—. Por ella.


Sora respiró profundo, haciendo que Tai volteara a verla —Me huele a reconciliación— susurró.

—A mi me huele a que Kimi va a tener un hermanito —acotó también susurrando. Ambos se encontraban pegados a la pared, la puerta estaba entreabierta y no querían ser descubiertos espiando—. Por favor que no lo conciban en nuestra cama —pidió juntando ambas manos y rogando al cielo.

—Está la niña ahí. Estúpido.

—Vida, los momentos de calentura pueden llegar en cualquier momento.

Sora rodó los ojos.


—Lo sé… —sonrió ella— Bueno, ¿quieres beber algo? Tai debe tener cervezas, supongo. —él se encogió de hombros— Así esperas a que despierte para despedirte de ella.

—¿La vas a despertar?

—Sí, en un rato más, si no, no dormirá en la noche.

Habló ella levantándose de la cama, ambos se dispusieron a salir de la habitación y cerraron la puerta tras sí.

—Además la tengo que llevar donde mis padres.

—¿Por qué?

—Porque vendrán Kari y Miya, nos vamos a juntar las cuatro y le haremos una despedida de soltera a Sora. —le contaba la castaña mientras caminaban hacia la sala de estar, donde curiosamente Tai y Sora se encontraban sentados y muy concentrados en sus respectivas cosas. Su amiga viendo su celular —bloqueado— y Tai viendo una revista de madres primerizas —al revés— y asintiendo como si entendiera todo.

—¿En serio? —preguntó divertido.

—Oye sí —habló esta vez el moreno, dejando de lado la revista que tenía en sus manos—, las chicas le harán una despedida a Sora, ¿y la mía? Supongo que ustedes también me organizarán una, ¿no?

—¿Qué?

—¿Me van a hacer una despedida de soltero o no?

—No.

—Me estás hueveando.

—No.

Y ese fue como un puñal en el corazón de Tai. Si Sora le hubiese dicho que le fue infiel, no sabría cual de aquellas traiciones le dolería más.

—¡Son como las pelotas! Son los peores amigos del mundo, no se preocupan ni un poco por mi, no les importa ni en lo más mínimo que me vaya a casar, no tienen ni el más mínimo interés de pasar mis últimos momentos de soltería conmigo. —comenzó a reclamar Yagami, más ofendido que nunca.

—Parece que vivir con Mimi en serio te está afectando —concluyó el rubio. Y debió haber sido cierto, porque hasta la misma Mimi se rió—. Oye, aclaremos algo, ¿quieres? Yo no te pienso celebrar el hecho de que quieras amarrarte a alguien para toda la vida, es decir, es como pedir que te lleven a prisión… Voluntariamente.

Fue entonces cuando notó como su amigo y Mimi veían detrás de él, con miedo. Torció sus labios, cayendo en cuenta de que una presencia maligna amenazaba con atentar contra su vida. Volteó, y efectivamente, vio a la pelirroja con cara de querer asesinarlo.

Sonrió temeroso —Es una bromita, Sora… —nada— Amiga querida… —nada—¿Quieres un cigarrito?

—Dos. Y te voy a sacar en cara esto un par de veces más.

—¿Sólo un par? ¡Bien por mi! —celebró irónico. Sora pasó por su lado en dirección al balcón y él la siguió.

Mimi vio como ambos salían de la habitación y recién cuando cerraron el ventanal volteó su mirada para encontrarse con un sonriente Taichi.

—¿Qué ocurre?

—Picarona…

—¿Qué?

—Hazte la loca…

Y de verdad prefirió hacerlo.


—Cuando mencionaste lo de la despedida de soltera y que sería como una pijamada, no creí que literalmente tendríamos una pijamada… —comentó la pelirroja algo decepcionada al ver a sus amigas frente a ella.

Frente a ella estaban Yolei y Kari, luciendo sus pijamas para nada seductores, además del complemento que no podía faltar en una despedida de soltera como corresponde, cintillos con antenas en forma de penes… Sin ellas, no era una despedida de soltera propiamente tal. Una tenía en sus manos una botella de espumante junto con un par de copas que dejó en la mesa de centro y la otra un plato lleno de papas fritas.

—Tengo dos cosas que decirte al respecto, Punto uno, fuiste tú quien dijo que sería como una pijamada… Yo no dije nada —anunciaba Mimi que se acercaba desde el pasillo con una caja llena de esmaltes de uñas y un set de manicura— Y punto dos, en las pijamadas no usamos cintillos con penes ni ligas, ni adornos de penes como servilletas, bombillas y decoraciones. Lo que me recuerda —agregó dejando la caja en el piso y corriendo hacia unas bolsas que tenía sobre el mesón de la cocina— Aquí está tu velo de novia, tu liga y tu anillo de compromiso.

Todo adornado con penes.

Sora tomó las cosas que le ofrecía su amiga y se las puso entre risas de ella misma y de sus amigas. No le quedaba más que unirse a sus mejores amigas. Para cuando salió de su habitación con el pijama menos provocativo que encontró, ellas ya tenían todo listo y estaban instaladas para iniciar la celebración.

—T.K está muy entusiasmado con su nueva faceta de tío. Me contó que fueron a un parque, hicieron un picnic e hicieron una videollamada con su abuelo para que conociera a Kimi, ¿te contó?

—Sí, ella también está feliz con su "nueva familia". —sonrió la castaña.

—Ay, T.K esto, T.K aquello… T.K, T.K, T.K… —canturreaba Miyako— Te costó muy poco olvidarte de Davis.

—A él le costó menos… A los meses ya estaba saliendo con una chica de allá, ahora está casado y tiene dos hijos.

—Menos mal que es un tema superado… —agregó la pelirroja bebiendo un sorbo de su copa.

—Sí, y que bueno que no es una sicópata —rió Yolei contagiando a todas— Oye, Mimi, este espumante es realmente delicioso.

—Sólo lo mejor para mi amiga que se nos casa. —guiñó la castaña.

—¿Cómo se llama?

Dom Pérignon —pronunció ella orgullosa de su francés.

—¡¿QUÉ?! —gritó alterada la de anteojos— ¿DON SABAÑON? —preguntó con escándalo causando las risas de Kari y Sora.

—¡PÉRIGNON! Sorda. Ya estás ebria…

Yolei tomó la botella y leyó con calma. —Ah… Oh, dios mío que mal… De verdad estoy sorda… Me siento apenada.

—Todas estamos apenadas… Estamos llenas de penes por todos lados.

Y así, entre risas y más risas se les pasó la noche a las cuatro amigas.

Eran cerca de las 4:00 horas. Se habían hecho peinados ridículos, se pintaron las uñas al menos tres veces cada una, habían jugado a maquillarse con los ojos vendados —como cuando eran menores—, conversado mucho, habían bebido, reído, brindado al menos unas 15 veces por la novia, porque tuviera un matrimonio feliz y próspero.

Yolei fue la primera en caer a los brazos de Morfeo y sus amigas no perdieron la oportunidad de dibujarle garabatos en el rostro, la segunda en perder la batalla contra el sueño fue Kari que también se llevaba un recuerdo en su rostro.

Sora volvía de su habitación con dos mantas y cubrió a sus amigas del frío. Volteo, viendo aquel "apenado" lugar y comenzó a recoger unas cuantas copas para llevarlas al lavaplatos.

Le pareció extraño no ver a Mimi, caminó hacia el baño, pensando que se encontraba ahí, pero no hubo respuesta alguna. Luego caminó hasta el balcón y, en efecto, la encontró ahí.

—¿Estás fumando?

—Te saqué un cigarrillo, amiga, no te molesta, ¿verdad?

—No, para nada —respondió tomando asiento a un lado de ella— ¿Estás bien?

—Sí… Es sólo que, nada… Me puse a pensar, Kari está feliz con Takeru, Yolei también encontró un hombre que la adora y tú, bueno, para qué vamos a hablar de lo feliz que te hace Tai, ¿no? Es sabido.

—¿Te dio envidia? —preguntó la pelirroja luego de encender su cigarrillo y expulsar el humo.

—No, envidia no… Pero extraño sentir eso… Sentirme acompañada. Sólo eso.

—¿No te sentiste acompañada de Michael?

—Con él era diferente… Era mi mejor amigo. Y por un momento creí que se daría de forma natural, como tú y Tai, pero no. Nada fluyó… Lo quise mucho, lo quiero mucho —corrigió—, pero no como para estar siempre con él, como en una relación —acotó.

Sora la escuchaba atenta mientras fumaba su cigarrillo. —Pero no lo amas —Mimi negó—, nunca vas a amas a nadie como lo amaste a él…

Suspiró.

—A Matt —agregó, como si hubiese alguna duda de a quien se refería. Quizás sea diferente ahora… Ya no son los mismos de antes, ha pasado mucho tiempo, muchas cosas… Tienen algo muy importante que los une.

—Kimi llegó feliz donde sus abuelos —habló refiriéndose a sus papás—, les dijo que le gustaba mucho ver a sus papás que se llevaban bien —sonrió ella, contagiando a su amiga.

—Pienso que Matt aún te ama.

—Puede ser, pero ya han pasado muchas cosas… Y la verdad no sé si sea buena idea que intentemos tener algo, luego vendrán las peleas y no quiero.

—No puedes evitar que algo así pase… Amiga, Tai y yo hemos discutido, peleado miles de veces… Peleas feas… Pero el secreto está en saber que, a pesar de las diferencias que podamos tener, ambos queremos lo mismo, que tarde o temprano el enojo se pasará y podremos seguir caminando juntos, que vamos a poder aclarar las cosas y seguir adelante.

—Pero ustedes son diferentes… Entre Matt y yo han pasado muchas cosas, lo mismo de Kimi, por eso no creo que sea buena idea, y tampoco creo que él quiera…

—¿Y tú? —se atrevió a preguntar Sora.

Mimi volteó a verla, su cigarrillo se había consumido ya. Tenía muchas dudas, muchos pensamientos en su cabeza, no sabía con cual empezar ni qué hacer.

Sólo atinó a acercarse a su amiga y pedirle un abrazo que ella correspondió sin pensar.

Finalmente, si había alguien que siempre había estado ahí para ella, incondicionalmente, era Sora.


Taichi, quien estaba sirviendo las cervezas se emocionó al escuchar la introducción de la canción que había puesto el rubio.

—¡Esa canción! —exclamó entusiasmado el moreno. Matt volteó a verlo, sonrió y subió el volumen de la canción. Ambos comenzaron a agitar su cabeza y su cabello como los metaleros que se respetan.

—¡Wake up! —cantaron ambos al unísono— Grab a brush and put a little, ¡make up!

—¿System? —preguntó Izzy, refiriéndose al grupo System of a Down.

—¡Sí! —exclamó emocionado Matt, haciendo una seña de "Metal" con ambas manos.

—Una de las canciones que escuchábamos en la secundaria —acotó el festejado. Se acercó al pelirrojo y le dio un vaso de cerveza, luego repitió la acción con Jou.

—Es muy diferente al estilo de música que hacías en ese tiempo… No creí que te gustara el Metal, siendo que tú eras más un… "Chico Pop" —concluyó Koushiro, causando las risas de sus amigos y la indignación del rubio.

—Una cosa es lo que me guste y otra muy distinta es lo que me vi obligado a hacer para surgir en el rubro. —se defendió él.

—¿Será una noche nostálgica entonces? —preguntó esta vez el de anteojos.

—Sí, vamos a recordar los tiempos cuando mi amigo, aquí presente, era un alma libre.

—Huevón.

—Antes de que decidiera ponerle la soga al cuello con el matrimonio.

Matt seguía insistiendo, lo hacía sólo para molestarlo, sin embargo, el mayor salió en defensa de Taichi.

—Yo creo que es la mejor decisión que pudo haber tomado, sobre todo si es con Sora… Ella siempre lo ha alentado en sus proyectos, lo hace ser mejor persona. De verdad me hace feliz que se casen, y deseo de todo corazón que sean muy felices y que sigan creciendo juntos.

—Ay, huevón, lo vas a hacer llorar —habló Matt, terminando con la seriedad del momento.

—¡Deja de cagar los momentos! —reclamó el moreno— Gracias Jou… En serio agradezco mucho tus palabras —Jou le sonrió y golpeó su espalda.

—Bueno, sí, la mejor decisión que pudiste haber tomado es casarte con Sora, no hay otra mujer que te aguante, después de todo lo que tuvo que soportar por tu culpa.

—Hay que hacerle un altar a esa mujer. —habló Izzy esta vez.

—Sí, de hecho, no brindemos por este pelotudo, brindemos por Sora.

Tai torció sus labios, se sentía ofendido, pero… —Bueno, sí, tienen razón… ¡Por Sora! —brindó alzando su vaso con cerveza al igual que sus amigos— Porque me siga soportando toda su vida.

—¡Salud!

Pero no les había bastado con eso solamente a sus amigos. Los halagos hacia su novia eran el único tema de conversación, como cuando tuvo que hacerse la fuerte cuando Taichi había terminado con ella en la escuela porque Ayako le había lavado el cerebro, o las veces en que había tenido alguna esperanza de que Tai le demostrara sus sentimientos, pero que finalmente terminaba haciendo alguna estupidez, como cuando estaban haciendo un pastel para el Taller de Gastronomía en la Universidad y terminó arrojándole un puñado de harina en la cara —cosa que JAMÁS debió contarle a Matt porque se había encargado de divulgarlo en ese momento—, o cuando se había dado cuenta de su error y andaba como estúpido pidiéndole, rogándole e implorándole a Sora que volviera con él, y así, suma y sigue… Parece que sus amigos, al igual que las mujeres, no olvidaban, sino que ARCHIVABAN, en este caso, sus estupideces con Sora, y la lista era inmensamente larga.

Por otra parte, Yamato, aunque disfrutaba con las anécdotas de "Los tiempos estúpidos de Tai", revivir su pasado hacía que reviviera también el propio, porque no sólo su mejor amigo tenía una interminable lista, él también, quizás un poco más acotada, pero la tenía al fin y al cabo.

El hecho de privilegiar cosas triviales —ahora— para él, como su carrera o ciertas condiciones impuestas por su manager en ese tiempo, ahora carecían de importancia. Ahora, con unos cuantos años más sobre el cuerpo, podía decir tajantemente que se arrepentía de haber elegido ciertos caminos por sobre otros.

Haber mantenido oculta su relación con Mimi, sólo para aparentar y resguardar la imagen que su representante quería para él, ahora, sin dudarlo podía afirmar que fue una decisión estúpida, que no tenía ni pies ni cabeza.

Volvió a cuestionarse el tema de la paternidad.

¿Cómo habría reaccionado de haberse enterado años atrás del embarazo de la castaña?

Sin duda el Yamato Ishida de ahora hubiese dejado todo de lado para formar una familia con ella, pero, ¿y el de ese entonces? No estaba tan seguro.

—¿Nos pusimos melancólicos? —preguntó Izzy escuchando la introducción de Lonely Day, del mismo grupo. Bebió todo el contenido de su vaso— Cambia esa canción— le pidió al rubio.

Para Matt era la perfecta canción que describía su estado de ánimo en ese momento.

—Me gusta su solo de guitarra —justificó él. Era verdad, pero no la principal razón por la cual quería mantener aquella canción.

Si ponía las prioridades de su vida en este momento, en primera instancia y sin dudarlo ni por un segundo, se encontraba Kimiko, aquella pequeña que había aparecido de golpe en su vida y que por nada del mundo quería dejar ir. También se encontraba su carrera musical, el camino no había sido fácil y tuvo que hacer grandes sacrificios para llegar donde se encontraba, su familia también era importante para él, y ahora había alguien quien creía que había desaparecido de su vida, mas se daba cuenta que nunca desapareció, sólo había estado oculta, en un lugar profundo y especial tanto de su mente y su corazón, pero había llegado nuevamente para tomar el lugar que le correspondía, el lugar que él quería que ocupara…

Suspiró con pesadez, entendiendo que quizás su lista de estupideces era más larga que la de Tai.

—¿Y Tai?

Preguntó el de anteojos, sacando a Matt de sus pensamientos.

—¿Qué pasa con él? ¿Dónde se metió?

—No tengo idea, dijo que iría a botar unas cosas y aún no vuelve. —respondió Jou.

—¡No! —exclamó Izzy llevando ambas manos a su cabeza— Esto es como Hangover

—¿Qué?

—¡Sí! Jou, mira, hay droga de por medio, alcohol, UNA DESPEDIDA DE SOLTERO —enfatizó—, se pierde JUSTO EL NOVIO —volvió a recalcar—, además somos justo cuatro… ¡Todo calza!

—Tu y tu maldito regalo especial… —negó el de anteojos, culpando a Matt, quien al inicio de todo sacó un cigarrillo "especial" y todos había fumado de él.

—A ver… Primero que todo, te veías muy entusiasmado fumando y, segundo... Sí es como Hangover… —asintió concordando con el pelirrojo— ¡No quiero ser Alan!

—Huevón, eso no es lo importante ahora…

—Jou, eres tan Stu.

—Es verdad, el parecido es enorme. —comento Izzy.

—¡Estoy hablando en serio!

—¡Stu! —exclamaron ambos y rompieron en risas.

La maravilla había hecho efecto en un 100%.

—En cualquier momento pierde un diente —indicó el pelirrojo, provocando aún más risas en Yamato.

—¡Mierda! Esto es serio.

—Pero llámalo…

Y así lo hizo. —Me manda al buzón de voz.

—Quizás se quedó dormido en la escalera de emergencias… O está atrapado en la azotea… Bien, hagamos esto, si vemos un colchón afuera, subimos.

Ya le había pegado la preocupación a sus amigos.

—Esperemos un rato más… Si Doug no llega en 20 minutos lo vamos a buscar.

—¡Tai!

—Eso, Tai… Si Tai no llega en 20 minutos, vamos.

—Y si se arrepintió de casarse… —se aventuró en comentar el pelirrojo.

—No… ¿Tai?

—Lo noté un poco extraño desde que lo empezamos a molestar con el tema de Sora —explicó— ¿será que se escapó?

No… Tenía que haber otra explicación.


Chan chan!

Así termina el capítulo de hoy (de este año e_e xD)

Espero que haya sido de su agrado! Saluditos especiales a mi hermosa Roww, SraDarcy, Liraz , AmigaCuyoNombreMutaMucho (L) No sé si exista un fic que te haya hecho odiar tanto a Mimi como este, pero me voy a reivindicar, te lo prometo! mimato bombon kou Aquí sí hay indicios del mimato tierno y meloso que querías! Se viene, se viene! Marta Gracias! Igual tú (L)

Nos leemos!


*Len~