Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling.
Capítulo Meri-approved.
CÁRCEL DE ÓPALO
XXVI. ¿Qué haces aquí?
—Acabo de apagar las luces y de bajar la calidad de grabación de las cámaras, tenemos poco tiempo antes de que alguien se dé cuenta y las arregle —anunció Mark en voz baja nada más abrir la puerta del cuarto.
—Ya estamos —contestó Pansy, dándole un último toque al peinado de Hermione—. Yo creo que colará.
Mark echó un vistazo a Hermione y asintió: ella iba vestida con las ropas de la doncella y con el pelo recogido en un moño igual que el que llevaba Pansy. A oscuras y con mala calidad de grabación, parecería Pansy.
Por su parte, la doncella se había puesto un vestido cualquiera de Hermione, dispuesta a quedarse allí, esperando a que volvieran.
—Buena suerte —dijo Pansy, y Mark gruñó algo parecido a «La vamos a necesitar» antes de levantar a Hermione por la cintura mientras ella le abrazaba el cuello, sorprendida e intentando mantener el equilibrio.
Salieron al pasillo y se colocaron de manera que parecía que Mark la llevaba en el aire en un arranque de pasión mientras ella le mordisqueaba el cuello o algo parecido, cuando la realidad es que Hermione no paraba de hacerle preguntas en voz baja aprovechando que tenía la cara vuelta hacia él.
—¿Tú crees que se lo creerán? ¿Te has liado con Pansy antes? Aunque bueno, podría ser la primera vez. ¿Cuántas cámaras hay? ¿Cuánto tiempo crees que tenemos antes de que alguien encienda las luces y arregle las cámaras y vea que mi pelo es castaño y no moreno? Ahora que lo pienso, podrías haber apagado directamente las cámaras y nos habríamos ahorrado todo este teatro, ¿no? Ah, no, que es fácil pensar que alguien le dio al botón equivocado si las cámaras tienen menos calidad, pero apagarlas del todo ya los haría sospechar. Pero eso es lo que has hecho con las luces, espero que nadie sospeche nada. —Hizo una pausa, pensativa, antes de añadir—. Oye, ¿peso mucho? Puedo caminar un rato, no me importa.
Mark redistribuyó el peso de su cuerpo, bufando algo parecido a «Es una pesada, pero no físicamente hablando». Hermione decidió no sentirse demasiado ofendida por eso.
El guardia siguió caminando hasta que, tras girar una esquina y bajar unas escaleras, dieron con una puerta de madera. Entonces, se detuvo y la bajó al suelo.
—Ya puede andar, aquí no hay cámaras y no debería haber guardias —dijo antes de echar a andar de nuevo.
—¿Qué es esto? ¿Dónde estamos? —preguntó ella mientras lo seguía.
Mark la miró de reojo, divertido.
—He dicho que ya podía andar, no hacer preguntas.
—No necesito permiso para hacer preguntas, me sale solo —respondió ella, levantando la nariz con aire orgulloso y agradeciendo mentalmente que los zapatos de Pansy fueran planos y cómodos porque Mark caminaba muy deprisa.
—Ya lo he notado, ya.
Siguieron andando en silencio, hasta que, girando una esquina, se encontraron con una puerta donde había colgada una placa de metal que ponía «Mark B., guardia personal de seguridad». Mark la abrió, haciendo caso omiso de su mirada interrogante y la empujó dentro sin ninguna consideración, cerrando la puerta después.
Era una habitación pequeña y estrecha, de paredes blancas y con una única ventana, que, para sorpresa de ella, tenía barrotes en el exterior. No había más mobiliario que una cama, una mesa no muy grande con una silla, y un armario de madera. Era muy impersonal, como si fuera un lugar de paso.
—¿Este es tu cuarto? —Hermione hizo una mueca, sintiéndose absolutamente estúpida nada más preguntarlo. ¡Por supuesto que era su habitación, no había más que leer la placa de la puerta! Pero había algo en el lugar que no concordaba con lo –poco– que ella sabía de él, algo frío y distante.
Mark no contestó, ocupado en sacar un papel de uno de los cajones del armario y extenderlo sobre la mesa.
—Este es un plano del edificio —dijo, y la miró, probablemente esperando un aluvión de preguntas de ella.
Hermione no dijo nada y se acercó a su lado para observar mejor el plano.
—Malfoy está aquí, en el sótano, —Mark señaló el lugar en el mapa— y aquí estamos nosotros —Señaló de nuevo en el mapa.
—¿Cómo vamos a llegar de un lado a otro sin que nos vean? —preguntó Hermione, observando con temor la gran distancia que había entre un lugar y otro.
Mark se encogió de hombros.
—Como podamos.
Después de un rato de deliberaciones y discusiones –Hermione echó en falta más que nunca a Ron y Harry, que nunca discutían tanto sus ideas–, ambos acordaron que la mejor opción sería aprovechar el cambio de guardia, para el que aún faltaban dos horas.
Hermione las empleó en hacer todas las preguntas que se le ocurrieron a Mark. Él, por su parte, decidió echarse una siestecilla.
Esperaron y esperaron y esperaron lo que a Hermione le parecieron dos vidas y no dos horas. El tiempo pasaba muy lentamente, y ella no tenía manera de distraerse más que observando el plano y pensar, dado que el guardia había decidido no contestar a sus preguntas.
Cuando Hermione pensó que iba a explotar –de nervios, de temor, de los pensamientos negativos que recorrían su cabeza–, Mark se levantó y estiró los brazos.
—El cambio de guardia es en tres minutos, tendremos que ir rápidos —anunció, tendiéndole el mapa a Hermione—. Guárdelo, lo necesita más que yo.
Hermione se puso en pie rápidamente, dobló el mapa y lo metió en uno de los bolsillos del vestido.
—¿Lista? —preguntó Mark. Ella asintió—. Pues vámonos.
Él abrió la puerta y, tras mirar a ambos lados del pasillo, le hizo pasar delante y la siguió, cerrando la puerta a sus espaldas. Hizo un gesto, y ambos echaron a andar rápidamente por el pasillo, torciendo en una esquina.
Mark le indicó que se quedara allí con un gesto y se adelantó unos pasos, volviéndole a indicar con otro gesto que podían proseguir.
—El guardia de cambio aún no ha venido —murmuró él, con el ceño fruncido—. Qué extraño.
—¿Suele retrasarse? —preguntó ella siguiéndolo a toda velocidad.
—No. —Mark la miró de reojo—. El retraso es castigado.
Siguieron caminando hasta dar con una pared. Mark tanteó la superficie hasta dar con algo que hizo que una pequeña puerta se abriera en la pared.
—Adelante, es por allí. Todo recto —le murmuró él.
Hermione miró el pasillo con inquietud: no había nada de luz, solo una infinita oscuridad que impedía ver lo que había detrás.
—No es peligroso —dijo Mark, notando su inquietud—. Es un pasillo recto y liso, solo tiene que avanzar hacia delante, y el sótano no tiene cámaras.
—¿Por qué hay tantos sitios ocultos en este edificio? —preguntó ella sin poder contenerse, poniendo un pie en el pasadizo.
—Esto es antiguo un hospital psiquiátrico que se cerró a mediados de los años cincuenta por antiguo —explicó Mark—. Se necesitaban distintas celdas para los pacientes, pasadizos para acceder a ellos… Ese tipo de cosas.
Ella se estremeció; sabía que los psiquiátricos muggles hasta hace unas pocas décadas eran unos lugares terribles, llenos de sufrimiento y horror. No era precisamente agradable saber que estaba en uno.
—Vamos, dese prisa.
Hermione asintió y terminó de entrar, pero antes de echar a andar se giró hacia él:
—Muchas gracias, Mark. Por todo.
Él pareció que iba a decir algo, pero sacudió la cabeza y cerró la puerta del pasadizo, sumiéndola en la más completa oscuridad.
Hermione tanteó en el aire hasta dar con la pared y apoyó una mano allí para estabilizarse. Respiró hondo y empezó a caminar por el pasadizo, dando cada paso con cuidado y recordándose mentalmente que no tenía nada que temer. Hogwarts daba más miedo de noche, con sus escaleras cambiantes y los fantasmas.
Pero en Hogwarts tenía magia…
—Céntrate, Hermione —se ordenó a sí misma. No podía distraerse en plena oscuridad.
Continuó caminando hacia delante, tarareando por lo bajo una melodía para distraerse. El pasillo se alargaba y se alargaba, y Hermione tenía la sensación de que no se iba a terminar nunca.
Cuando empezaba a desesperarse, vio una luz a lo lejos que la animó a ir un poco más deprisa, y pronto vio una habitación, húmeda y fría, donde estaba Draco, sentado en el suelo y atado de manos y pies.
Llegó al fin del pasillo: solo quedaban descender unas escaleras para bajar a lo que supuso que sería el sótano que había dicho Mark, porque no había ninguna otra habitación.
Empezó a descender, y el ruido hizo que Draco levantara la cabeza y la mirara directamente.
—¿Granger? —preguntó él, estupefacto y con los ojos como platos.
—¿Me echabas de menos?
Hermione sentía los ojos de Draco recorriéndola de arriba a abajo mientras se acercaba a su lado, y se negó a ponerse nerviosa. Caminó hasta llegar a su lado y le sonrió.
—¿Qué haces aquí? ¿Y por qué vas así vestida? —preguntó él sin más preámbulos, tendiéndole las manos para que se las desatara.
—Venía a verte —respondió ella, sacando su daga de uno de los bolsillos y cortando la cuerda con facilidad.
—¿Y cómo…? —Draco se interrumpió secamente y dio un golpecito a su lado en el suelo—. Mira, ¿sabes qué? Cuéntamelo todo desde el principio.
Ella se sentó a su lado con las piernas cruzadas y le empezó a relatar brevemente la historia, aprovechando para cortar también la cuerda que le unía los pies. Draco la escuchó en silencio, frotándose las muñecas con aire distraído y sin expresión facial.
Cuando terminó, él se la quedó mirando unos segundos sin decir nada antes de hablar:
—La Pansy esa, ¿es fiable?
—No lo sé —respondió Hermione con un suspiro—. Espero que sí, pero… —Abrió los brazos con gesto de impotencia.
—Ya… Pues como no sea fiable, estamos jodidos, tanto nosotros como el guardia.
Ella asintió, y pareció que iba a decir algo cuando una alarma empezó a sonar por encima de sus cabezas, aguda e insistente.
—¿Qué coño…? —preguntó Draco, levantándose rápidamente y mirando a todos lados, sin ver nada raro.
Ella se levantó también y, en silencio, le agarró de la mano, tirando de él hacia el pasadizo por el que había venido.
Ambos avanzaron un poco en la oscuridad para asegurarse de que no se les viera pero ellos sí veían la habitación antes de detenerse.
—Esto es que alguien ha descubierto que faltaba —cuchicheó Hermione, haciendo una mueca cuando la voz le salió un poco más alta de lo que pretendía.
—¿Un guardia que haya abierto la puerta de tu cuarto? —propuso Draco sin emoción, agachándose de manera que su cara rozaba sus rizos y ella notaba su aliento en la oreja.
—No creo. Pansy es mi doncella, o sea que les podría haber dicho que me estaba bañando o algo así —respondió ella, girándose para hablar hacia él, rozando su torso en el proceso.
—O sea, que ha sido ella la que nos ha delatado —murmuró Draco—. Menuda mierda de ayuda.
—Quizá ha sido Mark —propuso Hermione con tono de duda. Por alguna razón, estaba convencida de que Mark no había dicho nada.
—Quizá.
Hermione iba a añadir algo más, pero se quedó callada cuando un gran estruendo de voces y gritos se oyó al otro lado de la habitación.
En silencio, ambos se agazaparon, pegándose contra la pared y respirando mínimamente para que nadie notara su presencia en el pasadizo, mientras observaban al grupo de guardias registrar todo el sótano.
—Malfoy no está —sentenció al final el que parecía el jefe de la cuadrilla, moviendo la cabeza—. Vamos a avisar al señor.
—Espera, ¿y si buscamos allí? —preguntó otro guardia, señalando el pasillo donde estaban Draco y Hermione, ambos conteniendo la respiración.
—No, nadie usa eso y a saber qué hay allí —lo cortó el primer guardia con tono despectivo—. Además, Malfoy iba atado, y no creo que pudiera subir esas escaleras atado de pies y manos. Vamos a avisar al señor —sentenció, y todo el grupo comenzó a moverse hacia uno de los lados de la habitación, donde Hermione supuso que estaría la entrada principal.
Cuando se quedaron solos, tanto Draco como Hermione soltaron un suspiro de alivio.
—¿Qué hacemos ahora? —preguntó Draco.
—Vamos a salir por donde he entrado yo —respondió ella—. No había ni guardias ni cámaras, creo. Y según el mapa estaba cerca de las celdas de los gladiadores.
—¿El mapa? —preguntó él brevemente.
—Mark me ha dado uno.
—De acuerdo, ¿hacia dónde es? —preguntó él cogiéndole de la mano para que lo guiara.
—Por aquí —contestó. Hermione echó a andar, notando cómo él la seguía, y agradeció que en la oscuridad no pudiera verse su sonrojo.
Su estúpido corazón latía demasiado rápido, y no era precisamente por miedo.
¿Qué tal? ¿Qué os ha parecido? Ya tengo escrito el siguiente capítulo, y la acción continúa allí, ya veréis :)
Muchas gracias por los doce reviews que he recibido (Sally Elizabeth. HR me dejó dos). El fic ahora tiene 325 reviews, y yo estoy descubriendo a muchas personitas que antes no se habían atrevido a decirme nada, especialmente guests. ¿No es genial? ;)
¡Nos vemos en el próximo capítulo!
LadyChocolateLover
PD: Déjame un review para que Draco te coja de la mano.
