SER TUYO
LIBRO 2º: INVASION.
Capítulo 43, Atrápame si puedes.
Un rayito de sol juguetón le hacía hace ratos cosquillas en los ojos.
Apenas tuvo conciencia, Bernard se percató de tres cosas:
1.- ¡Era tarde! Iba a llegar atrasado al trabajo, él, tan metódico que era un ejemplo viviente para los funcionarios ineficaces… Y por primera vez, deseó reportarse enfermo al trabajo sin motivo verdadero alguno. Sentía todos los músculos de su cuerpo deliciosamente doloridos y relajados al máximo, como si hubiera llevado sin usarlos así en mucho tiempo.
2.- Recordó el motivo del cansancio: Había hecho el amor con la hermosa princesa de una raza alienígena. ¡Caramba! Rememorado este hecho, abrió inmediatamente los ojos.
3.- ¡Killariann estaba durmiendo a su lado! Como una sedosa pantera azulada, la extraterrestre, apenas cubierta por la sábana, comenzaba a despertar. Estiró los dedos para deleitarse en el contacto de su piel exótica, pero no se atrevió.
Los ojos color mora jugosa se abrieron con sorna.
-Anoche no estabas tan tímido, representante de la raza humana…
-Yo… no sé que me pasó, realmente.
-Creo que es culpa mía… supongo que fuiste atrapado por los efluvios del "Frenesí Blunariano"
-Preferiría, si no es molestia, creer que es "Amor humano".
-Realmente, eso no importa mucho ahora… ¿qué vamos a hacer?
-Supongo que esto le traerá problemas, Princesa.
-Tal vez… pero supongo que podremos encargarnos de eso luego… dijo acercándose, insinuante, por lo pronto me siento muy feliz.
Sus labios casi tocaban al hombre que la había hecho suya, cuando sintieron ruidos en el exterior del cuarto.
-¡Derivann! Dijeron en un susurro frenético, aterrados.
Bernard, se vistió en tres segundos, cubrió la desnudez ed la extraterrestre con una bata gruesa de algodón a rayas, y la empujó al diminuto cuarto de baño en suite. Acto seguido, se caló los lentes, se dio valor, puso su cara seria de siempre y abrió la puerta.
-¡Buenos días, Derivann! ¡Te tengo una buena noticia!
-¿Ssssssi?
-Tu ama ha regresado sana y salva, pero como estaba mojada y tú dormías, me pidió el baño para darse una ducha caliente y no molestarte. Ahora necesita que le traigas su ropa, pronto, espetó, animándose a empujar el exotraje del desconfiado y celoso animalito. Yo voy a irme al trabajo, ¿ves? Así tendrán toda la privacidad que necesitan… Y corrió como alma que lleva el diablo.
La anguila se volvió a mirarlo con desconfianza. Ssssosssspechosssso, se dijo para sus adentros. Pero la alegría de tener a Killariann de vuelta le hacía volver el alma al cuerpo. Lo poco que había dormido había tenido horribles pesadillas de su ama en peligro, a pesar de que él sabía lo bien que podía cuidar de sí misma.
Envuelta en una nube de acariciante y tibio vapor, la princesa salió del baño envuelta en una toalla.
-Creo que y misma elegiré mi ropa, Derivann. Ve a hacerme de desayunar, estoy famélica.
El Servo se apresuró pataleando raudamente con su exotraje de araña.
-Y… Derivann…
Éste se volvió a mirarla extrañado.
-¿Ssssí, Princessssa?
-Siento haber huido así, temo que estemos perjudicando al Señor Summers con nuestra presencia, el Consejo Blunariano quiere arrestarme, es mejor que comamos algo y nos marchemos de aquí.
Los ojos de la serpiente acuática se abrieron desmesuradamente. ¡Sus premoniciones, eran ciertas! Las horribles visiones de Killariann torturada y lacerada podrían hacerse realidad si no actuaban rápido y con tiento… Por fin podría demostrar su fidelidad defendiendo a su Ama con su vida. ¡Hasta el último y siseante aliento de su lengua bífida sería para proteger a su adorada Princesa! Por lo pronto, debía apresurarse con la comida…
Killariann enterró la cabeza entre las manos, abatida. El pequeño remanso de paz se había esfumado. Había sido hermoso, en realidad, pero no podía exponer a su benefactor de ese modo. Pronto sería cazada por rebeldía y por poner en riesgo el Perfecto Plan que habían elaborado para ellos, para poder revindicar a su raza.
"Eigtti Sellectii, Quttrei Namenii blunneii, qutreii Nameniia blunneii, qutreii albbionn xemmeionn, Primigenni Xastoii, Savattii Blunariann Raxxaii"
"Ocho elegidos, Cuatro hombres, Cuatro mujeres, cuatro parejas de la genética más pura y selecta, lo mejor de cada Casta, para preservar la raza de Blunaria".
En algún punto, el plan había sufrido un tropiezo. Que amenazaba con convertirse en un derrumbe colosal. "Lexxterionn, Namenni Xantixx Xastoii" (Megamente, Príncipe de la Casta Científica) había preferido emparejarse con una mujer del Planeta que lo había albergado…
Y ahora, "Killariann, Namennia Vitaliss Xastoii", (Killariann, Princesa de la Casta Vitalis) en abierta y consiente rebeldía, entregaba, a conciencia y de propia voluntad, su matriz contenedora a la semilla extranjera.
Ya no había vuelta atrás.
A unas cuadras de ahí, Bernard, asustado, había reído nerviosamente para luego vomitar algo de bilis tras un árbol. Ambas cosas totalmente fuera de su actuar habitual.
¡Menudo héroe resulté ser!. Tengo tanto miedo de que me muerda un pez marino que casi me orino en los pantalones. Reflexionó con tristeza. Tal vez sólo era un pobre premio de consuelo para toda una Princesa, bella y dotada de una energía y gracia incomparable. Si Megamente no la hubiera rechazado… Ahora serían la pareja blunariana perfecta. ¿Se habrá fijado en mi por despecho?
El sentimiento de que su mejor noche fuera fruto de la lástima lo ensombrecía.
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En la otra cara de la moneda, alguien que se sentía triunfador desde la cuna, caminaba desde el MetroAirtrain al trabajo con aire de triunfador. Su paso era elástico y seguro. Tenía al mundo comiendo de su boca, y el titular del diario que llevaba bajo el brazo, era un talismán contra cualquier nube negra que se posara en su camino, y debía hacer grandes esfuerzos para no reírse ni saltar de gusto al ir a l trabajo.
-""Héroe de las noticias, se recupera satisfactoriamente" Tras la escabrosa persecución de unos asaltantes, el valiente reportero, Lance Lafontaine, herido e inconsciente, fue conducido a la Asistencia Médica por su compañera en funciones, Melissa Payne. Este adalid de la prensa, recientemente vuelto al país, se esmera en conseguir los mejores reportajes para su Canal de noticias, haciéndose un merecido lugar en los corazones del telespectador promedio…la llorosa y despampanante rubia, reza por la recuperación de su adorado compañero, quien es el encargado de amenizar los oídos de todo Metrocity en el Noticiero de las ocho, junto a Roxanne Ritchie, quien también lamenta lo sucedido y eleva plegarias por la recuperación de su indispensable compañero"
¿Qué importaba si la mitad era mentira y la otra mitad blablá? La gente en la calle lo reconocía y saludaba, admirando su tenacidad reporteril. Las bellas metrocitadinas suspiraban por su audacia y valentía… La vida era bellísima para Lance.
Al llegar, se encontró con Roxanne y Melissa que resignadamente dejaban que las embrochetaran de polvos y sombras de colores. Tomó asiento para esperar su turno.
Esperó que estas saltaran de alegría por su retorno. Al no ver reacción visible, carraspeó.
-Ah… hola Lance.
-¿Cómo está Sr. Lafontaine?
-Bien, gracias por preguntar. El tigre volverá a rugir a las ocho...
(Espero que me den tapones para no oír sus alaridos, susurró Roxanne a la rubia)
Melissa se quedó muda cuando su supervisión captó el artículo del diario que asomaba bajo la manga del reportero que se había lanzado a una monserga autoelogiante de al menos veinte minutos…
-¡Pero eso no es lo que pasó! Dijo con espanto a la otra chica de noticias.
-Me lo imaginaba, le susurró Roxanne, pero supongo que es mejor que no hayan puesto ahí que tenías una cita con él… Puso los ojos en blanco para reforzar su aseveración.
-Ah… Eso, es que se lo debía al Sr. Lafontaine, de hecho, esta noche iremos a bailar, le confesó Mel.
-Cuídate de este zorro viejo… Ni ella se lo creía que estaba advirtiendo de un peligro a la anteriormente detestable Melissa Payne, pero los recuerdos… los recuerdos la asaltaban y la hacía sentir asqueada, nauseabunda…
Lance, viarios años más joven, con el cabello largo, su cuerpo espigado y lánguido… Siempre que visitaba su alojamiento, no dejaba de echarse una ojeada al enorme espejo de la casera.
Se pasó las manos por el cabello y se acomodó las gafas oscuras.
-¡Pero nena! Eso no es "in"! Tienes necesariamente que acompañarme a la fiesta…
"Tomatera" corrigió Roxanne en su mente. Las últimas fiestas a las que había acompañado a Lance, le habían dejado bastante mal sabor. El alcohol corría como un río desenfrenado, nada de comer, sólo cerveza, algo de vodka o ron, baratos y descontrol…
Si Madeline me viera, estaría escandalizada. Sus actividades tempraneras eran vomitar frente al excusado. Saltar algunas clases, asistir a otras, tomar algunos analgésicos para el dolor de cabeza frecuente que le producía la falta de sueño y la música estridente…
Algo en su interior estaba al borde de poner un cartel de "Fuera de Servicio".
Para rematarla, su "novio" decía que no era "IN" que las parejas se pegotearan, así que debía mirar como el sacaba lustre a los pasillos de la universidad con cualquier fulana chispeante y de moda. Los chicos que la trataban de arrastrar a la pista, balbuceaban y se esloraban de manera tan alarmante, que prefería declinar la invitación.
Hasta la mitad las fiestas eran agradables, la segunda mitad, eran tan depravada y borrosa, que hubiera preferido pasarse sin ella.
Nunca se hubiera imaginado que la vida Universitaria fuera así.
A veces, un recuerdo solitario y rebelde del chico azul se colaba en su mente. ¿Cómo la estaría pasando? ¿Qué estaría haciendo?
Cuando se marchó de la pensión y arrendó un departamento la cosa fue de mal en peor. Había sido una estúpida al creer que Lance se estabilizaría. A veces ni siquiera se molestaba en llegar a dormir. Roxanne, juiciosamente, retomó el ritmo de las clases y abandonó la "vida loca", mientras él, cada vez tenía clases con gente más joven a medida que iba repitiendo los ramos por segunda y tercera vez.
Decidió echarlo. Juntó todo el valor que tenía, haciendo al lado el poco amor que quedaba y lo enfrentó.
Éste la miró atónito, era de mañana. Acababa de llegar, su cabello apestaba a cigarro, el aliento, mejor no decir nada, y su ropa estaba desparramada en un radio circular de un par de metros a la redonda. La chica estaba harta de recoger y lavar cuanto él iba arrojando apenas daba vuelta la espalda.
-¡Maldita Perra! Claro que me iré de aquí, sé cuando no soy bienvenido… empezó a recoger sus cosas aceleradamente, metiéndolas en un bolso. Se marchó dando un portazo.
Lloró a mares. Se sintió sola y culpable. Volvieron a la primera vez que se encontraron. Lance se corrigió por un tiempo, dejó de ir fiestas, de beber, de drogarse, y por primera vez llevaba todos sus ramos al día y asistía como corresponde a la mayoría de las clases.
Roxanne vivió este espejismo de felicidad, pletórica. Jurando que era obra de ella todo este positivo cambio, y que terminarían sus carreras pasando por el arco de flores del altar. No es mal chico, se decía… Si lo comparaba con Wayne Scott y el chico azul, la normalidad era bienvenida.
Sus notas pasaron de buenas a excelentes. Se convirtió en una de las mejores y más prometedoras alumnas de la carrera de periodismo. Hizo la práctica en un Canal renombrado de Capital City. Lance sacó su titulo entre rasguñando, y el alivio de los profesores por liberarse de semejante karma.
Cuando preparaba una entrevista importante, que le daría un gran triunfo, vino la traición. Una antiguo y arrepentido ex soldado alemán, que había estado bajo las órdenes de Hitler, estaba dispuesto a confesar y entregarle escabrosos detalles del Tercer Reich. Casi sentía un premio importante y una graduación con honores en su futuro… pero se escurrió de sus dedos.
Las cosas entre ellos seguían estando mal. Después de la última pelea, ni siquiera se había dignado llegar al departamento. Fue en esa instancia cuando Roxanne barruntaba que él había ido por unas cosas en su ausencia, había manoseado su agenda y había decidido "cooperar con su entrevista", tomando su lugar. Cuando la reportera se presentó al día siguiente, a la hora y fecha acordadas, expectante y con su libreta y grabadora preparadas, la esposa del alemán la recibió con frialdad y confusión. "Sentirlo, fraulein, pero Hans está delicadísimo. Ayer agotarse por responder todas las preguntas de tu ayudante, joven parecer un cruel inquisidor, ahora él necesitar descanso, recuerdos hacerle daño, quizás en un par de días más…"
El soldado murió esa noche. El día siguiente, la entrevista apareció en el más importante diario de Capital City, en el de Metrocity, y en dos semanarios de renombre. Por si fuera poco, le hicieron extensivas entrevistas en tres programas de televisión… y Roxanne debió tomarse el trabajo de buscar un nuevo nicho para su Proyecto. Las cosas de Lance habían desaparecido misteriosamente en momentos que ella se encontraba fuera. Al parecer, sus padres volvían a auspiciarlo fervorosamente al ver el "Gran Periodista" en que se había convertido su hijo.
Sólo volvió a verlo una tarde azarosa en los pasillos de la Universidad.
-¡Lance! Sus ojos de seguro echaban chispas y presagiaban tormenta. Éste la miró asustado y aturdido por dos segundos. Luego recuperó su seguridad y frío aplomo habitual.
-¡Ah, hola, Roxanne! Qué gusto verte.
-¡Yo te voy a dar gusto, so…
-No tengo tiempo para escenitas de celos, cariño, me marcho mañana a París. El gobierno pidió a la Universidad que recomendara a algún excelente y responsable periodista para ser Agregado Cultural en Francia. Cuando el Rector me recomendó, el Ministro de Cultura quedó encantado y aceptó. Incluso creo que corren rumores que seré nominado al Pulitzer… expresó en perdigonada, mientras alisaba su ahora muy profesionalmente recortado y brillante cabello.
Toda la rabia de Roxanne se atragantó atropelladamente, pugnando por salir… frente a sus ojos pasaron los tres meses que estuvo investigando para dar con su escondite, dos semana convenciendo a la mujer del alemán que le permitiera entrevistarlo, que eso le aliviaría la conciencia… Mientras ella barruntaba todo esto con impotencia, el reportero se escabulló.
-¡Ta-tá, cariño! Debo ir a hacer mis maletas… y se alejó, de sus recriminaciones, y de su vida…
No volvió a verle en un par de años. Cuando eso ocurrió, ya todo era historia pasada, y su mayor ocupación eran los raptos de los que la hacía objeto cierto villano azul, y la jugosa información que conseguía de éste y del héroe que la rescataba.
-En serio, rubia insufrible, cuídate de ese tipo… musitó, saliendo del trance.
-¿Porqué todos me dice rubia insufrible?
-Algún día lo recordarás, Melissa, ya lo verás.
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Esa noche, mientras cenaba en un elegante restaurant con Lance, la mente de Melissa no podía apartarse de Wayne, Roxanne y las advertencias que le habían hecho sobre Lance. Este sonreía complacido y cada vez que aparecía alguien de renombre, le daba la mano, y le dedicaba una cordial sonrisa.
-"C'est une bon nuit, petit". Deja que rellene tu vaso…
-Eh, camarero, el vaso de la dama está vacío, ¿Tendría Ud. el placer de servirle?
Por cuarta vez, el vaso de la reportera rebosaba champaña y esta lo bebía como pajarillo sediento. No recordaba demasiado bien pero tenía la idea de que había alguna razón para no beber tanto…
-"¡Tres bien, Cherìe!" Vamos a sacarle lustre al piso…
El brillante y dorado cabello de la chica estaba recogido en un bonito peinado alto y su cuerpo delgado envuelto en un lindo vestido de sedas de colores matizados que iban del azul a turquesa y combinaban con sus ojos. Lance la cogió en sus brazos con cierta intimancia, para bailar un tema romántico, los flashes se dispararon, pero con un discreto soplido a la partitura de la orquesta, estos se vieron obligados a cambiar las notas por un son más tropical…
-"¡Sacre bleu!" ¿Pero qué pasa aquí? La soltó con disgusto. Bien, entonces, bailemos eso…
Las parejas giraban con energía, bajo las arañas de luces, cuyas lágrimas acristaladas relumbraban y repetían una y mil veces el escenario, las mesas, las sillas elegantemente vestidas en satín rosa viejo…
Cuando todos estaban algo cansados, y la orquesta decidió variar a algo más lento, se vieron asaltados por igual fenómeno.
-¡Vaya cabezas huecas! ¿No ven que la gente desea danzar algo más íntimo, más "charmante"? Acercó su aliento al oído de Melissa, y la estrujó, apegándola a su entallada anatomía. la chica sintió el vaho corporal y el calor del "pseudo franchute", un ligero hálito etílico mezclado con un poderoso perfume francés… y la excitación que en esos momentos embargaba al hombre le jugó una mala pasada.
-¡No me toque! La rubia lo empujó, lo más suave que pudo, de forma que el reportero pudo arrastrarse un par de metros, conservarse entero y no golpearse con nada. Se sentía mareada, asqueada… escapó al servicio higiénico
Lance miró para todos lados, el incidente había pasado casi desapercibido. Maldijo a la muchacha para sus adentros, que casi provocaba un escándalo y arruinaba su impoluta fama. Un camarero lo miró con extrañeza.
-La pobre chica ha bebido demasiado…
Decidió retirarse discretamente, mientras las miradas estaban concentradas en las luces de la pista de baile. Así aprendería a rechazarle, se dijo con malignidad.
Cuando Mel, algo repuesta, volvió a la mesa, vio la cuenta en una primorosa bandejita de reluciente plata.
-¡Cielos! Su pequeña carterita de fiesta no contenía tanto efectivo, contó una y otra vez con mano nerviosa los billetes escuálidos que había reservado para el taxi en un diminuto monedero de lentejuelas, como aún su memoria no volvía, había decidido dejar las abundantes tarjetas de crédito en el fondo de un cajón del peinador.
-¿Algún problema, Madam? El maître se le había acercado discretamente a las señas del camarero.
-Yo… los ojos de la rubia estaba húmedos. Sus dedos se agitaban algo convulsos… ¿Aceptarían que pagara mañana? ¿Aceptarían que lavara los platos? Para colmo, Lance había pedido lo más fino y lo más caro… langosta, caviar, faisán trufado, cordero orgánico patagónico, champán con pedigree… ella apenas había probado los platos y se veía en la dolorosa situación de tener que pagar la consumición. ¡Qué festín para la prensa! ¿La echarían del canal? Una lagrimilla juguetona pugnaba por mandar al diablo su maquillaje.
El maître esperaba con ahora visible impaciencia, mientras la lustrosa bandejita de plata reposaba en sus enguantados dedos. Carraspeó.
Una mano poderosa depositó una reluciente y dorada tarjeta de crédito en la bandeja.
Melissa se volvió, aliviada y sorprendida.
-Dispense, Monsieur LeClerk, la cuenta de la dama la cancelo yo.
-Oh, mais oui, Monsieur Scott, es un honor atenderle, supongo que ha habido un error… le suplico disculpe a La Casa, este bruto de Michelle, me había dicho que ella venía con un caballero que había hecho "mutis"… Las palabras se le atropellaban, mientras que amenazaba con un puño al mesero. De todas formas, la gente de mundo puede optar por distintas formas de pago… Lo que consuman de aquí en adelante, corre por cuenta de "Le Maison" . Tras hacer una reverencia, se alejó presuroso, mientras disimuladamente le lanzaba un coscorrón a "Michelle" con su reluciente puño forrado en albo satín.
-¡Wayne! Turbada, y sonrojada, Melissa suspiró con alivio. ¡Te pagaré!
-Pequeña polluela de águila, te dije que tuvieras cuidado con ese fantoche…
¿Tomamos un bajativo?, preguntó, mientras se sentaba.
-Oh, no, gracias, suficiente alcohol para mí por esta noche…
-Michelle, dos cafés a la francesa, y una tablilla de pastelillos. ¿No te equivocarás esta vez, no? Acompañó con una pícara sonrisa.
-¡Oh, non, monsieur Scott! Y salió de estampida.
Mientras el camarero volvía, ambos tuvieron tiempo de echarse un buen vistazo. Wayne parecía todo un caballero, con su esmoquin impecable de color gris cálido, sus pantalones oscuros y su masivo torso embutido en una camisa blanco nieve con botones de perlas, graciosamente coronada por una humita de seda, y sus brillantes cabellos negros, muy peinados y recogidos con un discreto moño de terciopelo.
Muy a su pesar, Melissa estaba feliz de verlo. Apenas le llevaron el café, sopló y tomó un buen sorbo.
-Así que… ¿continúas espiándome?
-Bueno, yo lo llamaría, un seguimiento de rutina, como parte de tu entrenamiento, musitó Wayne, rascándose la nuca, incómodo, mientras tomaba un diminuto pastelillo y lo engullía con fruición.
-Ah, ya veo, o sea que cenas aquí a menudo?
-Aunque no lo creas, solía venir con mis padres, cuando pequeño, les gustaba mucho el roce internacional.
Una imagen apareció en la mente de la chica. Su madre, elegantemente vestida, pedía un crosaint y un té para cada una, mientras se dedicaba a carterear con sus dedos largos y ágiles a cuantos incautos se cruzaban en su camino, deslumbrados por su belleza rubia y fría, de emperatriz.
-¿Melissa, qué ocurre? Estás blanca como el papel…
-Creo… que también estuve alguna vez aquí, tuve un breve chispazo de memoria.
-Vaya, espero te pongas mejor, dijo observándole con sus dulces y transparentes ojos azul cielo. Tomó la fina mano entre sus dedos. Siempre voy a estar aquí cuando me necesites… Es raro que no recuerde a una chiquilina encantadora como tú.
Melissa se sintió reconfortada.
-Cuando no estés huyendo de tus fans, "Music Man"…
-Afortunadamente, la concurrencia de este "ristoranti" no es asidua al rock…
Compartieron una discreta carcajada… y un reguero de ternura y complicidad que parecía envolverlos mágicamente.
