"PRIMAVERA OTRA VEZ"
CAPITULO 26 REAL COLEGIO SAN PABLO
El tan ansiado viaje a Londres por fin era una realidad y las chicas estaban especialmente felices pues se sentían como princesas viviendo en un auténtico castillo.
Después de que se instalaron en sus habitaciones, se cambiaron de ropa y bajaron para comer. Mientras cruzaban los largos pasillos con innumerables habitaciones, se encontraron con los chicos.
-Hola chicas, ¿como se sienten? ¿Todo bien con sus habitaciones?
-si mi amor, ¡es fabuloso!
-si, gracias Terry, estamos muy cómodas – dijo Paty.
-¡y como no estarlo! si estamos en un castillo. Todo es estupendo – agregó Flammy.
-me alegra. Entonces vamos al comedor, de seguro ya han de tener hambre…
-¡oh si, me muero de hambre!
Candy siempre era tan honesta y directa.
Flammy saludó a Phillipe y los dos bajaron juntos ante la mirada triste de Ronie. Candy se dio cuenta y no pudo evitar sentirse triste también.
Cuando llegaron a la sala, el Duque y Eleanor estaban ya esperándolos.
-¿todo bien con sus habitaciones? – preguntó el Duque.
-si, todo bien – dijo Greg con cara de pocos amigos.
El Duque también notó que Greg estaba muy raro.
-muy bien. Tomen asiento, en un momento estará servida la comida.
-¿y como estuvo el viaje? – preguntó Eleanor.
-muy bien mamá. Bueno, al menos para Candy y para mí. No sé los demás.
-yo extraño mucho a mi novio Hanz. El regresó a Alemania a buscar a su familia y la separación fue muy difícil – comentó Paty
-¿Pero porque regresó a buscar a su familia? no entiendo – volvió a preguntar Eleanor.
-es que… la ciudad donde vivía Hanz con su familia fue bombardeada y él no ha sabido nada de ellos…
-¡oh, Dios! que terrible…
-a parte de eso, el mismo Hanz resultó herido y estuvo en coma un corto tiempo. Cuando despertó lo primero que vino a su mente fueron sus padres, todos esperamos que los encuentre con bien. – agregó Candy.
- ya veo, entonces el novio de Paty es ese soldado alemán que te ayudó en el campo de batalla, ¿no es así Candy?
-así es, señor Duque. Hanz regresó ayer a Alemania en busca de sus padres y si los encuentra pronto, como todos deseamos, vendrá para la boda.
-pues nosotros también esperamos que los encuentre con bien. Parece un buen muchacho – dijo Eleanor.
-si, mamá, lo es. Y de hecho hay algo que quiero pedirte padre, un favor muy especial.
-claro, hijo. Me alegra poder ayudarte. Si está en mis manos, cuenta conmigo.
-Se trata de Hanz precisamente. Él estaba estudiando Derecho en Alemania antes de ser reclutado en el ejército y nunca ha estado de acuerdo con la guerra. Pero no tuvo opción, pues de haberse negado a unirse al ejército el gobierno hubiera tomado represalias en su contra y de su familia.
-si, estoy al tanto de lo que el gobierno alemán hace en contra de los que se rehúsan al servicio militar o los desertores. Es terrible.
-que bueno que lo sabes papá. Entonces podrás entender mejor la situación desesperada de nuestro amigo. A Hanz no le espera un buen futuro si se queda en Alemania. Además, ahora que es novio de Paty, él quiere salir adelante para poder ofrecerle un prospero porvenir cuando se casen.
-¿así que piensan casarse? – El Duque volteó a ver a Paty.
-si, señor. Y yo estoy dispuesta a esperar el tiempo que sea necesario.
-entiendo…
-y lo que quería pedirte papá es que ayudes a Hanz para que entre al programa de ayuda escolar que tu patrocinas. Él es un joven muy entusiasta y con la mejor motivación del mundo para triunfar, solo necesita un poco de ayuda. Te lo presentaré cuando él venga, estoy seguro de que te caerá muy bien.
-no necesito saber mas. Ayudó a Candy cuando más lo necesitó y postergó su viaje a Alemania por cuidar de ella. Eso me dice mucho de la clase de persona que es y a mi me dará mucho gusto poder ayudarlo. Cuenten con mi apoyo.
-¡oh, gracias Duque de Grandchester! – Paty estaba muy feliz.
-no tienes que agradecer Paty, yo solo le brindaré el impulso para empezar, el resto dependerá de él. Pero estoy seguro de que llegará a ser un gran abogado, porque tú eres su motivación.
-si…
-gracias papá.
-de nada. ¿Y su padre a qué se dedica?
-es contador en una fabrica de textiles.
-bien. Necesitaremos de un contador para un proyecto que tu madre quiere llevar a cabo. Vamos a iniciar una fundación para ayudar a niños con desnutrición y enfermos. Me gustaría que el padre de Hanz nos ayudara con eso. Por supuesto que le proporcionaríamos una vivienda aquí en Londres para que toda la familia esté unida.
-¡oh! señor, es un gesto muy noble de su parte. Hanz se pondrá muy feliz cuando se entere – Paty se sentía más que feliz y muy tranquila ahora que sabía que ella y Hanz estarían juntos en Londres.
-no esperaba menos de ti papá. Gracias por todo. – Terry estaba muy orgulloso de ser el hijo de ese hombre, que ahora era muy diferente.
-de nada hijo. Me hace feliz poder ayudar a buenas personas a ser felices también. Ahora entiendo que el dinero y la posición social no sirven de nada si no se está dispuesto a ayudar a los menos favorecidos.
-¡oh, Richard! me siento muy orgullosa de ti – Eleanor tomó la mano de su futuro esposo y se recargó en su pecho. Se sentía muy contenta de que volviera a ser el hombre del que se enamoró cuando joven.
-todo es gracias a Candy… - dijo El Duque.
-¿Qué? – ella no se esperaba eso.
-si, Candy. Tú me ayudaste a replantearme mi vida y a valorar lo verdaderamente importante. Gracias a ti descubrí que era infeliz porque estaba apartando de mi vida a los dos seres que más amo en este mundo: mi hijo Terry y Eleanor. Así que no solo Terry te debe tanto en su vida, también nosotros. Eres una gran dama Candy y nada nos daría más gusto que ver a Terry y a ti juntos y felices.
-oh, no se que decir…gracias señor. Yo amo a Terry con todo mi ser y estoy segura de que es el hombre con el que quiero compartir todos los días de mi vida.
-Candy….- esa dulce palabra salió de la boca de Terry, se acercó a ella y la abrazó muy amorosamente.
-me da gusto verlos tan enamorados – dijo Eleanor – ya era tiempo de que la vida los dejara ser felices.
-si mamá. Somos muy felices…
Greg desvió la mirada pues no soportaba ver a la mujer de su vida siendo tan feliz con otro hombre. Era muy doloroso para él.
-Terry…- El Duque retomó su porte serio – cuando te cases con Candy… porque sé que lo harán, yo te heredaré en vida mi titulo nobiliario, como es la tradición. ¿Lo aceptarás?
-padre yo…
-piénsalo hijo. Los tiempos han cambiado y ya no es requisito que te cases con una dama con un titulo similar al tuyo. Tú ya no tendrías que sufrir lo que tu madre y yo. Además, ser un Duque te abre muchas puertas y posibilidades para ayudar a la gente. No quiero que me des una respuesta de inmediato. Piénsenlo los dos y luego lo platicamos.
-Esta bien papá, lo tendré en cuenta. Pero me gustaría saber ¿Por qué ahora las cosas son diferentes? ¿Por qué ya no es una obligación que me case con una dama de origen noble?
-bueno hijo, es que hace algunos años, la mismísima familia real se vio envuelta en un escándalo cuando el joven heredero al trono, el príncipe Edward Windsor Cornwell, se casó con una chica americana, renunciando a su derecho de sucesión.
-¡¿Qué dices?!
-es tal como te lo digo. El príncipe Edward se enamoró de una chica americana de la cual nunca se supo mucho pues se mantuvo en secreto. Pero lo que si se supo es que renunció a su primer apellido, puesto que renunció a sus obligaciones como futuro Rey de Inglaterra, y desde entonces solo fue conocido como Edward Cornwell. Se fue a vivir a América y ya no se volvió a saber de él hasta que se dio a conocer su muerte, era muy joven. Parece que murió en un accidente pero no se dieron a conocer los detalles.
Terry escuchó con atención lo que decía su padre y sintió una corazonada al escuchar el apellido Cornwell, el mismo apellido de Stear y Archie.
Por su parte, Paty también sintió un brinco en el corazón cuando escuchó el apellido de su novio muerto.
"No puede ser…pero sería demasiada coincidencia…" pensaba para sí mismo.
-¿y el príncipe Edward tuvo hijos? – no podía dejar pasar la oportunidad de preguntar.
-bueno, antes de irse a vivir definitivamente a América se supo que tuvo dos hijos, el segundo de ellos debe tener tu edad Terry. Nacieron el mismo año si mal no recuerdo. Es más, es muy probable que hasta hayan estudiado en el mismo colegio… humm que extraño, nunca me había puesto a pensar en eso cuando tú estabas en el San Pablo. ¿Pero porqué lo preguntas, hijo?
Terry dudó en decir abiertamente sus sospechas, volteó a ver a Paty que también estaba notablemente consternada. Terry se quedó callado un momento y lo pensó bien.
-Terry… ¿estas bien? ¿En que piensas hijo? – El Duque sacó a Terry de sus pensamientos al verlo tan absorto y ausente.
-es que… si conocí a dos muchachos de apellido Cornwell en el colegio.
-no me sorprende, ellos debieron seguir los pasos de su padre, que fue el primer miembro de la casa real en asistir a un Colegio. Todos sus antecesores estudiaron con maestros particulares en el palacio de Buckingham. ¿Pero porque te toma tan de sorpresa?
-es que esos chicos… son familiares de Candy. Son tus primos Stear y Archie, mi amor…– la miró al decir esto.
-¡¿queeeeeeee?! – Candy no daba crédito a lo que escuchaba.
-Si Candy – agregó Paty – Stear se apellidaba Cornwell… no puede ser posible demasiada coincidencia. Cornwell no es un apellido común.
-tienes razón Paty – intervino el Duque – ese apellido proviene de la familia noble británica desde tiempos ancestrales.
-pero… ¿entonces mis primos Stear y Archie son hijos del Príncipe Edward?… ¡no lo puedo creer!
-explícame algo papá… cuando el Rey Jorge V muera, al no tener hijos, ¿Quién sería su sucesor?
-esa es una muy buena pregunta, hijo. La verdad es que nunca se sabe. Si la casa real se apega a la más estricta regla de derecho de sucesión entonces le correspondería al primogénito del príncipe Edward.
-pero Stear era el primogénito y murió hace dos años… entonces…
-¡Archie! – dijo Paty sorprendida.
-¡Archie! – la secundó Terry igualmente sorprendido.
-siendo él el segundo hijo, supongo que a él le correspondería el derecho de sucesión. A menos que declinara. En ese caso seguiría el siguiente hijo o hija de Edward, si los tuviera.
-pero Stear y Archie eran los únicos hijos… y dime papá ¿tu conociste a esa dama con la que se casó el príncipe Edward?
-no. La boda fue muy discreta. Ni siquiera se conocen fotografías de la dama. Aunque…
-¿Qué? – Terry estaba muy ansioso de saber todos los detalles.
-el príncipe Edward y yo estudiamos juntos en el San Pablo, y recuerdo que había una chica americana a la que él era muy apegado. Se rumoraban cosas sobre ellos incluso después de que terminamos el colegio. El nombre de esa chica era Lilly Von, si mal no recuerdo.
-Paty, ¿a ti alguna vez te mencionó Stear el nombre de su madre?
-no, nunca.
-parece que solo tenemos conjeturas y sospechas sin fundamentos. ¿Pero quien lo iba a decir? no creo que ellos mismos supieran quien era en realidad su padre. Incontables ocasiones Archie y yo peleamos por cuestiones de nuestros orígenes y nacionalidad y en ninguna de ellas me echó en cara que fuera hijo del príncipe Edward, sobre todo si sabía que con eso me humillaría.
-yo pienso lo mismo Terry – añadió Paty – algo así de importante no me lo hubiera ocultado Stear…
-¿Por qué dices eso Paty? – preguntó Eleanor que no encontraba sentido a todo lo que hablaban.
-es que Stear y yo fuimos novios durante nuestros años de Colegio y aún después, hasta que murió.
-¡oh! lo siento, no quise entrometerme.
-descuide señora Baker. Ya superé la muerte de Stear y ahora soy muy feliz con Hanz.
-que bueno… ¿pero entonces ese chico Archie no tiene ni idea de quién fue su padre y de que él mismo podría ser el futuro Rey de Inglaterra?
-así es mamá. Por increíble que parezca. Bueno, eso en el caso de que fueran ciertas nuestras sospechas.
-me parece tan irreal. Y tú Candy, me imagino como debes sentirte al enterarte de todo esto, debe ser un shock para ti…- Eleanor la miraba con ternura.
-si, la verdad estoy muy consternada. Aunque no recuerdo a mi primo Archie, me siento sorprendida por todo esto.
-creo que ha sido una fuerte impresión para ti, mi amor. Mejor ya no hablemos de este asunto. Después averiguaremos más a fondo.
-muy bien, pues entonces pasemos al comedor – El Duque los invitó a pasar a la mesa.
Todos tomaron su lugar en la enorme y esplendida mesa perfectamente dispuesta para un festín digno de reyes.
Los invitados quedaron maravillados ante la elegancia de todo. Disfrutaron de la espléndida comida entre amenas charlas.
-¿y a donde quieren ir a pasear en estos días? – preguntó Eleanor.
-a mi me gustaría ir al Colegio San Pablo – dijo Candy – quisiera ver ese colegio que tanta historia e importancia tiene en mi vida. Quizás pueda recordar algo al estar ahí…
-es una buena idea – dijo el Duque – pediré un permiso especial para que puedas ir Candy. La rectora también te aprecia mucho, no creo que te niegue el acceso.
-te llevaré a la segunda colina de Pony, ese lugar es muy especial para ambos.
-gracias, mi amor.
-pues yo no conozco nada así que estaré fascinada con conocer cualquier sitio – dijo Flammy.
-Y tu Phillipe ¿conoces la ciudad? – le preguntó Candy.
-no mucho. Solo he venido un par de veces pero por cuestiones de trabajo.
-Entonces organizaremos un tour en grupo para conocer la ciudad juntos ¿Qué les parece?
-a mi me parece muy bien – dijo Phillipe.
-Yo prefiero descansar – dijo Greg – vayan ustedes, yo me quedaré aquí.
-¿no quieres salir a distraerte un poco Greg? – le preguntó el Duque.
-no. Yo ya conozco Londres y prefiero quedarme a descansar.
-bien, en ese caso el resto de nosotros saldremos mañana. Esta tarde Candy y yo iremos al colegio, si no les molesta.
-no. También queremos descansar un poco para estar bien repuestos para mañana – dijo Jaques.
-yo quiero ir a casa y avisar que estaré aquí unos días – agregó Paty – si quieres puedes venir conmigo Flammy. Regresaremos antes del anochecer.
-está bien.
-Pediré que nuestro chofer las lleve a tu casa y las esperará para traerlas de vuelta.
-gracias señor – aceptó Paty sonriente.
-nosotros nos iremos por nuestra cuenta – dijo Terry.
-puedes llevarte el otro auto hijo.
-si, gracias papá.
-pues si me disculpan yo me retiro a mi habitación, estoy muy cansado – Greg no tenía ánimos de nada.
-nosotros vamos contigo Greg – añadió Phillipe. Jaques y Ronie estuvieron de acuerdo.
De ese modo los chicos se fueron a sus habitaciones mientras Paty y Flammy se fueron a casa de los O´Brien. Paty tenía muchas cosas que contarles a sus padres, sobre todo de Hanz.
Candy y Terry salieron en automóvil hacia el añorado Colegio San Pablo. Eran las 5 de la tarde.
Terry condujo el largo camino hacia el colegio. Finalmente llegaron.
-aquí está el famoso Colegio San Pablo, Candy. Vamos.
-¡oh! en verdad parece una cárcel. ¿Cómo pude aguantar tanto tiempo aquí?
-bueno, de hecho te escapaste para regresar a América.
-¿Cómo? ¿Por qué?
-fue después de que regresamos de las vacaciones en Escocia. Tú y yo nos volvimos… más cercanos y Elisa estaba celosa de lo nuestro. Armó un plan para tendernos una trampa.
-¿y que hizo?
-nos mandó una carta a los dos de forma anónima citándonos en el establo a media noche. En la carta decía que era algo urgente y muy importante. Nos dijo lo mismo a los dos y caímos en su trampa.
-¡oh! que perversa…
-si. Y desafortunadamente para nosotros su plan funcionó. Cuando los dos nos encontramos en el establo al poco rato llegó ella con las monjas. Les había hecho creer que era nuestra costumbre encontrarnos a solas a media noche… no le importó manchar tu reputación. Elisa era el diablo en persona… la rectora creyó todas sus mentiras y te expulsó del Colegio. A mi no me hizo nada por ser hijo del Duque de Grandchester, el principal patrocinador del colegio.
-¡que injusto!
-si, lo fue. A ti te encerraron en un oscuro y frío cuarto de castigo por tres días. Yo fui a buscar a mi padre para rogarle que te ayudara… pero en ese entonces él tenia el corazón más frío que el hielo y no quiso apoyarme. Entonces decidí renunciar a su apellido, rehusé pedirle ayuda mientras viviera y me alejé de él. Así que hablé con la rectora para decirle que me iría yo del colegio en lugar tuyo. Y la noche antes de partir, toque la armónica que me regalaste, solo para ti, toda la noche… Ya te amaba con todas mis fuerzas Candy. Esa fue mi despedida de ti aunque tú no lo supiste en ese momento.
-oh, Terry… ¿entonces así fue como nos separamos? que triste….
-me fui a América para perseguir mi sueño de ser actor. Cuando te enteraste que me había ido tú también decidiste seguir tu camino por tu cuenta, renunciaste a los Andry y te escapaste del colegio. También regresaste a América.
-ya veo… Y luego nos encontramos de nuevo, supongo.
-si, tiempo después nos encontramos de nuevo, en otras circunstancias. Pero te hablaré de eso después. Mira, aquí viene una monja.
-¿en que puedo ayudarlos?... ¡oh! tu eres Terry, el hijo del Duque de Grandchester…
-así es, hermana. Quisiera hablar con la hermana Grey, por favor.
-bueno, estas ya no son horas de visita, pero… está bien. Solo por tratarse de usted.
La monja abrió la puerta y los dejó entrar.
-Ser hijo de un Duque tiene sus ventajas – dijo en voz baja Terry.
-imagínate si fueras tú el nuevo Duque…- le respondió ella.
Caminaron hasta la oficina de la rectora y fueron recibidos de inmediato.
-Buen día hermana Grey. Hace mucho tiempo que no la veo… - la saludó cortésmente Terry.
-¡Terry! ¡Candy! que sorpresa verlos.
-nos da gusto verla, hermana. Debo decirle que Candy perdió la memoria y no recuerda nada de su pasado. Es por eso que vinimos a pedirle el favor de dejarnos ver el colegio para ver si ella puede recordar algo. Se lo agradeceríamos mucho.
-ya veo. En ese caso les permitiré recorrer y ver todo cuanto quieran. Creo que se los debo, por la gran injusticia que cometí con ustedes hace años.
-gracias hermana Grey. Y no se sienta culpable, por favor. Yo no recuerdo nada de lo ocurrido, Terry me lo acaba de decir. Pero tenga la seguridad de que no guardo rencor en mi corazón. Y le agradezco que me haya ayudado en mis años de formación. En parte, le debo a usted lo que soy ahora, porque la disciplina que aprendí seguramente me ayudó a perseverar en mis estudios para convertirme en enfermera. Así que gracias hermana Grey.
-Candy…tú no necesitabas de este colegio para ser una dama. Porque lo llevas dentro de ti. Pareciera que lo traes en la sangre. Te has convertido en una mujer digna de admiración y respeto. Me siento muy orgullosa de ti…de los dos. Supongo que estarán juntos ahora ¿no es así?
-si hermana, y somos muy felices – respondió Terry – solo nos falta que Candy recupere la memoria para ser completamente libres para casarnos. Pues yo nunca me aprovecharía de esta situación. Quiero casarme con ella sabiendo que me conoce completamente, que se conoce ella misma y así no dar cabida a ninguna duda.
-entiendo. Pues les deseo mucha felicidad y espero que pronto recuperes la memoria Candy. Tienen mi permiso para recorrer todo el colegio. Ojalá sea de ayuda.
-eso espero hermana. Gracias.
Candy le agradeció con una sonrisa sincera a la hermana Grey y salieron de la oficina.
Terry no sabía por donde empezar. Todo le traía recuerdos y anécdotas que quería contarle.
Mientras caminaban por el pasillo pasaron frente a la capilla.
-Mira Candy, esta es la capilla. Es el único lugar donde se congregan juntos los chicos y las chicas. Aquí nos vimos una vez. Yo estaba ebrio y fumaba un cigarrillo. Armé un escándalo y luego me fui, no sin antes lanzarte una mirada intimidante. Me gustaste desde la primera vez que te vi, en un barco de regreso de América. Ahí fue donde me burlé de tus pecas por primera ocasión. Después te volví a ver cuando desembarcamos. Estabas con Stear y Archie. La tercera vez que te vi fue aquí. Yo me jactaba de ser un rebelde y me sentía intocable por ser hijo de un Duque, era un chico orgulloso y malcriado. Les daba miedo a muchas chicas, pero tú eras distinta. Tú no me temías y eso despertó la curiosidad en mi, me intrigó para querer conocerte más.
-pero esos días ya pasaron. Ahora estas en paz porque te has reconciliado con tus padres, y me tienes a mi. Eres un hombre totalmente diferente.
-si, gracias a ti, Candy. Y aquí ante Dios te prometo que te haré feliz el resto de nuestras vidas. Te amo y nunca te lastimaré, lo juro.
-oh, Terry…
Los dos sellaron su pacto de amor ante Dios con un beso lleno de amor y dulzura. Fue un momento de intimidad con Dios y para Candy ese juramento significó mucho. Estaba muy feliz y orgullosa del hombre que había elegido amar tan intensamente. Se abrazaron por un largo rato.
Después Terry decidió llevarla al cuarto de meditación, aquel que tenía la ventana rota y permitía a Candy escapar libremente.
Subieron las escaleras del oscuro lugar y llegaron a esa habitación. Todo seguía igual.
-¡que lugar tan tétrico!
-por eso lo llaman cuarto de meditación, un nombre agradable para no decir cuarto de castigo. Tú estuviste aquí Candy.
-¿de verdad? ¿Por qué?
-Porque llamaste "vieja cabeza dura" a la rectora.
-¡ohh! por lo de la tortuga de Paty…. ja ja ja ja ja.
-si. Y por ese entonces el festival de mayo estaba por empezar. Pero tú estabas castigada y en teoría no deberías haber estado presente en el festival.
-¿Cómo que en teoría?
-bueno es que no estuviste pero si estuviste…
-no entiendo.
-es que Candice White no estuvo presente en la fiesta, pero Romeo y Julieta si.
-¿Cómo?
-ese día recibiste un regalo de parte de tu tío abuelo William, que no era otro mas que Albert, que ya sabia de tu situación. Y decidió enviarte de regalo los disfraces de Romeo y Julieta. Sabía que les sacarías provecho. Así que te disfrazaste de Romeo para salir por esta ventana rota…
Terry se acercó y comprobó que aún seguía rota.
-…Luego, en el bosque, te cambiaste de ropa para ser Julieta. Y debo confesar que esa vez te estuve mirando desde lo alto de un árbol mientras te cambiabas…
-¿me miraste en ropa interior? ¡Oh que sin vergüenza!
-perdón, es que no pude dejar de apreciar lo hermosa que te veías. Jamás me imaginé que te convertirías en la mujer tan sensual que eres ahora… - la abrazó seductoramente.
-¡Terry! cínico.
-es verdad, pequeña pecosa. Recuerdo que esa vez te dije: "tranquila Candy, te vi, pero no te miré". Pero la verdad es que si te miré. Eras irresistible…
Terry acercó a Candy para estrecharla contra su cuerpo, pero ella puso las manos en medio de los dos para no provocar que la temperatura de su fogoso novio subiera sin control. Solo le sonrió.
-¿y que pasó?
-lo normal… te enojaste conmigo y me mandaste al diablo…
-jajajajajajajajajaja, ¡te lo merecías!
-si, tal ves… Pero te advertí que Elisa también te había visto. Descubrió tu disfraz y como era de esperarse quiso desenmascararte enfrente de todos.
-¿y lo logró?
-no. Gracias a mí.
-¿gracias a ti?
-si. Porque ella pidió ir a verte al cuarto de meditación para descubrir que no estabas allí. Pero yo me adelanté y tomé tu lugar en la cama. Me escondí debajo de las sabanas y fingí dormir. Así, cuando Elisa llegó, me vio a mí en la cama y pensó que eras tú. Te salvé en esa ocasión pequeña….
-¡oh, que listo!
-esa vez tu y yo bailamos en la colina de Pony, fue el momento más romántico de mi vida hasta entonces.
-de seguro para mi también. Apuesto a que desde entonces ya me derretías con tu cautivadora mirada y sexy presencia.
-bueno, es parte de mi encanto…
-y te funcionó con muchas chicas ¿no?
-por favor pequeña, no hablemos de eso. Te dije que dejé de frecuentar mujeres después de que te conocí, y para ese entonces, yo ya no tenía ojos para ninguna otra.
-discúlpame mi amor, tienes razón. ¿Y que tal estuvo ese baile en la colina?
-muy lindo. Pero… tú recordaste que ese mismo vals fue el que habías bailado con Anthony y yo me puse celoso. Terminamos peleando.
-¿tanto te molestaba que mencionara a Anthony?
-si, me enfurecía. Pero lo que mas me molestaba es que sentía que me comparabas con él y no lo podía soportar. Además estabas aferrada a su recuerdo y eso no te dejaba ver que tú me gustabas, que te quería…
-ohh…
-Tú le tenías miedo a los caballos porque Anthony se cayó de uno y murió. Así que pensé que tal vez podría ayudarte a superar ese trauma. Cuando fuimos a Escocia te subí a un caballo…
-¿y que pasó?
-te lo diré después. Porque iremos a Escocia para la boda de mis padres. Era una sorpresa.
-¿la boda será en Escocia? ¡Oh que emoción! no sabes como deseo conocer Escocia, el lugar donde la pasamos tan bien…
-si. Fueron los días más bellos de mi vida hasta entonces. Te contaré otras anécdotas cuando estemos allá.
-Me parece bien. Pero por ahora quisiera ir a otro lugar muy especial.
-¿A dónde quieres ir, mi amor? yo te llevaré a donde tu quieras.
-Quiero que me lleves a la segunda colina de Pony.
-tus deseos son órdenes, mi bella dama – Hizo una reverencia ante ella.
La tomó de la mano y caminaron hasta ese hermoso lugar que era tan especial para los dos.
En cuanto Candy vio el gran árbol en la cima de la colina, no reprimió sus impulsos y corrió hasta él, luego empezó a trepar hasta llegar a la rama más alta que pudo. Ahí se sentó para observar el horizonte.
Cuando cerró los ojos vinieron a su mente imágenes de niños trepando a un árbol, una casa vieja y dos mujeres con rostros sonrientes.
Candy supo de quienes se trataba y no quiso abrir los ojos para que ese recuerdo no desapareciera tan pronto, y tuvo resultados. De pronto una sucesión intermitente de imágenes se apoderaron de su cabeza. Vio toda su infancia pasar en un santiamén, como si viera una película en cámara rápida.
Desde los juegos con Annie, sus primeras travesuras, la vez que se fueron de picnic, cuando se separaron… Vio a su amigo Tom, a Clean, y mas y mas imágenes de la señorita Pony y la hermana María.
Candy estaba tan feliz que sus lágrimas brotaron sin que ella se percatara. Estaba tan absorta en sus recuerdos que no escuchó que Terry le gritaba desde abajo.
-¡Candy! allá voy, quédate ahí.
"¡Tarzán pecosa! ¿Cómo pudiste subir hasta allá tan rápido?" pensó Terry que con esfuerzos pudo llegar hasta donde estaba su chica. La vio llorando, con los ojos cerrados.
Se sentó a su lado y la abrazó.
-¡oh! – Candy se sorprendió al sentir los brazos de Terry.
-¿Por qué lloras mi amor?
-Terry… yo… recordé mi infancia. Recordé a la Señorita Pony y la hermana María, los niños del hogar y a Annie. ¡Me siento tan feliz! tuve una infancia muy hermosa en el hogar. Oh, mi amor, me siento mas viva que nunca. Creo que pronto recobraré todos mis recuerdos.
-me alegra mucho pequeña. Yo también me siento feliz por ti. Sabes, yo fui al Hogar de Pony una vez. Quería ver como era ese lugar que tú tanto amabas. Y aunque era invierno y todo estaba cubierto de nieve, sentí un inmenso calor de hogar en cuanto entré a la casa. La señorita Pony y la hermana María me recibieron muy amablemente. Fue una experiencia muy agradable. Me gustaría volver allá, pero ahora en primavera, cuando todo esté lleno de flores…
-prométeme que iremos al hogar en cuanto sea posible…
-te lo prometo mi amor. Es mas, se me ocurre una idea.
-¿Cuál?
-¿te gustaría que nos casáramos en el Hogar de Pony? a mi me encantaría una boda al aire libre, en una colina tan amplia y hermosa como esta.
-¿lo dices en serio mi amor?
-si, Candy. Muy en serio.
-¡oh, Terry! claro que me encantaría que nos casáramos en el hogar. Quiero una boda sencilla, sin lujos ni formalidades. Solo nuestros seres queridos y amigos más cercanos. Algo muy intimo.
-me gusta tu idea. Así será entonces. Y ya cada vez falta menos tiempo para que nuestros sueños se realicen. Tú estas recuperando tu memoria muy rápido.
-si… este viaje cambiará nuestras vidas, estoy segura. Soy tan feliz contigo Terry, te amo.
-y yo te amo mas, pequeña hermosa…
Los dos enamorados se besaron con el sol poniente como testigo de su amor. Candy y Terry miraron el atardecer en lo alto del árbol, juntos. El tiempo parecía haberse detenido alrededor suyo.
Después de haber pasado un momento de felicidad y paz. Los dos bajaron del árbol, ya era hora de regresar a casa.
-eres muy diestra trepando árboles mi amor, me dejas impresionado.
-creo que eso nunca lo olvidé. Soy tarzán pecosa ¿recuerdas?
-ups, ouch… ¡Como olvidarlo! – Terry bajó con mucha más dificultad que Candy.
-te enseñaré a trepar cuando tengamos más tiempo. Así podremos hacer carreras.
-muy bien. Te venceré la próxima vez. Seré el nuevo tarzán, y tú mi Jane.
ja ja ja ja ja rieron los dos.
-sabes Candy, en una ocasión que me escape para ir de parranda, unos tipos me provocaron en una cantina y terminamos a golpes. Yo estaba bebiendo mucho pero aún así pude dar una buena pelea, solo que ellos eran 5 y no fue una pelea justa. Uno de ellos sacó una navaja y me hirió en una pierna. Afortunadamente un amable desconocido me ayudó. Les dio una buena paliza a todos esos rufianes. Nunca vi a nadie pelear tan bien a puño limpio. ¿Sabes quien era ese sujeto?
-¿Quién?
-Albert. Ahora sé que estaba en Inglaterra para ver por ti. Él siempre te ha protegido Candy. Pero bueno, el caso es que él me ayudó a volver al colegio, solo que como no sabía, me llevó al dormitorio de chicas en lugar de al de los chicos. Yo me las arreglé para caminar un poco y entré en la que creí mi habitación pero me equivoque…
-¿Cómo que te equivocaste?
-resulta que entré a tu habitación, Candy. Fue una suerte que no te desmayaras ni gritaras al verme herido. Me hiciste un vendaje y saliste a la calle a buscar una farmacia para comprar medicamento para mí. Nunca te lo agradecí de frente. Pero lo quiero hacer ahora: Gracias Candy.
-de nada. Aunque no lo recuerdo.
-esa noche te escapaste del colegio y te encontraste con Albert. Desde entonces a los tres nos unió una gran amistad. Yo estoy en deuda con Albert porque me ayudó en varias ocasiones. Incluso en la más difícil de mi vida. Pero de eso te contaré después. Ya es hora de volver a casa.
-si. Ha sido una tarde muy exitosa. Ya quiero contarle a Paty y Flammy lo que acabo de recordar.
-¿otra noche de chicas?
-jajajaja…algo así…
-Candy no sabes las ganas que tengo de hacerte el amor otra vez…me estoy volviendo adicto a ti.
-mi amor… no debemos. Aunque ganas no me faltan a mí también. Te deseo tanto…
Candy abrazó fuertemente a su novio y lo besó apasionadamente.
-ohhh, no debemos continuar… me haces perder la cabeza cuando me besas así…
-pero si tú fuiste la que me besó, pequeña. Tú me provocaste.
-bueno, no discutamos. Regresemos a casa.
-¡tarzán hermosa y seductora!…
Candy sonrió al escuchar sus apodos "románticos" que a Terry se le ocurrían.
Se despidieron de la hermana Grey y regresaron a casa.
Pero mientras todas esas bellas cosas ocurrían con Candy y Terry, en el castillo Greg estaba solo y pidió una botella de Whisky. Empezó a beber y beber….
Cuando iba por la mitad de la botella sacó un sobre del bolsillo de su chaqueta.
Había recibido otro telegrama de Susana pero no se había atrevido a abrirlo. Lo guardó en su bolsillo y ya hasta se le había olvidado que lo traía ahí. Pero mientras bebía, recordó el sobre. No pudo evitar seguir posponiendo lo inevitable.
Abrió el sobre y leyó:
"Nueva York, E.U. Julio, 1916
Mi amor:
He estado esperándote con muchas ansias desde que te fuiste a París. La espera me está torturando. ¿Por qué no me has escrito? no quiero que pienses que es reproche, es solo que me siento incompleta sin ti.
Para matar el tiempo, me he puesto a estudiar algunos guiones de teatro. Quiero volver a ser Julieta, tu Julieta.
Te amo y te seguiré esperando… Susana."
Cuando terminó de leer, Greg guardó de nuevo el sobre en el bolsillo de su chaqueta y empezó a llorar de desesperación. Se sentía culpable. ¿Con qué cara volvería a verla y decirle que ya no la amaba? que se había enamorado de otra mujer.
Greg ya tenía varias copas encima y empezó a volverse iracundo. Tiró todo lo que veía sobre el escritorio, rompió espejos, jaló las cortinas… era una forma de desahogar todo el dolor y desesperación que sentía.
El Duque escuchó el alboroto y supo que era en la recámara de Greg. Fue a ver que pasaba con su huésped, temió que algo malo le hubiera sucedido y entró sin tocar la puerta.
-¡Greg! ¿Qué ha pasado? ¿Estás bien?
Lo encontró de rodillas llorando frente a la ventana. El Duque no sabía que ocurría. Se acercó a él y lo ayudó a levantarse.
-¿Qué tienes Greg?
-señor… yo… soy un imbécil infeliz.
-¿pero porque dices eso?
-no debería decírselo pues usted es su padre…
-¿a que te refieres? puedes decirme lo que sea, yo trataré de ayudarte.
-¡yo amo a Candy! – lo gritó muy fuerte como para sacarlo de su corazón.
-¡¿Qué?!
-yo la amo con todo mi ser… y si quiere echarme de su castillo lo entenderé.
-no, Greg. No voy a echarte. Pero dime ¿Cómo está eso de que amas a Candy, si tu amabas a Susana hace apenas unas semanas?... ¿Estas seguro?
-no me di cuenta en qué momento empecé a sentir esto por ella. Trabajamos juntos y empecé por admirarla profesionalmente, luego me empezó a cautivar su belleza, su belleza interior. ¡Es tan hermosa! por dentro y por fuera, es una mujer maravillosa. Ahora entiendo porque Terry está tan profundamente enamorado de ella…y yo… yo llegué tarde a su vida. Esto que siento por ella me está matando, porque sé que es un amor imposible, ella nunca me amará mientras Terry viva… soy un idiota por haber puesto mis ojos en la mujer de mi amigo…
-Greg… no sé que decirte. Lamento mucho que estés sufriendo. No te culpo por enamorarte de Candy. Ella es una mujer fantástica y muy hermosa. Uno no puede decirle a su corazón de quien si enamorarse y de quien no, solo sucede.
-pero yo pude haberlo evitado… pude evitar ilusionarme, pude evitar estar cerca de ella para admirarla, pude evitar sentir este amor que ahora me tortura… y sin embargo no quiero dejar de amarla… es lo mejor que me ha pasado en la vida.
-Greg, como amigo y no como padre de Terry te aconsejo que te alejes de ella. Solo te harás mas daño si sigues viéndola. Entiende que el amor que Candy y Terry se tienen es más fuerte que ellos mismos. Se aman demasiado que ni el coma pudo separarlos. No podrás romper ese inmenso amor Greg. Ella nunca te amará. Por eso es mejor que te alejes de ella y trates de olvidarla, por tu propio bien.
Greg seguía derramando gruesas lágrimas de dolor ante la mirada piadosa del Duque. Pero supo que lo que le decía era verdad, debía alejarse de Candy.
-tiene razón, señor… es mejor que trate de olvidarla. Quiero que sea feliz, y estoy seguro de que Terry es su felicidad… Me iré…
-¿y a donde irás Greg?
-me enlistaré como voluntario para ser parte de la tripulación de médicos del "Mauretania". Ahora es un buque militar y necesitan voluntarios. Me enteré hace unos días y estuve pensando en esto…. solo que me resistía a la idea de dejar de verla. Pero ahora estoy convencido de que es lo mejor.
-¿y que harás con respecto a Susana? No dejes que se ilusione más. Sería una canallada.
-lo sé. Iré a verla cuando el Mauretania llegue a América. Después de tres meses de travesía en el mar desembarcaremos en América. Entonces hablaré con ella para terminar nuestra relación.
-es lo correcto. Animo Greg. Toma fuerzas y actúa como un hombre, hazte responsable de tus actos. Si hay algo en lo que pueda ayudarte solo dímelo. Te aprecio mucho y te estaré siempre agradecido por haber ayudado a mi hijo cuando estuvo en peligro de muerte.
-no fue nada. Creo que soy yo el que estará en deuda con usted por todos los destrozos que he hecho… - miró a su alrededor para ver todo lo que había roto.
-no te preocupes por eso Greg. Son solo cosas materiales sin importancia. Solo quiero pedirte algo.
-lo que quiera.
-quiero pedirte que te quedes hasta la boda. A Eleanor y a mi nos gustaría contar con tu presencia. La boda será en Escocia. Partiremos el martes por la mañana.
-está bien, es lo menos que puedo hacer por usted. Gracias por su apoyo señor.
-de nada Greg. Si puedes, escríbeme para saber como te va.
-lo haré. Entonces está decidido. Me iré el miércoles después de la boda. Y le agradecería mucho su discreción. No quiero que Candy sepa a donde me fui ni porqué. A Terry si puede decírselo, estoy seguro que él sabrá ser discreto.
-claro que si, Greg. Cuenta con ello. Ahora descansa. Puedes irte a otra habitación mientras arreglan este desastre.
-gracias…
-y por favor ya no sigas bebiendo. Es de cobardes refugiarse en el alcohol y no ayuda en nada. Date una ducha y duerme. Vendré mas tarde a ver como sigues.
-esta bien. Aprecio mucho su preocupación.
-Eres un buen hombre Greg. Saldrás delante de esto, ten fé.
El Duque le dio unas palmadas a Greg en la espalda para mostrarle apoyo, luego de lo cual le dio un abrazo afectuoso para hacerle saber que lo apreciaba y que podía contar con él.
Greg se sintió un poco mejor. Ya sabía lo que debía hacer y estaba decidido a alejarse de Candy para olvidarla y dejarla ser feliz con el hombre que ella amaba. Aunque el alma se le partiera en mil pedazos.
