Hola mis queridos lectores, nuevamente me temo que me retrase demasiado, no hay excusa, pero espero que les guste este capítulo, originalmente tenía planeado otra cosa, pero me pareció que era hora de meter algunas respuestas a la trama, quiero dedicar el capítulo a Inukagban que hasta ahora ha sido el lector que más review ha dejado y creo que el que también me ha impulsado a apurarme a publicare n múltiples ocasiones.
Ahora me permito recordarles que estoy haciendo una votación para el fic que le sigue a este, tengo tres opciones basadas en tres locaciones diferentes, el mar, el bosque y una ciudad europea famosa, no puedo decirles más detalles, pero si les aviso que cuando publique el ultimo capitulo cerrare la votación, hasta ahora hay un empate entre la ciudad y el mar con un voto cada uno, espero que me digan cual prefieren para sí ponerme a trabajar bien en la opción elegida, ahora eso no quiere decir que no verán la luz las otras dos historias solo que las publicare de marea posterior, también si tienen alguna petición para los últimos capítulos soy toda orejas.
Sin más que agregar, lean, disfruten y comenten.
¿La verdad?
Kagome regreso ese día agotada, después de un par de tiendas viendo vestiditos y cosas de niña muy monas, a las cuales Koga miraba como si fuesen objetos de brujería o algo así, pasaron por una tienda de decoración de interiores y fue como si a Koga le dispararan las ideas a la cabeza con un cañón, porque literalmente entro hecho una bala y se la paso en un departamento al otro hasta que encontró cosas para decorar habitaciones de bebe, fue ahí cuando realmente se puso loco, corrió por todo el lugar, pidió opiniones de todo el personal, y a ella la tuvo cerca de tres horas mirando muestras de alfombras y papel tapiz; cuando finalmente se decidió la arrastro literalmente a una mueblería donde se la pasaron viendo un juego de cuna, cajonera, roperito, mecedora, área de juegos, móviles, lamparitas de noche y tocador especial para bebes recién nacidos, justo cuando creía que sus pies no podían estar más hinchados toco el turno de ir a la juguetería donde se compró tal cantidad de peluches que Kagome pensó que no cabrían ni de broma en el departamento.
Al final el muy bruto gasto tanto en regalitos y costos de envió (no había manera en que pudiesen llevar dos toneladas de muñecos y tantas otras cosas en el coche de Koga) que ella termino pagando la comida y el postre, claro que Koga no se salvó de firmarle un pagare prometiendo compensarla con creses, especialmente por el dolor de espalda y pies. Claro que cuando llego no espero ver aquella escena, entre Shippo y Souten habían instalado Bankotsu en el sofá y lo trataban a cuerpo de rey mientras este miraba entretenido su programa de leyes favorito. Curiosa les pregunto que estaban tramando, pero Bankotsu solo se limitó a decir que por fin los niños y el habían hecho las paces, y aunque aquella explicación no la convenció mucho los niños no negaron la historia, así que decidió dejarlo estar.
Después de aquello los días pasaron en demasiada calma, Shippo y Souten ya no le tomaban el pelo a Bankotsu, y este también les tenía un poco más de paciencia, aquello de por si era raro por si solo luego se puso aún más extraño a la mañana siguiente. Su día empezó normal, se despertó a la hora normal, tomo una ducha normal, se puso su bata normal, fue a la cocina, se sirvió su taza de chocolate normal, en su taza normal y se sentó en su silla normal, pero a partir de ahí todo dejo de caer en la categoría de normal.
Para empezar Shippo y Souten comenzaron a abordarla con preguntas raras, ¿Qué era lo que más le gustaba de un hombre?, ¿A dónde prefería ser llevada en una cita?, ¿si prefería flores o chocolates? sus restaurantes favoritos y todo eso, luego Souten fue más lejos y le pregunto porque motivos ella cortaría con un novio, y entonces sin querer se le fue la lengua y le pregunto si le gustaban los chicos jovenes con pelo largo y plateado, desde ahí que empezó a olerle mal lo que estaban planeando. Y cuando de reojo pesco que Shippo estaba anotando todo lo que ella decía en una libretita le dio a entender que estaba pasando, su mirada se posó entonces en Bankotsu, que estaba más sonriente que nunca m9ientras sus ojos permanecían sospechosamente cerrados en un gesto de satisfacción e hilaridad, "vendido, más que vendido" pensó, segura de que Bankotsu e Inuyasha eran los autores de todas esas cosas raras.
Mientras tanto en el apartamento de Inuyasha…
La mañana era tranquila para el peli plateado, aquella charla con Bankotsu lo había hecho sentirse mejor, y también había calmado muchas dudas que le rondaron la cabeza por semanas sin dejarlo tranquilo. Estaba leyendo el periódico y gozando de su segunda taza de café cuando escucho que su teléfono sonaba insistentemente, sin dejar de beber de su taza lo reviso, tenía un mensaje pero no reconocía el número. Curioso lo abrió y casi se atraganto con su café, el mensaje venia dirigido al "tonto cara de perro" y tenía un par de fotos anexadas con algunas anotaciones con letra infantil, y estaba firmado por "los mejores agentes de cupido"
- ¿de dónde habrán sacado mi numero esos mocosos? – se preguntó en voz alta, la curiosidad pronto le gano y comenzó a leer, con algo de dificultad, las instrucciones de las paginas fotografiadas.
Paso un buen trato riéndose de las anotaciones, en parte por las faltas de ortografía y la pésima gramática de los niños y otras por las cosas que describían, bueno, saber que Kagome era una choco adicta no le sorprendió nada, pues se había dado cuenta de ello la noche que conoció a sus futuros primos políticos, pero no sabía que le gustaban las películas de suspenso, que adoraba caminar por el parque y también que no soportaba las cosas cursis.
- ¿a quién le gustan de todos modos? – sonrió, el también odiaba las cursilerías, decidió ducharse para salir a hacer la compra, ahora que era empleado promedio en la empresa no tenía asistente que le hiciera las compras.
Se estaba secando el cabello en la sala cuando escucho su puerta abrirse, aquello le sorprendió, pocas personas tenían llaves de su departamento: sus padres, Sesshomaru (recientemente), su asistente, el equipo de limpieza que solía contratar, los de manutención del edificio, Miroku y…
- hola mi amor… - ronroneo una voz de lo más exasperante.
- Kikyo – gruño con malestar, había olvidado que ella tenía llaves de su departamento, se las había obsequiado cuando tuvieron su disque noviazgo.
- ¿oh? ¿Mi Inu está enojado? No hay problema, mami te hará sonreír en un minuto – sonrió Kikyo como si hablara con un cachorro, pero Inuyasha esquivo sus flacuchos brazos antes de que lo enroscaran por el cuello, ni loco dejaría que esa víbora lo tocara nuevamente.
- ¿Qué quieres aquí? – le pregunto serio, Kikyo lo miro con un intento de puchero adorable, pero él no callo, después de todo Kagome era mucho más adorable que Kikyo cuando hacia pucheritos.
- ¿no me das ni un besito de bienvenida? – probo nuevamente la zorra de su ex novia pero el solo se cruzó de brazos.
- no estoy de humor Kikyo, si no quieres nada largate de mi apartamento – le exigió mientras pensaba que tan rápido el cerrajero del edificio podría cambiarle las chapas y poner un par de seguros extra.
- ya, ya, no tienes que ser grosero – bufo Kikyo dejando caer su máscara de chica coqueta y sensual.
- necesito que hagas algo por mí – pidió, o más bien ordeno como si fuese una reina y el su criado.
- no pienso pagarte otra de tus cirugías de nariz, dudo que te quede cartílago de todas maneras – se burló el, no tenía por qué hacer nada con Kikyo, él no le debía nada, de hecho si fueran justo Kikyo era quien le debía demasiado.
- muy gracioso, pero no necesito dinero, gano suficiente por mí misma – sonrió presumidamente Kikyo poniendo una pose de pasarela "ja, si, gana más de espaldas en una cama y con las piernas abiertas" pensó despectivamente Inuyasha, pues Kikyo tenía más amantes que él calcetines en su armario.
- no tengo tiempo ni el mínimo interés en lo que quieras, así que has el favor de largarte o llamare a seguridad para que devuelvan al burdel de donde saliste – gruño Inuyasha cruzándose de brazos y dirigiéndose a su dormitorio para terminar de arreglarse para el día, entre más pronto despachara a Kikyo antes se le iría el mal sabor de boca y podría llamar más pronto al cerrajero.
- ¿oh? ¿Ni siquiera si tiene que ver con la pequeña Kagome? – aquello lo dejo tieso en su sitio, ¿Qué tenía que ver con Kagome? ¿Ahora que planeaba hacerle esa víbora a su pequeña? más le valía que no intentara nada porque si no rompería con la educación que le había dado su madre y le daría su merecido a la zorra de Kikyo.
- ¿Qué pasa con ella? – pregunto serio girándose para verla, la sonrisa de Kikyo fue idéntica a la del gato de Cheshire, de oreja a oreja y enseñando absolutamente todos los dientes.
- ¿tú la deseas verdad? – pregunto Kikyo sin dejar de sonreír, Inuyasha frunció más su ceño, el no solo deseaba a Kagome, bueno era difícil no hacerlo con lo guapa y dulce que era, él la amaba con todo su corazón y estaría dispuesto a hacer de todo por ella.
- la amo – le dijo directamente, Kikyo torció su boca en un gesto de aburrimiento, claro que se podía esperar de una persona que solo tenía lugar en su diminuto corazón para ella misma y su enorme ego.
- como sea, he odio por ahí que su relación no está nada bien- se burló mirando sus uñas con manicura francesa con barniz color plata.
- eso no es algo que a ti te interese – gruño enojado el chico, lo último que necesitaba era que esa mujer metiera aún más sus garras en la llaga.
- mi querido, creeme que si me interesa, es mas ¿Qué dirías si te dijera que yo puedo devolverla a tus brazos? – Inuyasha arqueo una ceja, ¿Kikyo le estaba ofreciendo ayuda con Kagome? Aquello apestaba.
- ¿Qué quieres decir? – pregunto sin descruzar sus brazos, Kikyo volvió su atención de nuevo a él, esta vez con una mirada llena de seguridad y satisfacción.
- sé que tu opinión de mí en este momento no es muy buena Inuyasha – afirmo girándose para quedar frente a frente con él.
- pero si tú me lo permitieras no solo podría hacer que Kagome se fije en ti – comenzó a caminar, moviendo exageradamente lento las caderas, como toda una serpiente.
- si no que puedo convencerla de que se quede a tu lado, para siempre… - susurro sensualmente cuando estaba a menos de medio metro de él y al tiempo que elevaba su diestra para acariciarle el rostro, pero Inuyasha pesco su muñeca antes de que siquiera llegara a rosarle la piel.
- ¿y que se supone que tendría que hacer yo a cambio de tu "generosidad"? – le pregunto serio.
- ¿ah? Casi nada cariño, una cosita muy sencilla- sonrió Kikyo, sintiendo que ya lo tenía aferrado entre sus dedos.
- ¿Qué cosa exactamente? – volvió a repetir Inuyasha, mas por sospecha que por interés.
- solo debes convencerla de que me dé la titularidad de las empresas Shikon – los ojos de Inuyasha se entrecerraron hasta quedar como dos rendijas y a sus cejas les falto apenas un par de milímetros para quedar sobrepuestas una sobre la otra.
- si lo piensas es toda una ganga, la mujer de tu vida esclavizada a tus pies por todo el tiempo que desees y yo recupero lo que me pertenece por derecho, después de todo yo soy mucho más brillante que esa sosa que ni siquiera sabe maquillarse – a Inuyasha le sobraba apenas un pelo de paciencia mientras Kikyo seguía mascando su veneno, no podía creer que ese demonio estuviese emparentado con su pequeño ángel.
- debes estar de broma – gruño, Kikyo lo miro como si fuese un estudiante de primaria que no conocía el alfabeto.
- piénsalo, yo tengo mi empresa, tú tienes a mi prima como tu juguete personal y ella no se vuelve la solterona que está destinada a ser, todos ganamos, es un trato justo –hasta ahí, hasta ahí llego su paciencia, tomo a Kikyo por su antebrazo, la arrastro hasta la puerta y la lanzo fuera sin ningún tipo de delicadeza.
- buscate otro que te haga tu trabajo sucio Kikyo, yo no pienso perjudicar así a Kagome, la reconquistare yo solito – le estepo antes de cerrarle la puerta en las narices, y asegurarse de echar el cerrojo para que no volviera a entrar.
Aun en el piso Kikyo miraba atónita la puerta de caoba del departamento, ¿ahora Inuyasha también la rechazaba? "¿Qué esos dos tienen un retraso mental o qué?" pensó levantándose, vaya idiotas, les ofrecía la felicidad en bandeja de plata y ellos la desperdiciaban, molesta se levanto muy dignamente y se marcho con la nariz bien alta. Bien se acabo la Kikyo amable, si no obtenia la empresa por las buenas la obtendría por las malas y entonces esos dos iba a arrepentirse. Ella siempre habia obtenido absolutamente todo lo que quería desde que nacio, y esta vez no seria la escepcion, le fdaba igual lo que tuiviese que hacer, esa empresa y su billonaria fortuna seria solo suya.
Inuyasha permaneció atento a la puerta hasta que dejo de ori los golpecillos que hacían esos zapatos de tacón rompe cuellos que usaba Kikyo. Bien, había despachado a la arpía, solo faltaba ver algún método para que se mantuviera alejada de él y especialmente de Kagome, para empezar el tono en que le propuso hacerla volver a sus brazos fue más malvado que otra cosa, de esos que usa una persona cuando tiene chantajeada o amenazada a otra, además seguro que si por un casual fuese lo suficientemente idiota como para aceptar estaba seguro que le saldría el tiro por la culata, ya que si Kagome no le mataba por quitarle la empresa que ha pertenecido desde quien sabe cuánto tiempo a su familia seguro que Bankotsu y sus hermanos se encargaban de dejarlo hecho papilla a base de golpizas.
Sacudió la cabeza para sacar aquellos pensamientos, no valía la pena que se comiera la cabeza con eso, pero lo que sí, era que si esa víbora se atrevía a poner una de sus sucias garras sobre su Kagome que dios la amparara porque no habría centímetro en la tierra que él no moviera para descargar su furia en ella.
Deseando quitarse el mal sabor de boca que le provocó la visita de su ex se dirigió a la cocina para prepararse algo, con el sueldo reducido no le alcanzaba para ir a restaurantes como solía hacer, así que había tenido que aprender a cocinar, cosas muy sencillas, pero al menos, a su juicio, lo suficientemente buenas para ser comestibles, lamentablemente sus despensas estaban vacías. Suspiro con fastidio, antes, cuando se fue a vivir solo su madre mandaba a algún criado a llevarle las compras y cuando obtuvo su puesto de vicepresidente secundario su asistente se encargó de hacerle las compas, pero nuevamente desde que su padre le degrado de puesto no tenía asistente, y eso de ir a pedirle a su madre que volviera a mandarle la comida era por decirlo menos muy humillante.
- creo que tendré que ir yo a la tienda – gruño, tampoco era nuevo para él, un par de veces que su asistente no había encontrado algo que quería él mismo había ido a comprarlo.
Después de hablar con Totosai por teléfono y pedirle que mientras estuviera fuera cambiarán su cerradura subió a su coche y condujo al supermercado más cercano, uno que él conocía bien, aparco y se metió llendo directamente al área de comestibles, pero no paso ahí más de dos segundos antes de que su ceño volviera a fruncirse, claro primero se le salieron los ojos de las órbitas ¡todos los productos eran carísimos!, recorrió los pasillos buscando alguna oferta o algo, pero todo se sobrepasaba de su presupuesto, dios, ¡tan solo un frasco de café le quitaba dos tercios de su presupuesto de comida para la semana! Y él no podía vivir solo de café. Enojado salió del supermercado sin comprar nada, arranco su auto y se marchó quemando llantas a otro supermercado cercano, pero los precios solo estaban más caros si eso era posible, lo mismo paso con el siguiente y el siguiente y el siguiente.
- no puedo creerlo, ¿Cómo es posible que cobren ¥25,000 por un paquete de galletas? ¡Ni que estuviesen hechas con pepitas de oro! – grito enojado, había ido a todos los supermercados que solía frecuentar y en ninguno pudo comprar nada, ya que un solo producto básico le quitaba casi todo el dinero que tenía para comprar comida de aquí al próximo día de cobro.
Así estaba conduciendo enfurruñado hasta que se dio cuenta de que no conocía las calles por las que estaba pasando, bajo la velocidad y se puso a mirar a lentamente los caminos, estaban llenos de casas e incluso librerías y parques, al parecer estaba en el área residencial, se puso a pensar, ahora tenía un sueldo promedio como el de los padres de familia que tenían sus casas en esa área. Bajo la ventanilla y pregunto al primer tranceunte que vio, que era un chico en bicicleta, por el supermercado mas cerano, el joven lo mjiro curioso, claro que no era de extrañar pues estaba manejando un Jaguar último modelo, pero no tardo en indicarle el camino. Solo 20 minutos después de llegar a la tienda de comestibles ya tenía su cochecito lleno hasta la mitad, estaba sorprendido de la diferencia de precios de una tienda y otra, ahí ya había conseguido todo lo que necesitaba para llenar su despensa mientras que en el otro solo podría haber comprado un litro de leche y un paquete de pan para comer por máximo 5 días por la misma cantidad de dinero.
Compro de todo, leche, pan de caja, tres sabores de galletas, carne de ternera, pollo y atún, un buen saco de arroz, varios tipos de verduras, fideos, un cartón con huevo, tofu, salsas, varios enlatados y claro, algo que no podía faltar en su despensa muchos, pero muchos botes de ramen instantáneo, claro que siempre preferiría el casero, pero no lo sabía cocinar así que se aguantaba con los instantáneos cuando salió traía tantas bolsas en las manos que parecía que cargaba dos guantes de boxeo blancos, pero tamaño titán. Cabe decir que estaba más que contento, al menos no tendría que vivir de pan y agua; estaba terminando de guardar sus bolsas en el maletero cuando noto algo por el rabillo del ojo.
Tras de él, bueno más buen en diagonal derecha de su hombro había una señora, no mayor de 50 años luchando para subir también muchas bolsas de compras y muy llenas, por una larga y empinada, aquello le dio sentimiento, así que después de cerrar bien su auto fue al lado de la señora y le ofreció ayuda. La mujer lo miro con una expresión de sorpresa, pero luego su vista de dirigió al montón de escalones que le faltaba por subir y finalmente accedió, Inuyasha tomo todas las bolsas con contenidos como aceite, cartones de leche, fruta, todo lo más pesado, dejando a la señora solo cargando los huevos y otras pocas cosas que apenas y costaban trabajo levantar.
La señora le guio por la escalera, cuando llegaron a la sima el Tori de madera le indico que era una especie de templo, "ahora que me acuerdo en su diario Kagome mencionaba que su familia se hacía cargo de un templo de Tokio" pensó de repente, la mujer le hizo señas y caminaron rodeando la estructura del templo para encontrarse con una adorable casita de dos plantas, de mediano tamaño y de apariencia acogedora. Espero paciente a que la señora abriera la puerta y el la ayudo a poner las bolsas en la mesa y, sin que esta se lo pidiera también la ayudo a acomodar las compras en su lugar.
- muchas gracias joven, no sé qué hubiese hecho sin su ayuda – sonrió la señora invitándolo a sentarse mientras le ponía enfrente un vaso de té bien frio.
- por favor, no ha sido nada - sonrio apenado, la verdad es que lo había hecho sin pensar, ni esperar nada a cambio.
- no sea modesto, al menos permítame ofrecerle algo de almorzar – se ofreció la señora mientras sacaba algunos utensilios de cocina.
- por favor no, no deseo ser una molestia – intento excusarse, pero en ese momento su estómago rugió, recordándole que no había comido nada desde hacía varias horas.
- insisto, además no todos los días puedo tener un joven tan guapo como invitado para comer – sonrió la señora, Inuyasha se sonrojo, "ni modo, el precio de ser guapo" pensó, mientras se sentaba a la mensa, un par de veces se ofreció a ayudar a la señora pero esta se negó a permitirle mover ni un dedo, así que solo se dejó atender mientras platicaba con ella.
La verdad era que aquella mujer, que no tardo en enterarse que se llamaba Sonomi, era muy agradable, podía platicar con ella como lo hacía con su propia madre, de hecho, si lo pensaba detenidamente deberían ser casi de la misma edad, pero no iba a preguntarle a la señora cuantos años tenía cuando apenas y la conocía, pues bien sabía que a las mujeres después de los cuarenta no les agradaba que les recordaran que ya tenían ciertas millas en su historial. Su madre se lo dejo bien claro cuando cumplió los cuarenta y su padre, "sin querer" le dijo que ahora iba por el segundo aliento de la vida, solo podría decir que jamás imagino que su madre tuviese tanta fuerza en los brazos, ni que su padre tuviese tan duro el cráneo, y los huesos bueno, mejor sin se acordaba de como quedo...
- ¡buenas! – escucho que gritaba una voz masculina en el fondo que lo hizo respingar, a vaya, esa voz se escuchaba de hombre cuarentón y por lo que pintaba debía ser el marido y él, un desconocido, más joven y guapo a solas en la cocina con la señora de la casa…
- ¡en la cocina cariño! – escucho que llamaba Sonomi, confirmando sus sospechas, así que se sentó bien y trato de parecer normal y no sospechoso, lo último que le faltaba es que un hombre extraño le rompiese la nariz por un malentendido.
- llegas temprano – sonrió Sonomi cuando los pasos se aproximaron a la cocina-comedor.
- si la reunión fue ligera y… - y hablando del roma que el marido se asoma, como Inuyasha lo pensó se trataba de un hombre de mediana edad, con cabello negro cortado a la perfección , que ya empezaba a mostrar entradas y algunos mechones grises, que, cabe mencionar estaba atónito al ver a Inuyasha sentado en su comedor.
- querido, este amable joven me ayudo a subir la compra, ya sabes que con mis rodillas es difícil cargar todas las bolsas y menos aún con unas escaleras tan altas como las del templo – explico Sonomi después de darle un beso en la mejilla a su marido.
- ¿de verdad? Entonces debo agradecerle como se debe, pero primero creo que debemos presentarnos, yo soy Tsudara joven… – sonrió ofreciéndole su mano el hombre mayor y dejando la frase colgada para invitarlo a presentarse.
- Inuyasha, Inuyasha Taisho - acepto el saludo el peli plateado con una sonrisa sincera y estrechando la mano que se le ofrecía, la mirada del hombre se relajó al instante, e Inuyasha también se sintió más tranquilo.
- un buen agarre muchacho, ¿eres jugador de béisbol? – pregunto Tsudara después de que ambos se liberaron el uno al otro.
- en el colegio, fui el mejor bateador por tres años, consecutivos – sonrió de puro orgullo masculino Inuyasha.
- ¿ah sí? Eso es interesante, ¿Qué posición ocupabas? – pregunto el señor emocionado, escucho a Sonomi reírse con burla.
- querido, la comida estará lista pronto, y entonces podrán ponerse al día con los deportes – le explico aun riendo entre dientes.
- ¡Gran idea! – sonrió aún más Tsudara antes de mirar fijamente a Inuyasha.
- ¿nos acompañaras a comer verdad? Después de todo has ayudado a mi mujer a que no se lesionara sus rodillas – bien, ahora sí que no podía libarse, pensó Inuyasha , aunque esa pareja, era medio excéntrica, también eran muy agradables, así que aceptó gustoso la invitación.
La comida transcurrió muy agradable, el señor Tsudara era muy fanático del béisbol y conocía a casi todos los jugadores tanto de antaño como los contemporáneos y tenía argumentos muy interesantes respecto a los cambios que había tenido la liga de Japón respecto a los últimos 20 años, también hablaron de temas como política y economía, de reojo pudo observar como la señora Sonomi solo sonreía mientras comía su propia porción, aunque no sabía de donde, esa sonrisa le parecía extrañamente familiar, una vez terminaron de comer Inuyasha, que ya se había hecho sin querer de la costumbre llevo los platos al fregadero y comenzó a lavarlos, aun a pesar de las protestas de Sonomi, aunque Tsudara solo se echó a reír.
- ya dejale Sonomi, ¿no te quejabas el otro día que los hombres no sabemos ayudar en la casa? – se burló de su esposa la cual le miro ceñuda.
- está bien – gruño la señora Sonomi haciendo un pucherito, que nuevamente le pareció muy familiar a Inuyasha, pero por mas que lo intentaba no podía recordar de dónde.
- bueno, les agradezco mucho la invitación a comer, pero creo que es hora de irme – se disculpó Inuyasha una vez dejo los platos listos, tan relucientes que se podía ver su reflejo en ellos, "¿Quién diría que hace unas semanas no podía ni lavar un plato sin romperlo en mil pedazos?" pensó sonriente, de verdad que había cambiado mucho, y para bien
- ¿oh? Note vayas todavía, ¿no quieres tomar un café? Ayer hice unas galletas muy ricas – pidió Sonomi con carita triste.
- de verdad, no quiero molestar - Inuyasha intento negar nuevamente, ya que tenía trabajo pendiente y Ryukotsusei estaba esperando la mínima excusa para castigarle.
- has caso al consejo de un mayor chico, complacela o no te dejara marchar nunca, además así podemos seguir hablando – le insistió Tsudara también, pues conocía a su mujer y sabía que cuando algo se le metía en la cabeza no había manera de sacárselo, además le había caído bien ese muchacho.
- bueno es que… tengo trabajo que hacer y… - volvió a intentar negarse, aunque la idea de café y galletas le tentaba cada vez más que hacer los numerosos informes de la empresa.
- también tengo Mochis de chocolate y bollos de crema - ofreció la señora Inuyasha por fin se rindió, bien no pasaba nada con tomar un café y uno que otro postre ¿cierto?
- bien me quedare – acepto finalmente, Tsudara volvió a sonreír y aún más cuando su mujer casi llevo a empujones al muchacho hasta la sala, donde lo acomodo en el sofá y le surtió de toda clase de dulces antes de servir tres tazas de café y poner también una tetera con te recién hecho y otra con más café y sus respectivos aditamentos para que cada quien se sirviera a su gusto.
- tú no eres de este vecindario ¿verdad Inuyasha? – pregunto Tsudara antes de tomar el primer sorbo de su café.
- la verdad que no, vivo más en… el centro – admitió Inuyasha apenado, desde que visito la aldea de Kagome se había dado cuenta de lo fácil que era para "su propia clase social" resaltar en círculos de gente promedio, y aunque no se había vestido con traje para salir a la compra estaba seguro que algo en su aspecto l estaba delatando.
- ¿en el área de departamentos del centro? ¿No es un poco estrecho? – pregunto la señora Sonomi, Inuyasha se descoloco, pero luego entendió, el área de departamentos del centro era ocupada generalmente por empleados de las empresas solteros, que ocupaban pisos pequeños con espacio apenas suficiente para dormir y cocinar cosas sencillas.
- de hecho cuento con buen espacio, y hasta ahora no he tenido inconvenientes de ningún tipo con mi pareja – admitió, a medias, pues si bien vivía solo y su departamento tenía espacio de sobra para que vivieran al menos otros tres ocupantes. - ¿estas casado muchacho? – pregunto Tsudara interesado, Inuyasha se sonrojo y oculto sus labios con ayuda de la taza humeante.
- algo así – asintió rogando porque no le pidieran más detalles, pues aunque técnicamente estaba ya separado de Kagome no dejaba de considerarse un hombre casado, por muchos trámites de divorcio que se estuviesen realizando no había ningún papel que dijera que estaba separado de Kagome, y mientras así fuera el seguiría considerándose su esposo.
- oh… que mal – gruño Sonomi, a lo que Tsudara e Inuyasha la miraron con cierto recelo.
- perdonar mi indiscreción pero ¿ustedes tiene hijos? – decidió preguntar Inuyasha, la pareja intercambio una mirada un poco incomoda.
- sí, tenemos un par de hijos ya mayores – asintió Tsudara con tono duro, Inuyasha se preguntó si algo les había pasado, pero decidió no preguntar, pues al parecer era un tema delicado para ellos.
Estaba estirando su mano para servirse uno de los bollos de crema cuando una foto en la mesita le llamo la atención, sin pedir permiso la tomo y la acero a su rostro, su mandíbula se desencajo y sus ojos se abrieron a su máximo tamaño, la foto era de una joven de trece años, con uniforme de secundaria y una encantadora sonrisa, y aun a pesar de que los rasgos faciales seguían siendo en cierta media infantiles Inuyasha no tuvo problemas en reconocerla.
- Kagome… - murmuro inconscientemente mientras seguía viendo la fotografía; el sonido de una taza rompiéndose le hizo levantar la mirada y encontrándose las miradas desencajadas de Sonomi y Tsudara.
- ¿Qué dijiste? – pregunto de pronto Tsudara en un tono extraño.
- yo… - comenzó Inuyasha sin saber que pensar o que decir
- dijiste Kagome – afirmo Tsudara mirándolo tan fijamente que no pudo evitar sentirse incómodo.
- sí, es que… - intento volver a decir pero entonces Sonomi lo interrumpió.
- ¿conoces a nuestra hija? – pregunto con una voz casi… anhelante.
- ¿su hija? – repitió Inuyasha sorprendido, acaso… ¡¿ellos eran los padres de Kagome?! No podía ser, sin poder evitarlo sus ojos recorrieron los rostros de los señores frente a él, si Kagome era su hija quería decir… que… ¡acababa de conocer a sus suegros!
- sí, Kagome es… nuestra hija mayor… - comenzó a decir la señora Sonomi, pero su tono le llamo la atención a Inuyasha, era como si se atragantara con las palabras, casi parecía que le costara decir en voz alta que Kagome era su hija, aquel detalle le era realmente muy extraño.
- respondenos Inuyasha ¿la conoces? – pidió Tsudara también visiblemente turbado, Inuyasha se puso en guardia internamente, aquellas reacciones eran demasiado raras aun para los estándares de la familia de Kagome que había conocido hasta ahora, pues si bien todos estaban medio locos, era obvio el amor y la lealtad que se tenían unos a otros, pero Tsudara y Sonomi se mostraban casi cohibidos por la imagen de su hija.
- sí, la conozco – dijo sin entrar a detalles, una técnica que toda su familia compartida, sabían cómo pescar información sin tener que preguntar, y aunque usualmente solo lo usaba para los negocios esta vez la usaría para algo más.
- ¿eres su amigo? ¿Su novio? ¿Cómo ha estado ella estos días? - comenzaron a interrogarlo ambos en perfecta sincronía, como si llevasen mucho tiempo con las preguntas atoradas en la tráquea, cosa que nuevamente lo hizo sospechar que algo no terminaba de encajar.
- somos conocidos, ella me ayudo en mi trabajo hace unos meses – contesto intentando no mostrar su turbación por la extraña situación.
De ahí el interrogatorio continuo, los padres de Kagome le preguntaron literalmente de todo, que si estaba casada, que si aún estudiaba o estaba trabajando, esa clase de cosas. Inuyasha contesto lo mejor que pudo, respetando la verdad pero sin dar demasiados datos, en parte porque no los conocía el mimo y por otra parte porque le parecía muy raro que siendo sus padres no supieran que era de la vida de su primogénita, estaba intentando responder a la vigésimo tercera pregunta cuando el sonido de la puerta abriéndose les llamo la atención a los tres adultos.
- ya llegue – escucho una voz joven que sonaba desganada.
- oh Souta, ven aquí cariño – llamo Sonomi a su hijo menor con emoción casi eufórica tiñendo su tono de voz, cuando el muchacho apareció en la sala, para ese momento Inuyasha no necesitaba más confirmación de que efectivamente estaba en la casa paternal de Kagome, y aun cuando tuviese alguna duda al respecto, bastaba a ver a Souta para darse cuenta.
Ambos hermanos eran casi idénticos, el mismo color de cabello, los mismos ojos color chocolate, la nariz pequeña y respingada, quizá la única diferencia fuera que los rasgos del muchacho eran un poco más fuertes que los de su hermana, también en que era considerablemente más alto, y su constitución físicas era más cuadrada en comparación con la de Kagome. Souta entro a la sala con una cara de aburrimiento que casi lo hacía ver gris, llevaba un uniforme de bachillerato mal colocado, su postura era la de un rebelde y la cereza en el pastel era un pendiente que brillaba en su oreja derecha.
- mande – respondió al llamado de su madre en tono desganado, Inuyasha pudo notar que parecía casi enfadado por el hecho de que lo llamaran.
- ven hijo, ha venido un amigo de tu hermana, ven y pasa a saludarlo – lo invito Sonomi todavía emocionada, fue entonces que los ojos cafés del muchacho se posaron sobre Inuyasha de una manera extraña, parecía no convencido de que fuera amigo de su hermana, pero a la vez le miraba con un misterioso interés.
- mucho gusto – saludo Inuyasha ofreciéndole la mano, pero Souta solo entrecerró los ojos y se negó a estrecharle la mano.
- je, otro más, ¿Cuándo dejaran de creeré ese cuento de que son amigos de Kagome los que vienen a casa? – comento Souta en tono grosero cosa que hizo respingar a Inuyasha.
- Hijo, no seas grosero este joven… - comenzó a regañar Sonomi a Souta pero este solo clavo su fría mirada en su madre haciéndola callar.
- es otro de tus intentos para creer que aún hay verdaderos amigos de Kagome que quieren venir a visitar esta casa – la respuesta de Souta dejo a los tres adultos turbados, Inuyasha impresionado por su rudeza y los padres de Kagome, bueno… tenían una expresión tan pálida que cualquiera los confundiría con fantasmas.
- ¡SOUTA HIGURASHI! ¡No le hables así a tu madre! Disculpate ahora mismo o… - gritó enojado Tsudara, haciendo que incluso Inuyasha se hiciese a un lado para evitar estar en medio de la línea de fuego.
- ¿o qué? ¿Me vas a echar de casa a mí también? Adelante hazlo, de hecho, me pregunto cuanto te pararía la tía Tsubaky por sacarme de aquí, puede que hasta te puedas comprar ese juego de palos de golf que tanto deseas – se burló el muchacho con tono tan irrespetuoso que Inuyasha pensó que el y Sesshomaru eran angelitos en comparación.
- no… hijo… nosotros no… - intyento explicar algo Sonomi, mientras sus ojos sellenaban de gruesas lagrimasd.
- o puede que te de más de su ropa de carísimos diseñadores a ti mamá, así podrás volver a ir a esas fiestas de gente rica y olvidarte de que tienes hijos como lo hacías antes de que Kikyo se mudara de esta casa – interrumpió nuevamente Souta, Sonomi estallo en lágrimas de inmediato y oculto su rostro entre sus manos en un intento inútil de callar sus sollozos.
- ahora si te has pasado jovencito, ¡TE ORDENO QUE TE DISCULPES EN ESTE INSTANTE! – ordeno Tsudara acunando a su esposa que no dejaba de murmurar entre sollozos.
- ¿ah sí? ¿Por qué no me gritas igual que lo hiciste cuando echaste a mi hermana la calle? Es para lo único que eres bueno – gruño el chico antes de darse media vuelta y marcharse de la casa dando un portazo.
Inuyasha miro el intercambio sin saber qué hacer ni que pensar, por una parte la actitud de sota le llamaba la atención, pero por otra, la manera de actuar de los padres de Kagome también era muy extraña. Sintiendo que sobraba se disculpó la pareja y se despidió, pero estos apenas y le prestaron atención, parecían demasiado afligidos. Cuando Inuyasha salió del templo y bajo las escaleras continuo dándole vueltas al asunto, estaba ya en el tramo final cuando a su nariz llego el inconfundible hedor del tabaco. Giro su cabeza para pedirle al que estuviese usando ese taco de cáncer que lo dejara, ya que no era correcto fumar en la vía pública, claro que aunque quiere decir que le sorprendió ver a Souta exhalando ese humo gris y pestilente como un camionero le sorprendió, la verdad es que ni siquiera se molestó en ocultar su decepción.
- ¿sabes que no está bien fumar en la calle verdad? Y aún menos siendo tan joven – lo regaño Inuyasha, Souta le miró con fastidio antes de aspirar otra bocanada de humo y soplarla contra el rostro de Inuyasha con toda alevosía.
- ¿y tú quien te crees para regañarme? Yo puedo hacer lo que se me pegue mi regalada gana - gruño Souta llevándose nuevamente el cigarro a los labios, pero Inuyasha no se dejó amedrentar, y espantando la nube gris fuera de su cara se acercó más al adolecente.
- ¡hey! ¡¿Qué haces?! – grito el menor cuando Inuyasha le quito el cigarro y lo apago bajo sus zapatos.
- no fue correcto lo que le dijiste a tus padres hace rato – negó el albino, Souta le miro amenazante, e Inuyasha tuvo que reconocer que compartía ese rasgo con su hermana mayor.
- ¡¿y eso a ti que te importa?! ¡No eres nadie para decirme que hacer! – grito Souta enojado, de hecho, cuando intento prender otro cigarro e Inuyasha le arrebato la cajetilla y la lanzó a un charco cercano intento tirarle un golpe, pero fallo por varios centímetros.
- quizá yo no, pero sé que ha tu hermana no le gustaría la forma en la que te comportas – intento nuevamente, esta vez Souta se le fue a la yugular, pero Inuyasha consiguió pescarle antes de que le tocara un solo cabello.
- ¡no te atrevas a mencionar a mi hermana! ¡No sé qué te contaron mis padres sobre ella pero no tienes ningún derecho a mencionarla! - grito fuera de sí intentando zafarse del agarre del mayor, pero Inuyasha le tenía bien sujeto y no pretendía dejarlo ir aun.
- hey, hey, lo que tengas contra tus padres es cosa tuya, pero sé que una persona tan dulce y tierna como Kagome no estaría feliz de ver a su hermano menor comportarse como un vago sin oficio ni beneficio que se la pasa tratando mal a sus mayores – las palabras de Inuyasha le tocaron un nervio a Souta, en un segundo calmo su furia y se sereno.
- entonces de verdad la conoces – afirmo mirándole a los ojos con otra cara, una que se parecía mucho más a la de Kagome.
- si la conozco, y puedo afirmar que no estaría de acuerdo con tu forma de actuar – asintió Inuyasha después de soltar a Souta, pero aun así se mantuvo en guardia por ese chico s ele arrojaba encima de nuevo.
- quizás, pero no creo que me regañe, yo soy un arcángel comparado con ese par de hipócritas a los que tengo que llamar padres. – gruño Souta cruzándose de brazos.
Media hora después…
Inuyasha y Souta estaban sentados en una cafetería del barrio tomando un capuchino cada uno, después de que Souta dijera eso y además aun picado por la extraña actitud de Tsudara y Sonomi decidió que quería saber más, y Souta parecía necesitar a alguien que lo escuchase. Después de media hora y de que Souta se tomara dos cafés Inuyasha termino por enterarse del terrible secreto de la familia Higurashi, el más oscuro de los que hasta ahora había ido descubriendo.
- y bueno, después de eso Kikyo tomo el control completo de la casa… - termino de narrar Souta los acontecimientos de la fatídica noche, en sus ojos podía leerse la rabia y la impotencia. Mientras que Inuyasha por su parte estaba sin poder creerlo, no podía creer como los padres de Kagome fueron capaces de algo tan cruel contra su propia hija.
- no puedo creerlo – murmuro en voz baja, Souta elevo su mirada para verle.
- bueno, no es algo fácil de digerir – admitió después de un segundo de meditarlo.
- no… lo que no puedo creer es que… bueno… que tus padres le hayan creído semejante mentira a Kikyo – se rasco la nuca Inuyasha, incluso el que no tenía más que unos meses de conocer a Kagome sabía que ella no sería capaz de un comportamiento tan indecente como lo pinto Kikyo.
- ¡HMPH! ¿Ellos? Le habría creído lo que fuera a Kikyo, te aseguro que si les decía que si se tiraban de cabeza a un poso encontrarían un diamante se hubiesen tirado sin dudarlo un segundo – escupió el chico con desdén.
- ¿Cómo? – pregunto Inuyasha sin entender.
- cuando Kikyo se hospedo en nuestra casa la tía Tsubaky comenzó a depositar una cantidad mensual a la cuenta bancaria de papa, era más de lo que gana en un mes de trabajo en su oficina, así que en cuestión de semanas Kikyo se convirtió en la dictadora de nuestra casa, no se hacía nada que ella no deseara y si ella decía algo había que cumplirlo, mi hermana se opuso a ella y… ella la destruyo - narraba Souta, Inuyasha apodia ver como la furia se arremolinaba en sus ojos, y no era para menos, el mismo estaba requiriendo de todo su autocontrol para no ir en ese mismo instante a donde Kikyo y lanzarla de lo más s alto de la torre de Tokio.
- yo… debí hacer algo… debí defender a mi hermana… dar la cara por ella… - comenzó a sollozar el adolecente.
- pero ¿Qué podrías haber hecho? Eras un niño – intento consolarle Inuyasha, pero Souta solo estrello su puiño contra la mensa tan fuerte que hizo saltar todos los utensilios de la misma.
- podría haberle dicho a mis padres la verdad… que Kagome salía de noche para trabajar y así pagarles su estúpido regalo de aniversario… pero Kikyo… ¡Kikyo me encerró en el armario! ¡Y NUNCA VOLVI A VER A MI HERMANA DESPUÉS DE ESA NOCHE! – lloro de rabia y dolor, Inuyasha sintió pena por él.
- ¿no has vuelto a ver a Kagome en estos doce años? ¿No ha intentado comunicarse contigo? – pregunto esperando no meter el dedo en la llaga.
- no… no al principio, después de que mis padres la echaron no supe de ella por un mes, me asustaba que le hubiese ocurrido algo malo al estar sola en las calles, un día me llego una carta, contándome que estaba bien, que el abuelo la estaba cuidando, comenzamos a escribirnos en secreto, ella escribía a casa de un amigo, el cual nos ayudaba, porque sabía lo mala que era Kikyo, hasta que un día ella encontró mis cartas, le dijo a mi padre y que no tardo nada en llegar a mi cuarto, tomo todas mis caras y las arrojo a la chimenea después de casi romperme un brazo, y mi madre no de dejo cenar por tres meses – comenzó a contar Souta enojado.
- después de eso se puso a revisar constantemente todos mis movimientos, ya no pude seguir escribiéndole, para cuando entre a la secundaria mi único contacto con ella era una tarjeta y unos cuantos yenes que me mandaba para mi cumpleaños, claro que después de aquella vez guarde todo en casa de mi amigo, así mi padre no podría quemarlas.- Inuyasha escuchaba atento el relato, cada vez entendía más por qué Souta era así de agresivo y grosero con sus padres, y aunque no aprobaba esa actitud suya, la verdad es que tampoco podía culparlo.
- un día, hace como cuatro años a casa de mi amigo llego un paquete, con una computadora, un celular y una nota con una fecha, una hora y le nombre de un restaurante – una sonrisa tiro de los labios de Souta.
- era de parte de mi hermana, no dude en ir a la cita, después de 8 años por fin pude verla y abrazarla sin que nadie se interpusiera entre nosotros – una lagrima de felicidad rodo por la mejilla del adolecente, la cual limpio rápidamente avergonzado, más Inuyasha no lo juzgo por eso.
- debes haberla extrañado mucho – sonrió Inuyasha, Souta asintió con la cabeza.
- ¿y tus padres? – la pregunta de Inuyasha descoloco a Souta.
- ¿Qué con ellos? – pregunto frunciendo el ceño.
- ¿no ha vuelto a contactarlos? Parecían muy arrepentidos – inquirió Inuyasha ganándose una risa burlona de Souta.
- ¿de verdad les creíste? A ellos solo les importa el dinero, no les interesamos ni mi hermana ni yo – se rio despectivamente.
- ¿Cómo así? Por lo que vi ellos los quieren – Souta volvió a reírse esta vez más fuerte.
- claro que no, mira, después de que el abuelo rescató a Kagome de las calles fue a hablar con mis padres, pero ellos se negaron a dejar que mi hermana volviera a casa, de hecho mi madre, sugerida por Kikyo, estaba ya acomodando las cosas de mi hermana para venderlas a una tienda de segunda mano y así comprarse una máquina de alaciar el pelo de esas que usan los salones de belleza, recuerdo que el abuelo se enojó mucho y yo creí que les obligaría a aceptar su responsabilidad y que se disculparan con mi hermana, pero solo les ofreció un trato – Inuyasha frunció el ceño.
- ¿qué clase de trato? – pregunto intrigado.
- el adoptaba a mi hermana, se llevaba todas sus cosas con él, se aseguraría de que se educara y la mantendría hasta que fuera independiente, a cambio mis padre deberían dejar de tratarla mal e injuriarla con nuestros conocidos y vecinos, mis padres se negaron, pero cuando el abuelo les ofreció un fideicomiso aun mayor a lo que les pagaba la tía Tsubaky por cuidar a Kikyo no duraron ni un segundo en aceptar, es más, recuerdo bien que mi padre dijo "parece que al fin servirá de algo esa puta" – Inuyasha apretó los puños sin poder digerir las palabras de Souta, quizá Tsudara y Sonomi no fuesen tan inocentes como él creía.
- ¿entonces siguen creyendo que ella es culpable? – pregunto, necesitaba saber si ellos aun creían que Kagome comentó esos actos indecentes.
- sabrá dios, justo el día en que Kikyo se mudó de regreso con sus padres para irse a parís a estudiar modelaje mis padres fueron a la misma cafetería conde trabajo Kagome, ahí tenían una foto de ella donde la ponían como la mejor camarera que había trabajado ahí en muchos años; según supe mis padres preguntaron al respecto y la dueña del local les explico lo que había hecho mi hermana cuando trabajaba ahí – hizo una pausa para beber otro sorbo de su capuchino.
- aquella noche llegaron a casa y se encerraron por horas en el viejo cuarto de mi hermana, el cual para ese entonces era el armario y centro de maquillaje personal de Kikyo, partir de entonces mi mamá compra y hace toda clase de kimonos y vestidos, según "disque regalos" para mi hermana cuando va a ser navidad, o el Hanami o su cumpleaños y mi papa también le consigue chácharas como esmaltes de uñas, libros de auto ayuda para adolescentes y esas cosas, según quieren hacer creer que están arrepentidos – bufo Souta.
- ¿y porque crees que no es así? – pregunto Inuyasha sin entender bien.
- muy simple, el trato con mi abuelo implicaba que él les pagaría por la custodia de Kagome hasta que ellos abrieran los ojos y decidieran recibir de vuelta a mi hermana y se disculparan con ella, y aunque quieren hacer creer al mundo que están arrepentidos, aun ahora, que mi abuelo lleva 6 años de fallecido no han hablado ni una vez con Kagome ¿y sabes que es lo peor? Que jamás han dejado de cobrar el fideicomiso, aun y cuando ahora quien lo paga no es el abuelo, sino Kagome -
Continuara…
