HOLA MIS AMORES!

Saya ha vuelto con un capítulo nuevo después de casi un año sin saber de mi y de esta rara historia de nuestros dos amados protagonistas de Shingeki no Kyojin jejeje

He de decir que mi vida ha sido una completa locura durante estos meses, por no decir que que hemos sido dos mas! weeeee

me encanta eso de que mis familiares se embaracen y tengan bebés (?)

Bueno, dejando mi delirio de lado, quería pediros perdon y muuuchas gracias por vuestra paciencia conmigo.

Comentaros, como ya os dije en el anterior post para deciros que volvía, que este fic no había acabado!

He de decir que la inspiración no llegaba y con tantos cambios en mi vida, la continuación del cap era poco probable... PERO AQUÍ ESTÁ!

Muchas gracias a todos aquellos que habeis seguido mi historia con ganas y todos aquellos que se han ido uniendo a lo largo de este año que, aunque no lo parezca, he estado atenta ante todos los reviews, favs y follows que he tenido.

Me hace mucha ilusión que sigais con esta historia y, espero con mucho animo, el poder actualizar más seguido.

Y sin mas que decir, os dejo con el cap!


Capítulo 29: Salto

Año 851: Muro María

Eren despertó después de un sueño profundo. Todo estaba oscuro. La poca iluminación que había a su alrededor no era más que la luz de la luna que se filtraba entre los huecos de las hojas del enorme árbol en el que se encontraban.

No sabía cuánto tiempo había permanecido dormido. Sólo recordaba haber caído rendido en el instante que pisaron aquel frondoso bosque.

Miró a su alrededor.

Era cierto.

Habían pasado la muralla Rose al caer la tarde, y no tardaron mucho en llegar al bosque que se encontraba a pocos quilómetros de distancia. Dylan se encontraba al otro lado de la rama, de pie, observando el perímetro. Aun siendo de noche y con la poca visibilidad, debían de estar alerta.

Bajó la cabeza por un momento al acordarse de cómo habían discutido nada más llegar a la muralla.

-¡Maldita sea, Eren! ¡Sube de una vez! – La suave voz de Dylan se convirtió en una áspera y fría. Había llegado a su límite – No podemos esperar más, nos alcanzarán en cualquier momento.

-Pero… Rivaille… - Miró hacia atrás, en busca de algún indicio, algo que le ayudara a saber que Rivaille estaba bien.

-¡Ahora mismo la prioridad es que tu y los niños paséis al otro lado! – Tiró de su brazo con insistencia, haciendo que bajara de su caballo. - ¡Deja de ser egoísta por una vez en tu vida!

El llanto de Rellie le trajo de vuelta. Gimoteaba entre su regazo, en busca de algo de comer. Eren sonrió.

-Espera, espera… - Le acomodó contra su pecho en el momento que se deshizo de su camiseta.

Rellie se calló en el mismo momento en el que su boca entró en contacto con el pezón de Eren.

El castaño lo miró con ternura. Era tan grande... Ahora se veía con claridad cómo evolucionaba con velocidad. Tanto él como Edriel crecían a una velocidad increíble.

Suspiró al encontrar el parecido de Edriel con Rivaille. Ella era su viva imagen, porque negarlo. Tenía sus mismas expresiones faciales. Se encogió un poco en el sitio. Sentía la necesidad de tenerlo a su lado, apoyándolo en un momento así, pero las palabras de Dylan aun se mantenían frescas en su memoria. Debía ser fuerte, por sus hijos, y dejar de pensar en él… dejar de ser egoísta.

-En cuanto alimentes a los dos nos moveremos. – Dylan encaró a Eren – Es mejor para nosotros que los titanes no den con nosotros.

Eren asintió al escuchar las palabras de Dylan.

Seguía enfadado con él, lo intuía. En su voz podía apreciarse ese escozor cuando realmente te molesta algo. Eren suspiró mientras Rellie dejaba de comer y se quedaba dormido en su regazo.

-Pásame a Edriel… - le dijo en un susurro asustado. El moreno le acercó a la pequeña con cuidado, la cual se removía inquiera al sentir cómo era cambiada de un calor a otro.

Pero al notar los latidos del corazón de su madre, se tranquilizó.

La observó con determinación.

-Rivaille…

::

Ángela despertó.

Despertó de un horrible sueño en el que Fréderic abusaba de ella como lo hacía antaño. Se retorció en la cama, sudando frío. Estaba aterrada.

La luz de los primeros rayos de sol podía apreciarse al otro lado de la ventana, dando a entender que la mañana estaba próxima. Suspiró resignada. Su cuerpo, aun desnudo, tenía las pequeñas marcas que había dejado en ella.

-Así que… no fue un sueño… - suspiró para sí misma.

Se agarró a sus piernas en un intento de darse protección. Su cuerpo temblaba con leves espasmos, dando a entender que no podía soportar más esa situación.

Alzó la mirada viendo el reloj que se encontraba en la mesilla de noche y lo cogió entre sus manos.

-Dylan… ¿habréis llegado ya…? – abrazó el reloj en un intento desesperado de aferrarse a la poca cordura que la quedaba. – por favor… que así sea…

Unos suaves toques en su puerta la hicieron saltar de la cama. Se tapó con las sabanas, asustada. No sabía quién podría ser.

-Mi sargento… - la voz de uno de sus subordinados se hizo presente.

-Sí. ¿Qué pasa? – intentó que su voz sonara lo más normal posible, aun seguía con el miedo en el cuerpo.

-El comandante la hace llamar. Dice que tiene una sorpresa para usted.

"¿Una sorpresa?"

Suspiró con resignación a la vez que se levantaba con cuidado de la cama. Le dolían las piernas.

-Dame unos minutos y enseguida bajo… - habló bajo.

-De acuerdo. – se hizo unos minutos de silencio. – Mi sargento… ¿puedo haceros una pregunta?

-Claro… de qué se trata.

-¿Os encontráis bien? – la voz de su soldado sonó preocupada. Ángela sonrió detrás de la puerta.

-Si, no os preocupéis, soldado. – Soltó más animada.

El soldado se despidió de ella y se fue por el pasillo.

En el instante en el que sus pasos desaparecieron por el pasillo central, sus piernas fallaron, haciendo que callera al suelo sobre la alfombra. Aguantó los pequeños sollozos que salían de su garganta, tapando su boca con la mano derecha.

No podía.

No podía soportar como sus propios soldados veían que no se encontraba bien. No podía ver como la miraban con pena o se preocupaban por ella. Simplemente, no podía. Se agarró con fuerza la parte de la camiseta que cubría su pecho, tirando de vez en cuando por las convulsiones del llanto. Era tan doloroso que casi no podía respirar.

::

Media hora después de vestirse y lavarse la cara decidió bajar por las escaleras del gran castillo.

Sus pasos eran lentos, pausados. Aun intentando andar con normalidad, sus piernas aún se resentían.

Suspiró con cansancio.

Siguió caminando, saludando a todo aquel que se encontraba por el pasillo. NO comprendía por qué Fréderic la había mandado bajar con tanta prisa. Tenía, en cierta manera, un mal presentimiento, pero prefería ignorarlo. Lo mas probable era que su comandante quisiera que se encargara de los cadetes para que terminaran de controlar completamente los rollers. No lo sabía con claridad.

Intentó mantener la calma, hasta que algo la perturbó.

Unos gritos se oían fuera de la puerta principal.

No.

No podía ser.

¿Les habían pillado?

¿Les habían traído de vuelta?

Aumentó la velocidad de sus pasos, haciendo que sus piernas volvieran a resentirse. Pero poco le importó. Abrió la puerta de golpe, dejando que la luz de la mañana la cegara por un momento.

-¡Frederic! ¿Qué significa esto? – la voz alterada de Erwin llegó a su ser.

Y ahí estaba, Rivaille, rodeado por los hombres del comandante del Norte. Se encontraba arrodillado, con la cabeza pegada al suelo, y uno de los sables del equipo de maniobras minuciosamente pegado a su nuca.

Ángela tragó saliva.

No veía ningún indicio de que Eren o Dylan estuvieran allí también. Eso la tranquilizó un poco, pero no lo suficiente. Fréderic tenía una expresión maniaca en la cara. Sus ojos echaban fuego y en su mano derecha portaba uno de los sables.

Erwin, que permanecía detenido por los hombres de Fréderic, le llamaba a gritos, intentando comprender que pasaba.

-¿Es que no lo ves Erwin? Este hombre de aquí, al que tú consideras un amigo, es un traidor. Ha traicionado a la Humanidad y a la Legión de Reconocimiento. No merece piedad alguna.

Rivaille permanecía en el suelo, con la mirada agachada. Su frente tocaba el suelo y sus ojos estaban cerrados con fuerza. Podía ver la pena impregnada el pequeño lenguaje corporal del sargento.

-El sargento Rivaille no ha hecho nada de lo que se le acusa. ¡Suéltalo! – Erwin parecía enfadado. Más que enfadado. Parecía furioso.

Fréderic sonrió:

-No pienso hacer eso. El paradero del titán hombre, más conocido como Eren Jaeger, es desconocido. Y yo pienso averiguar dónde está. ¡Nos vamos a Trost!

Ángela sudó frio al oírle. Erwin no podía hacer nada en estos momentos y los pocos hombres que se encontraban en el castillo no podían hacer nada más que mirar y observar como su sargento era llevado a la prisión de Trost.

-Y tu querida… - el comandante la coge del brazo – tu vienes con nosotros.

La chica se dejó llevar, aun soqueada por la situación.

Esto no podía estar pasando.

No ahora…

Eren… Dylan… ¿dónde estaban?

::

Armin llegó sofocado al despacho de Erwin.

Le habían llamado con urgencia. Después de encontrarse con que los caballos tanto del sargento como el de su mejor amigo no se encontraban en ningún sitio, un mal presentimiento le había invadido el cuerpo. Estaba aterrado, y no sabía lo que estaba pasando.

Y esa llamada lo había empeorado.

Llamó a la puerta esperando la respuesta. Y al oír un "a delante" por parte del comandante, entró con cautela, asustado. No sabía lo que estaba pasando.

Al entrar, observó como su comandante, su amante, se encontraba medio tumbado sobre la mesa, derrotado. Eso le rompió el corazón.

-Erwin… - se acercó al otro, acariciando su espalda - ¿qué ha pasado?

Erwin levantó la mirada

-Se lo han llevado. A Rivaille y a Ángela. Fréderic se ha vuelto loco

Suspiró un poco aliviado al saber que el Sargento se encontraba a salvo, en cierta manera. Le mira suspirando:

-Bueno, ya sabíamos que no estaba muy cuerdo

-No es eso, Armin. – Se endereza en su silla, mirando al otro – Se los ha llevado para interrogarlos.

-¿Interrogarlos? ¿Para qué? – le dice asustado.

-Esta misma mañana me enteré que Eren, junto a Rivaille y Dylan partieron hacia el muro María…

Armin enmudeció.

¿Qué?

Erwin le relató lo sucedido, haciendo que el chico cada vez entendiera menos.

-Pero ¿y Eren? ¿Dónde está?

-Eso es lo que no sabemos… -suspira derrotado- Pero lo que si se es que debemos sacar a Rivaille de las manos de Fréderic. Ese hombre está mal de la cabeza. Hay que hacer algo…

Armin se queda un rato pensando.

-Creo… que tengo una idea…

::

El corazón le bombeaba con fuerza. Después de haber seguido a la morena hasta el exterior del castillo, habían dirigido sus pasos hacia las caballerizas.

Historia se encontraba nerviosa. Jamás pensó que se escaparía del castillo, y mucho menos con la persona que amaba.

Ymir, la cual se había encargado de ensillar de antemano a los caballos, apareció delante de la mirada de la rubia.

-Historia… - la llamó con dulzura. La chica, aun asustada, la miró a los ojos. No comprendía aun la situación del todo y, aun sabiendo de la condición de la morena, no se encontraba con las suficientes fuerzas para abandonar el lugar. Suspiró, sonriendo de forma forzada.

-Ymir yo… - se abrazó a la titán, con fuerza – tengo miedo… mucho…

-Tranquila… - la abrazó con mimo, intentando reconfortarla. – Todo saldrá bien, te lo prometo. Conmigo estarás a salvo.

La pequeña asintió un poco cohibida. Ya sabía que con su novia estaría protegida. De lo que realmente tenía miedo era de meterse en la boca del lobo. Iba a estar completamente rodeada de titanes en el momento en el que atravesaran las murallas. Y eso la aterraba.

::

La prisión de Trost era mucho más aterradora de lo que recordaba. Hacía exactamente 4 años que no pisaba ese terreno, haciendo que un pequeño escalofrío la recorriera la espalda. Ángela se encontraba a las espaldas de Fréderic, atada de manos, llevada por uno de sus subordinados, mientras Rivaille era llevado a la cabeza del pequeño pelotón, empujándolo de vez en cuando por otro de los soldados.

Todo parecía mucho mas lúgubre que antes.

Después de que la famosa titan hembra se escapara de la prisión, la seguridad había aumentado, convirtiendo la prisión en una fortaleza inquebrantable.

Ángela alzó la mirada al notar que los pasos de Fréderic se detenían frente a uno de los calabozos más grandes del lugar, lanzando a Rivaille dentro de esta, con fuerza, haciendo que el cuerpo del sargento callera contra el suelo.

-¡Rivaille! – gritó su nombre con preocupación. El sargento no daba señales de ningún tipo de molestia ante el golpe. Simplemente se enderezó en el suelo.

-Tu también vas a entrar, Ángela. – El comandante la cogió del brazo, intentando meterla en el calabozo.

La pequeña sargento se resintió, haciendo que la tarea de poder meterla dentro de esa apestosa celda fuera más atareada.

-¡No me des más problemas Ángela! – la cogió con fuerza y la alzó del suelo, mientras la rubia se removía en sus brazos.

La lanzó con rudeza, haciendo que su cuerpo callera sobre el suelo. Un pequeño gemido salió de sus labios, dando a entender de que el golpe la había dolido.

– Eso te pasa por ser tan estúpida, Ángela… - Fréderic sonrió con sarna.

-Maldito… - siseó entre dientes, levantando su cuerpo con dificultad.

-Os quedareis aquí hasta nueva orden. Nosotros nos encargaremos de encontrar a Eren. – Una sonrisa de maniaco de maniaco se formó en su cara, dándole un aspecto demente. Su cuerpo salió del lugar dejando a ambos sargentos en aquella cueva de desesperación.

-¡FREDERIC!

::

En el mismo momento que tocaron un pequeño pueblo cercano a la muralla maría, el sol había empezado a salir por el horizonte. Los pequeños rallos de sol empezaban a iluminar un poco el lugar, dándole un aspecto un poco más vivo.

Eren miraba con curiosidad las 5 casas que formaban el lugar, incluso con asombro. Las casas, todas ellas en pie, se encontraban en estado óptimo. Lo normal sería que aquellas casas estuvieran en ruinas por culpa de los titanes.

Pero no era así.

Las casas se erguían sobre ese pequeño valle, haciendo que se encontraran en un lugar perfecto de protección.

Dylan cabalgaba delante, con comodidad. Parecía que conocía perfectamente el lugar. Eso desconcertó a Eren. ¿Habría estado alguna vez allí? Sacudió su cabeza.

No.

No era posible.

Parecía que insinuaba que Dylan fuera parte de los titanes. Pero eso era imposible… ¿no?

Paró su caballo en cuanto Dylan lo hizo con el suyo, deteniéndose delante de una de las casas: Era la más grande de todas.

-Vamos dentro, antes de que los titanes nos huelan – Dijo con firmeza. Eren simplemente asintió, bajando de su caballo.

Se encargaron de atarlos bien al poste que había a escasos metros y se adentraron en la casa.

Eren entró después de Dylan, con curiosidad. Tenía, en cierta manera, un poco de inquietud ante lo que estaba pasando. Abrazó a Rellie con fuerza en cuanto entró y cerró detrás de él.

El olor de la estancia se le hizo familiar, como si ya lo conociera de antes. Ese olor a incienso y madera recién cortada. Como la de su propio hogar.

La casa era bastante grande. Un salón espacioso, con un sofá en la parte cercana a la puerta, junto a dos pequeños a sus laterales. A la derecha de la puerta principal, se encontraba la escalera que daba a la parte superior.

Caminó con cautela, recorriendo el sitio. Al otro lado de la sala, había una gran mesa, rodeada por 10 sillas y, al fondo del todo, una entrada sin puerta que daba a lo que parecía ser la cocina.

Dylan caminó hasta el sofá que se encontraba a un lado de la puerta, colocando a Edriel con cuidado. La pequeña se resintió un poco, notando el cambio de temperatura. El moreno la arrulló tumbada en el sofá, acariciando su tripita.

Eren miraba la escena con cariño. Sabía que Dylan quería a sus hijos como si fueran propios pero…

Suspiró.

El moreno formaba parte de su corazón, y lo sabía, pero Rivaille era su único y verdadero amor, dejando al pobre Dylan en un segundo plano.

Se acercó al sofá, dejando a Rellie al lado de su hermana. Ambos infantes, al notarse, se agarraron de la mano, dándose protección.

Era algo que Eren ya sabía de antemano. Desde el momento en que nacieron, siempre que se encontraban juntos, se agarraban de la mano.

Sonrió con cariño.

::

Las horas ya habían pasado. Era día abierto, y Eren tenía miedo de salir de allí por lo que podía pasar.

Aun que Dylan le había dicho que era completamente seguro, él seguía con la incertidumbre y el pánico de que un titán podría aparecer en cualquier momento y atacarlos.

Se acercó a la ventana, mirando fuera.

El lugar estaba completamente desierto. Como si allí no viviera nadie. Y era lo más probable. Pero seguía comiéndose la cabeza al ver el buen estado de la casa. Sintió un escalofrío.

Algo estaba a punto de suceder, y no sabía por qué, pero la imagen de Rivaille se formó en su retina.

-Rivaille… Espero que estés bien…

Los pequeños pasos de una persona se hicieron presentes en las escaleras. Era cierto que no había subido a explorar la parte superior de la casa pero, nunca se llegaría a imaginar lo que había ante sus ojos.

-¿Quién eres? - la voz dulce de una niña pequeña rompió el silencio de la sala. Sus ojos se encontraron con los azabache de la niña, los cuales le recordaban a alguien.

-¿Quién...? - su pregunta se quedó en el aire al sentir la voz de Dylan en su espalda.

-¿Lily? - preguntó con cierto asombro al verla allí.

-¡Dylan! - La niña salió corriendo a abrazar al otro, pasando al lado de Eren.

¿¡QUIEN ERA ESA NIÑA!?


Y hasta aquí el cap!

En el siguiente cap habrá muchas cosas interesantes. Se verán muchos personajes que llevan sin aparecer bastante y la aparición de otro personaje nuevo que tendrá mucha importancia en esta historia!

Tampoco quiero enrollarme mucho y, si habeis leido hasta aquí es decir que os ha gustado el cap asi que...

si no es mucho pedir...

un pequeño review para esta pobre escritora que vuelve de rodillas para que sus lectores no la maten y pueda terminar el fic! ;3;

Sin mucho mas!

Nos vemos en la siguiente actualización!