Los personajes de Katekyo Hitman Reborn! No me pertenecen.
Ámame y ódiame.
Tristeza. Melancolía. Rabia. Dolor. Angustia. Celos. Inferioridad.
Todo eso sentía ahora mismo, mirándose en el espejo del pequeño baño de la destartalada cafetería. Intento serenarse pero no llego a hacerlo, se contuvo a duras penas con un suspiro tembloroso y cayo al suelo sobre su propio peso, mientras olía a orines y defecaciones sus ojos se nublaron con recuerdos.
―Si algún día… si algún día dejas de amarme Tsuna-san preferiría morir.
Tsuna sonrió y negó. No, no lo haría.
Su labio inferior tembló con fuerza, con sus manos se acaricio sus mejillas.
―Te amo, te amo. Haría cualquier cosa por ti. Pídemelo y lo haré.
Tsuna le miro con asombro y le acaricio el pelo como si se tratara de un pequeño perro.
Su respiración se hizo densa y apenas audible, escondió su rostro entre sus rodillas. Gimió.
―¿Me has engañado Tsuna-san? ¿Lo has hecho no? Yo… yo te amaba… te amo…
Tsuna escondió sus ojos contra su flequillo, negándose a mirarle apretó la mano de la mujer que tenia a lado.
Sollozo, sollozo contra sus rodillas, mojándose el pantalón negro, hundiéndose en la miseria del desamor.
―¡Ella merece morir! ¡Tiene que morir!
Su grito quedo apagado mientras sonreía con ojos entornados, los guardianes le miraron con asombro y el sonido del disparo se escuchó en la mansión, como un aullido desgarrador.
Miro de reojo sus manos manchadas de sangre. Trago saliva y apretó los dientes. Esa era la sangre de esa mujer, de la mujer amada de Tsuna.
―Ódiame, ódiame… ódiame… ―suplico a Sawada. Le miro a los ojos. ―Ódiame como yo te amo, tan fuerte e inolvidable. Ódiame Tsuna-san.
En el baño de mujeres, a las doce y media de la mañana se escucho un grito agónico. Nadie se atrevió a entrar, pero después llegaron los policías y médicos y encontraron el cuerpo casi sin vida de Miura Haru.
…ódiame…
Y sobre todo… ámame.
