Un condenado y Maldito Error.

Los personajes de Kuroshitsuji no me pertenecen.

Capitulo 28, Un nuevo final.

Aún apostada al pie de la escalera, sin saber muy bien qué hacer ni cómo reaccionar, podía sentir en mi estómago el efecto de los nervios que comenzaban a tener dominio sobre mí. Un nudo terrible tenía allí y mis manos comenzaban a sudar. ¿Desde cuándo era tan difícil afrontar a un amante luego de una noche de sexo? Jamás me había sentido de esta manera. No soy una niña que acaba de perder la virginidad, no claro que no, pero ahora la situación era distinta. Mientras que otras tantas veces, simplemente salía de la cama para darme un baño e irme a mi casa, o insinuar que el otro debía marcharse a la suya si en realidad me encontraba en la mía, ahora no sabía qué hacer. No podía ver claramente a Sebastian a los ojos sin que las imágenes de lo que había pasado vuelvan a mí una y otra vez, haciendo que en cualquier momento cayera nuevamente en la tentación de saltar sobre el demonio una vez más, y al mismo tiempo un miedo atroz a todo lo que podría suceder a continuación contrastaba con cualquier otra emoción o sentimiento.

Mi cuerpo tembló cuando escuche mi nombre salir de su boca, ahora distante y desde la cocina. No es que nunca lo hubiese escuchado antes, pero ahora todo era distinto.

Camine hasta dónde se encontraba, y ahí estaba, de pie frente a la mesada, indicándome con su mano que tomara asiento en la banqueta que estaba dispuesta para mí, con una tasa de café humeante enfrente. Dudando lo hice y esperé a que comenzara a hablar. El silencio entre ambos indicaba que él tampoco sabía cómo comenzar. La situación y la ansiedad me estaban devorando en mi interior y no pude más que abrir mi boca una vez más.

"Sebastian..." comencé dudando "¿no prefieres que hablemos en un lugar más cómodo? Podemos ir hasta el sillón, o hablar en mi habitación"

Sebastian me miró dudando y luego negó insistentemente con la cabeza.

"No Sheena, nada de sillones, camas o lugares cómodos, realmente tenemos que hablar" estaba más serio de lo habitual, él no estaba nervioso en el mismo modo que yo, pero en cambio la tensión se dejaba ver en todo su cuerpo, y una simple insinuación mía acerca de estar más cómodos lo había desestabilizado una vez más.

"Lo que tú digas" dije bajando mi mirada hacia la taza de café. Era increíble, aún en ese momento, que Sebastian a pesar de aparentemente no ser más mi mayordomo y sumido en una situación bastante complicada, quizá más para él que para mí, aún seguía pensando en mis necesidades y en que seguramente la charla sería más amena con una taza de café de por medio. Por lo menos en su estadía en este mundo había aprendido algunas reglas sociales, sobre las charlas y las discusiones. También observé que no muy lejos de ésta, se encontraban algunos cigarrillos y encendedores, sonreí al verlos allí, sin dudas con mi historial de fumadora, Sebastian los había dejado no muy lejos, en caso de que la conversación se pusiera tensa, y yo quisiera aliviar la tensión con el tabaco. Simplemente los acerqué a mí ubicándolos frente a la bebida caliente y esperé.

"Sheena..." dijo al fin tomando aire y enderezando su cuerpo, para demostrar, quizá más seguridad de la que tenía en ese momento. "yo... lo siento... de verdad"

Levante mi cabeza al momento. Estaba sorprendida. ¿Por qué estaba pidiendo disculpas?

"¿Qué quieres decir con eso?" dije, quizá soné muy ruda, quizá demasiado directa, hasta decepcionada. Aún no sabía que era a lo que apuntaba con esas disculpas, y sin embargo yo ya estaba esperando algo más.

"Con eso quiero decir, lo que dije..." respondió haciendo énfasis en que su comentario era obvio. Pero cuando quise interrumpir para hablar, Sebastian levanto su mano para que no lo hiciese y luego tomó asiento en otra banqueta en frente de mí. "Sheena lo siento, no pude cumplir el contrato, lo he roto. Ahora tu no podrás tener tu parte, y yo no podré tener tu alma"

"¿No vas a comerte mi alma?" dije levantando la cabeza para mirarlo directo a los ojos, mientras con mis dedos comenzaba a acariciar uno de los cigarrillos que estaban puestos frente a mí. Sin dudas Sebastian me conocía a la perfección.

"No, sin contrato, no hay alma"

"Podrías decirme cuando fue que el contrato se rompió, ¿qué hice para romperlo Sebastian?" no podía dejar de repetir su nombre.

"Tú no hiciste nada", dijo agachando su cabeza, haciendo que su cabello cayera como lluvia sobre su rostro.

"¿Fuiste tú? ¿Cómo? Cuan..." pero no me dejó terminar.

"Sí, fue mi culpa..." sonrío ante la palabra culpa, y yo entendí que encontraba irónico siendo un demonio sentir culpa "en el momento en que te tenía contra la pared y ordenaste que te soltara... yo... ¿No recuerdas Sheena? No lo hagas tan difícil por favor" en sus ojos solo podía ver que estaba implorando por que le aliviara un poco el peso sobre sus hombros.

"Tu dijiste que no ibas a soltarme y que ya no querías mi alma" concluí por él cayendo en la verdad.

"Exacto. Tú me hiciste perder el control, lograste que ya no me interese devorar tu alma. La atracción que provocas en mí y la curiosidad que me despiertas constantemente me están volviendo loco, hiciste que me quiera ocupar de ti en otra forma" ahora me miraba a los ojos y yo solo pensaba en saltar sobre él para besarlo una vez más.

"¿A qué te refieres?"

"A que ahora creo que devorar tu alma es una pérdida de tiempo, ahora no tiene sentido llevarme algo como aquello, tan sólo porque te olvides de tu novio y vuelvas a ser feliz"

"No te entiendo..."

"Ahora eres mía Sheena, mía y de nadie más ¿entiendes? He marcado tu cuerpo, tu espíritu y también tu alma. Ahora estas condenada al infierno y siendo así entonces ya no puedo cobrarla" el demonio sonaba casi devastado, a pesar de que sin dudas sus palabras eran lo único que yo quería escuchar, algo no estaba bien para él.

"No entiendo el problema Sebastian" realmente no entendía que pasaba allí. "No me importa el infierno, no me importa estar condenada, si soy tuya como dices, al diablo con todo lo demás" dije poniéndome de pie, para ir hasta dónde se encontraba sentado.

Parada a su lado estábamos a la misma altura, y aprovechando su momento de debilidad lo atraje de su camisa hacia mí, y estalle mis labios sobre los suyos. Acaricié con mi boca lenta y suavemente la suya, y cuando no encontré respuesta decidí que era momento presionar un poco más. Rose sus labios con mi lengua al tiempo que enredaba mis dedos en su cabello. Él demonio simplemente cerró sus ojos y finalmente comenzó a responder mi beso, de la misma forma que lo había hecho la noche anterior. Rodeó mi espalda con sus brazos, y coló sus manos sin guantes por debajo de mi camiseta. Me acerque más a él para sentirlo más cerca. Mi cuerpo pedía a gritos que Sebastian vuelva a hacerme suya ahí mismo una vez más. Comenzaba a sentir como mis partes más íntimas pedían dolorosamente por él, al tiempo que su cuerpo quería lo mismo que el mío. Sin dejar de besarme se puso de pie y cubrió mi cuerpo con el suyo, en un abrir y cerrar de ojos estaba sentada sobre la mesada con mis piernas ligeramente abiertas con el demonio posicionado en el medio, sin dudarlo las crucé por detrás de su cintura, y sentí gemir a Sebastian contra mi boca. Mi mente gritaba que la victoria estaba de mi lado, él sentía cosas por mí, intensas, fuertes y por momentos desenfrenada. Este era uno de ellos. Sentí su boca deslizarse por mi cuello hasta el inicio de mi pecho y yo simplemente tire mi cabeza hacia atrás para darle mejor acceso. Yo solo podía repetir su nombre una y otro vez mientras sentía sus labios acercarse a mis partes más sensibles. Lentamente tire de su cabello y lo obligué a mirarme. Error.

Sebastian se alejó de mí.

"Sheena no... por favor..." su respiración era errática. Sus ojos no ocultaban el rojo carmesí, y una vez más incipientes colmillos se veían en su boca.

"¿Por qué no?" pregunté dolida, enojada, casi humillada. Yo había provocado aquella situación y ahora estaba siendo rechazada, ni más ni menos que por un demonio. Se supone que los demonios no pueden detenerse cuando de lujuria, deseo y sexo se trata. ¿Por qué Sebastian si tenía que detenerse?

"Esto está mal... las cosas no son así" dijo acomodando su ropa, sobretodo sus pantalones que seguramente estaban dolorosamente incomodándolo.

"No, Sebastian, esto no está mal. Yo te quiero... tú me deseas..." dije desesperada intentando alcanzarlo una vez más. Pero fue imposible, él, ya estaba lejos de mí.

"Si Sheena, esto está mal. Tienes que entender la situación, tienes que entenderme a mí" respiré hondo y me acomodé bien sobre la mesada. Acomodando mi ropa y mí cabello.

"¿Qué es lo que tengo que entender? Las lágrimas comenzaban a amenazar, pero no podía dejarlas escapar. Tenía que mostrarme fuerte.

Sebastian suspiró y volvió a sentarse, ahora ya se encontraba más compuesto y listo para continuar hablando

"Existen reglas… sí Sheena, no me mires así, también tenemos reglas que seguir, ser demonios no significa que andemos por ahí haciendo lo que nos venga en gana"

"Está bien. ¿Pero qué tiene que ver con nosotros dos?"

"Esas reglas incluyen a los humanos" comenzó a decir, señalándome con su mano, como si no yo no supiese que era una de ellos. "Podemos sellar contratos con ustedes, tentarlos, condenarlos, mezclarnos, como lo he hecho contigo" eso dolió

"O sea que sólo tú te mezclaste conmigo… nada más, te mezclaste" dije ofendida, lastimada.

"Sheena, no juegues con mis palabras, soy un demonio, yo soy el que hace eso" Sebastian sin decirlo estaba pidiéndome que no pierda el centro de la conversación. Que no me fuera del foco de esta. "Lo que estoy diciendo, es que jamás un demonio antes, si quiera se animó a plantearse, lo que yo"

"¿Qué es lo que te estas planteando?" pregunté intrigada, y quizá también aliviada, aunque no supiese bien por qué"

"Eso es algo que por ahora no puedo responder" el alivio se había ido como había venido. "Ser un demonio implica muchas cosas. Implica saber que uno no es el bueno de las historias, uno no ofrece finales felices aunque los disfracemos como tal. Tú podrás intentar ser la princesa de tu cuento pero sin dudas yo no seré tu príncipe azul. Jamás voy a serlo. Y ahora te irás al infierno, que puedo asegurarte es mucho peor que el hecho de que yo devore tu alma"

"Yo no quiero que seas mi príncipe azul. Yo no quiero uno. Yo te quiero a ti" estaba comportándome como una niña caprichosa, a toda costa quería que Sebastian entendiese que yo lo quería nada más que a él.

"¿No entiendes verdad?" preguntó cansado. "Dime Sheena, ¿qué crees que podría unirme a ti ahora que ya me he acostado contigo? La verdad dolía.

"Dijiste que era tuya…" dije sin mirarlo con una voz que no sonaba a la mía en lo más mínimo.

"Ese es sólo el concepto, pero no es la verdad. Tú eres mía, pero yo no podré ser tuyo. No tengo nada para ofrecerte. No ahora sin contrato. Tú no tienes nada que ofrecerme a mí" dijo y aunque sus palabras eran fuertes y firmes, sonaba también triste. "El tiempo pasará, yo seguiré aquí como si nada, con algún contrato por aquí y otro por allí, pero tú eres una mortal. ¿Qué pasará cuando envejezcas, que pasará cuando llegue tu hora y mueras?"

"Me vendrás a buscar y me llevarás contigo" era tan obvio, no me explicaba como él no podía ver que la situación era mucho mas sencilla de lo que parecía. "Mientras podemos estar juntos, tu sabes... podemos..."

"No es tan fácil, sin un contrato no puedo quedarme por aquí"

"Entonces quiero un contrato nuevo. Tendrás mi alma en el final de mis días, a cambio de que te quedes a mi lado"

"No firmaremos otro contrato, no correré el riesgo de no cumplir una vez más convirtiéndome en un fracaso de demonio"

"Entonces todo tiene que ver contigo y tu orgullo ¿verdad?" no daba crédito a nada de lo que estaba escuchando.

"No tiene que ver con mi orgullo, es que... ya olvídalo" comenzó a decir saliendo de la cocina, se estaba alejando. Tenía que evitarlo y sin pensarlo repliqué queriendo salirme con la mía a toda costa

"Podrías llevarme ahora si quisieras"

"¿Estas dispuesta a todo verdad?..." suspiró volteando a verme una vez más, regresando peligrosamente a mi lado. Fue más una pregunta para sí mismo que para que yo la responda. "Tampoco es la solución" concluyó

"¿Por que no?" pregunté ofuscada, molesta. Sebastian no estaba viendo que le entregaba mi vida a cambio de nada... bueno en realidad no a cambio de nada, si no a cambio de estar a su lado eternamente.

"Por que para eso tendrías que morir"

"¿Como que morir?" pregunté, eso no era lo que yo estaba esperando.

"Si Sheena, no es que yo pueda llevarte al infierno, como humana, viva y con tu alma en tu poder"

"Podrías conver..."

"No" fue rotundo. "No voy a convertirte en un demonio. Eso nunca termina bien.

"¿Y entonces?" Sebastian se alejaba, podía sentir como la conversación llegaba a su fin. Sabía bien cuando era el final. No era la primera vez que pasaba por esa situación. Una vez más estaba siendo abandonada sin yo poder hacer nada al respecto.

"Entonces, debo marcharme" Terminó agachando la cabeza sin mirarme a los ojos.

"Tu no puedes marcharte" dije ahora ya llorando. Otra vez, ¿por qué otra vez? "Tienes que entenderlo Sebastian, tu no puedes dejarme. Lo prometiste, ¿recuerdas? hasta el final" la histeria estaba ganándome. El demonio en cambio sin inmutarse siquiera, sin mirarme, de espaldas a mi, se encogió de hombros. ¿cómo se animaba a encogerse de hombros como si nada?

"Sheena, la promesa se rompió. Ya compórtate como la mujer que eres" Sin dudas no era mi Sebastian el que hablaba, su voz era fría, ajena a mi por completo. Sin su tono burlón de siempre. Sin una ironía. Su voz, era como la máscara de frialdad que seguro tendría su rostro si pudiera verlo.

"Sebastian yo te amo... por favor... tienes que quedarte conmigo... te lo suplico" imploré llorando abrazándome a su espalda. Sebastian se tensó ante mi abrazo o quizá ante mi confesión. Quizá con eso lo había convencido.

"Por una vez..." agacho su cabeza hacia mis manos rodeando su cintura "Conserva tu dignidad".

Soltó mis manos y caminó alejándose quien sabe donde. Con esas últimas palabras caí al suelo. Dignidad. Ya no tenía ninguna, así como no tenía esperanzas de nada. Así como no tenía ni un solo ápice de felicidad. Llena de promesas rotas, contratos y reglas sin cumplir. Una vez más no tenía nada. Y el demonio hablaba de dignidad.

El silencio inundó toda mi casa, el frío de fines de otoño comenzaba a sentirse, reflejo de todo cuanto sucedía en mi interior. ¿Dignidad? Sí, dignidad, aquella que no había tenido cuando sellé el contrato que estaba destruyéndome. Aquella que no había estado presente en toda aquella charla. Dignidad... maldita perra esquiva, ¿dónde te habías metido? Y como si se tratase de una niña tímida, de apoco hizo su aparición, haciendo que me ponga de pie. Tomé uno de los cigarrillos y lo encendí, caminé fuera de la cocina, mientras repetía dignidad... Sheena estas por tu cuenta una vez más.

Y por mi cuenta una vez más, sola conmigo misma, entendí que el error había sido mio desde un principio. Ese condenado y maldito error por supuesto había sido mi culpa. Invocar demonios, confiar en ellos, enamorarse de ellos, y esperar pasar una eternidad a su lado no era más que un culposo y tortuoso error. Por lo tanto y por mi cuenta miré a mi alrededor, el vacío era inmenso y yo en él, con la tranquilidad que da saber que uno a perdido pero que no podrá hacer nada al respecto, me dirigí a prender la estufa, y luego con una muda tranquilidad hasta mi habitación. Necesitaba dormir, tenía que descansar. Al fin, ya no tenía mas lágrimas que soltar. Era libre. Como tenía que ser. Quizá la Sheena que alguna vez había sido había muerto esa tarde, muerto de amor una vez más. Ahora todo se sentía distinto. Esta Sheena nueva estaba madurando.

Sebastian... sólo puedo decirte gracias... a pesar de todo.


Bueno aquí estoy nuevamente.

Pido disculpas por la demora. las vacaciones se mezclaron en el medio y fueron bastante inesperadas, por eso no actualicé antes. Por eso esta larga ausencia.

Quiero contarles que anduve por el viejo continente, y a todos los lectores de España quiero decirles que Madrid, me pareció fantástico, por supuesto tengo planeado ir por otros lados de ese gran país, la madre patria. y aquí hago publico mi total y sincero agradecimiento a Jouheki, que ha sido una gran gran gran guía turística.

Con respecto al capitulo, notarán que es un tanto más corto que los anteriores, tiene una razón de ser. Sin dudas no es falta de inspiración, solamente me parece que siendo sentimientos y cuestiones tan importantes entre nuestros protagonistas, no tiene sentido cargarlo con cosas de relleno, o palabras de más. Es un punto crítico. por eso como es. estoy trabajando en los capítulos que siguen, asi ya pronto puedo subirlos.

Como siempre aguardo comentarios. Quiero saber su opinión como siempre.

Muchas gracias por todo. Los quiero mucho, sus comentarios me hacen feliz, y aquí estoy para recibirlos.

A todos cuanto han agregado el fic a favoritos les agradezco, doy la bienvenida y los invito a que me cuenten que piensan

con todo mi corazón

Owl's Bride